Año: Nokia-Ericsson.
Sí, no es un error.
Dentro de una habitación de paredes sucias, una pareja, que no necesariamente era pareja, miraba el tiempo pasar. Entre los dos, quien más resaltaba era la chica de cabello castaño de cuya boca caía un hilo de baba que estaba goteando hacia el suelo. Su mirada estaba puesta hacia el infinito, imaginándose devorando cualquier cosa comestible a causa del hambre que le había dado al estar sin llevarse algo a la boca durante tanto tiempo.
—Tch —se oyó de alguien que no era conocido por hacer ese ruido.
Eso trajo a la chica de vuelta a la realidad, desorientada hasta que su mirada cayó en la otra persona presente. Eso la hizo encogerse. Viró sus ojos marrones hacia un costado, fingiendo observar los extremos de la habitación como si fueran la cosa más interesante del mundo. O la más grande, incluso si no le tomaba mucho tiempo.
Para aclarar, ambos se mantienen de lados opuestos en la habitación casi 4x4 cuya ventana está muy por sobre sus cabezas como para ver algo por su cuenta. Mas ella no puede quitarle los ojos de encima teniendo en cuenta el peligro que significa que el chico ese la haya estado viendo fijo -seguro planeando por qué lado atacarla para que le doliera más. Le gustaría que fuera uno de esos casos románticos -no con él, por supuesto-, pero no lo es. Es como si con sus ojos él expresara todas sus emociones y no son cosas agradables para ella.
"Bueno, debe ser porque acabamos así por causa mía." Por eso no es incorrecto pensar que él puede atacarla, con esa mirada expresa claramente que lo desea.
—Ya te pedí perdón, Floch —dijo dubitativa, mas no con la suficiente lástima ni miedo para darle el gusto—. ¿Qué más quieres? —su voz suena harta.
En lugar de repetir retóricamente por qué debería perdonarla tras el problema en que los metió a ambos, el chico solo achicó los ojos con dureza.
—Tonta —gruñó, notoriamente enojado.
La castaña miró por inercia hacia la puerta sin picaporte a la vista, con pena en su rostro y los hombros pegados a sus orejas, sintiendo básicamente lo mismo que desde hacía más de dos horas y sin tener la más mínima idea de cómo diablos iban a salir. Ya lo que intentaron fracasó y ninguno tenía forma de comunicarse con alguien para que viniera ayudar desde el exterior. Estaban cerca de las vías del tren, era hora pico por lo que incluso si las campanas de la estación no sonaran tan fuertes luego, todo el sonido de los autobuses y la gente evitaban que fueran oídos. Sasha lo confirmó gritando varias veces, solo para que nadie respondiera su llamado. Tampoco había forma de que los vieran, dada la ubicación de la ventana no lograrían ser vistos a menos que fuera por cielo. Esperaría unos minutos más, a ver si el chico este se calmaba y le dejaba subirse a sus hombros para llegar ahí.
Eso de estar encerrada no fue parte de su plan. Bueno, Sasha no tenía plan un en primera instancia. Algo tan bajo lo podía esperar de alguien como el -nombrado por Sasha- pájaro loco frente a ella. No le deseaba estas cosas ni a sus peores enemigos... o quizás sí, porque de otra forma no habría acabado así Floch. No que ella tuviera algo en su contra, en primer lugar.
Se puso pensativa, moviendo sus ojos a un lado e intentó recordar cómo fue que pasó todo esto.
—Sasha, no toques las cosas si tus manos están sucias —dijo su dulce madre, sin dulzura.
—No están sucias —ella replicó—, ¿y cómo no voy a tocar nada? Tengo que tocar lo que voy a comer… —y aunque hablaba intentando sonar inteligente, eso fue lo máximo que pudo decir, porque se llenó la boca de nuevo y fue inentendible todo lo demás.
Lisa Braus se tocó la frente, resignada a decirle a su hija más. Decidió dejarlo pasar y desearle las buenas noches antes de irse acostar, eso sí, ¡mañana le diría que limpie toda la casa ella misma! Incluso si solo ensució esa parte.
Los pies de la adolescente acapararon el sofá una vez su mamá se marchó, mientras una bolsa de manís descansaba en su regazo y le servía para contrarrestar el azúcar del paquete de galletas que comió luego de cenar.
A veces se queda hasta tarde mirando canales en televisión, porque a diferencia de la mayoría de sus amigos -bueno, solo sus dos mejores amigos-, ella no tiene Internet. Sus padres apenas acaban de instalar tv cable, de todas formas, no era algo tan necesario el Internet, ¿cierto? Aun si en la escuela recomiendan empezar a buscar allí, bien puede irse a un cibercafé. Es divertido revisar de vez en cuando, pero no quiere volverse un obsesivo como Connie desde que se pudo comprar una computadora y se la pasa ahí con sus amigos imaginarios (él dice que es gente real, sin embargo Sasha no está del todo segura). Por eso ya ni lo visita como antes.
