Holaaaaa...
Se que a pasado demasiado tiempo, pero es que me cambiaron mi horario de trabajo y ahora es un horario nocturno, tengo más responsabilidades y eso me tiene con el estrés al millón.
Este capítulo es única Y exclusivamente sobre él viaje de bodas y habrá lemon... No me maten Las admiradoras de Seiya por favor, esperó les guste... Y por favor digan si no se ve vulgar.
Los quiero, no me odien, los personajes son de Naoko Takeuchi.
Damely Frost.
Capitulo 27Luna de miel.
Serena iba muy nerviosa porque todo el viaje de bodas era un secreto para ella. Cuando le preguntó A Diamante éste había dicho mil cosas y nada concreto.
— No te preocupes estoy seguro que te gustará del lugar. — Era su respuesta.
Bajaron del avión y entonces pudo distinguir la Torré Eiffel a lo lejos, la miró embelesada por su majestuosidad en la lejanía y se volvió a su ahora esposo.
— ¿Te gusta? — Preguntó con una sonrisa.
— Es bellísima. — Respondió con emoción
Él sonrió al ver su mirada, las clases de Haruka y Michiru, no habían quitado aún su capacidad de asombrarse y maravillarse con todo lo que él le mostraba.
— Celebró que te guste, pensé que nuestra Luna de Miel, debía ser en un lugar romántico y me pareció apropiada la Ciudad del Amor. — Dijo mirándola con amor.
Él auto que los esperaba, se dirigió al lujoso hotel y como ya era costumbre los recibieron con reverencia y complacencia. Había veces que se sentía abrumada ante tanto servilismo.
Él joven abrió la suite y entro con su equipaje, encendió las luces y salió, Diamante le dio una generosa propina y se volvió a mirarla.
— Amor mío, por fin estamos sólos, como marido y mujer. — Dijo levantándola en brazos para hacerla entrar.
Serena se puso muy nerviosa, sus manos temblaban y parecía que fuera su primera vez, porque los dulces besos que él le daba, nunca habían despertado la pasión abrasadora que sentía cuando besaba a Seiya.
Su corazón latía muy deprisa, y sentía las mejillas arder de vergüenza, porque no se había puesto a pensar nunca en él día en que compartirían intimidad.
La depósito en él suelo y la miró a los ojos, escudriñando en su mirada sus más escondidos pensamientos, la soltó con delicadeza y salió de la habitación sin decir palabras, dejándola desconcertada por su abrupta salida.
— Señorita... En una hora, una persona del servicio pasará por usted. — Le dijo una voz en cuanto contestó él teléfono de la habitación, se había quedado dormida sin darse cuenta, cansada de esperar a que Diamante regresará y le diera una explicación por su extraño comportamiento.
Habían llegado muy tarde y después él se había ido, no supo hasta que hora se durmió. Ya era muy de mañana cuando entró la llamada.
— ¿Por mí? —
— Y En Unos Minutos una señorita le llevará sus alimentos y la ayudara a vestirse. — Contestó y colgó la amable voz masculina.
Unos golpecillos en la puerta la hicieron reaccionar y se acercó a abrir. Una joven con el servicio del desayuno y un hermoso vestido color plata y un estuche que contenía una gargantilla y unos pendientes de perlas, unas pequeñas tiaras a juego también estaban en otro estuche.
— Le ayudaré a arreglarse, en unos minutos estará listo su baño... Mientras termina sus alimentos. — Le Dijo Desapareciendo por la puerta del cuarto de baño.
Se recostó en la bañera y cerro los ojos, se había sentido tan desconcertada cuando Diamante salió, que se preguntaba si había hecho algo mal, reconocía que había sentido miedo, porque para ella era una situación desconocida el estar los dos solos, desde que se comprometieron, siempre había alguien con ellos, lo que lo convertía en casi un desconocido, Y sus pláticas siempre eran circunstanciales, le atraía mucho, y a quién no, su marido era tan atractivo, que solo estando ciega o estúpida no sentiría atracción por él, pero era algo más platónico que otra cosa, su enamoramiento era como quien ve a su ídolo de rock favorito, alguien que te gusta en la lejanía pero que nunca piensas que pueda ocurrir algo entre los dos.
