¿Hola. Cómo están? Esperó que bien. Yo estoy bien, un poco cansada, últimamente estoy mucho tiempo, y luego mi mamá se enfermó y me dijo algo.
Él leyó los comentarios que me gustaron mucho y así ... Créanme que escribo tanto como puedo, tratando de escribir las imágenes que fluyen en mí cabeza, para que vean la forma en que yo lo veo. Esperó que no me odien por eso.
Bueno aquí está el capítulo esperó que les guste, por aquí tengo la idea que me dió Nailemi225. Gracias a MarielaMolinaNuez por su apoyo e ideas, bueno ojalá que les guste.
Los personajes que pertenecen a Naoko. Takeuchi sólo escribo por qué me encanta.
Los quiero ... Besos ...
Presa Frost.
Capítulo 33
Sombras en el corazón.
Rei estaba esperando en la sala de visitas, encendió un cigarrillo con impaciencia, mirando con desagradó el lugar.
Los hombres que estaban ahí estaban con la mirada, las palabras, los labios con el corazón, la mujer que estaba acostumbrada a los hombres con su exuberante anatomía, la sensación incomoda, la mirada oscura de esos sujetos.
- ¿Qué debo hacer para estar en este lugar? - Pregunto con una sonrisa burlona, por la forma en que se quita en su asiento.
Ella no miró con desagradó, su barba descuidada y una cicatriz en una mejilla, le indicó que no había pasado nada bien en los últimos años.
- Pensé que te interesaría una información. - Dijo sobreponiéndose rápidamente a su aspecto desagradable.
- Tú no puedes decirme algo que mar de mí interés. - Dijo ignorando su mirada altiva.
- Hmm yo creo que sí. - Dijo mostrando el periódico donde venía el compromiso de Setsuna.
Darién lo vió y apretó los labios con rabia, esa mujer se había olvidado de él, podía verlo en la forma en que se paraba junto a Seiya, ese hombre una vez más le quitaba algo.
— ¿Ves que si era importante? ¿Vas a permitir que se burle de tí? — Pregunto con cinismo.
— Estoy encerrado, no sé que más puedo hacer. — Respondió, si la manipulaba bien, ella lo sacaría de ese lugar.
— No tienes que manipularme... Tú y yo somos iguales, siempre buscamos nuestra conveniencia. Sí te ayudó a salir, será para desenmascararla frente a Seiya, en unos días vendrá un abogado para decirte lo que tienes que hacer. Ella se casará pronto y eso no debe ocurrir. —
— ¿Qué tiene Seiya? ¿Porqué haces todo esto por él? —
— Tiene algo que tu no... Si eres atractivo, eso ni dudarlo, pero él es... Cómo decirlo... Tiene dinero, eso es primordial, es guapísimo, y sobre todo, es un caballero con las mujeres... Es un excelente amante... Bueno ¿Necesitó decir más? — Dijo con voz burlona.
— Si... Eso es cierto, aunque me preguntó ¿Porqué te tomas tantas molestias por alguien que nunca te hará caso? Porque el prefirió a una mesera como Serena Tsukino, incluso a Setsuna, por encima de tí. ¿Qué tienen ellas que no tienes tú? — Respondió regresando el golpe.
— ¡Eres un imbécil! ¿Cómo te atreves a hablarme así? Sabes que puedo dejarte aquí. — Respondió trinando de rabia.
— Puedes... Pero no lo harás, porque te conviene que salga de aquí y arruiné los planes de boda. — Dijo con cinismo. — Y respondiendo a mi pregunta, te diré que ellas son más mujer que tú, tú solo eres una muy cínica y cara mujerzuela, muy bella, pero sin alma, y ellas son hermosas por fuera y por dentro... Bueno... Esperó noticias tuyas. — Dijo.
— Esa mujer murió... Hace dos años... Seiya fue el responsable. — Dijo antes de que saliera.
— No es algo que me importe. — Respondió tras unos minutos y salió de la sala de visitas.
Reih se levantó, aún sentía rabia por las palabras de Darién, pero era conveniente aliarse, así que debía sacarlo de ahí, siempre habría otro momento para vengarse de él, porque no permitiría que se burlará de ella.
Estaba muerta, como pudo no saberlo, nunca le dijo que la había querido en serio, en algún momento pensó que podrían tener un hogar... Pero su vicio fue más fuerte, logró meterla y así fue como logró que le diera dinero con su cuerpo, le era muy difícil verla con otros hombres, sólo podía soportarlo embrutecido en el alcohol.
