Capítulo 2: El primer finde en Villenneé

—¿Qué es eso de que te han despedido? —preguntó Aelita.

Laura y William habían ido a verles, poco antes de la cena. El escocés se había pasado un buen rato consolando a su esposa. Después, sin verse muy capaz de decir algo útil, le había propuesto ir a hablar con Jeremy y Aelita, en un intento de conseguir su ayuda. La rubia habitualmente tenía un semblante serio, pero en aquel momento parecía que le habían comunicado que su hija Luna se había muerto en Venecia.

—Pues que ha hecho un trabajo maravilloso que le han decidido dar un descanso perpetuo… —comentó William—. Perdón, hemos estado mucho rato con Richard estos días, me ha pegado su estúpido sarcasmo…

—Por descontado —dijo Jeremy. Le tendió a su invitada una taza de tila, que ella aceptó. Pero no bebió. Se quedó mirando el interior humeante—. ¿Qué es lo que te han dicho?

—"Recortes en el presupuesto" —respondió ella—. Y el resto… no sé.

—Se le cayó el teléfono —dijo el escocés—. De todas formas, lo primero que habrá que hacer será denunciarlos… ¿dónde vas? —preguntó a Aelita, pero esta no respondió—. Pues eso… tenemos que ponerles en su sitio. No voy a dejar que nadie le haga daño a mi esposa.

Laura le sonrió tímidamente, pero le parecía costar demasiado esfuerzo, de modo que volvió a concentrarse en su taza. Le dio un trago a la bebida, y el calor reconfortó un poco el frío que sentía en aquel momento, a pesar del sol de la tarde. En ese momento apareció Aelita de nuevo. Le tendió una cajita a Laura.

—Creo que hace cinco años que no tiramos un teléfono… Si este te sirve de momento… —le comentó.

Si la rubia hubiera tenido alguna lágrima restante en su cuerpo, la hubiera soltado en aquel momento. Se levantó, y le dio un abrazo a la chica. Respiró fuertemente. Se sintió traicionada por el lugar al que había dedicado gran parte de su vida y sus esfuerzos. Sintió impotencia por no poder arreglar la situación. Sentía un montón de cosas negativas en ese momento.

Se sentó en la silla, y sacó de su bolsillo su estropeado teléfono. Sacó la tarjeta SIM, y la colocó en su nuevo dispositivo. Apenas estuvo encendido y configurado, un puñado de mensajes y de llamadas perdidas aparecieron en la pantalla. Esperanzado, William miró con atención, pero Laura negó con la cabeza.

—Por lo que veo, no soy la única que se han cepillado… una compañera en excedencia, dos colegas de vacaciones… oh, no, Nuria estaba de baja por maternidad… hijos de… —se calló en el último momento—. Tomaremos medidas. Hablaré con todos ellos, será una demanda conjunta.

—Perfecto. Y Laura, si necesitas ponerte a trabajar… sabes que me puedes pasar tu currículum —dijo Jeremy—. Con tu experiencia, te podrían contratar donde estoy yo.

—¿Y si no lo hacen?

—Te recomiendo yo, sería raro que no te admitieran.

—Gracias —susurró ella.

—Gracias, amigo —dijo William, y le tendió la mano—. Creo que ya hemos abusado bastante de vuestra hospitalidad. Nos vamos a ir…

—¿No os quedáis a cenar? —invitó Aelita.

—No, gracias… me quiero retirar temprano —dijo la rubia—. Muchas gracias por todo.

Salieron de la casa, y emprendieron el camino de regreso a la suya. Mientras subían por la cuestecita, pudieron escuchar las voces de Jeremy y Aelita dentro de la casa.

Y ahora que hablamos de trabajo… ¿has considerado…?

—Sí, gracias —respondió ella, bastante tajante.

William le pasó una mano por encima de los hombros a su esposa, y subieron hasta su hogar. No hablaron durante todo el trayecto. Ya pondrían al día al resto de sus amigos con calma por la mañana, no había que informarlos a través de las ventanas de la pequeña villa. Cuando llegaron, William se puso manos a la obra con la cena, dejando a Laura organizando un poco su agenda para hablar con todos los damnificados por aquellos repentinos despidos.

