XVI. Slytherin

» El tiempo escurre como agua entre los dedos y los días solo son una aglomeración del mismo, uno no creería que eso verdaderamente afecta las decisiones o los temas que en algún momento encontraste muy importantes, pero influye, tal vez demasiado.

El clima helado característico del invierno también pareció enfriar la conversación pendiente entre Harry y Hermione, incluso pudo haberla congelado ya que en las pocas veces que han vuelto a verse no se había mencionado nada respecto a Malfoy, sin embargo, existían dos razones individuales por las que ninguno de ellos volvió a sacar el tema a colación.

La primera tenía que ver con Hermione, la chica, al igual que siempre, se hallaba enfrascada en un montón de tareas y metida en centenares de libros que la ayudarían a cursar aquel año con las mejores calificaciones...de nuevo. No obstante, hay que decir que ese no era todo el asunto, porque no es de olvidar que en años anteriores, aún con la misma metodología, ella pudo hacerse cargo de los problemas de sus dos amigos, ayudar a solucionarlos e incluso inmiscuirse en ellos. Pero ahora era distinto porque aparecía una nueva problemática con la que no sabía cómo lidiar ¡Había cambiado de rol por completo! Draco Malfoy pasó de ser el rival de Harry, a ser la preocupación de Harry, y no precisamente en un sentido hostil, sino más bien en un sentido altruista, como el propio Harry.

Y Hermione se sentía estar entre la espada y la pared, por un lado, estaban las fechorías que Malfoy y su grupo se habían encargado de hacerle a los de su casa, todas las amarguras que les había tocado vivir por culpa suya. Solo bastaba con recordar aquella vez en la que el rubio se burló de la condena de muerte de Buckbeak para que le volvieran a surgir las ganas de pegarle por ser un odioso insensible y el culpable de todo.

Pero...

En el otro lado de sus motivos a considerar, estaba Harry, el mismo Harry que recibió un golpe en la nariz de parte de Malfoy, llenando su ropa de sangre, su sangre.

Hermione no era tonta, le bastó ver cómo se encontraba Harry, el enojo que no se iba de su rostro y en la mesa de enfrente mirar a Draco Malfoy pavoneándose frente a sus compañeros de casa mientras se señalaba la nariz repetidas veces, para entender lo que había pasado, por eso ni siquiera se molestó en preguntar después, aun cuando sabía que Ron seguramente ya...no importa.

Ella sabía que su compañero no era alguien rencoroso, pero le parecía casi absurdo que pasara de odiar al príncipe de las serpientes a querer ayudarlo, es decir ¿Cuándo cambio de parecer tan radicalmente? ¿Qué fue lo que lo ocasionó?

Y tenía la respuesta: Hanahaki desease.

Mientras la chica se preparaba para un día más de esfuerzo y aprendizaje, no dejaba de pensar en la enfermedad que, junto a su amigo, habían descubierto que atormentaba a Malfoy, provocándole la expectoración de distintas flores, o incluso vomitando algunas, pero ese no era el problema, en absoluto, lo impresionante, tanto para ella como para Harry, fue descubrir el motivo de la enfermedad.

''Un amor imposible''.

En realidad, aquello solo era una suposición a la que había llegado por lo que leyó en los artículos, y no podía decir con certeza que estaba segura, pero eso no quitaba que la probabilidad sea bastante alta.

¿Quién diría que Draco Malfoy era capaz de amar a ese nivel?

Sin duda, era algo que nunca jamás, esperó que pasara.

Y aún menos cuando aquel detalle ablandó de tal manera a Harry, que pareció haber olvidado todas las anteriores disputas con el Slytherin.

¡Cómo si nunca hubiera existido el idiota pedante que a cada oportunidad trataba de hacerle la vida imposible!

No, eso no era todo, tenía que ser justa consigo misma y admitir que lo que más la incomodaba a la hora de hablar con Harry, era esa inquietud que le surgía cuando se trataba de Malfoy, porque ella sentía que, aunque sonara absurdo, de alguna forma el príncipe de las serpientes estuvo más presente entre ellos que Neville o Ginny, o algún otro de sus compañeros de casa.

