Capítulo 4. Desde la tumba

Por extraño que pudiese resultarle, McCree había acabado acostumbrándose a la dinámica de la nueva Overwatch, no iba a todas las misiones, tenía ojos para ver en qué equipos encajaba mejor, cubriendo las debilidades de los demás y no cruzándose en el camino del resto.

Las cosas que eran capaces de hacer los más jóvenes no dejaban de sorprenderle. Se daba cuenta de muchas cosas, pese a que todos tenían un bagaje a sus espaldas, había categorías claras en el equipo. La vieja guardia eran los cimientos, los recién llegados la vanguardia que llevaba la verdadera bandera, y luego había… un punto intermedio.

Él estaba en el punto intermedio, no era parte de los cimientos, pero había visto demasiado de estos, estaba tocado por la vieja Overwatch, pero a diferencia de Genji no se había reciclado.

Curiosamente Hanzo Shimada parecía estar en su misma situación, estaba allí, pero no formaba parte intrínseca del grupo, no era de la vieja guardia, debería ser sangre nueva, pero no estaba allí por ser el impulso de algo nuevo si no para pagar deudas viejas.

Se complementaban bien, ambos atacaban a distancia y tenían buen ojo para la estrategia, los puntos ciegos, las vías de escape. Cuando iban con el equipo cubrían todas las debilidades del resto. Las misiones iban como la seda incluso con la falta de disciplina.

La misión en Numbani en toda lógica debería haber acabado fatal, con el equipo separado, el plan por el desagüe y cada uno tomando decisiones por su cuenta. McCree había acabado cara a cara con un Omnic impresionante llamado Orisha que había intentado cobrar su recompensa.

Ahora el omnic y su creadora, una niña prodigio local llamada Efi, se habían unido a Overwath de forma más o menos oficial, y todo había salido, contra todo pronóstico, bien.

Así que ahora estaba en la sala de tiro practicando mientras en otra sala Winston trata de parecer un líder responsable que abronca a los jóvenes alocados que no siguen en plan, cuando todo el mundo le mira como si fuera el ser más adorable del mundo. Ojos de gorila, Winston, eres blandito y todos lo saben.

Preparó a Peacemaker y se dispuso a hacer la ronda de calentamiento cuando se abrió la puerta.

- Lo siento, no sabía que había alguien. Te he interrumpido.

Hanzo Shimada. No tiene ni idea de porqué, pero el otro hombre parecía desconfiar de él, probablemente estaba cabreado por haber tenido que perseguirle por un malentendido, sus disculpas habían sido muy mecánicas.

En el campo de batalla todo iba como la seda, pero fuera de él Hanzo le miraba con una intensidad que parecía querer atravesarle el alma. Cada dos por tres McCree se sentía observado, aunque Deadeye no le advertía de nada, y era Hanzo, mirándole con el ceño fruncido, intensamente. Y siempre parecía estar allí, atento.

- No importa, aún no he empezado.

- Entonces me gustaría, si no es molestia, observar.

McCree asintió con cierta extrañeza, no sería la primera vez que tuviese espectadores. Pero esta vez era Hanzo Shimada, peligroso cazador, ex -yakuza, oni, con una voz que le hacía temblar las rodillas y un atractivo evidente que iba con medio torso al descubierto…

Concéntrate, McCree, el tipo te odia. Y es más peligroso que un mono con una ballesta.


Hanzo sabía que este no era fuerte. Lo cual era inaceptable.

Mientras observaba a Jesse McCree disparar a los blancos móviles, un ejercicio de principiante que el otro completó a la perfección esperada, comprendía que su táctica de observar y seguirle con la mirada no estaba teniendo el efecto de transmitir su interés, o más bien un interés positivo.

El problema era que la seducción nunca formó parte del arsenal de habilidades en que había sido entrenado y que había perfeccionado durante años. Era atractivo, era consciente de ello y había recibido numerosas ofertas amatorias a lo largo de su vida como para estar convencido de la veracidad de dicha afirmación. Cuando había deseado a alguien, lo había obtenido, directamente.

Tenía un problema, y cuando Hanzo Shimada tenía un problema lo solucionaba. Siempre.

