Capítulo 20: Conversaciones

Alguien llamaba a la casa de William. Tal vez el escocés se había marchado. Probó a llamar de nuevo y a punto estuvo de golpearle en la cara por error al abrirse la puerta. Se detuvo a tiempo.

—¡Yumi! ¿Qué forma de dar los buenos días son estos? —preguntó con una sonrisa.

—Perdona, no sabía si estabas en casa. ¿Me invitas a un café?

—Adelante —dijo él—, pero no me creo que no tengas café en casa —añadió mientras la chica tomaba asiento—. ¿Lexa no ha abierto?

Ella sonrió. Se conocían demasiado bien. Al fin y al cabo, William era el mejor amigo que tenía en el grupo. Con el permiso de Ulrich, pero su categoría de "marido" no era lo que necesitaba aquel día. Además, se iba a pasar todo el día fuera. Agenda completamente llena, comiendo en el bar de alguno de los pueblos de alrededor para no perder tiempo.

—Efectivamente. Necesitaba hablar contigo. Si tienes un ratito para mi.

—Tengo todo el día. Laura se ha ido a trabajar, y come allí con Jeremy y los demás compañeros de su departamento, así que podemos hablar tanto como quieras.

William terminó de preparar el café y sirvió dos tazas humeantes. Dejó una jarra con leche a mano, y el azucarero. Yumi se sirvió la taza al gusto y le dio un trago. Miró al chico, quien simplemente parecía esperar a que ella hablase. Suspiró.

—Verás. Tengo una idea en la cabeza desde hace un tiempo, pero me da miedo cagarla.

—¿Qué es lo que piensas?

—Echo de menos cuando era modelo —reveló.

—Pero… ¿tú no habías huido tres meses porque estabas cansada de las pasarelas?

—Sí. Por eso quería hablarlo contigo, aunque si me dices eso me arrepiento un poco…

—No. Discúlpame, he sido un poco bocazas. ¿Cuál es el problema?

—Precisamente ese. Estuve tres meses alejada de mi marido buscando lo que debía hacer. Pese a todo el daño que le había hecho me perdonó, aceptó el cambio que quería hacer en mi vida. Y ahora, de pronto… quiero volver a aquello. Y no quiero que Ulrich me odie.

—Bueno. Os conozco desde hace muchos años. Y sé que él no puede odiarte. Es incapaz —dijo el chico—. Sobre tus cambios de opinión, sí se puede enfadar. Pero creo que sería mejor si se lo dijeras directamente en lugar de irte volando.

—¿Y si no lo acepta? ¿Y si cree que quiero volver a marcharme? O que ya no cuento con él para nada… Me da mucho miedo cómo se lo pueda tomar…

—¿Y si te tomas un tiempo para pensarlo? —dijo William. Yumi le miró sin entenderlo—. No es que vayas a tener una sesión de fotos mañana, ¿verdad? —la japonesa negó—. Pues entonces. Piensa primero en lo que quieres hacer de verdad. Si seguir donde estás o volver. Imagínate que tampoco te aceptas de nuevo a ser modelo. Date unos días para reflexionarlo y tener claro que de verdad es lo que quieres. A lo mejor es un capricho. O a lo mejor, el capricho era lo de estar dando clases.

Ella se quedó mirando su taza de café. Tal vez el chico tenía razón. La verdad, había actuado tan impulsivamente los últimos meses que no había reflexionado sobre si lo que hacía era algo que de verdad necesitaba o un encaprichamiento. Sonrió levemente. Sabía que había hecho bien en hablar con el escocés. Sus palabras tenían sentido. Se levantó y le dio un beso en la mejilla.

—Gracias. Creo que te voy a hacer caso —dijo, volviendo a sentarse—. ¿Y tú? ¿Alguna novedad?

—Poca cosa… LouVoiture está interesada en mi cadena de talleres.

Yumi, que estaba dando un sorbo, se atragantó con la bebida. William sonrió y se sirvió un poco más de café. Sabía que aquello provocaría una reacción similar.

