¡Holaaa! Esperó que les guste, sorry por tardar. No me he sentido bien :(

Bueno una vez más les pidió perdón. Los quiero. Los personajes no me pertenecen, pertenecen a Naoko Takeuchi. Sólo escribí por diversión.

Besos.

Damely Frost.

Capítulo 24

Una simple cena.

Seiya observo a los reporteros con desdén, seguramente ya tenían una mejor nota, que un joven empresario con su niñera.

Sentía sus manos sudar y su corazón latir acelerado, una sensación que sólo Serena la provocaba, pero que jamás había vuelto a sentir, se encogió de hombros seguramente el extrañarla tanto lo estaba volviendo loco. No podía saber que su amada Bombón estaba a unos pasos de él, y que si tan sólo hubiera prestado más atención a los reporteros la hubiera visto.

Estaba tan triste y fastiado por el gentío que se arremolinaba en el aeropuerto que tan pronto como llegó a su asiento en el avión se acomodó y cerro los ojos para que Setsuna no quisiera hacerle la platica. Intuía que debía mantenerse mentalmente alejado de ella.

Ella se sentó junto a él y lo observó detenidamente, se veía muy apuesto y parecía cansado, agotado era la palabra correcta, pero no de físico, sino del alma, su alma y su corazón parecían muertos y era imposible llegar a él.

Se contento con mirar por la ventana, mirando con asombro él elevar del avión, el viajar en Primera clase le daba el privilegio de disponer de una sala privada sólo para ellos 3, a los pocos minutos una joven azafata se presentó con ellos llevándole un pequeño refrigerio, con bebidas y pequeños emparedados que Seiya apenas probó, en contraste con ella que moría de hambre, la pequeña Serena, se encontraba dormida plácidamente en un moises dispuesto sólo para ella. Y eso a su vez, le daba la libertad de dormir también, se sentía contenta a pesar de todo, porque asi podía soñar en que eran una pareja, como una pequeña familia, en la que él amado esposo se desvivía por ella y su hija.

Sacudió su Cabeza y su negra cabellera se movió grácilmente, su estancia ahí era con el propósito de sacar a Darién de la cárcel.

Cerró los ojos y trató de recordar momentos lindos con él, pero no encontraba nada que le demostrará que Darién la amaba verdaderamente, a diferencia del trato considerado y gentil que le daban Yaten y Taiki a sus esposas. Una lágrima se deslizó por sus mejillas al comprender que sólo había sido utilizada por él. Qué Darién era un hombre cruel y despreciable que la había engañado y si estaba en la cárcel era porque se lo merecía.

Había llegado a conocer a Seiya lo suficiente para saber que era alguien honesto. Envidiaba a la chica de la pintura, porque tenía su corazón y no había forma de ocupar él privilegiado lugar de ella. Estaba muerta, pero su fantasma estaba más vivo que nunca.

— ¿Te sientes bien? — La voz de Seiya la sacó súbitamente de sus sombríos pensamientos... Estaba tan sumergida en ellos que ni siquiera se percató de el momento en que la empezó a observar.

Seiya había abierto los ojos y vio a Setsuna sumida en sus pensamientos, que no debían ser muy agradables, por las lágrimas que salieron de sus oscuros ojos. Se sintió mal por no hacer nada por ella, pero si tenía algún problema, el estaba dispuesto a ayudarle y hacer lo posible por que se resolvieran.

— Es Sólo Un Terrible dolor de cabeza. — Mintió. ¿Cómo decirle que se había enamorado de él, y que además se había acercado con engaños a su vida?

— Duerme, tal vez es cansancio, si algo se ofrece yo me encargó de la niña. — Ella iba a replicar, pero el añadió. — Y no aceptó un no por respuesta. — Tomó a la pequeña y se fue dejándola descansar.

Cerró los ojos y trató de dormir, tanto pensar le estaba enfermando de verdad.

Seiya se sentó en otro lugar y contempló a la niña, cada día se ponía más linda.

— Si tuvieras el cabello rubio, serías idéntica a tu hermosa madre. — Le dijo besando su frente. La pequeña suspiró, como si entendiera en lo profundo de sus sueños, las palabras dichas por su padre, pero permaneció dormida.