—¿Qué voy a hacer, William? —le preguntó ella cuando el chico servía los platos.

—¿A qué te refieres?

—A que nos acabamos de mudar… La casa de la ciudad se autopaga con el alquiler, pero aquí necesitamos comer, lavar… esas cosas cuestan dinero, cariño…

—Bueno, yo gano dinero, ¿verdad? —preguntó él—. No te preocupes. Puedo mantenernos durante mucho tiempo y no nos faltaría de nada.

Y lejos de animar a la chica, aquella frase le oprimió un poco el pecho. Ya habían pasado muchos años desde que la discusión con su padre la hubiera obligado a irse a vivir con William antes de lo pensado. Pero en cuanto había podido, había empezado a ganar dinero y aportar de igual a igual. No quería regresar a aquello.

La mañana tardó en llegar lo que duró la noche. Lo cierto era que, después de la paliza que se habían dado los días anteriores para llevar los muebles a las nuevas casas y adecentarlos, el grupo tenía de todo menos ganas de madrugar, por lo que aquel día probablemente ninguno desayunaría, sino que saltarían directamente a un almuerzo o la comida.

Pero en la relación de Dorjan y Odd, tan parecidos para algunas cosas, había una diferencia importante entre los dos, y es que mientras el primero era capaz de dormir en cualquier circunstancia, la luz matinal era algo que impedía al rubio descansar con tranquilidad. Y recibir en el rostro el saludo del sol por la mañana provocó que diera la vuelta buscando la oscuridad contra la almohada. Pero dio un giro muy brusco, y cayó al suelo. Un ronquido le indicó que su marido seguía durmiendo a pierna suelta.

—Para haberme matado… —comentó Odd, añorando la época en la que era capaz de dormir incluso de pie.

Pensando que debían haber considerado la orientación del sol y haber bajado las persianas, se asomó a la ventana. Tenía una vista muy buena de la placita que había debajo, y de las ventanas de sus amigos. Aunque no había persianas bajadas, sí mosquiteras. De todas formas, su mente voló mientras miraba de derecha a izquierda.

La ventana del cuarto de Wiliam y Laura… no estaba seguro si en la otra casa era el dormitorio donde dormían Alicia y Emily… la siguiente por supuesto que era del cuarto de Ulrich y Yumi… Y finalmente, la casa de los desconocidos que habían llegado el día de antes a Villenneé por sorpresa.

Un momento… Lexa, la vecina, era madrugadora, se había levantado. Pero ¿qué veía? ¡Se estaba quitando el pijama! Debía apartar la vista, no era ético ver… cómo al ropa caía al suelo desvelando aquellos bonitos senos… la chica parecía buscar algo para vestirse, sin preocuparle el nudismo gratuito. Localizó una camiseta y se la puso. Odd se tiró al suelo justo a tiempo, antes de que la chica mirase donde él estaba. Mierda… ¿qué le había pasado?

Reptó por el suelo, con mucho cuidado, y se levantó cuando estaba fuera del ángulo de visión de la chica. Abrió el armario y sacó una camiseta aleatoria. Se la empezó a poner, y disimuladamente, volvió a caminar hacia la ventana. Miró por el hueco, y vio que Lexa se había vestido ya. Le hizo un gesto de buenos días, que en realidad pretendía comprobar si ella se había percatado de su presencia. Debió no serlo, ya que Lexa le devolvió el saludo con una sonrisa. Qué maja.

Decidió que lo mejor era salir a la calle. Pero antes, una paradita en la cocina. Amó un poco más a Dorjan por dejar todas las noches la cafetera preparada. Se sirvió un vaso, buscó unas galletas en el armario, y salió a la calle a disfrutar del día tan bueno que hacía. Sí, así daba gusto. Un suave sol y una ligera brisa. Eso era vida, y no la ciudad.

No tardó mucho rato en tener compañía. Sonrió al ver a su amigo del alma saliendo de casa. Iba con una tablet en la mano. Se acercó a su amigo, y estrecharon las manos en señal de saludo. Ulrich se sentó a su lado. Odd le ofreció un trago de su vaso, pero el otro declinó.

—No voy a envenenarte —bromeó—. Te veo madrugando mucho, pensé que querrías descansar.

