Holaaa... ¿Cómo están? Se que no tengo perdón, pero es que tuve unas semanas de mucho trabajo, me enviaron a trabajar a Lituania por 6 semanas más lo del viaje, y creanme que fue muy pesado acostumbrarme a otro horario, de lunes a sábado de 7 a.m a 7 p.m es un horario muy pesado, y el domingo que era mi día libre, cuando escribía unas líneas me quedaba dormida, así que este capítulo lo Reescribí muchísimas veces.
Tras mi breve explicación los dejó leer, esperó que aún les guste.
Les Deseó un maravilloso Año Nuevo. Y que todos sus deseos de hagan realidad.
Los quiero.
Damely Frost.
Los personajes son de Naoko Takeuchi, sólo los uso por diversión.
Bye. Disfruten su lectura y a sus seres queridos.
Capítulo 22Renacer
— Seiya... Venimos tan pronto como supimos que encontraste a esa muchacha. — Dijo Una voz al otro lado de la puerta de su habitación, mientras tocaba.
Seiya se levantó cuidadosamente y acomodó unas almohadas alrededor de la pequeña.
— ¡Shh! No hablen tan alto... Se va a despertar. — Les dijo en voz baja. Y cerró la puerta tras de sí.
— ¿Ya Esta aquí contigo? Se que deben recuperar el tiempo pero... Esto es demasiado aún no oscurece y ya están en la cama. — Dijeron a tono de broma.
— Por supuesto que sí. No podía abandonarla, es tan pequeñita y frágil, sobre todo porque esta sola en el mundo, sólo me tiene a mí. — Dijo Desviando su mirada con tristeza.
— Bueno... Entendemos que quieren recuperar él tiempo perdido, pero Mina y Amy querrán venir a verla y platicar de todo lo ocurrido cuando se fue. — Dijo Taiki.
Al oír sus palabras Seiya no pudo evitar que una lágrima resbalará por su mejilla y desvío la mirada tratando de disimular.
— ¿De Quién hablan? Ella no esta aquí. —
— ¿Entonces quién esta durmiendo contigo? Jurabas que la amabas y a la primera oportunidad ¿Metes a otra chica? ¿Donde esta el amor que le tenías? — Le recriminó Taiki.
— Claro que la amo... Pero ella no puede estar conmigo. — Dijo abriendo la puerta para que entraran.
Taiki y Yaten miraron a la pequeña que dormía tranquilamente y se miraron entre si con sorpresa..
— Es Mi hija... ¿Verdad que es maravillosa? — Les dijo con orgullo.
— Si... Pero... ¿Y su madre? No creó que te la haya entregado así tan fácil, además tú la amas, es tú oportunidad de hacer una familia. — Le dijo Taiki.
— ¿Qué paso? No entiendo. — Dijo Yaten.
— Yo La encontré, pero huyó de mí, corrí tras ella, pero dijo que no quería saber nada de mí, que la olvidará... Y corrió lejos de mí una vez más, me subí a mi auto y escuché un rechinar de llantas, gente corriendo hacia el lugar, y cuando la vi, un auto la había atropellado, yo no sabía que estaba embarazada... ¡No lo sabía! Pude haber evitado todo esto... Puede Haber detenido mis estúpidos planes, si tan sólo lo hubiera sabido, ella nunca se habría tenido que ir, y ahora... Ya no puedo hacer nada, ella se fue para siempre, y no pude obtener su perdón. — Dijo Entre lágrimas.
— ¿Te abandonó a ti y a la niña? — Preguntó Taiki con incredulidad.
— ¡Ella... MURIO! ¡Murió sin saber que la ame de verdad. — Le gritó desesperado, tratando de contener el llanto.
Ambos hermanos se vieron entre sí, pálidos como la cera, era imposible... Una mala broma, esa chica no podía haber muerto... Era como Un Balde de agua helada, en pleno rostro, no dijeron nada. ¿Qué podían decir? No había palabras que calmaran él dolor que su hermano estaba sintiendo en esos momentos, simplemente lo abrazaron y dejaron que llorará hasta que no hubiera lágrimas.
— Seiya... ¿Qué piensas hacer con la niña? — Le preguntó Yaten.
— No lo se... Tomaré una días, te pido que Amy se haga cargo de la empresa. — Dijo con la mirada pérdida.
