Capítulo 8. Sudor y Arena
Genji empezaba a perder la paciencia. Nunca había imaginado que compadecería a su hermano, pero esta vez tenía que hacerlo. Puede que Hanzo fuese poco hábil en temas de seducción, pero era evidente que pasaba tiempo con McCree, que se arreglaba para él, que prácticamente se pavoneaba para impresionarlo.
Y McCree no se lanzaba. Jamás lo hubiese imaginado, Genji había visto al pistolero tratar de ligar con cualquier cosa que tuviera pulso y capacidad para dar consentimiento, jamás hubiese dejado pasar una oportunidad como Hanzo. Y de hecho le había pillado mirando a su hermano, los ojos se le iban al torso semidesnudo con mucha asiduidad.
Pero no se lanzaba. Y Genji estaba desesperándose.
- A mi hermano le gustas.
Puede que también lo hiciera para ver como Jesse escupía la cerveza. McCree tosió dolorosamente un rato antes de recuperar el aliento y mirarle como si le hubiera pedido matrimonio a Winston.
- Genji, voy a matarte…
- Le gustas.
- No seas ridículo.
- ¡Es evidente! ¡Si sigo viendo como te ronda me haré el seppuku!
- No me… no me "ronda" … solo nos llevamos bien.
Genji tomó aire y meditó, había practicado la conversación, su maestro Zenyatta le había indicado que fuese paciente, que fuese sutil, era mejor que la gente anduviese el camino por sí misma una vez se le señalaba, pero de verdad que aquello era superior a sus fuerzas.
- Se exhibe delante de ti, como es posible que no lo veas.
Jesse miró con dolor su cerveza, desde luego era imposible no mirar a Hanzo, era tan atractivo que Jesse deseaba soltarse el poncho y abanicarse en cuanto el arquero entraba en la sala y caminaba hacia él, le subía la temperatura y otras cosas.
Pero es que Hanzo era… era así todo el rato. Siempre elegante, caminando como si el mundo le debiese dinero, decían que la realeza nunca se avergonzaba, y Hanzo desde luego se comportaba como un príncipe.
Y era sensual, iba por ahí con aquella ropa, a Jesse le dolía el cuello de forzarse a mantener la vista alta y no quedarse mirando. Claro que el rostro tampoco le dejaba tranquilo, aquellos ojos que apenas parpadeaban siempre intensos, más que mirar examinaban, los labios con aquella media sonrisa, como si supiese un chiste que nadie más sabía.
Y cuando hablaban, Hanzo era un hombre culto, Jesse se quedaba embobado oyéndole, cuando hablaban de sus viajes, pues ambos habían visto mundo, el japones siempre tenía más que decir, un análisis que hacer, sabía de arquitectura, de arte, de historia… podría estar horas escuchando esa voz, ese acento…
- Tu hermano es… así siempre, tu no lo ves porque es tu hermano.
- No voy a hacerme el seppuku, te lo voy a hacer a ti.
- ¿No se supone que entonces ya no sería seppuku?
- Calla, gaijin. - Genji dio dos palmadas para centrarse. - A Hanzo le gustas, ¿de acuerdo? Confía en mí, lo sé.
- Genji, por favor, llevabas sin ver a tu hermano años, y no sé porqué quieres emparejarme con él, pero estas viendo cosas que no son.
- ¡Pero él te gusta!
- ¡Por supuesto que sí! ¡Está buenísimo!
- ¡Puag! - Genji fingió una arcada. - Que es mi hermano por favor.
- Has empezado tu. - Replicó McCree, que empezaba a estar realmente molesto.
- Te he visto tirar los tejos a mercenarios bigotudos armados hasta los dientes y mujeres fatales que segundos antes habían intentado matarte, Jesse.
Jesse se bajó el sombrero sobre la cara, no quería tener aquella conversación, pero Genji no estaba soltando el maldito hueso.
- No son tu hermano, Hanzo es diferente… está en otra categoría, ¿vale?
