Capítulo 21: El sueño, las conversaciones y la cita
Emily se encontraba tumbada en la cama. Sentía aquellos labios acariciando su cuerpo. Le gustaba sentirle por su cuello. Acarició su espalda, apenas un roce con la yema de los dedos. En ese momento solo pensaba en dejarse hacer. Aquellas manos bajaron a sus glúteos y tiraron de ella, pegándose al cuerpo de su amante. Su boca reclamó la presencia de los labios ajenos, que acudieron al encuentro con una delicadeza exquisita. Estaba en una nube en aquel momento, y solo existían ellos dos.
Sonrió complacida cuando Edmond bajó nuevamente sus nalgas en el colchón y empezó a besuquear su vientre. Ella se echó las manos a la nuca disfrutando del momento. Era tan cuidadoso. Le podía tener ahí horas y horas y no cansarse nunca. Su lengua hacía unos círculos muy agradables, y ella lo pasaba de maravilla. Aquel hombre la volvía loca.
De pronto trepó a su altura, cual tigre hambriento y devoró el sabor de sus labios, dominándola por completo y sin que ella sintiera deseos de oponer resistencia. Edmond sabía cómo hacerlo con ella, como un don natural. Era un dios que la volvía loca. Sonrió contra sus labios y le miró directamente a los ojos. Aquellos preciosos ojos…
—Disfruta, muñeca… esto solo lo hago por ti…
Sus labios trotaron cuerpo abajo, hasta la base de sus montañas del placer, y empezaron a subir poco a poco para coronar la cima. Emily gimió cuando sus dientes pusieron la bandera, con una suavidad que podía perder la cabeza. Pero en ese momento, la geografía de su cuerpo sintió una turbación diferente. Su cuerpo empezó a arquearse, y la sonrisa traviesa de Edmond demostraba que eso buscaba aquel hombre. Sus dedos se habían escurrido en su vagina, presionando suavemente.
—Aaaaaah… —gimió cuando el pulgar del hombre empezó a jugar con su clítoris—. Edmooond…
—¿Te gusta, Emily? —preguntó, dando un momento de pausa a su lengua antes de volver a atacar sus pechos.
—Me encanta… aaaaaah…
—Emily… Emily…
—Síííí… me gustaaaa…
—Emily… ¡Emily!
—Mmmmmm…
—¡Emily!
Emily abrió los ojos. Tardó un poco en ubicarse. Estaba… sí, era su dormitorio. Pero… no, Edmond no se encontraba allí. A su lado solo yacía Alicia. Su mujer. Y en lo poderoso de su sueño erótico, su propia mano se había escurrido por debajo de sus braguitas y se había empezado a dar placer. Apartó su mano, avergonzada, pero su esposa la miró con ternura.
—Buenos días, preciosa. ¿En quién pensabas? —preguntó, y le dio un tierno beso en los labios.
—En… En ti, claro —respondió Emily, algo azorada.
—¿Las tres noches? No te creo —rió Alicia.
—¿Me… me has oído? —la chica quería morirse de la vergüenza.
—Sí, claro… no te he querido despertar hasta hoy, que es cuando más se te oía… No creo que el niño se escandalice pero no creo que tenga ganas de escucharte gemir.
Emily sonrió tímidamente. No sabía cómo había sido tan fácil mentir. Pero no. Llevaba tres noches soñando con aquel hombre. Edmond se aparecía en sus sueños para hacerle el amor… y ella se dejaba hacer, encantada por aquel exquisito trato al que le sometía. Porque debía ser un amante increíble. O así le había dibujado su mente. ¿Por qué? ¿Por qué se empeñaba en verle como alguien deseable? Se había portado como un cerdo… como un psicópata. Y aún así, algo en su interior le hacía ver las cosas buenas que podía tener.
—¿Hoy tienes horas libres? —preguntó Alicia cuando estaban desayunando.
—Sí… Debería ir a comprar —dijo Emily.
—Puedo ir yo, no te preocupes. Tengo también un rato.
—Ah, ¿y a qué hora?
—Sobre las once…
—Mierda. Nunca coincidimos.
—No pasa nada. Te tengo para mi siempre que quiero —sonrió Alicia. Y Emily sintió una presión en el pecho. No le gustaba mentirle. Y en ese momento se sentía como si la estuviera engañando. Traicionando a su mujer. Y además, la confianza de Sam, que era la mejor amiga que tenía en el planeta.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy bien. Deberíamos ir saliendo.
—Es verdad. Vamos, yo conduzco.