— Toma el tiempo que necesites, todo estará bien. — Dijo Taiki, iba a seguir hablando cuando el llanto de la pequeña lo interrumpió.
— ¡Esta llorando! — Dijo Seiya.
— ¡Wow eres un genio! — Dijo Yaten con sarcasmo.
Seiya miraba a la niña, que lloraba cada vez más alto, sin atinar a reaccionar.
— ¿No piensas cargarla? — Le preguntó Taiki.
— ¿Yo? — Le Preguntó con los ojos muy abiertos.
— ¡SI! Tú... — Respondió.
— Yo no... Tú... — Le dijo.
— Tú eres él padre. ¡Cargala! —
— Pero... No se cómo. —
— Pues, has él intentó... Calmala. —
Con manos temblorosas se acercó a la pequeña y trato de levantarla, pero al sentir su frágil y diminuto cuerpo la dejo nuevamente y se retiró.
— No puedo hacerlo es demasiado pequeña. —
— Pero supiste hacerla... Ahora ¡Callala por favor... No me gusta su llanto, por algo Amy y yo no tenemos bebés. — Le Dijo tocándose la sien con las manos.
— Yo... Es que... — Dijo con titubeos, Pero La mirada de sus hermanos lo obligó a seguir.
Se acercó lentamente y al levantarla con sus manos torpes un olor le hizo depositarla nuevamente en la cama.
— ¡Por Dios! ¡Esta niña se esta hechando a perder. — Dijo tapándose la nariz con asco.
— Pues cambiala. No Te quedes ahí. — Le dijo Taiki. Yaten miraba todo muy divertido, para él era cómico ver al elegante y seductor Seiya Kou, dueño de una empresa multimillonaria, intentar cambiar a un bebé.
— Anda no puede ser tan difícil. — Le Dijo acercándose.
— Pues hazlo tú. — Le Dijo Seiya.
Yaten se acercó con intención de ayudar pero tan sólo unos centímetros de ella sus verdes ojos ser llenaron de lágrimas.
— ¡No! No puedo hacerlo. Huele espantoso. Yo... Me retiró... Recordé que tengo cosas que hacer. — Dijo Con las manos en la nariz y corriendo a la puerta.
— Si... Amy también me espera. — Secundó Taiki.
— ¿Pero que rayos esta pasando aquí? ¿Quién es esa criatura? — Dijo Lita en la puerta impidiéndoles salir.
— Que Te expliqué Seiya nos vamos. — Dijeron haciéndola a un lado y saliendo lo más rápido que sus piernas lo permitieron.
Lita lo miró interrogante y Seiya desvío la mirada rascándose la cabeza sin saber como empezar.
***Lágrimas salían de los verdes ojos de Lita al escuchar cada una de las palabras dichas por Seiya.
— No puedo creer lo que me dices. — Dijo por fin.
— No te culpó. También me resistía a creerlo. — Le respondió.
— Seiya... Es que... ¿Tú viste su cuerpo? — Le Preguntó.
— No... La mujer no me lo permitió. Dijo que se lo había llevado un hombre, que si no me llevaba a la niña no me la entregaría y tuve miedo de perderla también. —
— Es que... Todo es tan... Extraño... No... No puedo aceptarlo. — Dijo Lita, rompiendo a llorar.
No podía creer que su amiga, ya no existiera, todo era una mentira.
— Yo quisiera creer lo mismo. — Le dijo con pesar.
El llanto de la niña los hizo reaccionar y se limpiaron las lágrimas.
— Seiya... Eres un verdadero tonto... Esta niña necesita cambiarse... Anda trae los pañales para Limpiarla. — Le dijo con voz autoritaria.
Seiya obedeció y observo la destreza de Lita para vestirla.
— Haces que Parezca tan fácil. —
— Es fácil, ya te puse la muestra, la siguiente vez te corresponde a ti, así que te conviene observar bien. — Le dijo con mirada divertida.
Seiya se rascó la cabeza con cara de preocupación, no tenía ni la mínima idea de como cuidar a esa bebé.
***— ¡Seiya querido! Venimos a conocer a la nueva integrante de la familia. — Dijo Mina con las manos cargadas de paquetes.
Seiya la observó entrar por la puerta y dar instrucciones a un joven que iba atrás de ella con otras tantas bolsas.
