XV. La tortura del amor
Poco a poco Draco iba sintiendo los síntomas de la resaca desaparecer de su cuerpo, el piso y las paredes habían dejado de tambalear y las cosas parecían por fin permanecer en un solo lugar.
—Espero y sea la última vez que vengas a pedirme poción anti-resaca, Draco—reprochó Snape todavía dándole las espaldas mientras parecía murmurar algún hechizo apuntando a la cómoda donde lo había visto guardar varios libros.
Draco solo chasqueó la lengua y dejó el recipiente sobre el escritorio, aún tenía el sabor amargo de la poción picándole la lengua, pero prefería eso antes que volver a sentir que su cabeza se movía cual gelatina.
—Supongo que la compañía de Potter fue advertencia suficiente para que deje de ser tan insensato.
La mención de aquel nombre tensó gran parte de su cuerpo, trayendo a su memoria el momento exacto en el que la nada fluctuó para dar paso a la silueta del niño-que-sobrevivió.
—No es mi culpa que...
— ¿Que Potter sea tan entrometido?—interrumpió una vez que terminó con su hechizo y pudo abrir el segundo cajón del mueble sin que una maldición lo arrojara dos metros atrás.
—...que tenga una capa de invisibilidad ¿Están permitidas siquiera? ¿o es un beneficio más que le da el ser el favorito de Dumbledore?
Snape tuvo que admitir que alguna vez había cuestionado algo como aquello, pero la realidad era que lo que sea que él piense no tenía importancia una vez que Dumbledore tomaba la decisión.
— ¿No dirá nada? ¿Es que no le importa que ''el niño dorado'' pueda entrar a los vestidores de chicas después del Quidditch? Y no diga que "San Potter" no se atrevería a algo así—advirtió aun cuando él mismo sabía que el susodicho no era capaz.
—Sabes que hay hechizos para eso.
— ¿Y si lleva a una chica a un aula en desuso y ambos traen puesta la bendita capa?
— ¡Ya basta! No tengo por qué hablar contigo de lo que sea que haga Potter con su capa, sí estamos aquí, es porque él sabe que estuviste bebiendo alcohol dentro del colegio y eso va contra las reglas ¿Qué harás si decide contárselo al director?—señaló Snape sentándose frente a su estudiante, trayendo consigo una considerable cantidad de pergaminos viejos.
—Tengo entendido que el director casi no pasa en el colegio y es McGonagall quien queda a cargo, si es así Potter no dirá nada, él sabe que también sufrirá un castigo por andar por los pasillos a altas horas de la noche—dijo restándole importancia, la verdad no creía que Potter fuera tan idiota para decir algo, pero de todas formas, si lo hacía, no podrían echarlo de Hogwarts, lo más grave sería una sanción de quién sabe cuántos días, tiempo que podía aprovechar solucionando el cómo arreglar el Armario Evanescente en lugar de asistir a estúpidas clases que no hacían más que quitarle tiempo.
—Esperemos que así sea.
Ambos se sumieron en un profundo silencio mientras Snape trataba de acomodar los pergaminos en un orden que solo él comprendía, y cuando Draco estuvo a punto de preguntar si ya podía retirarse, el profesor volvió a hablar:
—Tengo más información—fueron sus únicas palabras, suficientemente escuetas y concisas para dejar a Draco sin habla durante un momento, tratando de procesar lo que eso significaba.
— ¿Quiere decir...?
—Contacté con magos japoneses—empezó—dado el origen del nombre de la enfermedad, y que el Hanakotoba también está relacionado, es lógico pensar que hallaría más información si acudía a ellos, además, es conocido por todos que Japón posee su historia mágica muy bien documentada.
Draco miró con atención los pergaminos sobre el escritorio y empezó a preguntarse qué encontraría escrito en ellos— ¿Por qué no lo había hecho antes?
Snape pareció molestarse un poco con la pregunta—Ya lo había pensado. Cuando salí de Hogwarts y pude dominar un hechizo de traducción, me planteé la idea de investigar más sobre el Hanahaki pero durante ese tiempo yo...tuve otras prioridades, por lo que ya no era algo relevante para mí; hace tiempo había pasado y no había dejado secuelas, era inútil tratar de saber más, sin embargo, ahora que tú has desarrollado la enfermedad completa, es una situación más severa.
Draco escuchó atento y se imaginó todo el proceso que debió haber sido realizar dicho hechizo y después mandarlo a la oficina internacional de correo mágico. Snape tenía razón ¿para qué tomarse la molestia si lo que sea que hayas tenido no te afectó gravemente? Todo era cuestión de dejarlo en el olvido. Desearía que en su caso pudiera hacer lo mismo.
