Hola... ¿Cómo están? Esperó que bien. Yo estoy bien, un poco cansada y continuamente me duele la cabeza, se me cae el pelo etc, si saben algún remedio para eso me dicen.

He leído comentarios de que me tardo mucho y así... Pero créanme que escribo tanto como puedo, a veces escrib hojas y cuando lo leo ya no me gusta y lo vuelvo a escribir, y así me voy hasta que lo terminó, quitando y poniendo mil palabras, tratando de escribir las imágenes que fluyen en mí cabeza, para que lo vean de la forma en que yo lo veo. Esperó que no me odien por eso.

Bueno aquí está el capítulo esperó que les guste, por ahí tengo una idea que me dió Nailemi225 y la aplicaré en el siguiente. Gracias a MarielaMolinaNuez por su apoyo e ideas, bueno ojalá que les guste.

Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi sólo escribo por qué me encanta.

Los quiero... Besos...

Dam Frost.

Capitulo 32

Mentiras verdaderas.

Seiya estaba muy impresionado con la forma en que la Princesa había tratado a su hermano, para él era divertido quitarle un poco lo pretencioso que era, y le parecía buena idea hacer algunas labores sociales, era inteligente y hermosa, la veía hablar y caminar muy segura de sí misma, como un bello cisne, con movimientos delicados.

En cuanto terminó la junta, sintió que quería verla de cerca, hablarle y decirle que apoyaba su idea, y que admiraba que se preocupara por otras personas

Todo ocurrió en cuestión de segundos. Iba a tocar la puerta cuando escucho algo que le Helo la sangre. Parecía un imposible.

— Lo hiciste muy bien Cabeza de Bombón. —

— Si, ninguno de ellos pensarían que eres Serena Tsukino, al oírte hablar así, tan segura de tí misma. — Dijo Michiru.

— ¿Qué es lo que has dicho? — Preguntó Seiya en la puerta.

Serena lo miró con la sorpresa reflejada en su rostro, al verlo ahí parado, mirándola con ojos acusadores y mirada interrogante.

Haruka y Michiru miraban a Seiya parado en la puerta mirándola de arriba a abajo con expresión atónita. Parecía que estaba viendo un fantasma.

— ¿Cómo se atreve a entrar en la oficina de La Princesa sin tocar. — Reclamó Haruka. — Además debe hacer una reverencia, ella no es cualquier persona. —

— Princesa... — Dijo con cierta burla, inclinándose, después se acercó.

— ¡No se le acerque! — Dijo Michiru, parándose frente a él, impidiendo que se acercará a Serena.

— Tenemos que hablar. — Dijo ignorando sus palabras.

— Tiene que irse. No puede estar aquí. — Volvió a decir Michiru.

— Pídeles que se vayan. Sabes muy bien que tenemos que hablar. — Repitió.

— Déjenme a solas con él. —

— Pero... Te puede hacer algo. Sabes que él no es de fiar. — Intervino Michiru.

— Al Parecer, me conocen muy bien. — Dijo Seiya con ironía.

— Tienen cinco minutos. — Dijo Haruka.

Seiya estaba tan consternado, su Bombón estaba viva. Aquella chica por la que pasó más de dos años de su vida, padeciendo, estaba ahí, frente a él, mirándolo con un brillo de odió en sus ojos azules, no sabía si estar feliz o furioso. Todo en su interior era un caos.

— ¡Vaya, vaya! Mirándote así, no pensaría que eres aquella chica que encontré limpiando mesas hace algunos años. — Dijo por fin, mirándola de arriba a abajo, dejando que él resentimiento ganará.

— ¿Qué esperabas? Qué fuera aquella chica ingenua a la que engañaste y que todos humillaban? Nunca pensaste que pudiera cambiar, que algún día sería diferente, siempre me viste como alguien muy poca cosa, para él gran Seiya Kou. — Respondió con un tono de amargura y enfadó a la vez.

