IX. Felix Felicis
Los días siguientes pasaron como si nada, uno que otro curioso le preguntaba por qué había ido a parar a la enfermería por tanto tiempo y si el toser rosas tenía algo que ver. Él se conformaba con decirles que algún imbécil creyó gracioso estrenar un producto de Baratijas Weasel con él, y que la enfermera no era lo suficientemente competente como para hallar un antídoto. Nadie, o casi nadie de sus compañeros Slytherin compraban en esa tienducha, así que fue fácil convencerlos. Admitía que se sentía tonto e insultado al afirmar que algún alumno de otra casa de quién sabe qué curso, logró burlarlo, pero sería peor si contara la verdad de su condición, lo cual por supuesto, era algo que no iba a hacer bajo ninguna circunstancia.
Con respecto a aquel pétalo con sangre que llegó a toser, el evento no se había vuelto a repetir y concluyó no decírselo a Snape. De hecho, estaba planeando ya no acercarse a Snape en lo absoluto, pues sospechaba que los intentos por leer su mente no eran aplicados únicamente con el fin de saber quién era la persona responsable de su enfermedad, sino también para descubrir cuales eran sus planes actuales para llevar a cabo su misión. Además, su tía Bellatrix, durante sus clases de oclumacia, ya le había advertido que no confiara en su padrino, que olvidara todos los años que le dio preferencia en el colegio porque ello ya no tendría importancia, que pensara como un Slytherin y se diera cuenta que las intenciones de Snape, a partir de ese momento, serían para recuperar el puesto que solía ocupar en las filas del Lord antes de su caída, y que por ello trataría de hacer por él el trabajo que le fue dado, todo con tal de robarle la gloria que como Black y Malfoy, merecía.
En realidad, ya había pensado en apartarse de Snape desde inicio de curso, pues ya sean ciertas o no las acusaciones de su tía, no le convenía relacionarse con él como en años anteriores. Aunque eso no pudo concretarse a causa de su anomalía, la cual, por cierto, se presentó en el peor momento que tenía para presentarse.
Pero eso no lo haría detener sus labores, aprendería a mantenerse todo el tiempo con la cabeza fría. Snape le había dicho que durante clases él no tosía debido a la absoluta concentración que les ponía a sus estudios, pues bien, él intentaría hacer lo mismo.
Terminó de anudarse la corbata y se dispuso a salir del cuarto. Cómo siempre, su séquito lo estaba esperando en la sala común, todos agrupados en el sillón más grande de la estancia.
— ¿Por fin?—bromeó Zabini burlándose de la cantidad de tiempo que el rubio ocupaba para alistarse.
—He tardado más y lo sabes—solamente respondió.
—Aún recuerdo cuando se engominaba el pelo...—soltó Theodore a la vez que todos se dirigían conjuntamente a la salida.
Draco bufó y el resto rió empezando una plática amistosa entre ellos. Por el camino realizaron un par de embrujos zancadilla a alumnos de cursos inferiores y así llegaron a las puertas del gran comedor.
Su mesa los recibió, al igual que siempre, repleta con comida básica (Según la mayoría) que constituía en barras de pan, leche caliente, pastelillos de fresa y chocolate, y endulzantes de todo tipo empezando por la miel de hadas característica de las mañanas.
Aquel día Draco se había planteado saltarse unas cuantas clases, pero para evitar inconvenientes decidió asistir. Ya aprovecharía las horas libres para ocuparse de sus asuntos en lugar de desperdiciarlas haciendo el cúmulo de tareas que los maestros mandaban a los alumnos del ÉXTASIS. De todas formas, ya no le interesaban las calificaciones, quizá para cumplir con las encomiendas del Lord no necesitaría ningún título, o en todo caso, no le serviría tener las mejores notas.
Evitando a toda costa mirar la mesa de Gryffindor, terminó de consumir sus alimentos y partió junto a Theodore a su clase de Runas Antiguas puesto que el resto tenía Alquimia. La hora pasó sin más con la voz chillona de Granger contestando todas las preguntas de la profesora. Él, junto a Theodore, también sabían muchas de las respuestas, pero les parecía patética la forma en que la sangre sucia daba brinquitos buscando atención.
