VI. ¿Por qué?

— ¿Sabes? Escuché que estás enfermo ¿Por qué?

Hacía círculos en la tierra con una rama—No lo sé.

—Yo sí.

Paró el movimiento.

—Estás enamorado de mí.


1) Abrir los ojos y no saber si definir tu último recuerdo de la inconsciencia como un sueño o una pesadilla.

2) Abrir los ojos y evocar tu último recuerdo de la conciencia, reconociendo que el protagonista de tu pesadilla estuvo presente.

3) Abrir los ojos y encontrarte con el protagonista de tu pesadilla en la enfermería, sentado junto a tu cama, y mirándote fijamente.

4) Abrir los ojos y desear no haberlo hecho.

—Ya despertaste—soltó Harry tras unos segundos de mutuo reconocimiento.

— ¿Qué mierda haces aquí?—fue su respuesta automática.

La pesadumbre de un hecho imposible te da la ventaja de no abochornarte cuando una situación inesperada se presenta, porque simplemente sabes que jamás de los jamases sucedería lo que quieres que suceda. Y que Potter esté allí no es porque le intereses, ni mucho menos porque se preocupe por ti, es solo...

— ¿Quién te maldijo?

...su maldito complejo de héroe o su aún más maldecible curiosidad.

— Yo he hecho primero la pregunta, Potter ¡¿Qué mierda haces aquí?!—bramó mientras intentaba reincorporarse en su cama, dándose tiempo para asimilar las palabras del otro ¿Había dicho maldijo?

—Te caíste del árbol después de que hablamos, tus amigos me culparán, así que más te vale decirme quién fue ¿O es que te has tirado solo para echarme la culpa después?—le acusó frunciendo el ceño.

Draco lo miró detalladamente, cuando Harry se enojaba lucía un aspecto distinto a la torpeza que siempre representaba, eran dos facetas tan contradictorias. Después reaccionó—Vaya imbécil—dijo en un susurro apretando los dientes—Si crees que yo ando botándome de los árboles te recuerdo que el idiota suicida aquí, eres tú—ya había terminado de sentarse y sentía un fuerte dolor en la cabeza y en la espalda que procuró no hacer notar.

— ¿Entonces? ¿Quién fue?

Con la cabeza hacia el frente cerró los ojos para ya no tener que verlo, porque desgraciadamente le gustaba verlo, y le contestó: —No fue nadie. Ya lárgate.

Esa fue quizá la conversación más inofensiva que habían tenido, por lo mismo quería que terminara, porque le estaba resultando agradable ese cruce de palabras, con su voz sonando sin todo ese odio que le tenía.

Abrió los ojos y tosió.

Esta vez no fueron pétalos como tal, eran acacias amarillas, un cúmulo de foliolos en conjunto que lucían parecidos a dientes de león miniaturizados y de color amarillo. Y debido a su textura se mantuvieron en el aire cayendo ligeros hasta posarse sobre la blanca tela de la camilla.

Draco se quedó en blanco, sin saber que hacer, solo deseaba que Harry no estuviera allí, en ese momento, ni en ningún otro. Estaba empezando a enojarse— ¡Te dije que te largaras!—le gritó tapándose la boca con el antebrazo.

Como era de esperarse, Harry hizo caso omiso y con curiosidad llevó su mano hasta una de las flores.

Había dicho que la pesadumbre de un hecho imposible te da la ventaja de no abochornarte cuando una situación inesperada se presenta, pero... se sentía... ¿Por qué Potter hacía eso? ¿Por qué?

—Primero recoges lo que vomito y ahora lo que toso, considero que hasta la servidumbre tiene sus límites pero lo haces por decisión propia, Potter. Tienes el mismo espíritu de un elfo doméstico—lo dijo con el fin de que Harry dejara esa flor como lo hizo con la rosa, que la soltara con asco y que luego se fuera, sin embargo, el Gryffindor no parecía ponerle atención así que procedió a arranchársela de las manos para después quejarse del dolor que realizar esa acción le provocó.

—Mierda—masculló mientras tocaba la parte trasera de su cuello y entrecerraba los ojos viendo como las acacias sobre la cama empezaban a destellar hasta ir desapareciendo. Fue justo en ese momento que Potter volvió a estirar el brazo para tomar con la punta de sus dedos una de las plantas.

Y la flor no desapareció.

