Capítulo 9. El perro apaleado

Jesse se alzó el sombrero con un dedo, revelando los ojos, el iris carmesí brillante, la pupila reducida a la mínima expresión. Deadeye ya no puede detenerse.

Hanzo notó como el tiempo se ralentizaba, dos mundos fundiéndose para abrir paso a poderes más allá del tiempo y el espacio. Sus dragones brillaban en el tatuaje, entusiasmados, notando el poder en el aire, enfebrecidos, como si pudiesen emborracharse del mismo aire cálido y seco que les rodeaba ahora.

{¡Ahí llega!} Están extasiados, excitados, Hanzo tiene una súbita erección.

McCree veía el mundo con nitidez, cada detalle aumentado, colores multiplicados, y frente a él, Moira. Era fácil odiarla, era fácil culparla de todo lo malo que ocurría, y estaba allí, delante, carente de cualquier tipo de remordimiento o empatía, la mujer que había transformado a Reyes en Reaper.

No tenía su revolver en la mano. Peacekeeper estaba en el suelo y aun así…

YO GUIARÉ TU MANO. DISPENSAREMOS JUSTICIA.

Y de pronto Peacekeeper estaba en su mano. Buen truco, Deadeye. Siempre podía confiar en su don, y en su pistola. Y sin embargo siente miedo, este no era el plan, ¿iban a disparar? ¿Iban a matar a Moira?


Moira O'deorain estaba más fascinada que asustada, pese a que sabía a ciencia cierta lo que se abatía sobre ella, lo había visto decenas de veces en Blackwatch… pero nunca tan cerca, nunca dirigido hacia ella, pero ahora lo veía, en su cabeza mil teorías se agolpaban, explicaciones fascinantes, como la personalidad y el subconsciente de McCree creaba alucinaciones visuales y auditivas, como su percepción del tiempo se ralentizaba por el efecto psíquico sobre su propia mente. ¿Sería más fuerte a medida que muriese? ¿Sería su muerte indolora o se extendería en el tiempo debido a la percepción?

- Las posibilidades de la mente…


- Dios mio, ¿qué es eso…? ¿McCree?

Lucio estaba a punto de vomitar, no sabía qué le había hecho Moira, ya le habían informado de sus habilidades como científica y como usaba su conocimiento de biotecnología en forma de armas bióticas hostiles. No le habían dicho que además de debilidad, náuseas y dolor general también producía alucinaciones, había un coyote bajo la mesa, entre sus piernas, mirándole fijamente, y tras el teclado del ordenador se escurría una serpiente. A McCree le pasaba algo, sus ojos brillaban rojos, y el mundo a su alrededor parecía estar derritiéndose… y de pronto tenía la pistola en la mano… ¿de dónde había salido? ¿Es que iba a ejecutar a Moira? ¡No habían venido a eso! ¡No eran asesinos! ¡Él no al menos! McCree no estaba bien, no parecía él mismo, esa cosa en sus ojos… ¿le estaban controlando acaso?

Lucio tragó saliva con dificultad, tenía el amplificador sónico sobre las rodillas, estaba tan cerca, tenía que moverse… tenía que alcanzarlo…


Deadeye estaba con él, llenándolo, ardiendo en sus ojos, no… ahora veía a través de los ojos de Deadeye y veía a su presa, Moira, con claridad, oía su corazón, bombeando sangre, veía su alma, el brillo de todo cuanto era, y como iba a devorarlo para siempre.

Y apuntó con el revolver, el cañón firme contra la mujer.

NADIE VOLVERÁ A HACERNOS DAÑO. SANGRE PARA EL SOL.

Espera… espera… queremos hacer esto… pero no debemos.

Todos nos mienten y nos abandonan. Cortemos este cabo, la odiamos, nos hiere, démosle muerte, tomemos su sangre.

Pero no hubo sangre, ni muerte. Un estallido sónico lanzó la mesa del escritorio contra Jesse y Hanzo, que salieron disparados contra la pared y se golpearon duramente contra ella. Lucio cayó al suelo y Moira salió impulsada contra el techo, se golpeó de lleno contra este y luego cayó al suelo de rebote.

Una bala salió disparada contra el techo.

La alarma saltó, todos se movieron, Hanzo vio que McCree se levantaba y procedió a coger todas las carpetas que pudo, ya no tenían por qué perder el tiempo escaneando, Lucio hizo lo mismo, abrió el servidor y empezó a extraer los bloques de información por la fuerza, se le notaba algo aturdido aún, de modo que Hanzo de dio las carpetas y se ocupó de sacar la electrónica.

