G8 ; Xiloxóchitl
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Capítulo dos.
Después de ocho horas de andar laborando, desesperanza se siente en el hogar.
Pues con la friega que hay a diario ya no alcanza pa' progresar.
Y así han pasado decenas de años... pues en un mundo globalizado.
¡La gente pobre no tiene lugar!
— La carencia. Panteón Rococó.
—A ver, primero voy contigo.
Hao terminó tomando asiento de nuevo en el trono que estaba detrás de él, cruzándose de piernas para ver a Yabisu quien imitó la acción. La mesa redonda de la misma piedra caliza que el resto de los asientos apareció frente a ellos cuando se sentaron sobre la cumbre de los grandes espíritus.
—No voy a firmar el acuerdo de agrupaciones en el G8.
Los murmullos no se hicieron esperar.
—¿Agrupaciones? —la voz de Zeus sonó como trueno en la estancia.
—No voy a permitir que se unan porque al final todos vamos a tener que pel-
—Es que no pasa nad…
Yabisu comenzó a balbucear incoherencias de que no había problema si varios dioses se unían en contra de otros.
—Te callas el hocico porque te pongo unos chingazos —le dijo Hao acomodándose mejor apoyando los codos en la mesa para verlo completamente de frente—, entonces no contestes así Yabisu, para que se den cuenta los demás lo pendejo y lo puñeta que estás, ¿va?
Hao se volvió a acomodar en la silla, señalando a Yabisu mientras el resto de los dioses, a excepción de Tláloc, se mantenían del lado izquierdo en un punto neutral; estando solo Yabisu frente a Hao y Tláloc.
—Huevos aquí no hay —comenzó Hao—, huevos están de este lado.
—Y los van a ver, cabrones —afirmó Tláloc acomodándose con una pierna sobre uno de los brazos de su propio trono.
—Entonces yo no entiendo de manera pacífica. Ustedes demandan… —se interrumpió unos segundos dejando de ver al resto de los dioses para ver a Yabisu y señalarlo con los dedos—, tú demandas algo y yo no voy a contestar, esto se arregla de otra manera. Esto es un tema de liderazgo.
Y Hao volvió a voltearse a ver a los dioses.
—Porque la máquina esta no soporta que yo sea su sucesor. No sé si ya se los comentó, pero no le gusta que quiera derrocar al capitalismo. Entonces…
Hao volvió a acomodarse de frente, dejando a un lado en la mesa el bolillo que había estado comiéndose en los últimos minutos. Tláloc sacó su navaja de hueso para seguir pelando una tablilla que hasta el momento no tenía forma, mientras Yabisu se cruzaba de brazos.
—Yabisu, por muchas otras veces, otra vez… NO voy a firmar el convenio de agrupaciones en el G8 porque al final todos vamos a terminar peleando contra todos y las alianzas son ridículas, no tiene ningún caso cuando solo uno es el vencedor. ¿Sí o no?
—Es que no estás entendiendo la fin-
—¡SÍ O NO PENDEJO! —Tláloc gritó desde su asiento aventando la tablilla cuando Yabisu empezó a hablar.
—¿SÍ O NO CABRÓN? —gritó Hao azotando las palmas en la mesa haciendo que esta vibrara bajo su tacto.
—¡No estás entendiendo por qué son las alianzas!
—¡SÍ O NO CABRÓN! ¡TE VOY A PONER UN PUTAZO!
—¡ES QUE NO-!
—¡CHINGAS A TU MADRE, CABRÓN, TE VOY A METER UN PUTAZO! ¡SÍ O NO! ¡SÍ O NO!
El resto de los dioses solo se quedó mirando como Hao casi trepaba por la mesa para llegar a Yabisu quien seguía diciendo que tanto el actual rey, como Tláloc, no entendían el porqué de las alianzas.
—¡Dime si entiendes las alianzas o no!
—¡SÍ ENTIENDO PENDEJO, QUIERES LAS ALIANZAS PORQUE ERES UN MALDITO DEBILUCHO QUE FUE CREADO POR UN HUMANO Y QUIERES QUE SERES CON PODERES SUPERIORES A LOS TUYOS HAGAN TODO POR TI!
Hao había termino por bajarse y acorralar a YVS en el trono, Tláloc que estaba detrás de él, seguía diciéndole que era un pendejo.