Nunca pensó que ella moriría, y que Seiya fuera el causante, pero se vengaría de él, le haría pagar por lo que le hizo. Era un juramento.
Serena salió de ahí con la cabeza dandole vueltas, no entendía como es que había pasado todo, perdió dos años de vida sin estar junto a su hija por unas mentiras, mentiras que dieron frutos, por caer en tierra fértil como el corazón lastimado de ella y Seiya. Ahora comprendía que Reih había maquinado un plan tan perversamente perfecto, que resultó muy fácil llevarlo a cabo.
No sé dió cuenta en que momento había llegado al parque cercano a la mansión Kou, sintió un escalofrío de sólo recordar la última vez que estuvo ahí.
Le pareció ver a Seiya sentado en una banca con la mirada perdida en la nada, pensó que tal vez era producto de su imaginación y estaba alucinando, pero él se volvió a mirarla como si hubiera presentido su presencia. Decidió que era mejor irse por donde había llegado, no era conveniente verlo ahí a solas. Se dió la media vuelta para irse y su voz la detuvo.
— ¿Bombón? ¿Eres tú? — Dijo con incredulidad, acercándose a ella.
— Seiya... Yo... — Balbuceó, sin poder articular palabras, por verlo acercarse.
— Disculpa la forma en que te traté. No tengo excusas para mí comportamiento de está mañana. — Se disculpó.
— Yo también dije cosas horribles, perdón por eso... No debo dejar salir mis emociones. — Sabía que también era injusto lo que dijo, ya estaba al tanto de lo que había pasado y se sentía muy mal, por dejarse engañar por Reih.
— Recuerdo que eras una persona muy expresiva... En todo. — Dijo mirándola con añoranza.
Serena desvió la mirada, se sentía nerviosa con su cercanía y con la insinuación que encerraban sus palabras.
— Debo irme... Diamante me espera. —
— Bombón... ¿Estás enamorada de Diamante? — Preguntó, esperando que dijera que no.
— ¿Porqué me preguntas eso? — Titubeó.
— Solo quería saber si estás bien y eres feliz con él. —
Ella lo miró a los ojos y suspiró, después de unos segundos respondió.
— Si... Lo estoy. Y soy todo lo feliz que se puede ser, sin mi hija mi felicidad no está completa. — Era lo que tenía que responder. Aunque supiera que el sufrió por ella, eso no cambiaba nada. Su vida pertenecía a su marido. Lo de ellos estaba terminado desde que supo la razón por la que entró en su vida, desde que la había usado para vengar a su hermana.
Seiya sintió esas palabras como si fueran un puñal enterrándose en su corazón, y sonrió tratando de ocultar su dolor.
— Qué afortunado es, logró ganar tu corazón y tú fidelidad. Reconozco que todo lo hizo limpiamente. — Dijo por fin.
— ¿Y tú? ¿Estás enamorado? — Preguntó aún sabiendo que no debía preguntarlo, a ella no debía importarle lo que él hiciera, si se iba a casar era porque el amaba a la morena.
— Si... Muy enamorado, es un amor tan grande e inmenso, que no puedo describirlo. — Sus ojos se iluminaron al pensarlo, se refería a ella y a su hermosa hija.
Serena notó el brillo en su mirada y sintió una ligera molestia, el se había enamorado de Setsuna, eso era seguro ¿Porqué con ella nunca pensó en casarse y tener un hogar? Pero sobretodo ¿Porqué le molestaba eso?
— Me alegra que encontrarás el amor en Setsuna, parece una buena mujer, y obviamente jamás te avergonzará ante tus amistades, eres un tipo afortunado. — Dijo con voz amarga. — Tengo que irme. Adiós Seiya, que seas feliz. —
Seiya la miró e iba a responder pero la palidez de su rostro se lo impidió.
Serena se desplomó en el suelo y el corrió hasta ella, la levantó en brazos y la llevó a su auto, tenía que llevarla a atender a un hospital.
La miró con ternura, la amaba aún más que antes, después de mucho tiempo la volvía a tener en sus brazos, y a sentir su piel, su calor, el aroma de su cálido perfume, que era el mismo que tanto lo enloquecía, se veía hermosa, su rostro parecía de fina porcelana y sus espesas pestañas cubrían sus ojos. Se veía muy frágil, y para él en esos momentos volvía a ser la misma chica dulce, que conocía, y era una tortura darse cuenta que jamás volvería a tenerla. Que ahora pertenecía a un hombre que si supo valorarla, que con su amor y dedicación la había transformado en una hermosa princesa. Se daba cuenta que ella poseía una luz que los deseos de venganza le impidieron ver.