Hablando de eso, admite que ella extraña ir a la casa de su otro amigo/conocido, solía ir por las tardes, pues últimamente su mamá se está quedando en casa y no le gustaba mucho que ella visitara a su hijo. Muy diferente a su madre o la de Connie, que en general nunca rechazaban visitas. Por otro lado, quizás dejar de ir sería bueno porque Connie la estaba empezando a molestar por eso, preguntando si ya estaban en una relación de tanto visitar la casa de él, como si no visitara su propia casa a menudo. Esperaba que se calmara con esas bromas, que estaban poniendo incómodo a Nicolo y por alguna razón eso la desanimaba un poco. Debía ser porque le gustaba lo buen anfitrión que él era, siempre le preparaba algo a diferencia de Connie donde debía sacar comida por su cuenta.
Volviendo a lo que hacía, estirando las piernas para no acalambrarse mientras miraba la televisión. De los programas que siempre llega a colgarse una vez acaba de cenar y hacer la tarea, la mayoría son documentales de formato serie sobre supervivencia porque, aunque le gustan sobre animales esas lo pasan antes. Sin embargo, se ve que cambiaron el horario, pues no encuentran hombres queriendo imitar la vida de las comunidades nativas o algo así. Voltea al costado y ve que, en realidad, se equivocó de canal. Aún así le da pereza buscar el control, o quitar la mano de su bolsa de comida, así que lo deja.
Adolescentes psicópatas, de eso trata el programa. No puede evitar que alguien venga a su mente con esos relatos, con esas acciones y miradas de los actores recreando esos casos reales. Quizás es el color y luces que dieron al documental, que hacen ver a todos súper pálidos. Aunque no es tanto la palidez, que le recuerda a ese alguien, sino el pelo… Ese pelo… ¡Ese pelo descuidado, despeinado! Como la cresta de una gallina o como el pájaro carpintero.
Jejeje, ¡ un pájaro loco!
Un loco…
Loco.
—¡¿Frosh?! —inquirió con la boca llena. Y tosió.
Luego de unos dos vasos de agua que tomó para no atragantarse, se fue acostar y al día siguiente apenas recordaba que se le cruzó eso por la cabeza.
Al menos, hasta que vio de nuevo al chico en la escuela y todos los recuerdos despertaron.
Las acciones sospechosas de éste, no dejaban de hacer que llenara su cabeza de visiones macabras.
Fue por algo que él hizo.
A simple vista, no era nada grave, aunque si uno veía con la mente abierta era otra cosa.
Ocurrió en clase de Economía Doméstica; uno de sus nuevos amigos tuvo el descaro de burlarse de las habilidades en la cocina de Floch, usándolo de mal ejemplo. No era nada raro o grave, ni siquiera algo fuera de lo común dado que había maestros que usaban el mismo método y, de hecho, fueron muchos los menospreciados por Nicolo siendo Connie, el mejor-mejor amigo de la chica, uno y sin hacer mucho drama.
Sin importar si no fue con mala intención, si fueron observaciones para ayudarlos, es claro que un ser malvado -porque apenas puede considerar persona alguien que quiera hacer semejante atrocidad- tiene una mente diferente.
Nicolo es un enemigo para él y ella le ha tomado cariño, aun si el muchacho fue pesado al inicio y lo sigue siendo para muchos, es una persona agradable cuando lo conoces bien. A ella la trata bien, por eso no permitiría que sea el objeto de venganza de nadie. Lo decía porque, luego de eso, Floch se dirigió a Nicolo en algunas ocasiones. No entendía por qué, si no le caía bien.
Puede que, si fuera una simple broma, no diría nada. Porque gastarles bromas a otros, eran cosa de Connie y ella. Alguien como Floch llevaría todo mucho más lejos.
¿Cómo está tan segura?
Decir que a ella le interesa lo que haga el pájaro loco en su tiempo libre, es como decir que se dedica a investigar pruebas sobre la teoría de la Evolución de Charles Darwin. Como a ella no le afecta, la tiene sin cuidado. Aun si eso de que no le afectaba lo de Darwin estaba un poco errado en que falló un examen que tenía que ver con eso… En fin.
El punto es que el pelirrojo, que se tiñó de rubio por motivos desagradables, no le importaba. Creyó que sería así siempre, que solo debería tolerar algún comentario burlón del chico, que no le harían nada de lo que le hicieron a Eren, si se mantenía alejada. No tener clases juntos el primer año fue su mayor ventaja. Al año siguiente, pensó que sería más de lo mismo. Ese fue su gran error. Algo cambió en aquel imbécil que lo volvió -valga la redundancia- más imbécil, pero de una forma diferente a como ya era. Debía ser a causa del nuevo grupo que formó, donde se juntaba con chicos de estilo similar al de la gótica esa… Mikasa. Aunque Floch y compañía no eran góticos, eran más con aire de autómatas por la cara de que les valía pepino el mundo, y todos eran menores a él.