—Veamos si es capaz de brincar así en otras circunstancias—le había dicho Theodore en un susurro, a lo que él respondió con un gesto de profundo asco.
Cuando salieron y empezaron a caminar hacia su próxima clase que era de DCAO ahora impartida por Snape, se pusieron a hablar de distintos temas como lo era el hecho de que tanto Crabbe como Goyle tan solo habían aprobado no más de tres TIMOS.
—No hay puestos que solo contengan tres materias, a menos que decidan ser conserjes o algo así—indicó Nott.
—No les hará falta tantos títulos de todas formas—dijo Draco, hablando en clave.
El otro Slytherin entendió y decidió cambiar de tema—Me enteré que Urquhart será el nuevo capitán de quidditch. La verdad yo pensé que a ti te...
— ¿Habían dado el puesto?—completó y esperó a que Nott asintiera—Pues sí, lo hicieron, pero cuando llegué acá lo rechacé y se lo dieron a Urquhart, o más bien, él lo pidió y no hubo ningún reclamo.
Así entraron al aula y se ubicaron en una esquina del fondo. Theodore le preguntó si seguiría jugando como buscador pero en ese momento llegó Zabini acomodándose en otro pupitre y mencionando también algo sobre los que ahora conformaban el equipo de quidditch de Slytherin y que Draco era el único que daba la cara siendo él el que mejor vuela.
—Si, bueno...—planeaba argumentar, pero el carraspeo del profesor lo detuvo y por breve instantes desvió la vista hacia una cabeza despeinada al otro extremo del salón, que por cierto, le pareció que estaba volteada en su dirección, pero no se detuvo a averiguar.
Snape los puso una vez más a practicar magia no verbal. Zabini hizo pareja con Nott y a él le tocó con Harper, un chico de su curso que de vez en cuando se acercaba para obtener información con lo cual chantajear a otros; a veces se presentaba a las audiciones de quidditch aunque nunca lo elegían por no ser lo suficientemente robusto como el resto del equipo. A Draco lo había salvado su habilidad de vuelo, nada tenía que ver las Nimbus 2001 que su padre le compró a todo el equipo como había dicho la sangre sucia en su segundo año.
—Agh, esto es inútil—gruñó el chico después de hacer un cuarto intento de hechizarlo sin pronunciar palabra.
Draco miró apreciativamente los ojos azules girar hacia arriba en un claro gesto de derrota, su cabello castaño deslizándose por su frente y la tonalidad de su piel tenuemente bronceada.
—Será más inútil si no lo logras—le dijo el rubio sin haber descubierto nada particular más que la notoria mejoría de la apariencia de Harper con la pubertad.
—Tú tampoco puedes—acusó con frustración.
Draco enarcó una ceja y lo apuntó con la varita, segundos después Harper fue impulsado con su silla cayendo de espaldas al suelo.
Más de media clase regresó a verlos por el ruido producido, y Malfoy sonrió petulante. La verdad es que sí requirió un poco de esfuerzo el dominar ese simple hechizo, pero con la ayuda de su autocontrol impuesto para pensar con la cabeza fría, logró hacerlo con efectividad.
— ¡Wow! ya veo que si—reconoció el otro mientras se ponía de pie y acomodaba la silla.
Draco lo miró de nuevo y detalló más sus facciones, Harper se había arreglado bastante ese año...
Esta vez, poniendo su mejor sonrisa de autosuficiencia, volvió a hablar: — ¿Qué decías?
El ojiazul parpadeó repetidas veces y luego le sonrió de vuelta—Decía que no había conocido esa faceta tuya.
Con esa frase comprobó lo que su mente había detectado y con satisfacción alzó y bajo las cejas en un solo movimiento muy bien conocido por todos.
Del otro lado de la clase, Harry mandaba a su amigo volando contra la pared sin que este pudiera conjurar un escudo a tiempo, ya sea verbal o no.
