Hola, esperó que les guste este capítulo.

No tengo perdón por tardar tanto.

Dusfrutenlo.

Los personajes son de Naoko Takeuchi.

Besos

Dam Frost

Capítulo 19

Espaguetis en salsa de ajo.

Serena miraba a Seiya rendir su declaración, todo a su alrededor era borroso, sólo veía manchas moverse frente a ella, pero no tenía idea de nada, le parecía vivir una pesadilla de la que iba a despertar en cualquier momento. Salió sigilosamente, tenía que huir de ahí, irse lo más rápido y lejos posible.

Caminaba como una autómata, sin rumbo, no tenía a donde dirigir sus pasos, soló sabía que debía alejarse lo más posible, en su mente revivía cada una de las escenas ocurridas, Seiya golpear a Darién con furia y no entendía nada de lo que estaba pasando frente a sus ojos. Parecía una bestia dispuesta a terminar con su presa en cualquier momento, por un instante creyó que lo mataría al verlo empuñar la pistola con ojos inyectados de sangre y sed de venganza. Pero la milagrosa aparición de Andru, lo habían detenido.

— " Me llevó más de dos años llegar a ti, pero sabía que buscarías a Serena en cualquier momento para obtener dinero. Y sólo necesitaba encontrarla y esperar el momento en que la buscaras. Y ya lo ves, me llevó hasta ti." — Las palabras de Seiya resonaban en su cabeza como una cruel Letanía que sólo la martirizaba.

Tenia él corazón hecho pedazos, tanto que una sensación de opresión en él pecho le impedía respirar, nunca en su vida la habían herido tanto, Seiya se había burlado de ella, la había usado de la forma más vil y despiadada, ni siquiera él engaño de Darién le había causado tanto dolor. Evocó los momentos con Seiya, como se conocieron, La falsedad de su amor, sus caricias, sus besos, todo... Todo eran mentiras, era una telaraña tejida para ella, para atraparla sin forma de escapar de ella.

Ya estaba oscuro cuando llegó a ese parque y se sentó con los ojos aún derramando lágrimas.

— Señorita... ¿ Está bien? — Le preguntó un policía con preocupación.

Ella no le contestó, seguía mirando a la nada, con los ojos perdidos en él vacío.

— Señorita... ¿Le puedo ayudar en algo? ¿La atacaron? — Le preguntó observando sus moretones y ojos llorosos.

Ella negó con la cabeza, pero sin mirarlo, seguía sumida en sus pensamientos.

— ¿Quiere que la lleve a algún lugar? A su casa, quizás. — Le dijo con cautela.

— ¿Mi casa? — Dijo sonriendo ligeramente con ironía.

— No puede quedarse aquí, debe irse a su casa. Por favor. —

— No tengo casa. — Añadió con voz apenas audible. Y se levantó.

Él policía la vio tomar su mochila e irse. Tuvo la sensación de que ella estaba muy sola y que necesitaba ayuda, pero ignoró ese sentimiento y se fue del lugar.

Un profundo sentimiento de soledad y abandonó la invadió, ¿A donde iría? No tenía a nadie a quien acudir. — "Te dejó mis datos en esta tarjeta. Cuando me necesites sólo buscame ¿De acuerdo?" — Las palabras del Príncipe Diamante llegaron a su memoria como una luz en la oscuridad.

Con dedos temblorosos, buscó entre sus cosas la tarjeta, rincón por rincón, hasta que al fin la encontró, metió las menos en sus bolsillos y su desilusión fue enorme al descubrir su triste realidad.

Una lágrima salió de sus ojos, con la tarjeta en sus manos y apenas unas monedas en su bolsillo era imposible acudir a él.

— "Serenity... Debo decirte la verdad de mis sentimientos, te amó, más que a mi mismo y siempre estaré aquí para ti, aunque este lejos, mi corazón y mis pensamientos se quedan contigo." — Él no estaba, en que momento se le había olvidado eso, debía seguir sola, sin él y sin nadie.