- ¡McCree! ¡Hay que moverse!

Jesse estaba de pie sobre Moira, que estaba tirada en el suelo, inconsciente, el pistolero tenía el revolver en la mano, dirigido contra la cabeza de la mujer.

- ¡Jesse!

Tras un instante de duda el otro se apartó, no era que Hanzo no deseara la muerte de la doctora, había oído suficiente de su propia boca para corroborar todo cuanto le habían contado de su falta de ética médica, pero asesinar a sangre fría a una persona inconsciente no le parecía el estilo de McCree, por no hablar de los problemas que traerían a Overwatch si asesinaban a uno de los ministros de Oasis.

Aunque si los guardias les acorralaban tanto daría, los problemas ya estaban sobre ellos. Las cámaras no les grababan, pero si los guardias les identificaban estarían en un aprieto. Cuando llegaron a la primera vuelta de la esquina pudieron comprobar como varios guardias se dirigían ya hacia ellos, Hanzo se volvió a Lucio, era el más rápido, podría escabullirse con la información sin ser visto.

- De acuerdo, pero… ¿McCree está bien?

- Estará bien. - Hanzo se quitó el comunicador y se lo dio. - Silencio de radio, vete.

Jesse sacudió la cabeza y esbozó una leve sonrisa.

- Como una rosa, sal de aquí.

Lucio emprendió su huida. Jesse y Hanzo cubrieron su retirada y después se pusieron en marcha.


El resto del equipo había abandonado Oasis a salvo en el transporte, Lucio había llegado al punto de encuentro sano y salvo. McCree preparó otra ruta de escape para Hanzo y él mismo, fuera de la ciudad, en otra posición que no comprometiese al resto si las cosas salían peor aún de lo que iban,

El trayecto había sido difícil. Jesse apenas hablaba, no había despegado los labios más que para fumar, si un enemigo asomaba, le disparaba, sin chanzas, sin bromas. Hanzo reconocía la actitud de quien sabía que había cometido un grave error y trataba de subsanarlo siendo más… profesional que de costumbre. Hanzo no había tenido que usar su arco ni una vez, no era que McCree estuviese siendo más hábil, era un pistolero consumado, solo estaba siendo más… agresivo. No había una chanza o una broma acompañando un tiro, ni una floritura absurda pero brillante al evitar al enemigo.

Habían salido de la ciudad, y ahora esperaban la llegada de un transporte mercenario en el desierto, un antiguo contacto de Hanzo a fin de no comprometer más a Overwatch. Ocultos en una formación rocosa en tanto aguardaban al amanecer. El ambiente era algo tenso. Jesse se removió en el sitio. Estaban arrebujados entre unas rocas, la noche era fría y el alba incipiente había cubierto todo de rocío, calándoles.

- Bueno… un brindis por una misión más.

Jesse se pasó la lengua por los labios resecos mientras rebuscaba entre su equipo y sacaba su petaca. Bien podía empezar a beber antes de tener que enfrentar su gigantesca pifia, y sobre todo antes de enfrentar el fracaso de otro intento de relación. Hanzo estaba muy callado.

Suponía que era inevitable, pero había esperado tardar más en meter la pata.

- No tienes que darme explicaciones.

Jesse sonrió, Hanzo no iba a darle la charla de no eres tú soy yo, eso estaba claro, era un alivio. El japonés no era un hombre de excusas, ni para si mismo, ni para los demás, eso facilitaba la situación, no le pondría las cosas difíciles.

Hanzo estaba impulsado por aquella necesidad de ser el mejor en lo que hacía, y daba igual lo que fuera eso, por irrelevante que pareciese. Jesse aun se sorprendía pensando en como le había secuestrado a él mismo para cumplir con la promesa hecha a Genji, si eso no era dedicación a una persona…

Ojalá hubiese podido tener más de esa dedicación. Pero él no era Genji, Hanzo no tenía ninguna deuda ni responsabilidad para con él, ya había visto que no era de confianza.

- La gente suele pedir explicaciones cuando su compañero de misión se pone en plan sociópata. Yo lo haría.

Hanzo bufó como si la idea de pedir o dar explicaciones fuese ridícula. Jesse suspiró y dio un trago a la petaca, normalmente no bebería hasta volver a la base, pero que más daba a esas alturas. Miró a Hanzo, echando un vistazo a todos los atractivos a los que seguramente no podría volver a acercarse.