— Eso no es cierto... Sabes que te amaba. —

— Tú no sabes amar, esa palabra le queda muy grande a tus labios. —

— A pesar de tu pasado, hubiera formado un hogar contigo. —

— A Diamante no le importó mí pasado, siempre me dió su amor incondicional, él si me supo amar. — Respondió y Seiya interiormente tuvo que reconocer que era cierto, él le había fallado.

— He pasado estos últimos años, añorando tu recuerdo, condenado a vivir en la más espantosa soledad, mientras que tú, vivías feliz en tu mundo de ensueño. No Sabía que eras tan ambiciosa, Taiki me lo advirtió miles de veces, y yo fui tan estúpido que no le creí.. —

— Ellos pensaron siempre lo peor de mí. — Interrumpió.

— No te bastó lo que yo pudiera darte, eso no era suficiente, querías más, un reino, dinero y poder. — Continuó ignorando sus palabras. — Fuiste muy hábil, me fingiste amor, para acrecentar el deseó del Príncipe Diamante, si te hubieras puesto en charola de Plata, no estarías en esta posición tan privilegiada en éstos momentos. Debo reconocer que eres muy buena mentirosa. — Dijo tratando con cada palabra de lastimarla y humillar la por todo el dolor que padeció.

— No tan buena como tú, en verdad me creí tus embustes y tú falso amor, tus caricias fingidas me hicieron creer en un amor que no existía, vivía cada día aceptando las migajas de amor que me dabas. Cómo un perrito faldero, que espera una caricia de su amó. — Se defendió.

— Ahora te vas hacer la víctima. —

— Claro que lo soy, fuí víctima de tu traición y tus mentiras, me usaste para tu absurda venganza, no te importó pisotear mi cariño. No me vengas a recriminar algo que tú hiciste. —

— Yo quise explicártelo, pero te fuiste sin escucharme, ahora entiendo que todo eso ya lo tenías planeado, pensabas huir con Diamante, haciéndome créer que te avergonzaba tu pasado. Tú también me engañaste. —

— Eso no es cierto. — Se defendió.

— Este era tu plan desde el principio, pero en tus cálculos no estaba tener un bebé. Pensaste que él no te aceptaría. ¿Verdad? Por eso la abandonaste, Dejaste mi cariño y a tu hija. En tu desmedida ambición, no te importó nada más. Lo que no entiendo es cómo él hospital de prestó para una mentira tan monstruosa. Fingir tu muerte fue demasiado perverso. Tras esa hermosa carita, se esconde un demonio de maldad. — Dijo posando una mano en su cara.

— ¡No busques excusas tan estúpidas! ¿Cómo puedes ser tan canalla para seguir mintiendo? ¡Tú! Qué me causaste el peor dolor al robarme a mi hija, no te bastó todo el daño que ya me habías hecho, tenías que darme el golpe final. ¿Dime que te hice? ¿Porqué te ensañazte así conmigo? — Gritó, ahogando un sollozo.

— Debes estar bromeando. ¿No sé de qué hablas? Si fuiste tú quien mintió. — Dijo mirando sus lágrimas que se esforzaba en ocultar. Eso le removió todo en su interior, nunca le había gustado verla llorar.

— ¡Vete de aquí Seiya! — Dijo Diamante, que había llegado avisado por Haruka.

— Él héroe a llegado, que bien aprovechaste lo ocurrido, se casó contigo después de todo. — Le dijo con sarcasmo.

— Te dije una vez, que sí tú no valorabas su amor, yo estaría ahí para valorarla. Fue tu error haberla perdido. — Dijo con voz calmada, cómo siempre, era alguien muy cerebral y seguro de sí mismo.

— Y tú estuviste tan a la mano para ayudar a una damisela en apuros. —

— ¡Vete por favor Seiya! — Pidió Serena.

Seiya obedeció de mala gana, pero lanzó una advertencia.

— Está no es la última vez que hablamos. —

— Nuestros abogados se comunicarán después contigo, mi esposa tiene todo el derecho de pelear por su hija. — Le dijo.

— Ella perdió ese derecho, al abandonarla. — Y salió sin esperar respuesta.

