Capítulo 7: No existe la calma
—Lo sé, lo sé… ¡Oye, no te me pongas así! … ¿Pero tú eres gilipollas? ¿Cómo le voy a haber hecho nada a tu hermana?
Ulrich había tomado la claramente errónea decisión de informar a los Ishiyama sobre la desaparición de Yumi. Pero prometer que ya la estaban buscando no había servido de nada. Hiroki le había llamado, muy airado, exigiendo unas explicaciones que el pobre alemán no estaba capacitado para dar.
—Carlos la está buscando, ¿vale? —le dijo—. Bueno, ha hecho bien su trabajo otras veces… No, él no está implicado… ¡pues vienes aquí y me lo dices a la cara!
Estuvo tentado de colgar el teléfono, pero aguantó el tipo. No debían pelear. Debía ponerse en su lugar, era su hermano y era normal que se preocupara. Pero joder, él era su marido, la amaba desde hacía años, lo era todo para él, y de pronto, parecía el malo de la película.
—Te prometo que si me entero del más mínimo detalle te lo haré saber… No te preocupes, anda… Sí, puedes venir si te apetece y hablamos con calma… Vale, da recuerdos a Tamiya, Milly y Johnny.
"Tienen una relación a cuatro… Deberían darle más sexo y no estaría tan alterado", pensó.
¿Qué tenía que hacer? Ah, sí, desayunar y marcharse a trabajar. Joder. Pues no le apetecía especialmente. La verdad, había empezado a pensar en dejar el sistema de masajista rural y conducir todos los días hasta la ciudad, a su clínica particular. Pero bueno. El beneficio económico que estaba consiguiendo no era malo.
—Tal vez podría hablar con Aelita y alquilar el local. Recibir allí a mis pacientes —dijo al aire. Luego recordó que Yumi no estaba en la casa. No era una persona aprensiva ni mucho menos, pero era cierto que llevaba tantos años de convivencia con su mujer que ahora que no estaba en casa se le hacía raro no tener con quién hablar.
Sus amigos, por supuesto, se habían ofrecido a quedarse con él si lo necesitaba, pero lo había declinado. No le apetecía ponerles en semejante compromiso. Se sirvió el café, que acompañó con un par de magdalenas, y salió a la calle. Una bofetada de frío le sacudió. Menos mal que iba en coche. Se montó en el vehículo, y arrancó el motor.. La ruta del GPS iba ya programada para aquel día. Decidió poner música y salió de Villenneé con cuidado de no atropellar a nadie.
Últimamente se había aficionado al grupo Desakato. Le despejaba la mente ir con aquella música puesta. Evadía su mente. Especialmente cuando le tocaba Nadine en su primera visita. Incluso le había parecido que el GPS había tardado un par de segundos de más en marcar la ruta, como dándole tiempo para arrepentirse. En plan "¿Estás seguro? Te puedo llevar por otros caminos a otros destinos". Pero el trabajo era el trabajo.
Aquella mujer había realizado una serie de insinuaciones hacia su persona. Al principio habían sido muy sutiles, pero últimamente la delicadeza se había perdido. Las indirectas empezaban a perder el prefijo "in-". Y no es que hubiera pensado en traicionar a Yumi o algo similar ("A saber qué está haciendo ella". Cállate), pero suponía que el hecho de ser acosado por otra mujer no debía ser lo que más le apetecía saber. Claro que callarse una situación como esa lo consideraba traicionar su confianza. Agh, qué mierda todo.
"En la juventud de nuestro acuerdo era todo mucho más sencillo", pensó con fastidio mientras aparcaba el coche. En ese momento se acordó de que había hablado con Odd al respecto de la situación con su clienta especial. Mejor ser precavido en la vida.
Aparcó el coche en un sitio que parecía reservado expresamente para él, siempre estaba libre cuando iba para allá. A punto estuvo de estacionar de oído, pero sus reflejos eran fijos, y los frenos del coche aún más. Dejando una distancia prudencial para que los coches delantero y trasero pudieran salir, bajó del coche. Descargó la camilla y llamó a casa de Nadine. La mujer abrió la puerta casi de inmediato, como si estuviera esperando aquella visita.
—Buenos días, Ulrich —dijo, en un tono muy meloso.
—Buenos días.
—Pasa, pasa, que fuera hace frío.
