Capítulo 5: Una decisión y una lectura beta
¡Flash! Yumi se movía ante las cámaras como pez en el agua. Tanto era así que normalmente el fotógrafo no le indicaba qué posturas tomar. Ella posaba con naturalidad, de la forma que le resultaba más cómoda. Aunque aquel día estaba un poco molesta. Le habían prometido que no haría posado en ropa interior… y había terminado con una camisa blanca semi-transparente abierta y un bikini azul pálido. No le molestaban esos posados, le molestaba la mentira. Y ese día no le apetecía mostrarles tanto su cuerpo, especialmente cuando el fotógrafo había llamado a un becario y este parecía más preocupado por mirarle el cuerpo descubierto que por aprender a hacer las fotos.
A pesar de lo cual, había aprendido a mentir lo bastante bien como para saber sonreír o poner una mirada sensual cuando en realidad le hubiera gustado dar un par de palmas delante de la cara de ese niñato a ver si espabilaba. La experiencia también le había enseñado a diferenciar entre los profesionales del oficio y los que únicamente buscaban acercarse a las modelos. Había tenido desencuentros con más de uno. Pero, curiosamente, al darse cuenta de que ella no era ninguna debilucha, no volvían a intentar propasarse. Por eso le había pedido a Alexandre que en la sesión no estuviera el joven Dean, pero por favor, Yumi, que está aprendiendo. Pues vale.
"Si este idiota se piensa que no me doy cuenta de que me está mirando el culo, va listo", pensó mientras posaba de espaldas. "Y como me siga desnudando con la mirada al final tendremos un problema". Su enfado fue cada vez a mayor, ya que Dean no parecía disimular lo que le gustaba mirarla, y Alexandre estaba demasiado ensimismado en hacer las fotos y explicarle las cosas a Dean sin percatarse de que este le estaba ignorando.
Por fin Alexandre parecía satisfecho con el resultado de las fotos. Permitió a Dean que le hiciera un par de fotos a la chica para practicar mientras él revisaba el resultado. Y ese fue el momento que Yumi aprovechó para lanzarle un gesto de advertencia al novato. A este se le borró rápidamente la sonrisa idiota de la cara, y procuró parecer profesional mientras sacaba las imágenes. Ella volvió a sonreír cuando se acercó Alexandre.
—Estupenda como siempre —dijo este—. Un trabajo magnífico.
—Lo que no entiendo es qué hace Lin & Gerie sacando un nuevo bikini cuando está entrando el frío… si esto no estuviera climatizado me habría negado a posar así —aseguró Yumi. Al fin y al cabo, se podía estar con poca ropa en el estudio.
—Bueno, hay gente que aprovecha el frío para irse al Caribe de vacaciones —comentó Alexandre—. Buen trabajo, Yumi. De verdad.
—Gracias —dijo ella—. Voy a cambiarme…
—Vale. El bikini te lo ceden —añadió Alexandre—. Aparte del pago. Te pasaré el recibo del ingreso y las imágenes en cuanto esté todo listo.
—Perfecto —ella siempre admiraba la profesionalidad de Alexandre.
Fue a por su bolsa de ropa y fue consciente en ese momento de que Dean no le quitaba ojo. Bastardo… Pues se iba a quedar con las ganas. ¿El bikini era de ella? Pues se puso el pantalón directamente, la camisa cayó al suelo y se puso la camiseta y la chaqueta del chándal por encima. Le miró. Este parecía decepcionado. Ella sonrió con malicia y salió de allí tras despedirse formalmente de Alexandre.
Según se acercaba a la puerta, vio un mensaje en su teléfono. "Te espero fuera". Sonrió. Qué profesionalidad tenían todos. Salió por fin a la calle y no tardó en encontrar el coche. Caminó a buen paso hacia allí, y se sentó donde el copiloto.
—Gracias por traerme. Y llevarme.
—De nada —comentó Carlos—. ¿Te importa si hago una parada antes de volver a Villenneé? No más de cinco minutos, lo prometo.
