XIV. Rosa

La mecha de la vela se movía de forma irregular creando sombras que fluctuaban sobre el rostro sereno de Malfoy. Harry solo observaba.

¿Qué había pasado?

La habitación estaba en completo silencio, en los pasillos no se oía nada y la noche prevalecía aun vigorosa en el cielo del castillo. Hogwarts estaba en calma.

Mas no uno de sus estudiantes, quien se debatía internamente respecto a la conversación que tuvo hace poco con un rubio Slytherin, el cual sin siquiera esforzarse le produjo un tremendo dolor de cabeza.

Estaba confundido, por un lado, tenía la oportunidad de desenmascarar a Malfoy solo con alzar la manga de su túnica, o agarrando el libro que el Slytherin había dejado a su merced, sin embargo, había un algo que se lo impedía. Por supuesto, quería saber todo lo posible sobre Malfoy, pero no estaba seguro de querer comprobar si realmente la marca tenebrosa se ocultaba bajo la tela del uniforme escolar, trazada sobre la pálida piel...

El solo pensamiento le producía escalofríos.

Lo invadía una rara sensación de estar seguro de algo, pero no querer comprobarlo. No quería ser tan consciente de cuán inmiscuido se hallaba el rubio con el señor tenebroso. No porque no lo creyera capaz de formar parte de sus filas; el problema radica en verlo y encontrar a un chico de su edad (de dieciseis años, maldición), y descubrir que ambos, igual de jóvenes, cargaban un peso que no los dejaba vivir su vida como deberían.

En casa de los Dursley, aún estando encerrado, Harry veía los grupos de chicos y chicas pasar relajados y sin preocupaciones más grandes que si le gustaban a x persona, ellos no estaban al tanto de que un mago tenebroso estaba al asecho, pero tampoco que existía la magia, y Harry pensó que lo suyo era un precio a pagar por ser parte de un mundo tan maravilloso donde los encantamientos y hechizos son posibles.

Aunque eso no quitaba que de vez en cuando llegase a anhelar un poco del actuar tan despreocupado que tenía el resto, por eso podía hacerse una idea de cómo se sentía Malfoy en esos momentos, aparentemente el tiempo en el que podía ser un chico cuya preocupacion más grande era terminar el colegio con buenas calificaciones y en el proceso hacerle la vida imposible, había concluido.

Mientras Dean y Ginny se daban el tiempo de disfrutar la compañía el uno del otro, mientras el mayor problema de Lavender Brown era empeñarse en gustarle a Ron, y mientras Hermione sufría por ello, Draco Malfoy se encerraba en un almacén a beber whisky de fuego, con la sombra del Voldemort persiguiéndolo a todas partes, y curiosamente asemejándose a lo que sintió Harry por tanto tiempo con los sueños o visiones que solía tener.

Además, cabe recalcar, Malfoy tiene una enfermedad que le produce toser pétalos y vomitar flores. No tan común si le preguntaba a quien sea.

Era cierto que cada quien carga con sus demonios, pero también alguien debe admitir que unos son mayores que otros.

Recapituló varios episodios de su vida en los que Malfoy formaba parte, ninguno bueno, ni siquiera uno en el que hayan mantenido una charla decente o hayan dejado el sentimiento de odio de lado, nada. Pero sería mentir si agrupaba todo aquello y decía que es lo peor que le ha pasado en la vida, es decir, sí, hubiese preferido que Malfoy no sea tan imbécil en algunas situaciones, como cuando le rompió la nariz y lo dejó abandonado en el piso del tren, pero no era como si aquello realmente le afectara, lo enfurecía tal vez, pero no era nada del otro mundo. Tampoco se engañaría diciendo que preferiría que Draco no existiera, porque no era así. No le deseaba la muerte a Malfoy, ni siquiera lograba hacerse la idea de algo como eso, pero pensaba que sus vidas hubiesen sido mejor si ambos no se hallaran juntos en la misma escuela de magia...

Y entonces recordó el último partido de quidditch y la falta de entusiasmo que tuvo.

