Capítulo 7. Un vaso de güisqui

Estaba demasiado aturdido para estar nervioso así que McCree llegó al promontorio, donde Hanzo ya estaba sentado, mirando al mar, y le saludó con un toque al sombrero. Hanzo respondió extendiendo una mano a su lado, invitándole a sentarse. Y allí estuvieron un buen rato, con las piernas colgando por el borde como adolescentes en las vacaciones de verano.

- Siento llegar tarde, Genji quería hablar conmigo.

- Mmmh. - Hanzo sacó su botella de sake y la puso junto a la botella de güisqui. - Mi hermano había manifestado preocupación por tu reacción ante las noticias.

- Ya… también me ha parado Ángela, el mensaje habitual sobre los peligros de beber o fumar después de haber sido drogado.

- Hay quien tomaría en consideración las advertencias de tan afamada doctora.

El hecho de que el comentario fuese precedido de un trago de sake dejaba claro que no era un reproche y más bien era un chiste a costa del sacrificado gremio médico. El arquero sacó un vaso para McCree.

- Gracias. - Había pensado beber a morro como un salvaje, pero desde luego no había esperado beber con un verdadero caballero.

Hanzo asintió sin añadir nada. Jesse se dio cuenta de que estaba con alguien que no tenía un pasado con ninguna de aquellas personas que ese día le habían traicionado, alguien que ni siquiera tenía la admiración heroica de los novatos. Era algo tranquilizador.

El silencio era cómodo. No había presión por hablar para llenar el vacío, estaba claro que Hanzo estaba muy contento de estar callado, disfrutando de la brisa, de la tranquilidad. McCree lo agradecía mucho.

Genji había estado tan alterado, la sincera preocupación había sido… tierna, incluso excesiva, pero había notado también la lástima, la compasión, porque Genji sabía cuan horrible era saber que Reyes le había atacado, por enajenado que estuviese. El ninja se había relajado notablemente cuando le había dicho que ya se había enterado de todo.

Pasaron un buen rato así. Sin expectativas, solo así, relajados, compartiendo sake y güisqui mientras la brisa se volvía fría al caer por completo el sol. Hanzo se subió la manga de lo que sea que se llamase su ropa, y McCree se envolvió en su poncho.

- McCree…

Se había quedado dormido. Jesse sonrió y se rascó la cabeza, retirando el sombrero.

- Lo siento, supongo que estoy más cansado de lo que pensaba.

Hanzo le había despertado sacudiendo su brazo levente y el calor de su mano a través de la tela le parecía una hoguera en medio de una ventisca. No le incomodaba, casi lo necesitaba. Lo que antes le provocaba extrañeza por el desuso ahora le resultaba necesario.

- Es hora de ver la película de las sábanas blancas.

- Pones a prueba mi dominio del idioma, McCree.

Ambos se pusieron en pie y emprendieron camino al interior de la base. Hanzo le acompaña a su habitación, después de todo le viene de paso, se separaron con un escueto buenas noches.


Hanzo Shimada volvió a su habitación, pero apenas acababa de introducir el código de la puerta cuando su hermano surgió de la nada, tan hábilmente y en tan completo silencio que Hanzo casi le clavó el codo en un ojo, o el visor. Un día acabará matándolo… de nuevo. Malos pensamientos, malos pensamientos.

- Lo he visto, habéis vuelto juntos, ¿de dónde? ¿de qué habéis hablado? – El visor de Genji brillaba más de lo habitual. - ¿Qué habéis…?

- Genji. - Hanzo le puso una mano sobre la cara para hacerlo callar, aunque la máscara impidiese un efecto real al respecto. – No era un buen momento.

Desde luego que no pensaba aprovecharse del vulnerable estado emocional de McCree para pasar por encima de su capacidad de tomar decisiones y avasallarlo con sus intenciones un día en que evidentemente el otro estaba en un maremágnum de sucesos. Además, había sido agradable limitarse a estar… tranquilos.

Genji se quedó mirándole.

- Oh oh… oyoyoyoyoy…

- Genji Shimada.

Ni siquiera decir el nombre completo, algo que debería recordar dolorosamente a Sojiro Shimada, su estricto padre, afectó a Genji, que se quitó teatralmente la máscara para mirar a su hermano a rostro descubierto.