Diamante llegó al exclusivo hospital, en su rostro se reflejaba la preocupación por el bienestar de su amada, Seiya le salió al encuentro.
— Mi doctor la está atendiendo. —
— Gracias señor Kou, creo que ya no tiene nada que hacer aquí, puede irse. —
— Me quedaré hasta saber que está bien. —
— Para eso estoy yo aquí. A ti no debe importarte. — Respondió con calma.
— Es la madre de mi hija... Claro que me interesa. — Dijo sin inmutarse.
— Debes volver con tu prometida. No permitiré que la molestes. —
— ¿Tienes miedo? — Dijo con tono provocador.
— ¿Porqué tendría miedo? — Respondió sin comprender.
— Sabes que ella me amó. Eso debe asustarte, además soy el padre de su hija. —
— Su corazón me pertenece y es mi esposa ahora, a ti hace mucho tiempo que te olvidó. — Dijo con seguridad. — Y te aseguró que le ayudaré a recuperar a su hija. — Añadió.
— Jamás permitiré que me la quites. — Gritó, y se fue de ahí, aunque ardiera en deseos de estar a su lado, Diamante tenía razón, nada tenía que hacer ahí.
Diamante lo vió alejarse y sintió pena por él, era evidente que aún amaba a su Princesa, los papeles se habían invertido y era su esposa ahora, él era quien la tenía todas las noches en sus brazos, haciéndole el amor con pasión arrolladora.
Seiya debía aceptar su derrota y no intervenir de la misma forma en que el había respetado su relación de antaño.
Lo único que lo tenía intrigado era el porque estaba él con ella cuando se desmayó. No dudaba de su lealtad por ningún motivo, pero si le preocupaba su desmayó.
— Puede pasar, ya está consciente. — Le dijo el doctor.
— ¿Está bien? —
— ¡Si muy bien! Muy sana, debió ser el estrés o alguna impresión fuerte, pero mañana tiene que venir para realizar unos estudios y descartar cualquier posibilidad. Ya puede llevársela.— Dijo extendiendo una receta, Diamante agradeció y se situó dirigió a la habitación de su amada esposa.
— ¡Mi amor! — Dijo corriendo a abrazarla. — ¿Te sientes mejor? —
— Fue sólo un desmayó, nada de importancia, el doctor dice que ya me puedo ir. —
Él la cobijó en sus brazos y luego le dió un beso en la frente.
— Cuando me avisaron que estabas aquí sentí miedo de que algo te hubiera pasado. — Susurro en su oído.
— Eres un tonto, ¿Qué podría pasarme? Si estoy contigo todo está bien. — Dijo acercando sus labios, él la besó con pasión. No había duda, su corazón era suyo, y no tenía ningún rival, ni siquiera Seiya.
Serena se sentía confundida, todo lo que había descubierto la hacía darse cuenta que perdió demasiado tiempo anhelando una venganza que no le había permitido ver con claridad, había actuado igual a Seiya, cuando vengó a su hermana y sólo había conseguido destrucción, ella también se estaba destruyendo y a su marido también, porque en todo ese tiempo él le dió amor y apoyo incondicional, y ella no lo había valorado, estaba perdiéndose de amar verdaderamente a un hombre maravilloso como Diamante.
De pronto se sentía extraña, se había quedado vacía sin ese odió que creía sentir por Seiya, su corazón sentía dolor y compasión por él, por ese hombre que también había Sido una víctima de Reih, ambos se dejaron manipular por su maldad y ella fácilmente los separó para siempre.
Ahora su odió se recrudeció hacía ella, la dejaría en la calle y ahora sería ella la que rogaría compasión de rodillas.
Sus pensamientos se cortaron con la presencia de su marido, pudo ver el temor en sus ojos y sintió culpa por los sentimientos encontrados que tenía en su corazón. Parpadeo y los escondió tras una sonrisa, y un beso que callará las dudas que ella misma sentía.
Cuando llegó a su casa ya era muy tarde, suponía que Setsuna estaría en su habitación, pues desde que se comprometieron se había cambiado ahí, así que se fue a su despacho, no quería verla, porque no tenía ánimos de tener intimidad con ella.