—Me encantaría, pero… por estos sitios se levantan bastante temprano, y tal vez sea un buen momento para ir a hacerme promoción —comentó Ulrich—. Estuve anoche mirando los sitios cercanos, mira.

Le mostró un plano detallado con una ruta marcada en azul. Había bastantes pueblos en el recorrido, incluso demasiados como para hacer toda la ruta todos los días, como le hizo saber.

—Bueno, dependerá de dónde les interese que trabaje —respondió Ulrich—. No voy a hacerme todo este camino a diario porque me moriría.

—Tienes coche —comentó Odd.

—Sigue sin darme la vida para tanto. Tampoco espero enriquecerme, con lo que gano en la consulta de la ciudad es suficiente. Con esto solo quiero ocupar el tiempo, ya sabes.

—Entiendo. Bueno, amigo, perdona que no te acompañe, pero quiero ir a conocer la zona. Que se de bien el día. ¿Yumi se queda?

—Sí, el lunes trabaja, va a reposar el fin de semana. Ha sido un poco matador… yo mismo debería darme un masaje.

—Bueno, conozco un sitio donde te hacen descuento por ser amigo —rió Odd.

Se acabó el café mientras veía a Ulrich ir a por su coche. Se sorprendió al verle enganchar la tablet a la ventosa del GPS, pero sí, la estaba utilizando como navegador. Desde luego, así no perdería la vista. En cualquier caso, él estaba listo para salir a caminar. Respiró profundamente y se puso en marcha.

Era poco después de comer cuando Aelita salió de casa. Jeremy se había quedado descansando, pero ahora ella tenía un pequeño asunto pendiente. Caminó hasta la casa habitada más lejana que había. Pero no tuvo la necesidad de entrar.

Sissi estaba en el jardín. Habían cubierto parte del suelo con unas sábanas, y habían puesto una piscina hinchable. Metida dentro de su bikini, la chica se había metido dentro, con la cabeza apoyada en el borde. Abrió los ojos al ver que alguien se acercaba.

—Te veo sufriendo —rió Aelita.

—Un poco… queremos poner una piscina grande, pero de momento, esto es lo que hay —respondió Sissi—. ¿Necesitas algo?

—¿Está Javier? Me han dado esto —sacó una llave antigua del bolsillo—. La llave del consistorio, la ha traído esta mañana un repartidor. Pensaba echar un vistazo a ver qué había dentro.

—Pues lo siento… se ha ido de pesca —dijo Sissi—. ¿Y Alicia?

—De picnic con Emily… no sé para qué se ofrecieron a ayudarme —bromeó Aelita.

—Espera, te acompaño —dijo Sissi. Se levantó y se secó con una toalla que tenía al lado—. Supongo que no pasará nada si voy así, ¿no?

—Claro que no. Vamos. Si acabamos rápido es posible que luego te acompañe —dijo la pelirrosa.

Caminaron hasta llegar a la plaza del ayuntamiento. Aelita metió la llave, y con cierto esfuerzo, consiguió abrir la puerta. Entraron, y un agradable fresquito las recibió. Llevaba, indudablemente, tiempo cerrado, pero no años. Como si alguien se hubiera hacía no mucho. Había una amplia recepción, como vieron, un par de salas equipadas con escritorio y sillas, y los servicios. Subiendo por la escalera, un despacho que conectaba con una sala de reuniones con una larga mesa.

Lo realmente extraño es que todo estaba limpio. Vale que los muebles parecían sacados de una serie de los años cincuenta, pero alguien había tenido que limpiar ahí dentro. Identificado el despacho de la alcaldesa, Aelita revisó los papeles que había por ahí.

—Mira esto —dijo Sissi, y le tendió a su amiga un papel que había en la mesa. Era una breve nota escrita con pulcra caligrafía. "Alcalde o alcaldesa, que disfrute de su lugar de trabajo. R. D.", decía.

—Qué majo por su parte… me imaginaba un sitio abandonado y sucio —comentó Aelita.

—Bueno, pues ha estado bien la visita por aquí… esto es comodísimo —Sissi se había sentado en un sofá para visitas, y se tendió finalmente—. Si te quedas trajabando hasta tarde te puedes quedar aquí a dormir.

