Capítulo 4: Dudas y problemas, compañeras de la vida
La tarde de Odd había sido más interesante de lo que había pensado. Dando un paseo por los alrededores, buscando alguna explanada donde podría montar algún pequeño espectáculo de música y luces, había terminado cerca del río que había por la villa de algún modo. Y en ese momento, la había visto.
Lexa estaba flotando bocarriba en el agua, libre de todo pudor y de ropa, disfrutando de la soledad del ambiente. Miró embobado y se quedó más tiempo del que le hubiera gustado. Ella se dio cuenta de su presencia. Mierda. Pero mantuvo su característica sonrisa y le hizo un gesto para acercarse.
De algún modo, ya no tenía la ropa puesta. Maldición. Corrió para entrar en el río antes de que ella notase su pene. Nadó un poco, y fue seguido por Lexa. La rubia estaba espectacular. Y hacía tiempo que Odd pensaba que le recordaba a alguien, pero no caía en quién. No importaba mucho. Lo único importante en ese momento era mantener el cuerpo sumergido de cintura para abajo para evitar mostrar su erección. De pronto, Lexa nadó un poco lejos de él, y reposó la espalda en una roca lisa.
—Puedes venir, no voy a comerte.
"Yo sí que te comía…", pensó Odd, pero se ahorró el comentario en voz alta y nadó hacia ella. Intentó apoyarse en la roca, pero Lexa le atrapó y le hizo reclinarse sobre el cuerpo de ella. Aquello estaba mal, no podía acercarse tanto a ella y menos así… y debía impedir que ella le rodease con sus brazos y que empezase a masturbar su pene, y que le comiera la oreja… Lexa, no…
—No… por favor… —gimió.
—¿De verdad que no quieres?
Abrió los ojos de pronto. Tenía la respiración agitada. Parpadeó. Veía el techo de una casa. Levantó un poco la cabeza. Estaba en su habitación. Ladeó la mirada, y vio a su esposo. Este le miraba con una sonrisa, y se estaba dedicando a masturbarlo despacio. Aquella era la intensa sensación que Odd había tenido durante su sueño. Y en ese momento, pudo recolocar sus pensamientos tranquilo.
Había sido esa tarde la que dando un paseo se había encontrado con Lexa bañándose en el río. Y sí, había estado desnuda, pero en ningún momento se le había insinuado ni había ocurrido nada de carácter sexual entre ellos. ¿Qué le había contado? Que había estado muchos años atrás viviendo en una comuna naturista y que aunque al final habían decidido marcharse y vivir de nuevo con la sociedad, el cambio no había sido sencillo. Damien y ella habían ido trabajando de lo que buenamente podían. Se querían lo suficiente como para haberse ido juntos, pero no les gustaban las palabras "pareja", "relación", o "exclusividad". Eran compañeros.
Pero durante aquella conversación en la que Odd apenas se había metido en el agua con los pantalones remangados hasta que se pudo subir a una roca a sentarse, sus ojos se habían desviado más de una vez a admirar y desear el cuerpo de su vecina. En parte, puramente por aquel físico que tenía. En otra parte, veneración por aquel estilo de vida que no le hubiera importado tener a él. "Aunque mi comuna sería únicamente con mis amigos", pensó.
Como consecuencia de aquello, había soñado que tenía un acercamiento más profundo con ella. Y Dorjan que se había despertado por los gemidos y suspiros de su marido, se había percatado de la erección que lucía tan temprano por la mañana y había optado por ayudarle a relajarse. Ambos se dieron un beso tierno. Odd se dejó hacer.
—¿Con quién soñabas? —preguntó Dorjan—. ¿Con un amigo… con más de una amiga?
—Con… Yumi —respondió el rubio, improvisando—. Hace tiempo que no les invitamos a cenar, por cierto.
—Querrás decir que no les invitamos a follar —le corrigió el otro—. Parece mentira que sigas usando esos eufemismos tras tanto tiempo.
—Es que es más elegante —suspiró Odd.