***

Él Viaje recorriendo él mundo, se extendió por meses, que a su vez se fueron transformando en años, tiempo en el que Setsuna y Seiya profundizaron sus sentimientos, él sintiendo un enorme agradecimiento a la chica que trataba a su pequeña hija con ternura y devoción, como si fuera fruto de su propio vientre.

Y ella a su vez sintiendo un amor tan inmenso y verdadero, que se conformaba con su cercanía, sabiendo que en todos esos años, jamás había logrado borrar él fantasma de la mujer que tanto veneraba, y que le había dejado él maravilloso regaló de la pequeña Serena.

Pero el momento de volver había llegado. Y no se podía vivir eternamente de viaje. Él había dejado todos sus deberes en manos de Amy, pero no podía huir del recuerdo de Serena toda la vida.

***

Serena llegó al avión privado del Príncipe Diamante, con tanto nerviosismo, que le sudaban las manos.

— Tranquila, te prometo que todo estará bien, imaginó que es la primera vez que subes a un avión. — Dijo sentándose junto a ella.

Serena afirmó con la cabeza y tomó su mano para sentirse más segura.

Él sintió que su corazón brincaba de felicidad, porque ella le estaba demostrando que su confianza estaba depositada en él, y eso era un gran avance hacía su corazón.

El vuelo fue tranquilo, las señoritas que los atendían eran muy amables con ella y la trataban con toda la reverencia de una reina.

Cuando por fin Muchas horas mas tardes, él capitán les aviso por el micrófono, que estaban a unos minutos de llegar a su destino ella se puso aún más nerviosa que al principió, no sabia lo que el destino le tenía preparado en un país tan lejano. Se encogió de hombros y suspiró resignada, su sufrimiento era el mismo estuviera donde estuviera.

— Serenity, debo confesarte que soy muy dichoso de que vengas a mi país. — Le dijo Él Príncipe.

— Gracias por todas las atenciones que tienes para mí. — Fue Todo Lo Qué pudo decir.

Bajaron del avión y una pequeña comitiva, encabezada por Él Príncipe Zafiro, y una atractiva y elegante mujer mayor de plateada cabellera, los esperaban, rodeados de guardaespaldas elegantemente vestidos.

Zafiro dio un paso hacia él y lo abrazó llenó de cariño, abrazó que Diamante correspondió con igual afectó.

— Me alegra que ya estés en casa. —

— Madre... Ya estoy en casa. — Dijo besando ambas mejillas con afecto.

— Madre... Quiero que conozcas a mi adorada Serenity. — Habló, y se volvió hacía ella, que seguía parada tímidamente atrás de él.

— Serenity, ella es la Reina Ruby, y además es mi hermosa madre. — Dijo Con Orgullo.

— Es Un Placer. ¿Porqué no me dices que venía "alguien" contigo? — Dijo La Reina con voz seca y apenas si tocó su mano, recorriéndola de arriba abajo con la mirada. Su actitud, altiva y grosera, no paso desapercibida para nadie, Serena avergonzada agacho la cabeza.

— No creí, que debía pedir permiso por traer una invitada. Creo que ser el que lleva las riendas de nuestro país, me da ciertos privilegios. — Respondió sin inmutarse, y la rodeó su pequeña cintura protectoramente.

— Deben tener hambre, vayamos a casa. — Habló Zafiro, para disipar la tensión.

La reina hecho andar con paso altivo, rumbo a sus costosos vehículos, y Diamante tomando a Serena del brazo, la siguió, seguidos del Príncipe Zafiro.

— Tranquila, ella es así, en cuanto conozca lo hermosa que eres, te aseguró que te amará, tanto como yo. — Le susurró mientras caminaban.

No se sentía muy segura de las palabras dichas por él, pero ya estaba ahí y no podía hacer nada.

Llegaron a un enorme y bello castillo (imaginen el castillo de la película "El diario de la Princesa") Serena lo miraba boquiabierta, pues jamás en su vida creyó conocer un lugar así.

A la puerta del castillo ya se encontraba toda la servidumbre, dando la bienvenida a su Joven Príncipe. Tras hacer una ceremoniosa reverencia se retiraron a sus obligaciones.

— Madre, tenemos que hablar, Zafiro... ¿Puedes indicarle cual es su habitación, que se quede en la habitación Golden Rose, por favor. —

Zafiro aceptó, y le hizo un ademán de que la siguiera. Serena iba a tomar su pequeña maleta pero Zafiro no la dejó.