- Te gusta…

- Creía que ya habías llegado a esa conclusión.

- No, no, no… te gusta, TE GUSTA DE TE GUSTA.

Genji salió huyendo de una andanada de flechas.

Por fin solo, Hanzo se cambió y se tiró en la cama cuan largo era. Suspiró y miró hacia abajo, a la tienda de campaña que se levantaba en su pantalón de pijama. No había pasado todo el rato empalmado, eso hubiese sido insoportable, pero cuando McCree se había quedado dormido sentado… Hanzo le había tocado para despertarlo, y cuando el pistolero le había sonreído medio dormido… se había quitado el sombrero y sacudido el pelo, totalmente despeinado… así era como se debía ver en la cama por las mañanas… e inmediatamente Hanzo había sentido como su fundoshi se quedaba pequeño.

Se relajó en la cama, apagó la luz. Desde que había visto al americano por primera vez no había podido dejar de pensar en él. Y cada día iba a más. Jesse McCree tenía tantos matices, Hanzo no dejaba de dar vueltas a los detalles más insignificantes, la barba desigual, trasquilada, el triángulo de pelo justo bajo los jugosos labios, casi siempre abiertos alrededor de un habano…

Se entretuvo en sus pectorales, jugando con sus pezones, alargando el momento, pensando en el pecho de McCree, en el vello que lo cubría, le gustaba, más de lo que había pensado, nunca había contado los hombres velludos entre sus intereses sexuales, pero tendría que replanteárselo.

Metió una mano bajo sus pantalones y tomó el pene en la mano, apretando y soltando, despacio, saboreando el deseo. Su estoicismo en el cumplimiento del deber y la búsqueda de la perfección llevaba a pensar a muchos que era un hombre que despreciaba los placeres de la carne, no podían estar más equivocados.

Todo lo que se hacía, se hacía bien. Incluido el placer.

Se masturbó lentamente, moviendo de la mano de abajo a arriba, moviendo la cadera al compás de su mano, movió el pulgar sobre el glande, repartiendo la pre-eyaculación, lubricando el resto de su erección, mientras su otra mano envolvía su escroto y movía los testículos con cuidado.

La piel de McCree era morena, besada por el sol. No se atrevía a definir su etnia, los americanos eran muy suyos para esas cosas, con miles de etiquetas, dudaba que Jesse se adecuase a ellas. No, McCree no encajaba en ninguna etiqueta, era el hijo del desierto, la lluvia y el sol, el hombre que cabalgaba entre dos tierras.

El calor se concentró en su entrepierna, Hanzo se masturbó con más entusiasmo, imaginando al pistolero desnudo, entre sus sábanas, sudado, saturando la habitación con su presencia, el sudor, el olor propio. Hubiese cogido el poncho y aspirado su aroma para correrse si no se lo hubiese devuelto.

Demasiado pronto el orgasmo le sorprende, casi sin esperarlo, gimotea el nombre de su torturador, un "Jesse" ahogado, y eyacula sobre sus abdominales. La relajación post orgásmica es maravillosa, respira hondo y piensa en lo maravilloso que ha sido compartir unos minutos del día con el otro hombre, tan solo disfrutando de su mutua compañía.

Genji tiene razón. Esto es más que lujuria.

Mierda.


Las siguientes semanas fueron frenéticas, pero tener una misión tangible animaba el ambiente. Tenían que investigar a Talon, descubrir donde estaba Moira, qué había hecho tras abandonar Blackwatch.

Para McCree era una bendición estar ocupado, la base se había convertido en una caja de resonancia, cada minuto que podía pensar en lo que ocurría era una agonía, apenas podía dormir, daba vueltas sin parar. Los fantasmas estaban vivos, y le torturaban. Deadeye veía enemigos por todas partes.

Genji y él trabajaban en descubrir la localización de Moira, dado que eran los únicos que la conocían personalmente. Mientras los demás se dividían las tareas de mejorar las defensas de Gibraltar, asegurar la posición de los aliados de que disponían e investigar todo lo posible a Talon.

