Capítulo 23: La hija, el deseo y la historia
fe de erratas: Gracias a Shinemoon por señalarme un error -bastante garrafal- confundiendo a Sofía con Luna. Tantos años escribiendo causan estragos y me lié. Así que actualizo el contenido con el nombre correcto. Gracias.
Sissi estaba en el salón de su casita en Villenneé. No era la gran cosa del mundo, pero en ese momento era donde se sentía protegida. Aunque se podía relacionar con naturalidad con el resto del grupo, reír con ellos, e incluso había podido practicar sexo, cuando se alejaba de ellos ligeramente volvían los remordimientos. Y, en su opinión (ya que sus amigos insistían en que no se sintiera así), se lo tenía merecido. Ella tenía la culpa de su desliz, de lo que le había pasado a Dorjan, y de llevar en su vientre el fruto de todo aquello.
En ese momento se iluminó la pantalla de su teléfono. Bajó el volumen del televisor. Era Sofía. Por supuesto. ¿Cómo había sido tan olvidadiza? Carraspeó antes de descolgar, no quería que le notase nada. Cuando estuvo preparada, tocó la pantalla.
—¡Hija! ¿Qué tal estás? —preguntó con la mayor naturalidad que pudo.
—¡Hasta arriba, mamá! —respondió ella—. Si llego a saber que dirigir la academia era tan pesado no te hubiera dejado escaparte a ese pueblo.
—Lo siento, hija. Pero te lo confié porque sabía que podrías con ello. Perdona que no pueda ir a las reuniones, pero…
—¿Estás loca? Con el embarazo no deberías moverte más de lo necesario —dijo Sofía—. Aunque me sorprende que papá tampoco haya venido en este tiempo a verme…
—Oh… ha estado muy ocupado también —mintió Sissi—. Ya sabes que se ofreció como edil y bueno…
—No sois tantos allí viviendo —rió Sofía—. Pero sí que hablé con él el otro día por teléfono.
—¿Ah, sí? —preguntó Sissi, intentando disimular la preocupación que le daba esa frase.
—Sí, me dijo que tenías que hablar conmigo de algo, pero no me supo entrar en detalles.
—Bueno… sí, deberíamos hablar, pero no es algo para hablar por teléfono.
—Me lo imaginaba.
—Espera un momento, que llaman al timbre —dijo Sissi mientras se ponía en pie. Fue a la puerta, y al abrir el teléfono estuvo a punto de caérsele—. ¡Sofía!
—¡Sorpresa, mamá!
Sissi abrazó a su pequeña. Por más tiempo que pasara, siempre sería así. Su pequeña. Ella tuvo cuidado con su vientre, y le dio un suave beso. Cuando dijo "¡Hermanito!" Sissi tuvo que controlarse para no llorar. Y lo logró, in extremis. Ofreció a la joven entrar, y le sirvió una taza de café.
—Pues bueno. ¿Qué noticia me tienes que contar? —preguntó la joven mientras tomaba la taza.
—Bien… lo primero, tienes que saber que… te quiero muchísimo…
—Ay, mamá. Ya lo se. He tenido mucha suerte de teneros como padres.
El corazón de Sissi se comprimió un poco.
—Bueno. Pues no sé si pensarás eso cuando te lo cuente… Tu hermanito, como le llamas… ese que está aquí… no es hijo de papá —confesó—. Todo empezó hace unos meses… cuando nos mudamos a este pueblo maldito. Yo hacía mi rutina de salir a correr cuando conocí a un hombre… Edmond. O, como se llama de verdad, Eugene.
En vista de que Sofía no hacía comentarios, Sissi prosiguió su relato.
—Ese hombre, sin que yo me diera cuenta, empezó a flirtear conmigo… yo no me di cuenta. Ni de eso, ni de… bueno, también me gustaba. Pero yo no podía traicionar a tu padre. O eso pensaba. Le rechacé varias veces, pero el día que me dijo que se marchaba… y no pude resistirme. Tuvimos sexo. En medio del monte.
¿Por qué Sofía no cambiaba la expresión? Ella apenas podía seguir hablando. Pero hizo un último esfuerzo.