Él no necesitaba a Malfoy para jugar bien y atrapar la snitch, eso estaba claro, pero de lo que sí sentía ausencia, era la rivalidad con el oponente, esas que te suben la adrenalina y te hacen sacar lo mejor de ti.

Que extraña manera de pensarlo, Malfoy sacando lo mejor de Potter.

¿Qué habría sido de él sin esa enemistad que de alguna manera lo enardecía hasta el punto de llevarlo al límite en sus enfrentamientos? Posiblemente acostumbrándolo a ir con todo en la batalla.

Sus pensamientos solo parecían estar buscando una razón válida que explique el por qué no quería delatar a Malfoy, ni siquiera ante si mismo, aunque eso no quitaba el hecho de que todo sea cierto.

Podía jactarse de tener un rival en la escuela y quizás eso era lo más normal que le pudo pasar...eso antes de que Voldemort llegara y lo destruyera, como todo en su vida.

Ya había acabado con la vida de sus padres y se había llevado años de su infancia en los que pudo haber disfrutado como un niño-mago normal, y ahora arremetía desapareciendo su rivalidad con Malfoy por las malas, como si quisiera que la vida de Harry no se reduciera a buena o mala, simplemente a...nada.

Y decidió que no lo iba a permitir.

Con la botella de Whisky de fuego en las manos, Harry se concentró en recordar la rara historia que había contado Malfoy.

¿Un rey? —pensó.

Todo el asunto había sido algo inesperado ¿Sería coincidencia que lo mencionara en medio de su embriaguez?

«...y tenía una rosa en su corazón.»

Sonaba como algo relacionado con la enfermedad que le hacía toser flores, de hecho, recordaba que Malfoy sí había vomitado una rosa entera, con tallo, espinas y hojas, incluso la había tenido entre sus manos antes de soltarla y dejarla bajo el árbol.

¿Podría ser que el rey que vivía en el rincón más frío del mundo y el príncipe que pertenecía a la casa más fría de Hogwarts sean la misma persona?

«Él amaba a quien no podía amar, era un estúpido por enamorarse, de entre todas las personas, de alguien, que nunca, nunca jamás, le iba a corresponder.»

Pero en ese caso... ¿Malfoy estaba enamorado?

La sola idea le pareció ridícula, ya había dicho que ellos no podían tener la misma vida que muchos de sus compañeros que tenían pareja o noviazgos, no podían porque ellos estaban relacionados con un problema muy grande llamado Voldemort, aunque tuvo que reconocer que él mismo vivió uno de esos momentos con Cho, lo cual no resultó bien, pero ¿Malfoy? no, no había posibilidad ¿quién sería de todas formas? ¿Parkinson?

Al creer que llevaba demasiado tiempo con la vista puesta en el otro, miró el suelo, topándose con que la flor que el Slytherin vomitó estaba rozando su pie y no había desaparecido. Se agachó y la recogió dejando la botella de whisky en el piso, fijándose a su vez, en el libro que tanta curiosidad le causaba.

''Hanakotoba: el lenguaje de las flores.''

Sin saber bien con qué se encontraría, se decidió en tomarlo y empezó a ojear las páginas, deteniéndose en varias hojas al azar.

« Begonia: Cordialidad y amabilidad
Belladona: Sinceridad.
Betonica: Sorpresa
Boca de Dragón: Presunción. »

Era un libro bastante grueso, sin embargo los párrafos no eran extensos en absoluto, o al menos no todos. Diría que eran las imágenes las que ocupaban más espacio en el texto.

« Camelia: La camelia significa: "te querré siempre"
Camelia Blanca: Inocencia, Amor puro.
Camelia Roja: Admiración
Camelia Rosa: Anhelo».

Cada una de las flores venía con la imagen respectiva, por ello se detuvo en una que era semejante a la que en ese momento sostenía.

«Dondiego: Esperanzas perdidas.»

Harry parpadeó y miró fijamente el capullo en sus manos; sí, era el mismo.

Fue suerte que entre cientos y cientos de plantas, haya podido hallarla, se preguntó si después de todo no habría ingerido un poco de Felix Felicis por error.

Recordó otra flor que había visto toser a Malfoy y empezó a buscarla en el libro.