Dorjan no se detuvo hasta que logró que su marido eyaculara. Le dejó ahí tendido mientras él se vestía. Ir a trabajar era un verdadero hastío, pero era viernes y empezaba el fin de semana y podrían hacer cosas más divertidas que estar todo el día encerrado en la oficina. De hecho, tenía algo que proponerle al rubio, que había recuperado el ritmo normal de respiración.
—Podrías ir a buscarme hoy después del trabajo —le propuso Dorjan.
—Por supuesto. ¿No vas a ir en coche?
—No, llegaré bien con el tren. Así que me puedes recoger… y nos vamos a cenar por ahí fuera.
—Mmmm, me apetece —dijo Odd. No habían salido a cenar por ahí desde que se habían mudado, y apetecía ir a un sitio un poco más lleno—. ¿Tienes algún lugar pensado?
—He reservado en Cibo de fantasia —respondió Dorjan—. Sé que tenías ganas de ir, y llamé para reservar. Los de la oficina tenemos cierto trato preferente con ellos —añadió orgulloso, sobre todo porque en un cincuenta por ciento, eso era gracias a él.
—No te merezco —sonrió Odd. Y en su mente, lo pensaba de verdad, por aquellos pensamientos que tenía en su mente. Le quedaba la tranquilidad de saber que nada malo ocurriría. Les vendría bien una noche fuera… y luego un buen revolcón. Y aún así el cuerpo le pedía un desahogo temprano. Dorjan en traje… imposible, no podía llegar tarde al trabajo. Se las debería ingeniar para tener un poco de sexo antes de la noche.
Pero ese día Dorjan no iría a trabajar en tren. Cuando salían ambos tomándose el café (a Odd le gustaba salir con él a la calle, aunque ese día no estuviera ocupado; siempre había rato para volver a la cama), apareció Javier con su coche. Nuevamente le tocaba ir al Kadic, y había decidido comprobar si algunos de sus amigos se dirigían hacia allá para no hacer el trayecto solo.
—Te dejo en sus manos —comentó Odd mientras Dorjan montaba como copiloto—. Espero que tu mujer no se preocupe.
—No, qué va. Ella ha salido ya.
—Joder, qué madrugadora.
—Ya ves. Pero bueno, dijo que se quería cuidar y hacer ejercicio, y eso incluye no remolonear en la cama —dijo con una sonrisa—. Luego te lo traigo.
—No hace falta, yo iré a por él.
—Oye, que habláis de mi como si fuera un niño que dejas al cuidado de la vecina —protestó Dorjan.
—¿Y no lo eres? —bromeó Odd.
Se dieron un beso y luego Odd miró cómo se alejaban en el coche. Pues él también sería productivo para hacer ejercicio, pero a su manera. Y de pronto pensó en algo que le apetecía mucho.
Por su parte, Sissi estaba cumpliendo con su rutina de ejercicios. Poco a poco, había empezado a correr más y más por aquellos bonitos senderos. Su intención, poco a poco, era la de poder llegar corriendo al pueblo de al lado. No llevaba tampoco exceso de peso. El móvil (atado cómodamente a su brazo) y una botella de agua era todo lo que iba con ella. Iba con los auriculares puestos, pero a un volumen muy bajito. Por allí apenas había ruido y no lo necesitaba.
Trotó un poco más. Una ligera subida, una bajada más pronunciada. Porras, tendría que subir eso luego en sentido contrario. Localizó un árbol que daba buena sombra. Sí, ese sería un buen sitio para descansar. Intentó no pensar en lo cansada que estaba. Un poco más y le daría un buen trago a la botella…
—Por fin… —jadeó. No dijo nada más mientras recuperaba el aliento. Sabía que no debía detenerse en seco, por lo que empezó a caminar alrededor del tronco de aquel árbol, que había resultado ser un naranjo. Y tenía fruta.
—Buenos días —saludó una voz serena que no tardó en reconocer—. ¿Caminando en la fresc
—¡Edmond! Qué sorpresa —dijo ella, y se quitó los auriculares—. Más que a caminar, a correr. Hay que mantener la forma.
—Supongo que un cuerpo así tiene un trabajo mantenerlo —comentó él. El comentario era un poco descarado a pesar de su tono tranquilo—. Tenga cuidado para no deshidratarse.