—Me arrepentí, claro… Esa noche tuve sexo con tu padre. Y poco después me enteré de que estaba encinta. Pero pensé que no era posible que fuera de Edmond. Hasta que… Laura me amenazó con contárselo a Javier. Me enfadé, pero ella tenía razón. Javier no se merecía lo que le hice. Y tenía razón al enfadarse conmigo… Es más, cuando se enteró, se marchó rápido… tanto que sufrió un accidente de coche. No te lo conté porque… bastante me arrepentía ya.
Había empezado a lagrimear. Se sentía fatal. Y en ese momento Sofía se levantó de su sitio y se acercó a su madre. La rodeó con sus brazos, y permitió que su madre se desahogara a gusto. Ella soltó todas las lágrimas que pudo. No merecía que su hija se pusiera así con ella. Debía repudiarla, como debían hacer todos. No merecía la más mínima compasión. Intentó controlar su llantina, pero fue imposible. Estuvo largos minutos así hasta que logró controlarse. Por lo menos lo había echado todo, que era más de lo que había conseguido en mucho tiempo.
—¿Por qué no estás enfadada? No lo entiendo… yo misma estoy enfadada por lo que hice…
—Porque ya sabía todo lo que me ibas a contar.
Sissi miró a Sofía, sin comprender aquello.
—Papá me lo contó el otro día. Llevábamos tiempo sin hablar, así que le llamé. Y me contó lo mismo que me has contado tú. Bueno, te ha faltado decirme que se ha ido de casa, pero.. él ya me lo había adelantado.
—¿Y si lo sabes por qué me has preguntado? —murmuró Sissi.
—Solo quería confirmar que no iba a haber secretos. Nunca me has mentido, mamá. Y si siguen así las cosas, no pasa nada…
—¿Cómo que no pasa nada?
—Papá me dijo que no quería culparte. Aunque seguía dolido por todo lo que había ocurrido. Así que dejó que soltara todo lo que tenía dentro cuando me enteré. Me disgusté mucho, mamá. Pero he podido venir a verte gracias a eso.
Si no se hubiera sentido seca, Sissi habría vuelto a llorar. Merecía aún menos que Javier hubiera provocado esa situación. Sofía debería haberle dicho todo lo que pensaba, todo lo que había hecho mal. Y sin embargo, aquellas frases ya no las escucharía porque su hija estaba en calma. Incluso más cercana a ella de lo habitual.
—¿Qué es lo que vas a hacer? —preguntó la joven mientras le acariciaba el vientre.
—No puedo… no puedo deshacerme de… yo siempre pensé que sería de Javier, no de ese hijo de puta…
—Puede que aún estés a tiempo para eso. Habla con él.
—Ya intentamos volver, pero… no salió bien…
—También me contó vuestro frustrado intento de hacer el amor. No es que me interesara saberlo —comentó Sofía, poniendo los ojos en blanco un momento—, pero tal vez os precipitásteis. Las cosas iban bien. Deberíais haber esperado un poco más, seguir en esa línea.
—Creo que tienes razón. Nos dejamos llevar ese día…
—¡Pues no es motivo para dejar de intentarlo! —dijo Sofía—. ¿Tú quieres a papá?
—Muchísimo —aseguró Sissi—. Más que a nadie. Desde que le conocí. Es lo mejor que me ha pasado. Además de ti. Pero entendería perfectamente que prefiriese irse con otra. Alguien que no le engañara como yo…
—Papá también me contó lo de Brynja. No sé cómo puedes ser amiga de esa gilipollas, pero bueno. Si no pudo hacer nada con ella es porque te quiere a ti.
—Estás más enterada de todo de lo que me gustaría. No se de dónde habrás sacado esa inteligencia
—De tío Jeremy y tía Aelita, claro —bromeó Sofía—. De verdad, mamá. Aún podéis ser felices. Y me gustaría volver a veros juntos. Una familia, como siempre hemos sido. Y sé que papá también quiere. Habla con él, por favor…
—¿Crees que me lo merezco? —preguntó Sissi. Era la única pregunta que realmente quería hacer y no se había atrevido a hacerla. Y lo que menos se había imaginado era preguntarle a su propia hija.