—LouVoiture… Los reyes del automóvil de alquiler. Ese LouVoiture.

—Ese mismo —asintió él—. Yo me quedé igual de sorprendido. Me llamaron hace cosa de un mes, más o menos. Y ahora lo tengo todo en manos de mi abogado, que está gestionando con ellos.

—Pero… ¿te han ofrecido mucho?

—"Lo suficiente como para retirarme", pero no hemos hablado de dinero. Aún así cuento con la profesionalidad de Allard como para que no me haga el lío.

—Es el negocio de toda tu vida…

—Por eso pediré la opinión de un segundo abogado. Confianza y dinero son dos palabras que no suelen ir juntas.

Ambos se rieron. Eso era más comprensible por parte de Yumi. Un negocio de tanto dinero no podría dejarlo en manos de otra persona. Y por supuesto, él lo sabía.

—Pues ni tan mal. ¿Laura qué opina?

—Dice que tome la decisión que tome estará bien. Lo cual en cierto modo lo agradezco, pero… por otro lado me gustaría saber qué opina de verdad —suspiró el escocés—. Por saber que mi decisión estará realmente bien. Claramente, tener dinero para retirarme es tentador. Y probablemente nuestra hija Luna también pueda tener una vida sin complicaciones. Vaya… ahora me doy cuenta de que estoy en la misma encrucijada que tú. ¿Qué hacer con mi vida?

—Por las decisiones imposibles —dijo la japonesa, alzando su taza.

—Salud.

Bebieron los dos, vaciando las tazas. Y la japonesa se volvió a levantar.

—¿Ya te marchas? Bueno… ya veo que no —dijo William, en el momento en que ella se sentó encima de sus piernas—. ¿Estás cómoda?

—¿Y tú? —preguntó la japonesa con su voz sensual. Le puso las manos sobre los hombros—. He pensado que, ya que nos entendemos… bueno, qué puñetas. Quiero sexo, William.

—Muy tentador, pero… ¿qué tal vas en la cama con Ulrich? —preguntó. No quería hacer nada si la situación sexual del matrimonio no estaba en condiciones.

—De maravilla, pero ahora quiero sexo con William, William —dijo, guiñándole un ojo, y sin poder resistirse le comió la boca—. Llevamos tanto tiempo con el acuerdo que a veces se me olvida los privilegios que nos da…

—Unos privilegios muy interesantes… ¿puedo saber si ha habido… alguien estos días?

—No… Eres mi primera opción —susurró ella—. ¿Vas a hacer que te lo pida?

Pero William no quería eso. La sujetó fuertemente por la cintura y la levantó. Sus labios se encontraron, lascivos, mientras subía con ella por las escaleras. La dejó caer sobre el colchón, y se despojó de la sudadera. Para entonces, Yumi ya se había quitado la camiseta. Y se adelantó para bajarle el pantalón al escocés, que seguro que ya le molestaba. Él aprovechó para quitarle el sujetador, que debía ser incómodo de llevar.

Terminaron de quitarse la ropa, ansiosos por el encuentro, y el chico se dejó caer en el colchón. Rodó con Yumi, con sus lenguas peleando entre ellas mientras buscaban dominar al otro. Pero ella era más fuerte y consiguió quedar encima de él. Empezó a bajar por su cuerpo lentamente con los labios, y empezó a girar para darle acceso completo a su sexo mientras ella se disponía a lamer su erección. Sintió las manos de William separando sus nalgas y disfrutó de la sensación de su lengua, que recorría travieso desde su sexo hasta su ano.

Ella masajeó con cuidado los testículos de su amigo, disfrutando de aquel momento desinhibido. Notaba su respiración al mismo ritmo que la de él. Sintió un escalofrío cuando él le recorrió la espalda con las manos antes de volver a entretenerse con su culo. Qué bien se sentía. Su cuerpo reaccionaba muy bien a los tratos de William. Empezaron a acercarse al clímax, aunque sintió primero al escocés liberando su carga antes de que sus propios fluidos resbalasen por la boca del chico.