- Genji me habló de Blackwatch.

- Oh…

- Y de Rialto.

Oh. Jesse desvió la mirada, joder, Hanzo debía haber visto el paralelismo, Reyes destruía Blackwatch ejecutando a quemarropa a Antonio, y ahora Jesse había intentado ejecutar a Moira.

- Explica mucho, ¿verdad? - Ofreció la petaca a Hanzo, que la aceptó. - Supongo que al final he seguido los pasos de Reyes, ahora es cuando te preguntarás cuando voy a traicionaros a todos porque no tengo control sobre mí mismo.

- Traicionarnos, ajá.

- Sé cuándo la gente decide temerme, Hanzo, es lo habitual.

Hanzo no dijo nada en un principio, le devolvió la petaca y Jesse dio otro trago, sonrió, al menos el otro no había decidido condenarle al ostracismo, estaban hablando. Dudaba que el resto de Overwatch fuese a ser tan generoso.

- Genji te hablaría de mí.

- Mmmh, casi todo formas de matarte.

- Entiendo.

- Era un buen tema de conversación.

- Me da la impresión de que no te dijo que no me agrada que hablen por mí.

Le había cabreado, bien, otro premio para el día.

- Hanzo…

- Yo no temo a nada, Jesse McCree, y desde luego no te temo a ti.

- No me refería exactamente a mí…

- Conozco esta conversación. - Hanzo le quitó la petaca, dio un trago y se la devolvió con soltura. - Ahora te apartarás de todo y de todos, aceptarás que eres un peligro para los demás a causa de tu fallo y que es natural que la gente se aleje de ti.

- Eh… pues…

Hanzo se inclinó hacia delante, los ojos entrecerrados clavados en los suyos con firmeza.

- Maté a mi propio hermano, Jesse McCree.

Si, era cierto. Jesse se puso en pie, alejándose, mirando el horizonte mientras el sol tenía las dunas de color naranja del amanecer, hubiese disfrutado del espectáculo cualquier otro día. Joder, no era lo mismo, Hanzo era… lo de Genji había sido…

- No puedo perder el control, no con Deadeye.

- Te duele que otros te teman, pero eres tú quien tiene miedo. Tú temes a Deadeye.

Certero como sus flechas, Hanzo era todo lo que él no era, directo, orgulloso, todo lo que le atraía igualmente. El arquero se levantó y se situó a su lado, estaban allí solos en medio de nada, dos hombres contra el amanecer, Hanzo se movió con naturalidad, tomó un extremo del poncho de Jesse y se lo pasó por los hombros, juntándose con él, aprovechando la calidez de la tela roja. Con toda naturalidad.

Jesse no se puede creer la comodidad del otro hombre, el modo en que se pega a su cuerpo, la intimidad que comparten en ese momento, Hanzo no tiene miedo de él, ni el más mínimo. La gente le tiene miedo, Amari, Morrison, incluso Reyes, ha visto miedo en sus ojos más de una vez a lo largo de su vida, la gente veía a Deadeye una vez, y no lo olvidaba nunca, y podían llegar a apreciarle, pero el miedo siempre se quedaba ahí, una espina clavada.

Pero no con Hanzo. Hanzo Shimada no teme a nada ni a nadie.

- Si vuelves a presuponer mis acciones tendremos problemas, McCree.

- Caballero, no repetiré semejante error, tiene mi palabra de caballero del sur.

- Has recuperado la locuacidad, no sé si eso es bueno.

Deadeye estaba confuso, lo sentía, después de tanto tiempo tenso, después de prácticamente saltar desde su interior para matar a Moira, moviendo la pistola, trayendo el desierto del oeste hasta el este, ansiando matar…

La mano de Hanzo aprieta una de sus nalgas y McCree casi salta en el sitio.

- Eres un hombre competente, y valiente. - Empujó lentamente, guiando a McCree hasta la pared de roca, le acorrala allí, ambos envueltos en la misma tela, hundió la nariz en su cuello y aspiró profundamente. - Es mi placer luchar a tu lado.

- Soy peligroso.

- Me temo que no acabas de comprender que eso es precisamente uno de los factores que nos ha llevado a la situación presente.

Hanzo le mira con evidente deseo, reconoce la mirada, Jesse levanta las manos y las apoya en el pecho del arquero, bajo el poncho, desde luego el otro debía tener frío, su ropa no estaba preparada para las temperaturas extremas de ese lugar.