La primera actitud sospechosa, fue cuando llegó sorprendentemente temprano a clase porque huía de su papá, y que le gritara por comerse el postre que su mamá preparó en la noche y sería para el almuerzo de ese día, así que Sasha había huido a la escuela. Apenas había profesores y, tras chocarse con el señor Ackerman, que le señaló que limpiara el chocolate que tenía en la boca, huyó hasta su salón de clases.
Se sentaban del mismo lado del aula. Después de cinco minutos de aburrimiento, ella estiró el cuello para espiar a los demás y ese pelirrojo era quien más cercano estaba.
Debajo de su libro para la clase, estaba otro más pequeño. Las letras destacaban bastante por el tamaño, sin embargo, se veían cortadas. Aun así, la portada tenía una fotografía para dejar claro de qué se trataba aun sin leer el título: armas.
Sasha estuvo sorprendida. No lo había visto de forma negativa, pues en la familia de ella también poseían y no era tan raro.
Lo que sí era raro y se acabó dando cuenta solo cuando él volteó alertado de su mirada, fue que era Floch. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Ella era de quienes veían más comida que chicos y no es que le hubiera visto la cara desde que entró, además de que ahora era rubio.
Eso trajo a su memoria una de las historias de los documentales,
En cualquier caso, no era la única cosa preocupante. Ella recordaba cómo era antes y cómo actuaba en los pasillos, se veía como un tonto tan tonto como Jean el supuesto chico malo que más que chico malo era un acosador algo en ambos sentidos, en lo de molestar gente e incordiar chicas como hacía con Mikasa. Lo dice según una lista y comentarios en Internet que hablaba de eso. No estaba muy convencida. En fin.
La última y más importante situación era la que confirmaba todas las sospechas, ocurriendo apenas dos días atrás. Si se la explicaba alguien, sería la prueba definitiva para que le creyeran.
Era el mes de Halloween. Como su mejor amigo es tan fan de esas cosas, y a ella es fan de la comida, por eso buscaron disfraces para alquilar. Se decidieron a última hora gracias a Connie, tras días de todos en clase bajándoles los ánimos con que eran mayores y nadie invitándolos a una fiesta a falta de mayor popularidad. Optaron por pedirle a sus madres que les dejen a ellos llevar a los niños, irían con ellos a pedir Truco o Trato después de mucho ruego.
A esas alturas, las tiendas de confianza que visitaron estaban agotadas en disfraces de sus medidas y que no fueran para adultos, o sea, que dejaran poca cosa a la imaginación. Tuvieron que ir más lejos hasta una tienda dudosa, donde hallaron algunos disfraces de aún más dudosa procedencia y asumieron, por su propio bien, que la gente los evitó por ser los clásicos de Halloween.
No, su encuentro por coincidencia no fue en ese momento, sino días más tarde cuando debió devolver los disfraces sola. Hubiera sido diferente si Connie hubiera visto esto, le hubiera creído todo lo que ella dijo, sin embargo como estuvo sola esa vez no pasó.
Recuerda su hombro chocando y no mágicamente, como en comedia romántica, con el chico pidiendo perdón por las molestias, con una mirada embobada para conectar ambos pares de ojos y luego ofrecer una dulce sonrisa, junto al diálogo de que recogería sus cosas él mismo. No.
—Fíjate mejor por donde vas —como la chica tenía oído era fácil reconocer la voz de las personas e indudablemente supo quién era antes de verlo, cosa que era muy conveniente para en esa circunstancia.
Sasha tratando de ser buena gente, se había inclinado para ayudarle a recoger sus cosas y no había podido subir la mirada luego de ver qué era una de las cosas desperdigadas y comprobar que sus ojos no estaban mal, sino que sí se trataba de… eso.
La primera vez que enseñaron de eso en su clase de Historia, no fue muy consciente porque era algo menor, aun si en estos años aprendió del tema y en la escuela mencionaban eso como si fuera lo más importante de aprender, últimamente.
Estuvo alerta de cada movimiento hasta que él pagó completo por el alquiler de uniformes que dejó para hacer arreglos anterioridad, y el tendero no decía nada. ¡¿Cómo pude ser tan relajado alguien que ve a sus clientes manejar eso?! La respuesta que se dio, fue que ese hombre podía estar involucrado o ser un simpatizante. Es decir, ¡él también era rubio!
Sasha se largó de ahí sin mediar palabra, quedando hecha un manojo de nervios durante los siguientes días.
—Te lo digo en serio, ¡tenemos que hacer algo! ¿No entiendes que es peligroso dejarlo suelto? —ella le dice a su mejor amigo por teléfono, con la intención de solicitar su ayuda en aquella misión de vida o muerte.
—Hablas como si fuera un animal —eso fue lo más destacable para él.
Contra todo pronóstico, el mismo chico que la ayudó a robar la receta de pastel de carne de la madre de Jean, decide que esto no es digno de su tiempo.
—Sé que no vivimos muy lejos, pero se me va gastar el saldo, Sasha. ¿No me podías enviar un mensaje-?