Se abrazo así misma para infundirse ánimo, pero no lo consiguió. Estaba sola, siempre lo había estado, había sido una ingenua al creer que había encontrado el amor. Sólo había amado dos veces en la vida y esas dos veces la habían usado, y él único hombre que la amaba de verdad estaba muy lejos y además era tan noble que no merecía una chica con un pasado como el de ella. Pensaba tristemente.

Finalmente vio una iglesia aún estaba abierta a pesar de lo tarde que era así que podría pasar la noche ahí sin ser hechada, así que hacía allá se dirigió.

Estaba cansada por todas las emociones que había vivido en unas pocas horas, así que se durmió tan pronto como puso la cabeza en la banca.

***

Seiya soltó el aire, volvió la mirada hacia donde había estado parada Serena, pero su sorpresa fue enorme al no verla parada ahí.

Un extraño presentimiento se apoderó de él y corrió a la recámara de ella, tenía que explicarle, decirle que todo estaba bien, que ya no debía preocuparse y que todo su vida estaba solucionada.

Sintió que él corazón se le detuvo un instante, el lugar estaba vacío.

¡Serena no estaba! Salió desesperado y Corrió al jardín, esperaba verla con los gatos, pero no... Ella no estaba en ningún lado.

Regresó a la habitación, Abrió el armario y vio que faltaba parte de su ropa. ¡Se había ido! Lo dejó... No le dio tiempo de explicarle sus motivos, salió sin reparar en la carta que estaba en la almohada y se encerró en su despacho, sentía que él cuerpo le pesaba demasiado, súbitamente se sentía muy cansado.

Nada tenía sentido en su vida sin ella. Su venganza ahora le parecía tiempo perdido, le había dejado un amargo sabor de boca, y un vacío en él corazón por haber perdido lo mejor que le había pasado en la vida.

Unos toquidos en la puerta lo distrajeron de sus sombríos pensamientos.

— No quiero ver a nadie. — Dijo, quien fuera que se fuera y lo dejará sólo.

— Seiya... Tengo algo para ti... Es de Serena. — Dijo tendiéndole la carta que Lita encontrará en su habitación.

Seiya lo miró esperanzado y tomó la carta.

"Querido Seiya:

Lo siento por la hora que es, pero entre en una agonía nostálgica y tengo que sacarlo para estar bien y en paz. En verdad estoy con las lágrimas a mas no poder, maldiciendo la vida que me a tocado. ¿Porqué te tuve que conocer hasta ahora? ¿Porqué Dios me hizo esto? ¿Qué he sido tan mala para merecerme esto? ¿Porqué no aparecistes antes del gran error que cometi en mi vida? Ese era el momento. ¿Porqué hasta hoy? ¿Qué es esta jugarreta de la vida? En verdad no lo entiendo. ¿Acaso se esta burlando de mi? Eres el chico que siempre busqué en mi vida. Eres todo lo que pedí. ¿Porqué hasta este momento te puso frente a mí? Te quiero Seiya, no puedo detener este sentimiento, lo siento, no puedo. Quise por todos los medios no amarte, pero me fue imposible. Tenía que desahogarme, sentía que me hundía en un vacío si no te lo decia. Siento quebrarme por dentro. Voy ir acabando con este sentimiento poco a poco. Ya que me tengo que alejar de ti, se que te gustó, pero también se que de conocerme, me Odiarás, así que me alejó de tú vida, por tu bien y él de Molly, y también por él mió, porque de amarte más de lo que ya te amo, mi vida y mi corazón ya no serían míos, de hecho ya no son míos, porque ahora te pertenecen. Tenía que confesarte todo esto no podía seguir guardándolo mas.

No te merezco, asi que me marchó de tu vida.

Con amor.