Hanzo es peligroso, no había imaginado cuánto. Se quita los guantes, quiere notar su piel, Hanzo se estremece visiblemente, la piel de gallina, las manos de McCree están calientes y el aire es frío, Jesse acaricia la piel, el tatuaje, los duros músculos. Hanzo le besó el cuello de nuevo, con más apremio. Jesse se dejó caer al suelo, resbalando por la pared, hasta que Hanzo quedó sobre él y le pudo besar a placer, frotando sus labios, uniendo sus lenguas, es un beso profundo, apenas se separan para tomar aliento, apremiantes como si el tiempo se acabara, se buscan cada vez que el otro respira, Jesse muerde el labio inferior de Hanzo, que responde con una carcajada y le toma por el cuello, besándole profundamente, explorando su boca con la lengua y chupando la de Jesse, unen sus labios hasta que ambos los tienen magullados.

- Destrozas mis planes. - Gruñó Hanzo contra su boca. – Quería poseerte con propiedad.

- Mmmh, ¿rosas y un jacuzzi?

- Una cama al menos. - Gruñó Hanzo, con una ferocidad que hace que Jesse se arquee de deseo.

Si continúan besándose así, frotándose así, Jesse se correrá en los pantalones solo con el "frotagge". Hanzo le muerde el labio y le empieza a retirar la armadura, Jesse le ayuda, es una suerte que la temperatura esté subiendo rápidamente porque si el lugar ya era incómodo, el frio hubiese sido demasiado para desnudarse en aquel lugar.

- Una cama, dios, mi reino por una cama ahora mismo.

- Te conformas con poco, no me agrada. – Hanzo extendió las manos sobre sus pectorales, pasando los dedos por el pelo ensortijado. - Habrá que acostumbrarte a otras cosas.

- Siempre fui difícil de entrenar.

Hanzo le miró con las pupilas dilatadas de un depredador, el tatuaje resplandecía, el desafío le gustaba, era evidente. Sonrió y le besó de nuevo, con ansia, casi obsceno, invadiendo a Jesse, dominando el beso por completo y haciendo con su lengua lo que le placía. Para cuando terminó, Jesse estaba jadeando y apenas podía reaccionar en tanto las manos de Hanzo prácticamente amasaban su pecho y abdominales, apretando y soltando, hundiendo los dedos y explorando.

- Te cacé, eres mío. – Hanzo puntualizó sus palabras apretando los pectorales y besando entre ellos, lamiendo y mordiendo con cuidado en cada hueco, cada hendidura, lamiendo la sal del sudor. - Mi presa.

Jesse se desató los pantalones y los bajó lo suficiente para dar espacio a su miembro erecto, congestionado y aprisionado. Hanzo le atormenta besando y chupando sus pezones.

- Hanzo… el transporte llegará de un momento a otro…

El arquero masculló una maldición o un insulto en japonés y se separó de mala gana de la presa que tenía en la boca, dejando ambos pezones deliciosamente atendidos.

- Cuando volvamos a Gibraltar, juro que iremos a una maldita cama, fuera de la base, estoy harto de no hacer esto adecuadamente tal y como tenía planeado.

- ¿Planeado? - Jesse está eufórico. - ¿Tenías un plan y todo?

- Naturalmente que sí, desde hace semanas, eres desesperante, no puedo creer que el gimnasio fuese el primer sitio, es indigno.

Hanzo separó su ropa y apartó su fundoshi, dejando claro que el hecho de que Jesse fuese desesperante no mermaba en absoluto su excitación. Se posicionaron con cierta dificultad, hasta poner el poncho debajo de ambos y tenderse de costado en un 69.

Jesse sujeta los muslos de Hanzo, le encantan, seguro que puede partir melones con ellos, pero el centro de su atención es el pene, duro como una roca, erecto y curvo, sin circuncidar, listo para la acción, Jesse lo sujetó por la base con una mano y la mano metálica aferró una nalga, pasando un dedo por encima del ano, apenas encima.

Hanzo hundió la nariz en la tela de los calzoncillos de Jesse y tras complacer a su sentido del olfato sacó el falo enhiesto, pasó un pulgar sobre el glande brillante de líquido, estaba listo, lo lamió a grandes pasadas y luego chupó con mimo.

Jesse tuvo que recordarse que tenía un pene entre manos porque lo que Hanzo le estaba haciendo le había dejado gimiendo sin remedio y dando las gracias a todos los santos, y aquello era un trabajo en equipo.