—¡Es urgente! ¡Tenemos que ayudar a Nicolo!
Connie que está juntando fuerzas comiendo cereal en la mesa de la cocina como si se fuera acabar el mundo, como si necesitara energías para alguna larga actividad. Y así es, solo que algo no tan físico. Además, no puede comer en su habitación desde la última vez, aunque fuera más cosa de su mejor amiga que casi perdiera su teclado a causa de la leche y cereal que volcó cerca.
—Seguro tu novio puede cuidarse solo-
—¡No es mi novio! ¿Escuchaste algo de lo que dije?
—¿Que estabas planeando teñirte?
—¡Ese… ese… pájaro loco va hacerle daño!
Él da una risa corta por el apodo. Le gusta la idea de los apodos con tema de animales, sobre todo cuando concuerdan con la persona: Reiner el gorila, Jean cara de caballo, Zeke que lo comparan con un chimpancé (no entiende de dónde vino éste, en todo caso, pero no iba a desperdiciarlo) y ahora Floch con lo del pájaro… ¿Es por el cartoon? Aunque no tiene tiempo a preguntarle. Intentó prestarle atención, mas dejó de hacerlo cuando mencionó algo sobre que ese chico se tiñó el cabello de rubio. A él no le interesaba lo que hicieran los demás con su cabello, tampoco el suyo, por eso es que lo tiene corto en extremo.
—Estás exagerando, Floch se ve muy calmado. Seguro que se tiñó para cerrar ciclos y eso —se ríe de su chiste al recordar las bromas en los perfiles de facebook de chicas saliendo de relaciones y con el antiguo estilo del chico, tal vez sea eso. Acaba y habla más serio—. Te voy a cortar, no quiero aumentar más la factura.
—¡¿Es eso o solo quieres jugar en tu computadora-?! —Sasha grita, sin embargo solo oye el "beep" del teléfono. Maldice a la tecnología y pone el suyo en su lugar.
Se pregunta, ¿por qué esa actitud tan despreocupada?, ¿quería que le describa los peores escenarios que puede causar alguien como ese chico de peinado ridículo dada la información que tiene ella? Tal vez tuvo que comenzar por ahí, ahora lo próximo que recibirá si lo llama, será un grito en serio enojado de Connie.
Sí, descubrió hace poco que él puede. Tenía que ver con yogur y su teclado nuevo.
Se lleva las manos a la cabeza, a punto de gritar. No concibe que el único en quien confía al cien por ciento, y que está disponible, salga con esto ahora. A Jean, a quien preguntó con anterioridad, no iba recurrir si tenía como condición volverla su esclava personal una semana. Sí, fue primero con el cara de caballo porque sabía que era algo más inteligente que ambos, eso no va ignorarlo. Éste estaba seguro de que aquel no amigo haría algo contra alguien, mientras no sean las futuras víctimas es mejor no meterse en su camino, le dijo al empezar. Total, se irá contra alguien que le deba una.
—No le va hacer nada a tu novio —había bufado Jean luego de decirle todo eso.
—¡No es mi novio! —¿de dónde sacan eso?
Y ella pensando que él sería la excepción y la ayudaría, aunque no sabe por qué. ¿Por qué razón esperaría esto de chico malo? Se valía soñar.
Ni siquiera pensó llamar a Armin para ver si era cierta la leyenda urbana de que los nerds hacen buenos planes, así desinteresados. Eso porque significaría que Eren se entere y se ve algo violento ese chico. No quiere correr el riesgo, el candidato más apropiado le parecía Reiner por lo fuerte que era, pero tampoco es súper amiga de éste. No le infunde mucha confianza desde el escándalo de Historia, ni siquiera si de eso pasó un año. Además, era mucha gente rubia. No podía confiar en ellos.
Por todo aquello, acaba saliendo temprano de la casa bajo el grito de su madre, porque es más importante largarse antes de que le interroguen a dónde es que irá -por segunda vez- y se percate de su mentira.
Está segura de dónde encontrarlo. El lugar más recurrido para los alumnos adolescentes rebeldes… Y que mencionó su no amigo con cara de caballo, diciendo que le incordiaba no ser el único chico malo pasado el rato en dicho sitio, entre los que estaba el objetivo principal.
El lugar abandonado que quedaba a una calle más arriba de la escuela.
Ella ingresó al edificio con sigilo, ignorando los autos destartalados en el exterior que era usado como depósito de chatarra. No estaba en tan mal estado por dentro, al menos mientras más subía los pisos. Trató por todos los medios de ignorar algunas personas que parecían vivir en la tercera planta, aunque les sonrió forzadamente al recibir miradas curiosas, haciendo como que se iba porque no supo qué decir. Hizo algo parecido al encontrarse niños un piso más arriba y cuando uno le tendió la mano, pidiéndole monedas que ella no tenía. Le acarició la cabeza y se fue corriendo a subir el siguiente tramo de escaleras.
Mientras subía, repasó su plan.
