Capítulo 26: Todas las cartas encima de la mesa
William volvía a encontrarse en las oficinas de LouVoiture. Alan se removía en la silla a su lado, nervioso. No era para menos, teniendo en cuenta la salida de su empleador en la ocasión anterior. Les habían informado de que Zack Zelaya se retrasaría un poco, pero al escocés no le importaba esperar.
—Pensaba que Laura iba a venir contigo…
—Se quiso pedir el día, pero no se lo permitieron —respondió William. Él había tenido la culpa, ya que aquel polvete mañanero que había echado con su mujer, y por el que ella había llegado tarde, era la causa por la que no le habían autorizado tomarse aquella jornada para ella misma. ¿Por qué tengo la sensación de que nos está haciendo esperar a propósito? Estoy seguro de que no está tan ocupado.
—Porque tu intención es correcta, lo más seguro. Yo también creo que esto es un pequeño castigo por lo de la vez anterior. Mientras a ti no te importe…
—¿A mi? ¿Por qué iba a hacerlo?
—¿Porque me pagas por horas?
Se echaron a reír. Fue un poco desafortunado, pues en aquel momento apareció Zack. Frunció el ceño al verlos tan animados. Obviamente, seguía disgustado por cómo había terminado la reunión en la ocasión anterior. Pero al fin y al cabo sabía que era un negocio que valía mucho la pena, así que tras darle alguna vuelta (y la insistencia de su padre) había cedido en volver a reunirse con ellos. Se sentó frente a ellos. Llevaba unos papeles en la mano. El contrato.
—No tengo muy claro cómo proceder —dijo abierta y llanamente—. Es la primera vez que me topo con un contrato que no se celebra a la primera y hay que volver a empezar. No entiendo su reacción del otro día, señor Dumbar, y tengo curiosidad por saber qué le mueve. Pero no estamos aquí por eso, ¿verdad? —preguntó, mirando al escocés.
—Eso es.
—¿Ha leído el contrato con calma? Es el mismo que en la ocasión anterior.
—Sí. Por eso le pedí a Alan que me diera una copia y la analizásemos —dijo William. Alan sacó una copia en papel del contrato, que tenía una gran marca de agua que lo recorría de borde a borde y ponía "BORRADOR" en gris.
—Espero que no venga a decirme que no está de acuerdo con la oferta… —advirtió Zack. Tenía pinta de estar a punto de perder los nervios en cualquier momento.
—Pues me temo que no lo estoy, señor Zelaya —dijo William—. Pero no se altere. Alan es el mejor. Y ha trabajado muy duro para que nuestra conversación de hoy sea fructífera.
Alan suspiró y volvió a abrir el maletín. Habían sido horas de trabajo en un tiempo récord, pero el esfuerzo había merecido la pena. Sacó unos folios, grapados por la esquina y perfectamente impresos. Se los tendió a William pero este levantó las manos. Se lo conocía lo suficiente, de modo que pasó los papeles a Zack. Este los tomó con cierto recelo y empezó a leer.
William se quedó quieto mientras esperaba a que el anfitrión leyera la contraoferta, y mientras tanto, empezó a pensar en la lista de la compra que debía hacer antes de regresar a Villenneé. Se miró un par de veces con Alan, pero no dijeron ni una palabra en voz alta. Les interesaba más las reacciones que Zack pudiera hacer, pero el canalla parecía un jugador profesional de póker mientras leía. No parecía entusiasmado, ni enfadado, ni confuso por lo que leía.
—A ver si lo he entendido bien… renuncias a ese pastón que te ofrecemos… y a cambio solo nos vendes una pequeña parte. Pero sigues dirigiendo tu negocio, a niveles prácticos solo hay una exclusividad…
—Eso es. ¿Sabes, Zack? No necesito todo ese dinero. Tengo una vida feliz. Una esposa a la que quiero y que me quiere. Tenemos una hija que es un sol de persona. Esa fortuna que me ofrecías no mejoraría en nada nuestra vida.
—Y estos datos que me das… —comentó Zack, mostrando una página—, el margen de beneficio no cambiaría mucho… pero seríamos partícipes. Tú ganarías algo menos ¿Seguro que te lo puedes permitir?