—Porque mi casa está lejísimos —comentó Aelita, que podía ver su jardín desde la ventana. El pueblo parecía muy bonito desde allí—. ¿Nos vamos?

—No me hagas levantarme otra vez —pidió Sissi—. Esto es perfecto para echar una siesta.

—Vamos, perezosa —la instó Aelita—. Levántate —y le tendió la mano.

Sissi le dio la mano, pero para sorpresa de la pelirrosa se vio tirada hacia abajo, cayendo encima de Sissi. Esta la atrapó entre sus brazos y le dio un ligero beso. Aelita no se resistió. La chica y ella habían compartido muchos momentos, pero desde que habían empezado con la mudanza a la villa no habían podido tomarse un respiro. Se dejó hacer mientras la morena le quitaba la camiseta. Sintió sus cálidas manos contra su cuerpo, contrastando con la baja temperatura que hacía. Se quitó el pantalón y se tumbó con cuidado sobre la otra, y continuaron el beso.

—¿Deberíamos ir a un sitio más apropiado? —preguntó Sissi.

—Cielos, no —dijo Aelita mientras le desabrochaba el sujetador del bikini—. No puedes salir así a la calle —añadió mientras le quitaba la braguita.

—Es verdad… vas a tener quitarme el calentón aquí —pidió la morena—. Así por ejemplo… —susurró cuando los labios de Aelita empezaron a degustar sus senos—. Deja que… ooohh, sí…

La mano de su amiga se había escurrido suavemente por entre sus piernas. El índice de la chica se deslizaba dentro y fuera de su sexo, mientras que su dedo pulgar estimulaba convenientemente su clítoris. Sissi se encontraba paralizada por el placer, no podía resistirse, no quería resistirse. Aelita era tan delicada con ella, tan exquisita, que muchas veces se sentía culpable por no devolverle aquel placer con tanta intensidad, aunque siempre se esforzaba.

—Se me ocurre algo mejor —dijo la pelirrosa.

Se terminó de despojar de su ropa interior, que reposó en el suelo mientras ella se sentaba en el sofá. Sissi se echó encima de ella, y empezó a chuparle los pechos, permitiendo a Aelita acceso completo a su vulva con las piernas separadas. De ese modo se dejó hacer por la técnica maravillosa de su amiga, quien de vez en cuando se relamía los dedos, lubricándolos y provocando más placer por aquel doble ataque.

—¿Sabes cuánto te quiero? —preguntó Sissi.

—¿Cuánto? Dímelo —susurró la pelirrosa, mientras mantenía su índice introducido en el sexo de su amiga, y su pulgar le acariciaba el punto exacto del placer.

—Mucho… mucho… no… aaaaaah, no seas malaaaaah —gimió Sissi—. Por favor, sigue…

Aelita no necesitaba escucharlo. Se sentía poderosa desde su posición en la que le daba todo el placer a su amiga. Sonrió mientras la veía poco a poco llegar al orgasmo. Era tan tierno e indecoroso a la vez verla sometida a sus actos, desnuda con los ojos cerrados a punto de culminar… juntó sus labios con los de ella al notar cómo los espasmos de su cuerpo liberaban su clímax.

Pero la morena no iba a dejar a su amiga a medias. Le incidó que se pusiera en una posición cómoda, y Aelita optó por apoyar la cabeza en el asiento y levantar las nalgas, tentándola. Sissi se aproximó a ella y sin previo aviso empezó a lamerle su intimidad. Aelita se dejó llevar hacia el placer. De vez en cuando la lengua de Sissi se tomaba un respiro, siendo suplida por sus dedos, de forma que estaba siendo excitada en todo momento. Pasaron unos largos minutos y Aelita sentía cada vez menos fuerza en las piernas por culpa de aquello. Optó por darse la vuelta, con las piernas extendidas, permitiendo a Sissi acabar lo que había empezado. La combinación de su lengua con el acompañamiento puntual de sus dedos era delicioso. Se relajó unos momentos antes de liberar su clímax, muy poderoso, y sin que Sissi se detuviera en seguida.

—Nuestros padres están juntos, esto en teoría está mal… —comentó Aelita mientras retomaban el aliento. Estaban sentadas en el cómodo sofá.