—Creo que habéis sufrido demasiado, mamá. Y si estiráis esta situación va a ser peor hasta que no podáis…
—¿Crees que merezco que papá me perdone? —insistió Sissi.
—… Sí. No eres ningún monstruo. Cometiste un error, pero has pagado el precio. Pasad página.
Sissi se quedó un rato más llorando sobre el hombro de su hija. Sí… Sofía era el fruto de su amor por Javier. Era lo mejor que habían hecho. No podía echar todo aquello a perder. Necesitaba hablar con su marido, cuanto antes. Pero primero quería disfrutar de su pequeña un poco más. A veces tenía la impresión de que había crecido demasiado rápido… y ella, por el contrario, había rejuvenecido hasta la época de hacer gilipolleces.
Empezaba a caer la noche cuando dos personas se reunían en un bar. No en Villenneé. Uno de ellos había pedido que fuera lejos, por si acaso, de modo que habían quedado en la gran ciudad, al terminar uno de sus turnos de trabajo, para tomar una copa. O eso era lo que había propuesto Nath, que se había pedido un cubalibre. Por su parte Carlos había pedido la misma bebida, pero sin alcohol.
—No suelo venir a bares de noche —comentó el detective—. Solo cuando me toca perseguir a algún posible infiel.
—Lo sé. Pero hace mucho que no nos tomamos nada, y necesito hablar. Y no podía ser en el pueblo.
—Porque Erika y David te acosan, ¿verdad?
—Te pasas la mitad del día fuera y te enteras de todo lo que ocurre allí… No puedes ser tan bueno deduciendo.
—Claro que no. Mi esposa me cuenta las cosas que se me escapan. Deberías ser más discreto —rió Carlos—. Aunque no sé qué me quieres contar sobre ellos.
—Si sabes de verdad que me acosan… nada tengo que contarte —suspiró el rubio—. Pero tú les conoces más. Necesito que me ayudes a entenderles un poco. Son dos niños. Soy el doble de mayor que ellos. Y… son estupendos los dos.
—Tú estás encantado con la situación, canalla —rió Carlos.
—A ver, no te lo voy a negar. Ambos son muy atractivos. Pero yo no estoy acostumbrado a estar a dos bandas… Y tengo la impresión de que si acepto con uno estaría traicionando al otro…
—Entonces planeas decir que sí a uno de ellos…
—No tergiverses mis palabras. ¿No te he dicho que soy demasiado mayor para ellos? Si Emily u Odd se enterasen de que… qué cojones. Me he enrollado. Con David y con Erika. Y no a la vez —añadió en vista de que su colega abría la boca—. Y no debería reconocerlo pero me gustó.
—Los dos son mayores de edad —dijo Carlos—. Y por lo que conozco a Emily y a Odd… no se tomarían muy mal que estuvieras interesado en sus hijos.
—¿Tan bien les conoces? —preguntó Nath.
—Te podría contar tantas historias…
—Hazlo.
—Es muy largo.
—¿Mucho?
—Se remonta a hacer unos veinticinco años… Te haré un resumen, si es que me veo capaz.
Lexa se encontraba en su casa aquella noche. No tenía muchas ganas de abrir el bar. Y al fin y al cabo, tampoco tenía un exceso de clientes. Si esa noche no iban a ir para allá, ella tampoco iba a perder el tiempo. Además, quería estrenar el detalle que había tenido Aelita con ella. Le habían conectado a un servidor privado de series y películas que, al parecer, solo compartían entre ellos. La pelirrosa se lo había configurado, y ella quería aprovechar para ver algún film clásico. Al fin y al cabo, viviendo como una hippie, se había perdido muchos años de películas y tenía curiosidad por algunos títulos.
—Se jodió la velada —pensó en voz alta cuando llamaron a la puerta. Fue a abrir con cierta desgana, pero se despabiló en seguida al ver quién estaba allí—. Buenas noches, Dorjan. ¿Quieres pasar?