«Hortensia: La hortensia simboliza las emociones sentidas. Se puede utilizar para expresar gratitud por haber sido comprendido. En su sentido negativo las hortensias simbolizan la frigidez y la falta de corazón.»

Intentó hacer memoria para recordar unas flores pequeñas de color amarillo similares a un diente de león, sin embargo, no conocía su nombre, quiso buscar, pero se dio cuenta que entre tantos ejemplares se demoraría en encontrarla, y dudaba que le sucediera lo mismo que con el Dondiego, aquello había sido bastante oportuno para que se vuelva a repetir.

Desistió y se concentró en los significados que leyó, sintiéndose repentinamente cohibido, como si de alguna forma estuviese leyendo el diario personal de alguien en lugar de un libro que puede estar al alcance de cualquiera.

El concepto de la flor Dondiego no era nada alentador, ''esperanzas perdidas'' era una frase corta que dejaba mucho que desear, y siendo realistas interpretaba bastante bien el comportamiento que últimamente manejaba el rubio.

De soslayo miró al susodicho, si se lo preguntaban sí lucía como alguien que había perdido las esperanzas ¿Por qué? solo hacía falta observarlo por unos minutos para obtener la respuesta, o más bien para hacer una comparación entre el Malfoy odioso y molesto de hace dos años, y la piedra estoica que era actualmente, es más, las hortensias precisamente hablaban de la frigidez y falta de corazón, tal como se atrevería, no él, sino cualquiera, a describir a este Malfoy.

Harry suspiró y cerró el libro sintiéndose diez veces más intrigado que antes. Estuvo a punto de dejarlo donde estaba y dar por finalizada aquella noche tan apabullante, pero antes se le ocurrió buscar un último significado.

El libro estaba escrito por orden alfabético, así que tan solo tuvo que viajar directamente a la sección con la letra ''R''.

«Rosa

Las rosas son una de las flores con más significados. Son el símbolo del amor, de la dulzura, de la amistad, de la pureza... Sin embargo, los diferentes colores expresan un concepto muy concreto.

Rosa roja

Si hay algo que refleje el sentimiento de amor, es la rosa roja. Las rosas rojas son el símbolo por excelencia del amor, de los enamorados, de la pasión, del fuego...

El significado de las rosas rojas es amor y respeto. Es una flor majestuosa, muy importante, que evoca un sentimiento romántico, pensamientos de pasión, trasmite el significado del amor, una excitación romántica de amor.

El símbolo del amor y de la pasión es el que predomina en las rosas rojas, pero también se puede entender como un sentimiento de respeto.

* Añadiendo a las rosas rojas, rosas blancas en el mismo ramo, el mensaje es aún más claro: se hace una invitación a un amor car...»

Harry paró su lectura y apartó sus ojos del libro para observar a Malfoy.

Él... ¿enamorado?—se dijo Harry internamente, sin poder evitar la sensación de surrealismo que lo abordó, pues, la última cosa que podía imaginar en Malfoy era un amor romántico, tanto por el entorno que lo rodeaba como por tratarse justamente de él, la piedra estoica que respiraba y comía solo por costumbre. Aunque, según lo que había leído, puede tratarse también de respeto, pero...

¿Por quién?

Estuvo un buen tiempo de pie observando la imagen de la rosa y después a Malfoy, recordando el día en el que, parado bajo el árbol, él sostuvo esa flor, y ahora que sabía su significado se sentía...extraño.

Sin duda era insólito ¿En eso consistía la enfermedad? ¿Toser y vomitar flores con su respectivo significado? algo realmente extraño, pero también extraordinario, una enfermedad como aquella gritaba magia por todos lados. Pero no necesariamente tenía que tratarse de eso, quizá las flores solo surgían de Malfoy sin ninguna razón aparente, pero en ese caso ¿Por qué coincidían con su estado cuando las tosía? ¿O era él quien estaba viendo una concordancia donde no la había?

Pero si no fuera así ¿Qué hacía Malfoy con el libro?

Ya no pudo evitar que las circunstancias evidenciaran que estaba en lo correcto al pensar que todo aquello que Malfoy tosa o vomite, expresa un significado, y aun así, la duda persistía solo por una razón: Malfoy no podía estar enamorado.