—Seguro. Me embolso lo suficiente como para vivir. Y como muestra de cortesía, vuestros empleados pueden venir a que les arreglemos el coche con descuento por trabajar para nuestro partner.Lo cual repercute en que yo tenga más clientes.
—Sigue usted esa expresión de "Muchos pocos hacen un mucho", ¿no es así, señor Dumbar? —preguntó Zack.
—Eso es. No levanté mis talleres lanzándome a lo loco. Por eso quería reescribir el contrato. Creo que no se puede quejar de beneficio.
—Está todo preparado para que usted firme, por nuestra parte —dijo Alan—. Si está usted autorizado para ello, claro.
Zack dejó el documento en la mesa. Inspiró y espiró un par de veces. Miró a William, luego a Alan, y finalmente a William de nuevo. Se encogió de hombros, y sacó la pluma de un bolsillo.
—Supongo que tendrás una copia, ¿verdad? —preguntó, mientras empezaba a echar firmas en cada una de las hojas—. Porque cada uno tengamos la nuestra.
William sonrió. Alan sacó una copia del mismo contrato y le tendió a William el documento. Empezó a echar rúbricas en cada una de las hojas, y luego lo intercambió con Zack y continuaron haciendo los garabatos hasta que cada hoja quedó correctamente identificada con sus firmas. Tenían acuerdo, por fin. Se miraron, y sonrieron con satisfacción. Así estaba bien.
—Suelo irme a tomar una copa con quien llego a un acuerdo. ¿Tienen ustedes prisa? —preguntó Alan, mientras se ponían en pie.
—Tengo un poco de prisa, pero… creo que podemos tomar un trago —dijo William—. Alan, te quedas, ¿no?
—Claro, jefe —respondió este. Aunque no sabía si el tiempo invertido en beber llegaría a cobrarlo. Al fin y al cabo, tenía cosas que hacer también.
Por su parte, Alicia estaba en una cafetería. Tenía un par de horas libres aquel día. Y estaba esperando a que llegase Emily, que se había retrasado por un examen que había llevado más tiempo del previsto. Se había ido tomando un café, y lo estaba terminando cuando, por fin, apareció su mujer. Parecía un poco alterada, y eso preocupaba a Alicia. Al fin y al cabo, se veían todos los días, y no sabía qué podía ser tan importante como para no poderlo hablar en casa. Claro, que si hubieran sonado los despertadores aquel día, podrían haber hablado durante el desayuno.
—Hola, mi amor. ¿Qué pasaba? —preguntó Alicia. Se levantó para darle un beso a su mujer, que ella le devolvió fugazmente.
—Es algo gordo… Pero pensándolo bien, no es justo para ti hablarlo aquí. Tiene que ser en casa mejor… Te invito al desayuno… —Emily hablaba de un modo acelerado. Y Alicia llevaba días notándola más inquieta que de costumbre—. ¿Qué has tomado?
—Emily. Por favor, vamos a hablar. No sé qué debes contarme en casa que no me puedas contar aquí.
—Te vas a enfadar… y en casa me puedes montar una escena tranquilamente —dijo la chica—. No mereces lo que ha pasado…
—¿Me lo vas a contar ya… o me lo vas a contar ya? —inquirió Alicia—. Si me has hecho venir tiene que ser importante, así que adelante. Te escucho.
—Está bien. Si quieres saberlo… he estado estas semanas visitando a Edmond —soltó—. Edmond, el que embarazó a Sissi. Edmond, el que acosó a Sam. Edmond, el que me llevó secuestrada. He ido a la cárcel a ver cómo estaba, porque… porque soy gilipollas. Llegué a pensar que podía haber algo bueno en esa persona, pero no era así… él es un hipnotizador, ese carisma que tiene no es normal y… y he estado semanas soñando con él… he tenido fantasías con ese desgraciado… y me he besado con él, pero te aseguro que no pasó nada más… Alicia, yo te quiero y…
En ese momento Alicia le sujetó las manos. Emily no era consciente hasta ese momento de que le temblaban. Tampoco había notado las lágrimas recorriendo sus mejillas. Alicia la estaba mirando, muy seria. Le acarició el dorso de la mano empleando los pulgares. Y le sonrió levemente.
