III. Hanakotoba
Draco llegó corriendo a su sala común y se refugió en el sofá de la esquina, aquel al que no le llegaba mucha luz y que lo usaban quienes por lo general querían permanecer en soledad imperturbable. Restregó su cara con una mano mientras que la otra seguía sosteniendo el ejemplar que sacó de la biblioteca. Aspiró fuertemente y el aire entró a sus pulmones causándole incomodidad y después...
Un nuevo ataque de tos se dio en su garganta, y como se venía demostrando desde el desayuno, salieron pétalos de flores, esta vez grises, provenientes de una planta con hojas un tanto alargadas y angostas; una dalia*.
Tembloroso tomó entre sus manos los restos de la flor, admirándolas de cerca, lucían como una planta normal, ridículamente normal.
Estrujó con furia los pétalos de la dalia y sabiéndose observado levantó la vista hacia las personas frente a sí.
— ¿Qué quieren?—gruñó.
Vicent y Gregory solo se mantuvieron perplejos.
— ¿Qué te pasa?— se aventuró a preguntar Crabbe.
— Toser flores no es...normal—complementó Goyle.
Draco se sintió tan irritado que temió volver a toser, en su lugar, su magia se desbordó y derribó un jarrón antiguo que adornaba el interior de la sala, destrozándose en miles de pedazos.
Miró con atención el suceso y sin encarar a sus compañeros de casa empezó a decir:
—Toser flores no es normal ¿eh? me alegra que hayas llegado tan pronto a esa conclusión—podrían pasar mil años escuchando la voz siseante de Draco cuando estaba enojado y aun así no lograrían retener la sensación de peligro que les dictaban sus sentidos— ¿Quieren saber lo que me pasa?—cuestionó aparentemente calmado. Crabbe y Goyle asintieron.
Con la mirada helada, Malfoy bramó en voz baja pero de manera brusca: —Yo también.
Se levantó de su puesto y sus seguidores dieron un tentativo paso hacia atrás. Caminó por su lado ignorándolos antes de decir: —Y reparen eso—señalando los restos del jarrón en el piso.
Subió por los peldaños de la escalera que dirigían a las habitaciones escuchando un ''reparo'' a sus espaldas.
Ya recorriendo el pasillo se miró las manos y en ellas ya no estaban los pétalos de dalia.
Dalia...
Se introdujo a la habitación que compartía con Vicent, Gregory, Blaise y Theodore, y fue directo a su cama, acostándose para cerrar los ojos y pensar. Ninguno de sus compañeros estaba en la recamara.
Rosas, hortensias y dalias ¿Qué podía significar aquello?
—Rojo, purpura y...gris—susurró para sí mismo deteniéndose a pensar en el último color: No existían dalias grises, al menos no de forma natural.
Un indicio más de que lo que tenía provenía del mundo mágico, pues llegó a pensar que la falta de información en la biblioteca se debería a un virus de origen muggle, incluso estuvo tentado a agarrar uno de esos libros. Pero ahora estaba claro que no era así.
Rosas, hortensias y Dalias ¿Por qué diferentes tipos y colores? ¿A qué se debía?
Tomó el libro de herbología que tiró a un costado suyo y lo abrió en una página cualquiera.
«Las amapolas o papaver son un género de plantas angiospermas que pertenecen a la familia de...»
Cambió de página.
«Las especies de Lilium, comúnmente llamadas azucenas o lirios, constituyen un género con alrededor de 110 integrantes...»
Adelantó unas pocas hojas más, ojeando de forma rápida los títulos y contenidos hasta que se detuvo.
«Hanakotoba: el lenguaje de las flores.»
Interesado y creyendo que le sería útil, empezó a leer:
Hanakotoba: El lenguaje de las flores
Muchos magos japoneses han dedicado especial atención al significado de las flores, ya que éstas representan un uso muy importante en la comunidad mágica. En esta práctica, las plantas recibieron códigos y contraseñas. Efectos fisiológicos y su significado según el color de las flores, son descritos en este lenguaje. Las flores están destinadas a transmitir emoción y comunicarse directamente con el destinatario o espectador sin necesidad de usar palabras. A esto se debe su meticuloso uso en pociones o hechizos, pues cada planta contiene una esencia única destinada a un solo fin.