Si hacía un recuento, desde primer año Malfoy ya aparecía en el panorama, cuando fueron castigados a rondar en parejas por el bosque prohibido, y mientras ella estaba con Ron y Hagrid, Harry y Malfoy iban juntos; segundo año, poción multijugos ¿Para qué? Para que Harry pudiera averiguar si Malfoy era el heredero de Slytherin; tercer año, fácil, Buckbeak y la herida que le causó al Slytherin, algo que Malfoy no paraba de presumir como si fuese una herida de guerra y que Harry siempre les hacía notar cuán estúpido le parecía; cuarto año, el torneo de los tres magos, la llegada de Beauxbatons y Durmstrang y Harry burlándose cada vez que Krum parecía no prestarle atención a Malfoy; Quinto año, Malfoy en la Brigada Inquisitorial y el causante de que los atraparan a todos porque capturó a Harry, precisamente tenía que ser él...; sexto año...todo, estaba en todo.

Se sintió un poco mal por no darle más importancia a las tragedias que estuvieron sucediendo durante esos años además de la participación secundaria de Malfoy en algún momento, pero es que tenía que destacar todos esos aspectos porque sentía que se estaba perdiendo de algo.

Eso que estaba pasando por alto era casi tangible pero indefinible, y por más que rebuscaba en cada episodio que ha vivido junto a Harry, no lograba descifrarlo.

Cerró la puerta de su dormitorio y dio por terminada su meditación sobre el asunto Draco Malfoy, concluyó que su amigo había entendido algo del rubio que ella no comprendía del todo, pero no quería preguntárselo y ahondar en ello porque había estado pensando en cada uno de los sucesos pasados y...pareciera como si Harry dependiera de Malfoy para no sentir que Voldemort era su mayor o único problema, algo similar a los pasatiempos que te alejan del estrés, o parecido a las pociones que te permiten dormir sin sueños (pesadillas).

Y ¡Demonios! no sabía cómo interpretarlo.


En las habitaciones del otro lado de la escalera en espiral, estaba Harry apenas despertándose de un sueño que su cerebro había decidido no recordar esa mañana.

La razón de Harry para no haber hablado de Malfoy y su enfermedad distaba un poco de la de Hermione, él no analizaba las cosas con la misma profundidad y detalle que su amiga, él más bien era alguien que se dejaba llevar por lo que su cerebro le indicaba que era lo correcto, algo así como intuición, como si una gota de Felix Felicis recorriera su ser desde que nació y ésta le indicara qué actitudes tomar en cada ocasión.

Pero eso no quería decir que a veces no se cuestionara el porqué de sus acciones, aún si la duda se volviera efímera con el pasar del tiempo.

Claro que se había preguntado por qué ahora tenía el impulso de investigar a Malfoy, de descubrir la clase de persona que era realmente detrás de la fachada de un Slytherin.

Porque sí, sabía mejor que nadie que los Slytherins se resguardaban tras un escudo de indiferencia.

Por eso no era realmente culpa de Harry creer que la casa de Salazar era un lugar para personas frívolas y superficiales que usaban su astucia para sacar provecho del resto; más bien nunca hubo nadie que le mostrara lo que había detrás de su coraza.

Es verdad que fue él quien escogió creer en todo lo malo, y que prefirió seguir el concepto idealista que tenía el resto respecto a los Slytherins en lugar de crear su propia visión de ellos, pero el problema era que los Slytherins siempre, cada que los veía, estaban ocultos tras esa barrera que los dividía del mundo, cubriéndolos con frialdad, estoicidad y elegancia.

Un manto confiable y refinado con el cual, o nacieron, o desarrollaron, consiguiendo así el aura enigmática que ellos siempre vestían.

Ellos o... ¿Él?

Harry no podía decir que Crabbe o Goyle fueran precisamente misteriosos como los otros miembros de su casa, pero lo que le sacaba de lugar es que, aún a pesar de eso no podía asegurar que eran unos tontos cabeza hueca; es decir, si conversara con Seamus y le dijera que Crabbe y Goyle solo son unos brabucones sin cerebro, no habría dudas de por medio, pero preguntándoselo más detenidamente (como ahora) se daría cuenta que no pondría las manos a fuego por ello, porque ¿Quién quita que realmente no sean lo que aparentan?