Se desplomó en su sillón favorito y saco la vieja fotografía de su hermana, miró su dulce rostro radiante y una lágrima resbaló por su mejilla, sus deseos de vengar su muerte lo habían arrastrado al pozo sin fondo en el que se encontraba ahora, era una tontería seguir con la boda, no quería casarse, sentía como si tuviera una cuerda atada a su cuello, que se iba apretando más y más, impidiéndole escapar.
Tenía mucho tiempo que no bebía, pero en ese momento sólo quería hacerlo hasta perder la conciencia y olvidarse de la mujer que ya no lo amaba, pero que él aún idolatraba, pudo distinguir un cambio en su actitud de esa tarde en el parque. El rencor que brillaba en sus ojos cuando hablaron en la mañana había sido evaporado, podía sentir que incluso lo miraba con compasión y piedad.
Después de unas horas subió a su habitación, apenas si podía caminar, pero el dolor aún seguía ni el alcohol lo había borrado.
Vio a Setsuna acostada con lencería sexy, seguramente había estado esperándolo, y decidió borrar el amor de Serena en ella, la despertó suavemente y la besó con loco desenfreno, tratando de borrar los recuerdos que martillaban dentro de él, torturándolo.
Setsuna sintió mucha desilusión cuando vio que avanzaba la noche y no llegaba, por fin después de algunas horas el cansancio la venció.
Cuando volvió a tener conciencia las manos de Seiya recorrían su morena anatomía con pasión, se volvió hacía el en una total entrega, sintiendo si dolor y desesperación en cada caricia recibida, sufriendo interiormente por saber la causa.
Aún así se mostró más apasionada y complaciente que nunca, tratando con cada beso de aminorar el dolor de su prometido. Sin saber que esa sumisión, le acrecentaba el dolor y la culpa por no amarla como ella merecía.
En cuanto llegaron al hotel Serena le contó todo lo que había descubierto a Diamante.
— Fue Reih la que planeó todo, pero no entiendo cómo es que me hizo pasar por muerta. —
— Debió pagar a la enfermera, recuerdo que cuando preguntamos por ella, había renunciado, sin decir más, así que debió irse huyendo. Por temor a que la descubrieran.
— Tienes razón, eso debió ser. ¿Sabes? Hoy descubrí un cheque con una cantidad muy elevada a nombre de este hombre. — Dijo enseñándole el papel que escribiera.
Diamante sonrió ampliamente y se le quedó viendo.
— Cariño, eres muy hermosa, pero escribes espantosamente horrible. — Dijo entre risas.
— ¡Oye! — Dijo golpeando su hombro, le dió el nombre y el la miró a los ojos.
— Es un investigador privado. Él fue quien me ayudó a encontrarte en el restaurante de tu amiga Hotaru. Tengo entendido que es el mejor en lo que hace. —
— Me preguntó que le habrá pedido investigar. — Dijo Serena.
— Mañana mismo lo contacto para hablar con él, te prometo que nos lo dirá. —
— Gracias por ser tan comprensivo. — Dijo abrazándolo.
— Cariño... Que piensas ahora respecto a Seiya. — Dijo alzandole la barbilla con delicadeza.
— No se a que te refieres. — Balbuceó.
— Claro que lo sabes... Yo... Necesitó saberlo, ¿Aún quieres vengarte de él? ¿Aún lo odias? —
Ella se soltó de su agarre y le dió la espalda. Caminó unos pasos por la estancia, dando vueltas sin decir nada, ante la mirada atenta de Diamante. Por fin se detuvo y lo miró a los ojos.
— Ya no deseó vengarme de él, eso es seguro, y creo que ya no lo odió, la verdad es que mis sentimientos son algo confusos, creo que siento pena por él, porque creo que el aún está enamorado de mí, sé qué los dos fuimos víctimas de la maldad de Reih. Lo único que quiero es tener a mi hija en mis brazos. —
— Sientes compasión o amor por él. — Preguntó estaba tratando de que fuera sincera con él y con ella misma.
— ¿Tienes miedo? — Preguntó ella.
Era la segunda vez en ese día que le hacían esa pregunta.
— Te confieso que sí. — Dijo mirándola con desamparo.
Ella lo abrazó y le dió un beso apasionado.
— Seiya es una parte importante de mi pasado, porque el me dió el regalo maravilloso, que es mí hija... Pero... Tú eres mi presenté, el premio que la vida me dió después de mucho sufrir. Yo no te dejaría por él, porque nuestro tiempo ya pasó, ahora siento un poco de compasión por saber cómo se dieron las cosas, y a la vez tranquilidad al saber que mi hija a sido feliz en este tiempo. — Dijo cobijándose en sus brazos. Tratando de creer ella misma que no se habían despertado sus sentimientos por Seiya.