"Para hacer frío usted me está recibiendo en bata. Y no me equivocaría si afirmara que debajo no lleva nada de ropa", pensó el alemán mientras seguía a la mujer.
—Espero que no te importe que haya puesto las velas —dijo Nadine. Y era verdad. Con los muebles apartados, y la persiana bajada, la mayor fuente de luz de la habitación provenía de una serie de cirios aromáticos—. Últimamente me duele un poco la cabeza con la luz natural.
"Me creería que usted fuera un vampiro".
—No se preocupe. En mi consulta solemos trabajar así —respondió él mientras desplegaba su herramienta de trabajo—. En seguida salgo para que se pueda poner cómoda…
—No sufras, querido, no va a pasar nada porque me veas quitarme la ropa —dijo Nadine. A pesar de su comentario, se dio la vuelta para quitarse la bata, confirmando las sospechas de Ulrich. Subió a la camilla y aguardó bocabajo. Por su parte, Ulrich había optado por no hacerla caso. Se sirvió del aceite de masajes en las manos, una cantidad pequeña, lo justo para aplicar y hacer un masaje en condiciones sin dejarle la espalda chorreando. Nadine le aguardaba, con apenas una toalla cubriéndole las nalgas. Pero para él solo era una cliente más. Empezó el masaje. No dijo nada cuando Nadine gimió un poco al sentir el tacto de sus manos.
Hubo un silencio bastante largo, durante el cual Ulrich únicamente se concentró en la espalda de Nadine. En realidad la mujer no tenía ninguna dolencia, solo le llamaba para unos masajes relajantes. Teniendo en cuenta que le tocaba conducir para ir a las casas, casi agradecía hacer un masaje que no implicase un gran esfuerzo físico tratando de cierta forma u otra aquel cuerpo. El tiempo avanzaba y parecía que no iba a ocurrir nada.
—Tienes unas manos mágicas —dijo Nadine en cierto momento—. Nuestra sesión de masajes semanal me hace maravillas.
—Gracias —dijo él, halagado, pero con tono profesional. Aplicó un poco más de aceite y se fue hacia las piernas.
—Supongo que habrás tocado un montón de cuerpos. Mejores que la espalda de una pobre mujer madura como yo.
—¿"Pobre mujer madura"?
—Soy consciente de que no me conservo muy joven. Pero si se me dejase, os haría entender a los hombres lo bien que me desenvuelvo.
—Me dice unas cosas un poco inapropiadas —dijo Ulrich en tono bajo. Nunca había sabido cómo marcar los límites—. Parecería que me está echando los trastos.
—¿Es que acaso puedo ser más sutil? —preguntó Nadine—. Ulrich, no me hubiera animado a pedirte más sesiones si no estuvieras tan bueno.
Las manos de Ulrich se detuvieron en el muslo de Nadine. No, no y no. Llegaba al límite y no podía tolerar que aquello fuera a mayores. Cualesquiera que fueran las intenciones de la mujer él no estaba interesado. Terminó de hacer el pase con cierta brusquedad y apartó las manos.
—Creo que por hoy hemos terminado —dijo el alemán, y empezó a limpiarse las manos del aceite con una toalla—. Voy a salir para que se pueda vestir.
—De eso nada.
Nadine se incorporó rápidamente, la toalla cayó al suelo, pero para lo poco que cubría no había apenas diferencia. Totalmente expuesta a él separó las piernas, mirándole muy seria. Ulrich le sostuvo la mirada. Por suerte para él, estaba acostumbrado al nudismo, gracias al grupo de amigos que tenía. Había naturalizado mucho el cuerpo humano y sus ojos no se desviaban fácilmente hacia las zonas íntimas de las demás personas.
—Ulrich, quiero sexo.
—Esto es del todo inapropiado.
—Venga, seguro que tú también quieres. Puedo enseñarte un par de cosas.
"Creo que yo podría enseñárselas a usted, pero no".
—Me voy a ir.
—¡Vamos, hombre! ¿Quién te crees que eres para rechazar esto? —dijo, señalando su cuerpo—. Seguro que te apetece. He notado cómo me tocas.
—Usted me ha contratado para hacerle masajes. Si ha malentendido mis intenciones, lo lamento —dijo él. Contén la lengua, recordó, porque lo que más quería haber dicho era "Eres una puta loca".
