II. Enfermo

Fueron segundos en los que todo el salón se quedó en silencio, los estudiantes de las distintas casas veían en una misma dirección y empezaban los murmullos colectivos.

La fuente de todo esto se encontraba en la mesa de Slytherin. En el centro y cubriéndose la boca con ambas manos, Draco Malfoy se mostraba tanto o más sorprendido que los espectadores a su alrededor.

Pansy parpadeó repetidas veces y temerosa posó su mano en el hombro de su amigo.

— Draco ¿Estás bien?

El susodicho no cabía en sí de la sorpresa ¿Qué demonios acababa de pasar? Jamás en su vida había escuchado nada acerca de alguna condición que te produzca escupir pétalos de rosas.
Dudativo, volvió sus ojos una vez más a la mesa en la que los Gryffindors cuchicheaban entre sí, señalándolo y riéndose entre dientes. Harry tenía una expresión divertida en su rostro, seguramente le era graciosa la idea de que su enemigo haya sido hechizado para toser pétalos de rosas.

Y no solo eso al parecer, pues, antes de apartar totalmente la vista, a Draco le entró unas incontrolables ganas de vomitar, y aun a pesar de su educación y remarcado autocontrol, no pudo resistir el impulso de girar la cabeza hacia el piso y que su boca abandonara lo que sea que le producía el malestar.

Los que estaban cerca soltaron un jadeo.

Una rosa. En lugar de fluidos gástricos, en el suelo había caído el capullo de una rosa acompañada de unos cuantos pétalos. La imagen en si no era tan desagradable como ver a alguien vomitando, se debería a que la viscosidad característica no abordaba en ninguna parte, y que solo esté presente una hermosa flor roja que iba desapareciendo como un holograma.

Vicente Crabbe no pudo evitar una risa por lo extraño que resultaba todo aquello, sin embargo un golpe de algún Slytherin lo hizo callar.

— ¿Qué...—Blaise se mantuvo concentrado en la imagen hasta que la planta desapareció, luego vio a Draco haciendo una pregunta inconclusa que esperaba ser contestada.

El príncipe de las serpientes hacía trabajar su cerebro a gran velocidad, tratando de encontrar alguna explicación para lo acontecido ¿Sería un hechizo? ¿Alguna enfermedad? ¿Una maldición quizás? Lo único que tenía claro es que, como casi todo en su vida, tenía que ver con Potter.

Se levantó de su asiento con toda la dignidad que pudo recaudar, y dirigiéndole una última mirada al profesor de pociones abandonó el gran comedor para encaminarse directo hacia la biblioteca.

— ¿Qué creen que le pase?

— ¿Acaba de vomitar una planta?

—Lo que sea que tenga, seguro lo tiene bien merecido.

Esos y más comentarios afloraron en el gran salón, llenándolo del mismo barullo en el que había estado envuelto antes de que todo eso pasara, pero ahora todos enfrascados en un mismo tema.

—Lo vieron—dijo Ron—alguien lo ha hechizado para que vomite flores, espero que pronto arroje una con muchas espinas.

Harry rió y asintió estando de acuerdo con lo dicho por el pelirrojo. Hermione lucía más bien pensativa.

— ¿Qué pasa, Hermione? No me digas que no te parece divertido ¡El hurón acaba de vomitar una rosa en pleno desayuno!

—No es eso, Ron. Solo que también es bastante...inquietante.

— ¿A qué te refieres?—preguntó Harry volviendo a degustar sus alimentos.

—Me refiero a que jamás he leído nada sobre un hechizo que te provoque vomitar o toser flores.

—Debe ser una variante del traga-caracoles—opinó Ron quitándole importancia—Además, no esperarás encontrarte un hechizo así en los libros aburridos que lees.

—Aunque no lo creas, Ron, en Brujas y Hechiceros vengativos mencionan al traga-caracoles como una broma del mago Babidi al príncipe Scharmouge.

—Sí, pero...

Harry dejó de prestarles atención y miró de soslayo la puerta por la que había salido Draco.
En parte Hermione tenía razón, aquello había sido inquietante.