— Cariño, tus palabras me dan mucha felicidad, sabes cuánto te amo y deseo que formemos un hogar con tu hija, en nuestro reino. —
— No creó que Seiya me lo ponga fácil. —
— Haremos todo lo legalmente posible y llegaremos a un arreglo que sea mejor para la niña. —
— Gracias... Espero poder reponer el tiempo perdido, y te prometo que pondré mi mejor esfuerzo para hacerte el hombre más feliz del mundo, porque sé que está absurda venganza me impidió disfrutar al cien por ciento nuestro matrimonio. — Dijo guiándolo a la cama.
Él sonrió, ella lo amaba, eso quería creer, pero en lo profundo de su corazón, sentía el mismo miedo e incertidumbre que ella.
— Así que te casaste con Él Príncipe Diamante. — Dijo Taiki entrando a su oficina seguido de Yaten.
Serena se puso de pie y se irguió ante él y lo miró retadoramente.
— Buenos días Taiki, Yaten. — Dijo con fría cortesía.
— Lo supiste hacer muy bien, ahora eres una Princesa. — Añadió Yaten.
— Les voy a pedir que no entren a "MI" oficina sin anunciarse, y sólo hablaré con ustedes de asuntos relacionados con los negocios de mi esposo. Pero de ningún manera les importa mi vida privada. Ya no soy la chica asustadiza que tanto humillaban. Ahora soy una Princesa y les voy a pedir que me traten como lo que soy. — Dijo con altivez.
— Ya sacaste las uñas, eres muy hábil y ambiciosa, no te importó abandonar a la niña. Gracias a Dios Seiya se olvidó de tí, y se casará con una mujer que lo merece a él y a la niña. — Dijo Yaten con desprecio.
— No permitiré que pretendan humillarme otra vez, ¡Fuera de mí oficina! Y si no les parece la decisión de mi Marido, retiramos nuestro capital y tendrán que pagar todo el dinero que a invertido. — Les dijo con firmeza.
Yaten y Taiki se miraron y apretando los puños se retiraron, sabían que no tenían el dinero suficiente para pagar.
— La están molestando alteza. — Dijo Haruka.
— Ellos ya se van. — Dijo señalando la puerta.
— Con permiso alteza. — Dijeron entre dientes.
Habían pasado unos días, desde que Serena viera a Taiki y Yaten, ese día Serena no se sintió bien y decidió quedarse en la Suite.
— Cariño me preocupa esos malestares que tienes, el doctor pidió que te hicieras unos estudios y no lo has hecho. — Le regaño cariñosamente.
— He tenido muchos pendientes. —
— Te prometó que lo haré. — Dijo alzando la mano en señal de promesa.
— Debés cuidar tu salud, tanto trabajar te está haciendo dañó. —
— ¡Mi amor! Antes trabajaba más. Pero seré obediente. Lo haré. Hire al doctor, pediré a Haruka y Michiru que me lleven. —
— Altezas. Unas señoritas desean ver a la Princesa. — Dijo un guardia.
— ¿Esperás a alguien? — Preguntó Diamante.
— No... Que pasen por favor. — Dijo al guardia.
— ¡Serena! Estás estupenda, me alegra que no estés muerta. — Dijo Mina, extendiéndole los brazos.
Amy le dió un pellizco y rodó los ojos resignada, ante las imprudencias de Mina y también la abrazó.
Diamante las miró divertido de sus comentarios, esas elegantes mujeres le simpatizaban.
— Serena... Disculpa que llegáramos tan temprano, es sólo qué escapamos a nuestros maridos, ellos no querían que te habláramos. —
— ¿Y porqué no quieren que hablen con mi esposa? —
— ¡Príncipe Diamante! Es un gusto verlo también. — Dijo Amy y lo abrazó.
Él correspondió el gesto con una sonrisa pero sin dejar de mirarla, esperando que le respondiera.
— Ellos pasaron todo este tiempo viendo sufrir a Seiya, y no olvidan fácilmente lo que pasó. Es eso. — Dijo Amy por fin.
— Yo igual, no olvidó todo el tiempo que mí Princesa pasó sufriendo por su culpa, aunado a la forma tan cruel en que la engaño. — Respondió Diamante.
— Nosotras sabemos que Seiya cometió un error... No lo justicamos para nada... Pero se arrepintió de él y lo ha pagado con creces. — Dijo Amy.
