Capítulo 6. Preparado para la verdad

McCree estaba sano y salvo. Le había llevado hasta el transporte cargándolo sobre sus hombros. Pese a los comentarios de un drogado McCree sobre "sus fuertes y poderosos brazos", puntualizados por apretones a sus bíceps, no era fácil llevar en brazos a un hombre de su tamaño. El pistolero se quedaba medio dormido y luego murmuraba incongruencias.

En el transporte ya les esperaban Genji y Tracer. Soldado 76 llegó al poco rato con un recuento de enemigos y un informe de la situación. Ya no había rastro de Talon y las autoridades locales habían retomado el control de la zona.

Amari había llegado mas tarde, algo sobre "enfrentarse a viejas enemigas" y "Gerard tenía mal gusto", le había bastado un vistazo rápido para asegurar que McCree no corría peligro, le habían disparado con una versión menos eficaz de su propia munición. La francotiradora ya no usaba nunca munición letal.

Talon había querido a McCree vivo. Amari y Morrison habían intercambiado gestos que hablaban a gritos de un conocimiento que solo tenían ellos. Hanzo se cruzó de brazos, él no respondía ante aquella gente y no estaba dispuesto a continuar sin toda la información. La vieja Overwatch había caído presa de secretismos y paranoia.

- Decidnos lo que sabéis.

- Shimada, esto no es asunto…

- Mi hermano tiene razón. - Y Genji hizo hincapié en la palabra hermano. - Esto no es la vieja Overwatch, en la nueva sois recién llegados, de hecho, aun sois meros invitados.

Los veteranos se miraron, Morrison meneó la cabeza contrariado y se sentó. Amari ayudó a Hanzo a sentar a McCree y ponerle el cinturón, y durante el viaje de vuelta les explicó lo que sabían, todo lo ocurrido en Egipto, el proyecto Anubis, el enfrentamiento con Reaper… y la verdad, o al menos toda la verdad que conocían.


Hanzo pasó por la enfermería y echó un vistazo al interior, el único paciente estaba dormido, cuando le atendieron tenía algunos rasguños sin importancia, un par de cortes, y la herida más grave era apenas un punzón en el muslo. Y ya estaba curado de todo ello. El arquero entró, no tenía ningún motivo para sentarse a velarlo, no estaba herido, no corría peligro alguno… la base estaba en alerta, todo el mundo al tanto de la cercanía de Talon y el ataque a McCree. Eran un objetivo, iban a por ellos.

Reaper era Gabriel Reyes, héroe de la Crisis Omnic, cofundador de Overwatch, antiguo comandante de Blackwatch, superior de Genji y McCree, amigo y compañero.

Había habido gritos, preguntas, acusaciones… el golpe a la moral había sido duro. Todos tenían teorías, todos tenían algo que decir al respecto.

Widowmaker era Amelie Lacroix, asesina y viuda de Gerard Lacroix, antigua bailarina y ahora francotiradora experta por obra y gracia de manipulaciones genéticas y cibernéticas, incluido un excelente lavado de cerebro.

Viendo el caos y el horror que estas revelaciones habían provocado, Hanzo se alegraba de no haber conocido a ninguna de aquellas personas. La nueva guardia estaba mas tocada por la reacción de los demás y por la revelación de cuan horrendas eran las acciones de Talon. Convertían a amigos en enemigos, corrompían todo lo que tocaban.

Genji estaba visiblemente alterado. Pero estaba claro que era por McCree, daba vueltas y vueltas ante la puerta de la enfermería, finalmente Hanzo le había pedido que dejase de hacerlo y le explicase que demonios significaba aquello.

- Era como un padre para Jesse. - Genji suspiró. – Eran el dúo inseparable, Reyes era su mentor, su jefe, todo.

- Entiendo. Un maestro.

Su hermano soltó una carcajada amarga.

- La ultima vez que hablé con Jesse en Blackwatch… le dije que Reyes era su oyabun, que le utilizaba… no se lo tomó muy bien.

- No parece que estuvieses desencaminado.

- Pensé que le había perdido… como a ti.

Oh. Hanzo sintió una opresión en el pecho, la culpa, el dolor, buscó la mano de su hermano y la estrechó. Se habían perdido y reencontrado. No dejaría que Genji le perdiera de nuevo.

