Capítulo 10: Más de un regreso

Ulrich y Yumi habían entrado en la casa. El alemán no había dicho nada. Se había quedado paralizado al verla, sin saber qué decir. Y por supuesto, Yumi estaba igual. Había regresado un poco más tarde de lo previsto. Paradójicamente, para evitar aquella sensación. Pero un vuelo saliendo con retraso, una parada antes de lo previsto, la hora de salida de los trenes… No contaba con llegar de noche, sino de día, cuando pudiera hablar con calma con su marido.

Pero la aparición repentina de Yumi había eliminado el sueño del chico. Y ahora aguardaba con paciencia a que ella subiera las escaleras, dejase la maleta en el dormitorio, se quitase el pesado abrigo que llevaba puesto, y volviera a bajar para hablar con él. Claramente, ninguno de los dos sabía cómo empezar una conversación tan necesaria como incómoda.

—Lo siento —fue lo único que acertó a decir la japonesa.

—¿Qué es lo que sientes? —preguntó Ulrich, secamente.

—No. No lo sé. ¿Qué es lo que sientes? ¿Haberte ido sin decir nada? ¿Poner todos los impedimentos posibles por encontrarte? ¿Amenazar con VOLVER A DESAPARECER SI HABLÁBAMOS CONTIGO? ¿NO PONERTE EN CONTACTO CONMIGO MÁS QUE PARA DECIRME QUE ESTABAS VIVA?

Ulrich se dio cuenta al callarse de que se había levantado. Se serenó. Volvió a sentarse y bajó la cabeza, avergonzado.

—Perdona. No quería gritar…

—No te culpo. Sé que no me porté bien. Y te quería pedir perdón por todo lo que has dicho… por todo lo que te habré causado…

—No he sabido nada de ti. Tus padres me han llamado cada día xpreguntando si sabía algo. ¡Hiroki me acusó de haberte hecho algo malo! Y da gracias a que no le conté lo que hiciste a Takeru. Ya sabes, nuestro hijo… perdona, ha sido mezquino.

—Ji… —a Yumi le brillaban los ojos—. Me prometí no llorar cuando hablara contigo, pero me lo pones difícil —suspiró un par de veces, tenía que serenarse—. Tienes que saber que lo que te dije en la nota fue en serio. Te quiero. Te quiero muchísimo. Eso es lo único que no ha cambiado en todos estos años.

—Entonces, ¿algo ha cambiado?

—Exacto. ¿Recuerdas lo que hice el último día que estuve aquí?

—Acostarte con Carlos.

—Ulrich, por favor…

—Perdona. Tuviste… tuviste una sesión de fotos, ¿verdad? —dijo Ulrich.

—Exacto. Como cada mes. De cada año desde que estábamos en la universidad. Estoy cansada, Ulrich, muy cansada. Quería irme, alejarme de los focos, pasar una temporada sin tener que ir a que me hagan fotos…

—Si estabas mal…

—¡Pero no lo estaba! ¡Nunca he posado como no he querido! Ninguna de mis sesiones me ha parecido denigrante. No me he sentido incómoda. Y aún así… quería tomarme un descanso.

—Si me lo hubieras dicho, podríamos habernos ido los dos…

—No podía. No, necesitaba que te quedases aquí. Si te arrastraba conmigo, no podría vivir con ello. Esto no han sido unas vacaciones, es un tiempo que me he tomado para pensar…

Hacerte venir conmigo hubiera sido demasiado egoísta. Y sé que si hubieras sabido lo que quería hacer, me hubieras detenido. Lo siento —volvió a decir.

Ulrich se reclinó en la silla hacia atrás. Aquello que estaba escuchando… lo podía entender, pero eso no evitaba que estuviera enfadado. No conseguía asimilarlo.

—¿Y qué vas a hacer, Yumi? ¿Vas a seguir pese a que no te gusta?

—Eso depende —dijo ella—. ¿Te parecería mal que lo dejase?

—Nunca te pondría límites, Yumi. Lo que no entiendo es que me preguntes cuando has hecho lo que te ha apetecido.

Aquella frase terminó de derribar el muro que Yumi había hecho por construirse para aquella discusión. Dos lágrimas cayeron de sus ojos. Por suerte no cayó ninguna más. No esperaba mucho menos de aquella situación. Y en su cabeza, Ulrich no hacía más que gritar y romper cosas. Así que dentro de lo malo, no estaba tan mal aquello.

—Quiero dejar de ser modelo. Quiero aprovechar lo que estudié. Quiero ser monitora de defensa personal —dijo mientras intentaba serenarse.

Ulrich no dijo nada por unos segundos. Dejar de modelar. En cierto modo, incluso sería beneficioso. Pensar en su mujer expuesta en las revistas había sido un acuerdo que había aceptado a regañadientes.

