Holaaaaaaaaaa ¿Qué tal? ¿Cómo va su año? Bueno espero que bien, yo aquí con este capítulo que esperó les guste, he tomado sus ideas y las iré aplicando conformé avancé. Gracias a MarielaMolinaNuez por su apoyo e ideas, Nailemi225 tu idea también la voy aplicar. Si alguien más ha puesto ideas en otros comentarios por favor déjeme saber en éstos comentarios, plis, porque así no busco en los capítulos anteriores.

Bueno me despido, espero que les guste.

Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, sólo escribo por diversión.

Besos.

Dam Frost.

Capítulo 31

¿Eres Tú?.

— ¿Estás bien? — Le pregunto Diamante en el auto.

— ¡Feliz! Esa niña es tan dulce, y tan bella. Siento el corazón doler de la emoción que me dió al verla. — Dijo radiante de felicidad.

— Querida, pero... ¿Y si no es tu hija? —

— Lo es... Estoy segura... Pero para salir de dudas... Mira. — Dijo mostrándole un cabello rojizo, enredado en uno de sus dedos.

— ¿Le arrancaste un cabello? — Preguntó asombrado.

— Lo tenía en el hombro, cuando la cambie, yo sólo se lo quité. — Dijo orgullosa.

Diamante esbozó una sonrisa, parecía una chiquilla que hace una travesura.

— Ojalá todo salga como esperás. — Fue todo lo que pudo decir, no quería hechar por tierra sus ilusiones.

— Así será, con la prueba en la mano, ése canalla no podrá negarse a devolverla conmigo. Mi venganza... En realidad si recuperó a mi hija, no me importará lo demás. — Respondió.

— Molly nos veía muy extraño, ¿Crees que sabe quién eres? — Le dijo.

— No me preocupa, porque no tengo nada que ocultar, ellos no me reconocieron y eso es algo muy tonto de su parte. — Dijo entre risas,

— Si, que tontos. —

— Pero Molly sabe que soy Serena, era de esperarse, éramos muy unidas y me dió mucho gusto verla, me hubiera gustado ver a Lita también. — Dijo con pesar.

— Es una joven muy agradable, también me gustará verla. Si quieres invitarla a la suite, me dices para preparar que la reciban. — Dijo besando su mano.

— Así lo haré. Gracias por ser tan gentil y generoso conmigo. — Le dijo, recargando su cabeza en su hombro.

Él cubrió de besos sus cabellos, mientras continuaban el camino en silencio.

***

Cuando llegaron al hotel, el la despidió en la puerta con un beso y se fue a la otra habitación, Serena pensó que era extraño que no quisiera quedarse con ella después de la maravillosa mañana compartida.

No claro que no, él no podía hacerle eso, decidida a no dejarse vencer salió y despidió a los guardias de seguridad.

— Señores, pueden irse a descansar, mi marido y yo, ya no los necesitaremos por hoy, si algo necesita yo lo atenderé, que descansen y tengan buena noche. — Les dijo, ellos asintieron y haciendo una reverencia, se marcharon.

Después se metió al baño a refrescarse, y se puso una coqueta lencería, se enrolló una bata y salió rumbo a donde estaba su marido.

Su esposo estaba duchandose, así que buscó en la nevera de la habitación y saco una botella de vino, sirvió dos copas y se despojo de su bata, esperándolo en posición sugerente.

En cuanto la vio en la cama corrió hacia ella despojándose de la toalla, ella lo miró con admiración, pues su estupenda anatomía la dejaba sin habla.

— Querida, te ves preciosa. ¿Qué estamos celebrando? — Dijo con voz ronca, sujetando la copa que ella le daba.

— Qué encontré a mi hija y es maravillosa, que motivo mejor que ése. — Dijo feliz.

Él asintió y brindó con ella, era la primera vez, que veía sus azules ojos brillar con tanta intensidad.

Depósito las dos copas en el buró, y se recostó junto a ella, observándola extasiado en sus delicadas curvas.