— ¿Cómo supiste que es mi hija? —

Diamante saco un sobre y se lo mostró.

— Pero... ¿Tan rápido? Estos estudios tardan. —

— Una de las ventajas de ser quién soy. El dinero abre muchas puertas, así que fue sencillo. —

— Si claro. — Dijo abrazándolo para buscar su protección.

— Amor ¿Estás bien? — Alzando su barbilla para mirar sus ojos azules.

— Si, estoy muy bien, ahora que sé que es mi hija nada podrá separarla de mi lado. — Dijo con determinación, tratando de esconder sus emociones.

— ¿Nos vamos? —

— Si... Aún tengo que ir a la tienda comercial, Reih necesita mucha vigilancia, si no nos dejará en la ruina.

— ¿Quieres que te acompañe? —

— Haruka y Michiru me cuidarán bien, has lo que tengas que hacer. —

— Está bien, si es tu deseó, así se hará, yo tengo que ir a los ductos de petróleo, sabés que es algo muy complicado para que tú vayas, no quiero que esos horribles hombres te vean y te deseen. —

— Mi vida... Yo sólo tengo ojos para tí. — Dijo posando sus manos en su cara en una caricia.

— Al igual que yo, y todos los hombres que no son ciegos. — Dijo besándola con pasión.

— Hm Hm. — Carraspeó Yaten y Taiki en la puerta.

— Disculpen Altezas, no quisimos interrumpir su "charla". — Dijo Yaten con ironía. — Pensamos que Seiya estaba con usted, Princesa. —

— Se fue hace unos minutos. — Dijo Diamante. — Nos retiramos, los veremos mañana. — Y salió de la estancia, Yaten y Taiki hicieron una reverencia. Odiaban hacerlo, pero era una cortesía irremediable.

Serena salió con la frente muy alta del brazo de su esposo, mirándolos con su acostumbrado desdén, cada que los veía sólo podía recordar la forma en que la habían tratado y no podía evitarlo.

***

Serena llegó a la tienda, y se dirigió a la gerencia, estuvo ahí por unas horas y al revisar los estados de cuenta descubrió que Reih había expedido un cheque por una cantidad importante, al checar el nombre de la persona descubrió el nombre de un hombre. Lo apunto y guardó todo como estaba, eso no le gustaba, además habían cantidades muy altas de tiendas y restaurantes que a ella le parecían un despilfarró.

Salió de ahí con un mal sabor de boca, pero ya tenía una idea en mente con ella. Le pidió al chófer que la llevará a casa de Seiya ante la desaprobación de Haruka y Michiru.

— No tienes nada que hacer ahí. Es mejor que regreses al hotel, tal como lo ordenó Él Príncipe Diamante. No debes hablar con ese sujeto. — Le dijo Haruka.

— Claro que tengo que ir, tengo que ver a mi hija, ahora que sé que esa niña es mía, tiene que estar a mi lado, es más, les pediré que me dejen sola. — Dijo obstinadamente.

— No podemos hacer eso. —

— Es una orden, el chófer regresará por mí. —

Haruka y Michiru se miraron entre sí, no les quedaba otro remedio que obedecer.

***

Al llegar a la Mansión Kou, no pudo evitar recordar la primera vez que llegó ahí del brazo de Seiya, le pareció que había pasado mucho tiempo de eso, tocó el timbre esperando que Lita apareciera, pero para su sorpresa fue Setsuna la que abrió.

Ambas mujeres se miraron con la sorpresa, reflejada en su rostro, ninguna de las dos, esperaba estar frente a la otra, se recorrieron con la ojos, mirándose una con celos por el grandioso parecido con su rival más temida, y la otra con enojó por tener su tesoro más valioso.

— Buenas tardes alteza. — Dijo Setsuna haciendo una reverencia. — A que debo su visita. — Preguntó invitándola a pasar.

Serena entró y la siguió al salón. Se sentaron, Setsuna la miraba con admiración por su belleza y elegancia, mirando sus blancas y delicadas manos con costosas joyas, debía reconocer que esa mujer era muy bella.