En alguna parte del cerebro de Harry, su consciencia le indicó que empezaba a sacar su parte Slytherin.

Ahora, si alguien le preguntaba si acaso pensaba lo mismo de Malfoy, su respuesta se volvería más...complicada.

Lanzó un bufido y se levantó de la cama, recordando vagamente que Ron saldría temprano para ir a comer con Lavender. El único al que Harry vio mientras se estiraba fue a Neville, quien alimentaba a su sapo del otro lado de la habitación.

Harry no pudo evitar observarlo y pensar que, en cierta forma, los Gryffindor eran más transparentes.

Cuando el sombrero seleccionador fue posado sobre su cabeza, le dio dos opciones a escoger, Gryffindor y Slytherin, y en ese instante él solo podía pensar en que el asesino de sus padres había pertenecido a la casa de las serpientes, y la rechazó.

Pero ahora que lo pensaba ¿pudo haber sido eso lo que ayudó a Voldemort a ser tan poderoso?

«En Slytherin,
Harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
Para lograr sus fines.»

¿Esa descripción era precisamente mala? ¿O era mala solo porque la emparentaban con Voldemort?

Porque Harry suponía, que aquellas personas que están donde siempre han querido estar, como líderes, o trabajando en lo que siempre han querido, llevaban dentro de sí una parte Slytherin.

Entonces, si a él le dio esas opciones ¿A quién más pudo habérselas sugerido? ¿Cuántos posibles Slytherins estaban en Gryffindor, Ravenclaw, o incluso Hufflepuff? (Porque a su parecer Zacharias Smith no era alguien que concordara con los aspectos que suelen tener los miembros de su casa).

Y de repente se le hizo tan extraño estar divididos en casas teniendo en cuenta todo eso...

Pero lo que más llamó su curiosidad, es que estaba seguro que los que eran realmente Slytherins hasta la médula, no negaron que pertenecían a aquella casa y se los veía incluso orgullosos de ello ¿Intervención de los padres? ¿personalidad nata? No podría saberlo.

Empezó a vestirse con su cabeza puesta en las mazmorras, en la persona que se ocultaba tras esas frías paredes.

Le inquietaba mucho saber la verdadera personalidad de Malfoy porque él no podía ser solo bravuconería y complejo de superioridad ¿Verdad?

Cuando hubo aquella fiesta de navidad por el torneo de los tres magos, vagamente recuerda haber visto al grupo de Slytherins riendo y bailando, pero lo único que pensó en ese instante fue que hasta las serpientes se divertían mientras él permanecía sentado junto a su amigo, desdichado y aburrido.

Era un claro ejemplo de que los Slyth...de que todos eran igual de jóvenes en ese momento, y que todos podían disfrutar de la fiesta de la manera en que quisieran.

¿La posibilidad de una similitud justificaba su inexplicable ansia por saber? ¿Por entender? ¿Por conocer? Era una extraña sensación que se dividía en dos, la primera le advertía prevenir el peligro, y la segunda le aconsejaba proteger, pero no a sí mismo.

''Complejo de héroe.''

Ya alguna vez escuchó a alguien decírselo, quizás a alguno de sus amigos. Solía pensar que era una cosa ridícula, pero ¿y sí se trataba de eso?

Draco Malfoy con una enfermedad mortal que lo hace toser rosas que revelan sus emociones y todo eso causado por un amor imposible que lleva teniendo desde hace años—pensó, después de repetirse veinte veces lo mismo.

Sí, eso lo hace vulnerable...y más humano—se dijo, pero rechazó rotundamente que ''un complejo de héroe'' tuviese algo que ver con el rumbo que estaba tomando su consciencia.

Aun así, que alguien lo hechizara si en verdad no era raro que se viera envuelto en este dilema mental en lugar de solo devolverle a Malfoy todas las burlas de las que fue víctima, bromas y rumores que nunca tuvo reparos en hacer y que no le significaron ningún cargo de consciencia.