Winston y Mercy estaban comparando la información que tenían de Reaper, las grabaciones de los ataques de este, cualquier posible resto de la materia en que se disolvía. La ciencia detrás de aquellos cambios y lo que podía suponer para un hombre el sufrirlos.

Ahora Genji y él estaban en la última base en que el propio Jesse había recolocado a la doctora O'deorain, esperando mientras el USB de hackeo que les había dado Echo hacía su trabajo en los ordenadores.

- Y después la hicieron Ministro de Genética en Oasis… esa gente está loca.

- La ciudad-estado de Irak es la ciudad con mayor nivel educativo y es el centro de investigación más admirado del mundo. - Genji soltó un silbido de admiración al ver las estadísticas. – Atención a esto, "… los fundadores de Oasis deseaban un lugar en el que expandir los límites de lo que puede hacer la ciencia moderna en estos tiempos, sin que la limitasen las regulaciones…"

- El paraíso de Moira.

- Porque para que pensar en la ética o la moralidad cuando puedes pichar a la gente con agujas.

Los dos se estremecieron a la vez. La mano de Moira, con ese guante lleno de agujas hipodérmicas era algo salido de una pesadilla. Moira Krueger la habían llamado alguna vez.

- No podemos atacar a Moira en Oasis, sería una crisis diplomática, joder, es ministra.

- Genji… que ahora todo Overwatch es ilegal.

- Oh, cierto.

Se rieron como un par de maniacos y Jesse se sintió 10 años más joven. Genji había cambiado tanto que retomar algunas conversaciones en un todo más sarcástico era un placer casi perdido. El nuevo Genji era demasiado New Age la mayoría del tiempo.

- Ángela dice que necesita acceso a los experimentos de Moira, pero que tiene una idea bastante aproximada de por dónde empezar a trabajar.

- Mmm, bien.

Genji dejó pasar unos minutos, pero Jesse reconocía el cambio de peso de un pie a otro como esos momentos en que el ninja se piensa mucho lo que va a decir.

- ¿Por qué te cae mal Ángela?

Se lo esperaba. Genji adoraba a la doctora Ziegler, después de todo había pasado mucho tiempo con ella en Overwatch, era su salvadora, su doctora, su amiga. Jesse sospechaba que habían tenido alguna relación amorosa que había terminado en buenos términos.

- No me cae mal, nacimos en fronteras diferentes eso es todo.

- Ahórrame el dialogo del oeste, Jesse, solo quiero entenderlo, sois mis amigos, los dos.

El nuevo Genji era feliz, reía, bromeaba con cosas alegres, estaba en paz consigo mismo. A veces no era capaz de reconocerle como su compañero de Blackwatch y eso le perturbaba. Habían recuperado la amistad, pero era como ser amigo de otro Genji. No sentía la confianza que habían tenido antaño, así que hablar sobre el pasado y meterse con Moira era un terreno que le tranquilizaba mucho en su rememorar las viejas chanzas.

Insultar a Moira y hablar del horror que transmitía con su afán de hablarles como a sujetos de experimentación era algo que habían hecho siempre.

Claro que otra cosa que habían hecho en los ratos muertos, cuando Genji estaba particularmente sombrío, suicida incluso, había sido hablar de cómo se vengarían de Hanzo Shimada, como Genji le daría caza y le cortaría las piernas y todo tipo de detalles escabrosos a los que Jesse añadía sus propias sugerencias.

Ahora Genji había perdonado a Hanzo, le había invitado a Overwatch y estaba encantado con que él y McCree estuviesen a buenas. Y claro, ahora quería que Jesse fuese amigo de todo el mundo.

- Ángela y yo empezamos con mal pie.

- Tu y yo empezamos con mal pie, con mal pie de apalizarnos mutuamente. Si Ángela y tu hubieseis hecho lo mismo ella habría fregado el suelo con tu cara.

- Muy cierto. - Jesse expulsó el humo del cigarro. - Mira… Angela y yo nunca llegamos a arreglar ese mal pie, y luego dejé de tratar con ella y luego… no me gustaron sus declaraciones.

- Los juicios del edicto Petras.