Serena también la miraba con admiración, era una morena muy sensual, su cuerpo tenía bonitas formas y su maquillaje discreto acentuaba sus facciones dándole un aspecto muy atractivo. Se sentó y cruzó la pierna, con un aire de mundo, tratando de intimidar de alguna forma a Setsuna.

— Supongo que sabes el motivó de mi visita. — Le dijo.

— No. — Respondió, pero intuía que no le gustaría su respuesta.

— ¿Seiya no te lo dijo? — Preguntó.

— Seiya se encuentra en la oficina. —

— Estoy aquí por la pequeña Chibi chibi, naturalmente, pensé que te había dicho que soy su madre. — Notó como la palidez cubrió el rostro de la morena y sintió un ligero placer, esa mujer tendría el lugar en la vida de Seiya, que a ella nunca le ofreció, y eso le molestaba involuntariamente.

— Eso... Es imposible, su madre está... Muerta —

— Esa es una tontería, Su madre soy yo... Y estoy tan viva, cómo que usted me está viendo. — Le respondió con voz fría.

— Chibi chibi. — La voz somnolienta de la pequeña interrumpió la conversación.

— ¿Dime cariño? — Dijo Setsuna y se inclinó hacia la niña para levantarla en sus brazos.

Serena la miró con anheló, esa niña era por la que llevaba tanto tiempo esperando.

Setsuna se la extendió para que la cargará, y la expresión de Serena la hizo sentir una profunda tristeza, esa mujer tan elegante sufría mucho, podía verlo a través de sus ojos azules, por la forma llena de devoción con que miraba a la niña.

— Hola pequeña. — Dijo Serena cobijándola en sus brazos, la cubrió de besos, mientras una lágrima resbalaba por sus mejillas, la niña puso su pequeña mano en su mejilla y limpió sus lágrimas.

— ¿Chibi? — Balbuceó, encogiendo el lastimado corazón de Serena.

Se dirigió a la puerta con la pequeña y Setsuna corrió hacia ella.

— ¿Qué hace? —

— Me la llevó, por supuesto. — Respondió.

— Usted no puede hacer eso. —

— Tengo todo el derecho. Es mía. — Y avanzó.

— Seiya se moriría. Él solo vive para ella. — Dijo interponiéndose en la puerta.

— ¿Y lo que siento yo? He vivido más de dos años añorando este momento, e querido tenerla en mis brazos desde él momento en que supe de su existencia. ¡APARTESE!— Dijo apretándola a su pecho.

— ¡No! Yo también tengo derecho, amó a esta niña tanto o más que usted. —

— Es imposible que usted la ame más que yo, yo la lleve en mi vientre, hablándole cada día, cada movimiento, esperando por verme en sus ojos. —

— Yo la siento tan mía, como sí la hubiera llevado en mi cuerpo... Es mi vida, e velado su cuna cada noche, cuidándola con esmero cuando a enfermado, no me diga que no tengo derecho. Por favor... Deme a la niña. — Suplicó.

— Usted es joven y atractiva, puede darle hijos propios a Seiya, se casarán y serán felices. —

— Usted tiene un esposo que la adora, también puede tener hijos, seguir el cuento de hadas que ahora vive. Pero no sé la llevé, tenga compasión de Seiya. — Volvió a suplicarle.

— Yo también era como usted, vivía para ver feliz a Seiya, lo amaba, sin embargo él me usó de la forma más cruel. No me pida que tenga compasión de él, porqué el no la tuvo conmigo, ya sufrí suficiente sin ella, es justo que sea egoísta ahora. ¡APARTESE!. — Dijo con firmeza.

La niña las miraba sin comprender, ajena a la situación, mirándolas con toda su inocencia.

— Ma... Má. — Dijo por fin extendiéndole sus brazos a la mujer que creía su madre.

Serena sintió su corazón partirse en mil pedazos, su hija no la quería. Con el alma rota le entregó la niña.