Aprovechando su situación en la cima, Yumi se dejó caer sobre la erección de William y empezó a moverse despacio. En otras ocasiones sus encuentros habían sido más salvajes pero en ese momento aquel ritmo lento le gustaba. Bueno, y estaba muy bien que él se incorporase para volver a besarse, probar el sabor de su cuello, y degustando sus pechos. Enredó los dedos en su cabello, y suspiró. Había actuado por capricho y ahora se daba cuenta de que necesitaba un momento como aquel.

Fue aumentando el ritmo, cada vez más acelerada. William movía sus caderas debajo de ella también. Estaban en una nube. Sintió el clímax del chico en su interior, el cual acompañó al suyo en una deliciosa agonía de placer. Se dejó caer sobre el torso del escocés, jadeando.

—Gracias… —susurró la chica.

En ese momento empezó a sonar un teléfono. Lo rescató de sus pantalones abandonados en el suelo. Ulrich, por videollamada. Descolgó sin temor.

—Hola, amor —saludó.

—Hola, uuuuuhhhh… qué bien te veo —dijo el alemán. Y es que Yumi tenía el teléfono lo bastante alejado como para que le pudiera ver los pechos al descubierto—. Qué bien te lo pasas sin mi. ¿Estás sola o…?

—Hola, Ulrich —saludó William, entrando en la cámara.

—Ya veo que no. Cuídamela —le dijo al escocés.

—¿Sólo llamabas para cotillear? —bromeó Yumi.

—No, es que he encontrado un restaurante con muy buena pinta. Iba a decirte de venir a cenar, pero si William y Laura se quieren apuntar, puedo ir a buscarla después del trabajo, volver a por vosotros, y venir para aquí…

—Hablo con ella —dijo William—. Que te aproveche ese desayuno.

Podían ver un café, un zumo de naranja, un sándwich y un croissant a la plancha en la pantalla de Ulrich.

—Gracias. Voy a ver si termino y voy a la siguiente cita. ¡Sed buenos!

—Lo seremos. Un beso —dijo ella, y tiró un beso a la pantalla.

—¿Vamos a ser buenos?

—Claro que sí —dijo ella, abalanzándose a por él.

Ajena a todo aquello, Aelita entraba en el bar de Lexa. Llevaba su portátil bajo el brazo. Y antes de poder pedir, la rubia se acercó a ella y le tendió algo que no identificó al principio. Probablemente porque lo tenía a menos de un centímetro de su cara.

—¿Me lo firmas? —preguntó Lexa—. Es que me ha encantado…

—¡Lexa! ¿En serio has comprado mi libro? —preguntó la pelirrosa, y tomó el ejemplar—. Habérmelo dicho y te regalaba uno… —comentó mientras abría las tapas y le escribía una dedicatoria.

—Me daba vergüenza pedírtelo —comentó la chica. Aelita no comentó lo que en ese momento pasaba por su cabeza: "Y no te da vergüenza acostarte con tu hermano… no te entiendo", pero no respondió eso.

—Bueno, somos amigas. Si lo hubiera sabido…

—No te preocupes. La verdad, hacía mucho que no leía, pero sabiendo que era tuyo me daba curiosidad. Medio millón de ejemplares vendidos, enhorabuena…

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Aelita, pero la chica señaló la portada del libro. No era una primera edición. Había un añadido en la portada. "Más de 500.000 ejemplares vendidos"—. No he dicho nada —dijo con una sonrisa—. ¿Me pones un café, por favor?

—Por supuesto. ¿Con leche condensada y dos de azúcar?

—Cómo me conoces.

Lexa marchó detrás de la barra y Aelita abrió su portátil. En apenas ocho segundos tenía la pantalla abierta. Abrió el procesador de textos y en ese momento, le saltó una llamada. Miró la pantalla del móvil. Colette. Descolgó rauda.

—¡Hola! —saludó—. Buenos días.

—¡Hola, Aelita! ¿Qué tal estás? —preguntó la editora—. ¿Ya estás disfrutando del dinero?

