IV. Hanahaki

Draco despertó en el despacho de Snape, lo reconocía por las veces que ya había estado allí antes. Era un lugar frio con tonalidades verdes en los muebles y cortinas, el otro color que predominaba era el negro, y las variaciones café lo hacían aún más rústico.

El olor a poción inundaba potentemente el ambiente otorgándole un aire casi medicinal a la estancia. Sabía que no se equivocó al pedir que lo llevaran hasta allí.

—Ya despertaste—escuchó que le decían desde el escritorio. Él estaba recostado en un sofá cómodo que seguramente fue conjurado por el profesor— ¿Te sientes mejor?

No sabía si su director de casa hizo o no algo en él, pero no diría que se sentía bien hasta que compruebe que ya no estaba tosiendo pétalos de flores.

—He tenido días mejores.

Y como si quisiera ratificarlo, su cuerpo lo obligó a toser una vez más. Esta vez mostrando pétalos de belladona azul*.

Sintió la mirada escrutiñadora de Snape y le devolvió el gesto con una pregunta no realizada impresa en sus ojos.

—No es una maldición—fue todo lo que le dijo su mentor.

Draco bajó los párpados y se reincorporó de a poco en el sofá, visualizando como las flores expulsadas por su cuerpo se desintegraban con un viento inexistente.

— ¿Tienes una idea de lo que te sucede?—Draco negó con la cabeza— ¿Por qué no permitiste que te llevaran con Madame Pomfrey? —no hubo respuesta. Snape resopló—He visto tus síntomas antes, de muy cerca de hecho. Yo los tuve—lo dijo como si no fuera de gran importancia, pero sabía más que nadie que ese era un mal que dejaba una clara marca en la vida de quien sea.

El rubio amplió los ojos con sorpresa y después con alivio, nunca creyó que Snape fuera conocedor de su condición, mucho menos que haya tenido que pasar por lo mismo que él. Ahora ya todo estaba mejor, todo era cuestión de una poción que lo haga volver a la normalidad y...

—Tienes una enfermedad, Draco. Y me temo que será mucho más grave que en mi caso, principalmente porque en mi nunca se desarrolló en su totalidad—el hombre tenía una mano colocada sobre su barbilla y la mirada perdida, rememorando un pasado que conectaba a un futuro que jamás le perteneció—Tus orígenes son los que te condenan ¿No te parece extraño jamás haber oído de algo como lo que te está pasando? Es porque todos los magos que la han padecido siempre han pertenecido a una alta posición social y por supuesto, han llegado a resolver cuál es su causa. A estas alturas no me extrañaría que tú mismo lo hayas hecho. Por ello, entenderás, no muchos han revelado la condición.
»La enfermedad es muy rara y escasa en estos tiempos, solo se desarrolla totalmente en magos de sangre pura debido a las raíces mágicas del síntoma, el resto sólo presenta una alteración corta en su sistema por una semana, basándose únicamente en la expectoración de rosas, rojas cabe recalcar. Lo cual me lleva a pensar que en ti la enfermedad se desarrollará por completo y que a más de eso se intensificará con el tiempo...

El despacho era oscuro y silencioso, Draco lo estaba notando más que nunca. Era un lugar ideal para brindar una mala noticia, el sitio idóneo para informar de un cambio radical que sería para mal.

El hombre de cabello grasiento y nariz prominente lucía serio, sumamente serio. El relato lo hacía con voz monótona y con un recuerdo vívido en su cabeza, evocando los hechos y aceptando las circunstancias actuales—Has tosido belladonas—recalcó.

Draco apretó la tela de su pantalón y se mantuvo en una postura firme, sin ceder paso a la inminente rabia que lo abordaba.

— ¿A qué se refiere con...—carraspeó— ¿A qué se refiere con resolver cuál es la causa?

Hubo un corto silencio en el que Severus se preguntó qué estaba pasando, él realmente creía que su ahijado podría tener a quien quiera con tal de pedirlo ¿Quién se le negaría? Creía conocer los gustos que Draco tendría, y se esperaba una chica de su misma casa y misma índole, pero si ese fuera el caso no estarían viviendo todo eso.