Draco se sintió palidecer, comprendiendo al fin por qué cuando Potter recogió la rosa momentos antes de que él perdiera la conciencia esta no se esfumó.

Al parecer toda expectoración suya se mantendría de forma física mientras Harry la tocara, y para él la razón parecía tan obvia...

Mierda.

Maldición.

¿Cuánto demoraría el moreno en darse cuenta? ¿En lanzar su primer hechizo? ¿En insultarlo?

— ¿Por qué no desaparecen cuando alguien más las toca?

Draco, que había estado con los hombros tensos, relajó sus postura y miró incrédulo a Harry para después parpadear desconcertado— ¿Qué?—dijo sin darse cuenta que había bajado totalmente la guardia. En verdad creyó que Potter lo descubriría, pero pensando con la cabeza un poco más fría ¿Por qué iba a creer él que era la razón de su enfermedad? ni siquiera sabría qué enfermedad era la que tenía, si Snape le dijo la verdad, nadie sospecharía de sus síntomas.

Harry se extrañó de ver al Slytherin asombrado— ¿No lo sabes?

Ninguno dijo nada más, Malfoy lo miraba confundido y luego repentinamente serio, fue ahí que, mientras colocaba la flor frente a los ojos grises, decidió preguntar:—Malfoy ¿Qué es lo que tienes?

Dudó. Por un instante fugaz se planteó el contarle su condición, esa parte de él que lo impulsaba a hacer cosas estúpidas cuando tenían algo que ver con el elegido...

«Tengo una enfermedad, probablemente muera o deje de sentir, y tú eres el culpable».

Pero se contuvo. ¿Cómo decirle que lo que tosía tenía un significado? ¿Cómo demonios hacerle entender que lo que le ocurría era su maldita culpa? ¿Y cómo explicarle por qué?

No podía. Por algo padecía Hanahaki desease ¿No? Porque decirle algo como eso a él, era imposible.

—Oh, veo que ya despertó—Madame Pomfrey entraba con su varita y cargando un frasco con sustancia azul en su mano—Señor Potter ¿Qué hace aquí? ¿No debería estar en clases?—los miró a ambos con desconfianza, y quizás hasta comprobando que ninguno tuviese alguna herida o maldición sobre sus cuerpos—No estará incomodando a mis pacientes—dijo mirando reprobatoriamente a Harry.

— ¡No! yo solo...yo...—nunca había sido caracterizado por brindar las mejores escusas, pero sin la compañía de sus dos amigos eso se notaba mucho más.

—Vino a pedirme disculpas—intervino Draco sonriendo malicioso—Por su culpa me caí del árbol, y como buen Gryffindor, se arrastró hasta aquí a suplicarme, este... pedirme perdón—replicó cuando la medimaga le lanzó una mirada de advertencia, y luego agregó:—Pero no se preocupe, ya dije que lo perdonaba y en este momento ya se iba ¿Verdad, Potter?—miró a Harry con gesto altivo y burlesco, notando el odio que justo en ese momento le estaban profesando esos ojos verdes.

Harry apretó los puños y sintió que enrojecía de ira—Yo no te pediría perdón ni aunque tuviese a Voldemort enfrente.

La mendimaga inhaló sorprendida y estuvo dispuesta a regañar al niño dorado por decir aquel nombre, pero antes fue interrumpida por un quejido de su paciente.

— ¡Aghh!—gritó Draco doblándose sobre sí mismo y llevándose una mano al pecho. El leve ardor que escoció en su brazo izquierdo cuando Potter mencionó al Lord era nada en comparación a lo que empezó a sentir después; era como si algo perforara su pulmón con lentitud torturante, incluso le había entrado miedo de toser, pero fue inevitable.

Tosió más veces consecutivas, intentando tomar un poco de aire en cada expectoración. Sentía su cuerpo más sensible y era consiente de cada una de sus extremidades, percibiendo de mejor forma incluso sus órganos.
Uno de sus pulmones había sido afectado por algo, estaba seguro, y el dolor era tan insoportable que empezó a temblar.

—Señor Potter, salga inmediatamente—le escuchó decir a la mujer.

Aún estaba encorvado sosteniendo con su mano derecha el pedazo de camisa que cubría su pecho, y con los ojos entrecerrados distinguió puntos grises sobre la manta*.