—Aún no —dijo la pelirrosa—. No tengo muy claro qué hacer con ello.

—Suele ocurrir. Pero no te preocupes. Ya se te ocurrirá algo —y el tono de Colette cambió a uno más profesional—. Bueno. Quería saber si tenías intención de continuar escribiendo. En la editorial estarían encantados de ocuparse de tu segunda novela…

—Pues justo me pillas empezando —dijo la pelirrosa—. Mira, el título provisional es "Universo, tiempo y materia". He empezado el primer capítulo y…

—¡Ah, ciencia-ficción!

—¿Cómo? No… No, no es ciencia ficción. Es un tratado científico sobre…

—¿Tratado?

—Sí… Sabes lo que es un tratado, ¿no? —preguntó Aelita, que empezaba a dudar si se estaba haciendo entender en condiciones o no.

—Sí, Aelita… Es que, a ver… no son esos los planes que teníamos contigo.

—¿Planes?

En ese momento, empezó a sonar una videollamada en el portátil. Aelita se fijó en que era Colette. Descolgó. Según vio a su editora, esta colgó la llamada por el teléfono.

—¿Qué planes?

—Bueno. Tu libro se ha vendido de maravilla. Y con razón. Es muy bueno, y a la gente le encanta… Lo que no tengo claro es si un aburrido tratado tendría la misma acogida… Bueno, sin mentirte, no la tendría.

—¿Qué me quieres decir?

—Que la editorial no aceptará ese tratado. Queremos libros que gusten a la gente. En general, no algo cuyo único nicho de mercado son los de ciencias.

—Pero… si mi intención es escribirlo para que sea accesible para todos… no quiero usar un lenguaje pomposo ni palabras kilométricas para…

—Mira. Por lo que te conozco, sé que serías capaz de hacerlo. Pero… no se te conoce por ello. Y si de una novela brillante pegas el salto a ciencias puras… no creo que pueda hacer nada por conseguir que lo publiquen.

Pese a que la calidad de la cámara no era la mejor, Aelita podía ver que Colette parecía triste. Lo que no llegaba a saber era si se debía al hecho de no poder ayudarla, o por el contrario, a no ponerse a escribir una segunda novela superventas.

—Pues lo siento, Colette, pero no tengo ideas para escribir una segunda novela. La primera la dejé con final cerrado por lo mismo.

—Sí… admito que eso fue lo único que me molestó cuando leí tu manuscrito —dijo la mujer—. Pero bueno… Hagamos una cosa. Intenta escribir algo más de narrativa, por favor. Yo intentaré que la editorial acepte publicar tu tratado…

—No pareces muy segura…

—Porque les conozco. Es una pena, pero… tal vez debas apañarte sola para que alguna editorial de la competencia acepte publicarte. Lo siento…

—Bueno. Hablaremos entonces de nuestros progresos… —dijo Aelita, con un tono de voz muy bajo.

—Adiós, Aelita.

Y colgó sin esperar respuesta.

Aelita cerró la pantalla del portátil. Joder, no podía ser verdad. Después de haber conseguido un éxito, le iban a tirar para atrás el siguiente libro que quería escribir. "A la mierda. Tengo dinero. Si no me quieren publicar, ya me buscaré la vida."

Sissi estaba nerviosa. Estaba esperando una visita. La más importante en mucho tiempo. Su vientre se notaba un poco más curvado en esos días. Y en el fondo, eso le aterraba bastante. Llamaron a la puerta. Suspiró. ¿Por qué no entraba sin más? Se levantó y fue a la puerta. Abrió, y allí estaba.

—Hola, Javier…

—Hola, Sissi. Creo que querías hablar, ¿no?

—Sí… Pasa, por favor.

Su marido entró. La casa seguía como el día que se había marchado. La nostalgia. Se sentaron en dos sillas, uno al lado del otro. Ella se preguntó si podía sujetarle las manos, y agradeció el hecho de que él no las apartara.