El profesor continuó—Lo mandé el primer día que visitaste la enfermería, básicamente escribí una carta dirigida a un autor poco conocido que tiene libros acerca de la magia empleada en el extremo oriente—Draco pudo ver, en la esquina de la mesa, un ejemplar cuya pasta azul traía grandes cantidades de polvo encima—Es un libro que no se ha visto en años pero era el único que encontré que tenía la posibilidad de mandar correspondencia, aunque, debo decir, me sorprendió mucho obtener respuesta—y entonces abrió el primer pergamino.—A cambio de varios libros que hablan de magia europea y de ciertos ingredientes mágicos que son difíciles de conseguir en Japón, él me ofreció estos pergaminos, al parecer allá están más familiarizados con la enfermedad, eso debido a la gran cantidad de guerras y amoríos complejos durante las mismas.
El Slytherin tomó el manuscrito que le tendió Snape y empezó a leer todo lo que allí decía. Estaba claro que encima traía un hechizo de traducción, pues podía sentirlo cosquillar imperceptiblemente en sus dedos, y a más de eso algunas palabras oscilaban débilmente.
Fuera de eso, entendía todo, cada palabra iba registrándose en su cabeza y provocaba que su expresión cambiase a una más intranquila.
Ansioso, tomó el siguiente pergamino sin preocuparse por lo que diría Snape, quien ni se inmutó y evitó recriminar su falta de educación, en vez de eso, esperó viendo los ojos del chico agrandarse cada vez más y su respiración yendo en aumento cada que tomaba un nuevo manuscrito.
—No, esto...esto no me pasa—murmuró más para sí que para Snape, pues en su interior no quería creer que su vida se estaba complicando cada vez más de una manera incontrolable, como si no hubiera bastado con meter en su cabeza a cierta persona cuyo rayo en la frente representaba la marca de un imposible.
—Es tu enfermedad Draco, así es como el Hanahaki se presenta cuando está totalmente desarrollado—el muchacho se mantuvo inmóvil, con el último pergamino todavía extendido entre sus dos manos—Al principio se da a conocer de manera brusca, y es recurrente la expectoración y el vómito, pero, como puedes ver, en realidad se conforma por tres etapas: en la etapa inicial es común el vómito y la tos, puesto que la vitalidad de tus órganos da pie a eso, además, durante ese tiempo la semilla de una rosa es ubicada en uno de tus pulmones de manera en que pueda seguir creciendo con dirección a tu corazón, esta etapa termina una vez que hayas vomitado una rosa roja entera.
Draco, ante esa mención, rebajó un poco la velocidad a la que iban sus pensamientos y miró directamente a Snape, quien entendió al instante.
— ¿Cuándo?—preguntó.
—Fue...el árbol, antes de que me llevaran a la enfermería—explicó sin ahondar mucho en detalles, pues si especificaba que ocurrió mientras discutía con Potter, Snape ya podría plantearse una posibilidad que a él no le convenía que se plantee.
— ¿Qué hacías antes de que apareciera la rosa?
—Solo pensaba—respondió de inmediato—estaba pensando mucho y de repente me empezó a doler el pecho, recuerdo haber vomitado la rosa y después despertar en la enfermería.
— ¿Tienes alguna idea de en dónde puede estar?
Draco frunció el ceño—Debió haber desparecido, como el resto de flores.
Snape gruñó— Es un desperdicio, habría sido una herramienta útil.
— ¿Por qué?
—¿Acaso no leíste toda la información?—Draco admitió, que entre todo lo que aun intentaba procesar, pudo haber pasado por alto uno que otro detalle—Ésta rosa es distinta, te muestra el tiempo que queda para que tu cuerpo lleve la enfermedad a la siguiente etapa. Aunque...
Snape miró atentamente el comportamiento del rubio, fijándose también en su apariencia desmejorada, a esas alturas le parecía tonto que el chico siguiera insistiendo en que no amaba a nadie, por lo que prefirió ser directo y dejar ese tema por zanjado de una buena vez.
—Escucha Draco, te guste o no amas a alguien que no te corresponde—la reacción del susodicho fue tensarse abruptamente y apretar el cuero del sillón en el que se hallaba sentado—porque esta enfermedad no es un virus que simplemente se esparce, el Hanahaki es algo que se da solo en condiciones específicas y por ello es una enfermedad sumamente escaza. Entonces, necesito que comiences a tomarte esta situación en serio y me digas ¿Alguna vez esa persona llegó a tocar uno de los pétalos que tosiste?
Draco lo pensó durante bastante tiempo, tomando en cuenta el riesgo que estaba corriendo al responder esa pregunta, pero asintió—Sí.
''Está en Hogwarts'' pensó Snape pero no añadió nada y siguió—Cuando esa persona toca los pétalos o capullos, estos no desaparecen, lo mismo sucede con la rosa, necesita que la persona la toque para que perdure lo suficiente y nos indique cuánto falta para la siguiente etapa, es la única ventaja que nos otorga el Hanahaki para calcular el tiempo, de lo contrario, sólo desaparece como el resto de las flores.
