Capítulo 10. Otro amanecer
Cuando había accedido a una sesión de meditación con Genji y Zenyatta no había puesto muchas esperanzas. Su idea de relajarse era copa y puro en una terraza, no sentarse en una esterilla y hacer ejercicios de respiración e introspección.
No tenía ni idea de cómo podía un omnic hacer meditación teniendo en cuenta que no respiraban y que era imposible que no fuesen conscientes de su cuerpo cuando podían activar y desactivar sus sensores, y de hecho era lo primero que había cuestionado, haciendo que Genji le explicase, o mas bien le intentara explicar algún concepto espiritual al que Jesse se limitó a asentir a ver si terminaba.
Pero luego había… funcionado. Zenyatta no era como había imaginado, tenía un sentido del humor sutil, que pasaba desapercibido por que no esperabas ese toque de astucia en él tranquilo monje. Con los días había empezado a ver al omnic que había llegado hasta Genji en sus peores días y le había causado tanta impresión. Aunque oír a Genji llamarlo maestro siempre le daba un poco de risa.
Hanzo no disimulaba que Zenyatta no le gustaba, le evitaba siempre que podía. Jesse había tenido literalmente que placarlo y hacerle una llave hasta hacerle confesar que le producía desazón porque le hacía pensar en todo lo que había provocado a su propio hermano.
Jesse había cambiado la llave por un abrazo, los dos tenían sus propios fantasmas.
La cuestión era que se unía a la meditación de Genji siempre que el resto de las obligaciones lo permitían.
Contra todo pronostico no había ido del todo mal. Sentarse, respirar, relajarse, estirar el cuerpo e intentar ser consciente de todo él… había asumido que se distraería más fácilmente, pero en realidad le había cogido el tranquillo con rapidez.
También hacían yoga, o más bien McCree recordaba que no era tan flexible como hacía diez años y sudaba mientras Genji y Zenyatta hacían trampas porque tenían partes robóticas y eso no se entrenaba y no era justo.
Hanzo disimulaba muy mal la risa cuando llegaba quejándose de dolores en partes del cuerpo que no sabía que existían.
Ángela, Winston, Mei y Lucio estaban investigando, al parecer creían poder estabilizar a Reaper, al menos físicamente, alterar la nanobiótica que le hacía "disolverse". El efecto que eso tendría sobre su mente era impredecible, pero debería tener un efecto positivo.
El resto del tiempo seguían actuando como Overwatch y preparando la trampa para capturar a Reaper, de nada serviría tener una cura, o más bien una mejora para su estado si no podían apresarlo para inoculársela.
Jesse bajó del transporte, estaba agotado, la misión en Rusia había sido extenuante, y ODIABA el frío, todavía sentía este hasta los huesos. ¿A quien se le ocurría atacar Rusia en invierno? A todo el mundo, exacto. Lo único que le alegraba el viaje era que Mei había conseguido el número de teléfono de una preciosa máquina de destrucción rusa llamada Zarya y la risilla avergonzada de la científica podía iluminar un día de lluvia.
Si es que era un romántico. Le gustaba, no podía evitarlo.
Y Hanzo podía gruñir todo lo que quisiera sobre la falta de necesidad de usar apelativos cariñosos cuando era evidente que se hinchaba como un pavo si Jesse le llamaba "cariño mio" en público.
Arrastró los pies por la base y se dirigió a su habitación, solo quería una ducha caliente y dormir doce horas…
Nada más se abrió la puerta, Jesse notó el olor de la comida, Hanzo le esperaba repantingado sobre su cama, leyendo, a un lado una bandeja con un cuenco de fideos, la cama abierta. Hanzo se movió sobre la cama como una pantera y se lanzó a besarle.
- Yee-haw… hola, cariño…
- Llegáis tarde. - Hanzo elevó la rodilla entre sus piernas y presionó su entrepierna hacia arriba.
- Es una historia preciosa, verás, nuestra tímida Mei capturó la atención de una agente que…
Hanzo le acalló besándolo, y la verdad, no tenía queja alguna, aunque…
- Te adoro, cariño mio, pero estoy sucio y cansado y…
- Yo haré todo el trabajo, ¿me permites?
Si Hanzo no le hubiese sujetado por las manos se habría derretido hasta el suelo.
- Oh dios, si…
Una pelea con ropa después, Jesse estaba desnudo sobre la cama, el culo en pompa sobre unos almohadones y Hanzo encontrando con precisión su próstata con los dedos.
- Virgen santa…
Jesse apretó las sábanas con los dedos y separó más los muslos, Hanzo no hacía NADA a medias, ya fuera una felación o un beso negro o masajearle la próstata, el arquero no dejaba que nada le distrajese de su misión, en este caso hacer que a Jesse se le derritiese el cerebro.
- Hanzo…
- ¿Mmmmh?
Jesse casi perdió el hilo cuando Hanzo volvió a combinar sus dedos con la lengua, pasándola junto a estos sobre el ano, pero hizo un valiente esfuerzo y reconectó su cerebro y su boca.
- Estoy más que listo…
- Mmmh, ya no estás cansado. – Hanzo le palmeó el pene, que descansaba contra el almohadón.
- No seas cruel, cielo.
Y no fue cruel, en absoluto. Jesse disfrutó inmensamente mientras Hanzo procedía a cubrirle de una manera muy literal, tomándoselo con calma, sin prisa, moviendo la cintura a una candencia deliciosa.
Cuando terminaron Hanzo le arrastró a la ducha no sin cierto esfuerzo. Jesse se recostó contra su amante con sus suspiro de satisfacción. La vida era buena para el vaquero.
Se estiró en la cama y Hanzo se tendió a su lado, aunque a medida que pasaran las horas se movería hasta pegarse a él como un koala.