En el avance de la mañana, sonó la puerta de la casa de Los Tres Solteros. Dorjan abrió la puerta. La visita que andaba esperando. Samantha había acudido. Tras el saludo de rigor, se sentaron en el sofá. Aunque el encuentro pretendía que fuera más profesional, Samantha no había llevado nada. Simplemente quería escuchar.
—Me sorprendió que me escribieras. Creo que sabes que no debo dar terapia a mis amigos. Y que me especializo en sexo, no en terapia matrimonial… —le recordó.
—Sí, lo sé. Pero tu opinión es en la que más confío —respondió Dorjan.
—Pues cuéntame.
—¿Debería volver con Odd?
Ella se echó a reír. Una pregunta tan directa que no tenía una respuesta definida.
—Supongo que no me lo preguntas en serio…
—Me gustaría tu opinión, simplemente. ¿Tan raro es?
—No es que sea raro, pero no creo que mi opinión sea válida para…
—Creo que tú ves nuestro grupo de amigos en perspectiva.
—¿A qué te refieres?
Dorjan resopló. Había tenido que hacer mucha memoria para acordarse de todo. Pero lo tenía.
—Bueno… Tú fuiste la primera novia de Odd. La primera que le duró más de una semana, quiero decir. Cuando no os fue bien, estabais de buen rollo. Luego, él se juntó con Dorjan, mientras tú te ennoviabas con Carlos, al que Alicia le había puesto los cuernos y se juntó con tu mejor amiga. Porque él no quiso volver con ella, pero Tamiya sí perdonó a Milly cuando le puso los cuernos con Lysander. Luego ellas se fueron en rollo poliamoroso con Johnny e Hiroki… Y ahora, que nos hemos enterado que Sissi le fue infiel a Javier, y se queda embarazada, mi marido decide que es el mejor momento de ponerme los cuernos y acostarse con su hermana. Al final, algunos han vuelto, otros no… Y yo no tengo claro qué debería hacer.
—Me impresiona tu resumen. Así que supongo que te habrás dado cuenta de que no existe una respuesta correcta. Todas las opciones son válidas. ¿Cuál quieres tomar?
—¡Yo quiero volver con él! —aseguró Dorjan—. El problema es que lo que ha ocurrido… es muy fuerte todo. Tiene prácticamente a todo el pueblo para tirarse si le apetece. Y en lugar de eso, escoge a la única mujer con la cual no tenemos consentimiento preacordado para el sexo. ¡Y encima es su hermana!
—Ella también lo hizo con él. Con una pequeña diferencia. Ella sabía que Odd era su hermano. A él ni se le había pasado por la cabeza que pudiera ser su hermana desaparecida.
—Pues yo no estoy tan seguro de que no lo supiera. Te recuerdo que el incesto tampoco es algo que no se haya dado antes en nuestros amigos…
—Tienes toda la razón. A veces pienso que si alguien escribe nuestras vidas no está muy bien de la cabeza —dijo Sam con una sonrisa, y rió levemente—. Pero igualmente. Creo que si tienes ese tipo de dudas deberías hablarlo con él. Si erais felices…
—¡Claro que lo éramos!
—En ese caso, ¿por qué no luchas un poco contra tus ideas preconcebidas y le das una oportunidad para volver? Por cierto, estamos solos, ¿verdad? —preguntó en ese momento Sam.
—Sí, tranquila. Erika duerme con Odd… pero ha venido a llevarse a Nath a pescar.
Un pensamiento de sucesos impuros cruzó la mente de Sam, pero no comentó nada al respecto.
—¿Y Javier?
—Practicando de nuevo con el coche. Se ha subido al monte. Dice que quiere volver a conducir y lleva días probando.
—Me alegro por él. Espero que se recupere pronto. Y que vuelva con Sissi. Y que tú vuelvas con Odd, claro.
—¿Y no podías decirlo antes?
—Quería saber tu propia opinión antes de decir la mía para no condicionarte —dijo ella, se levantó y le dio un beso en la mejilla—. Debo irme, tengo el tiempo justo para ir a la ciudad y atender a un paciente.
—Muy bien, doctora. Gracias por sus consejos.
—De nada.
Y en el momento en que Sam salía por la puerta, Dorjan recibió un mensaje en su teléfono. Le sorprendió lo que vio. Era de Odd. Pero al parecer, no se lo había querido enviar a él.
"Ulrich, estoy hecho un lío. No sé si podría arreglarlo con Dorjan… Empiezo a pensar si no podríamos hacer un arreglo entre los tres. Sería una locura, ¿no? Ella sigue siendo mi hermana...". Pero antes de poder leerlo por segunda vez, el texto fue reemplazado por un aviso de la aplicación. "Este mensaje ha sido eliminado". No importaba. Había entendido a la perfección lo que había leído. Y ahora Odd no era la única persona con la que debía hablar.