—Como si son veinte —respondió ella—. Vamos. Prefiero ir y venir acompañada. Por charlar y… ¿qué es eso?
—No es nada.
—Te sangra el labio.
—Bueno, pues ya sabes lo que es —dijo el chico intentando quitarle importancia. Pero se dio cuenta que la mirada de la japonesa se clavaba en él—. Ha sido Morrison, el tipo al que me encargaron que investigara si desviaba fondos de la empresa. Intenté obligarlo a que devolviese el dinero a cambio de no delatarlo, pensando que en un sitio público no habría altercado… me equivoqué.
—Joder… ¿y él?
—Bueno, ya sabes que yo no sé luchar… solo le pude dar un puñetazo en el estómago y… se quedó de rodillas dolorido hasta que vino la policía… declaré, y poco más… luego tendré que pasar el informe a su empresa.
—Sabes que puedo enseñarte.
—Lo sé. Pero normalmente no pasan estas cosas —dijo Carlos—. Hemos llegado. ¿Me esperas?
—No —respondió ella, bajándose también del vehículo. Escuchó al chico reírse mientras vadeaba el coche.
Estaban en una calle residencial. Un bloque de apartamentos se alzaba ante ellos. Carlos abrió la puerta, y en misma planta baja, pasó al interior. Yumi le siguió. Sabía qué sitio era, a pesar de no haber estado nunca allí. Era el piso franco que su amigo utilizaba para ocultar temporalmente a alguna persona si uno de los casos lo requería. Era pequeña pero acogedora. Cuatro estancias que formaban un cuadrado perfecto. Y el acristalamiento era muy bueno, se podía ver el exterior pero desde fuera nadie podía ver lo que pasaba dentro. "Una inversión que merece la pena", había dicho alguna vez.
—Aquí fue donde te escondiste con Aelita hace años, ¿verdad? —preguntó Yumi.
—Sí. De vez en cuando vengo a revisar que no hay nada extraño. Y cuando uno de mis clientes se marcha, también me aseguro de que no haya desperfectos —comentó Carlos, que parecía estar buscando micrófonos o cámaras ocultas. Luego fue al baño, comprobó que el agua corría por el lavabo, y aprovechó para limpiarse la herida—. Perfecto. Si algún día necesitas refugiarte, ya sabes.
—Gracias —rió la chica, que había pasado por la cocina y ahora estaba en el dormitorio—. Una cosa, ¿esa cama es cómoda? —preguntó Yumi.
—Normalmente… dejé las sábanas limpias la última vez que vine, y…
Y en ese momento se vio empujado contra el colchón. La chica le hizo girar para verse de frente, y montó encima de él. Sabía que Carlos tenía cierta debilidad por ella, y había planificado tener un rato con él durante el día. En parte por eso le pidió que la llevase y trajese de vuelta en coche. El único fallo de su idea (el coche no era el lugar más seguro para hacerlo) se había solucionado con aquel piso.
—He pensado que si no quieres entrenar… podemos hacer otro ejercicio de contacto —bromeó ella mientras besaba el cuerpo del chico.
—Me encantaría… pero ¿ha pasado algo?
—Si lo hacemos te lo cuento —le susurró al oído—. Vamos… hace mucho que no aprovecho los beneficios de nuestro acuerdo…
Desde su posición en desventaja, Carlos tiró hacia abajo de la cremallera del chándal de Yumi. Ella tenía ganas de actuar, por lo que prosiguió desnudándose para deleite del chico. Este se puso ligeramente colorado al verla encima de él, en bikini. Y sin embargo… aunque parecía lujuriosa, notaba que estaba seria… No importaba mucho si le estaba quitando la ropa en ese momento. Sus manos eran suaves. Se dejó hacer hasta que quedó con el boxer.
—Espera, preciosa… esto es un poco incómodo —mintió él.