—Te echo muchísimo de menos… Y siento muchísimo todo lo que pasó. La culpa es mía…

—Bueno… creo que ese malnacido ha tenido algo que ver —suspiró Javier—. Pero bueno. Aquello… pasó.

—¿Entonces? ¿Puedes volver a vivir conmigo? Quiero que volvamos a ser un matrimonio…

—Me he visto con Brynja.

Lo tenía que soltar. La culpa le había carcomido por dentro desde la primera vez que se había visto con aquella mujer. Pese a su primera cita que había terminado en un no-coito, se habían visto regularmente durante el último mes.

—Me tiró los tejos, y… pensé que me vendría bien. Al parecer llevaba tiempo interesada en mi, pero no ha querido hacer nada hasta que tú y yo hemos estado separados.

"Menuda mierda de respeto por nuestra amistad… ni siquiera nos hemos divorciado", pensó Sissi, pero descartó rápidamente llamar a aquella mujer y decirle de puta para arriba. En su lugar, tenía que preguntarle a él.

—Y… ¿os va bien?

—No. Ella no es tú.

Eso alivió un poco a la morena. De hecho, aquello le podría haber provocado una sonrisa de no ser porque Javier continuaba serio.

—¿Entonces? ¿Cuál es el problema?

—Que no sé si no he podido estar con ella porque te sigo queriendo… o porque aún no he cerrado capítulo contigo.

Un par de lágrimas recorrieron el rostro de Sissi. Pero de pronto, se vio entre los brazos de Javier. Definitivamente, no entendía nada de aquello.

—Sissi… tengo una idea. Algo que me podría ayudar a saber qué es lo que quiero.

—¿De verdad?

—Eso creo… Lo último que quiero es que sufras… Creo que ya nos hemos hecho bastante daño este tiempo.

—Vale… Dime qué quieres hacer, y lo haré.

—¿De verdad?

—Por supuesto… Yo sé que te quiero —le dijo—. Voy a hacer lo que sea por nuestro matrimonio…

En la casa de Odd, este no se encontraba. Por el contrario, Erika y David habían quedado para verse. Les venía bien tener a alguien de su misma edad por el pueblo. Al fin y al cabo, los mayores tenían "su secreto".

—¿Te parecería que estoy muy loca si le entro a Nath? —preguntó la chica mientras cerraba la partida de póker. Había ganado, así que a David le tocaba quitarse una prenda. Optó por la camiseta, apenas empezaban.

—Creo que te duplica la edad… ¿no es un poco mayor para ti? —dijo él, ahora libre de la ropa y barajando para repartir.

—Ah, ¿por eso le tiras los trastos cada vez que le ves? —inquirió Erika—. No soy ninguna idiota.

—Mierda, ¿esto va a ser como cuando nos enamoramos de Luna?

—Pues no pienso dejarte ganar…

—Acepto el reto.


¡Hola a todos! Ya había que pensar en actualizar. A pesar de que no hace tanto desde la última, pero quería aprovechar que tengo tiempo libre esta semana para ir avanzando poco a poco hacia el final. Ya que tengo otro par de proyectos en mente y otro en desarrollo... Ya os contaré los detalles ;)

Nath0722: Pues es posible... No llevo la cuenta de las apariciones de mis personajes (confesión: antes sí lo hacía xD) Y sí, me imaginaba que le dejaría hacer eso. Ahora falta ver qué le pasará con los jovenzelos :P Saludos!

Alejito480: Poco le pasó por llevarse a Emily :P Y pobre Javier, qué despectivo por tu parte xD Y mi teoría es que Aelita es más roja que la sangre :P Sobre el cap 18, ¡él no lo sabía! ¡En todo caso es culpa de ella que lo sabía desde el principio! XD Y tampoco era plan de que le ocurriese algo gordo a Edmond o levantaría sospechas. Y a Yumi, bueno... hoy no la han desnudado con la mirada precisamente :P Saludos!

Con esto me despido hasta el próximo. Voy a ponerme con un one-shot un tanto especial ;) Espero que os guste. Lemmon rules!