— ¿Sabías que te amo? — Le Preguntó.

— No lo sabía, pero esperó que me lo digas o me lo demuestres. — Respondió con una sonrisa traviesa.

Él soltó una profunda carcajada y le besó los labios con delicadeza, acariciando las profundidades de su boca, provocándole intensas emociones.

Ella se arqueó a él, en un acto de entrega total, sometiéndose a las exitantes caricias que la hacían enloquecer.

— Querido... Te necesito justo en este momento. — Dijo con voz llena de pasión.

Él sonrió y comenzó a besar su rostro, descendió poco a poco por su cuello, haciendo erizar su piel, torturándola con sus labios, succionando los delicados botones color de rosa, que presidían sus senos. Descendió por su vientre besando cada centímetro de su piel hasta llegar a su centro, que ya estaba ansioso por recibirlo, observó su rostro contraído por la pasión y entonces decidió terminar con su tortura, entró en ella haciéndola gritar llena de felicidad.

Por primera vez desde que se casaron, tuvo la certeza de que no existía la sombra de Seiya, amenazando su felicidad.

— Serenity, eres mi diosa, mi reina, te amó tanto, que no se vivir sin tí. — Susurro en su oído.

— Diamante... Soy tuya, en cuerpo y alma. — Respondió entre gemidos de placer.

El pareció enloquecer con sus palabras y aceleró su ritmo, besándo su cuello, aspirando el suave aroma a rosas de su esposa.

Ambos gritaron sus nombres en un Torbellino de éxtasis, culminando su apasionada entrega.

— Estás celebraciones me encantan. — Dijo con la respiración agitada, recostándola en su pecho.

— Mi amor, estás noches las tenemos todos los días. Yo pensé que hoy no querías dormir conmigo, porque me dejaste sola y te veniste a esta recámara. —

— Corazón... Claro que quiero estar contigo todas las noches, pero pensé que estabas emocionalmente indispuesta, por haber visto a Seiya Kou. — Respondió con sinceridad.

— Eso no me afecta, sabes que te amo a ti ahora. Tú me has dado seguridad y amor desde que te conocí, tú y mi hija son mi vida y no hay espacio para nadie más. — Respondió ella besando sus manos.

— Tus palabras me hacen muy feliz... Pero Duerme ya Cariño, este día a Sido muy largo. — Dijo cerrando los ojos, somnoliento, se sentía plenamente seguro del amor de su Princesa.

Los dos días siguientes lo pasaron alejados de todo el mundo, pidieron no ser molestados y les dieron los días libres a todos, habían decidido pasar unos días como cualquier persona, sin escolta ni nada que llamará la atención.

Por la tarde, Diamante le pidió que se arreglará porque quería salir a dar un paseo.

— Te tengo una sorpresa, cierra los ojos. Ya verás cuando lleguemos. — Dijo mientras la subía a un taxi y entregaba un papel.

— ¿Qué es? —

— Si te lo digo ya no será sorpresa. Anda se buena chica y no preguntes, yo sé que te encantará lo que tengo preparado. — Dijo dándole un delicado beso en los labios. Eso bastó para que ella callará. — Ves... Que linda niña, muy obediente. —

El taxi se detuvo y el chófer la ayudó a bajar.

— Gracias... Es muy amable. — Diamante le dió una generosa cantidad y el chófer se fue más que feliz. — Ahora si puedes ver. — Y le quitó la venda de los ojos.

Serena abrió los ojos y lo miró sin comprender, estaba frente al restaurante del que la despidieran cuando conoció a Seiya.

— Entremos. Zafiro nos espera adentro. — Dijo guiándola al interior.

— ¿Qué hacemos aquí? No me gusta este lugar. — Dijo con resistencia al caminar.

— ¡Hermano! Serena... — Interrumpió Zafiro. — Bueno espero que tengan hambre, la comida de este lugar es muy buena, yo muero de hambre. —

— Pero... Este lugar no me gusta. Vámonos por favor. — Suplicó.

