XVII. Fiesta de navidad

Una vez más la nieve formaba remolinos tras las heladas ventanas; se acercaba la navidad. Como todos los años y sin ayuda alguna, Hagrid ya había llevado los doce árboles navideños al Gran comedor; había guirnaldas de acebo y espumillones enroscados en los pasamanos de las escaleras; dentro de los cascos de las armaduras ardían velas perennes, y del techo de los pasillos colgaban a intervalos regulares grandes ramos de muérdago, bajo los cuales se apiñaban las niñas cada vez que Harry pasaba por allí. Eso provocaba atascos en los pasillos, pero, afortunadamente, en sus frecuentes paseos nocturnos en los cuales vagaba abriendo las puertas de varias aulas y del almacén del sexto piso por pura casualidad, Harry había descubierto diversos pasadizos secretos, de modo que no le costaba tomar rutas sin adornos de muérdago para ir de un aula a otra.

A pesar de eso, en algunas ocasiones presenció junto a otros estudiantes, a varias parejas toparse bajo el muérdago y cumplir con la tradición, incluso algunas empezando una relación después de ello, a Harry no le convencía en absoluto la idea de tener que besar a alguien que apareciera por ''casualidad'' junto a él en un pasillo adornado con la dichosa planta, mucho menos cuando las chicas seguían sus movimientos esperando el momento para correr y pararse junto a él.

Aun así, había sido curioso ver a otros estudiantes, de grados menores, sonrojarse y darse un beso en la mejilla, de hecho, aquella imagen del niño Ravenclaw y la niña Hufflepuff continuaba pareciéndole conmovedora, pero le llamaba la curiosidad que muchos parecían cuidarse de nunca estar cerca de un Slytherin cuando sabían que había muérdagos rondando.

En realidad, no los culpaba, podía imaginarse Pansy poniéndole cara de asco a un Hufflepuff sino es que hechizándole, y a Blaise con su mirada que amenazaba usar una imperdonable contra la primera chica que se atreviera a ponerle un dedo encima. A quien no podía imaginarse era a Malfoy, y eso que había notado a más de una chica observarlo mientras caminaba, como si esperaran que alguien valiente se arriesgara a acercarse al rubio y plantarle un beso en mitad del pasillo.

Y ¿para qué mentir?, él daría todo por estar cerca cuando eso pasara.

Era muy tentador imaginarse la reacción del príncipe de Slytherin después de ser besado.

Harry se recriminó mentalmente y se obligó a concentrarse en problemas actuales que estaban sucediendo, como lo era el distanciamiento entre Ron y Hermione, pues se hallaba otra vez en la difícil situación de ser el mejor amigo de dos personas que no parecían dispuestas a volver a dirigirse la palabra.

Ron, que todavía tenía arañazos y cortes en las manos y los antebrazos provocados por los belicosos canarios de Hermione, adoptaba una postura defensiva y resentida, además, pasaba más tiempo siendo besado por Lavender Brown que participando en una conversación, lo cual no le daba oportunidad de alegar por su amiga.

Hermione por otra parte tenía la agenda tan llena que Harry sólo podía hablar con calma con ella por la noche, y aunque en días anteriores habían parado sus pláticas debido al asunto sin resolver, recientemente habían vuelto a conversar, pero con un acuerdo tácito de no hablar sobre el tema ''Malfoy'', en su lugar, ahora Ron se había vuelto el protagonista de sus charlas a pesar de que su amiga insistiera en negarlo.

—Tiene total libertad para besarse con quien quiera—afirmó Hermione—. Me importa un bledo, de verdad.

Dicho esto, levantó la pluma y puso el punto sobre una ''i'' pero con tanta rabia que perforó la hoja del pergamino. Harry no dijo nada (últimamente hablaba tan poco que temía perder la voz para siempre).

— ¡Ah, por cierto, ten cuidado!—añadió Hermione al cabo de un rato.

—Te lo digo por última vez—replicó Harry con un susurro ligeramente ronco después de tres cuartos de hora de silencio—: no pienso devolver este libro. He aprendido más con el príncipe Mestizo que con lo que me han enseñado Snape o Slughorn, además de que aun necesito entender por qué el libro sabe de la condi...