Ya sin suficiente cabeza para seguir pensando en ello y decidiéndose por comentárselo a sus amigos, Harry dejó el libro junto al cuerpo del Slytherin y abandonó el almacén del sexto piso, llevándose la flor de Dondiego consigo.

...

— ¡Harry despierta! ¡llegaremos tarde!

Ron abrió de golpe sus cortinas mientras intentaba acomodarse la camisa del uniforme, profiriendo un grito de exasperación cuando se dio cuenta de que se había colocado mal los botones.

— ¿Mmm? ¿Qué?—murmuró Harry apenas abriendo los ojos.

—Diablos, compañero ¿dormiste anoche?—dijo al ver la cara de su amigo esa mañana.

—Yo...sí, eso creo ¿Por qué lo dices?—cuestionó restregándose los ojos con cansancio.

—Luces como mapache, parece que no has pegado un ojo en días ¿tuviste una pesadilla?—Ron se apartó para colocarse bien la camisa y agarrar la corbata sobre su cama, Harry apenas y podía verlo por la rendija que había dejado entre las cortinas.

—No, no es eso, solo estuve... pensando.

—Pues qué manera de pensar la tuya, pasaste toda la noche en vela y se nota que has dormido pocas horas. Hermione va a...—se calló de golpe.

Harry volvió a restregarse los ojos recordando en qué posición se encontraban sus compañeros, dándose cuenta que estarían molestos durante un buen tiempo. Se sentó al filo de su cama y se apresuró en vestirse, observando que Ron ya iba por los calcetines y que Dean y Seamus no estaban, no veía a Neville tampoco así que lo más seguro es que los tres ya estarían en el gran comedor desayunando.

Se había formado un incómodo silencio desde que Ron mencionó a Hermione, por lo que Harry habló: — ¿Seamus no te despertó?

— ¡No! Bueno, sí, y creo que volví a quedarme dormido ¡Pero debió haber insistido!

Harry bufó.

—Creo que también quiso despertarte a ti, pero debió ver tu cara de muerto y sintió pena.

Harry parpadeó ¿Tan mal estaba?

—Sí, compañero, tienes pinta de haber estado toda la noche luchando con el sauce boxeador—y cuando Harry estuvo a punto de preguntarle cómo es que sabía qué era lo que le inquietaba, Ron dijo:—Tu cara habla por ti, es muy fácil saber lo que piensas.

Harry no supo cómo tomar aquello y solo se apresuró a recoger sus útiles igual que Ron.

—Démonos prisa, con suerte alcanzamos a tomar unos panes y jugo de calabaza.

Los dos chicos salieron dejando únicamente el capullo de Dondiego que reposaba sobre las sábanas blancas de Harry, como único ocupante en la habitación.


En el otro lado del castillo, Draco empezaba a despertarse, y sin hacerlo del todo ya empezaba a sentir los indicios de una resaca.

—Merlín...—susurró con voz ronca, llevándose una mano a los ojos aun a pesar de que la habitación estaba oscura. Lo había despertado el bullicio del pasillo, donde varios estudiantes caminaban de un lado al otro hacia su siguiente clase, con sus voces y el sonido de sus pasos en todas partes.

—Aggh, joder—se quejó cuando intentó moverse para quedar sentado y toda la habitación dio vueltas de una manera absurda.

Terminó a gatas sobre el suelo e intentó ubicar su varita tanteando el piso, luego de unos minutos farfulló una maldición y se dio cuenta que el objeto yacía en su bolsillo.

Fit sonus—conjuró haciendo un movimiento similar al signo de pregunta con la varita. Al momento, una especie de barrera se extendió a su alrededor y el bullicio del exterior desapareció, su respiración era lo único que se escuchaba.

Se sentó en el suelo apoyando su espala en el sillón, tratando de recordar cómo es que había terminado en...

¿Dónde estaba?

Draco miró a su alrededor captando rápidamente que se hallaba en una especie de bodega, pero ¿Cómo había llegado allí?

Con un poco de esfuerzo levantó sus brazos y empezó a masajear sus sienes, tratando de hacer memoria de todo lo ocurrido el día anterior.