—Sé que no ganaría tanto dinero —dijo Yumi—. Pero aquí no tenemos tantos gastos como en la ciudad… incluso la hipoteca está pagada…

—No me preocupa el dinero —interrumpió Ulrich—. Lo que quiero saber es que si haces ese cambio no volverás a marcharte. Que no me vas a dejar aquí tirado otra vez.

—Claro que no. Es lo que he estado meditando, es lo que quiero hacer. A lo que me quiero dedicar. Y estar contigo. Si es que aún me quieres…

—Claro que te quiero. Por eso me ha dolido tanto todo esto. Creo que tardaré unos días en poder perdonarte del todo. Estoy muy enfadado todavía…

—Lo entiendo, de verdad. ¿Quieres subir a dormir?

—Creo que me hace falta… —respondió el chico y se puso en pie para ir a la puerta.

—Buenas noches —le dijo Yumi.

—¿Qué pasa? ¿Es que no subes?

—No lo sé. Pensaba que querrías estar solo —murmuró Yumi—. ¿Vamos a dormir juntos?

—Sube —respondió Ulrich, intentando suavizar el tono de su voz—. No vas a dormir en el sofá. Debes estar cansada del viaje.

Yumi asintió y siguió a su marido en silencio. Oían cada pisada en los escalones. Por fin estaban en la habitación. Se dieron la vuelta mutuamente para empezar a cambiarse de ropa. Ulrich se enfundó en su holgado pijama y se giró. Yumi estaba también en ropa de dormir. Se metieron en la cama sin decir nada.

—Buenas noches, Yumi.

—Buenas noches, Ulrich.

Y sin que el alemán lo previera, ella le dio un suave beso en los labios. Se dio la vuelta y se echó a dormir. Ulrich miró a su mujer. Esa que por fin había vuelto y le hacía compañía. No se había imaginado cómo sería el reencuentro, pero desde luego la palabra que mejor lo definía sería "doloroso". Tenía mucho enfado acumulado. Cerró los ojos e intentó dormir. Al día siguiente seguiría la conversación.

Tal vez no se había podido resistir, pero al despertarse Ulrich se topó con Yumi echada encima de él, casi hecha un ovillo. Eso despertó la ternura, pero debía ser fuerte. Lo había pasado muy mal. Con cuidado se echó a un lado, dejando que Yumi cayera sobre el colchón y miró por la ventana.

—¿Ocurrirá algo en este pueblo cuando nos vamos todos a dormir? —se preguntó en voz alta.

—Ulrich, vuelve a la cama —dijo Yumi. Ulrich la miró. Tenía los ojos muy abiertos—. Aún es pronto.

—La verdad, hoy no tengo que dar masajes por aquí. Pero voy a asomarme a la clínica.

Traducido quería decir "Necesito una excusa para irme un rato y pensar en lo que hemos hablado".

Sabiendo que lo peor que podía hacer era discutirle, Yumi asintió. Optó por ponerse en pie también. Se puso la bata y bajó a desayunar con Ulrich. Si no podía estar con él, al menos podría ir a hacer una visita a sus amigos. Les había echado mucho de menos durante su ausencia. Pero en aquel viaje tampoco podía contar con ellos. Todo serían opiniones de todo tipo, que entrarían en contradicción con otras opiniones y no aclararía nada.

—Puedo hacer yo el desayuno —dijo Yumi.

—Ya, pero lo hiciste el día que te marchaste. Me tocaría a mi prepararlo —replicó Ulrich. Se recordó que tenía que esforzarse por ser amable, pero le resultaba complicado. Mejor si pasaba el día fuera de casa.

—¿Te puedo preguntar algo? —dijo Ulrich. Esta vez consiguió suavizar el tono de su voz. Pegó un trago al café.

—Claro…

—Sobre el acuerdo. Creo que estuviste en casa de Kuroko —empezó Ulrich—. Tengo curiosidad por saber si… bueno, si "hiciste algo" con ella.

—No. Me llevé una sorpresa cuando llegué. Se ha casado —contó Yumi—. Estuve a punto de irme a un hotel pero su esposa no pudo ningún impedimento en que me quedase. Y eso que conocía la fuerte atracción de Kuroko hacia mi.

—Entiendo. Bueno, voy a asomarme por la clínica. Volveré para la hora de comer —le dijo.

Echó el vaso del café al fregadero y se puso la chaqueta. Pero al poner la mano en el picaporte, Yumi le abrazó por la espalda. No podía dejar que se fuera, no sin decirle algo.

—Te quiero —le susurró, y apretó un poco más fuerte.

Con cierto esfuerzo Ulrich se giró y le devolvió el abrazo.

—Yo a ti también. Pero necesito un tiempo, ¿vale?