—No me refiero a tu estúpido ''príncipe''—le cortó Hermione antes de que terminara la frase, pero ya sabiendo qué diría—. Antes de venir aquí pasé por el cuarto de baño de las chicas y allí me topé con casi una docena de alumnas (entre ellas Romilda Vane) intentando decidir cómo hacerte beber un filtro de amor. Todas pretenden que las lleves a la fiesta de Slughorn, y sospecho que han comprado filtros de amor en la tienda de Fred y George que temo que funcionan.

— ¿Y por qué no se los confiscaste?

—Porque no tenían las pociones en el lavabo—contestó ella, con desdén—. Sólo comentaban posibles tácticas. Como dudo que ni siquiera ese príncipe mestizo—le lanzó una arisca mirada al libro—fuese capaz de encontrar un antídoto eficaz contra una docena de filtros de amor diferentes ingeridos a la vez, yo en tu lugar invitaría a una de ellas que te acompañe a la fiesta. Así las demás dejarían de albergar esperanzas y se resignarían. La fiesta es mañana por la noche, y te advierto que están desesperadas.

—No se me antoja invitar a nadie—murmuró Harry, que seguía con la cabeza divagando constantemente en torno a teorías conspirativas sobre las futuras acciones de Draco Malfoy.

—Espera un momento—dijo Harry de pronto—. Creía que Filch había prohibido los productos comprados en Sortilegios Weasey.

— ¿Y desde cuándo alguien hace caso a las prohibiciones de Filch?

— ¿No decía que también controlaba las lechuzas? ¿Cómo puede ser que esas chicas hayan entrado filtros de amor al colegio?

—Fred y George los han enviado camuflados como perfumes para la tos-explicó Hermione—. Forma parte de su Servicio de Envío por Lechuza.

—Entonces están engañando a Filch ¿no? ¡Esas chicas introducen cosas en el colegio haciéndolas pasar por algo que no son! Por tanto, ¿Por qué no habría podido Malfoy introducir el collar?

La chica suspiró, creía que su amigo abandonaría el tema por la paz y entendería que las probabilidades de Malfoy como servidor de Voldemort eran escasas, además de que, en su opinión, ese asunto parecía alterarlo demasiado—Harry, no empieces otra vez, te lo ruego.

—Contéstame ¿Por qué?

Para él era claro que Malfoy lo había hecho, en absoluto la idea lo había abandonado, pero en caso de comprobar todo lo que sospechaba, había un por qué retumbando por todas partes intentando descifrar el comportamiento de Malfoy, para empezar ¿Por qué dañar a un estudiante? Si bien era un capullo, nunca había llegado a ese punto, entonces ¿por qué...?

¿Qué le está pasando?—pensó antes de que su cabeza añadiera la idea de que el Hanahaki tenía algo que ver.

—Mira—dijo Hermione—, los sensores de ocultamiento detectan embrujos maldiciones y encantamientos de camuflaje, ¿no es así? Se utilizan para encontrar magia oscura y objetos tenebrosos. Sin embargo, no registran una cosa que alguien haya metido en otra botella. Además, los filtros de amor no son tenebrosos ni peligrosos.

—Se supone que toser flores tampoco lo es.

Ninguno de los dos supo a qué había venido eso, y tampoco pudieron hacer un comentario al respecto puesto que madame Pince se acercó para prácticamente echarlos. Aparentemente, la mujer quería corregir la vez que permitió a Harry quedarse hasta altas horas de la noche por haber creído que ya ningún estudiante rondaría por la biblioteca hasta tan tarde.

Ambos caminaron de vuelta a la torre de Gryffindor y apenas Harry cruzó el cuadro de la señora gorda, Romilda Vane se acercó y le ofreció una taza de Alhelí.

—No, gracias, no me gusta mucho.

—Bueno, pues toma esto—replicó Romilda, y le puso una caja en las manos—. Son calderos de chocolate, rellenos de Whisky de Fuego. Me los envió mi abuela, pero a mí no me gustan.

Whisky de Fuego.

«No deberías beber con tu condición.»

— ¿Harry?

— ¿Eh? Sí, muchas gracias—reaccionó, sin saber qué decir—. Hum...voy allí con...