— En unos momentos la llevaran. Vamos, estoy seguro que estarás muy bien ahí. — Le dijo con amabilidad.

Subieron interminables escaleras y por fin Llegaron a una hermosa puerta de caoba tallada a mano, con hermosos grabados de ángeles y rosas.

Al entrar, le pareció que la habitación era para una reina o princesa, por lo grande y delicada que era. La cama, era interminable, y estaba cubierta con sabanas doradas, unos hermosos cojines con delicadas rosas hacían juego con ellas, en el tocador reposaban todo tipo de perfumes y las cortinas, cubrían un ventanal que daba a una pequeña terraza en la que se encontraban unos mullidos sillones para reposar.

— Esto... Es bellísimo. — Dijo con la boca abierta. Al ver lo elegante y femenino de la habitación.

— Te aseguró que mi madre no es tan mala como parece. — Le dijo Zafiro.

— La verdad... Tengo miedo. — Respondió con sinceridad.

— Es sólo que no te conoce, Pero te Aseguró que es buena persona... Serena, lamentó mucho lo que ha pasado con... Bueno tu me entiendes De quien habló. — Dijo Avergonzado.

— No te preocupes, se de lo que hablas, Y ya esta superado, pero algún día recuperaré lo perdido. — Dijo Con Una Sombra de Tristeza y odio mezclados en sus bellos ojos. — Te prometó que trataré de no dar molestias, si hay algo que pueda hacer para pagar mi estancia aquí. Dímelo, por favor. — añadió.

— Por Favor, no digas tonterías, no son molestias, mi hermano te ama y hará lo posible por ayudarte, aunque tu no le correspondas su cariño. — Dijo En tono de reproché.

— Yo... No... —

— No digas nada que pueda sonar falso, ojalá algún día, puedas abrir tu corazón hacia él. — Y salió dejándola de peor animó.

***

— Madre... No estoy de acuerdo en la forma que te comportaste con Serenity. — Le reprochó en cuanto estuvieron solos.

— No Te permitó que me hables en ese tono. Soy la Reina, además de tu madre. — El la miró, con enfado, pero guardó silencio, amaba y respetaba a su madre.

— Tu actitud, fue demasiado altanera e incorrecta. — Dijo por fin.

— Es una extraña, y ya sabes que no me gustan. No se quién es o de donde viene. No hay nada que me diga que es una buena persona. —

— Pero es la mujer que amo, y a quién pretendo convertir en mi esposa. — Respondió con voz segura.

— Eso no puede ser de ningún modo. Tú eres un príncipe, y ella... No Es nadie, ni siquiera tiene modales. A pesar de la ropa costosa, con la que pretendiste engañarme. Su comportamiento deja mucho que desear. —

— La educaré, y será la mejor princesa que haya conocido nuestro amado país. —

— No Estoy De Acuerdo. No Podría comportarse jamás. Sólo nos pondrá en ridículo. — Fue Su Respuesta.

— Madre... Yo te amo y siempre te he respetado. Pero en esta ocasión, no te obedeceré, mi decisión esta tomada. Te pido que me apoyes. Porque con tu permiso o sin el, me casaré con ella. — Dijo Dando por terminada la conversación.

La Reina estaba enfadada, no podía ser que su querido hijo, al que siempre trato con tanta preferencia, ahora se volvía contra ella.

Tomo el teléfono y marcó un número. Esa era la única oportunidad que tenía, para persuadirle de su boda con esa desconocida.

***

— Esperó que sea de tu agradó la habitación. — Le Dijo.

— Es demasiado bella. Y es demasiado para mí... En verdad, no lo merezco. —

— Serenity... No digas eso, por favor... Tú mereces todo. Y te lo vuelvo a repetir, eres la mujer que amo, y por quien daría mi vida y mi corazón. Se que aún es pronto, para que me correspondas, pero se que ganaré tu corazón, con paciencia y tiempo. Te dejó para que descanses, en unos minutos vendrá una doncella para ayudarte. — Iba a darle un beso en los labios, y Serena cerró los ojos, esperando con temor y nerviosismo la caricia, pero el beso nunca llegó, solo sintió sus cálidos labios en la mejilla y salió, dejándola con un mar de dudas y emociones que no quería definir.

Unos leves golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos.