Recordaba despertar en la enfermería y salir hacía las mazmorras, después de tomar de su cajón el whisky de fuego (notó la botella medio vacía a su lado) iba a ir al séptimo piso para reparar el armario evanescente, pero se arrepintió por no tener quien vigilara al rededor y se encerró en ese almacén, luego...

Draco paró el masaje y abrió los ojos de golpe mirando hacia todas partes.

Homenum Revelio—dijo tratando de ver si había alguien más en la habitación.

¿Lo habría imaginado?

Las palabras de Potter diciéndole que no debería beber en su condición resonaban vívidas en su cabeza, pero se negaba a creer que había estado allí, con él, simplemente no podía ser.

Con la tensión en su cuerpo su resaca empeoró y le hizo sentir como si un unicornio le estuviese pinchando la cabeza con su cuerno. Necesitaba una poción antiresaca, ahora.

Por un instante se planteó utilizar un accio pero Snape no era tan estúpido para dejar sus pociones sin protección, además, se rompería en el camino.

Con desgana se puso de pie y quitó el hechizo que impedía que los sonidos entraran, cuando lo hizo, no hubo ruidos estridentes por lo que entendió que los estudiantes ya habían ingresado a clases y tenía vía libre para ir hacia las mazmorras...

O intentar hacerlo.


Severus Snape había deseado por bastante tiempo el puesto de profesor de defensa contra las artes oscuras porque, a más de ser el área en el que mejor se desempeña, podría realizar hechizos contra los estudiantes, únicamente supervisando que ninguno saliera extremamente herido.

— ¡Despierte de una vez, Potter!

Pero también sabía, que con la ira que sobrellevaba en ese momento, lo mejor era no intentar hechizar a ningún estudiante, ni siquiera si este había sobrevivido a una maldición asesina.

— ¿Eh? ¿Qué?—dijo Harry parpadeando repetitivas veces y dándose cuenta de su entorno.

—Cincuenta puntos menos para Gryffindor—anunció con la boca torcida y escuchando la protesta colectiva de los miembros de esa casa-Agradézcanselo a Potter.

El mencionado en cuestión no tenía idea de cómo había terminado en la clase de DCAO si hace pocos segundos estaba con Malfoy bebiendo whisky de fuego en el almacén y el rubio a punto de contarle quién era el causante de su enfermedad justo antes de que Snape lo despertara.

—Si tan extenuante le resulta mi clase, lo mejor será que salga.

Harry con gusto habría salido, sin embargo, ya perdió la cuenta de cuántas clases de DCAO eran las que había sido expulsado—No es necesario, profesor.

Los dos se mantuvieron la mirada por un corto instante en el que los estudiantes miraban de hito en hito a cada uno.

—Muy bien. Potter, pase al frente.

El muchacho maldijo por lo bajo y se abrió paso entre sus compañeros hasta estar cara a cara con el hombre de cabello grasiento.

—Dígame Potter, ¿Qué sucede cuando se utiliza el embrujo ebublio en conjunto con el aqua eructo?

La mano de Hermione fue la más rápida y única en alzarse. En cambio Harry no sabía la respuesta.

—Diez puntos menos para Gryffindor—dijo el profesor ignorando a Hermione y las quejas de los estudiantes—Silencio—exclamó y continuó— ¿Qué sucede si alguien le arroja un Ossio Dispersimus?

Una vez más, silencio.

—Diez puntos menos para Gryffindor—repitió ignorando completamente la insistencia con la que Hermione movía su mano en el aire— ¿Cómo desharía un Fulgari?

Harry no tenía idea de qué efecto producía ese hechizo, pero se le ocurrió decir—Finite incatatem-detrás suyo pudo escuchar el ruido seco de una palma golpeando una frente y a su amiga decir «Tonto».

Veinte puntos menos para Gryffindor-Harry se estaba hartando y sus compañeros parecían haberse resignado a terminar sin un solo rubí en su reloj—Ahora, ¿Cómo desharía un atabraquium?

Por fin, Harry tuvo la seguridad de responder—Con un emancipare.