—Por favor, ya te dije que ni hace falta que me hables de usted. Y llevo mi botella, y mi móvil, si me pasara algo puedo avisar a mi marido o mis amigos.
—Eso está bien. ¿Te apetece una? —preguntó él, tomando una naranja del árbol—. No te preocupes. Llevo años por aquí y jamás he visto a nadie llevárselas en propiedad.
Ella le imitó y tomó una. La peló con cuidado y se comió un gajo. Qué dulce. Y además, sano, para complementar el ejercicio.
—Ya tengo avituallamiento para cuando salga a comer —bromeó.
—Me encantan las chicas deportistas —comentó Edmond.
—Uf… escucha… ya te dije que… estoy casada —comentó ella, suavemente.
—Oh, no pretendía incomodarte —él levantó las manos—. Me pasé de confianza. Creo que va con la edad, yo ya no tendré esas edad nuevamente.
—¡Venga ya! Si ese bastón es de adorno —rió Sissi, más relajada—. Aún te quedan unos años para ser un viejo.
Edmond rió. Le preguntó a Sissi si iba a regresar hacia Villenneé. Ella afirmó y le ofreció que volvieran juntos. Este no quiso estropearle el ejercicio, pues no podría correr. A ella no le importaba. Ya compensaría con alguna clase de yoga de Yumi. "Es muy atractivo", pensó ella mientras caminaban. "Si tuviera algún año menos… o nosotros alguno más, podriamos unirle al acuerdo". Se río en voz alta.
—¿Qué pasa?
—Nada, me acordaba de un chiste que me contó un amigo.
—¿Cuál?
—Chicos, ¿sabéis cuál es la música favorita de los trenes? —preguntó Odd—. ¡"Las cuatro estaciones"!
Ulrich y Jeremy se llevaron una mano a la cabeza. Su amigo seguía contando chistes malos y de algún modo, siempre superaban el anterior. Pero a Odd no le importó. Dejó bebidas en la mesa y volvió a por su mando. Les había invitado a echar la mañana con una partida a la consola, aprovechando que Ulrich ese día no tenía citaciones, y Jeremy descansaba por unas horas extra que le debían. Se sentó en el sofá entre medias de sus amigos.
—No sé para qué nos esforzamos —dijo Jeremy mientras empezaban a correr—. Odd tiene mucha práctica y nos ganará, como siempre.
Pero aunque su premisa era cierta falló en su conclusión. Odd jugaba errático, y cometió dos fallos que le costaron llegar cuarto a la meta, por detrás de un NPC incluso.
—Vale, tiempo —dijo Ulrich, dejando el mando en la mesa. Se apoyó de costado—. ¿Qué te pasa?
Odd les contó lo que había soñado aquella noche. Y ambos escucharon atentamente, aunque pensaron que su amigo se estaba tomando aquello a la tremenda.
—Vale, has tenido un sueño erótico con Lexa. ¿Y qué? —preguntó Jeremy—. No tiene nada de raro. Es una mujer atractiva.
—Ya, pero hace mucho que no sueño con mujeres. Es raro…
—Tú nunca has sido muy normal —bromeó Ulrich—. Pero te estás agobiando por nada.
—¿Y si ella me gusta?
—Bueno, te gusta una mujer, antes te gustaban todas. Hasta las que no veías —insistió el alemán—. ¿Tú quieres a Dorjan?
—Hasta la médula.
—Pues ya está. Tú no hagas el tonto con Lexa, limítate a ser buen vecino y ya está —concluyó Jeremy
—¿Y si el cuerpo me pide "mambo"?
—Pues ten "mambo" —dijo Ulrich.
Y en ese momento supo que aquello estaba planeado de antemano por el rubio, pues Odd había puesto una mano sobre la entrepierna de Ulrich. Y no podía ser un buen anfitrión si no hacía lo mismo con Jeremy. Eran invitados y de la misma categoría. Los dos intercambiaron una mirada. Vaya excusa se había inventado su amigo para echar un polvo.
—¿En serio has organizado este paripé para atraernos y tener sexo? —preguntó Ulrich. No le molestaba tener sexo con Odd. Le molestaba que fuera con indirectas.