- ¿A ti no molestó? ¡Arrojo a todos bajo el camión! - Aquello le enfurecía y parecía que nadie quería abrir aquel melón.

- No dijo ninguna mentira, Jesse, Overwatch estaba corrupta, hizo mucho mal, lo sabes, estuvimos en lo peor.

- También hizo mucho bien. - Sonaba a excusa y lo sabía, le daba igual, aquello no había sido todo.

- No dijo nada que no dijese en su momento mientras estaba en Overwatch, siempre estuvo en contra de la militarización.

- Por eso le caigo mal.

- ¡Por eso le irritaba que Reyes hubiese militarizado a un NIÑO!

Aquello fue un puñetazo, Jesse se quedó mirando a Genji tan boquiabierto que casi se le cayó el cigarro de la boca. Genji se quedó de brazos cruzados sobre unos ficheros, esperando.

- No hables así de Reyes, él no…

- Eras un crio, Jesse, y yo también, aunque yo al menos fuese mayor de edad cuando entré. - Genji hizo un gesto a su cuerpo cyborg, la reconstrucción que había hecho Ángela. – Por lo que a ella concernía, Overwatch estaba usando niños-soldado y eso la cabreaba, por eso estalló contra la organización en los juicios.

Vale. Ahora que lo oía sonaba muy evidente, sobre todo cuando veía a los miembros más jóvenes de la nueva Overwatch, ¿qué edad tenía Hana Song? ¿18? ¿19? Jesse se había admirado, pero también horrorizado de pensar que había sido militar profesional.

Pero ellos no habían sido delincuentes, no habían tenido una recompensa por sus cabezas, no eran asesinos. No tenían que compensar nada al mundo. Ahora todo el mundo era 100% voluntario, ellos habían acudido a Overwatch y no al revés, eran gente con ideales que quería ayudar.

Genji había luchado porque le habían ofrecido venganza en un momento en que su estado mental había sido un erial. No era extraño que Mercy hubiese odiado salvar una vida solo para ver como se usaba para matar.

Igual había juzgado a Mercy con dureza… pero joder, ¿era necesario escupir sobre los muertos durante los juicios? Suspiró y alzó las manos en señal de rendición.

- Está bien, no debería estar cabreado con ella, déjame vivir.

- No es necesario ser victimista.

- ¡Ey, vale ya de meterse conmigo!

Siguieron escarbando entre la trituradora de documentos, pero todo era totalmente ilegible. Moira se había llevado todo a su nuevo hogar de Oasis. Soba se manifestó para revolver por todas partes, aunque estaba mas interesado en perseguir las botas de McCree como un gato, cazando las espuelas, encantado con el ruido que hacían.

Con unos pocos datos y la esperanza de que el hackeo a los ordenadores hubiese sacado algo de interés, emprendieron a la base de Gibraltar, con Soba enroscada sobre el sombrero de McCree, que este puso sobre sus rodillas para poder acariciar la cabeza de la mitológica criatura mientras esta dormitaba.

- ¿Sabes que una vez colé un gato en la base? Tu aun estabas convaleciente.

- ¿Por qué no me sorprende?

- Logré ocultarlo durante semanas, cuando Reyes se enteró no podía creérselo, no sabía si enfadarse porque hubiese metido una mascota sin permiso o felicitarme por conseguir esconderlo.

- ¿Qué fue de él?

- Reyes me dijo que la base no era lugar para un gato, no se permitían animales, así que se lo dio a Reinhardt, creo que él se lo regaló a Brigitte.

- Siempre pensé que serías más de perros.

Soba mordisqueó el dedo metálico de McCree en sueños, babeando sobre el sombrero.

- Me encantan los perros, pero pensé que un gato sería más fácil de esconder. A Reyes le gustaban… le gustan los gatos.

- Ángela dice que la experimentación de Moira estaba orientada a la reparación de estructuras genéticas degenerativas. Si Reyes estaba sufriendo eso, explicaría los cambios de humor, el cansancio, incluso comportamientos paranoides.

- No era un paranoico, Overwatch estaba siendo atacada de verdad.

- Que te persigan no significa que no estés paranoico, si acaso solo empeora la situación.

