Capítulo 13: Traiciones

Se sucedían los sollozos en el Hospital Deaconesses De Reuilly. Sissi estaba en la sala donde habían ingresado a Javier. Según los médicos, había tenido suerte. Aunque el coche había terminado siniestro, sus daños no eran especialmente severos. "Le ha pasado lo mínimo de daños para esa velocidad", le había dicho la doctora que llevaba el caso. "Es casi un milagro que no le haya pasado nada más. Hombro dislocado, un brazo roto, moratones por el pecho… el cuello no ha sufrido daños, pero hay un pequeño golpe en la cabeza".

Y ahora ella estaba al lado de la cama de su marido. Se había sentado en una silla para mirarle. Este seguía inconsciente. Por precaución, le habían conectado a una máquina de respiración asistida. Podía escuchar sus inspiraciones y espiraciones. Tenía el torso descubierto para controlar su corazón por electrocardiograma. Y ella se había pasado las últimas horas tomándole de la mano. Llorando. Culpándose por todo aquello. Si hubiera sido más fuerte, no habría caído bajo el embrujo de Edmond.

—Disculpe, señora Delmas —dijo un enfermero, rompiendo con delicadeza el momento—. Su marido necesita descansar. No puede pasar aquí la noche. Espero que lo entienda.

—Supongo que… en la sala, snif, de espera podré que-quedarme… —dijo ella, levantándose. Miró de nuevo a su esposo. No quería irse muy lejos. No podía irse lejos. Le había fallado demasiado.

—Sí. De hecho… es conmovedor ver ahí a sus amigos pero no pueden pasar aquí la noche. Solo usted.

—Ahora se lo digo —respondió Sissi. Se echó hacia adelante y le dio un beso en la mejilla. Le acarició el pelo con ternura—. Descansa, mi amor…

Salió de la habitación y caminó hacia la sala de espera. Odd, Alicia y Emily la habían acompañado hasta el hospital. Desde allí, Odd había avisado al resto del grupo. La idea era no saturarlo. Y por supuesto, no habían podido responder al aluvión de mensajes de mensajes con preguntas sobre el estado de Javier. Sobre todo porque no habían visto a su amiga hasta ese momento.

—¿Cómo está? —preguntó Emily al verla acercarse.

—Dicen que estable… pero se tiene que recuperar de los daños —respondió ella—. Voy a quedarme aquí a dormir… No voy a alejarme.

—Sé que has pasado un día duro, amiga. Pero deberías descansar. Mañana por la mañana te puedo acercar y… —empezó Alicia, pero fue interrumpida por Sissi.

—No. No, no me voy. Debo quedarme. Si… ocurre algo… —en su cabeza, "algo" significaba "empeorar durante la noche y morir"— debo estar aquí. Podéis iros, de verdad. Estaré bien.

—¿No quieres que nos quedemos?

—Gracias, pero no podéis. Si necesito algo, sé que os puedo llamar y… No me lo puedo creer.

Odd reconoció a la persona que estaba entrando en ese momento en la sala de espera. Aicia y Emily no le habían visto antes, pero al ver que su amigo se tensaba, no había que ser muy inteligente para deducir de quién se trataba. Pero antes de que él se pudiera poner en medio, Sissi avanzó.

—¿Qué haces aquí?

—He recibido una paliza —respondió Edmond—. He venido a que me revisen y…

—Y cuando Odd te lo ofreció dijiste que no —cortó la morena—. No me puedo creer que estés aquí. ¿Cómo cooño te has enterado?

—Las noticias vuelan, como ya te dije —respondió él—. Con nuestra interrupción no pudimos terminar de hablar…

—¿Tú no tienes vergüenza? —saltó Odd, pero Sissi levantó una mano. Ese asunto pensaba zanjarlo ella de una vez por todas.

—Idos, por favor. Me apañaré con este.

No muy confiados, Alicia, Emily y Odd se marcharon de allí sin decir nada. Unos sanitarios pasaban por allí, y empezaban a pedir a toda la gente que no se fuera a quedar a pasar la noche se marcharan. Sissi cruzó los brazos, en un intento de serenarse… y de no ser la siguiente en golpear a Edmond.

—Sissi, lo que te dije antes iba totalmente en serio. Podemos ser felices si quieres. Será nuestro hijo…

—Tú sueñas —respondió ella—. Se suponía que te ibas para siempre. Y… lo hicimos sin condón, ¿crees que me voy a creer que serás una persona responsable? ¿Que algo de esto de verdad te importa? Vete.