—ESTOY ENTENDIENDO TU NECESIDAD, ¡¿SÍ O NO?! ¿SÍ O NO CABRÓN?
—¡No, deja que decidan ellos si quieren la alianza o no!
—¡CHINGAS A TU MADRE, YABISU!
Tláloc se hizo para atrás con las manos en la cintura.
—¿Es que a quién no le va a convenir no hacer alianzas?
—¡A TI, PUÑETAS!
—Ya no voy a decir nada —dijo la máquina, cruzándose de brazos y ladeando la cabeza para no verlos—, que decidan ellos si quieren hacer la alianza con equipos o no.
—¡Pues no que muchos huevos. pinche Yabisu! ¡Y que la verga! —gritó Tláloc volviendo a pararse detrás de Hao que acabara todo el trono del cabrío e impedía que otros se acercaran.
—¡Entiendes que no voy a firmar ese acuerdo! ¿SÍ O NO CABRÓN? ¿SÍ O NO?
Yabisu se quedó sin contestar hasta que Hao perdió la paciencia y empujó el trono del cabrío, tomándolo por la solapa de su manto para que se levantara.
—¡Párate cabrón, párate!
—¡¿Te vas a echar para atrás o qué, Yabisu?!
Y mientras más se negaba en responder, más se enfurecía Hao hasta el punto en que le atestó el primer puñetazo. Fue tan violento que escucharon un hueso quebrarse, pero no estuvieron seguros de sí fue el cráneo de la máquina o del puño de Hao. Cuando ambos comenzaron a forcejear para quitarse al contrario de encima, los demás dioses se levantaron, a excepción de Ra y Zeus que se quedaron viendo la escena en su lugar.
—No, no, a ver… sepárense —habló Jesucristo intentando interponerse entre ellos para que se separaran, aunque era inútil: cuando más quería separar a uno, más se acercaba el otro para seguir golpeándose con la misma fiereza.
—¡Jesucristo, Jesucristo! —le llamó Tláloc desde atrás intentando quitarlo de en medio para que ambos arreglaran sus diferencias. Cuando los dos terminaron golpeándose con la mesa, él volvió a intervenir tratando de separarlos, Alá y Buda se mantenían a su lado intentando ayudarlo, aunque era infructuoso: Yabisu jalaba a Hao del cabello y Hao parecía capaz de zafarle el cráneo del cuello con su pie mientras ambos se gritaban.
—¡Quítate cabrón! —gritó Tláloc a Jesucristo quien insistía en que se separaran. Lo tomó del manto y lo hizo hacia atrás, aunque ahora el castaño también estaba forcejeando para que lo dejaran separarlos—, ¡que te quites cabrón!
—¡QUÍTATE JESUCRISTO! —gritó Hao con la voz embravecida una vez que logró quitarse a Yabisu de encima, aunque poco le duró el gusto. Terminó por tomar una de las navajas de hueso de Tláloc para intentar ensartarla en el cuello del cabrío y el resto se precipitó contra ellos cuando las garras de Yabisu le perforaron la piel del brazo al japonés.
—¡Señor Hao!
Buda comenzó a llamar acercándose a ellos.
—¡QUÍTATE JESUCRISTO! —lo aventó Tláloc para que no se interpusiera, lanzándolo al piso donde intentó retenerlo, aunque a este punto, Jesucristo ya estaba forcejeando también contra Tláloc.
—¡Señor Hao!
—¡QUÍTATE JESUCRISTO!
—¡SEÑOR HAO, SEÑOR HAO POR FAVOR!
Los gritos de Buda intentando separarlos fueron como el detonante para el resto de los dioses.
—¡Ya cálmense Hao!
Hao solo miró a Ra de reojo como advirtiéndole que seguía él si no lo dejaba en paz.
—¡QUÍTATE JESUCRISTO! —seguía gritando Tláloc sosteniéndole las manos a Jesucristo con fuerza casi desmedida.
—¡Ya cállense los dos! —gritó Alá siendo consciente de que los gritos solo empeoraban la situación.
—¡Señor Hao! ¡Rey Hao, por favor! ¡Ya, por favor! —fue cuando finalmente pudo separarlos que todos notaron la sangre que les corría a ambos, a Hao desde la nariz y a Yabisu desde las fauces.
—¡Hao Asakura, Hao Asakura por favor! —llamó Buda sosteniéndolo en sus brazos para que dejara de moverse, pero incluso así, Hao se soltó con extrema facilidad, aunque ya no hizo intento por irse sobre Yabisu quien apenas podía ponerse de pie con el bastón que utilizaba.