Serena Tsukino. Tú Bombón"

Rompió la carta en pedazos y apretó los puños. Se sentía aún más ruin y miserable, ella lo amaba, por eso lo dejaba, no se sentía digna de él, y él le había mentido, la había usado y herido deliberadamente, cuando ella solo le había amado desinteresadamente.

Era él quién no la merecía, quién se aprovechó de su ingenuidad, porque a pesar de todo lo vívido Serena Era muy inocente, era una hermosa Ave de plumaje blanco y brillante, que había cruzado él pantano y no se había manchado, su alma seguía pura.

Él Príncipe Diamante tenía razón, no la merecía.

— Seiya... Por favor, necesitas calmarte... Ven conmigo. — Andru lo miraba preocupado por su terrible semblante.

— ¡Vete! Quiero estar sólo. — Fue su respuesta.

Andru lo dejó sólo, era inútil insistir, él no le iba hacer el menor caso, tal vez si lo dejaba sólo, él ordenaría sus pensamientos y empezaría a reaccionar.

***

— ¡ Por favor! ¡Seiya no quiere ver a nadie! ¡Vayanse! — Gritaba Lita con desesperación.

— ¡No me importa! Ya es demasiado me enfada verlo así, me va a oír. — Respondió Yaten sin hacerle él menor caso.

Entró cómo ráfaga al despacho, y lo que vio lo dejó helado.

Seiya parecía una piltrafa humana, olía mal, tenía la barba crecida, estaba borracho y por la cantidad de botellas que estaban tiradas en el piso, el escritorio y la pared manchada con vino, podía deducir por la cantidad de vidrios rotos, seguramente había estrellado muchísimas más.

— ¡¿Pero que demonios?! ¡Seiya eres un idiota! ¿Cómo llegaste a este punto? ¿Éstas así por esa oportunista? Ella no lo vale. — Dijo con enfado.

— ¡Callaté! ¡No sabes nada! Ella lo vale todo, y yo fui un imbécil. —

— No me agrada que lleves tres días aquí encerrado y Lita no nos haya comunicado nada. — Dijo Taiki, que había llegado minutos antes.

— Yo se lo pedí. No quiero ver a nadie. — Replicó.

— No me importa, por tu salud y tu seguridad, debió ignorar esa orden. Explicanos lo que pasó. Tenemos derecho a saber. — Le respondió sin inmutarse.

Seiya les relató todo lo ocurrido, desde que murió su hermana, no omitió nada, todo hasta él más sórdido secreto lo rebeló. Cuando terminó de hablar las lágrimas que salían de sus ojos eran como un bálsamo a su alma herida.

— Aún no me explicó como pudiste hacer algo así de sucio. Te portaste como un miserable ¿Cómo te atreviste a usar esa chica? — Le preguntó Taiki con indignación.

— ¿Crees que no me siento mal? ¡Ella se enamoró de mi! Pero le había prometido a nuestra hermana que la vengaría. ¿Qué podía hacer? —

— ¡Entregar las pruebas a la policía! O decirle la verdad desde un principió, si lo hubieras hecho todo sería distinto. — Recriminó Taiki.

— ¿Y si se negaba? ¿Si su amor por él era más grande? ¿Cómo hubiera vengado a nuestra hermana? Además... Ella también me mintió... No fue capaz de decirme lo que hizo en su pasado? —

— ¡No busques excusas tontas, no trates de justificarte! Ella no tenía porque revelar su vida privada a un desconocido. — Fue la respuesta de Taiki.

— Aunque no sea partidario de esa chica... Tú te portaste como un cretino con ella, nunca imaginé que diría esto pero... Siento mucha compasión por ella. Debió ser muy difícil para ella salir de las drogas en que ese hombre la metió, después tú... La Engañaste, te aprovechaste de su amor. Es algo que no le deseo a nadie, ni siquiera a ella. — Dijo Yaten pensativo.