—Oye…

—Gritaré —le advirtió.

Edmond levantó las manos, aceptando la derrota. Apoyándose en el bastón se marchó de allí. Sissi le vio irse y luego se sentó en una de las sillas de aquella fría sala. Pero no le importaba mucho en ese momento su propio estado. Por lo menos estaba cerca de Javier. Miró el teléfono. Cincuenta y seis por ciento de batería. Le aguantaría hasta la mañana siguiente, pero debería ir a casa a darse una ducha y ponerlo a cargar por la mañana. "Lo siento mucho", pensó, como dirigiéndose a su marido, antes de cerrar los ojos e intentar descansar. Demasiados disgustos en un día.

Volvía a ser por la mañana en Villenneé. Ulrich y Yumi se habían quedado sorprendidos al despertarse y ver los mensajes de Odd. Se habían quedado dormidos toda la noche en el momento en que subieron a la cama para abrazarse.

—Joder, esto es terrible… —dijo Yumi.

—Sissi tiene que estar destrozada —pensó Ulrich en voz alta—. Pobrecilla…

—Deberías ir al hospital a ver cómo está —comentó la japonesa mientras servía dos cafés en sendas tazas—. Yo me puedo pasar después de la prueba…

—Pensaba que te iba a acompañar —respondió el alemán, confuso—. Ya sabes…

Y es que conocer la mala situación del matrimonio de sus amigos le había provocado dudas. No quería llegar a esa situación con Yumi pese a lo mal que lo había pasado. La amaba y quería seguir con ella. Por eso se había ofrecido a acompañarla a una entrevista en uno de los pueblos de la zona, donde buscaban un instructor de defensa personal en un gimnasio.

—Estaré bien —aseguró ella—. De verdad, ve a verla, me gustaría estar allí lo antes posible también. Y sé que eres una persona importante para ella, harás bien en estar a su lado.

—Y contigo —le recordó él.

—Siempre.

Se dieron un suave beso. Al terminarse los cafés, Ulrich fue al coche y se marchó hacia el hospital. Por su parte, Yumi se acercó a casa de Sam y Carlos y llamó al timbre. Pero se sorprendió al ver salir a un hombre que no conocía de la casa.

—¿Yumi? —preguntó él.

—Sí —dijo ella, confusa.

—Sam me ha dicho que te de esto —dijo, y le tendió las llaves del coche de la pareja—. No han "salido aún de la cama".

—Entiendo. Gracias —respondió—. Yumi —y le tendió la mano.

—Nath —dijo él, devolviendo el saludo.

Sin decir otra palabra, él volvió a meterse en la casa. Yumi decidió que había cosas más importantes en ese momento que saber detalles sobre el invitado de sus amigos y fue a por el coche. Se montó, apoyó el móvil en el salpicadero con el GPS y condujo con suavidad hasta el lugar. No sabía ni dónde tenía que ir. Simplemente había respondido a un anuncio que le había llamado la atención y había sido convocada para esa mañana.

Por suerte para ella, no estaba mal comunicado. No tenía mala pinta aquel sitio. Se alejaba del estilo de los gimnasios que lucían su interior con grandes ventanales. Ladrillo pintado y el nombre de "Fitness Gym" pintado a mano con pincel sobre un fondo blanco. Entró y se acercó al mostrador. Un recepcionista entre los veinte y los treinta años presidía aquello.

—Buenos días, me llamo Yumi Ishiyama.

—Encantado. Victor Favre —dijo este, poniéndose en pie y dándole la mano—. Hablamos por teléfono.

—Cierto. Un placer —respondió ella.

—¿Pasamos a mi despacho?

—Claro.

En una primera evaluación, Victor no pretendía hacerle algo feo. "Y aunque lo pretendiera, no tiene pinta de ser tan tonto como para arriesgarse con una profesora de defensa personal", pensó ella mientras le seguía a un despacho. Desde luego era todo lo opuesto a la opulencia. El mismo color blanco pintado sobre ladrillo en las paredes, una mesa con una cajonera y una lámpara encima, dos sillas, y un archivador eran todo lo que había.

—Estuve leyendo su currículum —comentó Victor mientras sacaba un portátil del cajón. Parecía buscar algo—. Aquí está. Sí, tiene usted la formación que buscábamos… la cual completó hace muchos años.