Echó a andar tras Hermione sin terminar la frase y con su mente colocada en el almacén del sexto piso. Tan ensimismado iba que apenas y alcanzó a escuchar a su amiga despidiéndose para así huir de la visión de Ron y Lavender entrelazados en una butaca.

No la culpaba, él hizo lo mismo.

Cuando fue a acostarse, se consoló pensando que sólo quedaba un día más de clases y la fiesta de Slughorn; después Ron y él se irían a La Madriguera. Ya no había esperanzas de que sus amigos se reconcilien antes de las vacaciones, pero esperaba que ese tiempo separados los ayudara a tranquilizarse.

Secretamente, esperó que ese tiempo fuera de Hogwarts también le ayudase a él mismo a despejar la mente, a apartar sus inquietudes y sobre todo, a que le dejase de importar lo que Malfoy hiciera o dejara de hacer.

Esos pensamientos lo acompañaron al día siguiente, donde prefirió imaginar cómo de bien se sentiría después de varios días lejos de Hogwarts y Malfoy, que prestar atención a la clase de transformación donde tenía que cambiar el color de sus cejas, peor cuando una disputa entre sus amigos terminó con Hermione al borde de las lágrimas abandonando la clase y dejando la mitad de sus cosas.

Decidiendo que en esa ocasión ella estaba más necesitada que Ron, recogió todo y la siguió.

En el caminó se topó con varios estudiantes que también habían terminado su hora de clase, pero lo que más llamó su atención fue ver a un Slytherin hablando con un chico Ravenclaw sobre quién sabe qué cosa; aparte de lo raro que era ver a las serpientes interactuando con miembros de otras casas sin la mordacidad de por medio, Harry reconoció al nuevo buscador de Slytherin y no pudo evitar observarlo fijamente.

«Tú no eres tan Gryffindor ¿no, Potter?»

¿Por qué lo había dicho?

Y después de esas palabras, aquel gesto mientras miraba el ala de la enfermería, lugar donde descansaba Draco Malfoy...

— ¡Eh, Harper!

El ojiazul paró de hablar con el Ravenclaw y se giró para mirar a Harry con una ceja enarcada, cuando vio de quien se trataba le sonrió al chico que le acompañaba, pronunció unas últimas palabras y finalmente se acercó.

Harry no tenía la menor idea de por qué lo había llamado, actuó por impulso y ahora no tenía idea de qué podía decirle.

—Potter ¿A qué se debe el honor?—preguntó burlesco, repasándolo de arriba a abajo con la mirada.

Harry se sintió sumamente incómodo por el escudriño, pero alcanzó a decir:— ¿Tu estarás en la fiesta de Slughorn?

Dorian Harper era el tipo de chico que llevaba un gran ego encima, y que, pese al estereotipo silencioso que cargaban todos los Slytherins, él era bastante hablador ¿De qué otra forma podría hacer negocios sino?

Pero eso no le quitaba lo Slytherin.

Sutilmente, las facciones del chico pasaron de la burla a la sospecha—No estarás invitándome ¿O sí, Potter? Porque de ser así tendré a media comunidad femenina de Hogwarts agarrándome del cuello, y no precisamente para recibir besos. De todas formas—se interrumpió como si acabara de darse cuenta de algo importante—tu y yo jamás hemos hablado, entonces ¿Por qué tu querrías...

Harry, que se había quedado sin habla desde el giro inesperado que (a su parecer) había tomado la conversación, casi sufre un paro cardiaco al ver la cara de entendimiento que de repente había puesto Harper y oir sus próximas palabras siendo susurradas:

—Potter, no me digas que... ¿eres gay?—uno de los errores que varios de sus compañeros de casa le habían señalado, es que siempre parecía decir lo primero que le llegaba a la cabeza, pero lo que no entendían, es que muchas veces había dado con la verdad mediante este que consideraba su método infalible, además, siempre era necesaria la intuición a la hora de apostar, y él la tenía.

No obstante, había dudas de por qué Potter quiso contarle algo así precisamente a él, pero no se detuvo a entender razones, para Harper, la manera en la que funcionaban los Gryffindors siempre era ilógica y además ¿Por qué preguntar si bien solo podía aprovechar la situación?