Estaban haciéndose la felación mutua, pero por supuesto Hanzo lo convirtió en una competición, chupando más a fondo que Jesse, o intentando que el otro perdiese el ritmo. Jesse tuvo que aguantarse la risa al darse cuenta hasta que Hanzo empezó a imprimir un giro al chupar que le dejó sin aliento. Demonio de hombre. Jesse no pudo contenerse por más tiempo, Hanzo ponía una dedicación obsesiva a todo, incluida una felación, y no le dejaba un segundo de descanso, Jesse eyaculó sin poder siquiera avisar, pero no dio la impresión de que hubiese pillado desprevenido al otro hombre.

Ojalá hubiese tenido lubricante, si iban a seguir yendo juntos en misiones que les disparaban la adrenalina y la lívido tendrían que pensar en llevar esas cosas con ellos. No quería otra cosa que meter los dedos más dentro y estimular la próstata de Hanzo.

- Jesse… ahora…

Un caballero.

Quince minutos después estaban vestidos y viendo descender el transporte.

- De modo que me perdí el cortejo de flores y vino…

- Irrelevante. - Hanzo se ajustó la ropa. - Encontraré tiempo para ello.

- Realmente no es necesario, es más, creo que yo querría invitarte a cenar un día, hay un chiringuito en Gibraltar donde hacen las mejores sardinas al espeto.

Hanzo lo pensó unos instantes.

- Aceptaré, después de invitarte yo.

- ¿Has pensado en relajarte respecto a… algo?

- No.


Llegaron a Gibraltar por sus propios medios, un viaje en avión comercial, y ahora estaban frente a las puertas de la base. McCree se caló el sombrero en tanto se encendía un cigarro. Sabía lo que le esperaba, la había pifiado y tocaba lidiar con las consecuencias, ninguno podía haber esperado ser emboscados por Moira, pero tendrían que haber lidiado con ella con sutileza.

- No veo por qué debería importarte.

- Trabajo en equipo, Hanzo, consiste en hacer las cosas por el bien de todos y si no lo haces bien…

- No son tus superiores, la nueva Overwatch es poco más que un club de asociados. - Hanzo suspiró. - No tienes porqué aguantar críticas de tus iguales.

- Alguien no ha sido subordinado de nadie en muchos años, por lo que oigo.

El arquero rezongó y se puso el arco a la espalda. Cuando las compuertas se abrieron vieron que ya les estaban esperando, Genji esperaba dando vueltas, Morrison, Amari… la vieja guardia. Mala señal. Sabía que Morrison sería el encargado de pasarle por la picadora, era lo habitual.

- Será como los viejos tiempos, me mostraré muy preocupado, me disculparé por mi arrebato… no será la primera vez. Estoy acostumbrado…

- O quizá tengan media neurona entre todos. Si te temen es su problema, es lamentable que te tuviesen como recluta todos esos años y ni se molestaran en comprender como ayudarte, son unos incompetentes.

Jesse soltó una carcajada. Durante el viaje habían estado hablando mucho, de Deadeye, de los espíritus, como el miedo que McCree sentía por su propio compañero podía ser la fuente de aquella falta de comunicación. A diferencia de los Shimada no había tenido un manual para usar a Deadeye y el anterior usuario, su abuelo, había muerto antes de que él naciera, un gran poder en manos de un muchacho que nada sabía de ello. Mala combinación.

- Tampoco es que hable mucho. - Se defendió McCree cuando estaban en la estación, esperando. - Es casi como mi propia voz en mi cabeza.

- ¿Cómo va a hablarte si nota tu temor? Los espíritus nos modelan tanto como nosotros les modelamos a ellos.

- Solo… me avisa del peligro y mata.

- Quiere protegerte, y seguramente QUIERES matar a todo lo que te molesta, no hay porqué sentirse avergonzado de nuestros instintos.

Hanzo hacía que sonase sencillo. Pero también hacía que sonase lógico. Tendría que trabajar con eso, su estado emocional era lo que hacía que Deadeye estuviese así, tan violento y descontrolado, todo lo ocurrido con Reaper, encontrarse cara a cara con Moira solo había sido la gota que había colmado el vaso.

Ahora tenía que lidiar con las consecuencias de la misión. Las noticias que habían visto en los telediarios solo hablaban de un ataque terrorista en Oasis, de momento atribuido a facciones de radicales anti- progreso, lo que implicaba que o bien Moira no había podido hablar o no quería hacerlo.

Pero era un cabo suelto, de esos que no gustaban al viejo comandante.

- Bueno, siempre me ha gustado poner nervioso a Morrison.