—No voy a firmar ni madre, porque si eres débil, es tu bronca —lo señaló, con los ojos inyectados en sangre como pocas veces había perdido la paciencia—, y si primero andas alardeando y queriendo convocar una guerra para luego querer esconderte detrás del resto de estos cabrones entonces prepárate para perder en la primera roda.
Y zafándose de todos, solo escuchó a Ra y Zeus reírse bajito mientras salía de allí y veía a Tláloc soltar a Jesucristo.
Necesitaba comerse un bolillo para el enojo.
¿Les ha pasado algo ridículamente extraño?
Todo había sido muy rápido. Tras explicaciones vagas durante todo el camino, finalmente una cara conocida llegó a su encuentro: Silva. Y fue el mismo apache quien les comentó que una vez luego de las presentaciones serían instalados en los lugares donde se hospedarían.
Ren y el resto comenzaron a preguntar antes que nada, porque ahora el torneo parecía tan burocrático, a diferencia de lo que había sido la primera vez, donde todo comenzó con peleas y acertijos para encontrar la aldea apache.
Silva explicó amablemente que la flor del maíz no era un torneo de chamanes; los objetivos involucrados en esta pelea iban más allá, ya no era aceptar al sujeto más fuerte para que se acoplara en los grandes espíritus y rigiera el mundo desde lo alto. Ahora se trataba de ocho dioses que hicieran lo que hicieran o fueran como fueran, ya habían marcado su nombre en la historia de la humanidad y la pelea esta vez no era por el puesto mayor, si no por el dios que les había convocado.
Se sentía diferente, honestamente.
Quizá era la sensación de estar buscando también a los niños, de comunicarlo abiertamente y Silva ofreciéndose solemnemente a buscarlos también. Quizás era la incomodidad de Yoh luego de haber recordado la sangre en sus manos de camino a Mu, la incertidumbre del resto cuando personas que observaron en el tren de las almas, muertas en los grandes espíritus, estaban de nuevo allí en cuerpo presente.
Una vez que llegaron a una zona residencial en una colonia llamada La Condesa, el paisaje se llenó de un tono frío en azules y violetas: se les explicó que la mayor parte del tiempo la ciudad estaba nublada y los árboles sobre ellos con bonitas flores lilas se llamaban jacarandas. Un hotel los esperaba al final de la calle, con una bonita entrada donde varios botones ya estaban descargando todas las pertenencias de los chamanes.
No hubo mucho más que explicar una vez que llegaron, se les entregó una tarjeta con una llave que era el número de su habitación y se les explicó que por piso había dos equipos compartiéndolo.
Ren no se imaginaba siquiera como era… como no era todo lo malo de compartir piso con aliados que no eran los conocían; honestamente ya era muy raro compartirlo con los aliados de Hao y esas caras que creía que no volvería a ver en mucho tiempo.
Podía escuchar la voz de Peyote por el pasillo gritando algo con Blocken y frente a ellos, Hans pidiendo que se callaran.
¿Qué no les queda nada más que muy a su pesar, creerlo?
Así comenzó todo.
—Ren.
Entre toda la inquietud del pasillo, rodeado de gente a la que detestaba, Ren encontró la calma en la voz de Lyserg quien venía tomado de la mano de Marco con una maleta en la mano disponible. Ren le asintió a ambos a modo de saludo y olímpicamente ignoró los llamados de Horokeu para acercarse a los dos europeos.
—¿Tienen un momento?
Lyserg, quien se encontraba abriendo su habitación, le miró de medio lado.
—¿Eh? ¿Ambos?
Ren asintió.
—Supongo que ya le has mencionado a Marco lo que pasó.
Marco miró a Lyserg unos momentos antes de acomodarse los lentes, expectante de la respuesta.
—Men y los otros niños están secuestrados.
—¿Qué?
A Ren no le sorprendió en lo más mínimo el desconcierto de Marco luego de escuchar eso. Lo que el mundo no sabía es que para Marco era más difícil hacerse el fuerte que hacerse el débil; que la responsabilidad de los X-LAWS se había vuelto una carga pesada que había intentado evadir por mucho tiempo recluyéndose en Sicilia tras la muerte de Jeanne, de entre todos, era Marco quien más culpable de sentía de la muerte de esta persona que era tan adorada por ellos.