—No es ningún paripé —aseguró Odd—. Es verdad que Lexa me ha traído de cabeza estos días… y pensé que a lo mejor un buen rato con mis amigos me ayudaría a relajarme…
—¿Y qué habías pensado? —preguntó Jeremy. A pesar de su pantalón, la situación le había provocado una erección que empezaba a crecer. En realidad, no le importaba mucho si le habían citado para eso. Odd solía ser muy bueno con el sexo.
—Solo quiero que me deis vuestro cariño —dijo Odd. Era la expresión que solía emplear para decir que se iba a dejar mover por ellos. Tenía la confianza suficiente como para dejarse hacer, jamás le habían dejado insatisfecho y no tenía por qué pensar que sería así en esa ocasión. Y recibió un poco del cariño de Jeremy con un beso en los labios. Le gustaba. Sintió la lengua de su amigo invadiendo su boca, y le dejó entrar, completamente sumiso.
Sintió que algo tiraba suavemente de él. Era Ulrich, que también le besó marcando quién estaba al mando. Era un poco el acuerdo tácito que tenían entre los tres cuando practicaban sexo. Ulrich era dominante, y los otros dos, sumisos en mayor o menor grado. No siempre era así y Ulrich se había dejado llevar en algunas ocasiones, pero ese día era lo que Odd quería. Estaba sometido. Y sonrió al notar las manos de Jeremy despojándole de la ropa. Gracias, pensó.
Se sentía mejor una vez liberado de la camiseta, pero no tenía sentido si no podía sentir los cuerpos de sus amigos contra él. Ellos lo sabían y por eso se despojaron también de la ropa. Se sentía en una nube con aquellos torsos pegados a él. Se entretuvo con los labios de Ulrich mientras Jeremy se ocupaba de quitarle el pantalón, y le acariciaba los glúteos. Apoyó la cabeza sobre una nalga, y le dio un ligero mordisco encima de la tela del boxer. Odd gimió. Era raro ver así a Jeremy, pero le gustaba.
—Creo que nuestro amigo te tiene muchas ganas —murmuró Ulrich—. Y no seré yo quien le quite la oportunidad —aseguró. No tenía importancia. Odd había empezado a quitarle el pantalón, y sentía su boca provocándole una erección a través del boxer. El chico era muy bueno. Tiró un poco más de la tela, y reveló su glande. Lo probó levemente con la lengua antes de terminar de desnudarlo.
El rubio estaba ahora apoyado sobre sus manos y sus rodillas en el sofá. Degustaba el sabor del pene de Ulrich. Despacio, tenían todo el tiempo que quisieran. Detrás de él, Jeremy le dilataba el ano muy despacio. De vez en cuando, rozaba a Odd con su erección, desde el perineo hasta su pequeña obertura, la cual estaba cada vez más dilatada. Sabía que estaba jugando con él… pero no podía aguantar un momento más. Al sentir de nuevo su glande en el punto exacto, movió hacia atrás sus caderas, provocando la penetración. Suspiró. Aquello estaba mejor.
Las manos de Jeremy se aferraron a sus caderas con cuidado y empezó un lento ritmo de acometidas. Ulrich estaba muy excitado. Odd sabía cómo usar su boca, y los gemidos que dejaba salir por las embestidas de Jeremy eran realmente morbosos. Tenía mucho aprecio por su amigo, y no únicamente por aquellas sesiones espotáneas de sexo. Jamás admitiría lo mucho que disfrutaba esas sesiones. Siempre decía que era por pasar el rato… y qué ratos más buenos. Empujó sus caderas con mucho cuidado. Odd dio vueltas alrededor de su erección con la lengua. Qué gusto.
A Jeremy aquello le volvía loco. El trasero de Odd estaba bastante apretado aquel día, lo que aumentaba las sensaciones sobre su propio pene. Se reclinó para besarle el cuello entre embestida y embestida. Qué bueno, qué cuerpo tenía. Acarició todo lo que pudo su torso, y atrapó su erección con la mano. Sometido, Odd jadeó. Jeremy sabía cómo masturbarle. "Si el mundo se acaba, que me pille aquí", pensó para sus adentros. Los movimientos de Ulrich y Jeremy iban sincronizados. Sintió que una buena cantidad de líquido preseminal emanaba de su pene. Estaba muy cachondo… se tomó una pausa con sus labios para decirles algo.