—Claro. Necesito que hablemos.
—Uy… qué mal me ha sonado eso —dijo ella, pero igualmente le dejó entrar—. ¿Qué te pongo? No, espera, eso es en el bar. ¿Quieres tomar algo?
"Por mucho que ella lo niegue, son hermanos", pensó Dorjan.
—No, no me apetece tomar nada.
—Pues "nada" no tengo. Tengo agua, cerveza, vino…
"Definitivamente son hermanos".
—Para, por favor. No quiero eso… quiero… ¿qué pasa contigo? —preguntó al no poder atinar con las palabras.
—¿Qué pasa conmigo de qué? —respondió ella.
—No lo sé, la verdad. Cuando más pienso en lo que hablamos el otro día, menos entiendo lo que ocurrió.
—Insistes demasiado en darle vueltas. Yo puedo pedirte perdón las veces que haga falta por lo que hice. Pero eso no va a cambiar el hecho de que…
Y no pudo continuar hablando porque, ante la escasez de vocabulario que sufría, Dorjan se había lanzado a por ella, plantándole un beso en los labios. La mayor sorpresa de la chica fue que no era algo agitado. Era prácticamente algo… tierno, suave. Se dejó llevar por alguna razón. Y cuando volvió en si, apartó suavemente sus labios de los de él. Aunque sus cuerpos continuaban unidos.
—¿Se puede saber qué te ocurre? —preguntó ella, sin alzar la voz, un leve susurro apenas.
—Que llevo pensando en hacer esto desde la otra noche… —respondió Dorjan—. No he notado que te apartaras…
—Claro que no—dijo ella con una sonrisa.
—¿Y Damien?
—No está en casa y aunque estuviera tengo el dormitorio para mi…
Aquello fue decisivo para Dorjan. Sujetó a Lexa por las piernas, aupándola y moviéndose hacia las escaleras mientras volvían a besarse. Al llegar al piso superior Lexa se dejó caer al suelo para tirar de él hasta el dormitorio. El hombre se dejó llevar y se sorprendió al aterrizar sobre el colchón. Pretendía quedar encima de Lexa, pero la chica parecía más impulsiva que él. La miró, tan larga como era mientras se quitaba el suéter y le mostraba aquellos generosos pechos… esa casi inevitable para él ver el parecido con Odd… pero en ese momento no podía pensar en él con Lexa besándole por el cuello mientras le retiraba la camiseta.
—Lexa… eres increíble…
—Lo sé —presumió ella—. ¿Tanto te gusto, Dorjan?
—Sí… claro que me gustas —respondió este mientras la chica le empezaba a desabrochar el pantalón—. Mmmm… —gimió. Ella no le daba cuartel y ya le estaba masajeando la erección por encima del bóxer.
—Es hora de ver qué tienes por aquí… —suspiró la chica. No entendía por qué, pero el primer beso había sido hipnótico y ahora no había vuelta atrás para ella. Tiró suavemente de la prenda, liberando la bestia—. Guau —dijo al ver su miembro perfectamente erguido—. Me gusta… —comentó, y sonriendo traviesa, se echó hacia adelante, envolviendo su pene con los labios. El gemido de Dorjan la excitó aún más. Se dejó llevar por el momento.
Las firmes manos de Dorjan recorrieron la espalda de aquella mujer, tanteando hasta encontrar el cierre de su sujetador. Se deshizo de la prenda, y ella lo agradeció. Ahora estaba más libre. Sin detener el movimiento de sus labios empezó a bajarse las bragas, y solo en el momento en que se vio completamente desnuda volvió a erguirse y se situó encima del chico.
Sostuvo su pene y apuntándolo hacia su sexo se dejó caer hacia abajo. Cerró los ojos en el momento en que se unían. Suspiró. Poderoso, intenso. Y delicioso. Empezó a moverse, a un ritmo pausado al principio. Pero sus cuerpos se entendían mejor de lo que esperaba. Como hechos el uno para el otro. Y cuando el cuerpo de Dorjan acompañó sus movimientos bajo ella fue aún mejor. Ella apoyó las manos suavemente sobre su firme torso y aumentaron el ritmo gradualmente. Estaban excitados. Aquella situación era increíble para ambos. Se miraron a los ojos y sus bocas volvieron a encontrarse, mientras sus orgasmos se sucedían simultáneamente, con fuerza.