Snape sonrió maliciosamente y de repente apuntó hacía Harry y dijo—Atabraquium.

Toda la clase vio cómo el destello llegó hasta Harry y formó unas cuerdas alrededor de sus manos.

Emancipare es uno de los hechizos no verbales que hemos estado practicando, me imagino que sabrá soltarse.

Harry miró con odio al profesor y trató de concentrarse en el hechizo que lo desataría, ya una vez lo había logrado con la ayuda de Hermione y sus prácticas diarias, pero precisamente en ese momento no podía estar más cansado.

La campana que daba por finalizada la clase sonó y el maestro dio la vuelta hacia su escritorio-Veo que no. Veinte puntos menos para Gryffindor.

Los alumnos suspiraron y tomaron sus cosas mientras Ron y Hermione hicieron el amago de acercarse y, al verse mutuamente, los dos apartaron la vista y se alejaron por la puerta.

Dejando a Harry maniatado.

Tuvo la necesidad de soltar una palabrota, pero se contuvo y llamó la atención de Seamus.

—Este.. ¿Seamus?—el chico, un tanto fastidiado por los puntos perdidos, prestó atención—Emm ¿me desatas?

—Ah claro, emancipare—dijo como si apenas cayera en cuenta que Harry seguía con el hechizo.

—Gracias—murmuró viendo a Seamus salir por la puerta mientras se restregaba las muñecas. Por alguna razón toda la magia que producía Seamus dejaba un rastro de quemadura de algún tipo.

—Potter, agradecería que...

Justo en ese momento, cuando estuvo seguro que el profesor iba a echarlo, llegó Malfoy sosteniéndose de las paredes y murmurando maldiciones por lo bajo.

— ¿Qué...?—fue lo único que pudo articular el profesor.

Fue allí que Malfoy levantó la cabeza para hablar y se topó con unos ojos verdes que conocía a la perfección y que lo miraban fijamente.

El encuentro se sumó en un muy incómodo silencio.

— ¿Qué le trae por aquí, señor Malfoy?—se animó a gesticular el profesor claramente fastidiado, pues es probable que, por el estado del rubio Slytherin, ya haya adivinado el porqué de la visita.

—Estaba...

—Lo más seguro es que viene a pedirle poción antiresaca ¿Mucho whisky de fuego para ti, Malfoy?.

«Puta mierda» pensó Draco, arrepintiéndose de ir al aula de DCAO después de no encontrar al maestro en su oficina, pero es que el timbre ya había sonado, la mayoría ya estaba almorzando en el gran comedor, entonces ¿Por qué Potter seguía en el aula parado como un idiota? ¿Era su método infalible para entrometerse en todo?

— ¿Cómo?—cuestionó Snape al Gryffindor, entrecerrando los ojos con sospecha.

Harry, en su manera de hacer o decir cosas y pensar después, se dio cuenta que, si contaba lo que pasó ayer, tendría que admitir que estuvo siguiendo a Malfoy y que, después de todo, él también violó el toque de queda, lo cual le ocasionaría suficientes problemas que no quería, ni necesitaba, tener—Quiero decir, mírelo, está claro que estuvo bebiendo.

Si Draco tuvo sospechas de si realmente Potter había estado con él en el almacén, las confirmó al observar el intento inútil del Gryffindor por mentirle a Snape, ¿se podía ser más obvio?
Solo pensando aquello volvió con más fuerza la molestia que sentía en su cabeza y empezó a sentirse verdaderamente enfermo.

—Creo que está bastante claro, Potter, que eso no es, en absoluto, de su incumbencia. Diez puntos menos para Gryffindor por ser un estudiante entrometido.

Harry estaba seguro que el reloj de su casa quedaría debiendo rubís.

—Y si ya terminó de satisfacer su curiosidad, retírese del aula—Snape vio cómo con una actitud por demás desagradable, el hijo de Lily recogía sus cosas y salía empujando a Draco bruscamente con el hombro provocando que perdiera ligeramente el equilibrio.