— Dime cual es su habitación... Él Decorador vendrá en unos minutos a remodelar su habitación. — Dijo Sin prestar atención a su cara de asombro.
— Pero... —
— Tú no te preocupes, deja todo en mis manos, su habitación quedará soñada. — Siguió hablando sin prestar atención.
La pequeña sonrió y Mina la miró enternecida.
— Es... Hermosa... De verdad bellísima. — Dijo cobijándola en sus brazos.
La pequeña suspiro y se quedó plácidamente dormida.
— Vaya... Tienes sangre para los bebés. — Le dijo sorprendido.
— Si... Lo se... Bueno ha lo que vine... Hay que decorar su habitación. — Dijo tendiéndole la pequeña.
Seiya la tomó torpemente y la acomodó en la cama.
Amy llegó minutos después con tantas o más bolsas, como Mina, la observó con ternura, después miró a Seiya y lo abrazo.
— Lo lamentó, de verdad... No se como pudo pasar esto, pero te aseguró que todo saldrá bien para ti y la bebé. — Dijo entre sollozos.
— Gracias Amy. — Susurró.
— Arriba esos ánimos... Hay que decorar su habitación. — Les dijo Mina.
— Sí... Vamos... Tenemos mucho quehacer. — Secundó Amy.
— ¿Interrumpí algo? —
Los tres se volvieron a la puerta y se toparon con la odiosa figura de Reih.
— Amy... Vamos a ver la habitación. — Dijo Mina pasando junto a ella sin mirarla siquiera, Amy asintió y se fue tras ella.
— Reih... Tengo muchas cosas que hacer, te ruego que seas breve. — Dijo Dándole la espalda.
— Seiya... Yo... Quiero una oportunidad... Deja que te demuestre que he cambiado, te pido en nombre del amor que nos tuvimos, reconsidera volver a mi lado. — Suplicó.
Seiya no respondió nada y ella se acercó.
— ¿Y esté bebé? — Preguntó fingiendo sorpresa.
— ¡No la toques! — Dijo Seiya interponiéndose entre ella y la pequeña.
— Lo siento... Sólo quería verla. — Dijo retrocediendo con falsa inocencia.
— Sí... Bien... No me gusta que la toquen. — Respondió.
Reih disimuló su disgusto y se acercó a él.
— Dame una oportunidad... Por ella... Necesitará una figura materna... Yo puedo ayudarte con ella... Y te aseguró que seremos felices... Los tres. — Dijo Acariciando su mejilla.
— Reih... En este momento no puedo pensar con claridad... Veté por favor. — Dijo Señalando la puerta.
— Esta Bien... Cuando estés más tranquilo volveré, te adoró y te ayudaré en lo que sea. —
Seiya lo vio más como una amenaza que como un apoyo y abrazo a la niña de forma protectora, no permitiría que Reih la tocará.
***Oscurecía cuando el Príncipe Diamante llegó al Hospital, tras pedir informes y tratar de que la trasladarán a otro hospital sin éxito alguno, no le quedó más remedio que esperar a que ella despertará, pero ya iba un día sin que ella despertará.
Serena salio de su anestesia y le sorprendió ver al Príncipe Diamante frente a ella. Miró a su alrededor con mirada pérdida tratando de reconocer el lugar en que se encontraba.
Instintivamente se llevo la mano al vientre y se incorporó de golpe al notar la ausencia del pequeño bulto que cargó por varios meses.
— ¿Y mi bebé? —
— ¿Qué bebé? — Le Preguntó sin comprender.
Sus palabras alteraron a Serena y lágrimas de desesperación empezaron a brotar de sus ojos.
— ¿Dónde esta mi bebé? — Gritaba con desesperación.
Diamante salió de la habitación en busca del doctor, y ella aprovechó para intentar levantarse, pero la debilidad a causa de su mala situación la hizo caer en la cama nuevamente.
— Señorita debe sentarse por favor, necesita calmarse. — Le Dijo él doctor.
— Quiero saber donde esta mi bebé. Digame que le paso. — Repitió con terquedad.
— Su bebé esta bien. — Le dijo él doctor.
— Quiero verlo... Necesitó verlo. — Respondió.
— Señorita... Por favor... No se alteré. — Repetía el doctor.