— Cuñada, no seas aguafiestas, mi hermano pensó que te gustaría este lugar. —

— Compláceme por favor, pide algo del menú y después nos marchamos. ¿Te parece? — Pidió Diamante.

Serena tomó el menú y lo abrió. Abrió los ojos como platos al ver que en el interior se encontraba un Título de propiedad.

— Pero... ¿Qué es esto? —

— Este lugar ahora es tuyo. Creí que te gustaría darle un lugar a tus padres. — Respondió.

— Pero... ¿Cómo? Ésto es demasiado, no puedo con tanta generosidad. — Dijo levantándose para abrazarlo y besarlo.

— ¿Qué haces aquí? — Pregunto el hombre que la había despedido años atrás. — No tengo nada para ti, aquí no tendrás empleo, y menos si te portas así de arrastrada con los clientes. ¡Vete! — Serena lo miró con las mejillas encendidas por la vergüenza. Y sorprendida también, ese hombre la reconoció, nadie lo había hecho a excepción de Molly.

Después recordó que llevaba unos jeans y camiseta, sus acostumbrados bombones en la cabeza, más cortos, pero los mismos a final de cuentas. Lo había hecho para que nadie los reconociera y pudieran pasar un día sin reporteros ni nada parecido. Su marido también iba muy atractivo con unos jeans rasgados, una playera blanca y sus hermosos cabellos ligeramente despeinados, dandole un aire sensual y atractivo que la hacía desear pasar sus manos sobre ellos.

— ¡Qué descortés de su parte! ¡Pídale una disculpa a la dueña! — Ordenó Zafiro.

— ¡Jamás! Está... No puede ser la dueña. Alguien así... No. — Dijo mirándola de forma despectiva.

— Le voy a pedir que le pida perdón a mi esposa. La Princesa Serenity del Reino de Plata. — Dijo Diamante rodeando su cintura.

Él hombre se quedó sin habla, ella no podía ser la dueña.

— Yo... Lo siento. No fue mi intención. — Balbuceó.

— Creo que no le escuchó bien. Dígalo con sentimiento y de rodillas. — Pidió Zafiro.

Él hombre no podía ni hablar, su cara regordeta estaba roja por la humillación. Miró a Zafiro para ver si era una broma, pero su expresión le hizo darse cuenta que no era una broma. Sus rodillas se fueron doblando ante la mirada atónita de Serena.

— ¡Basta! Ya es suficiente. — Concedió Serena.

— Mi vida, esté hombre te humilló, te trato de la peor manera. —

— Eso no me importa, yo no soy como él. Déjalo que se vaya. —

— Pero es que él... Está bien, que se vaya. Zafiro escoltalo a la salida, no quiero verlo, nunca más. —

Zafiro accedió y lo dejó ir. Cuando regresó Serena y Diamante se estaban dando un beso ante los aplausos de los asistentes.

— Señores la cuenta es gratis, gracias por su asistencia. —

Todos aplaudieron y Serena le dió la gerencia a una mesera que tenía dos empleos para pagar una carrera.

— Por eso te amo, por generosa. — Dijo el domingo por la noche.

— Gracias caballero. Hay que descansar, estoy exhausta. — Dijo bostezando.

Él la abrazó y ambos durmieron tranquilamente.

***

— Kelvin... Esa chica... La Princesa... —

— Es una chica muy bella, pero no sé compará contigo. — Respondió Kelvin.

— Eres un tonto, no me refiero a eso... Es que... Promete que no dirás nada. —

— Si lo prometó, no diré nada. — Concedió.

— La Princesa... Es Serena. — Respondió.

— ¿Qué? ¡¿Estás loca?! Ella... ¡No puede ser! ¡Serena está muerta! — Dijo mirándola confundido.