Existe un glosario que describe el significado de cada especie y también de su color. Es usado como guía para hechiceros inventores que buscan desarrollar nuevas pócimas o...
No hizo falta que leyera más para darse cuenta qué es lo que tenía que buscar.
Cerró el libro y lo dejó sobre el mueble que acompañaba su cama. Aún nadie ingresaba al cuarto y estaba aliviado de que así fuera, su reciente actuación con Vicent y Gregory lo había descolocado un poco, él nunca perdía el control de esa forma, jamás. Aquello era para magos de clase baja que recurren inmediatamente a la violencia, salvajes como Weasley o el imbécil de Pott...
Tosió.
Reincorporándose en su sitio se llevó la mano a la boca, sintiendo los suaves pétalos golpear contra su palma, la textura era inconfundible.
Cerró los ojos antes de separar su mano, y cuando los abrió tan solo deseó ver cualquier tipo de flor, menos una rosa.
Pero ya sabía desde hace mucho que con Potter de por medio, las cosas no sucedían como él las quería.
Coloridos y suaves, así eran los pétalos que sostenía entre sus manos, tan silvestres y brillantes. Cualquiera diría que representaba algo hermoso, y tal vez lo hacían, pero para él solamente indicaban una tortura; un castigo al cual el más cruel de las deidades lo sometió como burla o una representación excesiva de karma.
Y de repente vomitó.
Pero ya sabemos que no vomitó nada que resultase asqueroso o desagradable, en realidad era mágico en todo el sentido de la palabra. Un capullo de rosa estaba ahora decorando sus sábanas verdes junto a otro montón de pétalos rojos sangre. No hacía falta leer el Hanakotoba o saber del lenguaje de las flores para comprender lo que significaba.
Amor, pasión: en todos lugares y en cualquier idioma, ese era su significado más neto y profundo.
Afligido, tomó el capullo y lo acunó entre sus manos, mirándolo atento y embelesado pero sintiéndose miserable.
— ¿Por qué?—se cuestionó en voz baja ¿Qué acaso no era suficiente sufrir todos los malditos días con ese peso extra en el pecho? ¿En verdad era necesario agregarle un plus a su deplorable condición?
—Demonios—volvió a decir cerrando su puño y exprimiendo la flor con fuerza. ¡Cuanto deseaba saber qué diantres le estaba pasando! ¿Cómo iba a deshacerse de lo que sea que le acontece antes de que resulte obvio? ¡A este paso alguien se daría cuenta!
Se puso de pie y caminó hasta la puerta dispuesto a ir y hablar con su jefe de casa y si era necesario incluso con Madame Pomfrey, aceptaba lo que sea que fuese a ocurrir con tal de tener un diagnóstico, no saber por qué su cuerpo reaccionaba ante sus emociones expectorando flores lo estaba desesperando.
Tomó la manija de la puerta y allí se quedó.
¿Y si al tratar de ayudarlo...lo descubren? ¿Y si cuando vean en su mente o en su cuerpo lo que esté causando sus reacciones se dan cuenta de que él es un motivo?
No podía, simplemente no lo permitiría, jamás dejaría relucir algo como eso. Las burlas serían eternas, las miradas acusadoras, el rechazo, y si él se enteraba...
Vomitó nuevamente, sintiendo más pesar que las veces anteriores; eran tres capullos de rosas, pero rosas negras.
La puerta abriéndose lo derribó. Blaise entraba relajado cuando se dio cuenta de la mirada perdida de su compañero rubio que yacía en el piso.
— ¿Draco? ¿Estás bien?—preguntó por intuición, admirando ligeramente preocupado la cantidad de pétalos y rosas negras esparcidas por el piso—Cielos, Draco, tengo que llevarte a la enfer...
— ¡No!—gritó con la voz entrecortada. Si iba allí todos se enterarían, él lo repudiaría...