Iba enfrentarlo, hacerlo confesar, entonces… entonces…
¡¿Por qué no pensé qué hacer después?! —se cuestionó alarmada.
¿Cómo lo detendría? ¿Serviría intentar desmayarlo de un puñetazo? No es como si eso de los síndromes o salud mental del chico, si es que tiene, lo pueda resolver. En cualquier caso, llamará a la policía. O atraerá la atención de la gente…
Se detuvo, viendo a través del pasillo. Tendría que cruzar una habitación hacia el otro lado para eso, siguió caminando en lo que pensaba. Debió hacer mejor su plan, ¿quizás sea encerrarlo sería la solución? La mayoría de las habitaciones carecían de puertas, de eso se dio cuenta mientras ojeaba por afuera en busca del potencial psicópata.
No recuerda el número de habitaciones que revisó y se hubiera dado por vencida, asumiendo que Floch no estaría ahí, hasta que fue llamada por una queja, encontrando al chico en cuestión en una habitación con la puerta abierta que era sostenida por una pequeña.
No lo pensó dos veces, antes de asomarse en el umbral para mostrarse.
—¡Sé muy bien lo que planeas! —le sorprendió mientras él estaba sentado como si nada en un sofá pequeño e individual, su mano de forma sospechosa tocando el suelo detrás de donde se encontraba. ¿Qué estaba tramando?
—¿Qué diablos haces aquí? —pregunta él sorprendido. No hay nadie, ni mucho más alrededor: un sofá viejo, pero mejor al que estaba tirado abajo en la entrada, un cajón y una hielera.
—¡Detenerte!
—¿Qué?
—Y que no lastimes a Nicolo.
—A mí no me interesa tu amigo —respondió él fastidiado, poniéndose de pie.
—¡Él no es mi novio! —Sasha responde automáticamente—. Además… ¡Te teñiste de rubio!
Él apenas comprende qué tiene que ver eso.
—Soy rubio.
—Eso dije.
—Que es natural.
—¡Mentira! ¡Eres pelirrojo!
—Me teñí de pelirrojo-
—¿Por qué?
—¡Qué te importa!
Floch está demasiado poco interesado en relatarle que fue un accidente de su mejor amiga luego de que él se ofreció como sujeto de prueba para un curso de peluquería. Le gustaba la idea de un corte de pelo gratis. Más de una vez, con distintos grados del mismo color. Hace un tiempo que notó cómo comenzaba salirse y como ya se cansó de ayudar, optó por quitárselo todo de una vez. Sasha apenas le prestaba la atención suficiente para recordar haberlo visto de rubio.
—Bueno, eso no es lo que importa —la chica volvió a mirar hacia donde Floch colocó su mano rato atrás. Se agachó y con rapidez alzó los papeles, solo para que Floch la imitara.
—Ey, devuélveme eso.
Como ella sospechaba, ¡la impresión contenía consignas para hacer los exámenes, requisitos para comprar un arma, y obtener los certificados!
¡Floch de verdad quería armas!
¡¿Para qué quiere armas un estudiante de su edad?!
Sí, antes no le pareció raro, sin embargo lo toma como potencial peligro luego de descubrir su verdadera naturaleza.
Para su fortuna traída por el universo que deseaba ninguna tragedia ocurriera a la gente que apreciaba, pudo actuar con rapidez. Nótese que rapidez no significa inteligentemente. Lo que hizo fue cerrar la puerta de golpe, tan fuerte que el picaporte en mal estado cayó del otro lado con un pesado ruido.
—¡¿Qué demonios?!
—No te dejaré salir —clamó con decisión la castaña.
—¿Hasta que te dé un beso?
No, ¡eso no la hizo sonrojar!, solo apretar los dientes de que no la tomara en serio.
—¡No es broma! ¡No te vas hasta estar segura de que no harás nada peligroso!
—¿Tomaste o te fumaste algo? Es preocupante que a te comportes así, sé que por aquí cerca suelen hacer ese tipo de cosas, pero de ti no me lo esperaba —él no se ve ni interesado de lo que dice, tampoco preocupado por haber quedado encerrado con ella.
Sasha no puede creer que sea tratada de loca, sobre todo por él.
—Hablo en serio, Floch. No tienes manera de irte. ¡Así que empieza a…!
Cansado del acoso, él sacó algo del bolsillo.
—Tengo una llave, idiota.
¡No podía permitirlo!
Sasha le arrebató el objeto de las manos, doblándose y deslizándolo bajo la puerta para que estuviera fuera de su alcance. Solo una vez lo hizo, se dio cuenta de lo estúpida que fue.
—¡¿Qué te pasa?! ¡¿Estás loca?!
—¡Mira quién lo dice! —se intenta defender.
—Es en serio, ¿qué te pasa? Actúas como si te hubiera…
—Vi que tenías pulseras nazis —dijo con la voz temblando, como si decirlo más alto la hiciera cómplice.
—¿Eso?
—¡¿Lo vas a negar?!
—No.