Pero ella le creyó, y en el momento en que se bajó de su cuerpo, este metió la cabeza entre sus piernas. Chico malo. Empezó a acariciarle el cabello mientras este había apartado la tela del bikini y empleaba su lengua para excitarla. Su dedo pulgar le acariciaba el punto de mayor placer mientras su lengua recorría sus labios inferiores arriba y abajo. No era eso lo que había esperado, pero le gustaba de verdad. "Sam no me engaña… esta es una de las razones por las que le quiere", pensó y se rio para sus adentros.
—Carlos… me gusta mucho —gimió ella—, pero quería algo más… cercano —murmuró en el momento en que empezaba a sentirse demasiado bien.
—Pero a mi me gusta hacerte esto —respondió él. Aunque con la boca llena, sonó más bien como "Eo a mi e uta ahete eto".
—Échate al menos… deja que yo también me ocupe de ti.
Aceptando su petición, Carlos se echó bocarriba y pronto la japonesa estaba encima de él. Este pudo proseguir con su cunnilingus mientras ella se entretenía quitándole el boxer, y empezó a lamer aquella erección recientemente liberada. Pensó que debería hacer eso en más ocasiones. Durante la infancia de su hijo las escapadas habían seido menos frecuentes pero ahora podría retomarlo… devoró el miembro de su amigo hasta que ambos llegaron al final.
—A ti… te ocurre algo… —murmuró Carlos.
Estaba sentado en la cama, con la chica encima de él. Ella movía sus caderas, provocando una lenta penetración.
—Llevo días pensando en hacer algo… —respondió ella—. ¿Crees que es el…? Oooohhh… —suspiró. Iba a preguntar si en pleno acto era momento de hablar, pero Carlos le lamió los pezones y perdió el hilo—. Malo… Si vamos a hablar…
—Deberíamos acabar primero —completó él, y empezó a mover sus caderas a mayor ritmo.
Ella sonrió, disfrutando de la situación. Le pasó las manos sobre los hombros y pronto sus cuerpos se amoldaron al del otro, en aquella sintonía de placer. Se movieron al compás, mientras el chico enterraba la cabeza entre sus senos y disfrutaba del sabor. Gimió al notar sus dientes rozando sus pezones con suavidad. No apretaba. Qué rico. Tal vez luego le podría conceder un ratito de placer con sus pechos… pero ahora era el momento de acabar… se movió con más rapidez, iba a culminar en breve. Supo que él también. Un poco más… y mientras el placer recorría su cuerpo supo que Carlos también había culminado.
—Llevo unos días que no sé qué me pasa —comentó Yumi. Se había echado encima de Carlos, y este se había sentado en la cama, con la espalda contra la pared—. Desde antes de irnos a Villenneé. Pensé que el cambio sería positivo, pero… me encuentro igual que antes de movernos.
—¿Y has pensado qué puedes hacer? —preguntó Carlos.
—Hay algo que sí, pero… no me atrevo. Estaría mal.
—¿Hablas de… matar a alguien?
—¿Eres tonto? ¿Cómo va a ser eso? —a veces decía esas cosas, y le dieron ganar de morderle.
—Podría ser… no te juzgaría, pero tendría que detenerte o convencerte de que no es correcto. ¿Y tampoco es agredir a alguien?
—Bueno… no exactamente… —pero pensó "pero sí le haría daño a alguien".
—Pues si no es nada de eso… y crees que te haría sentir mejor, deberías hacerlo.
—¿No me vas a preguntar lo que es?
—¿Me lo contarías?
—… No —confesó ella.
—Pues solo te puedo apoyar con tu decisión.
—Gracias —dijo ella, suavemente.
Miró a Carlos a los ojos. Tal vez era el momento de pasar otro ratito íntimo. Besó su vientre, empezó a bajar por su cuerpo… y ya habría rato para atender el mensaje de Aelita que ambos acababan de recibir.
El sol pegaba de forma inusual en la cima de la montaña. Laura respiraba el aire del monte con cierta felicidad. Aquello era bastante nuevo para ella, pero… era diferente. El sitio era realmente tranquilo. Solo había un sonido que rompía el silencio, y no era siquiera molesto. Era ambiental y le gustaba. Después de dos pruebas con el pastor oficial de la zona, era la primera vez que subía ella sola el rebaño.