Se vistió y la joven le hizo un sencillo pero elegante peinado suelto, dejando que su cabellera rubia se moviera con sutileza, las pequeñas tiaras las colocó en lo alto de su cabeza y después la maquilló de forma armoniosa, se veía muy hermosa y ella a veces se preguntaba si toda la ostentosa vida que llevaba no sería un sueño.
— Su alteza, Él Príncipe ya la espera. — Dijo el chofer ayudándola a subir al auto.
Llegó a un teatro donde cientos de personas elegantes se encontraban, cuando la vieron bajar del auto, dos hombres vestidos de negro la escoltaron al interior, la concurrencia comenzó a murmurar entre sí, preguntándose quien sería esa hermosa mujer, para tener ese tipo de atenciones.
Se encogió de hombros, recordando lo que había dicho Haruka tantas veces: Cuando los perros ladran es señal que vas caminando, y si debes aprender a ignorar las miradas de las personas, que siempre estarán pendiente de cada palabra o acción tuya.
Desdé que se comprometió con Diamante se había mantenido alejada de todos los reflectores, no quería que Seiya se Enterará de eso, sería como ponerle sobre aviso, por ello cada que salían ella ocultaba su rostro lo más posible, incluso el día de su boda el velo había cubierto su identidad y todos le decían La Princesa Desconocida, y así le gustaba a ella.
Pero no podía esconderse para siempre, aunque se viera como otra persona por fuera, en el fondo era la misma chica asustadiza que había limpiado mesas en un restaurante.
Parpadeo varias veces y se olvido de los demás, no estaba segura de que hacia ahí, su querido esposo no le había dicho nada, y no sabía que esperar.
Se detuvo en una Elegante puerta de caoba y otros dos hombres vestidos igual que los que la escoltaban, se encontraban ahí, al verla abrieron la puerta y se introdujo en el lugar.
— Te ves hermosa, no esperaba menos. Ven Cariño, aquí se vera bien. Espero que te guste la vista del escenario, y la opera. — Le Dijo mientras la guiaba a unos sillones cómodos.
— Yo... No se, nunca he estado en una Ópera. — Dijo Sentándose donde le indicó.
La Obra comenzó y aunque trataba de seguir lo que se actuaba en el escenario le era imposible, pues estaba actuado en un idioma que ella no comprendía, a ratos no podía evitar un leve bostezo que trataba de disfrazar, llegó un momento en que si logró entender lo que aparecía, la pareja al final terminaba en un beso, y no pudo evitar pensar en lo estúpido que resultaba, porque los finales felices no existían.
Ya no era la chica Alegré y vivaz, no creía en el amor, y menos en los hombres, todo era interés y conveniencia, porque era lo que habían buscado en ella. Sólo permanecían a su lado, mientras necesitaban algo de ella, después la hechaban de lado.
Un Apretón de manos y la sensación agradable que sintió cuando Diamante, depósito un tierno beso en ella, fue como un balde de agua en pleno rostro, era la señal para que confiará en él, ese hombre le había demostrado que era la excepción a la regla. Había sido Diferente a Seiya, y aun mas a Darién. Entonces... ¿Porqué se mostraba tímida y sensible junto a él? ¿Porqué ponía un muro entre ellos? Si seguía así ese hombre se cansaría de ella, nadie perdonaba su desapego y frialdad.
— Su Alteza... Una Señorita desea verlo. — Le dijo el guardia a su marido sacándola de sus sombríos pensamientos.
— No deseo ver a nadie. — Dijo el Príncipe Diamante.