— No venimos a hablar de los errores, ni nada por el estilo. Sólo queremos verla y charlar de cosas de mujeres. — Dijo Mina palmeando su hombro para disipar la tensión.
Diamante soltó una enorme carcajada, ante la irreverencia de Mina.
— Cuiden a mi Princesa, porque no se ha sentido bien últimamente, tengo que ir a atender asuntos importantes, que tengan buen día. — Dijo besando sus manos, después dió un apasionado beso a su esposa, ante la mirada asombrada de ellas.
— ¡Oh Dios! ¡Eres una chica con suerte! ¡Ese hombre es guapísimo! Con él está claro, que el Príncipe azul si existe! — Exclamó Mina, llevando una mano a su pecho, en actitud de desmayó.
— ¡Mina compórtate! Yaten también es atractivo y mi querido Taiki también. — Le recriminó Amy.
— Deja de darme el sermón, por favor, Serena, ven vamos a charlar, hay mucho que contar. —
— Me sorprendió mucho el saber que estás viva, pero me alegra mucho, Lita se moría por venir, pero está indispuesta, ya sabes achaques comunes, porque que tiene 3 meses de embarazo. ¿Puedes creerlo? Se verá monísima con su pancita de embarazo. — Seguía hablando Mina, Serena no podía evitar morir de risa.
— Dejen que pida servicio de habitación, ¿Desean algo en particular? — Preguntó tomando el teléfono.
Amy puso la mano en su hombro y la miró a los ojos.
— Deja esa actitud ceremoniosa. Somos amigas, o yo así lo consideró, actúa normal. — Dijo Amy
Serena sonrió y las guió a su habitación.
Se sentó en la cama cómodamente y las invitó a hacer lo mismo.
— Gracias chicas, es agotador estar todo el tiempo actuando así. — Dijo estirándose en la cama.
— Por favor... Cuenta lo maravilloso que debe ser vivir con ese sueño de hombre y ser una Princesa. — Dijo Mina acostándose junto a ella.
— Mina... No le preguntes eso, mejor dí como es su país, imagino que es bellísimo. —
— ¡No seas aburrida! Él Príncipe es lo que importa. —
— Diamante es un hombre encantador. —
— Y te adora... Sólo vive por tí. Fuiste afortunada de que el se enamorará de ti desde que te conoció. — Dijo Mina.
— El afortunado es él... Serena, nosotras no sabíamos nada de lo que Seiya pretendía, cuando supimos lo que te hizo le dimos una buena reprimenda. Él sufrió por sus errores, te aseguro que no la tuvo fácil. — Dijo Amy.
— Yo sufrí mucho cuando todo sucedió, creí que moriría y que no podría seguir viviendo sin él, pero en cuanto supe de mi bebé, todo cobró un nuevo sentido. Creí que era mi premio por todo el sufrimiento que pase. —
— Serena... ¿Ya no sientes nada pues Seiya? — Le preguntó Mina súbitamente.
Serena se atoró el pastelillo que estaba comiendo y la miró sorprendida.
— ¿No entiendo porque lo preguntas? —
— Es solo que... Tienes la vida que cualquier chica desearía, vives como Princesa, y tienes un marido atractivo que vive para complacerte, y me preguntó si eso es suficiente, si con eso se borró el gran amor que sentiste por el. —
— Yo... Ya no siento nada por él, no me imagino lo que sería de mí si lo perdiera, se a convertido en mi razón de vivir. — Dijo evocando los ojos grises de él.
Amy no dijo nada, se daba cuenta que se sentía incómoda.
— Serena... Estás comiendo demasiado. — Dijo viendo que iba por el cuarto pastelillo.
— Tengo hambre... Estoy pensando pedir algo más. No sé, pizza o algo así, quiero comer cosas deliciosas. — Dijo tomando el teléfono.
- ¿No estarás embarazada? - Dijo Mina.
Serena tosió, y la miró como si estuviera loca.
- Es normal, son recién casados, y no hay nada malo. ¿Que malestares ha tenido? -
- Náuseas y unos niveles mareos. -
- Ves lo que te digo, deberías confirmar. - Dijo Amy.
Serena se quedó pensativa, no se había planteado un bebé, pero si eso era cierto Diamante se volvería loco de felicidad.
Esperemos que me perdonen por haber llegado tarde, y que no hayas aburrido este capítulo, los quiero. Gracias por sus ideas, y que se aplican mejor.
Presa Frost.