Sasha jadeó por la confirmación, un jadeo tan largo que solo se detuvo cuando Floch dijo:
—Es parte de un disfraz para una obra.
Ella apretó los labios, sudando nerviosa mientras intentaba pensar razonablemente.
—¿Cómo la escuela dejaría que uses eso?
—¿Porque no somos una escuela alemana? ¿Y el director de la obra es muy dramático y quiere que se vea lo más realista posible? —los alumnos hicieron bromas pesadas sobre esas dos cosas, salvo un par, nadie se tomaba en serio o reprobatoriamente eso.
—¡Pues no te creo!
—Deberías, considerando que anunciaron esto mucho en la escuela.
—Bien, pero no es solo las pulseras sino cómo te comportas. Haces cosas muy extrañas.
—¿Yo hago cosas extrañas? ¡Nos acabas de encerrar! —el chico comenzó a impacientarse—. Además, ¿de dónde sacas tantas cosas? ¿Me espiabas? —él había dicho lo del beso como broma, mas tendría sentido. No es que valiera la pena gustarle a una loca.
—Es porque he visto demasiados documentales sobre… masacres —la chica susurró esa palabra—… ¡para saber lo que pasa!
Ahora todo calzaba y era un error que le hizo hervir en rabia, indignado de ser señalado así.
—Deja de decir estupideces, ¡no planeo salir en las noticias como un tirador escolar!
Sasha se quedó en silencio. Ya no era por el horror y que decirlo así sonaba mal.
—¿Entonces para qué querrías un arma con tanta urgencia?
—Por favor, Sasha, hasta tu familia tiene armas. —dice. Tal vez Sasha no sepa nada de él, pero él ha oído una que otra cosa de ella. Aún así, olvida aclararle a la castaña sobre que no es urgente para él lo del arma.
—Es distinto, tú no te comparas a mi padre. ¡Él es una buena persona! No puedo confiar en que no harás algo peligroso para otros una vez tengas un arma en tus manos.
Él se acercó un paso, Sasha retrocedió, cosa que le dejó confundido. Aun si una de sus metas es que la gente actúe así a su alrededor -que es mejor a que te molesten- casi nadie se intimida por él. Se ve que ella en serio cree sus propias palabras. Gruñó y para tranquilizarse pateó la puerta, de la cual la chica se apartó a tiempo para no verse afectada.
Fue así como acabaron en esta situación tan penosa. Después de buscar alrededor y no ver nada que sirviese para abrir, él se volvió a sentar. Ella estuvo en guardia como media hora, siendo vilmente ignorada. Cuando pasó más de una hora, ella lamentó todo lo que sucedió. No por Floch, sino porque tenía hambre.
A pesar de que arrojó la llave, no es como si esta fuera la original, a pesar de eso funcionaría como tal al calzar en la cerradura. Así que simplemente debía agarrar algo para usar, dar suficiente presión y ya. Con eso en mente, ella se levantó, quedándose pegada a la pared y girando los ojos para ver los alrededores de esa habitación. No había algo similar a un alambre o alguna cosa así, para meter en la cerradura e intentar abrirla.
—Tengo hambre —dijo volviéndose a sentar, siendo ahora observada por Floch.
Como si él recordara algo, él llevó su mano al costado para acercar una de las bolsas. De ahí sacó un paquete que Sasha reconoció que sonaban como papas.
—¿Quieres un poco?
—¡Sí! —dijo rápido y fuerte.
—Lástima —por primera vez en minutos, él sonrió.
Se llevó un puñado a la boca, solo para verla sufrir.
—¿Todavía estás enojado?
Él dejó de sonreír, acrecentó el ceño fruncido, elevando la voz para hablar luego de tragar. Porque no todos eran como Sasha para comer.
—¿Y cómo se supone que esté?
Ella se hizo atrás levemente, apenada y herida de tener comida tan cerca sin poder comer. No sería difícil pelear por la bolsa de papas, mas no quería causar más problemas.
—Bueno, bueno, pero dame un poquito.
—No.
El paquete era pequeño, aún así Sasha robó la bolsa y hurgó el contenido con la esperanza de ver algo, para desconcierto del otro chico, aunque no había nada más que migajas.
Ella las lamió de todas formas.
—¡¿No te dan de comer en tu casa?!
—No tanto como quisiera —ella murmuró. Su sueño era trabajar en alguna fábrica de comida congelada, donde le dieran las sobras para llevarse a casa o ser una de esas personas que prueban los productos para aprobación de productos alimenticios, antes de que salgan al mercado.
Pasa otra hora. O eso imagina, Floch tiene un reloj mas cuando le preguntó solo se fijó y se guardó la información para sí mismo.
Se estaba poniendo oscuro en el lugar y frío, ella se puso de pie caminando los tres pasos hasta estar frente a la puerta.
—¡HOLA! ¡Niño de las monedas! ¡¿Estás ahí?! ¡ALGUIEN! ¡Voy a traerte monedas mañana! ¡AYUDA! —ella siente que perderá la razón antes de que los saquen o perderá la paciencia con Floch ignorándola y se matarán entre ellos.