Genji supo ver que había forzado la paciencia de su amigo y no insistió, pero sintió una enorme indignación. ¿Otra categoría? Aquello apestaba a baja autoestima y no le gustaba un pelo. Hanzo… Genji apreciaba haber recuperado a su hermano, pero la idea de que Jesse se sintiese inferior a un tipo que había llegado al fratricidio le cabreaba.
Y McCree parecía muy alicaído desde todo lo de Reaper y Reyes, lo que era normal, pero le daba la impresión de que era algo más, que bebía más, que se aislaba más…
Pues si Mahoma no iba a la montaña…
Hanzo estaba sufriendo. Sabía que se estaba torturando innecesariamente, podía irse, podía dar cualquier excusa y salir de allí.
Todo era culpa de Genji. Porque Genji le había dicho que el gimnasio estaba abierto las 24 horas del día, y que si le asaltaba el insomnio podía ir allí, que estaba insonorizado y no molestaría a nadie. Hanzo había supuesto que alguien habría presentado alguna queja por sus paseos interminables por la base.
Pero Hanzo estaba dispuesto a apostar sus rodillas a que no había queja alguna, que toda la base tenía perfecta insonorización y que Genji sabía a ciencia cierta que McCree también iba allí a altas horas de la noche, cuando el sueño le evadía.
Al principio había sido una agradable sorpresa, Jesse le había saludado con un gesto cansado y había continuado sus ejercicios, una rutina que debía haber hecho a menudo, en ese momento el americano corría en la cinta a buen ritmo.
Hanzo intentaba en vano concentrarse en su propia tarea de remo, pero era sencillamente imposible. Porque McCree no llevaba ropa interior. Así que Hanzo tragaba saliva mientras veía el miembro viril de Jesse moverse en los holgados pantalones de chándal.
Y el olor. Hanzo sabía que tenía un… gusto particular en ese aspecto. Tenía un olfato privilegiado, y si algo se le escapaba sus dragones le informaban, se guiaban mucho por el olor más que por los ojos. Y el olor… humano, le gustaba, mucho.
Sabía que eran olores que la mayoría de la gente encontraba desagradables, e incluso ofensivos, pero en ciertas personas no podía evitarlo, le gustaba, había algo primitivo que le impulsaba a sentir un apetito sexual intenso con el olor de ciertas personas, cuando este era más intenso, nada de colonias o recién duchados. Él mismo era pulcro, limpio, su propio olor le preocupaba tanto como a cualquiera, ¿pero en sus parejas? Los dragones adoraban los olores, y él también.
Jesse empezaba a oler, y seguramente no era tan intenso para cualquier otra persona, pero Hanzo ya tenía una erección, y la ropa deportiva no dejaba mucho espacio a la ocultación.
Ya era inútil fingir que se ejercitaba, Hanzo se quedó mirando como la camiseta se pegaba al cuerpo de Jesse por el sudor. Los pantalones grises iban marcándose de zonas sudadas más oscuras, las líneas, la parte baja de la espalda…
Hanzo cogió su botellín de agua y dio un trago, sintiendo la garganta repentinamente seca. Jesse terminó su rutina y se sentó a recuperar el aliento en uno de los bancos, se soltó con un gesto la pequeña coleta con que se había recogido la media melena y se peinó torpemente con los dedos, el sudor había vuelto el cabello castaño dos tonos más oscuro.
- No puedo dormir, Deadeye está inquieto.
Hanzo recuperó el habla a tiempo de no parecer un completo imbécil.
- ¿Inquieto? ¿Algo le alerta de peligro?
- Mmmh, no… no lo sé… ¿tus dragones te dicen algo?
Lo único que sus dragones le decían era que McCree olía para comérselo, que además podían oler más cosas, el desierto, la hierba… que querían estar más cerca.
- No, no perciben peligro, pero no tampoco son tan confiables.
Eso les indignó tanto que guardaron silencio, la próxima vez que les necesitara sin duda se harían de rogar. Jesse le miró, y había algo huidizo en su mirada que no había visto antes.