El hombre se había portado muy bien con ella, y se le notaba ágil para la avanzada edad que tenía. Sin embargo, la espalda le traicionaba de vez en cuando, y ahí era donde entraba Laura. Esa mañana había recibido un mensaje, y se había levantado para ir a buscar al rebaño. En coche hasta el pueblo vecino, y ahí recoger la mayor parte de las ovejas. En la subida pasaba por otro pueblo donde recogía al resto del rebaño. La verdad, subir hasta ahí era agotador… pero merecía la pena.
Tenía unas vistas buenísimas de toda la zona. Incluso podía distinguir Villenneé desde ahí. Se preguntó qué harían aquel día sus amigos. Pero ella sabía lo que iba a hacer. De su bolsa, sacó un libro. Lo había comprado por internet y le había llegado por fin. Las publicaciones de física más recientes. Ya que no podía dedicarse profesionalmente a ello, al menos por el momento, no quería desaprovechar la oportunidad de seguir formándose. Leer y conocer, era la primera parte del trabajo. Además, de cara a alguna posible entrevista, le sería útil.
Se sumergió en la lectura, emergiendo de vez en cuando para asegurarse de que el rebaño no se había dispersado mucho. Contó mentalmente… sí. Prosiguió la lectura. La verdad, le resultaba una lectura un tanto espesa. Había trabajado con muchos términos que aparecían en el texto, pero aún aśi, verlo plasmado como un texto en lugar de tener la libertad para experimentar… era un poco tedioso.
—Ay, si estuviera en mi laboratorio… ¿a que sí? —le preguntó a un cabritillo que se había acercado a ella—. Estoy hablando con una cabra… voy a terminar como una de vosotras si no vuelvo a trabajar pronto —pensó.
Prosiguió la lectura otros cinco minutos, hasta que se dio cuenta de que llevaba un rato leyendo la misma línea una y otra vez. Y no era capaz de encontrarle el sentido. Repasó las publicaciones en el índice… tal vez la materia oscura se le diera mejor. Abrió la página correspondiente. No estaba mal. Alguna palabra la entendía por el contexto, pero por lo general, se le hacía un poco más ameno. Sonrió. Dedicó una mirada aislada al rebaño antes de proseguir con la lectura.
En ese momento, recibió un mensaje. Se dio cuenta de que era de Aelita, que había escrito en el grupo. ¿Sería algo urgente si les había escrito a todos? Era posible. Abrió el mensaje, y leyó: "Hola, chicos. Por fin he empezado mi novela. Os paso el primer capítulo para que me digáis qué os parece. Besos". Una foto de Aelita mandándoles un beso, y un adjunto con el texto que había escrito. Laura abrió " " y empezó a leer.
—Enhorabuena —dijo Jeremy—. Por fin has comenzado la novela…
En su fuero interno, no le había sentado muy bien que Aelita decidiera enviar el primer capítulo sin mostrárselo a él primero. La actitud de su mujer desde que se había embarcado en esa odisea le había molestado mucho. Jamás había pretendido cortarle las alas. Sabía que era la peor decisión que podía tomar. Pero habían aprendido a tomar las decisiones importantes juntos, para poder respaldarse y ayudarse si algo no salía bien. En aquella ocasión, la pelirrosa se había subido al barco sin contar con él y ahora no sabía si la nave iba bien dirigida o a la deriva.
—¡Por fin! Me ha costado terminar el episodio pero por fin tengo el comienzo —dijo ella, muy contenta. Estaban comiando en ese momento—. Luego iré a ver a nuestros amigos… necesito completa sinceridad parasaber si reescribir el capítulo o puedo continuar…
—Claro. Necesitas su opinión… —comentó Jeremy. Intentaba disimular su malestar, pero no podía. Y aquella sutil ironía llamó la atención de su mujer.
—Cariño… ¿te parece mal?
—No. Sí —se corrigió—. No lo se.
—¿Por qué no te sientas y lo hablamos?