Cuando despertó unas horas después tenía efectivamente a su pareja sobre él, la cabeza en el hueco de su cuello y la mano sobre su hombro. No estaba nada mal. Respiró hondo, pasando los dedos por el pelo negro azabache, relajándose. Estaba a salvo, Hanzo estaba a su lado.
Jesse
McCree abrió los ojos como platos. ¿Deadeye? ¿Ahora? ¿Había algún peligro?
La sensación era extraña. Deadeye eran palabras en su interior, el mundo transformándose en un lejano oeste primigenio, pero aquello era diferente. Era como soñar despierto, pero Deadeye no estaba activado, el tiempo fluía, no había sed de sangre.
Había algo… una figura al borde de la cama, Jesse se sorprendió de no sentir miedo, porque era… como un perro despellejado, de brillantes ojos rojos. La criatura olisqueaba con curiosidad.
- ¿Jesse?
Hanzo debía haber notado el ritmo cardiaco acelerado, porque se tensó inmediatamente, su mano buscando un arma. O a juzga por el resplandor en su brazos, los dragones habían sentido algo.
- No… no es nada… creo que…
¿Jesse?
- Creo que Deadeye y yo estamos teniendo un momento de… ¿conexión?
Hanzo miró en la misma dirección que Jesse pero claramente no veía a Deadeye, no obstante asintió, creyéndole, se apartó de encima de él y se quedó mirándolo mientras Jesse intentaba no perder aquello.
- ¿Deadeye?
Estiró la mano, la criatura reculó igual que un perro al que hubiesen golpeado demasiadas veces, no tenía hocico en su cuerpo despellejado, pero acercó el morro y los músculos y el cartílago temblaron como si olisqueara la mano, luego le dejó tocarle.
No era agradable precisamente, al tocarlo Jesse sintió un bombardeo de emociones, de recuerdos, el miedo del hogar familiar, la primera vez que Deadeye se había manifestado, el parricidio… y todas las veces que el mundo le había traicionado y Deadeye había acudido raudo a matar para él… todos aquellos años sintiéndose inseguro de todo.
Por primera vez, incluso pese a las dificultades que aun quedaban, incluso con las dudas de si podrían recuperar a Reyes, sentía el suelo firme bajo sus pies. Deadeye sentía su suelo firme al fin… su suelo era Jesse.
El cánido descarnado se echó a su lado y se recostó. Tranquilo al fin, se desvaneció de nuevo. Jesse cerró los ojos y sonrió.
- ¿Buenas noticias?
- Parece que evoluciono favorablemente.
- Los dragones querían salir a verlo, he considerado que preferirías un poco de intimidad.
Jesse rodó y se abrazó a Hanzo con una carcajada. Oh si, la vida era buena.
La vida no era TAN buena.
La relación con Deadeye tenía sus vaivenes y los ejercicios de meditación se convirtieron en una odisea, Jesse podía estar tranquilamente respirando cuando se veía "absorbido" por ese mundo del mas allá espiritual. Cosas que antes solo había notado cuando desataba a Deadeye contra sus enemigos.
Pero poco a poco notaba como iba mejorando.
Ahora por ejemplo podía notar la tierra, bajo su cuerpo. Una parte de él estaba sentada en la habitación de Zenyatta, con Genji a su lado, otra parte estaba en la ladera de una montaña, la tierra era roja, el cielo azul, las plantas habían florecido y en la lejanía tronaba una tormenta, pero no avanzaba hacia ellos.
El perro despellejado rondaba a su lado, había otras criaturas, todas viajas conocidas, el escorpión, la serpiente de cascabel, el coyote, el águila… rondaban por la zona, como paseándose sin mayor preocupación. El perro despellejado se acercó a Jesse y se sentó a su lado.
¿Y si nos hacen daño de nuevo?
- Supongo que podría pasar, pero creo que podremos con ello.
La criatura apoyó la cabeza en su regazo y Jesse puso la mano sobre su cabeza, sin apretar, no creía que rascar el músculo desnudo fuese agradable, aunque Deadeye no manifestara incomodidad alguna.
Deadeye pareció satisfecho con la respuesta. Jesse miró a la criatura, horrible como era, y sin embargo no sintió repugnancia, era lo que vivía con él, era quien le había salvado tantas veces en el pasado, y él lo había tratado como le habían tratado a sí mismo, con miedo, como a un arma cargada.
Le alegraba poder arreglar aquello, no eran un arma que otros pudieran usar. Podían mejorar, podían arreglarlo.
Cuando volvió a sentir que estaba en el mundo real, Zenyatta y Genji le estaban pintando dibujitos en la cara con rotulador.
- ¡¿Pero será posible?!
Era la hora de la verdad, la misión estaba preparada, el equipo dispuesto. Todo el mundo tenía su lugar. Talon estaría allí. Reaper estaría allí.
Hanzo estaba a su lado.
Jack, Ana, Ángela, Genji… todos estaban listo, todos estaban de su parte.
Lo arreglarían. Deadeye susurró en su mente, eran uno en el campo de batalla, una única voz, un único objetivo.
Hoy no habrá sangre para el sol
No, no iban a matar a nadie, iban a salvarlo.
Nota de la autora: Se que no es un final propio de mí, suelo dejarlos más cerrados, pero en este fanfic ya he contado todo cuanto quería contar. Aparte tuve un bajón por temas de salud, nada grave pero muy aparatoso, y perdí el impulso inicial que no estoy recuperando.
En vez de escribir con desidia y hacerlo mal prefiero dejar un final abierto, pero con hilos ya cerrados, y dejarlo aquí.
Espero haber entretenido a mis lectores y que hayan disfrutado lo que ha durado. Un saludo.