—Lo que necesites —aceptó Yumi.

A unos pocos metros, sonaba el móvil de Laura. No respondió de inmediato. Se sentía demasiado bien entre los brazos de William. Y más desde que había optado por reparar los coches abajo de casa. Trabajaba poco y la mayor parte del beneficio provenía del taller de la ciudad. Así dedicaban más tiempo el uno al otro.

Pero a la segunda llamada ya resultaba molesto.

—Cariño —murmuró William—, dile a quien sea que se vaya a tomar por culo…

—Vale —dijo Laura, y tras un bostezo respondió a la llamada—. Ígamesh

—¿Laura?

—No, shaquivocao

—Laura, soy Jeremy.

—No coosco ningún Jeremy… ¡Jeremy! Perdona, me has pillado durmiendo.

—No te preocupes. Me han escrito esta mañana del trabajo. Quieren hacerte una oferta.

—¿Una oferta? —respondió ella, confusa.

—De trabajo. Despierta, por favor. La persona que te va a llamar no es un adalid de la amabilidad y la comprensión. Responde con seriedad, ¿vale?

—Vale. Oye, Jeremy, muchas gracias…

—De nada. Te cuelgo, que estoy al volante.

—Hasta luego.

Laura se incorporó. Estaba un poco confusa aún. Según la llamada de Jeremy, iban a hacerle una oferta de trabajo. Joder, pero había mucho tiempo desde que le habían dicho que iban a llamarla. ¿Sería aquella la oportunidad que había estado esperando?

—¿Qué quería Jeremy? —preguntó William, que la conversación le había desvelado.

—Me ha avisado de que me van a llamar para ofrecerme un trabajo.

—Pero eso ¡es estupendo! —exclamó su marido—. Era lo que querías, ¿no? Volver a trabajar. Con esto del invierno tampoco has subido al monte con el rebaño.

—Sí… Claro, sí, es que aún estoy un poco dormida.

La realidad era que Laura no creía que fuera el momento de volver a trabajar. No se veía capacitada para ello. Pero la alegría que decía sentir William era contagiosa. Debía hacerlo lo mejor que pudiera. Se levantó para vestirse.

—Solo van a llamarte. ¿Hace falta que te pongas la ropa para ello? —preguntó el escocés.

—Sí. Dicen que la ropa influye mucho en cómo respondes, incluso por teléfono. Si me llaman y sigo en pijama soy capaz de bostezar —rió la rubia—. Espero que se de bien la llamada.

—Seguro que sí. Tú vales mucho. Y Jeremy no te recomendaría si también lo pensara.

En eso tenía razón William. Decidieron ir a desayunar. La llamada bien podía ser en diez minutos como en varias horas, y no merecía la pena estar aguardando. La vida empezaba a enderezarse.

Quienes también estaban en casa descansando eran Sam y Carlos. Aquel día ella solo iba a atender por videoconferencia desde casa. Y si no funcionaba en condiciones, podía subir un momento a aprovechar la fibra del ayuntamiento. Pero quería aprovechar que su marido no tenía casos en la agenda para pasar un día con él.

Hizo la primera videollamada por Skype, pero su paciente no respondió en el acto. Aguardó varios segundos mientras daba tono. Luego optó por colgar y le dio cinco minutos de cortesía antes de volver a intentarlo. Sonrió cuando Carlos le dejó un café al lado del portátil. Este, por su parte, pilló la tablet y empezó a leer 1984 por vigésima vez en el sofá.

Al escuchar por segunda vez sonar la llamada de Skype sin recibir respuesta ya le resultó extraño. Carlos levantó la mirada. Sam repasaba las notas de su paciente.

—¿No responde? —preguntó él.

—No. Era nuestra segunda cita. Al parecer no le dejaban ausentarse del trabajo, así que me pidió hacer una videollamada.

—Cómo son esos jefes… —dijo él, levantándose y poniéndose detrás de su esposa—. Y si no te responde… ¿cuándo tienes la siguiente cita?

—Dentro de una hora y media, más o menos —respondió ella—. Mmmm, o tal vez debería anularla —añadió al sentir las manos de Carlos acariciando su vientre.

—Si nos damos prisa nos dará tiempo —inquirió Carlos, y cerró el portátil para apoyarlo en el suelo—. ¿No crees?

—Dame un minuto de nada —pidió Sam—. Si vas a morar si hay correo me darás tiempo.

—De acuerdo —aceptó él—. No tardes.

Se apresuró en salir al buzón. Abrió, atrapó todos los papeles rápidamente y volvió a entrar en casa. Qué frío hacía.

Fue a echar un vistazo rápido. La típica carta del banco, una presunta oferta de seguros que seguramente sería una estafa, y… ¿Un papel doblado?

