VIII. Amortentia

—...nunca haber visto algo así, me parece que son síntomas demasiado inusuales aún en padecimientos mágicos, incluso me atrevería a decir que es el primer caso en el que...

—Señora Pomfrey.

—...revisé lo mejor que pude todo su sistema, en su pulmón izquierdo logré apreciar una anomalía que se asemeja a una raíz, pero sospecho que se inicia en una arteria...

—Señora Pomfrey.

—...quise revisar de forma más meticulosa, sin que estén prendas de por medio, pero el chico se niega a deshacerse de su camisa, debí haberlo hecho mientras seguía inconsciente pero no creí que terminaría evaluando algo completamente distinto a lo que lo trajo aquí...

Madame—acentuó Snape sacando a la medimaga de sus cavilaciones—Si me permitiera opinar, sospecho que un truco o producto cuestionable fue lo que provocó la actual condición del joven Malfoy. Por lo tanto es solo cuestión de espera para que sus efectos desaparezcan.

—Discúlpeme si lo contradigo, profesor. Pero en todos mis años de carrera, yo jamás he visto un caso como este, y no creo que se deba tomar a la ligera. Puede correr riesgo la salud del estudiante.

—Usted lo ha dicho, Pomfrey. Jamás ha visto un caso así, lo cual nos lleva a sobreentender que el síndrome es una invención aplicada recientemente.

Poppy no titubeó al hablar pero se notaba la duda persistente en sus ojos—Aun siendo así, profesor Snape. No apoyo su decisión de dejar pasar un asunto tan importante, no sabemos con exactitud cuál fue la causa del síntoma, por lo que tampoco podemos asegurar que esta no se agravará con el pasar de los días.

—Lamento decirle, madame, que es el jefe de casa quien decide qué es lo más conveniente para sus estudiantes.

La mujer enrojeció—Y yo quiero recordarle que estoy a cargo del bienestar de TODOS los alumnos, y si algo encuentro que sea peligroso para uno de ellos, es mi deber...

—Al comenzar esta plática—cortó—usted ha dicho que con las pócimas que le administró, Draco no presentó más inconvenientes y parecía listo para ser dado de alta. Por ello no veo una razón válida para que lo llevemos a San Mungo como usted sugiere. Y de todas formas—interrumpió a propósito al ver que la mujer comenzaría a protestar—no ha pasado mucho desde que comenzaron las clases, no sería apropiado interrumpir los estudios del señor Malfoy por una treta entre adolescentes—diciendo esto dio media vuelta con el fin de salir del despacho, pero se detuvo al escuchar la voz femenina.

—Informaré de esto al director.

Snape apenas y giró la cabeza—Adelante.

Desalojó el cubículo a paso firme y se aproximó directamente a una de las camillas del fondo, en donde un muchacho rubio y pálido se hallaba sentado con la vista perdida en las afueras del castillo.

—Draco, nos vamos—informó y enseguida abandonó la enfermería esperando que el chico lo siguiera.

Aún faltaba una hora para que iniciara el receso, por lo que los pasillos se presentaban solitarios y fríos a diferencia de las aglomeraciones de alumnos que se veían cuando estaban fuera de sus aulas.

Draco caminaba detrás de su profesor, no queriendo perturbar el espacio personal de este y así evitar una confrontación respecto a lo recientemente ocurrido. Estaba seguro de que la sanadora descubrió algo nuevo y que a esas alturas Snape ya estaría enterado de lo que es. Y aunque la curiosidad lo invadía, no quería saber.

No era que le restara importancia a su karma (como había decidido comenzar a llamarlo), sino más bien, no quería tener en su cabeza algo de tan alta magnitud que no haría más que llenarlo de preocupaciones y estrés. No, no necesitaba nada de eso, no cuando tenía entre sus planes un propósito tan grande como el que le fue encomendado por el Lord.

Matar a Albus Dumbledore.

Lo haría, sabía que podía, tan solo era cuestión de acabar con la vida de un viejo mago al cual los años ya han vuelto senil y probablemente débil. Un anciano al cual el título de ''el mejor mago de todos los tiempos'' le quedaba grande, pues ese epíteto le pertenecía a su señor, el señor tenebroso. Lo haría por él, y...tenía que hacerlo por su familia.

Definitivamente, no tenía espacio en su vida para estúpidas distracciones.

Sin embargo, tener esos pensamientos no impedía que la realidad se hiciese presente, pues, bajando los peldaños que llevaban a las mazmorras, un arranque de tos lo asaltó.

Snape paró en la última grada y volteó su mirada a su ahijado, imagen a la cual acompañaron pétalos anaranjados de caléndula flotando al rededor*.

Sin hacer comentarios, solamente indicó: —Ven, iremos a mi despacho.

Sintiéndose oprimido, Draco se limpió la boca y aceptó, pero antes de continuar buscó por inercia un capullo en el suelo. No encontró nada, esta vez habían sido solo pétalos.