Jeremy asintió. Se levantó de la mesa y se fue al sofá. La chica se sentó con él. Le tomó la mano. Siempre que habían tenido algo que hablar, hacían eso. Besó con cuidado la mano de su esposo y esperó a que hablase. ¿Qué era lo que le pasaba?
—Ya no cuentas conmigo —dijo de pronto.
—¿Qué? —preguntó Aelita.
—Dejas el trabajo… decides arriesgarte a vivir de la escritura… y ni siquiera me muestras el resultado en confidencia para que te diga mi opinión… no me gusta nada de esto —le dijo. Y aunque no le gustaba hablarle en esos términos, se quitó un peso de encima al decirlo.
Aelita no le miró directamente a los ojos. Asimiló lo que le había dicho. Y apoyó la cabeza sobre él suavemente. Jeremy la dejó y le pasó un brazo por encima. No le gustaba estar mal con ella. Era la mujer de su vida, lo sabía desde que eran un par de adolescentes. Y la amaba como el primer día o más.
—Lo siento. Lo siento mucho —dijo Aelita—. No pensé en cómo te podía afectar… necesitaba el cambio… —susurró.
—Si me lo hubieras dicho antes de enterarme así… delante de todos…
—Fui una tonta. Pensé que si te lo decía… te enfadarías y no me dejarías hacerlo… Pero creo que te enfada más que me callara…
—Por supuesto. Por favor… cuenta conmigo para estas cosas.
—Te lo prometo. Te quiero mucho… —susurró la chica.
—Y yo a ti, mi princesa. Ven —le dijo, y se dieron un tierno beso. Duró entre unos segundos y varias horas. No lo supieron—. ¿Quieres que lea ahora y te digo lo que me parece? —preguntó el rubio.
—Me encantaría —respondió Aelita, ilusionada.
Pero sin embargo, la reacción de su marido no era como ella se había esperado. Jeremy había leído el capítulo, murmurando las frases por las que pasaba la vista, de modo que Aelita sabía por dónde iba. Al llegar al final, Jeremy no habló de inmediato. Al parecer, había encontrado el lenguaje de la novela un poco simple.
—Es decir… la idea que planteas es buena, pero las explicaciones… quedan un poco infantiles…
—¿Tú crees? —preguntó ella.
—Tal vez… es solo el principio… escucha, habla con los demás —le dijo—. De verdad, no te fíes solo de mi palabra. A ver si me estoy equivocando.
Con cierta esperanza, Aelita fue subiendo por Villenneé para conocer las opiniones de sus amigos. Tal vez a ellos les hubiera gustado… pero por lo general, se topó con reacciones similares a las de su esposo. A pesar de que todos sus amigos habían intentado utiliar un lenguaje cordial, era evidente que coincidían con lo que había señalado Jeremy.
Carlos le había dicho que "el texto parece descrito desde el recuerdo", Alicia opinaba que "se repetían muchas palabras", William pensaba que "se dan por sentadas muchas cosas que no se explican", Odd dijo que "parece que lo he escrito yo...", y de acuerdo a Ulrich "la protagonista habla como si tuviera catorce años".
Con cierto desánimo, regresó a casa. Jeremy la estaba esperando. Se quedaron un rato en el sofá, sin decir nada. El rubio quería decirle algo, pero que resultase útil y no unas palabras que sabía que la chica no se creería. Le dio algunas vueltas hasta que entonces cayó en la cuenta.
—¿Por qué no lo reescribes? —le preguntó.
—¿Entero?
—Sí. Escucha. Tienes la idea. Los tres primeros párrafos son muy buenos. De verdad lo digo —aseguró, al ver que ella le miraba incrédulo—. Puedes partir de esa base para continuar. Replantea el resto de cosas que cuentas.
—… ¡Lo haré! —dijo ella—. No voy a dejar que esto me haga rendirme. Gracias, Jeremy.
—De nada. Toma —respondió él, tendiéndole el portátil. Ella lo tomó con sus manos, y lo dejó en la mesa. En ese momento se subió a horcajadas encima de Jeremy.
—Tengo otra cosa que hacer primero… para agredecerle a mi maridito lo bueno que es conmigo.