Deseaba a Jesse McCree, no era solo un cuerpo atractivo y un rostro a la par, era un oponente respetable, un soldado, y además era poseedor de un poder espiritual notable que así mismo despertaba a sus dragones. Era perfecto.

Pero carecía de las habilidades para transmitir su interés sin ser… avasallador. No podía sencillamente acercarse y darle su tarjeta con una dirección y una hora… no era esa clase de hombre, ya no. Por primera vez en su vida Hanzo Shimada se había decidido a cortejar a alguien y era algo que jamás había tenido que hacer.

De hecho, cuando eventualmente el clan hubiese decidido que debía casarse, el acuerdo se hubiera formalizado entre familias, la novia habría sido elegida concienzudamente y todo habría sido organizado por terceras partes.

Estaba dolorosamente falto de herramientas para la tarea. Y sus dragones no ayudaban.

{Da caza a un enemigo suyo y ofrécele su cabeza en una cesta de regalo, eso le complacerá}

{No, no, no, su compañero espiritual preferirá a la presa viva para devorarla}

Los consejos de cortejo de los dragones no eran muy ortodoxos. Al menos habían dejado de sugerir que le secuestrase (de nuevo) y se lo llevase a una cueva hasta que accediese a ser su pareja, o que le diese sacos de oro para demostrar que podía mantenerle… a veces los espíritus eran un poco arcaicos.

Tras la misión, McCree se había retirado el chaleco antibalas y el poncho, de modo que estaba haciendo la práctica en mangas de camisa. Incluso habiendo visto su torso desnudo previamente, Hanzo podía apreciar la estética de la camisa arremangada, los dos botones sueltos que dejaban ver las clavículas y el vello del pecho... el encanto de abrir un regalo botón a botón, la tela tensándose sobre los fuertes hombros… Aunque se atrevería a afirmar que el punto fuerte de McCree eran sus piernas, buenas piernas, largas.

Si seguía mirándolo así tendría que retirarse para darse alivio y no era su intención sufrir en silencio aquella situación si no ponerle remedio.

- No parece un desafío, ¿estarías interesado en un rival?

McCree se volvió mientras recargaba y sonrió.

- ¿Ofreces uno? No sé, pareces un tipo muy competitivo, odiaría dejarte en mal lugar.

Provocador. Hanzo se puso en pie y preparó su arco.

- Creo que alguien necesita un poco de humildad.

- Le dijo la sartén al cazo.

Comenzaron con un ejercicio sencillo de puntería, pero estaba claro que estaba muy por debajo del nivel de ambos, empate, ninguno fallaba, pasaron a objetivos en movimiento, con "civiles" a evitar, y siguió siendo un empate. Mientras pasaban la tercera ronda comenzaron a intentar distraerse mutuamente.

- El revolver es mejor, no tengo que recargar constantemente, tú tienes que sacar una flecha para cada impacto.

- A ojos de un indocumentado quizá, pero mi arco me da una mayor versatilidad, como ya pudiste comprobar en primera persona.

McCree soltó una carcajada y Hanzo casi falló el disparo. Eso había estado cerca.

- Bueno, eso lo reconozco.

- Era solo cuestión de tiempo.

- Ouch, compañero, no sé si me halagas o me insultas.

Un breve intermedio en mitad de la prueba, estar de pie disparando podía resultar más tenso que moverse. Hanzo estiró las piernas, desentumeciendo sus rodillas, McCree aprovechó para encenderse un cigarro y estirar los brazos… y gruñir con placer al hacer crujir su espalda. Hanzo no pudo contener un ahogado gemido que se apresuró a disimular tirando de su tobillo.

- ¿Todo bien?

- Mis… jika tabi necesitan una revisión, la cybernética necesita mantenimiento.

- Que te lo mire Mercy, es muy buena.

- Sin embargo creo recordar que tu llevaste tu brazo a Torbjörn cuando sufrió ese cortocircuito hace unos días.

El pistolero pareció un poco incómodo y luego hizo un gesto vago hacia su brazo y las mejoras cybernéticas de Hanzo.