La idea de que Hanzo pudiese estar interesado en él le había provocado casi risa, hasta ahora. Porque Jesse no estaba ciego, Hanzo se había quedado mirándole, había sentido su mirada en todo momento, el repaso de arriba abajo casi había hecho que Jesse perdiese pie en la cinta de correr y se comiera el suelo.
Y o bien Hanzo hacía ejercicio con una coquilla sobredimensionada o tenía un impresionante pene en reposo o tenía una evidente erección. Estaban solos en el gimnasio, ¿que era lo peor que podía pasar? Hanzo le rechazaría amigablemente y seguirían con sus vidas, y si todo iba bien podría pasar el resto de la noche con compañía, una compañía extraordinaria.
Pero Deadeye estaba detrás de sus ojos, rondando sin parar, zumbando, no sabe que está pasando con eso.
Maldita sea, no hay como el presente. Jesse se incorporó tomó aire y se situó frente a Hanzo.
- Emmmh… ejem…
Joder, podía hacerlo mejor, había hecho eso mil veces. Pero claro, nunca con alguien que conocía de algo más que dos copas o un baile, nadie que tuviera que volver a ver a diario. Nadie cuya opinión le importara.
- Estaba pensando que si ambos estamos en vela podríamos pasar el rato juntos y…
Hanzo se puso en pie y Jesse se quedó sin habla, estaban a centímetros. Entonces Hanzo se puso de rodillas y bajó de un tirón los pantalones de chándal de Jesse.
YEE-HAWWW
- Jesus, Maria y Jos…
Hanzo estaba de rodillas frente a él, pasando la lengua por la base de su pene, una mano en un muslo y la otra en la cintura. WOW.
Hanzo Shimada siempre conseguía lo que quería. Sus planes se habían ido por el desagüe, había tenido planes, una cita, una cena quizás, una habitación de hotel con una cama enorme en la que explorar el cuerpo de McCree a placer durante horas.
En lugar de eso estaba en un gimnasio a punto de hacer una felación, con la nariz hundida en el vello púbico de Jesse mientras pasaba la lengua por el pene henchido, pero si algo o alguien les interrumpía le metería una flecha entre los ojos y CONTINUARÍA.
- Siéntate.
McCree obedeció inmediatamente, trastabillando un poco con los pantalones por las rodillas, Hanzo le bajó estos hasta los tobillos y puso ambas manos en sus rodillas, separándolas con un solo gesto y acomodándose entre estas. Por el gemido y la tensión de Jesse estaba claro que la asertividad estaba teniendo una respuesta muy positiva.
El pene estaba en la media, correcto, no muy largo, grosor adecuado, circuncidado. El escroto si era algo grande, desde luego McCree cumplía con tener grandes pelotas física y metafóricamente hablando.
- Madre de Dios, Hanzo, si no haces algo ya me muero aquí mismo.
- Tengo que examinar la mercancía.
Jesse apretó el borde del banco con los nudillos y echó la cabeza hacia atrás con un gruñido. Hanzo sonrió satisfecho, estaba disfrutando. Se inclinó hacia delante y dedicó su atención al escroto, lamió los testículos con dedicación y los envolvió, primero uno, luego el otro, mientras Jesse luchaba para no tocarse el pene, dejando caer fluido preseminal en cantidad.
Para cuando se dio por satisfecho, el escroto estaba de color rojo oscuro y McCree estaba moviendo las caderas de adelante a atrás como el conejito de duracel.
- Madre del amor hermoso…
Suficiente, Hanzo sujetó el congestionado falo con la mano y dio un lametón en el glande. Jesse casi saltó en su mano. Ya le había torturado bastante, Hanzo chupó fuerte pero lento y fue subiendo el ritmo en tanto se masturbaba con su mano libre, incapaz de esperar más.