—Ya lo sabía —dijo Alicia.
—… ¿Qué?
—Que lo sabía. Desde el primer día que fuiste a verle —prosiguió la otra—. No pretendíamos seguirte. Pero Carlos y Nath han estado monitoreando su actividad. Necesitábamos testigos para el juicio, y queríamos saber quien iba a visitarle. Y la única persona en todo este tiempo has sido tú…
—Joder… No sé qué pensar… Podrían meterse en un lío si…
—"La ética puede ser laxa cuando hacen daño a los que queremos", dijo no se quién —bromeó Alicia—. Han sido cautos. Pensaron en pincharle el teléfono, pero tampoco ha hecho ni recibido llamadas. Y eso confirma lo que yo pensaba.
—¿Qué pensabas?
—Que me casé con la persona más buena del mundo.
—Alicia… —sollozó Emily—. No puedes decir eso… te he traicionado.. y a Sam y a Sissi y a todas las que ese cerdo destrozó la vida…
—Has hecho lo correcto al final —le recordó su mujer—. Los cuatro… porque también hablamos con Sam, le dimos vueltas a la situación. Y todos pensamos que lo mejor era confiar en tu criterio. Y me lo has contado, así que teníamos razón. No me siento en absoluto traicionada. Me alegra que te dieras cuenta de la clase de persona que es Edmond.
Emily difícilmente escuchaba. Dejaba que su corazón se abriese y derramase las lágrimas necesarias. Se sentía fatal. Y afortunada al mismo tiempo por poder compartir su vida con ella. Supo que algunas personas estaban mirando la escena con curiosidad, pero no le importaba. Solo le importaba Alicia. Aún así sabía que tenía que hablar con sus amigas. Debía hacer las cosas bien. Alicia se sentó al lado de Emily y le permitió poner la cabeza sobre su hombro.
—Te quiero… —susurró Emily.
—Yo a ti también.
Para Lexa aquella tarde era muy aburrida en la cafetería. A veces tenía la sensación de que vivía en un pueblo fantasma. Que no estaba mal del todo, pero un poco de vidilla siempre se agradecía. Casi añoraba las comunas hippies. De no ser porque la mitad de los que se apuntaban a esos lugares eran unos posturetas que solo buscaban tener más followers en las redes sociales. Esa gente le causaba una verdadera enfermedad. Por eso había optado por irse con Damien, que representaba más las ideas en las que pensaba cuando llegó a la tercera comuna.
—Voy a fundar mi propia colonia —pensó en voz alta. Y en ese momento, sonó la puerta. Se giró—. Buenas tardes, ¿qué te pon… go?
Odd y Dorjan habían entrado allí. Un primitivo instinto de Lexa la puso en tensión. Aunque racionalmente no pensaba que pudieran hacerle daño, era consciente de lo que había hecho con ellos. Y que estuvieran allí juntos le rompía los esquemas. Si estaban así, tal vez habían regresado, pero ¿para qué ir a verla entonces? ¿Algún tipo de venganza? Pero ambos se sentaron en la barra.
—Para mi un zumo de piña —pidió Dorjan.
—Yo de naranja —dijo Odd—. ¿Y tú?
—¿Yo? —preguntó Lexa.
—Claro. Queremos tomarnos algo contigo. Tenemos que hablar de lo que ha pasado…
—Dos contra una, ya podréis —intentó bromear la mujer mientras buscaba en la cámara bajo el mostrador las bebidas que le habían pedido. Ella misma se sacó un refresco antes de hablar—. Qué queréis decirme… si queréis que me disculpe por lo que hice, tenéis razón y…
—No. Bueno, sí —dijo Dorjan—. Aunque la culpa también la hemos tenido nosotros. Dos no follan si uno no quiere… —le recordó.
—Vale, pero Odd… aunque ya no seas mi hermano, eres de mi sangre. Debería haberme contenido.