—Ren cree que Men fue secuestrado aquí en México cuando vino con Hans a buscarte.
—¡Oye, Lyserg!
El peli-verde se interrumpió unos segundos cuando fue llamado por Peyote desde el otro extremo de la habitación, siendo sostenido por las solapas de su zarape por un Hans muy molesto de su ruido.
—¡Dile a tu perro que me suelte!
Lyserg frunció el ceño y negó con la cabeza antes de invitar a ambos hombres a pasar a la habitación.
Había una pequeña mesa apostada en el centro de la estancia, el espacio era algo reducido pero lo suficiente para que Lyserg pudiera instalar una mini-oficina en el lugar. Podrían estar en una competencia, pero su trabajo como agente del MI6 nunca descansaba. Marco terminó acomodando algunas cosas mientras que Ren tomaba asiento en la mesa, observando luego de unos minutos como Lyserg y Marco se sentaban frente a él, el inglés con unas hojas y unos lápices.
—Creo que debiste comenzar diciendo que no solo Men estaba perdido.
Ren se encogió de hombros antes de escuchar a Horokeu y Chocolove entrar en la sala. Tanto como el peli-azul como el chino relataban lo que sabían y los otros tres los escuchaban con atención. Lyserg de vez en cuando anotaba algo en el papel y hacía preguntas que parecían rutinarias.
—¡Hans! ¡Peyote!
Ambos tardaron unos minutos en acudir a la habitación donde un pequeño grupo se estaba formando. Tanto Hans como Peyote permanecieron parados detrás de Ren y Horokeu cuando Lyserg se quedó viéndolos unos momentos con algo de suspicacia y le pasó la hoja a Marco.
—Hans —le preguntó con el tono calmado, pero algo extrañado—, ¿sabías que Men está secuestrado?
Y le vio abrir los ojos enormemente.
—¡¿Qué?!
Lyserg lo dudó por unos segundos antes de continuar.
—Vino a México contigo, ¿no?
Hans frunció el ceño negando con la cabeza.
—No, cuando le enviaste información a Teruko de donde me encontraba, ella fue la única que llegó —y en el fondo, Hans estaba muy agradecido de que su esposa lo hubiera salvado de morir a manos de Muerte—, la última vez que estuve con Men fue en China, cuando nos despedimos en su tumba, dijo que iría por Hana y el resto para venir a México, que nos veríamos aquí.
Todos se quedaron en silencio unos segundos mientras Lyserg asentía y se masajeaba el mentón con los dedos. El brazo cruzado debajo de su pecho le daba una pose despreocupada pero no menos intimidante: no había nadie mejor que ellos quienes conocieran las habilidades nuevas de Lyserg como uno de los agentes estrella del servicio secreto.
—Peyote —se dirigió ahora al mexicano quien se había mantenido en silencio tras escucharlos—, ¿qué tan frecuentemente se roban a los niños aquí?
Peyote lanzó un silbido que aunque parecía burla, estaba más encaminado a la frustración de tener que revelar algo así.
—Más de lo que me gustaría contarte. Aquí, aquí en la ciudad no muchos. Pero en los aeropuertos, na'mbre, son un chingo —se quedó pensándolo unos segundos antes de agregar—, a veces ya nomás los ven que bajan el avión y los agarran y los encajuelan, y muchos van a parar a Acapulco. Pinches perros, espero que se mueran.
—Creo que sería prudente avisar a los oficiales del torneo para comenzar una investigación.
Y toda la atención de Lyserg se desvió al rubio para mirarlo con una sonrisa encantadora en los labios y acariciarle la mano. Lyserg sabía quizá mejor que nadie en la habitación lo mucho que le estaba costando a Marco ser completamente neutral en esta situación. Porque era precisamente él, uno de los primeros en oponerse al matrimonio de Jeanne con Ren; Marco se había vuelto loco de rabia luego de enterarse de la decisión de Jeanne e incluso había maldecido todo lo que viniera con esta unión.
Pero cuando Men nació y Marco vio el cabello blanco, con los ojos rojizos, algo dentro de él se quebró.
Y el cuerpo se le reventó en pura tristeza de no saberse digno de compartir los momentos importantes con la doncella; porque una vez le dio la espalda por el puro deseo egoísta de que todos permanecieran juntos, como la familia que habían sido por mucho tiempo. Marco ya había perdido a su familia una vez, ya no podía permitirse más perder a alguien importante.