Pero él no era Malfoy.

Se quedó al filo de la cama viendo sus zapatos, Neville ya se había ido. Concluyó que, si ni él mismo entendía su posición en cuanto a Malfoy, su amiga menos.

No hablaba de nada de esto con ella porque algo en él le afirmaba que no tenía nada que decir, pero sí mucho que hacer.

Y en cuanto a Ron...no lo entendería, simplemente no lo haría.

A veces deseaba que nada de lo que estaba pasando hubiera sucedido, pero a la vez se negaba a imaginar siquiera una realidad distinta, era extraño.

Decidió, al final, solo olvidarlo, olvidarlo todo y mantenerse alejado, estar pendiente de lo importante y dejar lo banal atrás, ignorar todo lo que tenga que ver con profundizar en la vida personal de Draco Malfoy y solo concentrarse en las cosas que él haría en un fututo y que podían amenazar a la escuela.

Pero en el mismo instante que aceptó sus propios términos, tuvo la sensación de estar escapando de algo, y se sintió cobarde.

» Mientras más trates de evadir algo, más penetrará en tu interior, se hundirá tanto que creerás haberlo olvidado, pero la realidad es que tu subconsciente lo comprime hasta que estalla, de maneras que ni siquiera sospecharías...

Y eso es algo de lo que Harry se daría cuenta más tarde.


No podía explicar por qué lo hacía, caminar fuera de Hogwarts cerca del lago cuando la nieve empezaba a caer con más frecuencia, y todo solo para dejar la rosa marchita en el lugar donde la encontró.

No entendía el motivo, pero sentía que eso era lo único que podía hacer.

Sostuvo la flor y admiró los pocos pétalos que aún tenía, para después abandonarla bajo el árbol y retirarse de vuelta al castillo.

En el transcurso no hizo otra cosa más que recordar su tiempo en Hogwarts, y más que todo traer de vuelta al presente la infancia ya perdida de sus compañeros. Todos habían crecido, habían madurado y habían cambiado.

Eso estaba bien, es parte de la vida, no puedes permanecer en una etapa por mucho que quieras. Greg y Vicent deberían entenderlo, ellos tendrían que haberse dejado de comportar como críos brabucones desde hace mucho tiempo, no obstante, insisten en negar su madurez y se mantienen necios a seguir siendo básicos; ríen si alguien hace una broma, se enojan si alguien trata de enfrentarlos, ignoran las conversaciones que ellos tienen y obedecen todo lo que Draco diga, no hay más, se encerraron en eso desde que el padre de Greg lo golpeó por atreverse a retarlo y desde que la madre de Vicent lo abofeteó hasta que el dolor nunca le hiciera olvidar no hablar de más.

Eso ya hace nueve años.

Hubo un tiempo en el que ellos les contaban ese tipo de cosas, quejándose de la actitud de sus padres; y es que era verdad que aquellos adultos en particular, siempre se veían amenazantes, por esa razón ninguno de ellos nunca intervino u opinó nada más allá de su círculo de amistad ¿Qué podían hacer de todas formas? Eran niños, e incluso ahora, con diecisiete años, seguían sin tener opciones.

Pero algo que nunca olvidaría desde ese entonces, es a un Draco joven hablándole a un Greg y Vicent llorosos sobre cómo tienen que comportarse para evitar ser lastimados, aconsejándoles no discutir con sus padres porque no eran lo suficientemente fuertes para vencerlos, recomendándoles encontrar algo que les distraiga de las cosas malas, como él, que molestaba a los elfos cada que sus padres lo ignoraban.

«Los problemas sin solución se resisten con remedios personales.»

Para el siguiente verano, ambos niños se presentaron en Malfoy Manor con unos kilos demás y sin quejas. A veces se preguntaba si con la comida habían aprendido a dominar la situación, o fue ese el momento exacto en el que empezaron simplemente a ignorar todo.

Apretó los puños.