Draco abrió los ojos, cayendo en cuenta que en realidad Potter sí tocó la flor, como prueba de eso tenía la imagen vívida de él sosteniendo la rosa en su dirección y el ritmo de su corazón acelerado al traer de vuelta ese recuerdo.
— ¿Draco?
— ¿Cómo calculo el tiempo que me queda si tengo la rosa?—preguntó apresurado, causando sospecha en el sujeto en frente suyo.
—Si los gráficos indican lo correcto, la flor se marchita y uno por uno los pétalos empiezan a caer, y al desprenderse el último es cuando empieza la próxima etapa.
El slytherin pensó en si alguien pudo haber tomado aquella flor de su lugar bajo el árbol, pero lo único que venía a su cabeza era la figura de Potter sosteniéndola.
Y eso, por supuesto, atrajo la tos, obligándolo a arrojar pétalos violáceos de eléboro por la habitación*.
Snape entrecerró los ojos, intuyendo la causa—Tocó la rosa—afirmó.
El Slytherin, luego de recuperarse, negó rotunamente con la cabeza y dijo:—No, si lo dice porque acabo de toser flores, usted no puede saber lo que significan a menos que sepa cuales son y lo lea en el Hanakotoba.
Snape torció el gesto recordando la flor invernal de eléboro, no por nada era maestro de pociones, y si bien era cierto que no tenía el Hanakotoba para saber el significado exacto, se hacía la idea, puesto que el eléboro en las pociones podía producir un efecto sorpresivo. Decidió dejarlo estar, después de todo, si alguien encontró la planta y optó por guardarla era muy poco probable que entienda su significado. Al parecer Draco no tenía idea del paradero de la rosa ¿Por qué ocultarlo de todas formas? Sin embargo, persistía una duda ¿Era posible que la persona especial de Draco tocara la rosa y ésta siguiese existiendo en manos de alguien más? Si es así, era trabajo de Draco encontrarla, porque estaban perdiendo una herramienta de vital importancia.
—Si es que acaso existe la flor tienes que encontrarla, Draco; después de cada rosa hay cierto tiempo en el que la enfermedad mengua y pareciera mejorar de no ser porque es allí cuando, de forma lenta, empieza a afectarte físicamente, es decir, en tus pulmones y es importante saber que tan rápido avanza.
El chico, después de tratar de pensar en la ubicación de la rosa, instintivamente llevó una mano a su pecho, recordando la sensación que tuvo después de su encuentro con Harper, como si algo se estuviese clavando en su pulmón, como si se tratara de una espina.
Snape miró su reacción y tomó un pergamino, leyendo y analizando—Cuando comienze la etapa avanzada dejarás de tener tantos ataques de tos, aunque durará más que la primera etapa y será más dolorosa porque producirá daños internos, pero, al igual que la primera fase, finalizará cuando vomites una rosa entera de pétalos rojos y negros, y hasta que inicie la última etapa, irá floreciendo la...rosa se podría decir—el hombre visualizó el gráfico y se obligó a añadir:—es complejo como funciona esto, porque realmente tendrías una rosa dentro de ti, una rosa ya totalmente desarrollada en la etapa final, donde te irá matando dificultándote el respirar e invadiendo todo tu sistema respiratorio con otras flores.
—Pero, ¿la operación?
—Se puede realizar—afirmó—pero al extirparte la rosa, junto con ella saldrán todas tus emociones, y me parece que el resto de flores llevarán consigo ciertos recuerdos, básicamente se trata de eliminar lo que podría interpretarse de manera literaria, como tu corazón.
El rubio se mantuvo callado, haciéndose consiente de todo su cuerpo, inclusive el pequeño dolor que sentía en el lado derecho de su pecho cuando respiraba profundamente, todo eso mientras observaba atento el último pergamino que cogió, repitiéndose un párrafo en su cabeza.
«...la última etapa es cuando menos está presenta la expulsión de flores, pero el Hanahaki afecta directamente al organismo, los pulmones, el corazón, y, por ende, es la más peligroso, se mantiene por más tiempo y obliga al cuerpo a reaccionar...»
— ¿A qué se refiero con obligar al cuerpo a reaccionar?—preguntó finalmente a no hallar ninguna explicación.
—Quiere decir que tu cerebro, tus sensaciones, todo estará pendiente de la persona causante de tu enfermedad. Estarás muriendo Draco, y en defensa tu cuerpo hará lo posible para acercarte a la única persona que te puede salvar, por ello tu magia intervendrá, incluso puede que empiece desde antes de la etapa final con acciones más sutiles, con cosas que normalmente no podrías notar o estar seguro.
Draco se horrorizo ante ese pensamiento, porque significaba que, sin tener la más mínima intención, su magia estaría actuando para acercarlo más a Potter...