— Me enviaron a ayudarle en todo lo que necesité, soy Diana y seré su asistente en todo lo que necesité, usted solo tiene que pedirlo. Éste es el baño, si gusta darse una ducha, le prepararé la tina, además de que guardaré su ropa. — Le dijo con amabilidad. Abriendo una puerta que mostraba un baño color claro, con acabados dorados, un precioso jacuzzi color rosa palo, le daba un toque delicado y femenino a ese baño, se preguntaba cuantas invitadas especiales más, habría llevado Diamante, antes que ella. Sorprendida de esos pensamientos, decidió distraerse en otras cosas.

— Gracias, si me encantaría una ducha para descansar. — Le dijo con incomodidad. Tanta reverencia la empezaba a abrumar.

— Claro que si, en unos minutos estará lista. —

Salió de la refrescante ducha, y para su sorpresa, sus cosas estaban listas, esa chica, era muy buena en su trabajo.

— ¿Qué desea ponerse Para la cena? —

— No Entiendo... ¿Qué habría de ponerme? Algo cómodo, es una simple cena. — Respondió sin comprender, él porque de la pregunta.

— ¡Dios mío! ¡Qué horror! Eso no puede ser. Usted cenará con su majestad la Reina y sus altezas él Príncipe Zafiro y él Príncipe Diamante, No es una simple cena con gente común. — Dijo enfadada y saco un hermoso vestido negro de coctel. — Es lo mejor que hay. Se hará lo que se pueda. — Decía entre dientes, sin disimular su disgusto.

Serena sonreía para sus adentros, en verdad, todo ese lujo era muy diferente de su vida con Seiya. Y Aún mas distinto de lo que vivió con Darién. Jamás imagino que hubiera personas preocupadas por una Simple cena. Cuando ella solo usaba unos jeans o unos pantaloncillos cortos y una camiseta, lo más cómoda posible.

***

Tuvo toda La intención de besar sus pequeños y perfectos labios, y probar por fin la miel de sus besos, pero su carita temerosa, y llena de dudas le impidió hacerlo, en su lugar beso su mejilla y se fue antes de cambiar de opinión.

***

Reih llegó a la casa de Seiya después de varias semanas del incidente con Serena, suponía que ya estaría pensando en conseguir una madre para la niña, y ahí es donde ella podría demostrarle su amor, y así casarse con él.

— Dile a Seiya que estoy aquí. — Le Ordenó a Lita, en cuanto le abrió la puerta.

— Seiya no esta. — Le dijo con voz calmada.

— Me lo estás negando. No me iré sin verlo. — Replicó enfadada.

— Te vuelvo a repetir. No está, se fue de viaje y no vendrá en mucho tiempo. — Dijo Lita.

— Él no puede haberse ido así. ¿No lo entiendo? Todo Fue en vano. — Grito furiosa.

Se encaminó a la puerta maldiciendo su suerte. Todos sus planes se habían venido abajo. No Podía estar con él, a pesar de haberlo alejado de Serena.

— Pues lo buscaré, Seiya, cree que se ha burlado de mí. Pero esto no se quedará así. — Una vez más iría tras él, su obsesión era demasiado fuerte, tanto que aplastaría a quien fuera, para lograr estar junto a él.

***

La cena llegó, cuando Serena escucho la voz de Diamante al otro lado de la puerta se puso muy nerviosa, no sabía que pensaría de ella al verla.

— Serenity... ¿Puedo pasar.? La cena estará en 10 minutos. —

— Adelante. — Respondió y Diana fue a abrir.

Cuando Entró y la vio con ese sencillo pero elegante vestido negro su boca se transformó en una blanca y sensual sonrisa.

— ¡Ahora entiendo la diferencia entre bonita y maravillosa.! — Exclamó embelesado.

Ella sonrió ruborizada y tomó la mano que el le daba.

— Tú estás muy atractivo también. — Respondió mirándolo con agradó, su traje gris acentuaba su espectacular cuerpo.

Llegaron a la cena y ahí estaba ya la Reina, sentada a la cabeza de la enorme Mesa. Diamante la sentó a su izquierda y se sentó en el lado opuesto a la Reina Rubí. Minutos más tarde llegó él Príncipe Zafiro con un impecable traje azul que le sentaba de maravilla.

— Disculpen la tardanza. — Se disculpó.

— Sabes que odio que lleguen tarde. — Le recriminó.