— ¿De quién estás enamorado, Draco?—expuso, creyendo no vivir lo suficiente para realizar esa pregunta alguna vez, menos a alguien como Draco.

El rubio respingó y fijó su vista en las cuencas de su director. Snape sabía que lo mejor siempre era ser directo y no perder el tiempo con enredos, por eso se lo preguntó sin más. Pero él no estaba listo para responder, ni en ese momento, ni nunca.

El profesor esperó pacientemente, hasta que entrecerró los ojos para aplicar legeremancia en el muchacho, pero este demostró lo aprendido con una avanzada oclumacia que le impidió el paso hacia su mente. Estuvieron así varios minutos llenos de tensión y pesadumbre, y Severus desistió diciéndose que si en verdad el rubio se esforzaba tanto en no dar una respuesta (pues distinguía el sobreesfuerzo que este aplicaba para bloquear su mente), se debería a que la persona en quien Draco pensaba, debía ser realmente...exótica.

Decidió continuar.

»Hanahaki desease, una condición en la que el enfermo tose y vomita pétalos de flores por un amor unilateral o mal correspondido. Cada flor y su color expresan un sentido. Su única cura es remover la infección mediante una operación compleja, incluso para el mundo mágico, y a su vez cualquier sentimiento es extraído como daño colateral. Aunque, también existe otra solución: ser correspondido.

Pero, Draco, si estas enfermo y estás padeciendo todo esto...

Es porque sabes perfectamente...

Que tu amor es imposible.

...

¿Cuándo fue que sucedió? ¿Existía un momento concreto en el cual todo pasó? ¿Fue durante una discusión? ¿Fue durante una pelea? ¿O simplemente fue...todo?

Draco estaba recostado sobre la rama de su árbol favorito, las personas tendían a pasar por debajo de él y eso lo hacía sentir aún más superior de lo que se consideraba. Como recalcar lo que de por sí ya es un hecho.

Usualmente molestaba a alguien desde esa posición con embrujos zancadilla o atándole los cordones, y se divertía viendo como su objetivo se caía de bruces y miraba a los lados buscando un culpable. Pero jamás lo veían, pues la frondosidad del árbol lograba ocultarlo a la perfección.

Sin embargo aquel día no tenía ningún ánimo para esas jugarretas inmaduras, él mismo admitía que así eran. Lo admitía porque desde que empezó el año supo cuál sería su posición y que las cosas cambiarían de manera drástica.

Cerró los ojos.

El Lord le había encomendado una tarea importante. En ese mismo verano y en su propia casa, bajo la tutela de sus padres y la presencia de su tía, fue que sucedió: la marca tenebrosa fue trazada en su brazo izquierdo. Ahora estaba atado a Voldemort como un fiel seguidor más de sus mandatos, así que debería de preocuparse por cumplir su misión...

Pero ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo con esa...enfermedad habitando su cuerpo? ¿Cómo haría todo lo que tiene que hacer sin que una tos con significado estúpido lo atacara en pleno acto? De pura suerte en el momento en que golpeó a Potter no sucedió nada, solo hubo esa mirada que le dirigió...

Abrió los ojos.

«Hanahaki desease, una condición en la que el enfermo tose y vomita pétalos de flores por un amor unilateral o mal correspondido».

Sí, lo admitía, Potter lo odiaba.

En cuanto tuvo ese pensamiento un montón de pétalos negros junto con un capullo salieron expulsados de su pecho, también unas cuantas hojas verdes podían visualizarse circundando por el aire y descendiendo lentamente.

¡No era justo! ¡Él quería que Potter lo odiara! ¡Que lo detestara! ¡Que no muestre la más mínima señal de simpatía! Porque de lo contrario no sabría que hacer ¡Él no podría...! controlarse.