— ¡No me digas loca! — Dijo golpeando su hombro. — Yo la descubrí, eso cambia todo, Seiya evitará cometer el error más grande de su vida, casándose con Setsuna. Volverán a estar juntos y todo saldrá bien. — Prosiguió emocionada.

— Eso es imposible, ella está casada, y nada menos que con Él Príncipe Diamante, ¿No te diste cuenta que se lo comía con los ojos? No le hizo ninguna gracia que bailará con Setsuna. Ella está enamorada de Diamante, ya se olvidó de Seiya, incluso puedo decir que lo odia.

— Ella moría por él, no pudo haberlo haberlo olvidado. —

— Seiya la perdió al engañarla, la dejó ir y ahora esas son las consecuencias, lo que no me cabe en la cabeza es que por ese motivó abandonará a su hija recién nacida, haciéndose pasar por muerta. Eso es algo ... Es algo muy ruin, si no quería tenerla, bastaba con que hablará con Seiya, para que fingir algo tan horrendo, Seiya sufrió mucho, aún parece muerto en vida, ella es feliz con Diamante, él debería imitarla y ser feliz con Setsuna y la niña, porque no creo que le importe nada sobre ellos. —

— ¡Eso no es cierto! Yo no creo que sea así como dices, sí hubieras visto con cuánta devoción veía a la niña. —

— Tal vez son remordimientos. — Respondió.

— No son remordimientos, era amor puro y sincero. Estoy segura que hay algo más detrás de todo esto, y lo voy averiguar. —

— Deja eso por la paz, Molly, mejor hay que continuar con nuestra boda. —

Molly asintió y lo abrazó, no quiso decir más, pero iba a seguir con eso hasta descubrir lo que había pasado con Serena.

— "Se que Lita me ayudará, ella estará de acuerdo en que esto no es normal" —

***

Al día siguiente Serena y Diamante tendrían una junta muy importante con los tres hermanos. Serena estaba un poco nerviosa, a pesar de que Haruka y Michiru la habían preparado bien para esa reunión.

— Lo harás bien, eres una mujer preparada ahora, perdona que no te acompañe, pero debo llevar el cabello de la niña y el tuyo al laboratorio, Zafiro me acompañará, sólo irás con tu escolta. Déjame verte. — Dijo retirándose para contemplarla. — Te ves preciosa. — Dijo recorriendo su figura ataviada con un pantalón negro de vestir, una blusa color crema de diseñador, y su cabello rubio peinado en un delicado moño, que le daba un aire muy profesional y glamoroso.

— Gracias, esperó no defraudarte. — Y lo beso llena de pasión.

— Cariño... Nunca me defraudarás, en poco tiempo los tendrás comiendo de tu mano. Zafiro me espera, te veo después. — Y se fue con su acostumbrada seguridad al caminar. Serena suspiró, ese hombre tan atractivo y maravilloso la adoraba y ella sentía que sin él su vida y su mundo se derrumbaría.

Se había convertido en su fuerza, como el faro que guía a los barcos cuando están a la deriva.

***

Entró a la sala de juntas y ya estaban todos ahí.

— Buenos días. — Dijo a todos.

— Llega tarde señorita. — Dijo Taiki.

— Una Princesa nunca llega tarde, los demás llegan temprano. — Respondió.

— A que debemos está reunión. Tengo muchos pendientes. — Preguntó Seiya muy contrariado.

— ¿Avances para su próxima boda? — Preguntó Serena con ironía.

Seiya clavó sus ojos azules oscuro en los celestes de ella, indagando en las profundidades celestes de ella, algo se removió dentro de él, como si fuera una revelación.

— Querernos establecer unos puntos. — Dijo Taiki distrayendo su atención.

— Lo escuchamos. — Dijo Michiru.

Taiki y Yaten se miraron entre si, y siguieron ignorando sus palabras.

— Señorita... Es decir Princesa... No es necesario que venga todos los días, nosotros podemos hacer nuestro trabajo sin vigilancia. — Dijo por fin.