— Lo único bueno de todo esto, es que ese hombre ya esta en la cárcel. Y pagará lo que hizo a ella y a nuestra hermana. — Dijo Taiki.

— Es mejor que se vayan y me dejen tranquilo... No estoy para escuchar sus tonterías... Ya suficiente tengo con mi conciencia. — Les dijo señalando la puerta.

Yaten y Taiki lo miraron con preocupación y se Fueron sin decir nada.

***

A primera hora de la mañana Mina Y Amy entraron a su despacho llenas de indignación. Indignación que se esfumó en cuanto cruzaron la puerta y vieron el desastre y deplorable aspecto de Seiya.

— Si vienen a reclamar lo que hice con Bombón... Serena, sus maridos ya se encargaron de eso, así que vayan por donde vinieron. — Les dijo con la mirada pérdida.

— Esa era nuestra intención. — Le dijo Amy mirándolo con lástima. — Pero ya tienes suficiente castigo al haber perdido a la única chica a la que has amado de verdad. —

— No tiene caso que gastemos nuestras palabras y nuestro tiempo en ti. — Dijo Mina.

— ¡Largo! — Gritó rompiendo otra botella en la pared.

— Sabes tío... No se lo que paso entre ustedes... O porque te dejó Serena, pero si le hiciste algo... Buscala y repara él daño que hiciste. — Le dijo Molly en la puerta.

— Yo... Le hice mucho daño, no merezco su perdón, la destruí, eso no es fácil de reparar... No tengo Cara para buscarla. — Respondió.

— Tío... Ella te ama, cuando se ama de verdad se perdona todo. —

— No creó que sea él caso. — Dijo con pesar.

— Pues... Empieza a Buscarla y sales de dudas, ella es demasiado buena y te ama demasiado, te va a perdonar. — Dijo con cariño.

— ¿De verás lo crees? — Dijo mirándola con una extraña lucidez.

— Estoy segura... Anda ve a darte un baño y le hablas al investigador privado, además quiero que sea la madrina de honor en mi boda. — Le dijo guiñando él ojo y subiendo a su habitación.

Seiya subió las escaleras, las palabras de Molly le habían hecho concebir una esperanza, la buscaría y rogaría su perdón, de rodillas si era necesario.

***

Amaneció y con ello un destelló de esperanza se anidó en el corazón de Serena, buscaría un trabajo, todo iría bien, después buscaría un lugar donde vivir y se olvidaría de Seiya, no sería fácil, pero si se esforzaba seguiría adelante con su vida de la mejor forma posible, la sombra de Darién ya no era un problema porque él estaba encerrado en la cárcel y lo más seguro es que no lo volvería a ver.

Conforme llegaba la noche, la esperanza de encontrar un trabajó iba declinando, nadie le daba trabajo, y las pocas monedas se habían gastado en un pan, ni siquiera podía tener siguió de beber.

Llegó a la iglesia, y se sentó en la misma banca que la noche anterior, las lágrimas nuevamente brillaron en sus ojos y las dejó correr libremente, sentía dolor por lo de Seiya, y desesperanza por no tener un lugar donde dormir, su estómago le dolía de hambre y todo le parecía deprimente, si no existiera... Todos sus sufrimientos acabarían, todo sería más fácil.

Se durmió y en sus sueños veía a Reih abrazando a Seiya, burlándose de ella. Todo eso le causó un sueño intranquilo, cuando despertó tuvo la sensación de que no había descansado nada.

Una vez más empezó su peregrinar en busca de un trabajo, sin obtener un resultado favorable. La desesperación crecía conforme avanzaba el día, paso por un puente y subió la barandilla, por un instante estuvo tentada a tirarse al vacío, hacia los carros, sentía que solo así estaría libre de todos sus problemas y sufrimientos, acabarían, sería lo mejor, subió otro peldaño, él momento había llegado, estaba decidida a dejar todo atrás... Pero un rayo de luz iluminó su cerebro y se dejó caer hacía atrás, se soltó llorando, convulsionándose por la incontrolable cantidad de sentimientos y sufrimientos desbordados en un caudal de lágrimas.