Dos horas después, Harry y sus amigos se dirigían al aula de pociones. El profesor Slughorn no era precisamente malo en implantar la materia, en realidad todo era bueno después de tener a Snape como profesor, pero Harry preferiría que Snape siguiera dando clases en las mazmorras en lugar de apropiarse del puesto de profesor de DCAO, la cual era su materia favorita y que ahora quedaría arruinada por la presencia de su profesor más odiado.

Entraron y fueron directamente a sus puestos. Harry se sentó junto a Ron y empezaron a conversar mientras Hermione alistaba los materiales y el resto de la clase acababa de ingresar.

—Bien—anunció Slughorn—Si nadie más falta...

—Profesor—Pansy Parkinson había levantado la mano—Malfoy no se presentará ¿Puedo unirme al grupo de Zabini?

Harry enfocó su vista en el lugar que usualmente ocupaba Malfoy junto a la chica pelinegra y efectivamente, este estaba vacío.

—Oh—Slughorn también parecía haber caído en cuenta de la ausencia de un alumno—Adelante, Zabini, hágale espacio a su compañera.

El moreno obedeció y sin más el maestro empezó con la clase.

Harry, con el caldero vacío y mirando distraídamente la vitrina que contenía globos oculares sumergidos en una sustancia verdosa, solamente pensó en que Malfoy era un exagerado.

Lejos de allí, sumergido en una intensa lectura en un rincón de la biblioteca, Draco se mostraba con el ceño fruncido ante un libro con el título: "Enfermedades mágicas y sus síntomas".

Ya había pasado toda la mañana encerrado entre estantes de libros y con estudiantes de distintas casas que de vez en cuando aparecían y lo miraban con curiosidad. No era de extrañar, después de todo nunca andaba solo, además, él no pisaba la biblioteca a menos que Vicent o Gregory no le trajeran el libro que específicamente les pidió. Estaba acostumbrado a hacer las tareas en su sala común y odiaba tratar con la vieja gruñona que atendía en la biblioteca.

Pero aquella era una situación especial. Desde que llegó no había hecho más que buscar su condición en distintos libros, empezando por los de medicina mágica, que a su parecer creyó lo más lógico ya que difícilmente alguien pudo haberlo hechizado sin que se diera cuenta.
Él no era alguien que enfermara, y si lo hacía apenas y bastaba con un sorbo de pócima pimentónica, la cual pedía directamente a su jefe de casa en lugar de a la medimaga encargada del ala hospitalaria. Conocía a Madame Pomfrey, era una señora que no le tenía mucha estima por haber causado al menos la mitad del porcentaje de sus pacientes regulares, muchos con algún hechizo que no pueden deshacer o por una mala caída ocasionada tras un embrujo zancadilla, como sea, él no era el único culpable, también sus compañeros Slytherin gastaban una que otra broma, pero dado que él era el líder y muchas veces promotor de todas esas jugarretas, se las había ensañado con él.

No era tonto, Draco había sabido distinguir perfectamente la diferencia con la que la medimaga trataba al resto de sus pacientes y a él. Era estricta en la recuperación de todos los que visiten su área de trabajo, y era aquello lo que justamente hacía desconfiar a Draco, pues a él, en las pocas veces que se ha encontrado allí, lo sacaba sin más tras una rápida revisión y uno que otro brebaje.*

Y como todo buen miembro de la casa de Salazar, sabía que no era prudente llegar con una enfermedad de la cuál ni tú mismo posees algún conocimiento a manos de una sanadora en la cual no confías al cien por ciento. Iba a terminar allí de alguna u otra forma, era consciente de eso; para empezar estaba Snape y la más que probable reprimenda que le dará tras haberse saltado todo un día de trabajo sin el permiso adecuado, por lo que lo mandaría derechito a enfermería. Pero antes de que eso pase quería por lo menos obtener algún indicio de lo que sea que le estuviera afectando.

Y nada. Fueron alrededor de veintiocho libros en toda la mañana y no había hallado siquiera algo relacionado con plantas, excepto esas raíces de árbol que salían en las orejas si te acercabas mucho a una flor extraña. Eso le hizo pensar que su respuesta estaría relacionada con una maldición, pero había tanta información sobre ello que ni todo su año en Hogwarts alcanzaría para terminar con su investigación.
Si por lo menos tuviera una pista de cómo o qué buscar...