- ¿Crees que lo sabe? Es decir… dijiste que les encontraste en la iglesia.

- No lo sé.

La llamada de McCree, un único tono cortado, había puesto a Hanzo cardíaco, ¿qué significaba? ¿Había pensado llamarle y se había arrepentido? ¿Se había equivocado? Había maldecido no haber contestado lo suficientemente rápido. Había dudado mucho antes de usar la lógica, Jesse McCree le llama y luego corta después de medio tono, no era propio del hombre que había perseguido por media Europa, no, si Jesse le había llamado lo había hecho tras pensarlo, y no al contrario. Por tanto, Jesse se había visto obligado a cortar la llamada.

Sabía que cualquier persona opinaría que estaba cogiendo una teoría por los pelos. Pero Hanzo había dedicado tiempo a estudiar a Jesse McCree, no conocía toda su historia, pero sabía leer su actitud, su estilo.

Jesse McCree era y seguía siendo su presa, y conocía a su presa.

Había acudido de inmediato a su hermano compartiendo sus temores, y cuando este superó la fase de bailar en el sitio diciendo "te ha llamado, te ha llamado, lo sabía" le había ayudado a convencer a Winston de que les permitiese usar el transporte. No había costado demasiado, Morrison y Amari se unieron de inmediato por el camino. Estaba claro que habían sospechado desde el principio que Talon estaba más cerca de lo que imaginaba nadie.

Cuando Winston les llamó para informarles de una alarma en la estación de autobuses de Marbella ya estaban a mitad de camino. Habían saltado del transporte en el centro de un avispero de agentes de Talon.

En medio del caos, con soldados, francotiradores, Akande en persona, Hanzo no había dudado, se habían separado para buscar, estaba seguro de que encontraría a McCree, solo tenía que concentrarse, ya le había cazado una vez.

Casi le hubiese pasado por alto al llegar a la plaza, pero entonces lo había oído. No. Los dragones habían oído a Deadeye GRITAR.

¡TRAICIÓN!

Se había precipitado a la iglesia sin dudar un instante. Él no veía nada, pero sus dragones sabían a ciencia cierta donde estaba Deadeye, donde estaba McCree, así que los había liberado siguiendo sus instintos. Ellos le encontrarían allá donde estuviese.

Y Reaper había surgido entre la destrucción del confesionario y los asientos de alrededor para enfrentarle. Muy furioso, casi maníaco. La idea de que aquella tormenta de balas y oscuridad había sido una vez un hombre era casi descabellada.

Habían dejado a McCree en la enfermería por pura seguridad. Genji daba vueltas frente a la puerta murmurando para sí, ensayando como decirle la verdad a su amigo.

- Vete, Genji, yo esperaré aquí, cuando despierte te avisaré.

Si seguía viendo como su hermano daba vueltas y más vueltas se pondría nervioso él mismo. Además, sospechaba que Jesse lo sabía… Deadeye no había gritado traición por nada. Se sentó en la silla junto a la cama y apenas se había acomodado cuando sus dragones surgieron de su brazo, saltando desde los tatuajes con un resplandor azul, manifestándose como criaturas del tamaño de un gato grande.

{Duerme, pero solo duerme uno}

- ¿Deadeye está despierto? - No era extraño que un espíritu velara a su compañero.

{Mmmh, lo notamos un poco. Manifiéstate}

{Sabemos que estás ahí, no somos el enemigo, ven}

Quería detener a sus dragones, estaban sobre McCree, olfateando y pasando las lenguas por la barba, no creía que el pistolero fuese a reaccionar bien a dos criaturas parecidas a serpientes paseándose sobre él. Entonces notó aquello, no era como cuando casi había sido atacado, era más sutil, un cambio en el ambiente, una brisa en un sitio cerrado. Tan pronto como vino se fue.

- ¿Qué…?

{Se ha asomado, nos nota} Udon frotó la cabeza contra la barba. {Es tímido, que encanto}

Tímido no era la palabra que esperaba oír para describir a lo que fuese aquel poder, pero tendría que confiar en la palabra de sus espíritus. Quizá tenía sentido, Udon, Yaki y Soba eran hermanos, ser sociables era parte de su naturaleza y crianza, estaban mas acostumbrados al trato espiritual, lo que vivía con McCree no había disfrutado de tal cosa. Hanzo miró distraídamente por la ventana, hacia el mar, de momento McCree estaba a salvo, eso era lo importante.