—No—murmuró por lo bajo y Snape no lo escuchó.
—En la última etapa tu magia intervendrá de manera más brusca, pero no sé en qué forma. El mago comentó en los pergaminos que, en el caso de un emperador, para impresionar a su amada, logró convertir un objeto en un dragón de oro y con él voló hacia el pueblo de la mujer para poder verla, y así ella lo admirara más que sea un poco. Basándonos en esto podemos asumir que tu magia se incrementará.
Draco paró de tensar la mandíbula al encontrar interesante aquello, si era verdad, cuando sea el momento él podría...cumplir su misión; sería más fuerte que Dumbledore, podría deshacerse de él y salvar a sus padres del destino que le había prometido el señor tenebroso si fallaba.
Y finalmente, Draco se resguardó en un mutismo que duró un lapso, pensando, sintiendo cada palabra repercutir en él y en su vida ¿Etapas? No estaba tan mal, a eso se reducía la vida, la etapa en la que naces, en la que creces, en la que te reproduces y en la que mueres, una simple manera de resumir la existencia e inequívoca para muchos, pero ahora la suya contaba con tres etapas más.
Las etapas de la miseria.
La primera en la que todo inicia, la segunda en la que todo explota y la tercera en la que todo acaba— ¿Como es la tercera flor?—preguntó apoyando sus manos sobre sus rodillas, sintiéndolas temblar.
Severus miró a su ahijado sin saber qué pensar, considerando aplicar legeremancia en él para saber lo que pasaba en su cabeza—Tiene pétalos con el color que representa cada emoción que has vivido hasta entonces, y una vez que esa flor haya abandonado tu boca, empieza la cuenta regresiva de tu tiempo de vida, y debo decir que si en verdad pretendes la opción de la operación, es allí cuando se volverá más peligrosa, por lo que tu vida se reduce a un cincuenta por ciento de probabilidades de que salga bien, o un cincuenta de que no.
Casi quiso reír con lo último, ¿cincuenta, cincuenta? Sus probabilidades ya estaban reducidas a esas cifras incluso antes de la estúpida enfermedad, en realidad, quizá el Hanahaki estaba siendo más benevolente.
Por curiosidad, aunque sabía perfectamente que eso nunca pasaría, Draco preguntó— ¿Qué sucede si... en la tercera etapa, se da la otra solución?
— ¿Ser correspondido?—el otro asintió—Temo, que los que se han visto envueltos en esa solución, no han llegado hasta la tercera etapa.
Draco bajó la mirada sin preocuparse por esa respuesta, después de todo en su caso no se cumpliría ni antes ni después, así que daba exactamente lo mismo.
Y sin ser consiente, ignoró que los finos y veloces hilos del pesimismo iban arrastrando sus emociones a una fosa oscura.
Entendió perfectamente lo que significaba todo aquello; su vida, de ahora en adelante, dependía de la decisión de una sola persona.
Y lo único que hizo fue sonreír con ironía, porque a pesar de todo lo dicho, a pesar de todo lo que tendría que vivir de ahora en adelante, no sentía que había ocurrido ningún cambio.
En el lugar más recóndito empezaron a reunirse sus memorias, penas y tristezas, en una reunión donde se servía licor amargo.
Todo era lo mismo; la acción de respirar, su cerebro trabajando, el latir de su corazón...dependían de una persona.
Exactamente igual que antes. Irremediablemente igual que siempre.
Los hilos negros atravesaban las emociones y las juntaba en un abrazo oscuro, dejando en el medio un hermoso destello de luz, todo esto a petición de un líder que bebía de su copa.
Sin importarle las protestas de Snape, salió caminando presuroso, con dirección a ninguna parte, rumbo a ningún destino, porque eso es lo que le deparaba.
Amargura, pesar, dolor, odio, miedo, sufrimiento, juntos, el cóctel preferido del desamor.
No supo cuánto tiempo estuvo así ni si se topó con alguien conocido, pero al llegar al bosque dejó de ver a sus costados siluetas difuminadas de objetos y personas, y reconoció a su alrededor solo árboles y césped, observando también a pájaros y criaturas moverse en cámara lenta acompañados del incesante ruido de la estática.
Entonces, poco a poco todo volvía a tener sentido, y cuando empezó de nueva cuenta a ser consiente de sí mismo, golpeó con su puño el tronco de un árbol y gimoteó.
Y mientras todo sucedía, el resplandor del amor era humillado y torturado en el medio de esa oscuridad.*
/
En el cajón de Snape yacía un último pergamino cuya existencia había sido pasada por alto, sin embargo, un texto corto era lo único que tenía:
«La rosa, al estar conectada con la magia de la persona, se marchita según se vaya intensificando sus emociones, esto no tiene una duración exacta, varía dependiendo del individuo, solo este controlará qué tan rápido se deteriora, pero está claro que, a pesar de todo el esfuerzo, terminará haciéndolo, lo único que se debe procurar es tratar de no acelerar ese proceso.»