— Lo siento, había mucho trabajo. Esperó que mañana lleves a Serena a conocer la ciudad. —

— Desde Luego, también la enseñaré a montar e iremos al teatro. Ya verás, te vas a divertir, además quiero que me des algunas ideas. —

— ¿Y que puede saber esta niña que tú no sepas? — Preguntó la Reina.

— Madre, necesitamos involucrarnos más con nuestra gente. Y ella me dará ideas muy buenas. —

— Dime niña... Es decir Serenity... ¿Cómo conociste a mi hijo? —

— Madre... Eso lo hablaremos en otro momento. Hay que Disfrutar la cena. — Intervino Zafiro.

— Señora... Es decir, su alteza... Yo... —

— Serenity no digas nada. Yo hablaré con ella. Le explicaré todo. —

Ella guardó silenció, y continuaron cenando, pero se sintió muy incómoda el resto de la noche, pues la Reina la miraba con tanta suspicacia que ella se sentía intimidada.

Por fin la Interminable cena, terminó y por fin pudo recostarse a descansar. Él día había sido tan variable que estaba exhausta.

***

A la mañana siguiente, cuando despertó, Diana Ya Estaba Sentada al pie de su cama.

— Su baño esta listo. — Dijo extendiendo una taza de té.

Cuando Serena salió, ya tenía la ropa en la cama.

— Irán a montar a caballo. Él Príncipe desea que conozca sus caballos importados. —

Él traje de equitación era muy hermoso y le quedaba muy bien.

— Tiene Toda La Ropa que pueda desear. Sólo lo mejor. — Dijo enseñándole del vestidor.

— ¡Dios mío! Es hermoso... ¿Cuándo conseguiste todo esto? — Preguntó asombrada.

— Anoche, todo esto es muy sencillo para mí. — Dijo Mostrando los hermosos atuendos.

Los días pasaron con grandes cambios para ella, no había un sólo día en que no saliera a conocer una parte de la ciudad con Diamante.

***

— ¡Hijo! ¡Mira quién decidió visitarnos! — Le Dijo la Reina unos días mas tarde.

— ¡Esmeralda, que alegría verte, ha pasado mucho tiempo!. — Dijo Abrazándola fuertemente, con cariño, ante la mirada asombrada de Serena.

— Si, demasiado tiempo querido... Esperó que puedas tener tiempo para estar conmigo. — Le Dijo, mirando a Serena por encima del hombro de Diamante.

— Serenity... Te presentó a Esmeralda, es una amiga de la infancia, alguien a quién apreció mucho. — Dijo Acercándola a Serena.

— ¡Hola! — Respondió con frialdad y se colgó del brazo de Diamante, para entrar en él Palacio. Zafiro agarró a Serena del brazo y entraron tras ellos.

Al día siguiente Serena de despertó, para su sorpresa Diana no estaba con ella como de costumbre. Unos Golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos. Se puso su bata y abrió.

— Serenity... No podré salir contigo como lo teníamos planeado. Esmeralda me ha pedido que demos un paseo a caballo y no pude negarme. Esperó no te molesté. — Se Disculpó Diamante.

— No... Desde luego que no, es tu deber atender a tu invitada. — Respondió con una sombra de desilusión.

— Muy Bien. Nos vemos más tarde. Por cierto, Diana atenderá a Esmeralda en su estancia aquí. Mi madre se lo ordenó y no pude evitarlo. Si Necesitas algo Nicolás te ayudará, también vendrán dos chicas a darte lecciones de modales. — Besó su mejilla y se fue con ágiles pasos.

— Si Quieres te acompañó a pasear yo. — Le Dijo Zafiro que pasaba frente a su puerta y alcanzó a ver que pasaba.

Serena sonrió y asintió tristemente.

Los días pasaron y fueron una réplica del primer día, Diamante se salía todo él día con Esmeralda y ella se quedaba sola todo el día en su habitación. A excepción de los días que Zafiro no estaba ocupado.

Cada día se daba cuenta de que extrañaba su compañía demasiado. No entendía que pasaba con ella, ni siquiera pensaba en Seiya, sólo las veces que pensaba en recuperar a su hija y vengarse de él.

Bostezo fastidiada las clases que Haruka y Michiru le daban, le aburrían demasiado.

***

Ok... Esperó les guste. Besos.

Dam Frost.