Gui: Buenos días en esta hermosa mañana de agosto. Vengo aquí a dejaros otro fic de un personaje secundario. Para el reto 107 de Alas Negras, Palabras Negras: Sangre azul. ¿De qué va? De reyes y reinas. Alys Harroway es la segunda mujer de Maegor el Cruel. Se casó en secreto con él cuando aún era Mano del Rey Aenys I, su medio hermano. Como ya estaba casado con Ceryse Hightower, que seguía viva, todo el mundo se escandalizó y les exiliaron a Pentos. Volvieron de Pentos con tercera esposa: Tyanna.

El Via Crucis es el nombre latín del camino de la cruz que hizo Jesús el día que le mataron. Tiene trece etapas, que aparecen en todas las iglesias como un tebeo en los muros. El fic es una inspiración libre, Alys Harroway no es tampoco ninguna mártir.

Disclaimer: George está escribiendo Vientos. No tiene tiempo para escribir fics en español.


Via Crucis


Se abre la celda, y aparecen tres soldados negros. Están al servicio de Tyanna de Pentos. Alys alza la cabeza para mirarlos de frente. Ellos se sobresaltan al verla.

Antes, los hombres se quedaban mudos ante su vista, pero era por su belleza incalculable, no porque se le hubiese vuelto el pelo blanco en un tiempo extremadamente breve. Sus bellos cabellos castaños embrujaban a príncipes y criados por igual. Engatusaron a la Mano del Rey. Si Maegor la viera ahora, ¿la reconocería?

Es una pregunta complicada. Ha sido él quien la ha metido en una celda. Se ha asegurado de que no escapase. Y hoy la va a ejecutar. Si no la reconoce será problemático. Alys se sonríe al echar un último vistazo a sus barrotes. Tyanna de Pentos, en cambio, no sólo la reconocerá, sino que se regocijará de su veloz envejecimiento. Los soldados han recuperado la compostura y le indican el camino. La escoltan al cadalso, pero aún es una reina.

La niña que se casó en secreto con la Mano del Rey jamás imaginó que sería reina. Alys recordaba el día de su boda como si hubiese ocurrido la noche anterior. La intensidad que les rodeaba, el septón intimidado, los brazos firmes de Maegor, que ya estaba casado. Ese detalle le parecía el más excitante de todo aquel asunto. Maegor le dijo que la quería como esposa, que quería decirle al reino que eran el uno del otro y siempre lo serían. Su padre bien había tenido de esposas a sus dos hermanas, ¿o no? No era nada chocante, al menos no en las cabezas infantiles de Maegor y Alys.

El reino no opinó lo mismo, y, en el fondo, aquello fue el principio del fin. Porque les exiló a Pentos, y Alys contrató a Tyanna, y Tyanna sedujo a Maegor, y Maegor le dijo a su dama de compañía lo que también le había dicho a ella. Si te casas con un hombre casado, ¿qué puedes decirle si te presenta a una tercera esposa? Nada. Ya has cerrado un pacto inefable con él.

Alys anda despacio por los pasillos oscuros de las mazmorras. Ya no tiene angustias. Sabe que aquellos serán los últimos pasos que dé con sus bellas y esbeltas piernas. Esas con las que se enganchaba al torso de su Maegor, su Targaryen, jinete de Balerion, el empuñador de Fuegoscuro. El heredero real de Aegon el Conquistador, no como Aenys, que había demostrado su falta de valía muriendo sin descendencia capaz.

Esas piernas con las que empujaba su cuerpo por la cama, en medio del delirio de su parto. De su aborto. La criatura que llevaba en el vientre se abrió camino sin piedad: la semilla del dragón tenía aspecto de monstruo. Alys recuerda esa cara sin ojos. Esa monstruosidad que decían todos que había salido de ella.

Ella había querido un bebé, un niño que se transformase en un hombre bello y fuerte como su padre. Un niño que montase a Balerion y empuñase a Fuegoscuro. No quería a ese montruo. No había hecho nada para parirlo, contrariamente a lo que afirmaba Tyanna.

¡Ah! Tyanna. Su amiga. Su condena. ¿Qué sabía Alys, cuando la vio tras la señora gorda de Pentos? No recuerda su nombre. Era una comerciante astuta y parecía conseguir siempre lo que quería. Se le había metido en la cabeza que Tyanna sería la dama de compañía de la princesa exiliada, y así fue. Y a Alys le pareció bien. ¡Le pareció bien! Tyanna era hermosa, era inteligente. ¿Qué más pedirle a una dama de compañía?

En todo caso, nadie le pide a una dama de compañía que se case con su marido. Sin embargo, Alys no tuvo más remedio que aceptarlo.

