Capítulo 17: Visitas, pensamientos y llamadas

Javier estaba aburrido en su nuevo piso de solteros. El tiempo que le había pedido a Sissi para recuperarse del engaño no le estaba saliendo muy bien. Por un lado, la echaba de menos. Pero al mismo tiempo estaba enfadado con ella. Y pasaba del cabreo a la añoranza y otra vez al enfado y vuelta a empezar. Había confiado en la mujer en la que amaba… y de pronto se había encontrado con la noticia de que el hijo que esperaban no era de él. Otro hombre… otro cerdo, otro gusano, había profanado su interior dejando su asquerosa semilla dentro de ella.

—Hijo de puta… —murmuró entre dientes. Siguió deslizando el dedo por la pantalla de aplicaciones de su teléfono sin saber en cual entrar. De pronto un ruido a su espalda le hizo girarse—. ¿Te vas, Nath?

—Sí, tengo que encontrar a Emily —respondió este—. Antes de que el hijo de puta de Edmond le haga daño.


Nath y Carlos estaban jugando a su juego favorito. "Crímenes". Consistía en un intercambio de casos que habían resuelto. Había que intentar resolverlo con el menor número de información posible. Podían pedir toda la información que necesitaran. Imágenes de la escena del crimen, de las pruebas que habían encontrado, declaraciones de los testigos… La idea era conseguir hacer el razonamiento final en base al menor

¿Qué me puedes decir de esto? —preguntó Nath, tendiéndole notas de un robo—. El hermano murió de un ataque y el acusado se marchó con las joyas de la madre.

Hum —dejó escapar Carlos. Leyó rápidamente las notas iniciales—. Y el muerto tuvo la gentileza de levantarse y cerrar la puerta por dentro, ¿no? No me engañas.

Nath se rio. En ese momento ambos recibieron un mensaje en sus teléfonos móviles.

Y ahora, ninguno de los dos se reía.


—Voy a casa de Carlos. Si necesitas algo estoy allí.

—No te preocupes. Tienes que encontrar a nuestra amiga —dijo Javier—. Por el contrario, si tú necesitas algo…

—Encontrarla —fue todo lo que respondió este antes de salir.

Javier suspiró. Por alguna razón, el grupo parecía gafado. La felicidad no les duraba mucho. Mejor si se desahogaba con los devenires de la gente entrando en Twitter. Tocó la aplicación, pero antes de empezar a leer nada, el aviso de una llamada ocupó toda la pantalla del teléfono. Y el nombre le sorprendió bastante. "Brynja". ¿Qué hacía de pronto la rubia llamándole?

Brynja era una persona extraña para muchos de los del grupo. Aparecía y desaparecía, y siempre en algún asunto extraño. Lo más habitual era verla dedicada a la hostelería, pero había trabajado en varios campos. Lo más extraño, había sido stripper. Como habían descubierto al contratar alguna vez sus servicios. Pensándolo bien, fue ahí la última vez que se vieron. Aunque ya ni recordaba por qué habían llamado.

—¿Hola?

—Hola, Javier —respondió la chica— ¿Qué tal estás?

—Bueno, no me puedo quejar —respondió este, y en ese momento su hombro crujió en señal de protesta. Aunque había podido abandonar el hospital aún había momentos en los que su cuerpo se resentía por el accidente sufrido. Y se sorprendió cuando la rubia le preguntó al respecto.

—Me he enterado de lo que te pasó con el coche. ¿Seguro que estás bien?

—Hay días en los que me cuesta. Y sigo tomando medicamentos —confesó—. Pero bueno, lo peor ya ha pasado.

—Me alegro de que no fuera nada. Estoy otra vez por la ciudad. Si necesitas algo, puedo acercarme a verte…

—Te lo agradezco. Pero, bueno. Nos hemos mudado. Estamos ahora en un pueblo perdido en el culo del mundo… —le contó.

—Me he enterado también de eso. Pero no pasa nada. Puedo acercarme con el coche.

—Gracias, de verdad, pero no quiero molestarte. El grupo ya se ocupa de mi. Pero gracias por el detalle.

—El grupo, es verdad… A ver si quedamos para cenar.

—Estaría genial, necesito salir. Hablaré con los demás y…

—No… No me estás entendiendo —dijo Brynja—. Te estaba proponiendo quedar… los dos solos.

Javier no respondió. ¿Qué acababa de decir?

—¿Hola? —preguntó Brynja—. Javier, ¿estás ahí?

—Sí… sí, estoy aquí… ¿A qué te refieres con quedar los dos solos?