—¿Eso es un no?
—Por supuesto que no.
—Muy bien —dijo ella. Se había rendido, o eso parecía, y ahora estaba furiosa. Se puso la bata y sacó un fajo de dinero—. Toma tu puto dinero y vete. ¡Largo!
—Quédese con eso —no le apetecía recibir nada de ella. Prefería perder el dinero y no tener que volver a aquella casa. Plegó la camilla con facilidad y tiró del asa para marcharse. Atravesó el pasillo con facilidad, y cuando llegó a la calle, escuchó un fuerte portazo.
Volvió a cargar la camilla y montó en el coche. Se movió de allí. Su próximo cliente estaba en el otro extremo del pueblo, pero se detuvo antes de llegar. Una plaza vacía enfrente de una cafetería. Aparcó velozmente. Necesitaba un café, y asimilar aquello. Le habían pedido (casi exigido) sexo. No es que fuera la primera vez que con sus manos seducían a un cliente o clienta. Pero normalmente, a pesar de una sutil declaración de intenciones, el anillo en la mano de Ulrich ahogaba cualquier esperanza. Esa vez había sido diferente. Lo mejor era no volver a ir para allá. Le convendría montarse una consulta en el local. "Salvo para el pobre viejecito de la lumbalgia", se recordó mientras entraba en la cafetería para tomar un café solo.
Pasaba la hora de comer cuando en en el teléfono de Jeremy sonó un mensaje. "Por favor, ven a verme. Necesito un amigo". Era de Laura. No respondió siquiera. Simplemente se encaminó hacia la casa de la chica. Se preguntó qué necesitaba. Pero después de la caminata se sorprendió al ver que no había sido el único llamado por Laura. Odd, Dorjan y Javier también se encontraban allí. Era curioso. Fue en el momento en que él llegó cuando se abrió la puerta de la calle y les recibió Laura vestida en chándal.
—Buenas tardes, chicos. Pasad —les pidió, haciéndose un lado para dejarles entrar.
—¿Ocurre algo? —preguntó Dorjan—. No esperábamos tu mensaje.
—Sí, necesito vuestra ayuda. Toda la que pueda tener —dijo la rubia—. ¿Alguien sabe si Ulrich o Carlos pueden venir?
—Creo que Ulrich estaba ocupado hasta la noche con su trabajo —narró Odd.
—Y el coche de Carlos no está, supongo que andará buscando a Yumi —añadió Jeremy, que veía cada entrada y salida del chico en su casa desde su ventana.
—Mierda. Bueno, no pasa nada, creo. Espero que me ayudéis…
—¿Pero con qué? —preguntó Javier.
—Necesito sexo —dijo. Ninguno de los amigos dijo nada, aunque no entendían por qué tanto teatro cuando en el grupo tenían la confianza suficiente como para pedirlo—. Con todos vosotros. Y me hubiera gustado que también estuvieran ellos dos.
—Un momento, ¿y William? —preguntó Jeremy, al percatarse de la ausencia del escocés.
—William… no va a estar. No hoy. Digamos que lleva un tiempo pensando que todo va bien. Que tengo un bajón puntual. Lo cierto es que los días que salgo a pastorear me sientan bien, pero… el resto de los días me siento atrapada. Y no me entiende. Así que no podía contar con él para esta tarde.
—Así que… quieres follar porque tu marido te ignora… —empezó Odd—. ¿Crees que lo más sensato es eso?
—Tengo que hablar con él seriamente, sí, lo sé. Pero también sé que necesito que me toquen, sentirme deseada. Y sois los mejores para eso. Por favor, chicos.
—Opino igual —dijo Javier—. Lo que necesitas es…
—¿Por qué dais por sentado que sabéis más que yo lo que necesito? No os estoy pidiendo hablar. Eso lo haré con él. Os pido algo muy distinto. Si me me sintiera bien con vosotros no lo haría, claro. Pero claro. Supongo que soy muy poca cosa para vosotros.
Odd se acercó en ese momento a ella y le puso las manos sobre las caderas. La arrimó a él, suavemente. Un leve movimiento de cadera. Le sonrió levemente.
—Tu marido estuvo a punto de matarme por celos. Pero si es por ayudarte, volveré a correr ese riesgo. ¿Me ayudáis? —preguntó a los demás. Los chicos se miraron entre sí y asintieron.