Cuando creía que todo sería felicidad, la vida la derrotaba, demostrándole que eso era imposible para ella. Una vez más Seiya ganaba.

— Seiya encontrará una buena solución, sólo esperé. — Dijo Setsuna con compasión, esa chica lo tenía todo, pero le faltaba lo más importante... Su hija.

— Esperar... En eso consiste mi vida... En esperar. — Dijo con ironía.

Se limpió los ojos y se dispuso a irse, escondiendo el dolor que sentía tras su mirada fría e imperturbable.

***

— Serena... ¿Qué haces aquí? ¿Podemos hablar?. — Dijo Molly, que iba llegando cuando salía de la mansión.

— Molly... Yo... No me siento bien, ¿Puede ser otro día? —

— Serena... ¿Te sientes bien? — Dijo con preocupación.

— ¡Oh Molly! — Exclamó, abrazándola.

— Serena ¿Porqué lloras? —

— No me preguntes... De verdad... Tengo que irme. —

— Por favor... Necesitó saber qué pasó. Te pido unos minutos. — Dijo guiándola por la parte trasera del jardín.

Se sentaron en unos cómodos sillones que estaban en el jardín y Molly disparo las preguntas.

— Serena... ¿Porqué te fuiste? —

— Molly, tú sabes lo que Seiya me hizo... Me sentí traicionada, usada. —

— Pero cuando Seiya quiso explicártelo tú ya te habías ido, no le diste tiempo de hablar. —

— ¿Qué iba explicar? ¿Qué me fingió amor para vengarse de Darién? Yo no tuve la culpa de lo que él hizo con su hermana. No merecía que me engañará. Pudo haber dicho la verdad desde un principio, pero no lo hizo, se portó de forma predeterminada, tejiendo una telaraña para atraparme. —

— Tuvo miedo que no lo ayudarás, que tú amor por Darién fuera mayor. —

— Eso no es justificación. —

— Lo se... Tienes toda la razón y no lo justificó para nada... Pero dime ¿Qué pasó en el tiempo que estuviste lejos? ¿Porqué te casaste con el Príncipe Diamante? ¿Ya no amabas a Seiya? —

— Cuándo me fuí de aquí, caminé mucho por las calles, sola, sin dinero, ni trabajó, con hambre y el corazón hecho pedazos, sentí mi mundo y mis ilusiones derrumbarse, estuve a punto de suicidarme, tirarme del puente y acabar con mis sufrimientos. Gracias a Dios, algo iluminó mi entendimiento, ahora sé que en el fondo era mi hija, luchando por vivir. —

— Lo lamentó mucho. — Dijo Molly con voz llena de emoción.

— Encontré trabajo en una cafetería y ahí viví hasta el día en que Seiya me encontró. —

— Ese fue el momento de arreglarlo todo... Él quería tu perdón, no sabes cuánto sufrió por lo que te hizo. —

— Cuando lo ví, sólo quería alejarme del dolor que él me provocaba, así que huí, no podía perdonarlo. Después... Me atropellaron, estuve entre la vida y la muerte, cuando volví a tener conciencia, el muy canalla había robado a mi pequeña. — Dijo con odió.

— ¡Eso no es cierto! — Le dijo Molly Alzando la voz.

— Molly, yo... Entiendo que no lo creas, el es familiar tuyo y yo soy una desconocida, pero es la verdad. —

— Serena... Yo fuí testigo de todo lo que él ha padecido por tí en estos años. Créeme que hay mucho de tú historia que lo crees de modo equivocado. —

— Serena... Cuando estuviste en el hospital Seiya estuvo ahí. —

— Lo sé, fue a robarme a mí hija. — Le interrumpió.

— No... Ahora entiendo que tu y Seiya fueron víctimas de una mentira, un plan demasiado elaborado. —

— ¿Qué quieres decir? —

— Todo es tan monstruoso... Créeme él a vívido estos años llorando tu recuerdo... A Seiya le informaron que habías muerto al dar a luz. — Dijo por fin.