Edmond se había sorprendido al saber que tenía visita. Y más aún cuando se trataba de Emily. Desde su anterior conversación, nadie más había tenido el detalle de ir a verle. Sabía que se había portado mal, pero contaba con que al menos le quedara algún amigo. En cambio, le quedaba aquella mujer a la que había conocido por casualidad y que había secuestrado solo por hacer sufrir a otra persona. Su "yo" presumido se alegró de haberse recuperado de las lesiones de la vez anterior.
—¿Qué haces aquí? —preguntó en lugar de decir "Buenos días".
—No lo sé… no tengo ni idea.
—Eres como esos policías que detienen un coche y le preguntan: ¿Sabe usted por qué le he parado?. Perdona. Tengo tanto tiempo libre que he empezado a escribir un monólogo. Tal vez me dejen publicar un blog. Necesito pensar chistes que puedan hacer gracia por escrito.
Emily no había reído, ni sonreído ni una vez. Edmond se quedó serio y volvió a preguntar:
—¿Qué es lo que haces aquí?
—Ya te digo que no lo sé. Ha sido un impulso que he tenido —hizo una pausa—. Solo sé que tenía que venir, nada más.
—Bueno, pues ya has venido… ¿qué es lo que quieres?
"Quiero que nada haya sido verdad… Quiero que nos esa tú quien acosó a mi mejor amiga… Quiero volver atrás en el tiempo para impedir todo esto… Joder, y no quiero volver a tener sueños eróticos contigo… yo amo a Alicia… pero sé que tú no eres así…"
—Quiero ayudarte, ya te lo dije —dijo suavemente. En el fondo, no era mentira—. ¿Sabes ya cuándo va a ser el juicio?
—No sé qué estás viendo en mi, Emily. Pero aunque me gusta, te equivocas —respondió él, con tono pausado—. Yo no soy ningún santo, ni un alma torturada. Yo disfruto torturando, que es diferente.
—Solo a una persona…
—Sam es la persona principal, pero… ¿tengo que recordarte la cantidad de jovencitas que ahora van por ahí con un hijo mío en sus vientres? —preguntó Edmond, con una sonrisa mostrando todos los dientes.
—¡Y por qué me proteges! —estalló ella. No se había dado cuenta de que estaba de pie—. ¡Si tan vil fueras… dejarías que me acercara a ti! ¿Qué me hace diferente a las otras?
—Que tú no tienes la culpa de nada.
—Oh… ¿insinúas que las otras sí?
Edmond no respondió. Emily se impulsó para levantarse, pero como ya estaba en pie, a punto estuvo de caerse sobre la mesa que los separaba. Se sintió fatal por todo aquello. Ni siquiera debería haber ido. Estaba furiosa con aquel hombre. Y de buena gana le hubiera dado una bofetada. Pero él simplemente la miró con aquellos ojos tan característicos que tenía.
—No sé qué me habrás visto, Emily. Pero te equivocas. No deberías volver por aquí.
—Sí, yo creo lo mismo…
—Hasta siempre, entonces —respondió él, poniéndose en pie. Marchó donde el vigilante de seguridad le esperaba. Emily se sentía como una tonta. No volvería por allí. Jamás.
Javier subía por la empinada calle de Villenneé. Pese a que las primeras veces le suponía una tortura, se sentía mucho mejor después del accidente que había sufrido. Su cuerpo estaba lo bastante recuperado, e incluso se notaba más ágil. Aunque tal vez eso se debiera a que durante su convalecencia cada paso le dolía por millares.
Llegó por fin a la puerta, y llamó. No tuvo que esperar mucho hasta que alguien abrió.
—Hola, buenas tardes —saludó en su mejor tono—. Tú eres Sissi, ¿verdad?
—Soy yo. Encantada —respondió ella, y se dieron sendos besos en la mejilla—. Pasa, por favor.
—Gracias.
Javier entró en la estancia y le sorprendió al encontrarse la mesa prácticamente a punto. Sobre la mesa reposaban los platos, las copas y una botella de vino que reconoció como uno muy bueno. Se había planteado si ir en traje, pero al final la camisa blanca y el pantalón negro eran suficientes. Sissi tampoco se había excedido en sus galas, pero estaba estupenda. Sus ojos se posaron un momento en su vientre, que tenía ya una cierta forma curva, pero no importaba. No aquella noche.
—¿Te sirvo una copa?