—Sí… —respondió Yumi. No le gustaba el tono de voz del hombre.

—Y desde entonces no ha tenido ninguna experiencia profesional en el campo —comentó mientras leía—. Modelo, ¿verdad? Interesante.

—Oiga, ¿me ha hecho venir para decirme que no le intereso porque no tengo experiencia? —preguntó Yumi. Con las noticias de las últimas horas lo último que le apetecía era aguantar a un gilipollas soltando gilipolleces.

—No adelante acontecimientos, por favor —pidió Victor—. Me gustaría hacerle una prueba, en realidad. Me alegra que haya venido en ropa de deporte.

—¿Qué tipo de prueba?

Victor le pidió que le siguiera y atravesaron la zona de pesas y mancuernas. Llegaron a una sala diáfana, cuyo suelo lo ocupaban colchonetas. Yumi miró la gran cantidad de espejos que había forrando las paredes. El hombre se acercó a ella.

—Quiero ver cómo reaccionas.

Y antes de que ella se diera cuenta, él la sujetó por el cuello del chándal. Rápidamente, Yumi metió los brazos entre los de él y los echó hacia fuera con fuerza. Con un impulso, empujó a Victor hacia atrás, que estuvo a punto de caerse al suelo. Este sonrió, y retrocedió un poco más. De una caja sacó una especie de cuchillo. Se abalanzó a por ella y atacó. Yumi se hizo a un lado en el momento justo, y atrapó la mano de Victor. Con un golpe le hizo tirar el arma. Luego la retorció de un movimiento y le apoyó contra el espejo.

—Señorita Ishiyama, me ha sorprendido usted —dijo él—. ¿Hablamos de dinero?

—Será un placer —respondió ella, soltando a su jefe—. Así que voy a disponer de armas ficticias para la clase, ¿no? —comentó, inspeccionando el instrumento. Mirado de cerca no podría cortar ni la margarina con ello.

—Son de mi viejo grupo de teatro —respondió Victor, tendiendo la mano. Una vez con el falso cuchillo en su poder, fue a guardarlo en la caja—. Me gusta su actitud, he tenido entrevistas en las que cuando he ido a atacar, se han temido que fuera en serio. Usted ha sido la primera en demostrarme que sabe defenderse.

—Supongo que es la reacción natural de cualquiera —comentó Yumi—, pero como se suele decir… he visto cosas que no creerías.

—Ya habrá tiempo para contármelas —dijo Victor—. ¿En cuánto valora sus honorarios?

Pasaba la hora de la comida. Sam había pensado en ir al hospital, pero en ese momento Aelita, Emily, Dorjan, Odd, William, Yumi y Ulrich se encontraban allí, de modo que era inviable ir más personas de visita. De hecho, había un mensaje de Odd que decía "Me han hecho irme, demasiado jaleo. Los demás venid mañana mejor", por lo que se había quedado en casa.

Y allí estaba, con una mesa llena de papeles. Todos los ánimos recibidos. Notas de todas las personas que conocía. En un aparte, su grupo cercano de amigos. El acuerdo. Era impensable que fuera cualquiera de ellos. Pero incluso siendo impensable, Carlos se había sometido a un interrogatorio por parte de Nath. Ahora el policía revisaba todas las notas también, sentado frente a Sam. Carlos se había pasado un rato escuchando todo lo que comentaban en voz alta mientras pensaba. Y cuando se había cansado se había subido a la vitrocerámica, desde donde podía mirar las notas a más altura.

—No sé si eso te va a servir —comentó Nath, mirando a su amigo de reojo.

—Leerlas como lo haces tú no ha servido. Llega el punto en el que lo convencional no funciona —respondió este.

—Ya veo. Por cierto, esta mañana conocí a una amiga vuestra, la del coche… Una belleza. ¿No es modelo?

—Está casada —respondió Carlos, intentando centrarse en las notas.

—No he dicho que…

—Casada —insistió Carlos.

Nath sonrió. Le había pillado. Tampoco debía sorprenderse, hasta donde sabía, el grupo de amistades de Carlos eran todo matrimonios. Decidió dejarle pensar en sus cosas y volvió a hablar con Sam.

—¿No recuerdas nada de la persona que viste por la ventana? ¿Algún rasgo identificativo?