Entró con tranquilidad, con su mejor imitación del hombre sin nombre llegando al pueblo, Hanzo a su espalda. Jack Morrison esperaba con los brazos cruzados, una tormenta se adivinaba en su postura. Genji estaba nervioso, dando vueltas, en cuanto los vio corrió hacia ellos.

- ¡Par de idiotas! ¡Me teníais preocupado!

- No había motivo. - Replicó Hanzo.

En justa venganza Genji le abrazó, sabiendo a ciencia cierta cuanto odiaba su hermano los abrazos fraternales. Oh sí, nadie preocupaba en vano a Genji Shimada. Hanzo aguantó estoicamente.

Jesse suspiró, puso los pulgares en su cinturón y se plantó ante Jack Morrison.

- Ya no hay más pistolas en el valle, ¿llegó Lucio sano y salvo?

- Lo hizo, la información ha llegado.

- Entonces no hay más que hablar.

Por supuesto no iba a ser tan fácil, Morrison se quedó quieto, recuperando aquella insoportable costumbre de quedarse mirando, era curioso como las cicatrices del enfatizaban el ceño. Mejor sacarse la astilla cuanto antes.

- La pifié, lo sé, todos lo sabemos, ¿podemos pasar a…?

- ¡¿Tienes la menor idea de lo preocupados que estábamos?!

Morrison le agarró por el poncho y empezó a sacudirle.

- ¡Silencio de radio! ¿¡Durante varios días!?

- Es… el procedimiento…

- ¡Lucio nos dijo que esa bruja intentó viviseccionarte! - Morrison estaba hecho un basilisco. - ¡Que ofreció la información a cambio de abrirte en canal!

Lucio había dramatizado un poco la situación al parecer, un chico entusiasta.

- Nos trajo la información, pero los dioses saben que quedaros atrás fue muy estúpido.

Hasta Amari parecía inusualmente furiosa, aunque dejaba las sacudidas a Morrison.

- Uh… esperaba que estuvieseis cabreados, por la alarma y eso…

Algo se cortocircuitó en su cerebro cuando Morrison dejó de sacudirle y le abrazó. Le abrazó. Le estaba abrazando. Jack Morrison le estaba abrazando, y tenía mucha fuerza.

- Vaquero estúpido, mocoso idiota… pensé que te habías quedado atrás, que te habían capturado, no vuelvas a hacer eso.

No podemos fiarnos… no podemos… Deadeye como siempre desconfiando, McCree comprendía ahora que reflejaba sus propios temores, ¿qué pasaba? ¿por qué se preocupaban por él? ¿O siempre lo habían hecho?

- Intenté matar a Moira… como cuando Gabe…

- Mal hecho, ya me enfadaré por eso luego. - Morrison le soltó, parecía repentinamente avergonzado, lo que era gracioso. – Apestas.

- Gracias, señor, eau de Oasis.

- Jesse… la información que habéis traído es… es fantástica. Lo arreglaremos, arreglaremos a Gabe.

- ¿En serio?

Jack le cogió el rostro entre las manos, parecía… orgulloso.

- Lo has hecho bien, bueno, no todo lo bien que querría, bueno, mal…

- Eso no es lo que hablamos decir, Jack. - Interrumpió Amari con exasperación, pero sonriente.- Lo que Jack quiere decir es que lo importante es que estáis bien.

Morrison tragó saliva y puso las manos sobre los hombros de Jesse.

- Eres lo mejor que salió de Blackwatch, de verdad, no entiendo como saliste tan bien.

- La materia prima era buena. - Jesse guiñó un ojo, intentando quitar hierro a la situación, que era… demasiado intensa, no tenía costumbre.

- Reyes tenía buen ojo para la gente, mejor que el mío… vete a las duchas, reunión en dos horas.

Una hora después Jesse McCree estaba envuelto en una toalla, secándose, mirando por la ventana, pensando. Una parte de él aun esperaba que cayese la guillotina, que el suelo desapareciese bajo sus pies… empezó a sentir que la ansiedad regresaba, que Deadeye se inquietaba…

Todo mejora antes de empeorar.

Pero igual no. Se secó el pelo y estiró los brazos, tenía la sensación de que llevaba estancado demasiado tiempo, huyendo del pasado y llevándolo a cuestas... Genji había cambiado su destino, Hanzo también... él debía hacer lo mismo para avanzar.


Nota de la autora: Tengo la sensación de que este capítulo me ha salido apresurado, pero realmente estoy un poco bloqueada respecto a mejorarlo.