—¿Significa eso que debemos dejar de hacer esto? —preguntó Sissi, sabiendo la respuesta de su amiga. Y sin embargo, por asegurarse, empezó a masajearle los pechos.

—Claro que no, boba. En realidad me apetece otro —rió. Y aunque había pretendido ser una broma, se vió tumbada y a Sissi poniéndose encima de ella.

Caía la tarde cuando Odd estaba dando un paseo cerca del río. Se había acercado hasta allí, y se había animado a meter los pies en el agua fresca. Había estado bien aquel día. El sitio le parecía más bonito a cada momento. Era como vivir en un retiro de vacaciones. Cierto era que le tocaría desplazarse para trabajar pero lo apaciguado de aquel sitio no lo podía encontrar en la ciudad, ni de coña.

Pensó que lo mejor sería volver, de hecho aquella noche le había prometido a Dorjan que él prepararía la cena. Y al menos tardaría quince minutos a pie, por lo que se alejó de la orilla y empezó a caminar. Se le ocurrió que sería buena idea comprar una bici de montaña.

—Madrugador, te olvidas las zapatillas —dijo una voz que no conocía.

Se fijó en ese momento. Lexa estaba por allí. Le miraba sonriente, con las manos en los bolsillos de un peto vaquero que llevaba por ropa. Una camiseta impedía que el rubio mirase tanto como había visto aquella mañana.

—Es verdad, gracias —dijo él, y se calzó deslizando el pie en las deportivas, sin necesidad de agacharse—. ¿Qué te parece Villenneé?

—Es diferente… nunca había vivido en pueblo. Pero Damien tenía aquí la casa de su abuela… Me llamo Lexa —se presentó formalmente.

—Odd.

—Es un extraño nombre —rió ella.

—Y yo sería millonario si me dieran un euro cada vez que me han hecho el chiste —respondió el rubio—. ¿Vamos?

—Vamos.

Caminaron durante una conversación muy superficial. Tanto que Odd apenas le prestó atención. Escuchó algo de que se habían mudado de ciudad en ciudad por trabajos temporales, o que un temporal se había llevado por delante una ciudad, no le importaba mucho. Lo raro de todo aquello era que se sentía muy cómodo con aquella mujer sin conocerla. Casi era como regresar a su época de estudiante adolescente, donde se conseguía llevar a todas las chicas de calle.

Pero ya no era estudiante, era un hombre casado con Dorjan. Y el sexo femenino… hacía mucho tiempo que las únicas mujeres con las que tenía ratos íntimos eran sus amigas del acuerdo. En su mente no podía dejar de hacerlo con ellas, a pesar de que hacía mucho tiempo que no miraba a otras féminas por su aspecto físico, o incluso por su mente. No.

Y entonces ¿qué había vuelto a aflorar en él al estar con Lexa? Porque era una mujer cañón. Desnuda estaba muy rica, pero incluso con ropa se sentía atraído por ella. Tal vez no era un tema de haberse apagado en ese sentido, sino de no haber conocido a una mujer que volviera a despertar ese deseo ardiente de yacer con una chica.

—¿Y tú a qué te dedicas? —preguntó ella. Jadeaba un poco, en parte debido a que Odd no había conversado mucho, dejando el pecho de la charla en ella. Ya se distinguían las primeras casas del pueblo… y casi las últimas.

—Soy especialista en montajes de locales de imagen y sonido —contó, intentando centrarse en la conversación—. Hace muchos años hacía música, y estoy volviendo a probar.

—¡Mola! ¡A ver si me tocas algo!

"Lo que tú quieras", estuvo a punto de decir, pero se mordió la lengua en el último momento. Subieron por la pequeña pendiente hasta sus casas, y allí en la placita se despidieron con un gesto de mano. No estaba mal, nada mal. Pero había alguien esperando en casa, alguien que iba a esperar todo su amor esa noche.

—Pensaba que iba a tener que pedir una pizza —bromeó Dorjan al ver entrar a su marido en casa.

—No… pero en su lugar ha venido mister sexo —respondió Odd.

—¿Tanto te apetece?

—Mucho.

—¿Y cenar?

