Disclaimer: Bnha no me pertenece.

Advertencias: ShinsouxUraraka. OoC. No es mi cosa favorita, y probablemente lo acabe borrando, gente. O publicando después en la otra cuenta, quién sabe. Espero les guste y todas esas cosas. Gracias por leer -inserte corazoncito-.

PD: No sabía qué título ponerle. F.


Kitty


Con un largo bostezo, esa mañana Ochako pone un pie fuera de su cama con la disposición de ir a desayunar cerca de las diez. Es un fin de semana, así que se siente profundamente relajada y como una total vaga, al punto en que se toma el cabello sin siquiera peinarlo.

No guarda ni un poco de remordimiento por ello, está decidida a pensar que se lo merece. La tarde anterior, en el entrenamiento de la clase, Ochako luchó tan duro que los músculos de su cuerpo gritaban de agonía. Sin arreglarse va al baño y una vez sale, se encamina al salón, encontrándose con varios de sus compañeros en pie.

—Hola chicos —vuelve a bostezar.

—Hola, Uraraka-san.

—Buenos días, Uraraka-kun.

—Buenos días, almohadillas.

Les sonríe a los todos, y se detiene a mirar a Hitoshi, que se acerca a ella con un tazón en la mano.

A nadie parece ya importarle su manera de comportarse, el que Hitoshi la llame almohadillas o que le prepare té cada mañana. Y lo agradece. Por supuesto, no siempre fue así. Ochako recuerda a Mina preguntando reiteradas veces sobre ello, y a Denki y Sero haciendo bromas con tal de sacarle información, pero nunca funcionó. Eventualmente dejaron de hacerlo, y Ochako comenzó a sentirse mucho más tranquila respecto al tema. Iida e Izuku también preguntaron, pero rápidamente dejaron de hacerlo, entendiendo que no era algo relevante.

—Gracias, Hitoshi-kun —sonríe—. ¿Pudiste dormir hoy?

Ochako le pregunta mientras recibe el tazón y lo envuelve entre sus manos. En respuesta, lo ve encogerse de hombros.

—No mucho, como siempre. ¿Y tú, dormiste bien?

—Bueno, me siento como si me hubiera quedado inconsciente por a penas un minuto. Creo que no es la definición de dormir bien —ríe, apenada—. El entrenamiento de ayer tiene algo que ver, igualmente.

—Uhm.

Hitoshi le sonríe levemente, de todas formas.

—Quizás necesitas relajarte.

—Es posible.

Todos los sábados, el profesor Aizawa llega alrededor de las tres de la tarde y luego a las seis a vigilarlos por un par de minutos. Después, no regresa hasta las doce de la noche. Ochako está casi segura de que no es el nivel de cuidado que se espera, pero todos sabían que el profesor Aizawa era el insomnio humanizado y que, sumado a ello, debía cumplir con sus deberes. Le da vergüenza aceptarlo, pero se aprovechan de eso.

También esas veces Ochako dice que estudia con Hitoshi.

No siempre es cierto.

Ochako se lleva la palma a la boca, mirando a Hitoshi a los ojos intermitentemente. Es incapaz de pensar o actuar plenamente y con claridad o firmeza, siente sus piernas temblar y el cosquilleo incansable que le recorre el cuerpo apoderarse de la poca cordura que le queda. Siente entonces una mano de Hitoshi envolver su muñeca y apartarla de su boca, se apega un poco más a ella y presiona sus labios contra los suyos.

Normalmente, sabe Ochako, no deberían tener ese tipo de relación. El profesor Aizawa los mataría si llegara a enterarse y es por ello que Ochako era incapaz de responder afirmativamente las preguntas de Mina, que nunca ha sido despistada respecto a esos temas. Pero ambos estaban dispuestos a llevarlo a escondidas, aunque no era el estilo de Ochako y mucho menos el de él, que no le importaba en absoluto lo que tuvieran que decir los demás.

Ella lleva una mano a su hombro y él se separa un poco cuando vuelve a temblar.

—Puedes apretar si quieres.

—Pero...

—No duele. Al menos no más de lo que me gusta.

Hitoshi le dedica una sonrisa y mueve su mano hasta la cintura de Ochako, por debajo de su camiseta. Mueve los dedos lentamente, estimulándola aún, y se queda mirándola fijamente mientras lo hace hasta que Ochako comienza a reír de nerviosismo.

—¿Q-qué ocurre?