- Mi brazo es una quincalla, prefiero no molestar a Mercy, no es trabajo delicado.

Hanzo no inquirió más, estaba claro que era una excusa para no ir a ver a la doctora, había resquemor ahí, quizá ecos del pasado. La doctora parecía ser una mujer encantadora y Genji la tenía en muy alta estima.

Dejó de pensar en la buena doctora inmediatamente cuando vio que McCree se sacaba la camisa de dentro de los pantalones. Era un gesto completamente casual, poniéndose cómodo, pero Hanzo notó como el traidor rubor se extendía por su rostro al ver brevemente la piel morena y el pelo oscuro del ombligo.

Ya le había visto el pecho desnudo, no podía perder los papeles de esa manera. El pistolero le estaba volviendo loco, ¿era también cosa de su espíritu?

{No notamos nada} Le aseguro Udon.

Continuaron el duelo, y Hanzo comprobó que el pistolero usaba toda argucia posible para distraerle, expulsaba el humo en su dirección, silbaba, ambos sabían que hacer fallar al otro era la única manera de salir del desempate.

- Si no supiera que es la forma tradicional de disparar diría que el espectáculo del tatuaje está destinado a levantarme los ánimos. - Ronroneó Jesse dedicándole una media sonrisa extremadamente seductora con el cigarro entre los labios.

Y el tiro de Hanzo se desvió unos milímetros. Miró moverse el objetivo móvil y luego miró de nuevo a Jesse, que silbaba de forma exagerada, con clara indicación de que sabía perfectamente lo que acababa de hacer.

¿Sabía de los deseos de Hanzo? ¿O más bien había jugado la baza de desconcentrarle con algo totalmente fuera de lugar? Hanzo frunció el ceño, no iba a perder, no había perdido jamás en su vida una competición.

- Ahora entiendo esa bandolera de balas bajo el cinturón, es para disimular esos ánimos que te levanto.

El disparo de McCree salió desviado por mucho. El vaquero se quedó mirando a Hanzo, boquiabierto, boqueando como un pez fuera del agua.

La voz de Athena por los altavoces sobresaltó a ambos sobremanera.

*Reunión convocada por Winston en la sala de conferencias, se solicita a todos los agentes de Overwatch su presencia en dicha sala lo antes posible. *


Jesse enfundó su pistola y trató de mantener la calma, dios, aquello le había pillado totalmente desprevenido, no había esperado… Hanzo era siempre tan… serio, no podía creerse como le había devuelto la jugada. Realmente era un oni.

Y si, ahora mismo agradecía mucho la bandolera.

- Parece que nuestra competición queda suspensa. - Trató de bromear mientras se ajustaba el sombrero y se encaminaba a la puerta.

- De momento.

Demonio de hombre. Es como si siguiera en su punto de mira.

Entró en la sala de conferencias seguido de Hanzo, lo que hizo que Genji, que ya estaba allí, les hiciese gestos para que se sentasen a su lado. Pero solo Hanzo respondió, Jesse se quedó paralizado en la puerta, mirando paralizado a las dos personas de pelo blanco, cano, que estaban en pie junto a Winston.

Tracer estaba aferrada a Jack Morrison, Soldado 76, agarrada como si el otro hombre fuese a desvanecerse en el aire si le soltaba, no dejaba que balbucear lo alegre que estaba de que el otro estuviese vivo. El soldado había tenido el detalle de apartarse la máscara para revelar sin dudas su identidad.

Winston parecía a punto de echarse a llorar allí mismo.

McCree ya había visto a Jack, su encuentro en México ya había sido suficientemente traumático y desagradable. Cuando el otro hombre le había intentado convencer de que debía responder a la llamada de Winston, Jesse le había dejado clara su opinión.


Necesitan a Jack Morrison. Pero estas aquí dando órdenes a quien nunca las ha recibido de ti en vez de con ellos.


Así que al final Morrison había decidido dejar de hacerse el muerto. Bueno, eso estaba bien. Los agentes se arremolinaban a su alrededor, el gran Jack Morrison, el héroe de leyenda, el que tenía una estatua gigantesca en homenaje.