Las manos de Jesse tocaron tentativamente su cara y su pelo, hasta ganar confianza y apoyarse, sin agarrar. Hanzo le recompensó chupando a fondo. Cuando Hanzo se corrió y gimió, Jesse se inclinó hacia delante, la vibración sobre el pene en la boca demasiado que soportar, Hanzo lo sujeto por la cintura para controlar el ritmo.
- Gññ… me corro… Hanzo…
El aviso llegó a tiempo para que no le pillara con el miembro hasta el fondo, Hanzo se echó hacia atrás, dejando solo el glande entre los labios, dejando que Jesse eyaculara a placer en caliente.
- Dios bendito…
- Hanzo es suficiente.
McCree soltó una carcajada y Hanzo dio un trago del botellín, felicitándose por un trabajo bien hecho, Jesse estaba recuperando el aliento y se le veía muy satisfecho.
- Ha sido…
- ¡ESPERO QUE LIMPIÉIS!
McCree dio un bote y se subió los pantalones con rápida torpeza, se hubiera caído al suelo en un par de ocasiones de no haber recuperado el precario equilibrio. Hanzo sin embargo se tomó la tarea de cubrirse con tranquilidad.
Soldado 76, o Jack Morrison, o como quisiera llamarse no le impresionaba lo más mínimo.
- Este gimnasio lo usamos todos, ¿qué demonios os pasa?
Jesse estaba rojo como la grana, pero poco a poco se sacudió la reacción inicial de "mi superior me ha pillado con los pantalones bajados".
- Ya limpio … joder… ¿no sabes llamar antes de entrar?
- Esto es un gimnasio, no un picadero, tened un poco de respeto por los demás.
Hanzo se arregló el pelo con toda tranquilidad y finalmente se encaró con el otro hombre.
- Cierre la puerta por fuera, Morrison, no hemos terminado.
La cara de Jack era un poema. Jesse se quedó boquiabierto.
- No admitimos espectadores, pervertido.
Morrison entrecerró los ojos con una promesa silenciosa de venganza y se marchó por donde vino. Jesse aguantó el tipo unos minutos y luego miró a Hanzo con pura adoración en los ojos, mordiéndose el labio con una sonrisa encantadora.
- Así que… ¿no hemos terminado?
Hanzo le cogió por el elástico y le acercó a él.
- En absoluto.
Por la mañana Genji casi estalló en hurras, Hanzo caminaba tan seguro de si mismo y de una forma tan presuntuosa que irradiaba, era como si llevara un cartel que dijera "pregúntame como me ha ido la noche". Claro que no hacía falta porque tenía a McCree a su lado, llevándole por la cintura como si lo paseara delante de todos, aquí está mi conquista, adelante, admirad mi éxito sexual.
Iba a vomitar. Genji suspiró, desde luego Hanzo a veces era de un simple que asustaba, pero McCree parecía muy feliz, algo perdido, pero contento. Al fin.
No entendía porque Morrison miraba a Hanzo como si fuese a arrancarle a la cabeza en cualquier momento, pero Hanzo a veces producía ese efecto en cualquier autoridad, mas que nada porque él se consideraba la autoridad.
Los dos se sentaron juntos a desayunar y Hanzo no solo no se soltó de la cintura de Jesse si no que se situó más pegado sin cabía. Genji rio y se acercó dando saltitos.
- Jesse, no dejes que mi hermano te mee encima.
Si, lo había hecho para que Jesse escupiese el café. Hanzo le gruñó un "piérdete".
- ¡Genji!
A unos metros Hana Song se tapaba los odios y musitaba un "no he oído eso".
- Si sigue marcando territorio te cubrirá en medio del comedor, no quiero tener que ver eso.
Hubiese seguido torturándolos, pero Winston entró en el comedor en compañía de Amari, con una enorme sonrisa.
- Estamos listos, iremos a por Moira.
Oasis es una joya en medio de un desierto hostil, un milagro de la tecnología. No hace falta ser un genio para imaginar el trabajo de inteligencia que hace que haya una diferencia de 10 grados centígrados entre el desierto que lo rodea y el interior de sus calles usando el urbanismo, los materiales y el ecosistema artificial, nada de aire acondicionado o calefacción.