Mientras tanto, en una habitación del castillo, una rosa empezó a oxidarse con gran velocidad y la persona junto a ella, observó atenta hasta que el primer pétalo cayó.
Harry se balanceaba en su silla mirando una única palabra escrita en la esquina de una página del libro de pociones del príncipe mestizo, ésta estaba seguida de otras cinco que al principio habían sido tachadas:
«Hakotona X
Hokinati X
Hanikena X
Hakenaya X
Hanahatona X
(HANAHAKI) ¡»
Esta última sin duda había llamado su atención puesto que estaba encerrada y resaltada, y junto a ella no había más que una pequeña frase que, en cuanto la leyó, había impedido que pudiera asistir a la última clase del día, impulsándolo a correr directo hacía la biblioteca.
«Te hace toser pétalos de rosa.»
Harry era de las personas que iba a la biblioteca solamente por algún libro que necesitaba para una tarea, y aún así, quien mayormente encontraba el libro adecuado era Hermione, por lo que no tenía idea de en qué sección tendría que buscar para dar con aquello que tanto picaba su curiosidad ¿Por qué el príncipe mestizo sabía de la condición de Draco? ¿Era algo que él había inventado? Quizás él se hallaba aún en Hogwarts y arrojó el hechizo sobre Draco ¿Podía ser eso posible?
Había estado comiéndose la cabeza durante todo ese tiempo, pensando en qué relación puede tener Draco con el príncipe mestizo, y a pesar de su ansia por saber, le desesperaba leer tantas palabras y conceptos sin hallar nada que tuviera que ver con lo que él quería, solamente Hermione tenía paciencia para eso, ella por lo menos habría sabido por dónde empezar, pero dado que la chica era sumamente aplicada y prefería quedarse charlando con el profesor para aclarar sus dudas respecto a un conjuro en lugar de llegar justo después de que acabaran las clases, como se lo había pedido, tuvo que arreglárselas y empezar a buscar por sí mismo.
Y realmente, eso no estaba funcionando.
¿Cómo es que Hermione siempre lograba encontrar lo que buscaban? ¡En la biblioteca había como cien libros por tema!
Aparte, él no tenía idea de si lo que estaba buscando, existía más allá de su libro de pociones ¿Y si no había nada más que eso?
Quiso golpear su cabeza contra la mesa donde reposaban dos pilas de libros viejos cuya pasta era más polvo que otra cosa. Sintió el frasco de Felix Felicis removerse en su bolsillo y se preguntó si sería adecuado utilizar una gota para encontrar las respuestas que tanto anhelaba.
—Solo es una gota, durará lo suficiente para encontrar lo que estoy buscando y aun me quedarán más de 23 horas de suerte—pensó, pero no podía evitar pensar que esa sola gota le podría servir para algo más importante en el futuro.
Estuvo con esa idea rondándole en la cabeza unos minutos y finalmente se decidió cuando vio todos los libros sobre la mesa y se dio cuenta que ya había pasado una hora desde que terminaron las clases y Hermione aún no aparecía.
—Solo es una gota—se dijo y sacó el frasco de su bolsillo para observarlo fijamente y destaparlo, luego de eso inclinó el recipiente de cristal hasta que suavemente una gota se arrastró hasta el borde; Harry la tomó con un dedo y observó el líquido dorado antes de llevárselo a la boca y sentir en su lengua un atisbo de gusto extraño, pero no desagradable.
Poco a poco lo invadió una excitante sensación de infinito poderío y se sintió capaz de lograr cualquier cosa que se propusiera. Con una corazonada, se levantó de su lugar y camino por entre los estantes hasta parase frente a una sección de noticias de antigüedad, donde, junto a varios ejemplares viejos, se hallaba también un libro lleno de maltrechas y desgastadas versiones de un periódico, cuando Harry lo tomó, se desprendieron varios artículos que cayeron al suelo, Harry recogió solo aquellos que el Felix Felicis le indicó y dejó el resto llevando consigo el libro.
Cuando estuvo de vuelta en su mesa, rebuscó entre las páginas y la dejó justo en aquella que sabía que era la correcta, luego de eso, sintió como iba desapareciendo el corto efecto de la gota del Felix Felicis.
— ¡Harry!—escuchó que alguien lo llamaba pero se mantuvo estático mirando absorto el libro y las hojas.
— ¡Harry!
Esta vez reaccionó, mirando al dueño de la voz y divisando a su amiga de pie junto a la mesa, observando con una ceja enarcada todos los libros que estaban encima—Estabas ocupado—fue más una afirmación que una pregunta, deteniendo sus ojos en el frasco de Felix Felicis descuidado sobre la mesa.