—Y yo me debería haber resistido a tus encantos porque estoy casado —dijo este—. Estuvo mal incluso si no tuviéramos esos lazos de sangre. Creo que los tres hemos cometido errores. Ni debí caer en la tentación, ni Dorjan debió "vengarse"… que tampoco pensaba en eso cuando lo hizo —añadió, en vista de que su marido quería intervenir—. Aunque siempre tendré la duda de si te gustó más con él o conmigo. Desde fuera siempre se ve de otra forma…
—… No jodas, la ventana —cayó ella en ese momento—. Está bien, sé que lo he hecho mal. Pero no tenéis que preocuparos, porque…
—Nadie dice que estemos preocupados —dijo Dorjan—. De hecho, bueno. Nos hemos dado cuenta de que somos más iguales de lo que creemos. Aunque sea para lo malo. Simplemente vamos a cuidarnos para evitar volver a caer.
—¿Debo suponer que esto es un adiós? —preguntó la rubia.
—Es una invitación para que vengas con nosotros —explicó Odd—. A mi… se me ocurrió la idea de que podríamos juntarnos los tres. No podemos negar que existe la química… y si formases parte de nuestra unión, no habría ningún problema en que hiciéramos lo que nos apetece…
—¿Estáis mal de la azotea? —preguntó Lexa.
—¿Tan descabellado es?
—Mucho. Chicos, yo… sí, me lo he pasado muy bien con los dos. Sin ganas de hacer comparaciones. Pero ha sido algo físico. Yo no siento nada a un nivel lo bastante profundo como para hacer convivencia de pareja con vosotros. ¡Ni siquiera lo hago con Damien! Así que me halaga, pero no. Creo en el poliamor. Pero el punto es que no os amo…
Odd y Dorjan asintieron lentamente. Debían jugar la carta, aunque en aquella ocasión la vida había decidido que no ganasen. Se encogieron de hombros, los dos habían contemplado la posibilidad de la negativa de Lexa. O de que sólo le apeteciera estar con uno de ellos, en cuyo caso se negarían. Pero tenían que aceptar su decisión. Sus subconscientes querían preguntar al respecto de la posibilidad de verse en la cama los tres, pero estaba fuera de momento y lugar.
—¿Amigos? —preguntó Odd.
—Amigos —afirmó ella—. De todas formas, tenía también que hablar con vosotros. No me queda mucho tiempo aquí en Villenneé.
—¿Cómo? —se sorprendió Dorjan.
—Damien ha encontrado un comprador para la casa. Por un precio baratísimo, no necesitamos mucho dinero. Así que dentro de poco nos marcharemos buscando otro lugar. Nos hubiéramos ido antes si hubiera aparecido este comprador hace tiempo. Claro que casi nadie conoce este rincón perdido en el culo del mundo. Así que arreglaremos los papeles… arreglará los papeles —se corrigió— y marcharemos.
—¿Podríamos quedar? Si te parece bien, cuando estéis establecidos de nuevo.
—Claro, Dorjan. Aunque estaremos lejos, siempre buscamos sitios diferentes. Le daremos una vuelta estos días. Pero bueno. Tenéis mi número. Podremos hablar y vernos si os apetece.
—Joder… no me esperaba esto —dijo el rubio—. ¿Te puedo hacer una pregunta?
—¿A estas alturas? Feel free.
—¿Volverás algún día a ver a papá y a mamá?
—Me lo he estado pensando. Creo que sí, han pasado muchos años. Y aunque ya no me sienta como su hija, creo que tienen el derecho a hacerlo. Aunque sea una relación de cortesía.
Odd sonrió. Aquello le bastaba. Hacía años había perdido una hermana, y al menos ahora había ganado una amiga. Un tanto peculiar, pero valía más eso que nada. Y en ese momento, él y Dorjan recibieron un mensaje. Aelita les convocaba en el ayuntamiento, pero Lexa no había sido alertada, por lo que se terminaron las bebidas y fueron para allá. Obviamente se trataba de algo de su grupo.
Cuando llegaron se dieron cuenta de que todos ellos, a excepción de la propia Aelita y Aelita, estaban allí. Escucharon a Emily hablar con lágrimas en los ojos con Sissi y Samantha, y en el momento en que se daban un abrazo, llegaron la pelirrosa y el escocés. Se pusieron en medio de la sala para poder hablar con el grupo.
—Hacía tiempo desde la última reunión del grupo así —comentó Ulrich—. Y no fue muy agradable aquella ocasión, la verdad.