Cada vez entendía menos el desarrollo de la enfermedad ¿Acaso menguaba cada cierto tiempo? Si era así, existían posibilidades de llevar a cabo su objetivo. Tendría que pregúntaselo a Snape.

Cuando llegaron a la oficina, Draco se dirigió inmediatamente al sofá negro que ya estaba acostumbrado a ocupar, mientras que Snape tomaba asiento tras el escritorio vació que estaba junto a un librero.

— ¿Qué has encontrado?

—¿Disculpe?—dijo Draco.

— ¿Qué has encontrado sobre tu enfermedad?

—No mucho más de lo que usted me dijo—respondió recordando las palabras que su padrino le había dicho en ese mismo lugar, hace no mucho tiempo. Y agregó:—Aunque en la biblioteca leí algo sobre el Hana...koto...

Snape gruñó—Creo que te refieres al hanakotoba, creado por magos japoneses. Representa el lenguaje de las flores.

—Sí, ese—afirmó—. El lenguaje de las flores...lo que toso vendría a significar algo ¿No? por eso son distintas.

—Sí, en efecto. Supongo que a estas alturas ya habrás tosido una rosa ¿Me equivoco?

El chico no respondió pero le retuvo la mirada. Snape se reclinó sobre el escritorio y con seriedad habló:

—Draco, ¿Quién es?

Los dos sabían a qué se refería con esa pregunta ¿Quién había logrado colarse en el corazón de Draco Malfoy? ¿Quién tuvo lo suficiente como para traspasar la barrera hacia su alma? ¿Quién tan imposible como para no estar a los pies de un sangre pura, adinerado, y buen partido?

En retrospectiva, Draco también había pensado en eso.

La primera vez que su padre le habló de herencia y descendencia, él pensó en una mujer que cumpliera con todo lo requerido para ''esa'' vida ideal que su familia tendría después de que el señor tenebroso subiera al poder. Era un estereotipo básico, ella debía ser sangrepura para mantener la estirpe, bonita, buenos modales, e inteligente y astuta. Si era todo eso, no habría problemas en el futuro.

Ese pensamiento se había mantenido por tanto tiempo dentro de sí qué nunca supo cuándo comenzó a perder fuerza. Era su futuro, uno que aún pensaba cumplir. Tan solo quería que ese estorbo en su pecho y cabeza se esfumara para así poder concentrarse en sus deberes como heredero, como fiel seguidor de Voldemort, y como uno de los futuros magos más influyentes de la comunidad mágica.

Maldito Harry Potter.

— ¿Quién es?—se volvió a oír la pregunta.

—Nadie, ya dije que no sé porqué estoy pasando por esta estupidez—contestó esta vez, aun a pesar de que la mentira era palpable.

Severus endureció el gesto y se volvió a acomodar en el respaldar de la silla—Draco, si algo no le desacredito a la sanadora es el hecho de que esto no puede ser tomado a la ligera. Por ahora la convencí de no llevarte a hacer revisiones en San Mungo, pero esto solo servirá por un tiempo, porque esta enfermedad no pasará como cualquier otra, irá empeorando, y en cuestión de pocos meses puede que te cueste la vida.

Draco se alteró— ¿L-la vida? ¡¿No había dicho que existe una operación para...

— ¡Y también indiqué que aun en el mundo mágico dicha operación es compleja!—bramó para luego volver a bajar el tono—Es extraído todo tipo de sentimientos Draco, podrás estar acostumbrado a mantener tus emociones a raya pero volverte un cuerpo sin sensaciones te deja al borde de vivir como alguien que fue dementorizado. Mira, esto no tiene por qué volverse tan complicado; puedes decirme quien es la chica y con amortentia haremos que...

— ¡No!—gritó—No será...yo no necesito eso—dijo decidido—No me importa que tan complicada sea la cirugía, si existe esa opción, la prefiero.

Snape se mantuvo impasible—Ciertamente Draco, no creí que accedieras, pero negarte tan rotundamente me sorprende...

—No me miré así, sé lo que intenta hacer. La legeremancia no le servirá—explicó con una sonrisa en su perfilado rostro una vez que bloqueó con oclumacia la irrupción a su mente—. Ella me enseñó bien.

El hombre asintió desganado—Me doy cuenta.

El rubio borró las sonrisa y pasó a apoyar sus codos en las rodillas—Profesor...—hizo una breve pausa mientras jugueteaba con el botón del puño de su camisa—Supongo que si pregunto no me dirá quién fue, pero quisiera saber ¿Qué sucedió durante la semana en la que padeció Hanahaki?

—Supones bien.—otorgó, para al instante ponerse de pie y plantarse frente a su librero—Como ya sabes, lo que yo tuve fue solo una fracción del verdadero síntoma; tosía pétalos de rosas rojas y en el último día vomité la flor. Nadie notó lo que tenía. Durante clases me enfocaba en la materia y mis pensamientos jamás oscilaban, era fuera del horario cuando presentaba problemas, pero por una serie de acontecimientos en los cuales no indagaré, nadie nunca estuvo lo suficientemente cerca para notarlo.