—No tanto.

—Ni a mi. Vamos, que quiero mi postre —apremió Dorjan, y subieron al dormitorio al trote.

El domingo pasó de forma muy perezosa. Algunos se animaron a sacar cosas al jardín. Mesas, sillas… no eran los muebles que estaban en mejor estado, pero les servían para estar por allí. El mejor momento fue al ver que Lexa y Damien regresaban en coche a la ciudad (esta vez conducía él el vehículo), por lo que al ver el coche a lo lejos, no perdieron la oportunidad de hacer un pequeño nudismo por la ciudad.

—La verdad, se siente una libre pudiendo hacer esto… —comentó Emily. Ella se había limitado a salir sin sostén a la calle, y había puesto una silla en la Plaza del Consistorio. Desde su posición podía ver perfectamente a William exhibiendo su cuerpo, y también a Yumi que se había animado a salir mostrándose—. La verdad, no sé por qué no lo hacemos más… el nudismo no es algo malo.

—El único problema es que no podemos ir descalzos… o nos quedaríamos sin pies muy rápido —dijo William.

—Vaya… siempre te ofreces a sujetarnos los pechos, podrías ofrecerte a llevarnos a caballito —bromeó Yumi, con una leve sonrisa. Sus amigos también rieron—. ¿Qué tal está Laura?

—Creo que lo lleva un poco mejor. Saldrá de esta. El lunes va a ver a un abogado laboralista —explicó él—. Confío en que esto se arregle pronto.

Yumi también lo esperaba. Miró a Emily, y esta le lanzó una sutil indirecta de deseo. No estaría mal montárselo con ellos dos allí… pero tal vez, el sexo en la calle deberían limitarlo, al menos, a las propiedades privadas. Aunque aquello incluyera los jardines. "Ya tengo propuesta para la alcaldesa".

Pero el momento más duro de los días siguientes fue tener que levantarse para ir a trabajar. No todos a la vez, claro. sus horarios y distancias no eran similares. Según se veía gente irse de allí, el pueblo parecía muy vacío. Aunque claro, también lo era el edificio donde habían estado viviendo durante tantos años. Era una nueva época para todos.

Samantha había pasado su trayecto en tren repasando las notas de los pacientes del día. Una pareja que había caído en la rutina, otra pareja en la que todo lo que él quería de sexo la otra se veía sobrepasada, una persona que no se había identificado porque sentía fuertes impulsos todo el tiempo… Sería un día interesante.

Cuando el tren se detuvo, caminó hacia su nueva oficina. La tenía desde hacía poco, era más íntima, pero mejor comunicada a todos los niveles. Autobús, tren, Metro… sus pacientes podrían llegar fácilmente a verla. Apenas en cinco minutos al salir de la estación había llegado.

Y lo primero era abrir el buzón. Publicidad, publicidad… Y tuvo que controlarse. Otra nota se encontraba allí. "¿Has huido, puta? Te encontraré igualmente", ponía. Se echó la mano al bolsillo, y sacó un mechero. Observó cómo el papel se consumía en el fuego. Se acabó. Ya no vivía en la ciudad. Y si iba a por ella a un sitio tan perdido, sería más fácil encontrarlo.


¡Hola! ¡Felikis actualizando apenas una semana después! ¿Qué ocurre, hemos vuelto al año 2013? ¿C'apachao? Tonterías aparte, he tenido ideas y tiempo suficientes para desarrollar el capítulo, y espero que os haya gustado ;)

Alejito480: La verdad, esta saga perdería la gracia cuando pueden ser pillados, no tiene mucho sentido eso siendo mayores XD Y no... el pairing de Odd con Aelita es cosa tuya ;)

Dita Moon: ¡Gracias! Espero que te guste también este capítulo :D Pero no escribo maravillosamente, solo escribo ;)

Moon-9215: Gracias! Los personajes han entrado en la mediana edad, lo de dejarlos paralizados me parecía irreal para la historia que voy a contar... Aunque en mi cerebro se mantienen con el mismo aspecto xD

Con un poco de suerte el ritmo de actualizaciones se mantendrá más o menos constante. Espero que os guste esta nueva trama que apenas empieza :) Lemmon rules!