La ciudad es un vergel, lleno de jardines colgantes, parques y estanques. Todo autosostenible.
Pero no han ido allí a hacer turismo. La misión es importante, diferentes equipos en las localizaciones donde Moira pueda tener información, datos, informes, experimentos, todo lo que tenga. La seguridad de la ciudad es lo último en tecnología, si son descubiertos no habrá segunda oportunidad, Moira aumentará su seguridad, podría incluso desparecer de nuevo.
Y si Oasis descubría que la nueva Overwatch invadía instalaciones gubernamentales las agencias internacionales se darían prisa en actuar contra ellos, en lugar de limitarse a sondearlos.
Solo habrá una oportunidad. No pueden fallar.
La infiltración es un éxito, de momento ni un tiro. Hanzo estira sus hombros para desentumecerlos, lleva quince minutos en posición de vigilancia mientras Lucio les abre la puerta de seguridad, McCree vigila la otra entrada. Su equipo va viento en popa.
'Equipo Ministerio en posición' Sonó por el comunicador. Soldado 76 y su equipo ya habían entrado en el despacho del Ministerio de Genética.
'Equipo Servidores en posición" Winston también, perfecto.
La puerta se abrió y Hanzo se apresuró a seguir a Lucio y McCree en el despacho.
- Equipo Universidad en posición. - Informó el brasileño.
Se movieron en completo silencio, Lucio y McCree habían recibido todo tipo de chanzas durante el viaje hasta allí, aludiendo a ser naturalmente ruidosos, el Dj y el vaquero con espuelas, pero Lucio podía utilizar frecuencias de sonido que pocos comprendían. Se movían en silencio, eludiendo guardias y cámaras de seguridad, hasta el despacho de Moira.
Se pusieron a buscar, McCree en los ficheros, Lucio en el ordenador, Hanzo vigilaba la puerta. Al rato el pistolero sacó una carpeta llena de documentos, "SOLDIER ID: 24".
- Era el número de soldado de Reyes durante el programa super- soldado. - Explicó McCree.
- ¿Significa eso que Morrison era el 76? ¿Y va por ahí con su número en la chaqueta?
McCree se encogió de hombros, Lucio ahogó la risa y buscó correlaciones en el ordenador, pasando todo dato relevante al USB. McCree pasó el escáner de mano por los documentos a toda la velocidad que pudo.
- Reparando estructuras genéticas degenerativas… esto tiene que estar relacionado.
Hanzo tuvo que ayudarle a escanear, tenían que terminar rápido y había demasiados papeles. Ojalá pudiesen limitarse a cogerlo y marcharse, pero querían que la intrusión pasase desapercibida, o que al menos tardasen en percatarse de ello.
Lucio dejó de teclear. Hanzo alzó la vista, extrañado, entonces comprendió que estaban en problemas.
- Dejen sus armas en el suelo, caballeros, o desharé a su compañero, literalmente.
Moira O'Deorain estaba detrás de Lucio, había entrado sin que nadie la viese, como un fantasma… o quizá ya había estado allí desde el principio, ya habían sido advertidos de que podía hacer eso, McCree y Genji habían informado a todo el mundo, pero no habían esperado que estuviese en la universidad, de hecho, era el equipo de Soldado 76 el que había temido que pudiese estar en el Ministerio.
- Tá ag teipeadh do neart. - Susurró la mujer al oído de Lucio, que empezó a verse notablemente grisáceo, como si enfermase ante sus ojos.
La mano derecha de Moira con aquel guante negro y morado estaba sobre la sien de su compañero, sabían de la letalidad que podía desplegar. La doctora llevaba un traje al estilo de Oasis, pero parecía que no renunciaba nunca a llevar el equipo que la permitía emitir energía biótica… o alterar negativamente ejerciendo un pernicioso efecto drenante.
- Moira…- McCree escupió en el suelo del despacho.