— ¡Harry! ¡¿Qué diantres...?!—soltó Ron desde el piso recuperándose del golpe, Hermione inmediatamente había ido a auxiliarlo.
Desde su posición, el de lentes miraba aturdido toda la escena, incluso sentía a Snape acercarse por detrás, pero a nada de eso le dio importancia puesto que tenía en su cabeza gravada la imagen de una conversación indiscreta.
¿Qué había sido eso? le pareció haber visto a Harper interactuar con Malfoy más de la cuenta ¿Podría ser que ambos...
...sean Mortífagos?
—Veo que su salvajismo sale a relucir una vez más, Potter—Snape efectivamente se había puesto tras él y miraba a Ron y a Hermione a través de las dos cortinas de pelo grasiento que cubrían su rostro.
Los de Slytherin rieron entre dientes, especialmente Draco a quien Harry miró intensamente con los ojos entrecerrados.
El rubio paró de reír y le regresó el gesto. Aquel intercambió duró milésimas de segundo que nadie tomo en cuenta enfocados en sus propias cosas. Pero Draco sí lo sintió, por supuesto que lo sintió, y lo asustó porque su concentración estaba titubeando. Fue entonces que sonó la campana de cambio de hora.
—Terminó la clase—anunció el maestro como si esperara que todos se largaran cuanto antes.
Tratando de aparentar normalidad, Draco recogió sus cosas y fue el primero en salir.
Harry lo vio y pensó en seguirlo, pero fue detenido por Ron preguntándole cómo había hecho aquel hechizo con tanta potencia.
Caminando con prisa, llegó a los baños de hombres en el segundo piso, corrió a encerrarse en uno de los cubículos y se apoyó en la puerta cerrando los ojos con fuerza.
—No pienses en él, no pienses en él—se decía a sí mismo, pero estaba claro que, al repetirlo, lo único que lograba era el efecto contrario.
—Solamente no pienses—intentó una vez más.
Había pasado casi medio día sin escupir ninguna maldita flor ¿No podía seguir así?
Al parecer no.
La tos llegó sin avisar y de ella surgieron alargados foliolos de color violeta*, todos manteniéndose flotantes en el pequeño espacio del baño. Luego, sintió intensas arcadas que lo obligaron a inclinarse sobre el escusado, y algo pasó raspando dolorosamente su garganta y boca hasta salir y caer sobre el agua que tenía en frente.
—Mierda—soltó llevándose un dedo al labio y dándose cuenta que aquel capullo le había cortado con una de sus espinas.
¡¿Qué puta planta se suponía que era esa?! ¡Lucía dolorosa por donde quiera que mirase!
Con furia tiró de la cadena aun sabiendo que era cuestión de tiempo para que la flor desaparezca, no le importó y se quedó observando cómo el espiral que formaba el agua se llevaba la figura borrosa de tonos verde y violeta.
Salió dando un portazo que hizo eco por todo el baño y se marchó furioso al aula de pociones con el viejo estúpido que había decidido no incluirlo en su ''prestigioso club'' porque su padre estaba en la cárcel en calidad de mortífago. Total, para lo que le importaba.
Llegó a tiempo, creyendo que nada podría arruinarle más el día, pero cuando pasó cerca de un caldero cuyo vapor formaba inconfundibles espirales, sintió que se le iba el alma a los pies.
—Señor Malfoy, si es tan amable de ubicarse en su lugar...—le indicó el viejo vivaracho dispuesto a iniciar con la clase.
Draco, sin ser capaz de irse, se sentó lo más alejado posible de la sustancia que para colmo era la que más cerca estaba de la mesa de Slytherin.
Recibió la mirada interrogante de Zabini justo cuando el profesor empezaba a dar indicaciones—Muy bien, he preparada algunas pociones para que les echen un vistazo. Seguro que han oído hablar de ellas. Señorita Granger—nombró ya sin molestase en preguntar a la clase—de seguro sabrá...