- Uh… ¿hola?

Oh. Hanzo se volvió y vio como McCree miraba con cierta aprensión a los dos dragones que estaban tumbados sobre él, con los hocicos pegados a su cara. Puede que no fuesen muy grandes, pero seguían siendo dragones.

- McCree, estás despierto. - Eso era evidente, Hanzo deseó darse un puñetazo.

- Uh uh… son… los tuyos. - McCree tenía las pupilas algo dilatadas, estaba claro que seguía algo drogado, aturdido, seguramente pensaría que soñaba.

-Si, y no deberían molestarte. - Extendió el brazo para obligarlos a volver a su interior.

- No, no, no molestan. - McCree se incorporó levemente y movió las manos hacia los dragones. – Me salvasteis ahí fuera, ¿verdad, chicos? Gracias.

Hanzo tragó saliva mientras Yaki y Udon se frotaban escandalosamente contra McCree, ronroneando sin decencia alguna contra sus manos y su pecho y cuello, abandonando toda dignidad, con pleno conocimiento de lo que le hacían a su compañero humano.

Pequeños bastardos traidores.

{Tiene mucho pelo, me gusta} Yaki metió las garras entre el pelo del pecho que asomaba bajo el camisón de hospital.

{Y huele bien, es un olor fuerte}

Querían matarlo, no había otra explicación. Y McCree no tenía ni idea.

- Hanzo… gracias.

Le estaba sonriendo, con los dragones acomodados contra él, como si ya fuese suyo. Hanzo se frotó las palmas de las manos, repentinamente sudorosas, contra sus pantalones.

- No tiene importancia.

- ¿Qué ocurrió? ¿Y Reaper?

- Escapó. - Hanzo se preguntó si era un buen momento para avisar a Genji de que podía venir a tener una muy incómoda conversación con McCree. - Así como Doomfist.

McCree asintió y cerró los ojos.

- Reaper es Gabriel Reyes. - Murmuró el pistolero.

Al parecer la conversación no sería tan incómoda. Hanzo respiró hondo.

- Te traeré algo de comer.

McCree asintió quedamente, distraído, los dragones regresaron a Hanzo con reticencia, querían quedarse más tiempo disfrutando de las atenciones de su nuevo humano favorito.


Llamaron a la puerta y entraron, Jesse se había quedado traspuesto de nuevo, pero despertó al oír los pasos. Morrison, Amari, Ángela… los tres entraron, demasiada gente.

McCree frunció el ceño y fulminó con la mirada el visor rojo de Morrison, odiaba aquella cosa, no le permitía estar seguro de que el otro hombre recibía el mensaje, a Amari ni la miró, no le importaba, que hiciese lo que quisiera. ¿Sabía Fareeha que su madre vivía? ¿La había visitado al menos?

- McCree, tenemos que hablar.

- Jack Morrison, juro a dios que si también sabías que Reaper era Gabriel Reyes te mataré aquí mismo.

El silencio por respuesta le dejó estupefacto. Sinceramente no había esperado tener que cumplir la amenaza.

- ¡¿Pero qué cojones…?!

- ¡Jesse, no, espera! – Ángela se adelantó y le obligó a no levantarse de golpe. - Al menos no te hagas daño, te marearás.

- No me lo puedo creer.

- Lo descubrí en Egipto, Reaper me atacó, si sobreviví fue gracias a Ana. No imaginaba que Reyes hubiese sobrevivido a la explosión, no lo sabía, y no sabemos lo que le ha pasado. Yo también sufrí al descubrirlo, Jesse.

- Hijo de puta. - McCree se incorporó y apartó a Ángela, que se dejó hacer a un lado con reticencia. - Todos… todos vosotros, joder, dijiste que Talon iba tras de mí y no me dijiste que el jodido Reaper era Gabe.

- Jesse. - Amari alzó las manos tratando de aplacarle. - No estás bien, aun…

- ¡ME ABANDONASTEIS! ¡TODOS!

Estaba tan furioso. Tan defraudado. Todos le habían dejado tirado, todos, hasta el que pensaba que jamás lo haría. Pensaba que habían muerto, pero solo le habían bloqueado las llamadas, dejándolo atrás. Todos ellos. Si es que aquello empeoraba por momentos.