— La señorita insiste. — Dijo el hombre tras salir unos minutos y regresar. — Dice que se llama Reih Hino, y asegura conocerlo, alteza. — Añadió.
Serena se puso rígida y miró a su marido con temor.
— Digale que estoy de luna de miel con mi esposa y no deseo ser molestado. —
Él hombre le dio El mensaje a Reih que no pudo evitar ponerse furiosa ante los desplantes del Atractivo Príncipe.
— ¡Idiota! ¡Usted no sabe hacer nada! — Y se retiró.
— Se Que aún no estas lista. Pero pronto tendrás que enfrentarla. — Fue Todo Lo Que Dijo.
La llevó a cenar a un exclusivo restaurante donde les habían apartadó un área solo para ellos, decorada con rosas y velas que despedían un aroma sensual que envolvía sus sentidos, un joven tocaba el violín con una delicada melodía que hacía que su corazón sintiera extrañas emociones, esa noche andaba muy sensible.
Llegaron al hotel y ella esperó que él hablará, pero sólo beso su frente y se dirigió a la puerta.
— ¿Hice Algo Malo? — Le preguntó al verlo alejarse.
Él se volvió A mirarla, por fin después de unos segundos de incómodo silencio, que a ella le parecieron una eternidad, respondió.
— Querida... Tú nunca harías nada malo. —
— Entonces... ¿Porqué me rechazas? ¿Porqué me tratas así? — Le dijo confundida.
— ¿No entiendo a que te Refieres? — Respondió.
— Ayer... Te fuiste, me dejaste sola... Y hoy te vas. — Dijo con voz temblorosa.
Él regresó sobre sus pasos y tomó su rostro entre sus manos.
— Serenity... Cariño... No te rechazó... Jamás lo haría, pero no puedo estar a tu lado sin querer tocarte... — Dijo deslizando un dedo por su cuello, con sensualidad. — Y al mirar tus ojos, siento que me tienes miedo, que pones un muró entré los dos. Eres tú quien me rechaza... Y eso es algo que no puedo soportar. —
Serena clavó su mirada azul en la gris y apasionada mirada de él, le era difícil aceptar que ése atractivo hombre, pareciera ahora un niño desamparado.
— Yo... No te rechazó, de verdad... Es sólo que... — Balbuceó tratando de ignorar lo que sentía.
— Cariño... Quiero que me desees, tanto como yo te deseo, que no puedas estar sin mis caricias... ¿Sabes la tortura que es para mi no hacerte mía? Sólo estando lejos de ti puedo soportarlo. Sí necesitas algo estoy en la puerta de a lado. — Dijo dirigiéndose a la puerta nuevamente y saliendo
Serena intento correr hacia él, pero sus pies se negaron a obedecerla, se tiró en el suelo y se puso a llorar, él tenía razón en todo, ella aún no confiaba en él, a pesar de que le demostró que la merecía, en él fondo de su corazón aún amaba a Seiya, y había pretendido disfrazarlo de odio, pero ya no más, ya era suficiente él tiempo que perdió por él.
Se levantó seco sus lágrimas y se metió a la ducha, sacó la diminuta ropa que Hotaru le había regalado para su noche de bodas y se la puso, tenía un esposó que la adoraba y que a ella le parecía atractivo, ese era un buen comienzo para un matrimonio.
No sabía a que se debía el impulso que la llevó a ir tras él, pero abrió la puerta y al entrar para su desilusión la cama estaba vacía.
— "He sido una tonta" — Pensó y apenas iba a salir cuando su voz la detuvo.
— Serenity... ¿Necesitas algo? — Le Preguntó y se acercó a ella con preocupación al ver su mirada llorosa.
Ella desvío la mirada, no podía pensar con Claridad, con su cuerpo de Adonis tan cerca y con la toalla alrededor de su cintura.
— Yo... Es que... Quiero estar contigo. — Dijo Por Fin.