—Si te empeñas… —dijo Jeremy. Sonrió y se fundieron en un beso.
La noche había caído sobre Villenneé y los alrededores. El pueblo entero dormía plácidamente. Salvo en uno de los dormitorios. Samantha no conseguía pegar ojo esa noche. No tenía nada en la cabeza. Simplemente, estaba despejada. Miró el torso desnudo de Carlos. Tal vez podría despertarlo… no. Entre lo que habían hecho después de cenar, y lo que le había contado que había hecho con Yumi, debía dejarle descansar. Se puso en pie, y sin hacer ruido, bajó las escaleras y salió a la calle.
Empezó a caminar por el pueblo. Era un sitio realmente tranquilo. Y la luna iluminaba mejor que el tendido eléctrico. Así lo prefería. Era luz natural era maravillosa. Probó a salir del pueblo. Por lo que sabía, había un trozo del río muy próximo al camino, pero hasta ese momento no se había acercado a mirarlo. No tardó en encontrar el sitio, donde el satélite de la Tierra se reflejaba casi completo. Sería una locura, pero… ¿y si se daba un baño? ¿Y por qué no?
Se quitó la ropa. Una suave brisa acarició su cuerpo. Sonrió. Se terminó de despojar, y después de dejar la ropa bien doblada cerca de la orilla, entró en el agua. Parecía mentira que estuviera tibia. Debería estar un poco más fresca. Pero no. Daba gusto entrar. Se sumergió y nadó un poco. Qué a gusto. "Y en compañía debía ser aún mejor", pensó. Con aquella idea en la cabeza, se quedó flotando un poco con el agua mojando su cuerpo.
Pero de pronto escuchó algo. Una rama crujió. Se quedó alerta. Lo primero, no podía ponerse nerviosa… o no nadaría en condiciones. Despacio, nadó hasta la orilla. Sin darse tiempo a secarse, se tapó. De pronto se sentía un poco expuesta. ¿Y si, por una casualidad, el acosador se encontraba por allí? No acertaba a meter el pie en el calcetín… daba igual. Se puso las zapatillas y salió de allí con los calcetines en las manos. No tardó mucho en llegar a Villenneé, deteniéndose en el primer muro que encontró.
Miró por los alrededores, pero no parecía haber nadie. Si alguien la estuviera persiguiendo, debería haber aprovechado la oportunidad de tenerla sola en un sitio así, ¿no? Aún así, no se quedaba tranquila. Decidió esperar un rato más antes de volver a casa. Si se acercaba alguien, gritaría. Y si no, simplemente volvería a casa a descansar. ¿Por qué no se atrevía a contarle aquello a su marido?
Ulrich amaneció por la mañana temprano. Era su hora habitual para ponerse en pie. Miró la cama, y se sorprendió. Yumi se había levantado ya. Era curioso, ya que desde que estaban en Villenneé, él despertaba primero y se ocupaba de darle besitos a su mujer para que se levantase. Pero no, su esposa no estaba en el colchón. Se puso de pie, metió las piernas en el pantalón, y bajó a la planta baja.
Había supuesto que se encontraría a Yumi preparando el desayuno. O al menos, desayunando ella. Pero no. Tampoco estaba ahí. ¿Tal vez fuera, haciendo yoga? Pero en ese momento reparó en un papel que había sobre la mesa. Lo abrió, temiendo lo que se pudiera encontrar dentro. Y sus temores se confirmaron. "Ulrich, lo siento. Te quiero. Yumi".
¡Hola a todos! Un nuevo capítulo. Si alguien pretende matarme por haber matado el Ulumi, ¡que se espere! ¡No he roto nada! ¡De verdad! ¡Soy buena persona! En cualquier caso, pese a este final con cliffhanger, como a mi me gustan, espero que el capítulo os haya gustado.
DemonElAbogadoOscuro0722: Pues no, no se me pasaron esos nombres cuando planifiqué la historia de Sam... Ya veréis lo que tengo preparado.
Pronto, más capítulos. Lemmon rules!