Harry tomó el recipiente de cristal y lo guardó de vuelta en el bolsillo, esperando que Hermione no se diera cuenta que lo había ocupado—Sí, yo solo...encontré esto—y le tendió las hojas que contenían recortes de periódico, buscando distraerla.
Hermione miró intrigada a su amigo, pero tomó las hojas y se sentó en otra silla, empezando a leer en voz alta—''AmyChloe Blumer, hija tercera de una familia mágica amiga de la casa de Windsor, muere por causas desconocidas'' ¿Esto es...?
El chico no estaba seguro de lo que contenían esos artículos de hace un siglo, por lo que ignoró la pregunta y dijo— ¿Puedes leer esos artículos mientras yo leo el libro?
— ¿De dónde lo sacaste? ¿Qué tiene que ver esto con lo que querías decirme sobre Malfoy?—cuestionó Hermione, notando a su amigo removerse incómodo—Harry...¿usaste el Felix Felicis para esto?—y levantó los dos trozos de pergamino viejo.
Harry asintió derrotado y le acercó su libro de pociones, comentando en voz baja: —Mira—señaló las palabras tachadas y la corta frase—creo que tiene que ver con lo que le pasa a Malfoy.
Vio a su amiga apretar los labios con disgusto, ella ya le había dicho que no confiaba en el tal príncipe, pero de todas formas repitió lo que allí decía— ''Te hace toser pétalos de rosa''. ¿Es un hechizo? ¿Crees que estas personas—señaló los artículos—fueron hechizadas con...—revisó de nuevo la palabra—...Hanahaki?
—No lo sé, pero Felix me indicó que las tomara junto a este libro.
Por un momento la castaña pensó en reprocharle por usar algo tan importante para investigar sobre la condición de Malfoy, pero al ver a su amigo a los ojos y detallar el atisbo de ansiedad en ellos, asintió y a la vez procuró dejar para después el meditar en por qué últimamente su amigo se hallaba tan obsesionado por lo que hiciera el Slytherin.
Ambos empezaron su lectura en silencio, mientras Hermione trataba de entender el artículo, recordando lo poco que había leído sobre la monarquía británica y el mundo mágico en el pasado, Harry intentaba, por todos los medios, entender las notas que había en el libro, sin obtener resultado.
—No tiene sentido, son solo notas, y casi no se entienden.
Hermione, que ya había terminado de leer antes que Harry, tomó el libro y lo giró, buscando el título—Esto no es un libro, Harry, es un cuaderno de notas.
— ¿Por qué habría un cuaderno de notas en la biblioteca de Hogwarts?
—Porque contiene recortes de un periódico de...¡1800!
Harry no sabía lo que eso significaba, pero supuso que el ser tan antiguo le daba valor.
—Parece que le pertenecía a un periodista, por eso hay tantas notas, los recortes son de un periódico muggle y quien escribió todo esto pertenecía al mundo mágico, mira, aquí dice: ''La familia Blumer cenaba en el castillo cuando su hija AmyChloe murió, las autoridades se hicieron cargo de las personas no-magas presentes''.
—Sí pero no tiene nada que ver con lo que estamos buscando.
La chica pareció no prestarle atención y se concentró en leer la misma página que Harry.
— ¿Hermione?
Ella cambió de página y continúo leyendo lo que Harry había obviado al no encontrar relación con su búsqueda, después acercó los artículos y empezó a leerlos a la par, cambiando las páginas de las notas y alternando el primer artículo y el segundo.
Harry no estaba seguro de interrumpir a la chica y decirle que aquello no tenía sentido, principalmente porque podía ver en sus ojos el brillo del entendimiento que la caracterizaba cuando daba con una respuesta.
De pronto, ella empezó a hablar—El periodista investigó a AmyChloe Blumer, su historia dice que un mago mató a la familia del hombre de quien estaba enamorada y por eso él odiaba a muerte a los magos, básicamente la odiaba y su amor nunca podría ser.
El chico frunció el ceño sin entender— ¿Y eso qué tiene que ver con...?
—Cuando AmyChloe murió, no lo hizo de un paro cardiaco o algo parecido, lo hizo tosiendo una inmensa cantidad de flores, por eso las autoridades tuvieron que hacerse cargo de borrar la memoria de los no-magos presentes, además, cuando los medimagos se encargaron de revisar el cuerpo, dice que varias flores habían invadido su sistema respiratorio, lo que le causó la muerte.
Ambos se miraron en silencio y Hermione atrajo el libro de pociones de Harry para leerlo y decir—Ella tenía Hanahaki.
—Entonces ¿es un hechizo?
Hermione negó—En el otro caso el periodista trabajó con la persona que padecía Hanahaki, él mismo lo había llamado para hacer público en el mundo mágico de su ''poder'' de producir flores de su propio cuerpo, sin embargo, allí dice que la enfermedad fue empeorando hasta volverse letal.