Harry al principio no reaccionó, pero cuando proceso toda la pregunta sacó su varita y apuntó al contrario ¿Cómo, por un demonio, había terminado en una situación así?

—Wo, no es necesario que te exaltes—señaló el Slytherin, tensándose un poco, él no era Malfoy para comportarse como si nada cuando el-niño-que-vivió le apuntaba con su varita, aunque de todas formas intentó que este no se diera cuenta de su reacción—. En realidad no te culpo, si me has escogido a mi es que por lo menos tienes buenos gustos—guiñó el ojo.

Si alguien intentaba describir a Dorian Harper, la primera comparación que se le ocurriría es el típico sujeto que intenta venderte algo que no necesitas y después te estafa a base de engaños, y que cuando es descubierto, empieza a defenderse con su bien entrenada carisma que llega a resultar irritante.

Sosteniendo la varita, Harry sintió su rostro calentarse sin saber si la causa era la furia o la vergüenza— ¿Qué mierd...? ¡No! ¡Maldición! ¡¿Por qué crees que yo soy...soy así?!—gritó azorado, aprovechando que de un momento a otro los estudiantes habían desaparecido rumbo al gran comedor— ¡Te pregunté solo para saber si Malfoy iba a estar allí!

No supo por qué, pero presentía que eso no se escuchó mucho mejor.

Harper parpadeó— ¿Malfoy? ¿Te refieres a Draco?—para él no pasó desapercibido el escalofrió de Potter cuando dijo el nombre del rubio. Entrecerró los ojos—Exactamente ¿por qué te importa si Draco va a asistir a la fiesta?

—Yo...—ni él se lo podía explicar a sí mismo. Para empezar, nada de esto debería estar pasando—No es de tu incumbencia.

Harper empezó a sentir curiosidad, el niño-que-vivió ya había negado lo que en un principio había creído, y casi lograba convencerlo puesto que diferenciar si un Gryffindor decía la verdad o mentía era relativamente fácil, pero había algo más que no encajaba, por lo que decidió probar—Mmm si es de mi incumbencia ¿sabes? Porque...—se aseguró que nadie estuviese rondando cerca—porque Draco y yo somos muy íntimos, de hecho, tu también debiste haberte dado cuenta, por eso me lo has preguntado precisamente a mí ¿no es verdad?

A partir de ese momento el ojiazul se empeñó en distinguir cualquier tipo de reacción en Potter que le diera una señal de lo que él presentía, pues si el Gryffindor resultaba estar interesado en Draco de la manera en la que sospechaba, la cantidad de dinero que le caería sería interminable; sin embargo, lo único que vio en aquel rostro era confusión y asombro.

— ¿Ín...timos?—susurró los suficientemente alto para que Harper lo oyera.

El Slytherin alzó ambas cejas y esperó a ver una mejor reacción, pero Potter pareció haberse quedado de piedra, por un momento incluso temió que después empezara a lanzarle palabras de desprecio si llegaba a comprender el verdadero trasfondo de lo que le había dicho. No es que lo creyera capaz de algo tan bajo como despreciar a una persona por su orientación sexual, aún menos con su reputación de santo protector de los más débiles, pero cuando se trataba de algo que la mayoría consideraba erróneo, todo era de esperarse.

Y debatiéndose entre permanecer allí y seguir insistiendo en descubrir la verdadera naturaleza de Potter, o irse para olvidar aquel extraño encuentro; consideró que dejarlo pasar por alto le vendría mejor que involucrarse con el imán humano de todas las tragedias de Hogwarts, además de que era estúpido insistir en descubrir algo que seguramente nunca había estado allí.

Porque vamos, Harry Potter con un interés romántico en Draco Malfoy era por demás ridículo.

Puesto que el otro no volvió a decir nada, y él tenía dinero que cobrar a varios de sus compañeros, lo dejó allí plantado y se retiró al gran comedor preocupándose más por la cantidad de dinero que ganaría aquel día, que por el descubrimiento que seguramente habría impresionado a todo el mundo mágico y al mismísimo Harry Potter.

Pero no pasó.