— Serenity, necesitas estar tranquila. Por favor, no te hace bien estar así. —
— Lo Que no me hace bien es no ver a mi bebé. —
Él doctor salió y Él Príncipe lo siguió hasta la recepción.
— Señorita... Por favor traiga a su bebé. — Le Ordenó a la enfermera en cuanto la vio.
— Disculpe doctor pero Al bebé se lo llevó su padre... Allison la enfermera del turno de ayer se lo entregó, usted mismo firmó su alta. — Le Respondió la enfermera que estaba en recepción.
Él doctor se quedó mirando a la enfermera sin comprender él enredó que le decía.
— ¿Y dice que él bebé no esta? — Preguntó Él Príncipe Diamante que no perdía detalle de lo que hablaban.
— Mire... Buscaré a la enfermera y le pediré una explicación, es todo lo que puedo hacer. — Dijo .
— La Enfermera renunció ayer. — Dijo La enfermera.
— ¡¿Cómo demonios no estoy enterado?! ¿Mi personal se va sin que me enteré? — Gritó exasperado.
Diamante miraba a la dos sin comprender lo que estaban diciendo.
Él doctor se fue refunfuñando y la enfermera le dio la espalda, dejando al Príncipe Diamante con él pesar de no saber que responder a Serena.
Entró en la habitación y la encontró vacía, supuso que Serena estaría en el baño así que aguardó unos minutos.
— Serenity... ¿Éstas bien? — Al pasó del tiempo y al ver que no obtenía respuesta por parte de ella se decidió a entrar, sólo para encontrarlo vacío.
— ¡Serenity! — Comprendió que ella había ido a casa de Seiya y hacia haya se dirigió.
— Se Ha escapado, ella se fue... — Gritó en el pasillo.
Él doctor corrió por el personal de seguridad pero no la encontraron por ningún lado.
Diamante se fue en su auto tras Serena, sabía que la encontraría en casa de Seiya.
***Serena llegó a la casa y tocó a la puerta, pero nadie salía. Tocó y tocó hasta que se quedó exhausta, de pronto de abrió él portón eléctrico y salió él lujoso auto de Reih.
Reih la vio y exhaló un suspiro de Molestia, se bajo y se acercó a ella.
— ¿Se te ofrece algo? — Dijo Con voz burlona.
— Necesitó ver a Seiya... En Verdad es urgente. —
— Seiya no esta. — Dijo Con burla.
— Necesitó hablarle, por favor, tiene que devolverme a mi bebé... No puede llevarselo, así como así tiene que darme a mi bebé. — Repitió.
— Hablas de esa bastarda, ella no está aquí, Seiya la entregó en un orfanato... ¿Creíste que la tendría con él? Eso es muy ingenuo de tu parte, pero él no podía tenerla porque ni siquiera está seguro que sea suya, aunque tampoco podía dejarla con una drogadicta, que sé ofrece al mejor postor. — Le Dijo con voz implacable.
— ¡Mientes! Seiya no pudo hacer eso. —
— ¡Claro que sí! Él no se podía quedar con esa mocosa, que no sabe ni quien es su padre, mira, Seiya se fue de viaje ayer... No volverá, se llevó a nuestra hija, porque él y yo tenemos una bebé, tiene unos días de nacida. — Le dijo ante la sorpresa de ella.
— ¿Tú hija? — Dijo recorriendo Su envidiable figura sin creerlo.
— Nació hace unos días, y ella si es de él. — Dijo enderezándose con altanería.
— ¡No! Tú nunca estuviste embarazada, estás mintiendo. —
— Claro que no miento, ¿Creíste que él estaba contigo porque te amaba? Te tuvo lástima al darse cuenta que te gustaba, por eso se acostó contigo, pero nunca dejamos de estar juntos, tenía pocos meses de embarazo cuando te fuiste, por eso nunca te diste cuenta, mi cuerpo no sufrió ningún cambio, quedé exactamente igual, a diferencia tuya. — Le Dijo recorriendo su ultrajado cuerpo con mirada despectiva.
— ¡No! ¡Eso no es verdad! Quiero ver a Seiya, tiene que entregarme a mi bebé, no puede hacer eso. — Dijo llorando.
— Piensa lo que te de la gana, la verdad es que Seiya necesitaba estar muy borracho para poder meterse en tu cama. —
Ésas palabras la sorprendieron al recordar las incontables noches en que él llegó con aliento alcohólico a su cama.