Porque sí, toda esa situación le hacía tener miedo de sí mismo y de sus acciones, porque no se sentía en control total, porque temía dejar cualquier indicio y que alguien descubra lo que estaba ocultando en lo más profundo de su ser. Y sobre todo porque no sabría qué hacer si se mostraba ante sí la más mínima oportunidad de calmar sus deseos egoístas y su corazón codicioso...

Se incorporó un poco en ese pequeño hueco del árbol que lo hacía sentir seguro, lejos del alcance de todos. Lejos de Harry Potter.

Sintiendo un nudo en su garganta se preguntó si acaso era ecuánime para el universo que le pasara todo esto, si acaso era necesario brindar un sentimiento tan anhelante que jamás seria aceptado por quien se ansía, y que después, como la más burda mofa, lo castigaran en forma física por sentir aquello que jamás deseó.
En su opinión no, no lo era.

Una vez más se puso a analizar en qué momento se dio, y por qué no fue consciente hasta que ya era demasiado tarde
¿Fue la primera vez que le habló?

«Hola ¿también Hogwarts?»

No, era imposible que haya empezado allí, ¿Quizás cuando lo vio volar en su escoba?

« ¡Déjala, o te haré bajar de esa escoba!

—Ah, ¿Si?

—Aquí no están Crabbe y Goyle para salvarte, Malfoy»

Realmente no lo sabía ni se hacía la más remota idea, pero lo que si tenía claro es que, recordando cada experiencia y con el más mínimo detalle, una fuerte corriente le atravesaba todo el cuerpo, una que ya le era muy familiar.

Nuevamente intentó: ¿Fue cuando lo vió volar en su escoba que toda su pesadilla comenzó? No, tenía bastante en claro el haber odiado a Potter en ese momento, entonces ¿Por qué ahora lo rememoraba como algo gratificante?

«Aquí no están Crabbe y Goyle para salvarte, Malfoy»

No—pensó—ninguno de esos idiotas estuvo, ni en ese momento, ni cuando me enamoré de ti.

Hubo silencio metal en su cabeza, un lapsus en el que se incorporó ya sabiendo lo que vendría. Sintió algo dentro de sí surgiendo y lo arrojó por su boca directo al pasto. No dolió tanto como se esperaría dada la magnitud que ahora presentaba su nueva planta: una rosa roja, con tallo, espinas y hojas.

Se limpió la boca con la manga de su túnica y ni siquiera le dio un vistazo a la flor que había fabricado su cuerpo.
Snape le había dicho el día anterior que la enfermedad se intensificaría, pero no dijo hasta qué punto ¿Llegaría a ser capaz de vomitar el árbol completo?

— ¿Malfoy?

Esa voz...

Con sorpresa miró abajo, y allí, ocultó tras la sombra que proyectaba el árbol, su árbol, estaba Harry Potter sosteniendo una rosa roja entre sus hábiles manos con las que atrapaba la snitch y mirando hacia su dirección, con sus ojos verdes tan resplandecientes y mordaces que se tornaban así solamente cuando él entraba en escena.

Hubo un ''click''en su cabeza y en su pecho, su corazón empezando a latir más repetitivamente junto con el molesto cosquilleo en sus manos. Fue una reacción instantánea e incontenible a la que ya estaba acostumbrado menguar la intensidad para no presentar ninguna alteración en su postura, semejante a lo que sucedía cuando el ardor surgía en su brazo izquierdo de manera repentina.

Por eso, cayendo en cuenta de las circunstancias en la que se veía envuelto y aún a riesgo de parecer desquiciado, se puso a reír como un loco por la ironía del asunto: Si no lo mataba el malvado Voldemort, lo mataría San Potter.

¿Se podía ser más satírico?

Y rematando el chiste, por más disparatado que suene, sospechaba que perecer bajo el yugo de Voldemort, dolería mucho menos.


Notas de la autora:

Como cuando madrugas para actualizar xD

*El color puede expresar confianza y la planta refleja sinceridad.

¡Gracias por leer!