Enrabiada, patea la puerta varias veces, para luego dejarse caer de rodillas—. ¡TENGO HAMBRE! —eso último gritarlo estuvo de más, ella lo sabe.
Cinco minutos después, diez minutos después, quince… Mas se ve que nadie oyó o si oyeron no les importó en lo más mínimo. La chica quiso llorar, en serio tenía hambre y gritar le dio sed. ¿Cómo esto puede ponerse peor?
—Sabes, si acaso fuera a matar alguien en la escuela, definitivamente serías mi primer objetivo luego de hoy.
—Un momento —ella dijo, contra todo pronóstico—. Nicolo es rubio —y eso apenas tenía que ver con nada.
Definitivamente, Sasha Braus es una chica estúpida, fue la conclusión de Floch.
—Entonces… ¿En serio era una obra? —correcto. Después de todo esto, al fin decidió hacer las preguntas importantes. No porque quisiera explicaciones, simplemente estaba aburrida e incluso si él no quería hablar con ella, puede prever que no dejará pasar la oportunidad de explicar eso.
Además, ella se siente algo culpable. Él la mira de una forma que claramente indicaba que la prefería callada, mas optó por responder, esperando que eso entrara en razón de una buena vez.
—Ayudar en el club de teatro como castigo.
—No escuché nada sobre una obra nazi.
—Claramente. Nunca prestas atenciones a nada —¿Cómo no notó que él es rubio natural? Comparten más de una clase juntos desde primero, además si lo espió debería saber eso que era tan obvio—. Y se ve que tu novio no te tiene demasiada confianza para decírtelo.
—¿Nicolo participa? —olvidó negar que no es su novio, más interesada en la dichosa obra de la cual no estaba enterada que existiera o que se estuviera produciendo en la escuela—. Si a él no le gustan estas cosas…
—Fue un castigo —y como si él supiera qué le gustaba a ese extranjero—. Él y su amigo Grior manejaron el escenario en los ensayos, yo la utilería. Me mandaron a recoger los disfraces —De haber sabido que iría Sasha en ese momento y por lo vería, malinterpretaría todo hasta inventarse esa historia loca, y por lo tanto soportaría esta tortura, hubiera elegido una reprimenda y otro castigo.
—¿Qué hiciste?- ¿Qué hicieron para que los castigaran?
—¿Al menos dejarás de creer o convencer a alguien de que quiero ser un tirador escolar?
Ella no respondió, demasiado avergonzada consigo misma.
Él suspiró. No le deba nada a ella, pero como es tonta mejor le aclara todo o ve a saber tú lo que hará Sasha luego.
—Peleamos.
—Nicolo es un pacifista —Floch le dio una mirada fija por interrumpir—, bueno, la mayoría de las veces… tal vez, ¿qué significa ser pacifista de todos modos?
—Cierto idiota dijo que nuestro país es una mierda.
—¡Nicolo no diría eso de nuestro país!
Sasha está negando porque él solo insultaría a la gente del país, a algunos, a quienes le molestaran o trataran mal… No como cuando apenas llegó que era capaz de insultar todo. En su defensa, no es como si en su curso fueran amables con él al inicio. Era por el acento, Sasha se había sentido identificada por eso. Aun si ella era del mismo país no era de esta zona por lo que su acento era marcado en comparación del resto.
—Fue su amigo Grior.
—¿Te pueden castigar por insultar un país? —se rio, porque para ella que apenas salía era como que insultaran los dibujos en el mapa. O así lo entendió su cabeza.
Floch dijo no saber.
—Y no me castigaron por eso justamente, ni por decirle que se vaya al suyo si le molestaba.
A Sasha le recordó cuando le decían cosas a parecidas -no sobre el país que era el mismo, aunque sí sobre Dauper, su pueblo natal- y se sintió algo cohibida. Luego se acordó que era Grior y tal vez es porque a él no le cae bien, mas le pareció gracioso imaginar la expresión que haría ante tal respuesta, nadie le dirige la palabra por esa cara de matón de escuela. Ese chico seguro se habrá sorprendido, mas trata de no reír porque no quiere verse tan mala.
—Aún no me cierra... Es raro que te pueden castigar solo por decir esas cosas.
—Decir eso fue la causa de la pelea —es evidente que le castigaron por pelear.
—¡Me cuesta imaginar que alguno de ellos te quiera golpearte por eso! —aun si le incordiaban, Grior era muy frío para pasar de la opinión de todos. Le cuesta creer. Y no quiere pensar que Nicolo sea un violento.
—Sí, lo intentó porque dije que Marley era una mierda.
Todo va teniendo sentido ahora, pero falta algo…
—¿Y a Nicolo por qué-?
—Porque estaba ahí perdiendo el tiempo y el maestro que pasó pensó que también peleaba, no lo sé, ¿ahora me puedes dejar en paz?