—Podríamos… cenar —se tomó una pausa antes de continuar—. Mira, sé que Sissi y tú no estáis juntos ahora. Pensé que si estabas solo, podríamos quedar. Después de la última vez... Lo sé, ha sido una idea estúpida. Voy a colgar.

En aquel momento Javier se acordó. La última vez, la rubia explosiva había hecho un striptease para ellos. Hacía cosa de un par de años. La noche se vino arriba. Al quitarse la ropa, ella se había sentado aleatoriamente encima de Javier. O al menos, él pensaba que había sido aleatoriamente. Y ahí la chica se había deshecho en un largo beso con él. No había pasado nada más. "Nada de sexo", era la única condición que sus esposas les ponían si decidían llamar a una stripper. Aquello rozaba el límite pero no pasaba nada si no iba más allá.

—No. No cuelgues —la detuvo—. Oye… no sé lo que pretendes. No estoy pasando por un buen momento.

—Me lo imaginaba. Pensé que te podría venir bien.

—Pues creo que tienes razón. ¿El viernes te parece bien?

—De acuerdo. ¿Puedes conducir, voy a por ti…?

—No te preocupes por eso. Estaré allí. Conozco un buen sitio, te pasaré la dirección.

—Bien. ¿A qué hora? —preguntó Brynja—. Perfecto. Pues allí estaré.

—Allí nos veremos —respondió Javier.

—Un beso, guapo.

Y con aquellas tres palabras, Brynja colgó la llamada. Javier se quedó un rato mirando la pantalla hasta que se bloqueó. Aún no asimilaba lo que estaba ocurriendo. Una de las amigas más antiguas de Sissi (aunque normalmente ella solo se refería a la rubia como "conocida") le había propuesto una cita al saber que estaban separados. Y él, por alguna razón, había dicho que sí. Pensándolo bien, la chica no era la primera vez que se le insinuaba… hubo otras ocasiones antes de aquel striptease. Pero ahora parecía ir algo más en serio.

Miró a su alrededor, pero estaba solo en la casa. Casi mejor. Nath era un buen tío, pero no sabía nada del acuerdo y preguntarle implicaría desvelar casi todo. Y Dorjan, bueno. Él estaba con el corazón roto por culpa de Odd. Si le preguntaba lo mismo le decía "Tienes que tirarte a esa mujer, por despecho". No, la decisión de lo que ocurriese tenía que ser meditada, no impulsiva. Decidió encender la tele. Las gilipolleces de los tertulianos le servirían para evadirse un rato del mundo.

Por el contrario, la casa colindante tenía más actividad que nunca. Carlos y Nath había transformado el salón en un conjunto de papeles, fotografías y ordenadores para encontrar a Emily. Se movían frenéticos, lanzándose notas. Pero de momento, toda pesquisa parecía ser inútil. Ni siquiera encontrar el teléfono de Edmond había servido para encontrarle. El hijo de puta había sido listo, y después de enviarles el mensaje con la foto de Emily drogada en el asiento trasero de un coche, lo había dejado en una papelera. Teléfono desechable.

—Hola, chicos… —saludó una voz femenina que acaba de despertarse—. ¿Habéis averiguado algo?

Alicia se había refugiado en casa de Sam y Carlos. La noticia la había devastado. Su esposa, secuestrada por aquel maníaco. Tenía miedo. Ese hombre había hecho mucho daño. Ese día, Carlos le había propuesto a Sam que se fuera unos días con Alicia, de modo que la investigación y sus avances (o la falta de ellos) no nublasen los pensamientos de su amiga. Pero ella se había negado, quería saber, y les pidió quedarse con ellos.

—Aún no… —protestó Carlos—. Lo estamos mirando todo, pero Edmond es muy listo…

—No está en ninguna de sus propiedades. Mis compañeros han entrado en todas ellas. El teléfono que dio en la empresa si le tenían que localizar es el desechable. El coche era de esos que puedes alquilar por el móvil y dejar donde te de la gana… pero en los alrededores tampoco hemos encontrado testigos. Es muy listo —dijo Nath. Se rascó la cabeza, de espaldas a la chica.

—La encontraremos. Lo sabes, ¿verdad? —preguntó Carlos, y asegurándose de que el policía no miraba, le dio un ligero beso a Alicia—. Daremos con ella.

—Sé que lo haréis —respondió ella, y le pasó los brazos alrededor del cuello—. Pero me da miedo que ese cabrón le haga daño…

—Buenos días —saludó Sam—. Me ha extrañado no verte… espero que hayas podido dormir —dijo a Alicia.