- McCree, que visita más encantadora. Deja tu fiel revolver en el suelo, vuestro amigo no aguantará mucho más.
Dejaron las armas en el suelo y la doctora cesó en su ataque, no obstante, tenía ambas manos sobre los hombros de Lucio, que ahora respiraba con dificultad, debilitado.
- ¿Y la alarma? - Hanzo miró a su alrededor.
- ¿Debería darla?
Hanzo tenía que admitir que la mujer tenía un temple impresionante, estaba en una habitación con dos asesinos y un revolucionario y no parecía intimidada ni preocupada.
- Siempre pensé que contratarte fue un error.
- El mejor error que alguien pudiese cometer. - Moira sonreía con aire divertido, como si hubiese descubierto a niños jugando. – Si deseaban conocer mi trabajo doy una conferencia la semana que viene.
- ¿Cómo se llama la conferencia? ¿Cobayas humanas, ventajas frente a los conejos?
- Por favor, Jesse, esto es aburrido. Decidme lo que queréis para no tener que ordenar mis cosas.
- Reaper. - Hanzo sabía que tenían que retomar el control de aquello. - Sabemos que es creación tuya, nos dirás como detenerlo.
- Que poco imaginativos, es evidente que Jesse puede detenerlo.
La doctora pareció disfrutar mucho de la confusión que su respuesta provocó, Hanzo miró a Jesse… Jesse parecía… nauseado.
- ¿Qué…?
- Por supuesto, tu habilidad puede matarlo, ya está, así detienes a Reaper.
- ¡No voy a matar a Reyes, zorra hija de puta!
- ¿Reyes? ¿Quién ha mencionado a Reyes?
Le estaba provocando, era evidente, y Jesse picaba, Hanzo aferró la muñeca del pistolero intentando pararle, indicarle que estaba cayendo en la trampa.
- Tu le hiciste eso, le convertiste en un monstruo.
- Que descripción tan torpe, salvé la vida de Gabriel Reyes, deberías agradecérmelo.
- ¡Le has vuelto loco!
- Cierta inestabilidad mental es esperable por el estado de fluctuación celular, nada alarmante.
- ¿Nada alarmante? ¿Tienes la menor idea de lo que…?
- Os daré toda la información que necesitéis, acceso a mis investigaciones, todo cuanto esa pretenciosa de Ziegler crea poder entender si me permites examinarte.
Hanzo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para que sus dragones no saltaran de su brazo al unísono para despedazar a la arpía. Examinarle… la mirada de Moira era de pura ansia. Jesse no era una cobaya y desde luego no dejaría que esa doctora lo tocase.
Los dragones gruñeron y se movieron por el tatuaje.
- Me gustaría hacer esto por las buenas, Jesse, un intercambio justo. - La irlandesa incluso parecía querer sonar razonable. – Podría dar la alarma, os harán prisioneros y yo podré hacer lo que quiera, pero preferiría tu colaboración. Los sujetos voluntarios facilitan increíblemente cualquier investigación.
Hanzo había oído suficiente.
- No hay trat…
- ¿Puede Reyes volver a ser el de siempre?
La esperanza en la voz de Jesse era dolorosa de oír, que siquiera considerara entregarse como conejillo de indias voluntario era peor aún.
- McCree, no.
- ¿El de siempre? Claro que no. - Moira se encogió de hombros. – Pero la ciencia avanza, siempre hay lugar para mejoras.
McCree bajó la vista, oculta bajo el sombrero. Entonces comenzó… Deadeye asomando, el calor seco, el olor de la flora del desierto sustituyendo al antiséptico y el ambientador, un escorpión salido de la nada moviéndose por el escritorio…
Pero la pistola estaba en el suelo…
Jesse se alzo el sombrero con un dedo, revelando los ojos, el iris carmesí brillante, la pupila reducida a la mínima expresión. Deadeye ya no puede detenerse.
Nota de la autora: El slowburn me gusta, pero llega un momento en que no tiene sentido alargarlo más, así que la trama avanza en todos los sentidos.