—Por favor —dijo, y ambos se sentaron. Con las copas llenas, brindaron y después de beber, le dijo—. Bueno, Sissi… háblame de ti. Mis amigos te han puesto por las nubes y ya tenía ganas de conocerte.
Algo azorada, Sissi intentó interpretar el papel. Habían acordado un experimento para saber si su relación tenía algún tipo de salvación. Una primera cita, como si no se conocieran de nada. Poniéndose al día mutuamente, conociéndose una vez más. Javier había pensado que sería el mejor método de saber lo que podía ocurrir con ellos dos. La primera impresión había sido positiva, sin duda. Tal vez porque la había echado de menos más de lo que hubiera admitido, la veía más bella que nunca.
—No sabría por dónde empezar… —dijo ella—. ¿Qué es lo que quieres saber?
—Bueno… —la prueba de fuego. Vamos, Javier, tú puedes—. No he podido evitar notar que… estás encinta —respondió él, en su tono más calmado—. ¿Quién es el padre?
—Fue un error de una tarde, que no debería haber ocurrido —dijo Sissi, controlando sus emociones. Le conocía bien. No podía haber hecho la pregunta con la intención de herirla. Tal vez solo quería saber si aquel hombre seguía significando algo para ella. Pero no. Aquello era pasado—. Y mi criatura merece alguien mucho mejor como padre que el canalla que me dejó embarazada.
—Vaya… es la primera vez que en una cita alguien es tan sincera. Me gusta.
Sissi atrapó la mano de Javier, que la había estirado para hacerse con la copa. Él no la movió, dejando que los dedos de la mujer le acariciasen. Casi había olvidado el tacto que tenía. Pero era agradable. Sus propios dedos acariciaron la muñeca de su mujer. Ella sonrió levemente. Con cuidado de no romper el momento, Javier terminó apartando la mano.
—¿Te parece si sirvo la cena?
—Claro. Te ayudo…
—No te preocupes.
La idea del restaurante había quedado descartada. No era un sitio que le trajera buenos recuerdos a Javier en aquel momento, pero tampoco necesitaba que Sissi lo cocinara todo. Era por ello que había pedido a un servicio de catering que les llevase una buena cena para ambos. Solo se había ocupado de mantenerlo en buena temperatura. De modo que sirvió aquellos manjares con cuidado y volvió a ocupar su silla.
Miró al hombre a los ojos. Diablos, no podía aguantar más rato la pantomima de que estaban en una primera cita. Y si lo era, para ella se trataba de amor a primera vista y no podía más.
—Tal vez sea pronto para decirte esto, Javier, pero… te quiero.
—… Y yo te quiero a ti.
Dorjan se había pasado la tarde rumiando el mensaje erróneo de Odd. "Un arreglo entre los tres". Menuda locura aquella. Casi le daban ganas de reírse y lo habría hecho si a la vez no le cabrease. Su marido no podía haber dicho aquello en serio. Tal vez se trataba de una de sus muchas bromas. Pero había una persona con la que debía hablar al respecto.
Así que entró por la puerta del bar de Lexa, y se sorprendió al ver que se encontraba ella sola. Normalmente a esas horas muchos del grupo aprovechaban para tomar una copa después del trabajo. Pero no. La rubia tenía tan poco que hacer que se había llevado la consola. Había confianza suficiente con todo Villenneé.
—Buenas noches.
—Oh… Dorjan, buenas noches —saludó ella—. ¿Qué te pongo?
—Una caña, por favor.
No dijeron nada mientras ella le servía la bebida. No habían cruzado palabra desde que el chico se había enterado de que había tenido relaciones con Odd. Le dejó la bebida sobre la barra y Dorjan la vació de un trago. Lexa no sabía muy bien donde meterse. No temía que fuera a usar la fuerza contra ella, lo veía muy improbable, pero no le apetecía discutir.
—¿Quién fue? —preguntó él, secamente.
—¿Quien fue… quién? —preguntó ella, sin entender.
—¿Quién fue el que propuso tener relaciones? ¿Por qué follásteis?
—Es complicado…
—Tengo toda la noche para que me lo cuentes.
—No fue nada planeado, si eso es lo que te preocupa. Entre él y yo, simplemente, había una química demasiado fuerte. Lo noté enseguida.
—Eso también me lo contó. Pero lo que no sé es quién dio el paso.
—¿De verdad quieres saberlo? —tentó Lexa.
—No quiero, en realidad. Pero lo necesito para saber qué hacer.