— ¿Enfermedad? ¿Es una enfermedad?
—No estoy segura pero así la describe, además de que dice saber cuál es la causa...
El Gryffindor parpadeó sin entender por qué su amiga simplemente no lo decía— ¿Cuál?
Con algo de incomodidad, reveló—Un amor imposible.
Harry abrió los ojos impresionado y se apoyó contra el respaldar de la silla, sin poder creer lo que su amiga le había dicho, o más bien, sin querer entender lo que eso significaba.
Ya era la segunda vez que por su mente pasaba que Draco Malfoy podría estar enamorado, sin embargo, creer que algo así fuera la causa de su enfermedad era algo mucho más impresionante, sobre todo porque aquello no era común ni en el mundo mágico. Imaginar a Draco Malfoy enamorado debía de ser una de las cosas más surrealistas que Harry había intentado en la vida.
Sin embargo, había algo que no estaba tan claro...
— ¿Imposible?—preguntó sorprendido.
Vio a su amiga morderse el labio luciendo ¿Culpable? Y mirar un punto lejano mientras volvía a hablar—El otro artículo habla de Bennet Camiat, era un hombre Francés que...se enamoró de otro hombre.
Al principio no entendió por qué su amiga parecía haber pronunciado aquello con mucho tacto, pero después la idea arremetió sobre él— ¡¿No creerás que Malfoy...?!—gritó, agradeciendo que ya era relativamente tarde y nadie lo escuchó, ni siquiera la bibliotecaria se acercó a reclamar.
—Tendría sentido, su familia es conservadora, y los sangre pura siempre necesitan un heredero, Malfoy es hijo único y sería una deshonra terrible si fuera...bueno—la chica se aclaró la garganta—entonces, sí ese fuera el caso, de quien sea que esté enamorado vendría catalogándose como imposible.
—No, debe de ser otra cosa—objetó Harry— ¿Por qué sería tan drástico que Bennet se haya enamorado de otro hombre?
—Era 1910, Harry, si de por si ser homosexual en estos tiempos sigue siendo mal visto, imagina en ese entonces.
—En ese caso ¿cómo es posible que solo se reportaran dos casos? No creo que durante toda esa época él haya sido el único hombre que se enamoró de otro hombre y por ello padeció Hanahaki, si se tratara de eso habría cientos de noticias sobre la enfermedad. Es imposible que tan pocas personas hayan tenido un amor que no podía ser.
—No solo es eso, Harry, ¿Y si ser sangre pura también tiene algo que ver? AmyChloe venía de una familia real sangre pura, de Bennet no estoy segura, pero pudo ser el caso, si es así eso explica porque no se reportaron muchos casos.
El chico dudó—Aun así...
—Y existe una gran distancia entre un amor efímero y un amor real, y puedo decir que no muchos tienen la dicha de amar de ese modo y que su amor se concrete.
— ¿Quieres decir que en 100 años nadie ha vuelto a amar así?—''hasta Malfoy'' pensó, pero lo turbio de la idea impidió que salieran las palabras.
—O no a hacerlo público.
La conversación pareció haber terminado allí, a Harry no se le ocurría qué más decir, pero su amiga arremetió con un poco más de información.
—También tiene que ver el tiempo.
— ¿A qué te refieres?
—Que la razón por la que no muchos tengan Hanahaki es por el tiempo que llevan amando una persona, no es cuestión de meses, ni siquiera de un año, es más, porque en el caso de AmyChloe fue desde que era niña, y el de Bennet perduró por doce años desde que conoció al hombre en una exposición de arte.
Sin saber por qué, Harry llevó su mano a su cicatriz y la recorrió pensando en lo inesperado de todo aquello.
—Y... ¿Qué es lo que querías decirme, Harry?—preguntó la castaña, considerando que cambiar de tema les vendría bien a ambos.
Casi rió de lo absurdo que resultaba la pregunta después de todo lo que juntos habían descubierto—Que Draco Malfoy está enamorado.
La chica quiso saber más sobre cómo había llegado a esa conclusión, pero sintió que en lugar de eso, debía hacer algo por convencer a su amigo de apartarse de Malfoy y olvidar todo el asunto de los mortífagos y las flores, si le preguntaban la razón, ella diría que un fuerte presentimiento, ese que le advertía antes de meterse en problemas, le estaba gritando que alejará a Harry de esa situación porque terminaría afectándolo más de lo que esperaba.
—Harry—su amigo la miró—no quiero que te enfades, pero...esto no tiene nada que ver contigo, deberías dejarlo estar, el profesor Snape y la señora Pomfrey se harán cargo y...
—Hermione—interrumpió— ¿Tú de quién crees que esté enamorado Malfoy?