Deambulaba por los pasillos de Hogwarts sin dejar entrever la preocupación que tenía, porque sí, ya sabía que las cosas estaban cambiando para ellos, para todo su grupo de amigos y para algunos de sus compañeros. El señor tenebroso estaba invadiendo sus vidas y forzando sus destinos, y ni siquiera podía expresarle a nadie el miedo que tenía, porque entre Slytherins era un acuerdo tácito no complicar las cosas, y si sacaba a relucir sus temores no haría más que abrir las puertas a la pesadumbre, siendo eso lo último que deseaba.

Ellos estaban acostumbrados a sobrellevar los problemas de manera individual, como cada uno era capaz de hacerlo, sí querían un consejo podían acudir a otros y buscar soluciones, pero lo que sea que escojas solamente dependía de ti, y nadie te juzgaría.

Para bien o para mal, no eran Gryffindors o Hufflepuffs, en ellos no estaba la naturalidad de llorar en los brazos de un amigo, ni tampoco de arriesgarse a lo tonto sin antes tener en cuenta los pros y contras. Cuando eran niños Greg y Vicent nunca reclamaron un abrazo suyo para sentirse mejor, y ninguno de ellos encararon a los padres de ambos porque sabían que lo único que harían era empeorar las cosas; no eran cobardes, el resto no entendía que ellos siempre se inclinarían a la solución con más beneficios, porque a su modo de ver la vida, era lo más sensato para sobrevivir o evitar ser cruelmente herido.

La mayoría de veces escogían una opción que los llevara al mayor bienestar posible, a la mayor seguridad cuando se trataba de la auto protección, pero estaba claro que no podía ser siempre así, porque ellos también sentían con vigor pese a lo que el resto pensara; tenían sentimientos tan profundos que los obligaban a hacer todo con tal de proteger a los suyos, a veces sin tomar en cuenta la moral, pero eso, los demás no podían entenderlo.

El odio y el amor en ellos era algo muy potente, no había término medio, si te ganaste el odio, no esperes perdón, si obtuviste el amor, será incondicional al punto de llevarte a las estrellas...

Ellos eran tan seguros en su sentir que no necesitaban decir te quiero a cada rato, ni tampoco necesitaban palabras cursis para expresar sus sentimientos; ellos recurrían a las acciones, a las señales, y a una conexión mucho más profunda que la empatía superficial.

Por eso es que era tan difícil...

Acariciando su bufanda de Slytherin, Pansy llegó a la sala común y encontró a Blaise con Theo conversando en una esquina, probablemente discutiendo sobre algo que solo a ellos les concernía, aunque ella podría apostar que el nombre de Draco había sido mencionado, y no los culparía, a ella también le inquietaba su amigo porque hace tiempo que había decidido apartarse. Al principio, todo había marchado bien después de su plática en el tren cuando él les dijo que no necesitaba de un título para servir al señor tenebroso, dejándolos a todos boquiabiertos por la seguridad que proyectaba, no obstante, desde que empezó a padecer esa extraña condición de toser flores, las cosas habían empezado a tambalear. Para ella, que Draco se sintiera capaz de servir al señor tenebroso era algo digno de admirar, igual que para Blaise y Theo y aún más para Greg y Vicent porque (aunque no lo hayan dicho) pensaban que una vez sirviendo al Lord, le pertenecerían a él y ya sus padres no tendrían ningún poder sobre ellos.

Pero Pansy no creía que eso fuese mejor.

Ya no era la única que pensaba de ese modo, porque viendo el estado en el que se encontraba Draco desde que empezó a recibir cartas (y sabían de quién) todos empezaron a dudar y temer, a excepción de Vicent y Greg que solo eran capaces de ver la "libertad".

Si tan solo la mirada de su príncipe no se hubiese congelado en un estado eterno de neutralidad...

— ¿Pansy?

Supuso que debió haber permanecido demasiado tiempo ensimismada frente a las ventanas encantadas de la sala común. Intentó parecer natural y giró para responder al llamado de Blaise, quien se había detenido a unos cuantos pasos— ¿Qué pasa?

Por un momento intuyó que le hablaría de Draco, pero algo pareció hacerle cambiar de opinión y solo dijo:

— ¿Quieres venir a la fiesta de navidad de Slughorn?