— Caballeros... — Dijo Serena levantándose. — Yo estaré aquí todos los días si es necesario aunque no les guste Taiki. — Dijo mirándolo retadora mente. — He decidido, que la corporación Kou, hará un centro de ayuda a mujeres adictas y en situaciones de calle. — Continuó hablando.

— Pero eso... Sería un gasto enorme. Es imposible. — Refutó Taiki.

— Consideró que pagamos más en impuestos y otras cosas inútiles. La labor social y altruista, viéndolo por el lado monetario, te reduce en un 60% el pago de impuestos, así que ese dinero es el que utilizaremos para esta labor y otras más que ya tengo planeadas, mis asistentes les harán llegar todos los archivos, no se preocupen su privilegiada vida no se verá alterada, es bueno a veces compartir algo de lo mucho que tenemos, ¿No le parece? — Preguntó, retándolo a que le dijera alguna negativa.

Taiki hizo una mueca y la miró a los ojos, le molestaba mucho el desdén con que los trataba.

— Creo que la junta ha terminado, y no olvide que aún está sujeto a nuestra aprobación, este proyecto. — Dijo Taiki.

— Estoy segura que lo aprobarán. Que tengan un buen día. Estaré unos momentos en la oficina que me asignaron. — Dijo dirigiéndose a la puerta.

***

— Buenos días Señorita Hino. —

— ¿Qué encontró sobre esa mujer? —

— Sabe... Creó que todo ésto, es como una novela de drama... Muchos cabos sueltos, hilos que se unen. — Respondió el investigador.

— Dígame que encontró sobre esa mujer, dejé de decir tonterías. — Le interrumpió.

— Bueno, pues... Encontré cosas muy interesantes sobre Setsuna Meió, pero encontré cosas aún mejores sobre usted... Cosas que valen mucho. — Dijo moviendo los dedos entre sí, insinuando dinero.

— No creó que haya encontrado nada sobre mí, soy una mujer de clase y dinero, no tengo nada que ocultar ¿Qué pudo encontrar sobre mí? —

— ¿Está segura que no hay nada que esconder? — Preguntó con voz burlona.

Reih se estremeció, pero siguió con su actitud altiva, fingiendo dignidad.

— Sólo déme la información de esa mujer, es lo que le voy a pagar, no hay nada con lo que usted pueda amenazarme. — Respondió extendiendo un cheque.

— Si cambia de opinión... Ya sabe cómo encontrarme. — Dijo tomando el cheque. — Aunque... Bueno él Príncipe Diamante también pagará muy bien por esta información, o tal vez Él joven Kou. — Añadió, y salió con una sonrisa burlona.

Reih se quedó helada, ¿Qué podría saber él de ella?

Se encogió de hombros, seguramente era una forma de obtener más dinero.

Reviso la información y una sonrisa maliciosa se curvo en sus sensuales labios. Esa boda no se llevaría a cabo.

Decidió que necesitaba unas compras y una sesión de SPA, si gastaba lo que estaba acostumbrada a gastar, esa Princesa la pasaría muy mal, y no podría decirle nada, porque era la dueña.

Contenta con eso se dirigió a la zona con las tiendas más exclusivas de la ciudad, dispuesta a derrochar el dinero que no se esforzaba en ganar.

***

— Lo hiciste muy bien Cabeza de Bombón. —

— Si, ninguno de ellos pensarían que eres Serena Tsukino, al oírte hablar así, tan segura de tí misma. — Dijo Michiru.

— ¿Qué es lo que has dicho? — Preguntó Seiya en la puerta.

Serena lo miró con la sorpresa reflejada en su rostro, al verlo ahí parado, mirándola con ojos acusadores y mirada interrogante.

***

¿Qué les pareció? Hay cosas como qué Serena ama a Diamante, pero bueno está a un paso de saber todo, sobre Seiya, así que será un poco confuso eso. Por favor no me maten, ya estoy en la recta final. Unos cuántos capítulos más y termina esta historia.

Los amo... Besos.