Con hastió escuchó como la chica describía emocionada cada una de las pociones en los calderos, no fue hasta que llegó a la amortentia que le prestó atención.
—Es el filtro de amor más potente que existe. Para cada uno tiene un olor diferente, según lo que nos atraiga. Yo huelo a...
Como le importaba un bledo saber lo que olía Granger, se concentró, para su pesar, en lo que él distinguía. Podía detectar claramente la esencia de café, el olor exquisito de la Rosa de Azafrán, y había un cierto aroma que solía percibir mientras volaba, y que resaltaba por sobre los otros dos.
Potter.
Queriendo despejar todo eso de su cabeza para poder volver a concentrarse, se inclinó contra Nott y susurró: — ¿Adivina qué olería un estúpido al que le guste Granger?—y riendo por lo bajo ambos sobreentendieron que el conocido apelativo de sangre sucia tenía mucho que ver en la respuesta.
Harry los miraba desde su puesto, frunciendo el ceño y recordando cómo Malfoy había hablado con Harper. Por alguna razón ese cuchicheo con Nott parecía distinto.
—... ¿No, Harry?—le preguntó el maestro tomándolo desprevenido.
—Sí, señor.
Y al parecer su respuesta convenció al hombre porque continuó hablando:
—Por supuesto, la Amortentia no crea amor. Es imposible crear o imitar el amor. Sólo produce un intenso encaprichamiento, una obsesión. Probablemente sea la poción más peligrosa y poderosa de todas las que hay en esta sala. Sí, ya lo creo—insistió, y asintió con gesto grave hacia Malfoy y Nott, que sonreían con escepticismo—Cuando hayan vivido tanto como yo...
—Cuando haya vivido lo mismo que yo, sabrá—pensó el rubio mirando el caldero ¿Qué si creía que la amortentia era peligrosa? Pues no. Más peligroso le parecía el verdadero sentimiento que podía llevar a las personas a la misma gloria y al mismísimo infierno en tan solo un día.
—...y esta es una poción muy curiosa. Se llama felix felicis. No tengo ninguna duda, señorita Granger, que sabrá qué efecto produce.
— ¡Es suerte líquida! ¡Te hace afortunado!
La clase entera se enderezó un poco en los asientos. Harry ya solo veía la parte de atrás del lacio cabello rubio de Malfoy, que por fin le dedicaba a Slughorn toda su atención.
Lo miró y quiso saber en qué pensaba, ¿por qué le interesaba esa poción? ¿para qué necesitaba tener suerte? ¿Sería quizá para deshacerse de la maldición que lo hacía escupir flores?
—...una botellita de Felix Felicis. Suficiente para disfrutar de doce horas de buena suerte, desde el amanecer hasta el ocaso, tendrán éxito en cualquier cosa que se propongan. Está prohibida en las competiciones por lo que solo lo podrán utilizar en un día normal ¡Pero verán como este se convierte en un día extraordinario!
Cuando Slughorn anuncio cómo ganar aquel premio, toda la clase se puso a trabajar arduamente, buscando los aparatos e ingredientes necesarios. Pronto, la concentración se hizo casi tangible. Harry vio a Malfoy ojear febrilmente su ejemplar de Elaboración de pociones avanzadas; era evidente que se había propuesto conseguir el día de suerte.
Por alguna razón eso no le trajo buena espina. No sabía para qué Malfoy utilizaría el Felix Felicis si llegaba a conseguirlo, pero conociéndolo, no sería con un fin tan inocente. Y si por otra parte buscaba una solución a su problema de las flores...
Bueno, Harry no quería que ese castigo terminase, así que, apresurándose, tomó la pasta maltratada del libro viejo que Slughorn le había dado, y la abrió.
Notas de la autora:
*El cardo lanudo significa desquite y el color violeta representa autocontrol.
¿Recuerdan lo de las tres actualizaciones antes de que termine el año? pues...era el día de los inocentes.
*Muerta por jugarle al vergas*
Por cierto, cuando Draco alza las cejas me encanta :3
¡Gracias por leer!