Era normal que eclipsara a la segunda persona, una mujer con un parche en un ojo, un paño azul sobre la cabeza y aires de abuelita tan solo socavados por el rifle de francotirador a su espalda.

Muchos no la reconocerían, llevaba mas tiempo "muerta" que Jack Morrison. Ana Amari.

Jesse McCree no puede soportarlo, Ana Amari ha jugado a hacerse la muerta. Sabiendo que Soldado 76 es Jack Morrison, viendo a Amari viva, es fácil deducir que se trata de Bastet, la otra justiciera misteriosa de El Cairo.

Jesse había perdido el brazo en la misión de buscar a Amari. Aquella emboscada aún se repetía en sus pesadillas, se despertaba en medio de la noche y rodaba hasta una esquina con la pistola en la mano, apuntando a todas partes en la penumbra, con Deadeye gruñendo en su cabeza, convencidos ambos de estar en el sueño, rodeados de enemigos.

Eventualmente la gente dejó de arremolinarse en torno a Morrison y muchos gritaron entusiasmados al ver a Amari, la leyenda perdida, Reindhart no cabía en sí de gozo, pero podía notar que bajo aquella alegría el gigante estaba algo confundido.

Al menos Jesse no era el único que sentía traicionado. Habían abandonado el barco, le habían dejado tirado… los dos, haciéndose los muertos.

Todo el mundo había salvado su pellejo y le habían dejado atrás. McCree dio media vuelta y salió de la sala a paso ligero. Aquella broma había ido demasiado lejos.

Le pareció oír su nombre, pero no se volvió. Fue hasta su habitación y preparó el petate, se marchaba. No se quedaría allí a estar rodeado de fantasmas, la época de sonreír y aguantar el dolor de las puñaladas había sido demasiado dura, no podía hacerlo de nuevo.

Tenía pocas cosas que llevarse, así que terminó de empaquetar en cuestión de minutos, la costumbre de no tener más hogar que el que llevaba encima. Se cargó el desvencijado petate a la espalda y dio un ultimo repaso, lo tenía todo.

Estaba en la plataforma principal, saliendo por la puerta, cuando le detuvo una silueta esperándole. Hanzo Shimada.

- Te marchas.

- Siempre atento, ¿has venido a detenerme? Porque esta vez no…

El otro negó con la cabeza y se hizo a un lado.

- Ignoro la causa de la partida, pero venía tan solo a despedirme, le diré a Genji que tenías un compromiso ineludible.

Se hubiera quedado unos minutos más, quizá bromear sobre ser secuestrado de nuevo, sobre todo tras descubrir que el otro tenía un sutil sentido del humor. Pero no quería dudar en su decisión de marcharse.

Por desgracia había dado tiempo a otros de alcanzarle.

- ¡McCree!

Morrison. Al menos no era Amari. El soldado llevaba el visor de nuevo, caminó hasta ellos con aquel aire de autoridad que tenía de forma natural.

- ¿A dónde vas?

- A todas partes, 76, es lo que tenemos los vagabundos.

- Hablemos en privado.

- No. - McCree dejó el petate en el suelo. - Te presento a Hanzo Shimada, si va a formar parte de Overwatch se merece conocer de primera mano la clase de capullo que eres.

- Jesse, hemos vuelto por…

- ¡¿Sabías que Amari estaba viva y no me lo dijiste?! ¿Desde cuándo lo sabes?

- No es tan reciente como pueda parecer, pero ella me pidió discreción McCree, igual que tu respetaste mi anonimato.

Increíble, como si tener la decencia de no traicionar el secreto de un agente fuese lo mismo que engañar a familiares y amigos.

- Oh no, no trates de hacer que sea lo mismo, no lo es, yo no he fingido haber estirado la pata mientras la gente llora mi muerte.

- Lo sé, y lo siento. Pero hemos vuelto, hemos venido a ayudar, y me tranquiliza mucho que estés aquí.

- Que bien que estés tranquilo, porque yo me voy…

- Eres objetivo de Talon, interceptamos una comunicación, te han rastreado. Van a por ti, debes quedarte.