Lexa cayó derrotada sobre la cama, bocabajo, completamente derrotada. No había previsto una noche tan intensa. Y se pronto sentir a Dorjan recorriendo su cuerpo con los labios, por su cuello y bajando por su espalda la hizo suspirar. Qué fogoso era. Ya estaba preparando para un segundo asalto. Preparó su cuerpo cuando le alzó el trasero, dispuesta a recibirle en su interior.
—Ooooooh… Dorjan… —suspiró cuando, en lugar de penetrarla, el hombre empezó a acariciar su sexo empleando la lengua—. Eso está muy bien…
—Eso quiero… gime… di mi nombre —gruñó mientras se perdía en el sabor de sus jugos. Le encantaban, su sabor era exquisito. Y pronto su pene volvía a alzarse en señal de protesta, también quería volver a aquella maravillosa sensación en su interior. Pero se hizo de rogar, sabiendo que con el deseo en mente la experiencia sería más enriquecedora.
Pero incluso en el momento en que se deslizó por segunda vez en el interior de Lexa sabía que aquello no estaba completo. Pese a que la sensación con aquella mujer era maravillosa, aún faltaba… Odd. Su marido. Él también debía formar parte de aquella situación. Porque no podían ser uno con Lexa… siempre habían sido los dos, y tal vez fuera el momento de unir a alguien más a su familia.
El mensaje de Odd y la posterior conversación con aquella diosa del sexo le había hecho cavilar sobre el tema, y se veía fantaseando con frecuencia en aquella situación. Los tres disfrutando del mejor sexo, sin barrera ninguna. Sí, Lexa era la viva imagen de Odd. Y desde que lo había procesado se había dado cuenta de que sentía una fuerte atracción hacia ella, la misma que había sentido la primera vez que había conocido a su marido. ¿Por qué no podían ser felices los tres? Claro que podían serlo, seguro… y mientras veía a Lexa suspirando, completamente ofrecida para él, la imagen de Odd desnudo a su lado se materializó y besó sus labios y en ese momento eyaculó por segunda vez.
Supo que Lexa también había culminado. Un gemido agudo invadió el ambiente de la habitación. Estuvo a punto de caer desplomado sobre ella, pero se echó a un lado en el último momento y cayó sobre el colchón. Ninguno de los dos dijo nada. Había mucho que asumir en ese momentol
Olvidando que la ventana daba justo al dormitorio de Odd.
Ignorando que el chico se encontraba allí en el momento en que habían empezado a quitarse la ropa y había observado toda la escena.
—Así que… durante estos años te has puesto morao.
—Un análisis muy sintetizado de lo que te he contado —ironizó Carlos—, pero ciertamente, no me quejo de mis oportunidades de sexo. Ni de mis ocasiones —admitió—. Todo el grupo somos una gran familia.
—Pero no me lo has contado todo, intuyo —dijo Nath. Hacía rato había dejado de beber alcohol, no lo quería en ese momento—. Recuerdo el día que conocimos a David. Fue a darte dos besos, y… tu pusiste la mano haciendo de escudo. ¿Qué pasó entre vosotros? —preguntó el policía. Miró alrededor. Al parecer el bar cerraría dentro de poco y quería conocer los detalles.
—Él fue el primero en descubrir el acuerdo sexual que manteníamos. Me pilló una tarde, con Emily y con William… porque al fin y al cabo no lo esperábamos. Avisamos a Alicia y a Sam y Laura, y le contamos la verdad. Le hicimos prometer que no se lo contaría a nadie, pero creo que es un secreto demasiado jugoso.
—¿Dices que… Erika y los demás saben que sus padres follan todos con todos?
—Así es —afirmó Carlos—. Pero creo que soy el único que sabe… que ellos lo saben. Han sabido ser discretos y no poner en duda la relación de sus padres. Y también probaron a hacerlo entre ellos, aunque no les ha salido tan bien.