La castaña, entendiendo lo que pasaba por la mente del moreno, señaló—No tengo idea, y de todas formas eso no cambiaría nada respecto al lugar al que pertenece Malfoy. Él no está de nuestro lado Harry—enfatizó—no cree lo mismo que nosotros, no puedes hacer nada por él.
Dicho eso Hermione miró unos instantes a su compañero antes de tomar sus cosas y salir de la biblioteca, dejando a Harry como único inquilino del lugar, pues parecía que incluso Madame Pince se había retirado a dormir.
Solamente quedó él y sus pensamientos, sintiéndose aún avergonzado porque Hermione descubriera que una parte de él quería ayudar a Malfoy, sin embargo, él mismo no podía entender por qué.
Quizá la idea de que esté enamorado lo empujó a ver un lado más humano en Malfoy, y eso aumentando a que de verdad el Slytherin estaba sufriendo con toda esa situación...; al principió creyó que la enfermedad era algo pasajero, que era un mínimo castigo para sus actitudes de brabucón, pero al escuchar los dos casos donde personas que padecían Hanahaki no lograron salir con vida, solo podía pensar en si realmente Draco merecía aquello.
Una enfermedad mágica letal, no era la primera vez que escuchaba de alguna, también estaba la viruela de Dragon, pero ambos síntomas no tenían nada en común, mucho menos la causa:
Un amor imposible.
Malfoy también podía amar, incluso más intensamente de lo que él alguna vez pudo con Cho, y pensar en ello le traía una incomodidad en el cuerpo que no lograba descifrar ¿envidia? ¿pena? Lo que sea que fuere le hacía ver al rubio desde otra perspectiva, una en la cual este llegaba a ser más víctima que verdugo, y eso, a su pesar, le provocaba malestar.
Sentado junto a la ventana que mostraba el anochecer en el exterior, Harry no pudo evitar pensar en cómo sería Malfoy enamorado, qué clase de faceta mostraría, y si alguien más que la persona dueña de sus sentimientos pudiera verla.
Y por otra parte también llegó a imaginar lo que sentiría esa persona cuando le dijeran que, Draco Malfoy, el príncipe de los Slytherins e hijo de Lucius Malfoy, estaba enamorado de él/ella (porque seguía sin aceptar la teoría de Hermione) ¿Cómo lo tomaría? ¿Algo bueno? ¿Malo? ¿Lo mejor de su vida? ¿La peor de sus pesadillas?
Él no tenía idea, en todo su tiempo en Hogwarts el único Malfoy que había conocido era el pedante y odioso Slytherin, y no creía que nadie se pusiera alegre si éste se declarara, al menos, nadie que conocía.
Aquella noche era luna llena y Harry admiraba su blancura desde su lugar mientras su mente desvariaba, preguntándose cómo reaccionaría si estuviese en el lugar de Malfoy y fuese él quien se viese obligado a toser flores que le recuerden a cada instante que no podía o debía, amar a la persona que él tanto añoraba.
Quién sabe cuánto tiempo pasó con esa imagen en mente, y quién sabe qué fue lo que le afectó después para quedarse estancado en el recuerdo de la mirada triste que veía en los ojos grises de Draco Malfoy, cuyo motivo nunca esperó, fuera a causa de la tortura del amor.
Notas de la autora:
*Eléboro: exaltación, escándalo.
* Sí alguien se pregunta de dónde salió aquello, debo decir que era un poema corto que escribí alguna vez, se llamaba "La tortura del amor" y pues era algo así como una reunión elegante donde los malos sentimientos se juntaban a ver como el amor era torturado...extraño, lo sé.
Sin embargo pensé que esos versos quedarían bien con esa parte de la historia, y la verdad, no me arrepiento, aunque puede que haya sido confuso, no lo sé.
Más vale tarde que nunca, dicen por ahí.
De acuerdo, sí que me he tardado y me avergüenzo de mi misma por ello, es decir, no sucede nada que me impida escribir (o nada muy grave) parece ser que solo es falta de costumbre, o de inspiración.
Ahora que volví ni siquiera sé si he escrito bien este capítulo, siento que metí un montón de información y no lo hice de manera que encajara con el ''la esencia'' de este fic, aún así de verdad traté que todo tuviera sentido /3
"Y sobre la sorpresa que mencioné el capítulo anterior, básicamente hablaba de esto, mi propia versión de Hanahaki desease, con las tres rosas, además claro, que estaré haciendo imágenes sobre esto como una especie de ''manual'' que explica cada etapa de la enfermedad.
Aunque con el tiempo que ha pasado, pareciera que la sorpresa en realidad es que haya actualizado xD
Sí a alguien le interesa ver las imágenes puede entrar a mi wattpad o buscarme en twitter, en ambas estoy como: IssueRBK.
Dicho eso...
¡Gracias por leer!