Jesse no se molestó en contestar, era objetivo de mucha gente, no se escondería en Gibraltar. No con Morrison, no con Amari, era demasiado para él. Recogió el petate y dio la espalda a Morrison y a la base. Tan solo dedicó un saludo con el sombrero a Hanzo, que había permanecido allí en silencio, seguramente estaba incomodo, aunque no lo parecía.

Para su sorpresa Hanzo se adelantó y le dio… ¿una tarjeta?

- Mi número.

Jesse cogió la tarjeta con cierta reticencia, era la tarjeta de negocios de un restaurante italiano y el arquero había escrito su número en el dorso.

- Si necesitas que te… secuestren.

No pudo evitar una carcajada que le sentó mejor que ninguna otra, maldito Shimada.

- Lo tendré en cuenta, compañero.

Hanzo asiente, echará de menos no conocerle mejor, pero no se quedará allí ni un minuto más. El vaquero abandona el rodeo.


Quiere detener a Jesse, pero no se le ocurre cómo, ciertamente salir tras él exigiendo que permanezca en Overwatch para poder cumplir a la vez con el deber a su hermano y con sus propias y lúbricas fantasías no es un argumento de peso. Hanzo solo puede apretar los puños y acallar las voces de sus dragones exigiendo que recupere inmediatamente al objeto de su interés.

El hombre conocido como Soldado 76, en realidad Jack Morrison, no era como Hanzo lo había imaginado. Ciertamente la información de que disponía era básicamente la misma que poseía cualquier civil más unos datos extra sobre el programa de supersoldados que habían hecho los americanos. El tipo había sido presentado como un paladín de los valores de la libertad, la seguridad y el progreso, y si bien su reputación había salido algo malparada tras la caída en desgracia de Overwatch, esta había acabado superando las críticas, como toda leyenda hacía, sobre todo una vez moría el portador del mito.

Hanzo había supuesto que todo sería fachada, que sería un americano arrogante y falso, una sonrisa falsa plastificada para encandilar a las cámaras y dirigentes de medio mundo con todas las cartas a favor. Jack Morrison era el agradable chico de Indiana criado en una granja, el rubio de ojos azules y sonrisa perfecta, el yerno ideal.

Ciertamente los años habían pasado por él, no tanto como debería físicamente, pero Hanzo empezaba a pensar que no había cambiado mucho en lo importante. Hanzo reconocía a un general, un guía de hombres, cuando lo veía. Uno que estaba cansado, pero no podía evitar seguir cuidando a sus soldados.

El soldado 76 se quedó unos minutos esperando a que McCree desapareciera en las calles de Gibraltar, de camino seguramente a España, y después su gesto denotó un profundo suspiro. Ahora tenía la atención del otro hombre sobre él, y Hanzo hubiese jurado que el visor rojo… era capaz de transmitir una expresión de irritación.

- ¿Shimada? ¿El hermano de Genji Shimada?

- Así es.

Genji había servido a las ordenes de este hombre tras el desmantelamiento del comando de operaciones especiales Blackwatch. Y sin duda conocía todos los detalles de la historia de los Shimada, y no estaba nada contento de tenerle allí.

- Ya hablaremos tu y yo… ¿qué ha sido eso de bromear sobre un secuestro?

No iban a llevarse bien. Hanzo se cruzó de brazos. McCree detestaba a aquel hombre, y su regreso con aquella mujer había provocado que este se marchara. Oh no, no le caía bien.

- No es asunto suyo, soldado 76, puede presentar sus quejas a Winston.

Morrison no parecía convencido, pero le importaba poco. Esta era la nueva Overwatch y Jack Morrison estaba muerto, el soldado 76 no era el líder de nada. Ahora Hanzo tenía asuntos urgentes, uno era informar a su hermano de la marcha de su amigo, lo segundo era averiguar por sus propias fuentes cuanto peligro corría realmente Jesse McCree.


Encontró a Reaper agazapado en una cornisa, escudriñando las calles de La Línea, Cadiz. Por supuesto Sombra no estaba en persona, su holograma se podía manifestar a través de los diversos emisores de las calles, cámaras de seguridad, dispositivos personales, televisores… la gente estaba dolorosamente desprotegida, era demasiado fácil.