Sube los escalones de piedra uno a uno, con la lentitud regia que ha aprendido a ostentar desde que volvió de Pentos, con Tyanna en los talones. Al final de la escalera, la luz del día entra como una niebla. No es un día de sol. Alys se alegra que el sol haga luto por lo que va a ocurrir. Cuando salen de las sombras, le sorprende la intensidad de la luz. Pese a su determinación, entrecierra los ojos.

También los cerró cuando le enseñaron al bebé que parió. No le extraña que Tyanna haya conseguido venderle a Maegor que fue un castigo por adulterio. Pero Alys sabe que no ha cometido adulterio. Maegor le gusta demasiado. Le atraen demasiado sus brazos musculados. Su miembro erguido. Su barba hirsuta. No se habría ido a la cama con nadie más ni aunque por ello la hubiesen liberado de Tyanna.

El patio de armas de la Fortaleza Roja se acabará pronto, y tras la puerta que lo cierra, Alys puede oír al gentío. Un pregonero excita a la masa con discursos incendiarios. Habla de ella, diciendo la reina puta, y de su padre, Lord Lucas Harroway. Ya está, lo ha dicho. Que el bebé sería el fruto de su unión con su padre. Qué poco original.

A Alys de pequeña le encantaban esas historias. Las de los adulterios terribles, los castigos divinos, las relaciones prohibidas. Por eso se casó con Maegor a escondidas. Sus sueños se hacían realidad. No se esperaba el después, que la reina se enterase y se lo contara a todos. Que el reino se escandalizase a niveles insospechados. Que Aerys exiliase a su propia Mano.

No, Alys quería verse a escondidas con Maegor y que él tuviese que interpretar un papel con su esposa Ceryse. Que se acostase con ella por su honor y volviese siempre a los brazos de Alys porque no pudiera resistirse. No damas de compañía peligrosas en Pentos. ¡Pentos!

Los griteríos la ensordecen. Un camino se abre paso desde el principio de la muchedumbre hasta el lugar de la ejecución. Alys ve, al final, esperando en un estrado tras el cadalso, a Maegor – tan guapo como siempre, o más – y a Tyanna, agarrada a él por la espalda, con su cabello negro ondulándole sobre las curvas. Alys siente que sus piernas tiemblan. Maegor parece estar mirando a un punto por encima de su cabeza. Alys no le culpa, debe de estar horrible.

Tyanna, Alys y Maegor, un día yacieron juntos los tres. Alys se sentía poderosa los primeros días. Como si fuese ella la que permitía o impedía la relación de Maegor y Tyanna. Sabía que era la más importante. Y Tyanna también lo sabía. Por eso quiso deshacerse de ella. Porque de hecho los herederos de Maegor iban a ser los hijos que tuviese con Alys.

Tyanna, desde lo alto del palco, sonríe hacia Alys. ¿Habrá envenenado ella a su hijo? ¿Lo planeó todo desde el principio? Alys no puede evitar sentir náuseas. Su cuerpo envejecido es torpe al caminar, y por primera vez en su vida, tiene miedo de tropezar con un adoquín. Las escaleras del cadalso se le antojan insuperables.

Qué fácil era todo cuando era una niña. Qué poco sabía y qué feliz se sentía. Sentía que se podía comer el mundo, podía casarse con un príncipe, convertirse en reina, tener herederos. Podía viajar y vivir fuera, visitar Pentos, tener aventuras escondidas y eróticas, yacer con hombres y mujeres. Podía cometer traición, ser la deshonra de su familia, ser perseguida y ejecutada por sus crímenes. Cualquiera de esas aventuras se le antojaba maravillosa.

Un pie, un peldaño.

Y las había vivido todas.

Otro pie, ya van dos.

Todas y cada una de ellas. Una vida completa.

Sólo hay cuatro peldaños. Frente a Alys, un verdugo y un mandoble. El mandoble tiene sangre fresca en la hoja. Alys está convencida de que es la sangre de su padre. No sabe que Maegor no ha tenido paciencia para Lord Harroway. Oh no. Le ha bastado con precipitarlo desde una ventana alta de la Torre de la Mano.

Alys se arrodilla ante el verdugo, y se lo imagina desnudo. Qué irónico que un ser tan despreciable sea quien le quite la vida. Quien acabe con su existencia.

Alys mira al palco. Maegor no está mirando; tiene la cara vuelta. Tyanna, en cambio, la devora con los ojos. La muchedumbre es ensordecedora.

Entonces Alys lo nota, lo sabe. Maegor sigue enamorado de ella. Y, por eso, Tyanna la ha envenenado.

La hoja del mandoble la deja inconsciente.


Le he puesto tintes de María Antonieta. Al parecer, envejeció en dos días en la cárcel. Apareció para la guillotina como una señora vieja de pelo blanco. RIP a la pobre Alys Harroway. Tras este evento, Maegor acabó definitivamente con la familia Harroway. Lo único que queda de ellos hoy es el nombre del pueblo Aldea de Lord Harroway.

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Gui
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