—Algo he descansado… pero no lo suficiente —respondió.

Nath se acercó a Carlos y le enseñó un informe. Llevaba el sello de la policía. Supuestamente no debía compartir la información, pero era por salvar a la chica. Alicia escuchó algo de "rastrear otras compras", pero en ese momento alguien empezó a aporrear la puerta de la entrada. Sam se apresuró a abrir. Y dio un grito.

—¿Qué pasa? —preguntaron los otros tres, corriendo hacia la puerta.

—¡David! —gritó Alicia.

—Mamá.

El joven dio un ligero apretón en los hombros a Samantha antes de correr a abrazar a su madre. David era la viva imagen de Emily en su adolescencia. Con el pelo muy corto, eso sí. Siempre parecía tener un aire serio, aunque los que le conocían sabían que podía sacar una carcajada al grupo en los mejores momentos. Sam tiró de la mochila de viaje del chico, que se había quedado en la puerta, y la metió.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Alicia.

—¿Cómo iba a quedarme allí? Mamá está secuestrada… —dijo este, y le dio un beso a su madre—. Carlos… dime que tienes algo.

Dio un paso hacia él, pero el detective adelantó la mano para saludarle. David se la estrechó.

—Tenemos un montón de información que… de momento no nos lleva a ninguna parte —confesó—. Pero bueno. Nath, que es el mejor policía que conozco, está llevando el caso. Encontraremos a Emily. Te lo prometo.

—Gracias —dijo David, y le estrechó la mano a Nath—. Por favor… si hay algo que pueda hacer por ayudar… ¿puedo ir con vosotros?

—No. Mal hago ya llevando a Carlos conmigo —respondió el policía—. Se me ha ocurrido dónde podemos investigar. ¿Vamos?

—Dame dos minutos —pidió Carlos, y subió a ponerse los pantalones.

—¿Cómo se la llevó? —preguntó David mientras echaba un vistazo a la maraña de papeles que había en el comedor.

—Creemos que drogada… pero no sabemos cómo es posible que lo hiciera y que nadie se diera cuenta. La única persona que dijo haber visto a Edmond dice que le vio "hablando de forma normal con una mujer" y que ella se subió al coche.

—¿Tal vez la drogó dentro? —aventuró David.

—Eso hemos pensado. Pero ya nos enteraremos cuando demos con ella. Porque lo haremos.

David le dedicó una sonrisa. Siempre había estado muy apegado a sus madres. Y cuando se había enterado, había corrido al primer tren que saliera hacia Villenneé. Lo que había sido complicado, porque encima en la página de compra de billetes el nombre aparecía mal escrito ("Como si no fuera complicado de por sí").

En ese momento volvió Carlos, preparado para salir a la calle. Tras informar que no volverían para comer (ni tal vez para cenar) los dos hombres salieron de la casa, y montaron en el coche de Carlos. Mejor ir de incógnito a investigar.

—¿"El mejor policía"? ¿En serio no me presentas como tu amigo? —preguntó Nath.

—No me seas tan sensible. William también es amigo pero no podría ayudarnos en esta situación.

—Desde luego, ese chico se parece mucho a Emily…

—Sí.

—Aunque me recuerda también a no se quién…

—Ni idea. Para todos siempre ha sido un calco de su madre —dijo Carlos mientras ponía el motor en marcha—. Dime dónde vamos.

Nath le dio la dirección y empezaron a moverse. No dijeron nada durante el camino. Lo que a su vez, permitió a Nath pensar. Durante las últimas horas, la imagen de Erika había flotado por su cabeza. Y ahora, de pronto, la sonrisa encantadora de David se había dibujado frente a él en la luna del coche. Por alguna razón, devolvió la sonrisa. Pero se volvió a centrar. Estaban ahí por Emily. Y la encontrarían.

—Papá, me voy a dar una vuelta —dijo Erika.

—Vale. Ten cuidado. ¿Llevas el móvil con batería?

—Sí, descuida. ¿No sales?

—Hoy no. Tengo que pensar.

—Bueno… ya me lo contarás cuando puedas —respondió ella.

La chica no había insistido mucho a su padre al respecto. Solo sabía que se había acostado con otra persona, pero no sabía detalles. Cuando salió de casa, Odd aprovechó para subir de nuevo a su dormitorio. Se sentó en la cama, y miró por la ventana. Hacia el dormitorio de Lexa… Lexa. No era Lexa. Era Pauline. Su hermana. Su propia hermana.