Por algún motivo, eso sí suena como algo que haría el Nicolo que ella conoce, aunque sí hubiera creído que se podría pelear con alguien mas por motivos diferentes a este.
Sin embargo, hay una última pregunta.
—¿Y cómo se llamaba esa obra? —si él puede dar un nombre razonable, le creerá.
—El sonido de la música —responde el chico sin pensarlo dos veces.
Sasha se vio confundida, pues le sonaba de algún lado, mas le era difícil adivinar de dónde. ¿Podría ser de una película? Quizá él aprovecha su poco conocimiento del tema y no es inventado.
—No la conozco —afirma.
—Con lo inculta que eres, no estoy sorprendido.
Ella apretó los labios, disgustada cada vez más con él.
—¡¿Puedes dejar eso?! —pidió, ofendida—. ¡Ya pedí disculpas!
—No te disculpé.
La chica apretó los puños y, para desahogarse, gritó. Al punto en que sus propios oídos le dolieron. Floch la miró con los ojos desorbitado, cubriéndose las orejas y pensando en que al fin se había vuelto completamente loca.
Sasha dejó caer la cabeza en sus rodillas, ojeando al chico pelirrojo antes y rubio ahora, dándole una mirada fulminante para luego alzarse y dar zancadas a él.
Por su parte, él se preparó apretando los dientes. En definitiva, no iba dejar que una maldita loca lo mate.
Antes de que ese duelo de miradas pudiera concluir en algo violento, oyeron un ruido proveniente de afuera, también el repiqueteo de la llave en el suelo.
—¿H-Hay alguien? —preguntó la castaña, esperanzada.
Después de un par de golpes, la puerta se abrió de lleno, un niño casi cayéndose encima por la fuerza que le tomó hacer para empujar y abrirla, inclusive con la llave.
Esa fue posiblemente la mayor sensación de alivio de sus vidas, la chica por su parte se apresuró a correr a la puerta.
—Gracias, gracias, gracias —ella abrazó al niño, estrechándolo contra su cuerpo—. No sé cómo pagártelo —Una vez lo liberó, él tendió la mano con una sonrisita, cosa que le quitó la sonrisa a ella—. ¡Ya te dije que no tengo monedas! —gritó, avergonzada. Luego una idea iluminó su cabeza y se acercó a Floch, que ya se iba sin mediar palabra, le quitó la bolsa que llevaba que, como esperaba, contenía otra bolsa de frituras. Se la entregó al niño, acariciándole la cabeza para disgusto de éste.
Su compañero hizo una mueca y se fue no queriendo tratarla más, en lo que restaba de vida.
El niño no parecía complacido mientras veía a los dos irse, pero lo aceptó de todos modos.
Sasha se adelantó, bajando piso por piso con una velocidad que no creía capaz. Inevitablemente, se cansó y tuvo que recobrar el aliento justo en las escaleras a un piso de salir definitivamente del sitio.
Con las manos en las rodillas, doblada sobre su estómago, buscaba aire. Oyó el sonido de unos pasos acercarse y, al darse cuenta de que estaba en el lugar perfecto para que pareciera un accidente, se hizo atrás hasta quedarse contra la pared. Lo más lejos posible del inicio de las escaleras. Cerró los ojos, esperando ser acorralada como en los momentos siniestros de las películas. Sin embargo, él no se acercó, con curiosidad ella se asomó a ver y lo vio deteniéndose a la mitad de los escalones. Que se alejara y no pareciera pretender nada malo, continuaba sin tranquilizarla debido a cómo se veía por la poca iluminación.
—No vayas a la escuela mañana, Sasha —dijo, en un tono demasiado neutro y parcial.
—Ja, qué gracioso —ella expresó, sonriendo. No por el chiste, sino porque estaba todavía aliviada de haber estado imaginando todo. Todo eso de que Floch era un psicópata.
—Sabes que se pueden conseguir pistolas de forma ilegal también, ¿no?
—Vamos, sé que te hice pasar un mal rato y me quieres asustar, pero tú no harías eso —afirmó, luego, amilanada preguntó—… ¿cierto?
Él simplemente continuó mirándola sin parpadear, entonces puso su mano arriba de su boca y dejó la otra arriba, con el dedo alzado como pidiendo silencio, mientras daba una sonrisa, que ella se debatió entre considerar estúpida o siniestra.
Posiblemente estúpida, como la mirada de cualquier loco. Y eso la hacía siniestra.
Ella se quedó plantada en su lugar, hasta que recordó un detalle.
—Mañana es domingo.
Bueno, ¿quién puede pensar bien con el estómago vacío? Se dijo la chica y se fue corriendo, era lo mejor que podía hacer dada la hora.
Floch debería ser miembro del club de teatro de forma permanente. Maldita sea. Su madre iba darle el regaño de su vida, ¡puede que hasta la dejara sin cenar! Si eso iba pasar, lo mejor sería ir a la casa de Nicolo, de paso revisaría si en verdad era rubio o no.