Sam apareció puntual, vestida con un picardías rojo. Pero la expresión en el rostro de Carlos le informó de que el rato pasional había quedado postergado. Se acercó a él, preocupada.

—¿Qué ha pasado?

Este le tendió el papel doblado. Sólo había dos frases. "Hola, puta. ¿Me has echado de menos?".

—Tu "fan" ha regresado —dijo con la voz ronca—. Pero esta vez no se me va a escapar.

—¿Qué vas a hacer?

—Tengo que hablar con alguien. Alguien que puede darme accesos a recursos que yo no tengo —respondió Carlos, y le dio la vuelta al papel. Había algo extraño. Una especie de marca amarilla—. Aquí hay una huella. Pero necesito hablar con alguien que pueda acceder a una buena base de datos para cotejarla.

—Habla con quien necesites —dijo Sam—. Encuéntralo, por favor.

Carlos sacó el móvil del bolsillo y entró en Contactos. Deslizó un poco el dedo hasta que encontró a quien buscaba. Nath. Llamar.

—Hola, colega. ¿Sigues trabajando con la policía? ... Sí, necesito un análisis de huellas extraoficial… Es por mi esposa, Nath. Vale, te las llevo en seguida —y colgó el teléfono—. Me voy a verle.

—Cualquier día le vas a meter en problemas.

—A ese le gustan los problemas más que a nosotros. Volveré pronto —dijo el chico mientras se ponía el abrigo—. No salgas, ¿vale?

—Tranquilo.

Se besaron levemente y Carlos salió corriendo hacia el coche. Cada segundo era tiempo que se les escapaba. Joder, ¿en serio nadie había visto al culpable? ¿Tan pesados tenían todos el sueño en aquel pueblo? Que él también, claro.

William estaba en la calle revisando un motor que tosía mientras que Laura esperaba la llamada. Finalmente apareció en la pantalla un número que no conocía. Descolgó al tercer timbrazo, no era bueno parecer ansiosa.

—¿Buenos días?

—Hola, buenos días. Es usted Laura Gauthier —preguntó una voz carente de entonaciones.

—Sí, soy yo.

—Hola, me llamo Edith Eustis, del Departamento de Recursos Humanos del C.I.F. El Centro de Investigación Físico —explicó sin que ella lo preguntase—. Hemos estado leyendo su currículum en línea y nos interesa su trabajo. Actualmente se halla desempleada —preguntó.

—Así es.

—En ese caso, podría usted hacer una entrevista mañana por la mañana —preguntó.

—Por supuesto. ¿A qué hora?

—Le viene bien a las once —preguntó.

—Me viene perfecto.

—Muy bien, la espero entonces. Pregunte por mi en recepción. Edith Eustis —repitió su nombre, como si Laura tuviera algún problema de memoria—. Que tenga usted un buen día.

—Gracias, Igual… —Edith colgó—… mente, pedazo de imbécil.

Laura se echó la chaqueta por encima y fue a contarle a William la conversación con Edith. Aunque este desaprobaba el tono desagradable de aquella "reclutadora", por lo menos su mujer podría volver a trabajar y sentirse útil. Laura sonrió. A ver qué tal se le daba la entrevista.

—Mi amor, ¿qué te ocurre? Has estado toda la noche dando vueltas.

Javier intentaba cuidar de Sissi. No salía mucho de casa desde que sabía que ella estaba embarazada. Se agachó para darle un beso, pero ella se apartó en el último momento.

—¿Cariño? —estaba muy preocupado.

—Javier, no… no es necesario que hagas esto, de verdad. Estáte tranquilo, no es la primera vez que estoy embarazada…

—Sí, bueno, pero nuestra benjamina ya es mayor de edad y se ha ido de casa —le recordó Javier—. ¿Por qué no dejas que te cuide?

—… Porque no me lo merezco —Sissi empezó a sollozar. Se había pasado la noche dándole vueltas al discurso de Laura. Había empezado maldiciendo a "aquella idiota metomentodo cotilla". Pero no se había podido engañar más rato. Ella era la única culpable por haber engañado a Javier—. Siéntate, por favor.

—¿Qué dices?

—Siéntate. Hay algo que tengo que contarte. Algo muy gordo...


¡Hola a todo el mundo! Este capítulo lo habría publicado el domingo... Pero no estaba escrito xD Así que ahora lo he terminado y ya sí tocaba dejarlo a vuestra disposición. Espero que os haya gustado.

Moon-9215: La marcha de Yumi había que explicarla, claro ;) Aunque de momento no tengo nada pensado para que regresen Johnny e Hiroki, porque era una locura manejar a tanto personaje :(

Si todo va bien, quienes siguen mi perfil verán actualización el domingo de "Digital Lemmon". Y si no, pues será pronto. Lemmon rules!