—Absolutamente nada —responde, sin dejar de admirar los ojos entrecerrados de Ochako, sus mejillas rojas y sus labios mantenerse levemente abiertos. En una oportunidad, logra ver sus dientes inferiores, y le parece algo maravilloso.

Sube su mano, por encima de su ropa, sin dejar de tocarla. Pasa por su estómago, entre sus pechos, su clavícula y su cuello, hasta que puede poner el pulgar en su labio inferior. Sus dientes se ven pequeños y parejos, no recuerda haber prestado atención en ese detalle en específico, y se arrepiente.

—H-Hitoshi-kun... ¿podrías-hmm?

—No tengo idea de qué significa eso —suspira, acomodándose mejor entre sus piernas.

Mirando su ombligo descubierto, Hitoshi no se da cuenta cuando ella se apoya en sus brazos y cuando vuelve a mirarla, tiene la expresión de súplica más excitante que Hitoshi está seguro que verá en su vida.

—¿Podrías meterlo, p-por favor?

Boquea un segundo, sin lograr concentrarse en sus palabras.

—Está bien.

Pero no lo suficiente como para dejar de ser un maldito. Desliza dos dedos dentro de ella y, aunque ella suspira, se da cuenta de que mueve sus piernas al azar, en lo que es claramente un berrinche. Hitoshi intenta aguantarse la risa, no porque disfrute su suplicio, sino porque reacciona ante él de la forma más adorable y excitante posible. O puede que derechamente sea su problema, y el hecho de que está enamorado y muy caliente por ella.

—¡Hitoshi!

Ella dice su nombre, que parece más un gemido que una queja.

Hitoshi nunca pensó en esas cosas, aunque sabía a la perfección cómo funcionaban a nivel teórico. Puede decir que es mucho mejor de lo que esperaba y se hubiera considerado un idiota si se pasaba esos años en la academia sin probarlo al menos una vez. Agradece de paso que sea con Ochako.

—Entiendo que no es lo que esperabas.

Ella frunce el ceño.

—No te hagas el gracioso conmigo justo ahora —Aunque quiere parecer enojada, justo después Hitoshi pasa su mano en la parte más baja de su oblicuo y saca una risa de ella—. No, e-espera.

Hitoshi regresa a su clítoris y lo acaricia con un poco más de rapidez, a comparación de antes. Los jadeos y gemidos de Ochako son un poco más fuertes, al igual que sus risas, porque sigue causándole cosquillas. Puede ver perfectamente el cambio entre la sonrisa de su risa y cuando se muerde el labio intentando ahogar los quejidos placenteros.

—Hitoshi... —intenta reclamar otra vez.

Deja de hacerle cosquillas para llevar la mano a su pantalón y desabrocharlo, para después intentar bajarlo un poco con una mano. La ve mirar de reojo su entrepierna, y no puede evitar sonreír una vez más. Ochako lo mira tan deseosa que es halagador, pero Hitoshi prefiere mil veces verla disfrutar aunque se esté muriendo por entrar en ella.

Aunque justo en ese momento no cuenta con que ella se mueva rápidamente para enderezarse y alcanzar su miembro. Hitoshi no se imagina cómo sería posible controlarse cuando Ochako es tan atrevida en algunas ocasiones. No puede jugar mucho con ella, porque eventualmente consigue lo que quiere y no convenciéndolo, precisamente.

Ella lo acaricia mientras suelta gemidos, ahora un poco más recurrentes por la posición en la que está. Antes de que pueda seguir, Ochako lo hace retroceder y justo después girar y sentarse en la cama. Está totalmente desarreglada, con la camiseta más arriba de lo que debía y la falda arrugada por su culpa. Sabe que no hay forma de convencerla de lo contrario, así que apunta al cajón cerca de su cama, esperando que ella le entregue un condón. Sin embargo, Ochako toma uno y comienza a quitar el envoltorio por sí misma. Hitoshi la mira atentamente, aún con el boxer bien puesto.

Se pone de pie, recibiendo una mirada de ella, y lo baja. Ochako deja el sobre en el mueble y sopla dentro del condón para luego tomar la punta. Él solo puede volver a sentarse en la cama, aunque ella lo empuja suavemente, obligándolo a estirarse. Ochako se acerca y desliza el condón por su miembro hasta que llega al final. Y Hitoshi la ve subirse con una sonrisa hermosa que le provoca escalofríos. Con su mano lo toma, y Hitoshi ve hipnotizado cómo baja, sentándose sobre él.