— ¿Ves que no miento? Tú misma te has podido dar cuenta. Él sólo te uso para meter a la cárcel al delincuente que tenías por novio, yo le ayudé a encerrarlo, ¿O creés que lo metí a mi casa nada más así? Yo sabía perfectamente todo, sólo me ofrecí a ayudarle. — Dijo complacida al ver el efecto que tuvieron sus palabras.
— Seiya no podía tener aquí a esa bastarda. Ya Te lo dije. ¡Vete! ¡No quiero que vuelvas a poner un pie en mi casa! — Le grito con voz impaciente, tenía miedo que Seiya saliera y descubriera su mentira.
— ¡Por favor! Dime dónde está, ten compasión de mi dolor... Te lo pido de rodillas si es necesario. — Dijo tirándose al el suelo.
Reih la miraba complacida, la sonrisa en su rostro era de completa satisfacción, la tenía a sus pies, su venganza estaba resultando de maravilla, pero aún persistía él miedo a ser descubierta, lo que le impedía saborearla como deseaba.
— No supliques más... Aunque la mates, ella no dirá nada. ¿No ves cómo goza con tu sufrimiento? — Dijo Él Príncipe Diamante a su espalda.
La levantó con suavidad y ella se abrazo a él, como quien se aferra a su tabla de salvación.
— Es que necesitó saber de mi hija. Ella sabe dónde está, me tiene que decir. — Le Dijo con desesperación.
— Pero No te lo dirá, Serenity... Ella está gozando con tus lágrimas, entiende. — Dijo Limpiando sus ojos con un pañuelo.
Ella pareció reaccionar y se volvió hacía Reih con lentitud, su mirada había cambiado, ya no era de sufrimiento ni dolor, sus azules y cálidos ojos, ahora parecían dos trozos de hielo.
— Te prometó que no será la última vez que nos veamos, y la próxima vez, tú serás la que supliques un poco de piedad. — Dijo Mirándola fijamente, a partir de esas palabras renacía una nueva Serena, alguien que no se detendría ante nada, para aplastarla.
Reih sintió un escalofrío recorrer su espalda, sus palabras encerraban una amenaza, más que una promesa, se daba cuenta que la había orillado al borde del dolor y ahora se erguía como una enemiga implacable.
Se dio la vuelta y se dejó guiar por Diamante, ahora no tenía nada en el mundo porque luchar, así que no le importaba a donde fuera.
Él Príncipe miró a Reih con ascó, parecía mentira que alguien tan hermosa como ella, pudiera albergar sentimientos tan oscuros.
— Tenga por seguro que en mi tampoco encontrará piedad Señorita Hino. — Y subió a su auto juntó a Serena y se alejó a toda velocidad.
Reih iba a subir a su auto cuando la voz de Lita la sorprendió.
— ¿Con quién hablabas? — Le Dijo.
— Lita... Eres una estúpida, me asustaste. — Y se llevó las manos al pecho.
— ¿Pregunté con quien hablabas? — Repitió.
— Alguien que buscaba una dirección, nada importante. — Respondió fingiendo indiferencia.
Lita la miró no muy convencida de su respuesta, pero no me quedó más remedio que aceptar su respuesta.
Reih subió a su auto, iba nerviosa, se daba cuenta que sí Lita hubiera llegado minutos antes, incluso segundos, pudo haber descubierto su mentira.
***Parecía que el destino se empeñaba en poner más clavos en la cruz de Serena, si tan sólo Lita hubiera llegado antes, sí la niña no hubiera llorado cuando escuchó la puerta, ella hubiera atendido a Serena, era como si la bebé sintiera la presencia de su madre, y quisiera verla.
Esos minutos que tardó, le costaron la felicidad de Serena.
***Diamante la llevó a un hospital de lujo, explicó los detalles y la atendieron con toda la reverencia de una Princesa.
— Serenity, te llevaré conmigo, a mi país, pondré todo lo que poseo a tus pies, y te aseguró que recuperáremos a tu hija. — Le Prometió.
Ella asintió sin mucho interés, ya nada le importaba, estaba muerta en vida.
***Feliz Navidad y un maravilloso Año Nuevo, esperó que todos sus sueños se conviertan en realidad. Y prometo una vez más ya no tardar tanto.
Los quiero.
Damely Frost.