—Ja—dijo una voz en su cabeza—comosiyanolohiciera.
— ¡Draco!—se alarmó el moreno al ver como el rubio se llevaba una mano al estómago y de su boca salían flores rojas y negras con un nuevo anexo: habían pequeñas hojas verdes sin tallo.
Estaba mal, un ahogamiento interno lo agobiaba, la desolación amiga y el dolor contínuo que se intensificaban...
Le costaba respirar, sentía como si algo perforaba sus pulmones, debía dejar de pensar en él, él siempre era el culpable de todo ¿Por qué tuvo que ser él? ¿Qué no tenía el maldito derecho de escoger? ¿Por qué no una chica? ¡¿POR QUÉ NO CUALQUIER OTRO?!
—Snape—habló con voz rasposa, fue lo último que dijo ya sabiéndose perdido, justo antes de que en su cabeza no se hallara más que oscuridad.
—¿ Cuánto crees que dure ese hechizo?—preguntó Harry de la nada.
— ¿Qué? ¿Cuál?
—El que tiene Malfoy.
—Ah, seguramente no mucho, el traga-caracoles duró como dos horas—Ron se encogió de hombros y continuó con la labor de ordenar sus cosas.
—Pero lo tiene desde la mañana hasta que estuvimos en la biblioteca, son como cuatro horas.
—Supongo que ese fue más potente. Me pregunto qué habrá hecho para que alguien lo hechizara de esa forma, seguramente debió de ser un hufflepuff, mira que hacerlo escupir flores...
—No las escupe, es casi como si estuviera enfermo, ¿No será alguna enfermedad mágica?
—No lo creo, jamás he oído de algo así. Tal vez cuando a mi tío le creció un rábano en la nariz...
— ¿Qué?
—Sí, tardó en sacárselo una semana, creo que fue porque se había comido una semilla y luego tomado una pócima revitalizante.
Harry rió.
—Sea lo que sea espero que se le pase pronto, odiaría caminar por los pasillos y encontrarme con un montón de pétalos que diga ''Malfoy vomitó aquí''—habló mirando con desagrado una parte de su túnica.
—Pero los pétalos desaparecen.
—Al parecer algunos no—contradijo indicándole a Harry el pétalo azul que había quedado pegado a su túnica.
Harry lo tomó sin ningún problema—Que raro—exclamó mirándolo—. Ahora que recuerdo las que yo tomé tampoco desaparecieron, deben de irse cuando no están en contacto con alguien—diciendo eso arrojó la hoja y cayó suavemente sobre el piso. Harry y Ron se la quedaron viendo.
...12, 13, 14...
—Bueno ya, yo no voy a recogerla—advirtió Ron volteándose a su cama una vez que comprobó que la flor no se iba.
Harry negó con la cabeza divertido y se agachó para tomar el pétalo, seguían tan purpúreo...
Distraídamente pensó en lo irónico que sonaba que Draco escupiera pétalos en lugar del veneno que representaba a una serpiente. En especial esa serpiente.
—Creo que nunca sabremos si vomitó una flor con espinas, Ron—añadió con la idea de que el "hechizo" de Draco dejaría de tener efecto al día siguiente.
—De todas formas fue desagradable ver todas esas horrorosas flores—admitió el pelirrojo y se cubrió con su manta.
Harry no estuvo de acuerdo en que sean horrorosas, pero no comentó nada porque hasta para él soltar algo así sería raro.
Apagando la última vela se fue a acostar en su cama dejando sus lentes a un lado. Cerró las cortinas y se tiró de espaldas al colchón para ver el techo y pensar en todo lo acontecido hoy día: Draco tosiendo flores en el desayuno, después su ausencia en clases y luego en la biblioteca...
Antes de ser llevado a brazos de Morfeo, Harry sintió en su palma la contextura de la hoja.
Había olvidado tirarla.
Notas de la autora:
Perdón si demoro, ando con muchas tareas u.u
*La dalia representa inestabilidad, el color gris puede expresar desconsuelo o desánimo.
¡Gracias por leer!