Tenía todo el sentido, el Reyes de los últimos años no era el mismo del principio. La misión de Venecia, el principio del fin había sido algo impropio del metódico comandante. Pero seguía sin gustarle pensar así de su comandante… su excomandante.

- Lo que le pasa ahora… ¿crees que se podrá arreglar?

Genji se encogió de hombros, eran preguntas imposibles de responder, tenían genios en el equipo, gente capaz de cosas asombrosas, tenían que confiar en ellos. Soba bostezó sonoramente, estirándose.

- Dios mio, es adorable.

- Sabe que si hace eso le darás comida en cuanto lleguemos a la base.

- Bah, no lo hago siempre.


Por supuesto en cuanto estuvieron en la base y entregaron lo descubierto, McCree hizo delicias de pollo caseras y Soba rondó por la cocina mientras Genji aceptaba con resignación que el pistolero mimara en exceso al dragón.

- Luego se acostumbra.

Jesse se limitó a pasar otro trozo de pollo al dragón con disimulo, como si Genji no viese perfectamente como sucedía. Entonces apareció la competencia.

Genji observó con atención, Soba disfrutaba fingiéndose una mascota pese a poseer la inteligencia de un ser claramente superior, le gustaba que los humanos se sintiesen cómodos con él. Yaki y Udon eran menos proclives a complacer a los humanos en ese sentido, más dados a actuar como magníficas criaturas que merecían respeto.

McCree extendió sin mirar otra delicia de pollo para Soba, que miró la comida y luego hizo un gesto a sus hermanos, que se acercaron a olisquear. Yaki cedió al aroma del pollo rebozado recién hecho. Por supuesto Udon no podía tolerar la diferencia y empezó a arañar la pernera de McCree con insistencia.

{¡Aliméntame, humano, inmediatamente!}

{El tributo es adecuado, exijo otro}

No era como si Jesse pudiese oírlos hablar, pero el mensaje de las garras era evidente.

- Pero si acabas de comerte uno, no puedes tener hamb…- Jesse miró hacia abajo, a los tres dragones que ahora rondaban entre sus piernas. - Oh, cielos.

- Tienes admiradores.

- Voy a tener que hacer más.- Acercó otro trozo y Udon lo atacó de inmediato.

- Tú te lo has buscado.

McCree quedaba pues a merced de los dragones, estaba claro que este les gustaba, les tenía literalmente comiendo de su mano. Genji sonrió y siguió sorbiendo su batido de proteínas, buena señal, muy buena. Estaba convencido de que Hanzo y McCree hacían buena pareja, que su hermano hubiese perdido los papeles por el americano le encantaba.

Hablando del rey de Roma, por ahí asoma. Hanzo no podía estar muy lejos de sus dragones, su hermano entró en el comedor, sin duda preguntándose que podían estar haciendo sus compañeros. Y se quedó en el marco de la puerta, mirando como McCree daba de comer a sus legendarios dragones del trueno y el relámpago como si fuesen perritos ansiosos.

Geji apostaría los órganos que le quedaban a que, si estuviesen en un anime, Hanzo tendría una flecha clavada en el corazón y saldrían luces y efectos shojo a su alrededor. Estaba completamente perdido.

Aquello no tenía precio. Hanzo se recobró y caminó hasta McCree con paso firme y decidido y se puso cómodo junto a los fogones. Genji no tuvo ninguna dificultad en superponer la imagen de un pavo real sobre la de su hermano.

Disfrutaba más de lo necesario con las muy evidentes carencias de su hermano en el campo del cortejo. A Genji siempre le había gustado ligar, un juego de seducción, aunque ser guapo y rico siempre le había puesto las cosas fáciles. Hanzo jamás se había molestado, lo consideraba "una pérdida de tiempo". Llegaba, las chicas se derretían, los chicos querían ser él, y se iba con la compañía que deseaba señalando con el dedo.

Así que ahora solo sabía poner su expresión "soy importante" y hacer poses que destacaran su, y era su hermano y odiaba admitirlo, apostura. McCree rio a algo que Hanzo le dijo y siguió dando comida a los tres dragones.

Su hermano mayor parecía a punto de derretirse, ah, Karma, siempre vienes a poner orden.