Laura le devolvió la sonrisa. Odd era el mejor. Hacía muchos años le había ayudado con su problema con el sexo. Le había dado placer. Siempre había podido contar con él cuando le apetecía disfrutar. Y ahora convencía a los demás para que se apuntasen a tener una pequeña orgía con ella, como quería. Caminaron escaleras arriba, hacia el dormitorio, ella delante seguida por su séquito.
Una vez llegaron y ella se dio la vuelta, todos los chicos besaron sus labios. A cada beso, una prenda iba cayendo al suelo. Jeremy fue quien le quitó la chaqueta del chándal, mientras que Dorjan le retiró la camiseta que llevaba debajo. Odd le bajó el pantalón con suavidad, y Javier apartó la molesta ropa interior, quedando la joven expuesta a todos.
—¿Qué? ¿Os gusta lo que veis? —preguntó con timidez.
—Maravillosa —dijo Jeremy, y se adelantó a sus amigos. Tiró a Laura contra el colchón y se quitó el suéter, quedando a torso descubierto. Hundió la cabeza entre las piernas de la rubia, y su lengua exploró su intimidad, lentamente, disfrutando de aquel sabor. Laura gimió, halagada. Aquello le gustaba muchísimo. Vio que los demás empezaban a quitarse la ropa también. Perfecto, eso era lo que quería.
De pronto Dorjan y Javier aparecieron desnudos a ambos lados de Laura. Sonrió. No solía hacer esa clase de juegos, pero por un día podía probarlo. Sonrió, aguardando qué le ocurriría, y cerró los ojos. En ese momento sintió otros dos puntos de placer atacados al mismo tiempo. Y alguno más. ¿Qué hacían? Los dos había empezado a lamer sus pechos, con mucha delicadeza, y le acariciaban el vientre. Gimió. Tres puntos de estimulación simultáneos era placentero, pero no era eso lo que había pensado.
—Chicos… vosotros también tenéis que disfrutar… aaaah… —suspiró mientras estaba sometida al placer.
—Lo hacemos. Me encantan tus tetas —afirmó Dorjan y le dio un suave mordisco en el pezón. Laura gimió y se derritió en placer al sentir su lengua acariciando su zona—. Son tan suaves…
—Disfruta de esto, amiga —dijo Odd, trepando hasta quedar a su lado—. Vamos a cuidarte y tratarte como te mereces.
—Pero… —intentó protestar pero en ese momento su boca de vio invadida por la lengua de Odd. Le dio un firme beso, pero al mismo tiempo era cuidadoso con ella. Sabía que su amiga estaba mal y en esa situación no querían hacer nada demasiado bruto por la chica—. De verdad, chicooooooooh… no ten-neis que aaaaaah… cuidarme tanto… joder —gimió por el placer que estaba recibiendo en su clítoris. La lengua de Jeremy se movía con la precisión de una máquina—. De verdad…
—Vale. Pero deja también que te cuidemos un poco. Podrás jugar también como quieras —le aseguró Odd—. Ahora disfruta de est-oooooh…
Había descuidado su defensa y en ese momento Laura había agarrado su miembro con cuidado, ahora le masturbaba lentamente. Niña mala… bueno, en realidad a no eran jóvenes pero para él siempre serían aquella panda de chavales de instituto. Se dejó hacer por la chica mientras le acariciaba el cabello. Ya tendría momento para compensarla luego.
La respiración de Laura se volvió cada vez más agitada. Era complicado sentir ese ataque a tres bandas sin volverse loca. Aunque en el grupo siempre se habían cuidado bien. Se sentía como en una nube con aquellos cuatro hombres dándole placer. Suspiró y gimió mucho tiempo cuando llegó al clímax gracias a la lengua de Jeremy.
—¿Te sientes un poco mejor? —preguntó el rubio mientras Laura descansaba.
—Me siento mucho mejor —afirmó ella—, pero no soy una enfermita que necesite cuidados. Quiero un poco de acción, ¿vale?