El menor asintió, comprendiendo, y soltó el botón entre sus dedos— Si ya he vomitado la flor...eso quiere decir que no se puede llegar a más ¿Verdad?

—No lo sé, Draco, la información sobre Hanahaki desease es verdaderamente escasa. Fue una suerte que yo haya tenido noción de dónde buscar sobre el síntoma, pero lo que encontré no dice mucho. Será mejor que lo veas por ti mismo—tomó un libro del estante y lo alcanzó al otro Slytherin—En todos estos años no he hallado más de lo que dice allí, aunque debo decir que no he ahondado realmente en la enfermedad desde que la padecí.

Draco se puso de pie para tomar el ejemplar asintiendo con un movimiento de cabeza. Y ya dando por finalizada la plática, se dispuso a irse, sin embargo las palabras de Snape lo detuvieron—Y deberías hacerte del Hanakotoba, no está demás que reconozcas lo que dicen esas flores de ti.

Sin mirar atrás, Draco salió y lanzó un portazo.

...

Con la escusa de haber salido recién de la enfermería, no asistió al resto de las clases, permaneció en su sala común donde no había nadie y eso le daba un atisbo de tranquilidad a lo que le rodeaba; las ventanas que proyectaban una luz verde apuntaban perfectamente al suelo de la estancia y la hacia más agradable y elegante de lo que por si ya era; el cómodo sofá caoba en el que se encontraba, era ideal para sumirse en aquel ensimismamiento que lo llevaba atosigando desde el inicio de curso.

Usar amortentia, vaya tontería—pensó.

En un principio no se había planteado concretamente la insinuación de Snape, ya que de todas las formas posibles la idea era absurda, pero ahora, en la soledad de aquella habitación, se permitió asimilar lo que aquello significaría.

Harry Potter, enamorado de él.

En verdad, vaya tontería.

Al instante todos sabrían que aquello sería el efecto producido de una poción, una treta embustera que querría cumplir dudosas finalidades. Era más que obvio.

Pero, ¿no era así de obvio para él también? ¿Alguien, hace mucho tiempo, colocó una sustancia extraña en su bebida y lo condenó a esa vida de contradicciones? Le gustaba pensar que así era, y que no fue él quien se autoflageló de ese modo ¿Dónde estaba su sentido de supervivencia? Todo ese sentir era algo suicida.

Harry Potter enamorado de él.

Lo tendría hacia sus pies, sería el dueño de aquella vida y compartiría aquel poder, sería tan fácil manipularlo, que hiciera lo que él le ordene.
Que lo mire con fascinación; que le dedique todos los gestos posibles; ser el centro de su atención; luchar contra él, luchar junto a él; ser parte de su vida llena de aventuras; ser quien pueda dirigirlo para desenredar algún problema; ser alguien por quien él diese la vida...

Ser algo para él.

¿Por que lo anhelaba tanto? ¡¿Por qué?! No quería, no quería, no quería. Si la solución del hanahaki era dejar de sentir todo eso, él entregaría sus emociones en bandeja de plata. Todo con tal de evitar el escalofrió que la intensidad de esos ojos verdes causaban aun ocultos tras vitrinas de cristal que no parecian protegerlos, sino más bien parecían proteger al resto de la vehemencia que destellaban todo el tiempo.

A un Malfoy lo llama el poder ¿Acaso fue eso lo que lo atrapó? ''El niño que vivió'' en su misma escuela, en su mismo curso, de su misma edad, todo eso lo dejó a su alcance, ¿Pero alcanze para qué? Quiso su amistad y le fue negada, quiso sentir odio y le fue otorgado algo totalmente opuesto. Jamás podría alcanzarlo, ya estaba demasiado lejos.

Tal vez el detonante fue ese deseo que tuvo cuando niño, de ser compañero y aliado del único sobreviviente a la maldición asesina, de poder regorcijarse en medio de toda esa fama junto con él ¿Por qué no pudo entender que eso no sería posible? Se encaprichó, quizá ya no con esa amistad, pero si con Harry Potter.

No había más razón lógica ni argumentos sostenibles, simplemente...

Es tan fácil elevar un deseo
a lo más alto del cielo
de donde nadie lo pueda bajar.

Un deseo que ha trascendido cada año adquiriendo fuerza, escapando de su alcanze y por ende de su control.

Y fue demasiado.

Draco Malfoy ya no soportó, y terminó tosiendo con fuerza y dolor.

Y aquellos, tristemente, fueron los primeros pétalos que su sangre adornó.


Notas de la autora:

*La Caléndula significa inquietud.

Espero les haya gustado, ya mero comienza lo bueno(?

Una pista: felix felicis

En fin, les deseo lo mejor en esta navidad es y que la pasen muy bonito :3

Mi esperanza es publicar al menos tres capítulos antes de que termine el año xd.

¡Gracias por leer!