—Diez puntos menos para Gryffindor—repitió lo suficientemente alto para que Potter lo escuchara y alcanzó a oír un bufido antes de que los pasos se perdieran a lo lejos. Cuando supo que estaban solos, se acercó violentamente a Draco y lo tomo con fuerza del brazo—Se puede saber ¿Qué es lo que intentas hacer?

Ese fue el momento en el que su característica condición escogió para hacerlo toser pétalos de almendro*.

Snape arrugó la nariz—En verdad apestas a Whisky de fuego ¿Cómo es que Potter sabía eso?

—Me...cof, cof...me siguió—dijo limpiándose la boca.

— ¡¿Permitiste que te siguiera?!

— ¡No sabía que estaba ahí! ¡Tiene una maldita capa de invisibilidad!

Gruñendo como un troll, el jefe de casa de Slytherin lo arrastró por el pasillo en dirección a las mazmorras, haciendo resonar cada uno de sus pasos e ignorando de forma olímpica las quejas de Draco.


— ¡Harry! Creí que no venías, perdón por...

—No importa, Hermione. Seamus me desató.

La chica asintió y miró sus muñecas notando cierta irritación en la piel, lo apuntó con su varita y murmuró algo para sanarlo.

—Gracias—dijo y tomó el tazón de ensalada al mismo tiempo que escuchaba a Lavender haciendo el avioncito para alimentar a Ron, de reojo miró a Hermione quien apretó los labios y aventuró a iniciar una conversación.

— ¿Y por qué tardaste tanto, Harry? Seamus estuvo aquí poco después que yo.

—Malfoy llegó para pedirle poción antiresaca a Snape—explicó sin estar seguro de si contarle todo, incluido el hecho de haber estado investigando a Malfoy, lo más probable es que su amiga piense que sigue empeñado en demostrar que el Slytherin es un mortífago.

Hermione abrió los ojos, sorprendida—¡¿Qué?! Pero...—se dio cuenta que algunos de sus compañeros la voltearon a ver, por lo que se inclinó hacía Harry y exclamó en voz baja:—¡Eso amerita una sanción!

—Sí, lo sé. Pero dudo que Snape se la dé.

— ¡Tenemos que decírselo a McGonagall! De por si Snape nos quitó una cantidad absurda de puntos por nada y aparece Malfoy ebrio y no recibe ni un castigo ¡No es justo!

—Shh, baja la voz—reprochó Harry sonriéndole torpemente a Ginny que los miraba extrañada—No creo que lo mejor sea hablar con McGonagall porque...bueno, yo estuve con él—la cara de sorpresa de Hermione fue bastante cómica, pero intentó mantener la conversación—Lo encontré en el almacén del sexto piso, se encerró para acabarse una botella de Whisky de fuego, pero se la quité cuando empezó a toser y me vio.

La chica parpadeó— ¿Malfoy ya estaba ebrio cuando lo encontraste?

Harry se removió incómodo—No, quiero decir, lo seguí y tomó un par de tragos, pero empezó a toser y le dije que no debería tomar en su condición y se sorprendió y creo que se bebió media botella de golpe y...

—Espera—Hermione lo miró incrédula— ¿lo estabas espiando?—Harry se sonrojó— ¿En serio, Harry?

—No puedes negar que ha estado actuando extraño—su amiga rodó los ojos y levantó las manos como si no quisiese saber nada más, pero estaba claro que había más—y...—continuó acercándose lo más que pudo a su compañera de casa—Hay algo más que debo decirte. Nos vemos después de clase en la biblioteca.

Aun con la curiosidad atravesada en sus ojos y las preguntas en la lengua, Hermione asintió y prefirió no decir nada. Harry agradeció el gesto porque estaba punto de acabarse la hora de comer y casi no había probado bocado.

Lejos de allí, en las mazmorras, Draco Malfoy bebía una poción de tonalidad verdosa y Snape sacaba varios pergaminos viejos de su escritorio.


Notas de la autora:

*Almendro: indiscreción.

Hola, espero no haber tardado mucho.

Empezaré diciendo que varios de los hechizos que dijo Snape los saqué de Harry Potter Wiki y algunos pertenecen al videojuego.

Y bueno, que les haya gustado, el próximo capítulo vendrá con una sorpresa/regalo(?

¡Gracias por leer!