Los chicos aceptaron la petición. Laura se puso de espaldas a Javier, y este entendió lo que debía hacer. La chica estaba suficientemente empapada. Su miembro se deslizó dentro de su sexo con facilidad. Ella gimió. Eso se parecía más a lo que quería. Frente a ella estaba Dorjan y empezó a lamer su pene. Y al lado de él estaba Jeremy. También debía devolverle el favor. Lamió también la erección de su amigo. Luego volvió a por Dorjan. Y en ese momento se dio cuenta de que le faltaba un amigo.
—Con tu permiso… —dijo de pronto una voz. Mientras atendía la erección de Dorjan, Odd surgió de la nada y empezó a lamer el pene de Jeremy—. Espero que no te importe que te eche una mano.
—Eres incorregible —rió ella. Atendió de nuevo la erección de Dorjan mientras este le acariciaba el pelo. Sintió un punteo de placer cuando Javier aumentó sus acometidas.
Se turnaron un poco para dar placer a los dos. Odd, sin duda, era el compañero de cama más extraño que había tenido. En cierto momento, mientras le daba sexo oral a Jeremy, Odd se unió a ella dándose un beso alrededor de aquella erección. Seguro que a Odd le gustaba, pero a Odd le importaba la reacción de Laura, que le siguió el juego sin gran problema. Luego hicieron lo mismo con Dorjan, y finalmente, lograron que sus amigos eyaculasen. Javier estalló también pocos momentos después.
—Me lo estoy pasando genial —dijo Laura—, pero Odd, tú aún no…
—No me estaba preocupando de eso —respondió.
—No, también tienes que disfrutarlo…
La solución fue bastante sencilla. Laura estuvo tendida bocarriba, con la cabeza sobre la pierna de Odd, de forma de podía acceder fácilmente a lamer su miembro. Odd se dejó hacer, mientras veía a Jeremy penetrar a la chica suavemente. No se le escapó que el pulgar del chico estimulaba el clítoris de su amiga. Sonrió. E incapaz de mantenerse quieta, la chica empezó a masturbar también a Dorjan y Javier, a un ritmo lento pero que a ambos les gustaba. Su cabeza se nublaba un poco, pero aquella tarde se lo estaba pasando de maravilla. Sonrió cuando logró que Odd eyaculase, y le ayudó a seguir culminando con su mano. Notó que su propio orgasmo se desataba en el momento en que Jeremy acababa también, y la rigidez de Javier y Dorjan le indicó que ellos también habían alcanzado el orgasmo.
—Eres muy traviesa —dijo Dorjan. La chica les había hecho sentarse uno al lado del otro, y se había echado sobre sus piernas. Laura sentía cuatro juegos de dos manos acariciando y venerando su cuerpo.
—Lo sé. Pero me apetecía mucho esto —les dijo—. Me alegro de que estemos así hoy…
—¿Debo entender que estás satisfecha? —preguntó Javier.
—De eso nada.
Se echó encima de Javier y se dio la vuelta. Empezó a lamer su erecciópn con cuidado, esperando el momento en que él le devolviera el favor. Pero, ¡aaaaaah! ¿qué era aquella maravilla? No era únicamente Javier. Odd se había acercado por su espalda también y empezó a turnarse con Javier para darle sexo oral. Gimió. Le gustaba, demonios. Uuuuuh… la lengua de Odd había subido un poco más… su punto más delicado… lo aceptaba.
Enfrente de ella, Dorjan apareció para ayudarla con la erección de Javier. Ella aceptó y entre los dos probaron a darle placer hasta que Laura se dio cuenta de algo.
—No seas tímido, Jeremy… puedes venir —le invitó.
Cuando se aproximó, fue recibido por un beso de Dorjan antes de bajar por su cuerpo y practicarle una felación. Joder, no contaba con aquello esa tarde. Si lo que iba a hacer era un maratón de House… Que le dieran por saco a la serie, aquello era más divertido. Sintió el intercambio de lenguas, ahora Laura era quien le daba sexo oral mientras Dorjan hacía lo propio con Javier.
—¿De verdad estás bien así? —le preguntó Jeremy.
Ella asintió lentamente. Una tarde loca que le quitase las penas, por supuesto que estaba bien. Los niveles de oxitocina se habían disparado en aquella fogosa sesión de sexo. Sintió una excitación excesiva sobre su clítoris… un dedo resbalando en su sexo… se relajó y dejó que su orgasmo se dinamitase, sonriendo. Javier y Jeremy eyacularon en ese momento también, y entre ella y Dorjan jugaron se aseguraron de que quedasen bien satisfechos.