Por supuesto, al principio se pensaba que Ulrich le había vacilado. Aquella mujer no podía ser Pauline. Se había reído. Pero al ver que el alemán se mantenía serio, empezó a creérselo. Aquella diosa con la que tan bien congeniaba… no podía ser la gilipollas de su hermana, no era posible.

Habían pasado muchos años desde la última vez que la vio. Dorjan y él estaban de visita en casa de los Della Robbia. Tanto sus padres como sus otras hermanas (Elisabeth, Louise, Marie y Adèle) estaban encantados con el novio de su hijo, lo que era extraño, pues nunca se habían llevado muy bien. Y aquel día, cuando Pauline regresó a casa, había acabado todo. Había dejado claro que haría la maleta y se iría. Tenía la intención de irse a vivir a una comuna hippie. Aquello no había hecho mucha gracia a ninguno de los presentes.

—¡Pues me da igual! ¡Yo voy a irme! ¡Y si no me apoyáis, podéis considerar que ya no soy parte de esta familia!

Y con aquellas palabras había subido a su habitación, y cinco minutos después bajó con una bolsa de viaje al hombro. Y tras una mirada, sin decir adiós siquiera, salió por la puerta. Y no habían vuelto a verla. Al principio pensaron en llamar a la policía. Pero no podían intervenir si ella se había marchado voluntariamente. Louise había hablado alguna vez con ella, pero con el paso de los años, ni siquiera ella seguía en contacto. Para Odd, a todas luces, era como no tener una quinta hermana.

Y sin embargo, estaba ahí. En el mismo pueblo donde él había terminado. Habían tonteado mucho tiempo y finalmente habían realizado un intercambio de fluidos entre ambos. Muy placentero, pero eso no cambiaba nada. Se había acostado con su propia hermana. Y el hecho de no saberlo en aquel momento era aún peor.

Había intentado hablar al respecto con Yumi, pero al fin y al cabo no era la misma situación. En su caso había sido consensuado entre ambos. Con conocimiento de la causa (aunque no sin evitar el arrepentimiento). Pero él no lo sabía. Había hundido su matrimonio. Y ahora no sabía qué hacer. Ni siquiera se atrevía a hablar con Lexa. Por claro, ¿qué le iba a decir? "Oye, ¿tú eres la hermana a la que no veo desde hace más de quince años?"

¿Y cómo no la había reconocido?, se preguntaba mientras bajaba de planta. Cierto era que estaba muy cambiada. Nada en su aspecto le hubiera hecho pensar que se trataba de su hermana desaparecida, salvo su melena rubia. Pero había conocido decenas de personas rubias a lo largo de su vida y no tenía motivos para pensar que aquella hippie era Pauline.

Salió de casa, pensando en tomar el aire. Pero lamentó en seguida poner un pie en la calle. Damien, el compañero de Lexa, estaba también en la calle.

—Oh, oh…

—Hola, Odd. ¿Todo bien?

El rubio no lo entendía. Había evitado a Damien todo aquel tiempo, por si tomaba represalias por lo que había hecho con su compañera. Y en cambio, le saludaba como cualquier otro día. ¿Tal vez ella no había confesado?

—Ho-Hola, Damien. No me puedo quejar.

—Espero que Dorjan no se haya enfadado mucho por haberte tirado a Lexa. ¿Crees que lo vuestro tiene salvación?

—… A ver, porque yo ya no entiendo lo que ocurre —dijo Odd—. ¿Tu sabes que Lexa y yo nos acostamos?

—Claro que lo sé. Me lo contó ella.

—Y no te molesta. No te enfada. Ella es tu… bueno, no sé ni lo que es…

—Efectivamente —sonrió Damien—. Ella y yo nos conocimos hace años en una comuna. Nos gustaba el sexo sin compromiso, pero… entre ella y yo había algo. No amor, no como lo sentís los monógamos. Ser novios, o un matrimonio… nos entró la risa —se carcajeó—. Pero pensamos en seguir juntos, y moviéndonos donde nos llevase la vida. Nunca me ha parecido mal que ella se acueste con quien le apetezca. Como tampoco pasa nada cuando yo follo con otra persona.

—Esto es rarísimo…

—Me lo imagino. Al menos para ti. Pero no te preocupes. No tengo ningún problema en lo que hiciste con ella. Es más, me caes bien. Me alegro que fuera contigo.

Y tras sacar las cartas del buzón, volvió a meterse en la casa. Ahora Odd sí que no entendía nada. Pero lo que tenía claro era que Damien no tenía muy claro del todo quién era Lexa. Él no se lo iba a contar. Pero necesitaba aclarar las cosas con la chica.