—Fue demasiado fugaz… Creo que tenía los ojos azul pálido… casi grises… grises… —pensó Sam—. ¡Joder!

—¿Qué ocurre?

—Me son familiares… ese tono me recuerda a alguien, pero… argh, no sé a quién.

—Tampoco es que haya muchos en la lista con los ojos grises —comentó Nath organizando las fichas—. Todos son pacientes antiguos, además. Cinco hombres, dos mujeres… ¿tienes sus expedientes para poder revisarlos?

—Los tengo arriba —comentó Sam—, pero ya los ha indagado Carlos. Tienen vidas normales. Y no acabé a malos con ellos, sus relaciones mejoraron… No sé quién ha podido ser. Estamos dando palos de ciego…

—Escucha, hemos puesto cámaras de vigilancia. No creo que vuelva a intentarlo, pero por si acaso —dijo Nath—. ¿Qué hay de tu teléfono? ¿Alguno de tus contactos?

—Los tenemos controlados, nadie que yo no quiera tiene mi número.

—¿Y nunca has cambiado de número?

—Hace varios años, cuando empecé a trabajar —dijo Sam—. Dejé mi antiguo número para mis pacientes, y el nuevo se lo di solamente a la gente cercana.

—¿Y en ese cambio de número?

—Mantuve los mismos contactos.

—Pero no hablabas con las mismas personas.

Esto último lo había dicho Carlos. Se puso de pie. Sacó del cajón el teléfono móvil de trabajo de Sam. Su anterior smartphone, siempre que se cambiaba de móvil usaba el anterior para la línea de trabajo. El smartphone tenía GPS, por supuesto. Por tanto, era rastreable. Por un experto…

—O por la Deep Web —concluyó sus pensamientos.

—¿Qué dices? —preguntó Sam.

—Alguien ha rastreado tu antiguo número. En la Deep Web hemos visto negocios de eso —dijo y le lanzó el teléfono a Nath—. Eso no facilita mucho encontrar al culpable, pero sí el cómo lo hizo. Y tu antiguo número… Mierda, tiene que haber alguien relacionado.

—¿Un viejo amigo con el que dejaras de hablar? —propuso Nath.

—Eso es. Y ya se quien es —declaró Carlos, abriendo mucho los ojos.

—Me tomas el pelo… —dijo Sam.

—Bueno, en un noventa por ciento… es retorcido… ¡Joder! ¡Esta cara! —dijo Carlos, abalanzánose a por los expedientes de Sam del trabajo y sacando uno en concreto—. ¿En serio no te resulta familiar?

Sam se fijó con cuidado. Aquella persona… la había tratado hacía mucho tiempo… pero sí, le sonaba de algo. En la foto los ojos salían muy oscuros. Pero si se los imaginaba con los ojos grises de la ventana… Se le cayó el alma a los pies. Carlos tenía razón. Ahora sabían quién era.

—¿Me contáis qué me he perdido? —preguntó Nath.

—Sí —dijo Carlos—. Y vamos a tener que tender una trampa. ¿Cuento contigo?

Al policía le brillaron los ojos. Algún plan absurdo se le podía ocurrir. Pero antes tenía que escucharles explicar la historia.

Odd llegaba finalmente por la noche al barrio. Pero en lugar de ir para su casa, optó por dejar aparcado al lado del bar de Lexa. Le apetecía una copa. Lo había pasado muy mal aquel día en el hospital. Pese a que Javier estaba lo bastante en condiciones para hablar (suave, despacio y sin alzar la voz), verle en ese estado era terrible. Y que se dirigiera lo justo a Sissi, era muy duro de ver.

Así que aparcó y se bajó del coche. No se lo pudo creer.

—¿Otra vez cerrando temprano? —preguntó a Lexa, que estaba echando la llave.

—Si no hay nada que hacer aquí, me voy a casa —respondió ella. Se acercó al rubio y le saludó con un beso en la mejilla. Este sintió que le ardía—. ¿Cómo está Javier?

—Se ha recuperado un poco… Esta noche le iban a mover a una habitación. Sissi quería pasar allí la noche, pero… no sé si él lo va a aceptar —comentó—. Dorjan se va a quedar también. Me imagino que los demás volverán en cualquier momento.

—Tiene que ser duro —comentó Lexa—. Aunque no me imagino esa situación…

—¿De verdad? —preguntó Odd. Sin darse cuenta, se había puesto a caminar hacia sus casas.