Miro al vacío y el pánico la invadió, había estado loca, ¿Cómo pudo pensar en esa tontería? Ella no se dejaría morir, lucharía por vivir.

Volvió a caminar esta vez con más ánimo, estaba segura que encontraría algo.

Por la tarde paso por una cafetería que estaba cerca de esa iglesia donde dormía, entró sin dudarlo, rogaría por un empleo.

Tan pronto como cruzó la puerta todo se nubló a su alrededor y se desmayó.

La Joven dueña del lugar corrió a auxiliarla, con la ayuda de un mesero.

— Vamos ayudame no te quedes ahí mirando como tonto Sammy. —

— Si Señorita Hotaru, en seguida. — Dijo corriendo a levantarla en brazos.

— ¡Por favor señores! ¿Hay un doctor aquí? — Les Preguntó.

— Si, yo soy Doctor, la ayudó. — Dijo Un comensal levantándose de su asiento.

— Por aquí, por favor. — Dijo Guiándola a su oficina.

Él doctor la examinó cuidadosamente, le dio a oler alcohol y tan pronto como reaccionó le hizo unas preguntas.

Minutos después salió y tras hablar con Hotaru unos minutos se fue.

Ella entró y la observo detenidamente.

— Yo... No se que me paso... Lo siento, todo se oscureció frente a mí y no supe más. — Confesó avergonzada.

— ¿Cuántos días llevas sin comer? —

— Yo... Este... Tres días. —

— ¡Dios mío! ¿Cómo es posible? No puedes mal pasarte así. ¿Qué no piensas en tu bebé? —

Serena tosió nerviosamente y la miró con ojos desorbitados.

— Eso... Eso es imposible. No puede ser... Yo no... No puedo estar embarazada. — Dijo Moviendo la cabeza con desesperación.

— ¿No Lo sabías? — Le Preguntó sorprendida.

— No. —

— Ven... Comamos algo y me cuentas todo con detalle.

Tras devorar todo lo que le pusieron en frente con verdadero apetito, Serena le contó todo lo ocurrido desde que conoció a Darién hasta él momento en que saliera de casa de Seiya.

— Pobrecita de ti... Cuánto debes haber sufrido... Pero no te preocupes yo te daré un trabajó en mi cafetería y en la parte trasera hay una pequeña bodega que esta vacía, si ponemos una cama te puedes quedar aquí conmigo. —

— ¡Muchas Gracias! Eres tan linda y amable, y yo... Soy una desconocida... No creó merecer tanto. De verdad en cuanto pueda buscaré un cuarto para no causarte tantas molestias. — Dijo Serena llena de agradecimiento.

— Ni Lo digas, verás que todo ira bien. — Dijo Dándole ánimos.

Ella sonrió y una sonrisa asomó a sus labios, en sus ojos un brillo de esperanza parecían darle una luz especial que la hacía verse más bella que nunca, ahora ya no estaría sola, ese bebé la acompañaría y por él merecía la pena vivir.

***

Habían pasado cuatro meses desde que dejará a Seiya, los más de seis meses de embarazó apenas sí se notaban en Serena, su pálido rostro y las ojeras alrededor de sus ojos no minimizaban su belleza. Se veía casi sublime.

— Serena... Ven A descansar un momento. Llevás todo él día sin parar. — Le Dijo Hotaru.

— Si, lo haré, gracias. — Respondió metiéndose a la cocina, tan pronto como entró se sentó y estiró sus pies para descansarlos, empezó a acariciar su abultado vientre con amor, y unos golpecitos en su mano provenientes de su interior la hicieron sonreír con dulzura.

La puerta de la cafetería se abrió y Sammy fue a atender al nuevo cliente.