- ¡¿Se os ocurrió llamarme?! ¿Se os ocurrió por un instante avisarme de esto? ¡Me incumbía, maldita sea!

Jack no se retiró la máscara, Jesse reconocía una barrera psicológica cuando la veía, para Jack era el visor, para él era el sombrero.

- Primero Amari, luego el jefe y tú. - Su voz casi se rompe y odia mostrar vulnerabilidad a la gente que le ha fallado tanto. - Supongo que era fácil dejarme tirado, tan poca cosa.

- Nos equivocamos.

Amari le miró con el único ojo que tenía. Jesse no pudo si no recordar la escena que había estudiado, el último lugar donde había localizado a la capitana antes de su desaparición, la sangre, el rifle con la mirilla destrozada. Aquello debía haber dolido.

- Abandoné también a mi hija. – La capitana miró a todos los presentes, Jack, Ángela, Jesse. – Pensé… que os protegía, que la guerra no acababa porque la llevábamos con nosotros, que era mejor quitarse de en medio.

- Te busqué.

- Lo sé. - Ana no dudaba, no se defendía, solo contestaba. – Tuve amnesia un tiempo, tardé en recuperarme, supongo que después pensé que el daño ya estaba hecho.

- Fareeha…

- Le escribí mucho tiempo después, no me ha contestado aún, supongo que también está enfadada conmigo.

- Siete años, capitana, por el amor de dios.

Eran los adultos, McCree se cubrió la cara con las manos y se sentó en el borde de la cama, eran los superiores, los jefes, y todos habían reaccionado escondiéndose… si, de acuerdo, él había hecho lo mismo, ¡pero el pensaba que estaba solo! Igual todos eran niños grandes jugando a la guerra.

- No espero que me perdones, espero que tengas la madurez de aceptar que esta es la situación, que lo sentimos, que las dificultades son muchas y que estamos todos en el mismo barco.

- Madurez, ¿yo?

- No creo que fueses un niño jamás.- Suspiró la capitana.- Sé que eres capaz de hacerlo, Jesse, nunca me has decepcionado, se que yo a ti si, en muchas ocasiones.

No podía estar enfadado con ella, no del todo, suponía que era como un superpoder de madre, o quizá era solo Amari. La capitana le dio un leve apretón en el hombro y se marchó, Ángela fue detrás. Eso dejaba a Morrison. Siempre Morrison.

- ¿Qué ocurrió?

- No lo sé. - Jack se retiró por fin el maldito visor y lo dejó en la silla. - ¿Qué te dijo en la iglesia? Hanzo dijo que te sacó de allí, que Reaper estaba contigo.

- No evadas mi pregunta, tú primero.

- Jesse McCree, ¿vuelves a tener 20 años? Jamás he conseguido que me contestaras con claridad a nada.

- Tu nunca preguntas lo que quieres saber. - Replicó Jesse, contrariado. – Siempre pisando cristales a mi alrededor como si me tuvieses miedo.

Morrison le miró con extrañeza y luego pareció decidirse, apartó el visor del asiento, movió la silla y se sentó frente a McCree.

- De acuerdo, no recuerdo apenas el día de la explosión, quedé malherido, no sé que ocurrió, no sé de qué hablamos Gabe y yo, solo que hablamos. Cuando todo pasó y recuperé el sentido solo veía fuego y escombros, supuse que él había muerto, igual que todo el mundo.

- Pero no era así.

- No sé lo que le ha pasado, Jesse, en cuanto descubrí quien era… no he parado de perseguirle, no sé porqué me odia tanto, no sé qué le han hecho.

- La última vez que estuve con Reyes… - Porque ese no era Reyes, esa cosa era Reaper. – Me dijo que la Comisión Internacional de Justicia estaba corrupta, infiltrada por Talon, que habían entrado por ahí, que reuniría pruebas para que le ayudaras a limpiar Overwatch, él contaba contigo.

Morrison asintió, se inclinó hacia delante, como si ambos estuviesen conspirando.

- Tiene sentido.

- No le escuchaste.

- Por el amor de… - Morrison cerró los ojos y contó hasta tres. - Jesse, si convertimos esto en "las meteduras de pata de Jack Morrison" no acabaremos nunca.

- ¡Es la verdad!

- ¡Cállate, niño!