—Yo estoy muy cansado —dijo Javier. Estaba un poco desentrenado del acuerdo, y normalmente con Sissi tenían un par de "asaltos" antes de dormir.
—Yo también —afirmó Jeremy. Sus sesiones con Aelita solían ser más lentas y delizadas. Aquello era lascivia y no solían practicarla tanto.
—No pasa nada… creo que este matrimonio aún puede hacer algo por mi —afirmó Laura, mirando esperanzada a Odd y Dorjan con las manos sobre sus piernas. Ellos se miraron, y asintieron rápidamente. No dejarían a su amiga sin el placer que se merecía.
Dorjan estaba tendido bocarriba y Laura subió sobre su cuerpo. Apuntó la erección del chico hacia su sexo y se dejó caer lentamente. Suspiró. Aquel hombre estaba muy bien dotado. Mientras su cuerpo se acostumbraba a la sensación, se echó encima de él, haciendo su trasero accesible para Odd. Este ya lo había lubricado previamente, de modo que pudo deslizar su erección con cuidado. Despacio… un poco de descanso… un poco más… qué apretado. Laura gimió. Sentía a su amigo por completo dentro de ella.
En perfecta sincronía, Odd y Dorjan empezaron a moverse dentro y fuera de Laura. Muy despacio al principio. La sensación era muy intensa, con los dos entrando y saliendo a la vez. Pero de pronto algo cambió. Notó a Dorjan penetrándola mientras Odd se retiraba… y cuando Odd entraba Dorjan retrocedía. La sensación de tenerles dentro de ella se hizo más constante con aquellos movimientos. Dios, se le iba la cabeza. No podía pensar con claridad. Solo quería culminar de una vez. E iba a ser muy pronto, estaba fuera de si. Un poco más, chicos. Gimió mucho en el momento en que llegó al orgasmo, al mismo tiempo que sus amigos eyaculaban. Se quedó ahí tendida un rato, sobre Dorjan, derrotada finalmente, pero vencedora del juego que había querido jugar.
—Muchas gracias a los cuatro. De verdad —les dijo—. Me encuentro de maravilla ahora.
—¿Crees que serás capaz de hablar luego con William? —le preguntó Odd mientras Dorjan acariciaba los cabellos de la chica.
—Sí, creo que sí —les dijo. Debía hacerlo esa noche. Lo primero era retomar las fuerzas y volver a vestirse.
Carlos había llegado temprano a su casa. Había visto el mensaje de Laura tarde, ya que se había pasado el día en la oficina de Richard. Entre ambos estaban moviendo hilos para averiguar el paradero de Yumi. Lo único que habían determinado era que seguía con vida. Así que, cuando llamó a Laura para saber qué le ocurría, y se enteró de lo que habían hecho por la tarde, le dijo que ya se apuntaría en la siguiente ocasión si se encontraba mejor.
"Mujeres", pensó mientras se tumbaba en el sofá. Ni la tele encendió. Entre esa amiga necesitando sexo, Yumi en paradero desconocido y… ahora Samantha, con quien debía tener una conversación muy seria. No era idiota y sabía que le ocultaba algo. Lo había pasado por un tiempo, pero ya no soportaba la situación.
No incorporó la cabeza cuando sonó la puerta de la calle. Solo podía ser una persona.
—Buenas noches —saludó.
—Oh, Carlos. No te esperaba tan temprano —dijo la mujer. Se acercó a su marido y le dio un beso en los labios—. ¿Habéis averiguado algo?
—Que tomó un avión —dijo el chico, sin ganas de hablar del tema.
—Sé que la encontraréis. ¿Preparo algo de cena? —preguntó, y sin esperar respuesta, se acercó a la cocina.
Carlos se incorporó y se puso en pie detrás de ella mientras Samantha buscaba algo en la nevera. La vio sacar una lechuga. Lo que le faltaba, cenar verdura aquella noche.
—¿Me sigues amando?
Sam se quedó paralizada por un momento. ¿Qué le había preguntado? Seguro que había escuchado mal.
—¿Qué dices?
—He preguntado si me sigues amando —dijo él, sin cambiar el tono de voz. La miraba serio. No con dudas o con algún tipo de resentimiento. Tal vez… ¿resignación?—. Bueno, llevamos muchos años juntos. No sería raro que te hubieras cansado de mi.