Minutos después entró en la cocina con cara de preocupación.

— Serena... Ese hombre quiere que tú lo atiendas. Dice que no se moverá hasta que lo atiendas tú. —

Serena se asomó por la puerta y su sorpresa fue mayúscula al ver a Seiya.

Sus manos comenzaron a temblar y su corazón se aceleró.

— ¡No! ¡Imposible! No quiero verlo... No debe verme. Dile que se vaya, Sammy por favor, no debe saber de mi bebé. — Gritó asustada.

Sammy la miró y salió nuevamente, pero a los pocos minutos regresó.

— Lo siento Serena... No se irá hasta que tú lo atiendas. Dijo que aunque pasarán mil años, no se moverá de ahí. —

Serena exhaló un suspiró de resignación y se dirigió a la puerta.

— No tienes que hacerlo, puedo llamar a la policía y hecharlo, para que no te molesté. — Le dijo Hotaru.

— Lo Haré, debo enfrentarlo, este momento llegaría tarde o temprano y entre más pronto pase, mejor. — Respondió con firmeza.

Armándose de valor, tomó la carta y su cuadernillo y se dirigió hacia él. Su corazón latía acelerado y sus piernas las sentía de trapo, pero aún así se paró frente a él con toda la seguridad de que fue capaz.

— ¿ Qué desea tomar? — Preguntó lo más normal posible.

Seiya la miró con anheló, le parecía ver una imagen celestial, sus ojos brillaban con una extraña dulzura y se veía con una felicidad y paz interior que él no había conseguido en todos esos meses sin ella.

— Bombón... Estás tan... Distinta... Te ves hermosa. — Dijo Con nerviosismo, ¿Cómo podía ella estar frente a él tan tranquila? Recorrió su cuerpo con la mirada, seguía igual de bella, tal vez su estómago se veía más abultado, pero aún así, le robaba la respiración.

— ¿Qué va a pedir? — Volvió a preguntar con una voz extrañamente fría y normal que la sorprendió incluso a ella misma.

— Tenemos que hablar. — Le Rogó con la mirada.

— Nada Tengo que hablar con usted señor, por favor pida algo o vayase. — Le Dijo con firmeza. También aprovechó para observarlo, se veía demacrado y algo pálido, unas profundas ojeras enmarcaban sus profundos ojos azules que la miraban casi con devoción.

— Esta bien... Deseó un jugó y unos espaguetis con salsa de ajo. — Respondió pidiendo lo primero que encontró en la lista.

Serena apuntó la orden y se metió en la cocina.

— Debo irme de aquí... No puedo quedarme Hotaru, ya no estoy segura aquí. — Le dijo con ansiedad a su joven jefa.

— Serena... No tienes que irte, puedes quedarte hasta que nazca tu bebé. — Le Dijo con pesar.

— ¡No! Él volverá... No me dejará en paz. Tengo que alejarme de aquí. — Dijo desesperada.

— Se hará como deseas, deja que te de algo de dinero, para que no tengas problemas en lo que encuentras algo. — Dijo Poniéndole dinero en su mano. Serena iba a negarse, pero la mirada de Hotaru le impidió decir algo.

— Esta Bien. Lo tomaré como un préstamo. —

— Piensa que es tu liquidación. Vete con cuidado, no dejes de decirnos donde estarás. — Le Dijo Sammy con preocupación.

Ella asintió y salió rápidamente.

Seiya la vio con profundo amor. Traía una mirada decidida y la orden en una bandeja.

— Aquí esta su orden señor. Espaguetis en salsas de ajo y así jugó. — Y le volteo la bandeja en la cabeza.

Seiya sintió como el jugó y sus espaguetis descendían por su cara y se levantó de un saltó.

— Que Lo disfrute. — Añadió y se salió corriendo de la cafetería.

***

Bueno esperó que les haya gustado. Y mil perdones por tardar...

Los quiero.

Dam Frost.