Diamante abrió los ojos sorprendido por sus palabras e involuntariamente dio un paso atrás.
— No Te sientas obligada por estar casados... De verdad, no pretendo obligarte a nada. — Respondió tras unos segundos de silencio.
— Yo... Quiero hacerlo. — Dijo ruborizada.
— ¿Éstas segura? — Preguntó con un leve miedo ocultó en sus palabras.
— Completamente. — Dijo Serena dejando caer la bata al suelo.
— ¡Oh por Dios! — Dijo mirándola con ojos llameantes de pasión al ver la diminuta y sexy lencería negra.
Se Acercó a ella despacio, temeroso de asustarla y que se arrepintiera, recorriendo su hermosa silueta con los ojos.
— No te imaginas cuanto he soñado con este momento. — La Beso sutilmente tratando de controlar lo más posible la salvaje pasión que ella despertaba en él.
Ella correspondió a su besó, rodeando su cuello con las manos, sentía como la pasión de él la iba encendiendo también a ella, había pasado demasiado tiempo desde la última vez que estuvo con alguien íntimamente, desde... Seiya... Para ser Exactos, y a decir verdad, en ese momento su cuerpo le pedía caricias.
Diamante la guió entre besos a la cama, recorriendo su cuerpo con las manos, ansioso de sentir su cálida piel.
Serena cerró los ojos, sólo quería saciar los deseos Más íntimos que su marido estaba despertando en ella.
Él beso su cuello descendiendo hasta sus senos que estaban cubiertos por él delicado encajé, los jaló con los dientes y ella emitió un leve gemido, que lo encendió más, con manos expertas le desabrochó el sostén dejando al descubierto sus blancos senos, los miró extasiado y después los beso, succionándole lleno de pasión.
Serena dio un gemido placentero, haciendo que él se acercará al otro pecho e hiciera lo mismo, cerró los ojos para no pensar, sólo quería sentir y dejarse llevar por sus caricias. Quería sentirse deseada, enterrar para siempre su pasado... Quería olvidarse del único hombre que había amado.
Diamante fue besando su cuerpo, recorriendo cada centímetro del ansiado cuerpo, deseoso de conocer todos y cada uno de los secretos que escondía. Cuando ella sintió que ya no podía más, lo acercó a ella invitándolo a que la hiciera suya, él sonrió complacido y por fin entró en ella, dándole fin a su deliciosa agonía.
— Serenity... Amor mío... No te imaginas cuanto te amo y te deseo. — Murmuraba entre jadeos mientras sus cuerpos se acoplaban en una danza salvaje.
Ella no dijo Nada, se aferró a sus hombros y emitió un grito de placer, dando a entender que sus necesidades habían sido satisfechas.
Él también gritó, por fin había sido suya la mujer por la que esperó tanto tiempo, y eso había sido lo más maravilloso que le había pasado desde que la conoció.
Se recostó junto a ella y beso sus labios con ternura, después la cobijo en sus brazos y cerro los ojos, quedándose dormido. Feliz y tranquilo, seguro del amor de su amada Serenity.
Ella se Levantó tratando de no hacer ruido y se metió en la regadera, se sentía muy extraña y no sabía porque, le había gustado hacer el amor con su esposo, pero... Algo en el fondo de su corazón se lo reprochaba, y no quería analizarlo, porque tal vez no le gustará la respuesta.
— No sentí que te levantarás. Podías haberme invitado a la ducha. —
Ella brinco sobresaltada por la voz de su marido, que estuvo a punto de caer, pero él la detuvo evitando que cayera al suelo. Estaba tan ensimismada en sus pensamientos, que no sintió cuando entró.
— Jamás dejaré que caigas. — Le dijo sujetándola con firmeza.
— Yo... Este... Te estas mojando la bata. — Dijo ruborizada por estar Desnuda frente a él.
— Cariño eso es lo de menos. — Y la besó con pasión, dejando que el agua resbalará sobre su espalda.