—Estás de coña…
—Sé que me ocultas algo. No sé el qué, porque te prometí que no haría deducciones contigo y que te dejaría contarme lo que te ocurra. Te noto ausente, sé que la otra noche saliste a dar una vuelta sin decirme nada. Si estás conociendo a alguien…
De pronto se vio rodeado por los brazos de su mujer.
—No. No. No. No. No. No pienses esas cosas, no —dijo muy rápidamente, susurrando—. Te quiero, de verdad que te quiero…
—Pues dime qué te pasa —pidió él—. ¿Es algo malo?
Ella asintió.
—Prométeme que no te vas a enfadar.
Él no respondió. No podía prometer eso. Pero Samantha sabía que debía confesar lo que ocurría. Le llevó a la planta superior y entraron en la sala donde tenía sus papeles. Sacó una carpeta, y se la tendió. Carlos alzó una ceja y la abrió. Tardó unos segundos en entender lo que había dentro. Anónimos. Mensajes anónimos dirigidos a su mujer. Los leyó todos, uno por uno.
—Recibí el primero… creo que fue antes del verano. Pensé que era una broma, lo dejé pasar… empezaron a repetirse. Y cuando la situación se fue de las manos… pensé que te enfadarías por habértelo ocultado… La última vez que te oculté algo te fuiste de casa… No quería que te fueses, necesito que...
Ahora fue ella quien recibió el abrazo. Él había dejado caer la carpeta. No le importaba en ese momento. Le importaba ella.
—Quiero que entiendas esto: no tienes la culpa de nada. No has hecho nada malo. No voy a irme de tu lado.
—Carlos… —un sollozo.
—Voy a encontrar al culpable, te lo prometo —continuó. Ella asintió con la cabeza. Se sentía protegida—. Quiero que me cuentes…
—No. Esta noche no —pidió Sam—. Mañana te cuento todo lo que necesites. Esta noche no necesito al detective… necesito a mi marido.
—Pero tengo que salir a encontrar a este indeseable…
—Por favor… —pidió ella—. Si te lo cuento saldrás… no quiero dormir sola…
Carlos reflexionó por un momento. Ella tenía razón. No podía dejarla sola.
—Hagamos un trato. Cuando tenga que salir a investigar, quiero que te quedes con Ulrich, ¿vale? Os irá bien la compañía. Pero —añadió antes de ser interrumpido— no será esta noche, ¿vale? Me quedo contigo.
—Gracias —dijo ella, y le dio un tierno beso—. Te quiero. Te quiero muchísimo.
—Y yo a ti.
—Si no tienes hambre… vamos al dormitorio…
—¿En esta situación te apetece sexo?
—No… necesito hacer el amor con mi marido —le corrigió ella.
Él asintió. Desocupó la mente de todo. No podía tener en mente algo que no fuera ella. La amaba, por supuesto. Y no se arrepentía de la decisión que había tomado, muchos años atrás, de estar con ella. Caminaron hacia la habitación, dispuestos a manifestar físicamente sus sentimientos. Ya al día siguiente tendrían tiempo de ponerse al día de todo lo ocurrido.
¡Hola a todo el mundo! A pesar del título de mierda que he elegido para el capítulo, espero que os haya gustado. Me planteé muchas de las cosas antes de escribirlo (la trama ya estaba decidida hace semanas) pero al final me encuentro satisfecho con el resultado. Y lo más increíble, solo hace seis días desde mi última actualización (un "Code: Lemmon"), un tiempo que solo mantenía cuando empecé por estos mundos.
*mira a su juventud volar*
Ains...
Moon-9215: Depende de las consideraciones de cada uno, supongo xD Solo puedo decir que, como es evidente, volverá.
Alejito480: Odd tiene más peligro con Lexa que el bautizo de un gremlin xD Y no, Yumi no ha fallecido, no soy (tan) cabrón xD Y sí, aquel OC ya sufrió bastante cuando se enamoró de Sissi... y no sabes lo que le espera. ¡Gracias!
Pronto más actualizaciones. Además, estoy trabajando en un one-shot aparte, un crossover entre Digimon y Code:Lyoko... en mi línea limonera ;) Así que atentos a mi perfil cuando lo publique. Lemmon rules!