—Ya le hemos dicho a Silva y ha prometido estar atento con eso.
Lyserg asintió unos segundos antes de tomar la hoja que había estado usando haciendo unas anotaciones. Luego la tomó en sus manos para verla unos segundos y se palpó la parte trasera del pantalón para sacar un cigarrillo y el encendedor. Lyserg se había vuelto fumador por estrés.
Era un hábito terrible.
—Entonces la última vez que se vio a Hana fue en China, cuando dijo ir a buscar a Hana.
El resto asintió, conforme con esa descripción, Lyserg siguió explicando las posibles vertientes de dónde podría estar; que quizá tomó el avión junto con los niños y fue en ese momento donde fue secuestrado en el aeropuerto internacional, o quizá fue en la ciudad; quizá fue en Japón… a estas alturas ya no estaban seguros.
—Podemos comenzar a buscar en…
—Yo me encargaré de eso.
Los presentes tuvieron un mini-infarto cuando escucharon a Hao entrar en la habitación con Yoh y Anna a un lado de él. El aire se les fue unos segundos y el Dios aprovechó su momento de distracción para quemar la hoja de la mano del inglés. Un siseo por el ardor se escuchó en toda la sala antes de que Lyserg se levantara casi iracundo de la silla y Marco detrás de él.
—¡Deja de hacer eso, Asakura!
Hao lo volteó a ver, habiendo tenido su atención centrada en Ren y Marco unos momentos.
—¿Por qué? ¿Te arde? —le preguntó arqueando una ceja paseándose por la habitación como si realmente nada de lo que estaba pasando, le afectara en lo más mínimo—, ustedes concéntrense en la flor del maíz, yo ya tengo a unos aliados investigando el paradero de los mocosos que nos ha conducido aquí.
Y Lyserg se acercó a él, tomándolo por el cabello que le caía largo por la espalda, sosteniéndolo con fuerza; a pesar de ser capaz de hacerlo, Hao no lo separó en ningún momento, en realidad lo atrajo a él por las solapas de la camisa blanca pulcramente acomodada y que se arrugaba bajo sus dedos.
—Deja de meterte en mi investigación.
Hao sonrió, soltando un resoplido burlón.
—¿O qué vas a hacer? ¿Me vas a rostizar?
Y el cuerpo al inglés se le torció en el coraje que había intentado ignorar durante casi veinte años. Lo soltó rápido, casi como si el tacto lo hubiera quemado y se hizo para atrás antes de decidirse por salir de la habitación hecho una fiera. Marco soltó un resoplido antes de salir detrás de él sin siquiera preocuparse por ver a Hao, sus hombros chocaron al pasar a su lado pero a ninguno de los dos pudo importarle menos.
Al día siguiente, con los ánimos de todos un poco más disipados, Anna comenzó a dar órdenes a diestra y siniestra en el piso, haciendo una ronda colectiva para que se turnaran en comprar cosas de la canasta básica y que, los que ya habían estado en México una vez, guiaran al resto que no conocían el lugar.
El camino a la tienda llamada Soriana era lento, porque había un montón de tráfico en avenidas de seis carriles y de solo verlo, Lyserg le sugirió a Chocolove que mejor fueran caminando. Al afroamericano no le molesta en absoluto caminar un poco, por las aceras donde iban había un bonito tono violeta debido a los árboles de jacaranda y el día nublado.
—Entonces, Lyserg, ¿qué tal Europa?
El inglés se encogió de hombros esperando en un semáforo para cruzar la avenida mientras se cruzaba de brazos unos segundos. Peyote venía un poco más atrás al igual que Horokeu, quien estaba preguntando por casi todas las cosas que veía a su alrededor y el mexicano le contestaba con poca paciencia.
—Ya sabes, limpio, imperialista y lleno de recesión para variar.
Chocolove se rio una vez que Peyote y Horo llegaron a su lado, porque sonaba exactamente igual que Estados Unidos pero sin tantos idiomas.
—¿Pero sabes qué es lo que diferencia a Europa del resto del mundo? —Chocolove de repente lo mira por que volvió a hablar y se encoge de hombros esperando que le diga. Antes de que algo más pase, los cuatro cruzan la calle una vez que el semáforo está en verde y Peyote les dice que den vuelta a la izquierda para entrar a otra calle un poco menos transitada—, esos pequeños detalles que tiene.