Mei y Tracer acudieron al aroma de la comida, aún era pronto, pero en poco rato el comedor se llenó de gente y del olor de la comida de diversos tipos. Hogar dulce hogar.

McCree se sentó a su lado, con Soba tras sus pasos, Hanzo se había llevado a sus dragones.

- Al parecer Winston estaba trabajando en hacer réplicas de sus flechas, para no tener que adquirirlas tan a menudo.

- Mmmmh.- Genji recuperó a Soba, si comía demasiado se pondría hiperactivo.- Parece que mi hermano y tu habéis hecho buenas migas.


Jesse asintió y por fin probó su propia comida, ahora que no tenía dragones exigiendo cada bocado. El humor de Hanzo, sarcástico, directo y seco le parecía increíblemente divertido, era capaz de decir cosas hilarantes con un gesto profundamente serio que era desternillante.

Habían hablado de algunas cosas, poco a poco, de la vida que ambos habían llevado como fugitivos, cada uno a su manera, ganando dinero con recompensas y trabajos de mercenario. Los temas de qué enemigos habían abatido, que trabajos habían hecho, eran una amistosa competición.

No tenía un pasado lleno de minas con Hanzo, eso le hacía un compañero de copas ideal.

Además, seguían trabajando juntos de forma excelente, los eran tiradores, un arquero y un pistolero, y habían aprendido a compenetrarse misión a misión, confiando en las habilidades del otro. Por primera vez en muchos años, Jesse confiaba en alguien que le cubría las espaldas.

Y era tan atractivo… tan elegante, todo lo hacía bien, siempre se concentraba al máximo en sus tareas… sabía escuchar. No interrumpía para corregir con su propia versión, no le juzgaba, porque Jesse no podía hablar con nadie de lo de Reyes.

Apretó el vaso de agua en su mano. No podía… hablar con nadie de Reyes. En cuando tu nombre era mencionado la gente le miraba, algunos con lástima, otros con desconfianza, ¿pensaban que iría corriendo a Talon para reunirse con su jefe?

Nos abandonan, nos traicionan. Nos utilizan.

Lo habían hecho una vez, lo harían de nuevo, Morrison y Ana podían coger las maletas y desaparecer en cualquier momento, siempre guardando secretos, siempre ocultando cosas.

Nos traicionan. Nos hacen daño. Siempre nos hacen daño.

Deadeye había estado muy inquieto desde que Reyes… Reaper, les había intentado matar en la iglesia, ahora la sensación de una escopeta apoyada contra su costado le despertaba por las noches, unida a los pinchazos y hormigueos del brazo que le faltaba.

No les necesitamos. Mataremos al traidor, mataremos a Reyes. No habrá mas noches en su vida, no habrá más días.

Volvía a sentirse… hostil. Nunca sabía si Deadeye reflejaba sus emociones o las influía, no era como si pudieran tener conversaciones, ya lo había intentado. Deadeye no era un conversador.

Deadeye mataba. Si Reaper no podía volver a ser Reyes. Entonces se ocuparían de él.

- ¡Jesse!

La alarma en la voz de Genji le sobresaltó. Se había quedado ensimismado, pero no comprendía porque el otro parecía a punto de saltar sobre él.

- ¿Qué pasa?

- Tu ojo… se puso rojo. - Susurró Genji. - ¿Estás bien?

Mierda. No había pretendido… se frotó la cara y suspiró, estaba perdiendo el control, malo, muy malo. ¿Cómo iban a confiar en él?

- Si necesitas…

- Estoy bien.

Se levantó y se marchó.

Ese anochecer se sentó en el promontorio, no había quedado con Hanzo, sencillamente era el lugar en que se encontraban, a veces estaba solo uno, a veces el otro, y muchas veces los dos. Se dejo caer y ni siquiera llevó un vaso, dio un trago de la botella.

Estaba perdiendo el control.


Nota de la Autora: Avanzando pasito a pasito. El Hanzo-Pavo Real cuya idea de la seducción es estar presente y ser muy guapo e interesante solo con la mirada es algo que he visto literalmente en personas que se apoyan en la barra, ponen cara de tener una rica vida interior y no hacen absolutamente nada más. Son muy graciosos.