Ella Involuntariamente se arqueó hacia él, sintiendo su sangre hervir de pasión, en esos momentos ella no tenía voluntad, estaba sujeta a sus deseos y a los de su marido.
Él tomó él jabón y comenzó a deslizarlo por su espalda masajeando suavemente su blanca piel, dejando que la espuma fuera recorriendo su cuerpo, haciendo que su piel se erizará por las poderosas sensaciones. Beso su cuello por la espalda, mientras con la esponja recorría sus senos, tallando sensualmente su piel, ella gimió y él la volteó para que lo mirará, la levantó y ella lo recibió con las mejillas encendidas por él deseó, la besó mientras la movía despacio, ella clavó sus uñas en su espalda y rogó para que fuera más rápido. Él se encendió y aceleró el ritmo, hasta que los dos alcanzaron él clímax a un mismo tiempo.
Una vez más hicieron el amor de forma arrebatada y salvaje, se habían entendido perfecto en la cama y eso, sumado a la adoración que él sentía por ella podía ser un buen comienzo.
Se Acostaron y ella le dio la espalda, él rodeó su cintura cariñosamente y la vio cerrar los ojos fingiendo dormir, por alguna razón intuía que su mente estaba lejos de él, no quería pensar que estuviera recordando a Seiya, ella lo odiaba, por eso se caso con él, porque lo había desterrado de su corazón.
— Tranquila cariño, te prometó que en cuanto terminé la Luna de Miel, volaremos a Tokio y te devolveré a tu hija. — Le Prometió al oído. Sí, seguramente estaba pensando en la pequeña que le arrebataron de su lado despiadadamente.
Ella suspiró profundamente y apretó su mano, la llevó a sus labios y depósito un tierno beso en ella, era su forma de agradecerle.
El mes que duró su Luna de Miel se fue rápidamente, habían recorrido toda Europa, paseaban e iban a clubes nocturnos cada día, un día el teatro, otro la Ópera o simplemente iban de la mano por la calle, recorriendo las tiendas, cuando pasaban por jugueterías o ropa de niños, él notaba cómo su mirada se ensombrecía recordando a su niña. No le quedaba más que apretar su mano y besar su frente.
Por las noches la pasión se desbordaba hasta que perdían la cordura, cuando se encontraba a solas pensaba que él hombre cortés, educado, elegante y dueño de si mismo, era completamente distinto al que pasaba las noches con ella, acariciándola con devoción y lujuria, desbordando pasión salvaje, pasión que la abrasaba y la hacía ser tan apasionada y salvaje que apenas se reconocía.
Él día de partir de su Luna de Miel llegó, ella estaba muy nerviosa, porque estaba a unas horas de viajar de regresó a Tokio, sólo unas horas la separaban de su hija, de su horrible pasado y de enfrentar al hombre que le había quitado su calidez.
Subió al avión temblorosa, sostenida sólo por la mano de su esposo.
— Tranquila, todo saldrá bien, me he asegurado de que estés en una situación ventajosa, que te permita tener el control sobre la situación. — Le Dijo en cuanto subieron al avión privado.
— Gracias... No se que haría sin ti, seguramente me habría tirado al vicio y la perdición. —
— Se que no sería así, yo confió en ti, se que jamás habrías hecho eso, habrías luchado contra Reih y contra Seiya para que te regresaran a tu hija. — Ella Se Recostó en su hombro y suspiro, se sentía segura junto a él.
Él avión aterrizó sin retraso, cuando bajo del avión se dio cuenta que por fin estaba dando el primer paso en él suelo donde su hija estaba, el momento de su venganza había llegado. Y no tendría piedad de Seiya y de Reih. Los Hundiría en la miseria más espantosa.
Me despido, esperó que la haya gustado, él siguiente capítulo esperenlo en dos semanas, lo prometo.
Besos.
Damely Frost.