—Lo sabemos. Por eso tenemos noticias que daros —dijo William—. Creo que todos estamos de acuerdo en que este pueblo ha sido… una puta maldición —soltó—. Hemos sufrido, lo hemos pasado mal… hemos discutido, ha habido desgracias, crímenes… merecemos más que esto.
—Así que estuvimos cenando la otra noche, y pensando qué podríamos hacer —dijo Aelita—. Y por fin lo tenemos claro. Hemos invertido dinero para que todos podamos regresar a la ciudad, a nuestras casas.
Hubo un silencio general por unos momentos, ya que no entendían a qué se referían. ¿Volver a la ciudad? Eso no era posible. No llevaban un año en Villenneé. Sus pisos de la ciudad se encontraban en alquiler. A corto plazo no podían echarlos, solo esperar a que finalizasen los contratos. Aelita retomó la palabra.
—William y yo hemos invertido parte de nuestro beneficio. Él con la venta parcial de sus talleres y yo con mi libro.
—Hemos asumido algunos gastos. Los inquilinos de los pisos ya están buscando sitios para mudarse. No habría repercusión económica, para nadie. Todos han aceptado, en mejor o peor grado, lo que les hemos ofrecido. En cuestión de dos semanas podríamos estar recogiendo para irnos de vuelta a la ciudad.
—Allí hemos sido felices. Diría que más que aquí —dijo Aelita—. Y no podíamos volver sin vosotros. Sois nuestra familia, al fin y al cabo. Si nos movemos, nos vamos todos juntos. No podíamos permitir que os quedéis aquí sin nosotros.
En ese momento Yumi se levantó y empezó a aplaudir. Estaba emocionada con la situación. Aquel gesto lo decía todo. No fue la única, pues el resto de amigos hicieron lo propio. La pelirrosa y el escocés se vieron envuelto en un abrazo colectivo en que ninguno tenía muy claro de quién era cada brazo, pero no importaba. Su plan había salido como estaba planeado, iban a poder regresar a sus vidas anteriores.
—Pero a mi me queda una pregunta —dijo Sam—. La idea era volver a poblar esto… Si nos vamos, ¿qué pasará con las casas? Richard no debe estar muy contento…
—A Richard le sobra el dinero más que a nosotros —explicó William—. Así que hemos llegado a un acuerdo entre los tres… un pequeño negocio. Vamos a habilitar este sitio como destino de vacaciones rural. A la gente les gusta venir para quince días… pero hemos comprobado que tantos meses terminan afectando. Así que vamos a hacer reservas por días…
—Si alguno de vosotros quiere invertir en el negocio, es libre de hacerlo —añadió Aelita—. Hemos empezado a moverlo, pero aceptamos a cualquiera de vosotros que se anime. Empezaríamos a alquilar apenas nos vayamos…
Y en ese momento Odd y Dorjan se dieron cuenta. Seguramente, Richard era el hombre que había comprado la casa de Damien para aquel proyecto. Sus amigos lo habían atado todo bastante bien. Eran unos genios.
No quedaba mucho más por decir. Les esperaban unos días de volver a hacer equipajes y regresar a la ciudad. Regresar a algunas comodidades a las que habían renunciado… y también perder alguna que habían ganado. Pero en general, el regreso a la civilización suponía algo positivo para ellos.
¡Hola a todo el mundo!
Parece mentira, pero... penúltimo capítulo. Solo queda uno. Que será publicado el próximo domingo ;) Tan largo viaje va tocando a su fin, pero espero que os haya gustado :) Como es obvio, el último capítulo será una orgía. Con algunos... invitados ^^ Total, es ya la última (espero).
Nath0722: Al final te acordabas porque comentaste, así que sin problema xD Sobre lo que comentas: 1) Casi, porque sería demasiado obvio :P 2) ¿Por qué? Son compañeros no románticos... 3) Son mayores de edad todos, nada de FBI :P 4) Desde luego lo intentará. 5) ¿Crees que no los incluí para el final? xD Saludos!
Con esto voy cerrando... El viernes se publicará el último de Code:Lemmon (o al menos, hasta dentro de mucho tiempo) y el domingo el cierre de La Villa. Y muy pronto, mis nuevos proyectos ;) Lemmon rules!