—Ejemplo.
Lyserg se quedó pensándolo unos segundos mientras mira un espectacular en la calle de una librería llamada Ghandi. Luego sonrió tontamente, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón y avanzó así antes de decirle.
—En Europa puedes pedir cerveza en un McDonalds, pero, ¿sabes cómo llaman al quarter pounder (cuarto de libra) en París? —y giró la cabeza de medio lado para mirarlo, el afroamericano solo sonríe unos segundos cerrando los ojos debajo de los lentes.
—¿No le llaman quarter pounder?
Peyote y Horokeu se quedaron en silencio unos segundos sin entender que estaban diciendo, ellos habían entendido hasta McDonalds y ya.
—Nah, no tienen el mismo sistema métrico que Estados Unidos, no, no… le llaman royale with cheese.
—Royale with cheese —Chocolove se comenzó a reír enérgicamente por las palabras del peli-verde, hasta el punto en que la gente de los alrededores les veía con extrañeza, era un chiste que aparentemente solo Chocolove y Lyserg entendían, porque Peyote y Horokeu se mantenían en silencio un par de pasos más atrás que ellos.
—¿Y cómo le llaman a la BigMac? —le preguntó el moreno, una vez que había dejado de reírse.
—Una BigMac sigue siendo una BigMac, pero ellos le dicen Le BigMac.
—Oh lalá, le BigMac.
Lyserg se río esta vez, cuando las dos personas detrás de ellos entendieron un poco de la extraña plática que ambos mantenían, ¿era un chiste de gente del primermundo o solo era porque ellos no entendían el inglés?
—Oye Lyserg, —le habló Peyote atrás, a lo que el inglés volteó a verlo, con una pequeña sonrisa esperando a que le dijera lo que quería decirle—, ¿Y cómo le llaman al bolillo en París?
Lyserg se rió un poquito antes de detenerse de nuevo en el último semáforo, ya veían en una cuadra más adelante el supermercado llamado Soriana.
—¿Cómo crees que le llaman?
—¿No se supone que se llama bolillo?
Peyote enarcó una ceja cuando Lyserg negó con la cabeza.
—Nah, bolillo es un mexicanismo, y te aseguro que allí no saben ni dónde está México, no…, al bolillo le llaman baguette, la baguette.
Y Chocolove se volvió a reír antes de cruzar la calle.
Habiendo llegado a Soriana, todos se quedaron observando con atención el vasto lugar frente a ellos y Lyserg sacó la lista de cosas que necesitaban, pero a medida que la desenrollaba, cada vez más cosas aparecían y todas, escritas en la perfecta caligrafía de Anna, eran más bien cosas para montan un campamento, y no algunos snacks como habían pensado o cosas de higiene que en el hotel no iban a proporcionar.
Lyserg lloró internamente junto a su tarjeta, la rubia definitivamente quería dejarlo en bancarrota. Pero tomando un carrito, Peyote se volvió a acercar a ellos justo en el momento en que Horokeu abría la boca.
—Oye Lyserg, ¿y cómo le llaman a la whopper?
Porque Horokeu sí sabía de esa hamburguesa.
Pero Lyserg se encogió de hombros comenzando a caminar dentro de la tienda tomando las cosas que venían en la lista, tachándolas a medida que caían en el carrito.
—No lo sé, no fui a Burger King.
Un silencio incómodo le siguió a esa conversación, donde Lyserg se preguntó si las cuatro bolsas ecológicas que llevaron serían suficientes para todo lo que Anna había pedido.
Iba a ser un viaje muy largo.
¡Hola chiquis! No se me había olvidado actualizar, lo que pasa es que la inspiración no había llegado a mí u,u les dejo el capítulo super rapidito, está sin corregir ni editar así que si ven algún error por favor no duden en decírmelo para revisión final. Chiquis si quieren saber más de la parte de Shaman King: Marcos, recuerden que en la página de Shaman Posting en facebook, andamos traduciendo el manga y compartiendo algunas cositas, ya está disponible el primer volumen y aquí lo voy a mencionar un poco, al igual que spoilers de todo el manga. Muchas gracias a todos aquellos que comentaron, cuando tenga la versión editada prometo responder a los guests.
Gracias por leer.
PSD: la última parte es una parodia de una escena de Pulp Fiction, la pueden buscar con el nombre de royale with cheese.