—No paréis… por favor… hasta el final… —les pidió.
No hizo falta que lo dijera más veces. Sus amigos también sentían muy próximos sus orgasmos y detenerse en aquel momento no les hubiera gustado. Ulrich dejó llevar sus caderas, y eyaculó su primera carga. Odd se sujetó a Ulrich en ese momento. Su sabor… indescriptible. Continuó lamiendo su erección hasta el momento en que Jeremy culminó también. Le sintió derretirse dentro de él. Jadeó. Sin duda, le habían dado un buen viaje entre los dos.
—Esto no se puede tolerar… —dijo Jeremy, una vez liberado Odd. sujetó su miembro, aún erecto, y se lo llevó a la boca para hacerlo terminar. El otro gruñó, sin poder moverse por aquel placer que recibía. Pero su sorpresa fue mayúscula en el momento en que Ulrich se puso al lado de Jeremy para ayudarle a hacerlo correrse. Apenas sintió la lengua del alemán sobre su glande, eyaculó sin poder remediarlo. Maldición… quería una sesión así una vez por semana. O al día.
—Esto ha estado muy bien… —comentó Jeremy—. ¿Aún no te has cansado? —preguntó, pues las manos de Odd volvían a jugar con toda su zona íntima. Pero esta vez se escurría su dedo por detrás de su perineo, alcanzando su ano—. Ya veo que no…
—No pretendía hacerlo pero… verte así me ha encantado —murmuró Odd. No podía moverse mucho. Sentía a Ulrich pegado a su cuerpo, la erección del alemán intentaba alzarse de nuevo por entre sus nalgas, una mano le acariciaba el torso y la otra jugaba traviesa con su erección—. Si me dejas y Ulrich me lo permite…
—Hazlo —le susurró en el oído—. Tú vas a ser mío también —añadió con una vez dominante, y un poco de preseminal volvió a emanar de la erección de Odd.
—Vamos, Odd… que me quedo frío —le instó Jeremy—. Hazlooooooooh…
El chico le había alzado bien las piernas. Ulrich le soltó para que se pusiera cómodo. Odd se dejó resbalar al suelo, y de rodillas empezó a lamer el agujerito de Jeremy. Deslizó su dedo dentro muy suavemente, preparándolo para lo que iría a continuación. Sonrió al darse cuenta de que el alemán le había seguido, y sobaba sus nalgas . El cielo debía ser algo parecido a eso, una orgía eterna de placer. Quien opinase que el sexo era algo demoníaco debía estar loco.
Cuando le tuvo preparado insertó su erección dentro de Jeremy. Le veía de frente a él, con las piernas alzadas. Sonrió en el momento en que el pene de Ulrich se abrió paso en su culo. Aquel sándwich le encantaba. Se dejó llevar por las embestidas del alemán por completo, dejándole llevar el ritmo. Ulrich le tenía bien sujeto por las caderas y se dejaba llevar por la situación.
Odd llevó una mano al pene de Jeremy y empezó a estimularlo con la mano. De pronto sintió algo raro. Era la mano de Ulrich, que le ayudaba a complacer a su amigo. Este sonrió, y alzando las piernas, las apoyó sobre los hombros de Odd. Ahora podía hacerlo como quisiera sin cansarse, y se dejó llevar por las nubes del placer sintiendo a s amigo resbalándose dentro y fuera de él. Eyaculó fuertemente siendo el primero, y los espasmos que sintió en aquel momento, contrajeron un poco sus músculos, aumentando el placer que tenía Odd por penetrarlo y también se corrió. Ulrich alcanzó el orgasmo unos momentos después, agotado, pero muy satisfecho.
—¿Queréis echar otro? —preguntó Odd.