Aquello le había parecido tan importante en su momento y ahora sonaba casi absurdo.

Y se asustó demasiado de lo mucho que todo estaba cambiando.

—Creí que no me lo pedirías, estaba empezando a creer que invitarías a la Ravenclaw ¿Cómo se llamaba? ¿Birdie?

Blaise negó con la cabeza mientras sonreía—Siempre pensé en invitarte, no tenías que pedirle a Draco que me convenciera.

Pansy lo miró inquisitiva—Eso fue hace tiempo ¿recién te lo dijo?

—No realmente, me comentó algo cuando lo visité después de ti en la enfermería. Desde entonces no hemos vuelto a hablar.

Ella torció la boca—Creo que no ha vuelto a hablar con nadie.

Blaise asintió de acuerdo y llevó su mano a la bufanda de la chica, estirándola para indicarle a Pansy un copo de nieve inusualmente grande— ¿Hace frío afuera?

La chica sabía que esa era su forma de preguntarle a dónde había ido—Salí a deshacerme de algo, nada importante.

— ¿Qué los elfos no se encargan de eso?

—Era un asunto que no estaba a la altura de los elfos.

Blaise enarcó una ceja divertido— ¿Ah, no?

Pansy pensó que no había nada de malo en decirle la verdad, aunque sonase patética—La rosa se marchitó.

El moreno perdió su sonrisa— ¿Te refieres a...?

—Sí, la que encontramos junto a Draco, creí que era mágica, pero parece que el clima le afectó como a cualquier otra.

—Debiste habérsela devuelto a Draco.

Rió sarcástica— ¿Y de una vez le sugiero que deberíamos aceptar la propuesta de nuestros padres y comprometernos?

—Eso estaría bien, él te gusta ¿no es así?

Pansy analizó su respuesta, si bien era cierto que era bastante apegada a Draco e incluso a veces podría mostrarse interesada en si alguna chica llamaba su atención, no creía que eso necesariamente delatara algún tipo de atracción, principalmente porque aquello ya había sucedido durante su infancia y ahora el sentimiento era distinto, más apegado a lo fraternal que a lo romántico.

—Tal vez cuando éramos niños, ahora es más como el primo guapo que tus amigas quieren conocer.

El chico bufó encontrando gracioso el comentario y luego se acercó más a ella para pasarle su brazo por el hombro—Me alegro.

Pansy sonrió. Quizá no todo estaba yendo tan mal como se lo había planteado.

«Los problemas sin solución se resisten con remedios personales.»


''...prisa''

''...intentos absurdos''

''...tu madre será quien pague si no...''

Cállate, ya cállate.

Draco había destruido cada una de las cartas que recibió en esos últimos días, pero no podía hacer nada con las palabras que hacían eco en su cabeza.

''...el armario evanescente...el armario evanescente...el armario evanescente''

No podía, era imposible ¡había intentado todo! Cada hechizo que se le había ocurrido, y ninguno había dado resultado. Todo fuera más fácil si solo tuviera que reparar la estructura del armario y no el vínculo mágico que lo conectaba al otro.

Agarró el primero objeto que tuvo a su alcance y lo arrojó lejos escuchando el estruendo que hizo al chocar con un estante.

Ya estaba harto.

Caminó en círculos con los ojos cerrados y con una mano su cubriendo su cara, apretando los dientes y respirando entrecortado.

Estaba harto...

Tuvo la tentación de obligar a Madame Rosmerta a que de alguna forma consiga mandarle whisky de fuego, pero desechó rápido la idea, porque, aunque logró calmarlo aquella vez, también le trajo muchos problemas, entre ellos, Potter.

Y es lo que menos quería ahora que era consciente de la conversación que mantuvieron en el almacén, o más bien, él hablando de lo que no debía, la historia del rey, su historia...

«Él amaba a quien no podía amar, era un estúpido por enamorarse de entre todas las personas, de alguien que nunca jamás, le iba a corresponder.»

Era un idiota por no poder impedir que el sentimiento creciera, a pesar de las innumerables peleas y disputas, y del odio real que en ciertas ocasiones sintió; aún con todo eso su atracción no había menguado y mucho menos desaparecido, saliéndose finalmente de control.