—Claro. Como mi único compañero es Damien, y ni siquiera somos una pareja formal… Siempre hemos hecho lo que hemos querido y no nos hemos enfadado por ello.

—Yo estuve a punto de ser así, pero el amor llamó a mi puerta —rió Odd.

—No es para todo el mundo, te lo aseguro —comentó Lexa—. Oye. ¿Quieres quedarte a cenar?

—¿En tu casa? —preguntó Odd.

—No, en una luna de Júpiter —bromeó Lexa—. Como Dorjan no va a dormir en casa, y yo también estoy sola esta noche… Iba a calentar una pizza.

—Me parece una buena idea —respondió el chico. Al fin y al cabo, la chica estaba sobria. No era posible que tuvieran una escena inapropiada como la del beso de unas noches antes.

Entraron en la casa y Odd invadió el sofá por indicación de Lexa. Esta sacó del horno varios utensilios que guardaba dentro y empezó a precalentarlo.

—Lo malo es que solo las tengo frías —comentó—. Me da pereza cocinar ahora. Espero que no te ofenda, signore italiano —bromeó. Odd negó con la cabeza—. ¿Calzone o quattro formaggi?

—A tu gusto —respondió Odd—. No me voy a poner caprichoso, soy el invitado.

—Por eso te pregunto —respondió ella, abriendo el paquete de la pizza cuatro quesos y metiéndola en el horno—. Diez minutos y podemos cenar. ¿Una birrita?

—No, gracias —dijo él. Se le habían pasado las ganas. Y estaba en zona de peligro. Mejor evitar la ingesta de alcohol.

Lexa llevó una jarra de agua y dos vasos. Los sirvió y se sentó al lado de su invitado. Se la veía de buen humor.

—Luego podríamos echarnos un vicio a la consola. Si no estás muy cansado —propuso ella—. Llevas todo el día fuera al fin y al cabo.

—Nah, estoy bien. Puedo derrotarte un par de veces si te apetece —bromeó el chico.

—Creo que voy a ser yo quien te gane —respondió ella—. La última vez que me dijiste eso acabaste mordiendo el polvo —le recordó.

—He estado practicando, eres una buena rival.

Tras varios minutos de intentar demostrar su superioridad Lexa se levantó a por la pizza. La cortó con maestría y se dispusieron a disfrutarla, sin permitir que su "pique" por el videojuego lo enturbiase.

—Esto da demasiado de si —comentó Odd mientras se comía un cacho. Estiró las manos el queso se estiró. Intentó comérselo y volvió a estirar. Aquello no se rompía.

—Vas a ser peor que un niño —bromeó Lexa—, pero la verdad es que las de estas marcas son buenas, ¿verdad?

—Pues sí —admitió Odd. Lo cierto era que su estómago admitía casi de todo. Y una buena cena con una buena compañía era genial.

Entre los dos terminaron por completo con la pizza, y al terminar se reclinaron hacia atrás en el sofá. Estaban llenos. Lexa se tomó la confianza de poner las piernas encima de las de su amigo. Este no se lo impidió. No iba a pasar nada.

—Tengo una pregunta indiscreta —le dijo Lexa—. ¿Cómo es para ti… el sexo con otro tío?

—¿A qué te refieres?

—Bueno, supongo que no es lo mismo hacerlo con un hombre siendo tú que siendo yo —comentó la chica. Parecían más pensamientos internos—. Aunque Damien y yo practicamos el amor libre… él no ha querido hacerlo con tíos. O al menos, no que yo sepa.

—¿Y tú lo has hecho con tías?

—Alguna vez. Muy de vez en cuando —respondió ella—. Sobre todo cuando hemos convivido en comunas. Mis compañeras fueron muy agradables —su tono de voz cambió sutilmente, como recordando algo erótico—. Pero fuera de ahí no ha ocurrido. Hará como… dos años.

—Interesante.

—¿Y tú hace mucho que no lo haces con una tía?

—… Estoy casado con Dorjan —rió Odd.

—Pero eso no significa que las mujeres ya no te gusten, ¿verdad? —rió Lexa—. ¿No os habéis montado un trío con alguna?

"Un trío con otra mujer sería lo más normal que hemos hecho", pensó Odd.

—Alguna vez.

—¿Y tú por tu cuenta con una? —inquirió ella.