—¿Otro rato en la consola… u otro polvo? —preguntó Ulrich. Se había tumbado encima de sus dos amigos, su cabeza estaba al lado del pene de Jeremy, la mano de Odd sobre su propia erección, y su mano encima del pene de Odd.
—Yo iba a proponer consola… pero no renunciaré a otro asalto —rió Odd.
Era ya por la tarde cuando Samantha regresaba a casa. Tenía el coche para ella. Carlos estaba fuera de Villenneé por un par de noches, tenía que investigar a un contable que había desviado quinientos mil euros de su empresa, presuntamente, y debía presentar su informe próximamente. Por este motivo, ella había llamado a Emily y Alicia para cenar con ellas. Las chicas le habían invitado, incluso, a quedarse a dormir, y Sam no quería rechazar tan amable invitación sin al menos llevar un vino.
Solo por la costumbre, abrió el buzón. Normalmente no recibía muchas cartas, y sabía que habría, en algún lugar, un pobre cartero maldiciendo tener que ir hasta allí a entregar la escasa correspondencia que recibían. Pero sí, tenía una carta, para su sorpresa. Parecía una carta del banco, y la abrió.
Pero al desplegar el papel, supo que no era una notificación de la sucursal. Alguien había "reciclado" el sobre para dejar una nota para ella. "Te advertí que te encontraría, puta. Bienvenida a Villenneé". Tragó saliva. Miró a su alrededor. Mierda… ¿cómo era posible? Se aseguró de que la puerta de la casa estaba bien cerrada, y luego corrió a casa de sus amigas.
—¡Buenas noches! —la saludó Emily—. ¿Vienes corriendo?
—Sí, un poco… —respondió Samantha. Tengo… —fue interrumpida por un beso de su amiga—. Tengo un problema…
—Cuéntanoslo —comentó Alicia, asomándose para recibirla. También buscó su beso, pero la escueta reacción de Sam le indicó que, efectivamente, algo no iba bien—. Estás muy pálida… ¿qué tienes ahí? —preguntó al ver el papel en su mano.
—¡Estás embarazada! —exclamó Emily.
—¡No! No, no es eso… no lo tuve de joven, no voy a quedarme encinta… ahora que no lo soy tanto —murmuró Sam—. Sentaos, por favor… esto es serio.
Muy serio debía ser si tomó la decisión de cerrar las ventanas y bajar las persianas sin siquiera pedir permiso. Se sentó en una silla, dejando el sofá para sus dos amigas. No sabía ni por dónde empezar, por lo que les tendió la nota anónima. Aguardó a que la leyeran y la entendieran.
—Te ha encontrado… ¿quién te ha encontrado? —preguntó Emily, muy preocupada.
—No lo sé… las tres primeras notas me llegaron antes de mudarnos aquí… luego recibí otra en la oficina… pensaba que aquí estaba a salvo y de pronto… esta.
—¿Has hablado con la policía?
—No sé ni qué decirles. ¿"Señores, ha aparecido esto en mi buzón pero no tengo enemigos"? Es absurdo…
—Bueno, por lo menos tienes a Carlos de tu lado, seguro que él puede descubrir… porque se lo has contado, ¿verdad? —preguntó Alicia. Samantha negó con la cabeza—. ¡Debes hacerlo!
—No puedo… salió corriendo cuando supo lo de… mi desliz en la juventud… si ahora se entera de que le he escondido esto, me odiará —estaba a punto de sollozar—. No podéis… prometedme que no le diréis nada…
—No lo haremos —Emily extendió las manos hacia ella, y la hizo sentarse con ellas en el sofá—. Pero tienes que hablar con alguien. Con alguien que de verdad pueda ayudarte —le dijo—. Prométemelo.
Samantha lo prometió. Pero no sabía con quién podía contar para aquello sin poner en peligro su matrimonio.
¡Hola a todo el mundo! Ya tocaba hacerle una pequeña actualización a la historia. Espero que os esté gustando. Estoy intentando que las tramas queden más largas de lo habitual... y en este caso, también el lemmon :P
Moon-9215: ¡Muchas gracias!
Coco: Thanks for read! I loved you liked my fanfic, hope you like this chapter too :)
Nos leemos por estos lares. Lemmon rules!