«¿Por qué no?»

Porque no podía ser, porque no había una relación ni siquiera amistosa en la cual resguardarse, porque no había un mínimo indicio de oportunidad, porque aquí el único que se distraía viendo la sonrisa en el rostro del otro, que se sentía estremecer con su cercanía, y que anhelaba un contacto más íntimo, era él, únicamente él.

Porque solo era uno quien amaba al otro.

Y tosió. Hace algún tiempo que había dejado de hacerlo, pero suponía que era un aviso que señalaba la cercanía de la próxima etapa, o quizá ya estaba en ella, no podía saberlo, nunca encontró la rosa, y en todo caso, le parecía el menor de sus problemas justo en ese momento.

Pétalos rojos circundaban en el aire, de una planta tan hermosa como solo el lirio podía serlo.*

Ya no le interesaba saber el significado, había concluido que no ganaba nada sabiéndolo, solo conseguiría sentirse aún más miserable.

Se recargó sobre una mesa sosteniendo el filo con ambas manos e inclinado hacia el frente; con la cabeza gacha, empezó a mecerse y a respirar profundo.

«...él era malo, era muy malo y nadie lo quería, y después de lo que tenía que hacer, la persona que amaba lo iba a odiar aún más, y lo iba a odiar para siempre.»

Como si ya no lo hiciera—pensó.

La única vez que no sintió su odio, fue quizás en el almacén de Madame Malkin, Draco lo había visto allí, solo y con cara de perdido, siempre transparente con sus emociones, por eso no le costaba saber cuando algo de lo que le hacía o decía le afectaba, y aunque solo sea en un mal sentido, no podía dejar de hacerlo, porque saber que tenía algún tipo de influencia en Potter, era mejor que nada, muchísimo mejor.

Draco solo empezó a hablar porque nunca había tenido reparos en eso, cuando era niño sus padres siempre le habían reprimido por hablar con extraños o meterse en conversaciones ajenas, siempre tenía algo que contar u opinar, y una vez que se dio cuenta de que la única manera en la que podía cruzar palabras con Potter era mediante discusiones, no pudo dejar de hacerlo, un mal defecto que no se le había quitado hasta hace poco.

Y ahora casi no cruzaba palabra con nadie.

Ese niño despeinado casi no había hablado y Draco no pudo evitar pensar en que una vez los dos en Hogwarts, le enseñaría a ser más seguro de sí y a expresar todo lo que quiera, porque en su mente de niño, las personas calladas no estaban seguras de sus opiniones y por eso preferían no decir nada.

Porque por alguna razón, siempre que empezaba a hablar con alguien olvidaba que debía preocuparse por si esa persona era muggle, mestiza o sangre sucia, y aunque había tenido diferentes castigos de todo tipo para corregir eso, en aquel momento, con Harry de pequeño, lo había vuelto a olvidar y por eso no tomó en cuenta nada de él y ya lo había puesto en Slytherin con el resto de sus amigos.

Y luego se enteró que aquel niño era el famoso ''héroe'' que había derrotado a Voldemort.

Su padre se lo había advertido, no acercarse a él, pero supuso que, si quedaban en la misma casa, sería inevitable hacerlo, y él quería que sea inevitable, por lo que ofreció su mano a Potter.

El crudo rechazo no le había dolido, pero la humillación había golpeado fuertemente su ego, lo que provocó rencor, y por ende, deseos de venganza.

Su nuevo pasatiempo fue molestarlo de todas las maneras posibles, y recordaba que cuando le avisaron que Potter sería buscador estando en primer año, sintió odio y envidia, y hasta ese momento, todo iba bien, no había nada que estuviera demás.

Tampoco podía decir que durante su paseo en el bosque prohibido algo hubiera cambiado, aunque se sintiera cómodo con su compañía.

La primera señal, quizá, fue la molestia que fue creciendo cuando veía al Gryffindor tratar con la buscadora de Ravenclaw, tal vez eso podía explicar su insistencia en acabar con la mascota hipogrifo de Harry, quería que se sintiera tan mal como él se estaba sintiendo sin entender por qué.