Serena se quedó muda, escudriñando en sus ojos, tratando de ver si estaba mintiendo, pero los ojos miel de Molly, sólo demostraban que decía la verdad.

— Te aseguro que es la más absoluta verdad. — Siguió, interpretando su silencio.

— Pero... Eso es imposible, ¿Cómo es que creería algo así? —

— Le dijeron que sólo había sobrevivido la niña, y cuando quiso ver tú cuerpo, lo corrieron de ahí, diciéndole que también se la quitarían. Él tuvo miedo de perder a la niña también, así que se fue sin hacer más preguntas. —

— Al despertar estaba Diamante a mi lado... Cuando le pregunté por mí bebé, el no supo que responder así que fue a buscar al doctor y le dijeron que su padre se la había llevado y no había vuelto más. —

— ¿No creés que Diamante pudo haber planeado todo para quedarse contigo. —

— ¡Eso es imposible! Él es el hombre más bueno y generoso del mundo. Es incapaz de un acto tan vil. Él me dió su amor y protección cuando más lo necesitaba. — Lo defendió.

— Lo siento, es sólo que él fue quién más se benefició con lo ocurrido. —

— Pues él no fue. —

— Sígueme. — Dijo guiándola al sótano.

Molly la guío hasta un cuadro que tenía una sábana y le preguntó.

— ¿Sabés que es ésto? —

— No. —

— Hasta hace unas semanas esté cuadro tuvo el lugar de honor en la casa... — Le dijo quitando la sábana. Serena se sorprendió mucho al verse en esa pintura, era ella, su mirada de dulces ojos azules, su sonrisa cálida, hacía mucho que había dejado de ser esa dulce chica. — Cada día Seiya lo veneraba como si se tratará de un Dios... — Continuó. — Hablándole de día y de noche de la pequeña Chibi Chibi, de cosas que le pasaban, simplemente de todo... Él te adoraba Serena... Para mí era muy difícil verlo consumirse poco a poco, sufriendo en silencio por tu recuerdo, culpándose interiormente por tu muerte. Esa es la verdad Serena. — Terminó de hablar.

Serena no sabía que pensar de todo eso. Para ella era tan confuso.

— Cuándo supe que Seiya tenía a mi bebé, yo vine a buscarlo... Toqué y toqué, hasta que... ¡Eso es! — Dijo de pronto.

— ¿Qué? ¿Que ocurre? —

— Reih me dijo que estaban juntos... Qué estaba de acuerdo con él para vengarse de mí, y que mientras estuve aquí y él me fingía amor, se reía de mí en sus brazos... Que había abandonado a mi hija en un orfanato, que ella tenía una hija de él y que se irán juntos de viaje. —

— Esa es una mentira, él jamás estuvo con ella... Seguramente te dijo eso para evitar que lo vieras. —

— Esa es mi verdad... Ése es el motivo de mi odió. Ése es el motivo por el cual yo quería venganza... Quería aplastar a todos los que me hicieron daño, con humillaciones y desprecios, es decir... Seiya... Ahora... Ya no sé qué quiero... — Dijo llena de incertidumbre.

— Reih lo planeó todo... Eso es seguro... Pero ustedes se amaban, pueden hablar, aclarar todo, volver y... —

— Molly... Reih lo hizo porque nuestro amor no era tan fuerte, sus mentiras nos separaron porque se lo permitimos... Así que es imposible volver, nos hicimos mucho daño... — Le interrumpió. — Soy una mujer casada y amó a mi esposo. El destinó nos separó y no hay vuelta atrás... Así son las cosas ahora... Tengo que irme... — Dijo saliendo rápidamente para que no descubriera su confusión.

Molly se limpió una lágrima, Reih de alguna forma logró separarlos con esas mentiras.

***

Bueno espero que les haya gustado, y los quiero mucho... Gracias por leerme y por sus ánimos.

Una vez más perdón por mí tardanza, se que llevó años escribiendo este fic pero bueno ya está por terminar. Tal vez haga otro después de este o tal vez terminé los que ya tengo empezados.