—Todo eso te lo contó David —dijo Nath. No era una pregunta.
—Y después me contó que había averiguado que… yo soy su padre.
Aquello provocó que Nath se atragantara con su último trago.
—¿Qué dices?
—Le tuve que corregir —dijo Carlos, mirando la copa—. Yo le hice la donación a Emily para que le gestara, pero yo en ningún momento he sido su padre.
—¿Le donaste… el semen? —preguntó Nath, bajando la voz.
—Sí. Pero no en el sistema tradicional —respondió el detective. Ya no tenía caso ahorrarse detalles—. Fue mucho hacer el amor. No le hubiera gustado algo tan frívolo como una clínica de fertilidad… Y el hecho de que Alicia y yo hubiéramos sido pareja enrarecía el hecho de que la dejase embarazada. Así que durante… creo que tardé una semana, Emily y yo teníamos sexo todos los días. Y Alicia y Sam estaban con nosotros, mirando en todo momento. Pese a como te pueda sonar, fue bonito, pero soy una mierda de narrador.
—Y por eso marcas las distancias con David…
—Nos llevábamos bien, pero empezó a darle vueltas a si yo hubiera ejercido la paternidad… así que tracé la línea y por suerte, vuelve a pensar en sus madres como lo mejor que le pudo pasar al nacer. Simplemente dejo la frontera cerrada por si acaso.
—¿Y acaso estás pensativo porque… tú piensas en que podrías haber ejercido de padre?
—No —dijo Carlos, aunque no apartaba la mirada de su vaso—. Lo hablamos mucho entre los cuatro antes de hacerlo. Yo no podía hacer de padre, y así lo acepté. Y no tuve problemas con ello. Pero no te negaré que el hecho de no haber tenido hijos con Sam no haga que a veces me plantee si debería haber insistido un poco más. Si no quería pasar por el embarazo podríamos haber adoptado… Y en cierto modo no puedo evitar que David me haga pensar en esa elección.
—Debe ser duro ese tema… uno sacrificando sus deseos por el otro —pensó Nath.
—Si, pero también te digo que no me arrepiento del resto de mis decisiones vitales. Lo del hijo… es un "¿Y si…?" que tengo en la cabeza pero poco más.
Se incorporó antes de seguir hablando.
—En fin, amigo, se nos hace tarde. Y tú has bebido, así que voy a conducir yo. Pero ya sabes qué pasa con David y con Erika. Te he contado por qué son como son, el tipo de ambiente que han visto natural con sus padres y que ellos mismos consideran algo natural.
—Eso no resuelve el tema de la edad… —comentó Nath.
—Y te digo que eso no importa. No en su caso, por mucha diferencia que haya, sois adultos. Y les conozco. Si se han fijado en ti, no creo que sea solo por jugar.
—Nunca he sido amigo del poliamor… pueden pasar tantas cosas…
—Sí. Incluido el hecho de que os salga bien —reflexionó Carlos mientras se ponía en pie—. Y ellos saben muy bien lo que implica. Están preparados. ¿Lo estarás tú? —preguntó, mientras sacaba la cartera y dejaba un billete en la mesa.
¡Hola a todos! Me hubiera encantado poder publicar antes, pero circunstancias adversas (trabajo, escaso tiempo libre, pereza...) lo han impedido hasta hoy. Pero aquí está, uno de los capítulos que más ganas tenía de escribir desde que lo planeé. Recién sacado del horno para todos vosotros mientras se va acercando el final.
Nath0722: ¿Pobre? Suertudo diría yo (?) Y aunque haya diferencia de edad, ambos son mayores ;)
Moon-9215: ¡Muchas gracias! Espero que este también te guste.
Y podríamos decir que estamos en la recta final del fanfic, ya que está a punto de terminar. Y con él, "Code:Lemmon", que recientemente publiqué el capítulo 100 y voy a cerrarlo en breve. Hay dos proyectos que tengo en mente que sustituirán estas historias, pero creo que os van a gustar igualmente ;) Lemmon rules!