¡Era estúpido! ponerse así por unas cuantas palabras que habían sido repetidas por el mismo emisor cientos de veces... ¡Ya sabía que Potter lo odiaba! ¡Ya lo sabía! ¡Lo tenía muy presente!

— ¡Aggh!

¡¿Por qué aun así dolía?!

— ¡Señor Potter!

Respiraba acelerado, casi no lograba coger el oxígeno necesario, y pronto la habitación se tornó borrosa tras sus párpados.

— ¿M-malfoy?

Potter sonaba...descolocado.

Y el dolor cesó.

— ¿Qué no escuchaste...—su voz salió rasposa y débil—que te largaras?

Harry lo miró impactado al principio para luego recobrar la postura y salir furioso de la enfermería.

Emocionalismo Gryffindor, se dijo internamente.

De a poco se volvió a recostar y sintió la magia de la medimaga envolverlo al contonear su varita de un lado a otro sobre su cuerpo, la mujer traía los labios fruncidos, tal vez inconforme con su reciente actuación, o simplemente solo adoptaba esa postura al atender a cualquier paciente, pero eso no lo sabía y no por ello iba a confiar en que la mujer era ecuánime como debería, pues él no lo creería.

—Sus compañeros me explicaron el incidente señor Malfoy, pero quisiera oír de su propia boca que fue lo que sucedió.

Draco retuvo el impulso de rodar los ojos solamente para mantener una fachada, y no sin un tinte sarcástico en su tono, dijo: —¿No lo ha oído? Potter me tiró del árbol.

La mujer no pareció creérselo en absoluto pero no insistió.

Claro ¿Quién iba a creer que San Potter sería capaz de atentar contra alguien? Obviamente nadie, pero tampoco tomaban en cuenta que ese alguien era él.

Para su infortunio, en ese momento acudió a su garganta la urgencia de toser, quiso resistirse por estar justo en frente de la medimaga, queriendo evitar así interrogatorios que no sabía cómo contestar, pero sus esfuerzos fueron en vano por supuesto.

— ¡Cielos!—exclamó Madame Pomfrey cuando intempestivamente pétalos amarillos surgieron en el aire directamente de la boca de su paciente— ¿Qué es...

Draco se apretó la boca con una mano y cerró con frustración los ojos. Era irónico que haya logrado pasar por alto aquello que le sucedía con Potter con anterioridad, pero que justo cuando no lo necesitaba más en su cabeza, este aparecía a cada rato.

—Son crisantemos*—susurró la sanadora— ¿Cómo es posible? la profesora McGonagall me había platicado sobre esto pero creí que sería una jugarreta entre estudiantes ¿Cuánto tiempo lleva así?—le preguntó directamente.

Ni puta idea—pensó lacónicamente, refiriéndose más bien a la causa que a la enfermedad en sí, y tras un suspiro agotado finalmente decir: —Ayer.

— ¿Desde ayer? ¿Y por qué no acudió inmediatamente a la enfermería? Sabe que si algún estudiante es atacado en Hogwarts...

—No fue una maldición lo que causó esto.

— ¿Entonces?

El rubio no quiso mirar directamente a la mujer porque sabía que sus expreciones y el hastío lo traicionarían, ¿Lo creía tan idiota como para no saber si había recibido o no una maldición?—Fui primero con mi jefe de casa. No creí que fuera grave, como usted dijo, pudo ser una broma de cualquiera. Escuché que los hermanos Wease...Weasley—corrigió—están inventando cosas nuevas— comentó aparentando ser casual.

— ¿Cómo? Ya ha dicho Albus que esos artículos están prohibidos. Estos niños, siguen dándome problemas estando ya fuera de Hogwarts.

Y refunfuñando fue a su despacho en busca de alguna pócima.

Nuevamente volvió a quedar todo en silencio. Quiso un momento de paz consigo mismo, pero al cerrar los ojos una imagen llegó para atormentar:

Potter, sosteniendo una rosa roja en su dirección.

Sintió gran presión en su pecho que lo llevó al borde de algo parecido a la asfixia. Sin embargo, ningún pétalo salió de su boca esta vez.


Notas de la autora:

Hola!

*Acacia amarilla: Amor secreto

*El color gris iguala todas las cosas y deja a cada color sus características propias sin influir en ellas. Puede expresar desconsuelo, aburrimiento, pasado, indeterminación o desánimo

*Crisantemo Amarillo: Significa desprecio.

y adiós xD

¡Gracias por leer!