La campana anunciando el descanso retumbó contra las paredes del castillo.

Pronto el lugar se llenaría de estudiantes queriendo hacer deberes a última hora, y Draco estaba de tan mal humor que si se encontraba con algún idiota interrumpiéndole, Madame Pomfrey tendría trabajo por una semana.

Se paró de su sitio y se dispuso a salir con un libro de herbología bajo el brazo, llegó hasta donde la señora Pince y con cierto disgusto se dirigió a ella pidiéndole permiso para retirar el libro.

— ¡Aún tenemos tiempo, Harry! Si no almorzamos, tal vez...

El rubio casi ni se había girado por completo cuando una mole pelirroja se estrelló contra su hombro obligándole a tirar el libro.

—Lo sient...—Ron estuvo a punto de disculparse pero rectificó al ver de quien se trataba—Malfoy—gruñó.

—Si no eres capaz de ver por dónde caminas deberías pedirle prestado sus lentes a Potter, estúpida comadreja—Draco, bastante fastidiado, le mostró una de sus miradas más repulsivas y se volteó para agarrar el libro del suelo, sólo para toparse con Harry Potter sosteniendo el ejemplar y observando atentamente la portada.
Genial, lo que le faltaba.

—Devuélveme eso, cara-rajada—arrancó el libro de sus manos y lo miró como quien mira a un entrometido. Después se alejó dispuesto a salir, pero a unos cuantos pasos algo lo detuvo.

— ¿Tienes más que decir, Malfoy?—preguntó Harry al ver como el Slytherin se detenía pero seguía dándole las espaldas.

Con pánico, Draco se llevó su mano a la boca, pero fue demasiado tarde.

— ¿Pero qué...—soltó Ron cuando vio a su enemigo doblándose sobre sí mismo mientras tosía exageradamente.

La bibliotecaria parpadeó desconcertada ante el espectáculo, y cuando el chico por fin logró recuperarse un poco, salió apresurado perdiéndose tras la puerta.

Los tres espectadores habían quedado en silencio después de ver como pétalos púrpuras y pequeños descendían con ligereza hasta asentarse en el piso. El primero en reaccionar fue Ron, quien rió a carcajadas sosteniéndose la barriga y se apoyó en un estante, enseguida madame Prince lo reprendió y posó su dedo sobre sus ásperos labios haciendo «shh» para que se callara. Harry tan solo se acercó algo reticente hacia los pétalos, sin saber muy bien si sentirse asqueado o no, pero viendo que solo se trataban de simples flores y nada más, se decidió por recoger unas cuantas y observarlas con más detenimiento: eran púrpuras y ovaladas, al igual que delgadas y pequeñas, suaves al tacto como cualquier otra flor, no parecían recientemente salidas de la boca de un estudiante.

—Hortensias*—susurró mientras veía que las que estaban en el piso iban desapareciendo como si estas fueran llevadas por el viento, sin embargo, las que sostenía entre sus manos seguían tangibles e intactas.

—Deja eso, compañero. Es asqueroso—le dijo Ron con una mueca que remarcaba su comentario, y entonces a Harry se le ocurrió que sería divertido ponerle los pétalos sobre su ropa.

Para su fortuna lo logró, Ron aún se limpiaba con su manga como si de verdad le hubiese restregado vómito en lugar de unos cuántos pétalos. Aunque por otra parte se quedaron sin hacer su trabajo de transformaciones porque Madame Pince los sacó a ambos a patadas.


Notas de la autora:

*En su sentido negativo las hortensias simbolizan la frigidez y la falta de corazón, y el color demuestra dramatismo, puede significar dignidad, aristocracia pero también violencia o agresión premeditada.

*Me pareció necesario aclarar que la actitud de Madame Pomfrey no es así, al ser medimaga es equitativa con todos y no hace de menos a nadie, aunque como ser humano, puede molestarse con algún estudiante, pero no dentro de su labor porque es totalmente profesional. Simplemente me pareció adecuada colocar esa perspectiva de Draco sobre ella para desarrollar la trama.

Y eso...

¡Gracias por leer!