—Pues tendría que hacer memoria y…

Y en ese momento Lexa subió a horcajadas encima de él. Le puso las manos en las mejillas y le besó. Por insinto, Odd llevó las manos a las caderas de ella, se dejó llevar. Pero corrigió el rumbo a tiempo y, con cuidado, apartó a Lexa de él. Tenía la respiración agitada. Ella tenía una mirada seductora, no iba a dejarse ganar.

—Lexa, ¿qué haces?

—Algo que estoy deseando hace mucho —respondió ella—. Llevo mucho aguantando, pero… seguro que sabías lo que iba a pasar si venías aquí.

—Yo no contaba con esto —intentó defenderse Odd, pero ella empezó a atacar su cuello, y a meter las manos por debajo de su ropa—, por favor… no me lo pongas difícil…

—Eso es que tú también quieres —inquirió la chica.

—Claro que quiero… Eres una diosa —admitió él—, pero debemos evitar la tentación.

Por toda respuesta, Lexa se quitó la blusa, exhibiendo sus pechos cubiertos por el sostén.

—Yo no quiero evitarla.

Y volvió a besar los labios de Odd y este no pudo evitar devolverle el beso. Tocó aquellos pechos mientras los empezaba a despojar de la tela que los recubría. Suavemente, despacio. Los probó con los labios y su sabor le enloqueción y los apretó con los dientes y ella gimió. Le sujetó la cabeza con cuidado, le gustaba que le hiciera eso y no quería que parase.

Odd también se liberó de su ropa y se desataron los besos mientras sus cuerpos estaban en perfecto contacto. El rubio se vio de pronto a merced de la chica, que había empezado a quitarle el pantalón. No se lo podía creer. Su sexy vecina bajándole el boxer, envolviendo su erección con la mano y probándola con la lengua.

—Lexa… —gimió—, no debes…

—Sí debo —respondió ella—, no voy a reprimirme…

Sometido a sus actos Odd disfrutó de aquella sesión de sexo oral que le regaló Lexa hasta el momento en que culminó. Intentó avisarla pero no le salía la voz. Aún así ella parecía encantada por aquel momento y se había deshecho de su pantalón mientras le daba placer.

—Vamos, tigre —le apremió Lexa, esperándole con las piernas separadas en el sofá—. Tómame —pidió.

Y Odd se dejó llevar, sorprendido por lo caliente del interior de Lexa. Gimieron en el momento en que se unieron y no tardaron en moverse al unísono. Sus cuerpos parecían entenderse de maravilla. Sus labios volvieron a juntarse durante las repetidas penetraciones. Ella suspiraba, cegada de libido por aquel momento. Cerró las piernas alrededor de la cintura de Odd. Consiguieron llegar al orgasmo a la vez, el cual se estiró por unos minutos ya que ninguno dejaba de mover sus cuerpos.

Finalmente, derrotados, quedaron dormidos en el sofá. O al menos, ella descansaba, satisfecha por la experiencia. Mientras a Odd se le pasaba el efecto del clímax, se dio cuenta de que había sido muy inteligente al no juzgar a Sissi. Había caído en el mismo pecado que su amiga, y encima, iba a pasar la noche abrazado a "su amante".


¡Hola a todo el mundo! Sí, sé que normalmente tras publicar un capítulo de este fic me pongo con los one-shots... Pero tenía más ganas de hacer esta capítulo y por eso lo he hecho. Espero que os haya gustado. Se va tensando la cosa, ¿no?

DemonElAbogadoOscuro0722: ¡Gracias! Iba tocando incluírlo, y obviamente, debe ir armado ;) Javi está peor, como ves :( Nos leemos :)

Moon-9215: Si ese capítulo acabó con el órgano dramático, ¿cuál sería el instrumento para terminas este?

Alejito480: Entiendo que en la review cuando dices "Carlos" quieres decir "Javier" xD Y ¿tú que crees? ¿Que el hijo es de Edmond o de Javier? xD Y creo que hace ya mucho que Sissi debió superar los sentimientos por Ulrich xD Me gustan tus teorías de la conspiración ;) Saludos.

Pues de momento hasta aquí, no sé qué será lo siguiente. Supongo que no será este fanfic, pues quiero planear unos cuantos capítulos más para que no me pille el toro. En cualquier caso, #quédateEnCasa #deVerdadQuédateEnCasa #queNoSalgasCojones, y por supuesto, #lemmonRules ;)