- ¡No eres mi padre!

- ¡Sigo estando en la base de datos como la persona de contacto si estas hospitalizado así que a callar!

McCree se quedó callado, demasiado aturdido, joder, no esperaba que el otro se acordase de eso. Sintió que se le subían los colores.

- Gabriel sobrevivió, eso es evidente, pero no es el mismo, no sé lo que es esa habilidad de desintegración e integración, parece nanotecnología.

Nanotecnología. Y seguramente genética. Moira. Jesse gruñó y bajó la cabeza.

- Gabe estaba enfermo.

- ¿Qué?

- Moira, O'Deorain… estaba tratando a Reyes de… algo, nunca me dijo el qué.


No me estoy muriendo, tuve unos problemas de salud, pero estoy bien, te lo juro


Joder… problemas de salud. Idiota. Idiota. Idiota. Había tenido razón al preocuparse.

- ¿¡Por qué no me dijo nada?!

- ¡Porque fue cuando todo se iba a la mierda! - Jesse golpeó la cama. - Fue… fue poco antes de lo de Venecia, aquel desastre… contrató a Moira precisamente por eso, no sé qué le pasaba, ¡no quería parecer débil cuando todo estallaba a nuestro alrededor!

Morrison se puso en pie y dio un par de vueltas, pensando.

- El programa supersoldado…

- ¿Qué?

- La tasa de mortalidad era muy alta. - Morrison movió el cuello hasta conseguir un satisfactorio crujido. - La mayoría… murió por degeneración celular, el cuerpo no soportaba el proceso.

Había una historia ahí, una oscura y desagradable sin duda.

- ¿Crees que estaba sufriendo eso?

- Es lo único que se me ocurre, la investigación de Moira trataba cuestiones paralelas, tiene sentido.

- Le ha convertido en esa cosa… Jack… intentó matarme.

- ¿Qué? – Y Morrison se mostró realmente sorprendido. - ¿A ti?

Que le preocupase más cuando trataba de matar a Jesse y no cuando trataba de matarle a él resultaba casi… CASI divertido.

- No parecía muy… cuerdo… dijo que quería matarme para protegerme, que no quería que cayese en manos de Talon.

- ¿Actuó contra los intereses de Talon? Eso es bueno.

- ¿Ahora resulta que quererme muerto es buena señal?

Morrison le removió el pelo, ¡pero bueno!

- ¡Significa que no es una marioneta de Talon! Significa que quizá podamos recuperar a Gabe si entendemos el mecanismo de su transformación, si le ayudamos a recuperar el control.

- Pero…

- Voy a hablar con Winston, buscaremos la última localización de O'Deorain.

Era condenadamente difícil enfadarse y gritar a Morrison cuando estaba haciendo lo que Jesse deseaba con todas sus fuerzas. Dios mío, estaba agotado, habían pasado demasiadas cosas, ¿cómo podía el viejo tener tanta energía? Ah, supersoldado, claro. Jack se marchó a paso ligero, con energías renovadas al tener una misión clara. McCree sin embargo se sentía totalmente vacío, falto de fuerzas, consumido. Suspiró al oír que la puerta se habría de nuevo.

- ¡¿Y ahora qué?!

- Ahora hay comida.

Oh. Hanzo Shimada entró con un emparedado. Jesse sonrió avergonzado.

- No sabía que eras tu.

- Mmmmh, te esperaba más atento. - Le tendió el emparedado, Jesse lo recogió.

- Ha sido un día muy largo, forastero.

Desde luego. Jesse dio buena cuenta del tentempié, tenía más hambre de lo que pensaba, no podía creerse cuantas cosas habían pasado en un solo día, si apenas estaba anocheciendo. Dormir bajo los efectos de un narcótico no era lo mismo que descansar, pero no tenía sueño.

- Jesús, María y José… menudo día.

- Quizá aun podamos arreglarlo un poco.

Hanzo sacó una botella de güisqui, buena marca.

- Oh, dios mio… eres mi héroe.

- Lo sé. – Hanzo hizo un gesto hacia la puerta.- No es apropiado beber en la enfermería, te esperaré en la balconada del oeste.

- ¿Es una cita? - Rió Jesse con un guiño.

- Si.

Mientras Hanzo salía por la puerta, Jesse pensó que había muerto allí mismo, tan pasmado se había quedado.