-Hey, Gabe, ¿cómo estamos hoy? ¿haciendo el batman?

- No me llames así. - Gruñó el otro, irritado.

Sombra se echó a reír, su holograma se distorsionó brevemente. La máscara de Reaper no dejaba espacio para la expresión facial, pero estaba compensado con su lenguaje corporal. Gabriel Reyes, o lo que quedaba de él, era más expresivo de lo que podía pensarse a simple vista. En el campo de batalla luchaba con la furia y la risa de un demente, y muchos cometían el error de pensar que aquel odio desenfrenado reducía su inteligencia o su genio táctico. Había sido el comandante de Blackwatch y se había ganado ese puesto.

- Vale, vale… te interesará saber que Talon ha enviado un equipo a por tu pistolero.

Reaper se giró levemente y la miró, o mas bien miró su proyección, pero el efecto era el mismo.

- No es sabio jugar a dos bandas, Sombra, no conmigo.

- No soy la única fuente de inteligencia de Akande, jefe, la nueva Overwatch hace mucho ruido, sobre todo el último numerito.

- Cuantos.

- Una unidad de reconocimiento además de Widowmaker y el propio Doomfist.

Reaper se puso en pie, evidentemente no esperaba aquello, la propia Sombra había sido la primera sorprendida al enterarse de que Akande, el líder de Talon iba a ocuparse directamente de contactar con McCree. Habían estado intentando rastrearlo desde el asalto al tren, con poca fortuna gracias a la vida nómada del propio hombre.

Hablando del rey de Roma, Reaper recibió un comunicado del líder de Talon, informándole de que iban a contactar con McCree.

- Dije que yo me ocuparía de este objetivo.

- Y no has considerado informar de que ya le habías encontrado. Sabes que aprecio tu iniciativa, pero te extralimitas.

- Si ve a operativos de Talon no se parará a hablar, atacará, no te conviene. Yo hablaré con él, a solas. Retírate.

- Tuviste tu oportunidad.

Era una lección. un juego de poder. Habían tenido aquella conversación antes, Doomfist quería reclutar a McCree, Reaper también… pero tenían líneas divergentes respecto al cómo y el porqué. Sombra tenía una línea de investigación jugosa al respecto, y ver desarrollarse el drama entre bambalinas era sencillamente delicioso.

McCree era un misterio, el pistolero tenía un truco, un truco increíble. Sombra había escarbado en los archivos secretos de Talon como una posesa para averiguar porqué todo el mundo estaba tan interesado en el tipo. Y lo que había encontrado era increíble.

Los archivos científicos y médicos de Moira tenían una encriptación absolutamente diabólica, pero los datos militares no eran tan duros de romper, y muchos soldados llevaban cámaras incorporadas a sus trajes para transmitir las operaciones.

El mal de ojo, pero a lo bestia. Sombra había dado saltitos por la habitación, no había estado tan emocionada desde que había visto a los dragones de los Shimada en acción, wow, eso era mágico.

Era evidente porqué Reaper se ponía nervioso cuando salía el tema. Puede que todos estuviesen en Talon, pero eran alianzas que duraban tanto como el poder que tenían unos sobre otros. La mesa de líderes solo aparentaba un equilibrio de poder.

Doomfist tenía muy claro que McCree tenía que ser sometido al tratamiento que había producido a Widowmaker, un lavado de cerebro, un asesino bajo el completo control de Talon, o más concretamente del propio Akande.

Reaper se oponía, decía que el proceso no garantizaba el éxito ni que la habilidad de McCree se mantuviera indemne. Que era más valioso con el cerebro intacto.

Era evidente que Akande quería un arma que pudiese usar contra Reaper, una baza de control sobre el peligroso agente, por si un día se enfrentaban por el poder. Un tipo que podía matar con la mirada muy bien podía matar a Reaper, freír sus sinapsis o lo que fuera que hacía.

Lo que Sombra no sabía era si Reaper preferiría ver a McCree vivo bajo el control de Akande… o muerto por su propia mano.


Nota de la autora: Y otro capítulo más, con un poco de esto y un poco de aquello. Muchas gracias por los Kudos y saludos.