Y definitivamente, en cuarto año, fue cuando tuvo su primera revelación, Viktor Krum, el joven buscador de Bulgaria, apareció en Hogwarts, llamando la atención de casi todas las chicas, y también la de Draco.

Era imposible ignorarlo, no había chicos así en Hogwarts, por lo que, como hace tiempo no sucedía, se acercó y le habló, sin importarle ser bien recibido o no, porque verlo había borrado todos los castigos que sus padres le habían impuesto por tener ese mal defecto, como había pasado la primera vez con Potter.

Claro que en ese instante no creyó que su interés se debía a la atracción sexual, simplemente pensó que era admiración.

Después de unos días, los sueños que empaparon su ropa interior lo abofetearon diciéndole, que definitivamente, se trataba de atracción sexual.

Jodida mierda.

Draco casi rió recordando lo mal que se había sentido por aquel entonces, para después, simplemente afrontarlo como algo de sí mismo que no podía cambiar.

No se lo había dicho a nadie y por decisión propia había dejado de ver a Krum, sin embargo, ahora que lo pensaba, le resultaría más fácil haberse enamorado de él que de...Potter.

De todas formas ¿Cuándo pasó a ser Potter? Al principio le pareció divertido y estúpido soñar con él, luego empezó a analizar su comportamiento cuando él rondaba cerca y finalmente, durante el verano que el señor oscuro pasó en su Mansión, y con su tía Bellatrix enseñándole oclumancia, se halló intentando por todos los medios no pensar en Potter para que ninguno se diera cuenta que...

Lo amaba.

Era extraño que el sentimiento estuviese primero y el entendimiento después.

También era extraña la forma en la que cada uno reacciona, y él por supuesto, no pudo hacerlo de otra manera que desquitándose con el culpable.

Cuánto deseó que nadie lo encontrara inmóvil y bajo su capa de invisibilidad en aquel cubículo, en parte para ver sí así lograba sacarlo de su cabeza, pero también para así poder hacer lo que tenía que hacer sin pensar en que Potter estaría allí para señalarlo y odiarlo.

Curioso, si alguien le preguntaba cuándo empezaron sus sentimientos por Potter, él no sabría responder, era como si de alguna forma hubiese empezado cuando eran niños, acrecentándose más y más hasta producirle celos de la buscadora de Ravenclaw, y cuando apareció Krum, la atracción fue algo diferente, a él no le importaba ver si el búlgaro sonreía o no, o si estaba interesado en alguien más, a él solo le interesaba una noche con él, no más, y cuando volvió a irse, fue como si hubiese pasado todos esos pensamientos a Potter, pero alargando una noche por una eternidad...

Jodida mierda.

A partir de ahí todo simplemente creció, sus sentimientos, sus celos, sus preocupaciones, su atracción, su interés, su anhelo...

Era un barco naufragando en el océano de las sensaciones placenteras, siendo imposible para él nadar hacia cualquier isla que pudiera salvarte, pero sintiéndote dichoso de sumergirte en sus aguas hasta morir ahogado en ellas.

Tal como estaba sucediendo ahora.

La frase morir de amor no podía tornarse más cruel que cuando se volvía un hecho.

Pero no había nada que hacer.

Aquella noche Draco recibió otra carta en medio de la madrugada, esta tenía solo un trazo y tres palabras escritas:

«Harmonia nectere passus.»


Notas de la autora:

*Lirios rojos: amor ardiente.

Hi

Sé que el capítulo no tiene mucha acción que digamos, pero bueno, puesto que viene la fiesta de Slughorn, y toda la obsesión de Harry, era necesario, sobre todo para entender varias cosas, por ejemplo ¿alguien esperó que sea Pansy quien haya recogido la flor? Porque yo no xD

Además, mi parte favorita de los fics es cuando el autor escarba en los pensamientos de los personajes y hace que sus próximas acciones tengan más sentido, bueno, no es que sea una experta haciendo eso, pero ahí fue mi intento.

En fin

¡Gracias por leer!