Laura y William estaban en casa comiendo. Tenían los teléfonos alerta en todo momento, pero como todo el grupo, intentaban continuar su vida mientras encontraban a su amiga desaparecida. Claro que, si era necesario algo por su parte, saldrían corriendo de inmediato.

—Cariño… si algún día piensas que te dejo de amar, prepárame estos haggis. Cada día te salen mejor —dijo la rubia, disfrutando de la comida.

—Bueno, sabes que no cocino muy a menudo, pero me gusta trabajármelo cuando lo hago. ¿Te gusta, de verdad?

—Está buenísimo. Como el marido que tengo —le dijo con una sonrisa.

William estaba contento en aquel día. Laura volvía a ser la mujer alegre con la que se había casado. Cuando llegó con la noticia de la subida de sueldo, se alegró mucho. Pero no por el dinero. De eso tenían suficiente. Pero verla satisfecha con el trabajo que realizaba, que volvía a sentirse satisfecha con lo que hacía. Podía seguir desarrollándose, y eso le hacía feliz. A veces se castigaba un poco el lomo por no haber sabido verlo antes. Pero si las cosas entre los dos estaban bien, eso era suficiente para él.

En ese momento recibió una llamada en su teléfono. "Número desconocido". Por lo general no respondía esas llamadas. Pero a saber. Lo mismo eran noticias. Miró a Laura, y ella asintió. Descolgó.

—¿Sí, dígame?

—Buenos días. ¿Es el señor William Dumbar? —preguntó una voz masculina que no reconocía.

—Sí, soy yo.

—¿Estoy hablando con el dueño de los talleres WLD?

—El mismo —respondió, y se puso en pie. Se alejó un poco de la mesa, un par de pasos—. ¿Con quién tengo el gusto?

—Soy Zack Zelaya. Le llamo en representación de LouVoiture. ¿Ha oído hablar de nosotros?

—Claro.

LouVoiture era la empresa de alquiler de coches más grande del país. Eran especialistas en coches de alta gama, para altos ejecutivos especialmente. O cualquiera que se quisiera dar un capricho conduciendo un coche caro sin dejarse el dinero. Y William alguna vez había recurrido a sus vehículos. Era una delicia poder llevarlos.

—Nosotros también hemos oído hablar de usted. Sus talleres son los más recomendados por la gente. Están muy bien vistos.

—Gracias —dijo este, sin saber hacia dónde iba la conversación.

—Tenemos un problema, señor Dumbar. Muchos de nuestros clientes no tratan nuestros coches correctamente. Palancas de cambio estropeadas, tapicerías quemadas por los cigarros, golpes al aparcar… Finalmente nuestros coches de lujo parecen salidos de un chatarrero.

—Lamento oír eso… —William no sabía qué responderle.

—Nosotros también. Las marcas nos cobran mucho dinero por las reparaciones. Y en el fondo eso no conviene ni a las grandes marcas, ni a nosotros.

—Lo comprendo.

—Es usted el mejor. Su negocio nos interesa. Queremos hacerle una oferta para que WLD pase a formar parte de LouVoiture.

—¿Una oferta?

—Lo bastante generosa como para que se pueda retirar a disfrutar del resto de la vida.


¡Hola a todo el mundo! Sé que han pasado días desde la última actualización, pero si seguís mi perfil sabréis que he andado actualizando mis demás fanfic. Al fin y al cabo, uno no deja de esceribir ni en cuarentena ;) Pero cierto que con el teletrabajo el tiempo de esto se reduce y hago otras cosas mientras tanto.

Poco a poco se acerca el cierre de la historia ;) Pero tranquilos, que aún hay "Villa" para rato ;) Y espero que los siguientes capítulos os gusten.

Tini: They're about 40 years old ;)

Alejito480: ¡Gracias! Sí, pensé que Odd y Dorjan habrían adoptado en algún momento de sus vidas, y eso hicieron con Erika ;) Ya verás lo que le he planeado. Y Edmond con Emily... No te imaginas lo que va a hacerle ;)

DemonElAbogadoOscuro0722: No pasa nada por la review. Y claro que Nath tiene que ir armado, es poli :) Y efectivamente, nadie les puede ayudar mucho con la búsqueda. Sissi, ya veremos qué pasa con ella. Pero no, sus amigos no van a condenarla :O

Moon-9215: Claramente. que ha estado muy tranquila en la primera mitad del fanfic :P

Con esto me despido hasta el siguiente fanfic. Que no sé si será la continuación de este, o algún one-shot de los que tengo pendientes. Ya se verá ;) Lemmon rules!