Es tan malditamente caliente dentro, y lo aprieta insistentemente. Hitoshi respira profundamente cuando Ochako vuelve a salir y sentarse en él. Y la cabeza le da vueltas y francamente, siempre que lo hacen, se siente un inútil mentalmente. En un comienzo eso le daba cierto miedo, a pesar de que posiblemente pareciera tonto o lo contrario. Hitoshi estaba tan acostumbrado a pensar y sobrepensar que el solo hecho de dejarse llevar le provocaba pánico. Hasta que un día, aguantándose y aguantándose, no pudo más. Y desde entonces no hay otra cosa que quiera hacer que perderse con Ochako de esa manera.

Ella aumenta la velocidad y mueve sus caderas levemente de atrás hacia adelante, cada vez que baja. Es una locura lo grandiosa que se ve sobre él y lo placentero que es tomarla de la cadera y de los muslos. Apretarla entre sus manos, contra su entrepierna y su cuerpo.

Hitoshi desliza una mano hacia su espalda y la otra la toma por el cuello cuando la hace bajar. Está colorada y con los ojos entrecerrados, y Hitoshi solo quiere besarla y besarla. En los labios, las mejillas, el cuello, sus manos, sus dedos, sus muslos y cada parte que pueda besar.

—¿Puedo acabar, Hitoshi-kun? —Su voz es a penas audible, en un suspiro, y Hitoshi se derrite con solo imaginarlo.

—Puedes hacer lo que quieras, almohadillas.

Ochako sigue y se endereza, y Hitoshi levanta su mano para alcanzar su mejilla. Mientras ella salta, pone su pulgar en sus labios y con su mano mueve su cabeza con suavidad. Su cabello le acaricia la muñeca y la siente morder la yema de su dedo. Hitoshi vuelve a temblar, mientras siente que le toman el abdomen y sabe que va a acabar en cualquier momento si sigue así.

Está perdido. Enamorado y queriendo fundirse con ella en ese preciso momento. E incluso si no hubiera conseguido llegar al orgasmo, Hitoshi está satisfecho de que ella simplemente se deshaga en placer sobre él. Está bien con mirar su rostro y con ser la razón de que ella se vuelva loca de esa manera.

Ochako gime, intentando ahogar su alarido, y Hitoshi siente su mano ir a la suya. Él la toma de la cintura y se levanta un poco para tomar el cabello de su nuca y tirar un poco de él, y la ve estremecerse ahí arriba mientras se apoya en sus hombros. Ochako lo abraza y Hitoshi, cerrando fuertemente los ojos, se esconde en su cuello, mordiéndolo suavemente y dejando escapar un jadeo en medio de los leves temblores que, igualmente, lo recorren y le duermen las extremidades.

Segundos después, Hitoshi restriega con delicadeza su frente en el hombro de Ochako, que lleva sus manos a su cabello.

—Bueno —suspira, sintiendo el agitado cuerpo de Ochako—, espero que esto te haya relajado.

La escucha soltar una risa.

—En realidad, probablemente esto me torture más cuando despierte mañana.

—El que persiste lo consigue, dicen —Se separa de ella un poco para mirarla a los ojos y sube su mano para enganchar un mechón de su cabello tras su oreja—. Podemos intentar de nuevo mañana...

Ochako suspira con una sonrisa.

—No lo creo...

—Está bien —dice, mientras besa sus labios brevemente.

Ochako se baja de él mientras se arregla la camiseta y un poco la falda. Después de eso deberá irse directo a su habitación y luego al baño, esperando no encontrarse con alguien en el camino.

Hitoshi se quita el condón y lo amarra, para luego sentarse en la cama, al igual que Ochako.

—¿Quieres ir a comer algo después? —pregunta, sabiendo que posiblemente su respuesta sea un sí.

Ochako simplemente le sonríe y se inclina sobre él para besarlo nuevamente.

—Podría comerme un montón de mochis en este momento.

Hitoshi asiente.

—Puedo decir lo mismo.

Y Ochako sabe que no está hablando de los pequeños mochis a los que ella se estaba refiriendo, precisamente. Sacude un poco la cabeza. Ochako sigue sonriendo suavemente mientras él simplemente lleva su mano desocupada a su espalda y la acaricia levemente.

—Deberías ir a tomar una ducha —le dice.

Ochako asiente y se acerca a darle otro beso para después ponerse de pie. Toma sus zapatillas a los pies de la cama y alza la mano para despedirse brevemente de él. Hitoshi corresponde el gesto, mientras se pregunta en dónde dejó el basurero de su habitación.