—En ese caso, no te preocupes —dijo la chica, y decidió acompañar a Dorjan con una caña que se sirvió—. Fui yo quien le entró. Las dos veces. La primera, me hizo la cobra —recordó—. Pero la segunda vez teníamos… no sé. ¿Muchas ganas acumuladas?
—Joder, tía… ¡es tu hermano! —exclamó Dorjan. Estaba indignado. Y no sabía si se debía a que esa mujer se hubiera acostado con Odd, o a que el incesto le parecía moralmente reprobable—. ¿Por qué?
—No lo sé… Simplemente me apeteció. Y lo siento muchísimo. De verdad. Puse mis deseos por delante de mi cabeza. Sabía que no debía hacerlo.
—Porque era tu hermano…
—No. Porque estaba contigo —dijo ella—. Como ya le expliqué, hace mucho que no le considero mi hermano. No tenemos ese tipo de relación. Pero aquí se había convertido en un buen amigo, y tú también. Lo siento de verdad.
Dorjan no dijo nada en aquel momento. Algo no le cuadraba en sus pensamientos. Deslizó suavemente el vaso en la barra, devolviéndoselo a la chica, y a continuación se dio la vuelta y salió de allí.
No fue hasta que llegó de nuevo a su casa cuando se dio cuenta. Aquellos actos impulsivos y tardar en ser capaz de pedir perdón… "Se sigue notando a la legua que eres su hermana", pensó. Y pensándolo bien, era indudable que tenían un parecido. Aquella mujer era exactamente como Odd, pero en mujer. ¿Y por qué de pronto seguía pensando en ella?
—Lo siento mucho... no sé qué me pasa...
—Mi amor, está bien... está bien...
La cita entre Javier y Sissi había salido de maravilla. Habían cenado a gusto. Se había formado un buen ambiente cuando habían puesto música en el móvil y habían bailado unas canciones lentas. Se habían ido acercando sus labios hasta encontrarse y besarse tiernamente. Controlaron sus respiraciones, no querían precipitarse.
Pero ella le había pedido subir al dormitorio y Javier no había podido negarse. Sobre el colchón habían continuado los besos, las caricias habían dado paso a deshacerse de la ropa, se habían encontrado desnudos en la cama y estaban dispuestos a desatar la pasión.
Y sin embargo, en el último momento, él no había sido capaz de unirse con Sissi. Era algo extrañísimo. Su erección se mantenía firme pero no era capaz de introducirse dentro de ella. Habían probado a excitarse mutuamente para volver a ponerse a tono y sintió la calidez de su mano masturbándole mientras él le correspondía estimulando su clítoris. Tenía muchísimas ganas. Y sin embargo, seguía siendo incapaz de penetrarla.
Ahora seguían tendidos en la cama, desnudos, pero sin hacer nada. Sissi se había limitado a tenderse encima de él, y este tenía su brazo por encima.
—No sé qué me ocurre...
—Es por mi culpa... —dijo Sissi.
—¿Cómo va a ser por tu culpa?
—Me contaste que casi te tiras a Brynja, pero... que no fuiste capaz. Y hoy, aquí conmigo, tampoco lo eres. Sé sumar dos y dos —dijo la chica en tono suave—. ¿Has estado con alguna de nuestras amigas últimamente, no?
—Sí... Aelita vino a hacerme una visita, y como estábamos solos, bueno...
—No te excuses... nuestro acuerdo sigue vigente y me alegra que lo hicieras... Así que tiene que ser por algo conmigo.
A Javier le dolía saber que su esposa tenía razón. Aún no había sido capaz de perdonarla del todo, pese a que quería hacerlo. Pero ella entendía que la situación no podía ser tan sencilla para la reconciliación. Tendría paciencia. Le amaba y lo aguantaría por él. Solo quería que aquella noche de volver a dormir juntos no fuera la última.
¡Hola a todos! Estaba a punto de publicar... y en ese momento me he dado cuenta de que la última parte de la cita de Sissi y Javier, el desenlace, no estaba escrito xD Así que me he puesto con ello antes de continuar.
Para los pocos capítulos que le quedan a esto, las tramas siguen sin resolverse... Pero no os preocupéis, que no pienso marcarme un "Y al final murieron todos. Fin". Ni el sueño de Resines. Todo acabará como debe acabar.
Debo decir que las escenas que se me hacen más raras de escribir de estas tramas son las de Emily... pero eso es porque Edmond me da mucho juego. Es una pena que no haya sido un villano más visible como Hannibal Mago, pero lo hecho, hecho está ;)
Pronto más contenido en mi perfil. Dale like, suscríbete, y no eches dinero en mi porque no tengo, así que si te ha llegado un enlace, no es cosa mía (?) Lemmon rules!