Y sin ser consciente de todo eso, Harry, con la mente en blanco, deambuló por los pasillos sin dirección alguna.

— ¡Hola Harry!—escuchó la voz lejana de Luna Lovegood—;¿Sabías que tienes una ceja amarilla?

Harry espabiló regresando el saludo de vuelta y devolviéndole sus cosas a Hermione quien rápido se retiró fingiendo no haber llorado.

Está un poco disgustada—comentó Luna—Al principio creí que era Myrtle la llorona quien estaba ahí adentro, pero ya ves. Ha dicho algo sobre ese Ron Weasley...

—Ajá—dijo Harry todavía ido y luego reaccionó explicando—es que se han peleado.

—Tienes muchas picaduras de nargles en la cara, Harry.

— ¿Cómo dices?

Luna lo miró fijamente con esos grandes ojos que tenía, e ignorando su pregunta, continuó—A veces Ron dice cosas muy graciosas ¿Verdad?—dijo mientras ambos recorrían el pasillo rumbo al gran comedor—.Pero otras veces es un poco cruel. Ya me fijé en eso el año pasado.

—Puede ser—admitió Harry obligándose a prestar más atención a la plática. Luna exhibía una vez más su habilidad para decir las verdades aunque molestaran; Harry nunca había conocido a nadie como ella.

«Pero tú no sabrás lo que hará Dumbledore, ¿verdad?»

— ¿Qué tal te ha ido el semestre?

—No ha estado mal. Sin el ED...

Harry no prestó mucha atención a lo que la chica le decía, pero con el pensamiento anterior le había llegado el impulso de negar con la cabeza; Luna no era como Malfoy, más bien, Malfoy no era como Luna, ella por supuesto era mejor persona y era amable, cosa que el rubio no sabía el significado y por ello es que con él no tenía ni la más mínima relación amistosa. Aunque si se ponía a comparar los detalles físicos, quizás el tono de su piel y el color de su cabello eran algo parecidos...

— ¿Te gustaría venir a la fiesta de Slughorn esta noche?—Harry lo dijo sin pensar, e incluso creyó que salían de unos labios ajenos, sobre todo porque la motivación que tuvo para invitarla fue producto de un conflicto que su subconsciente estaba creando y que no podía comprender.

O no quería hacerlo.


— ¡Pipipote ha invitado a Lunática a la fiesta! ¡Pipipote y la Lunática son novios! ¡Pipipote y la Lunática son novios!

— ¿Qué demonios...?

El fantasma de Peeves pasó de largo flotando sobre su cabeza y repitiendo lo mismo por el pasillo antes de virar en una esquina. Draco no hizo más que detenerse a mirarlo confundido mientras analizaba cuidadosamente el significado de sus gritos.

— ¡Pipipote ha invitado a Lunática a la fiesta! ¡Pipipote y la Lunática son novios! ¡Pipipote y la Lunática son novios!

¿Potter y la Lu...? Espera...¿Qué?

Permaneció estático unos segundos y luego se apoyó en una armadura cuidando que nadie lo viera. Justo en ese momento empezó a toser y a desprender de su boca una cantidad absurda y dolorosa de pétalos de rosa de tonalidad amarilla.*

Tardó un poco en recomponerse y continuó andando hacia el comedor, pese a que no tenía hambre, tenía que hablar con Vicent y Gregory para que lo acompañaran esa noche al séptimo piso.

Entró y caminó a paso firme a su lugar en la mesa de las serpientes, encontrándose con varias miradas que le eran dirigidas, lo entendía, después de todo no había comido con ellos durante un tiempo y se había dedicado a bajar a las cocinas de vez en cuándo por algún bocadillo que le diera la suficiente energía para no desvanecerse mientras reparaba el armario. Se sentó junto a Crabbe y Goyle y evitó la mirada de Pansy.

—Vicent, Gregory—llamó su atención impidiendo que estos continuasen devorando su comida— ¿Snape ya les levantó el castigo?

—No—respondió Vicent casi luciendo avergonzado—Tenemos que ir a la biblioteca otra vez.

— ¿A qué hora?

—Hoy en la noche, debemos escribir un ensayo sobre...¿Qué era?—le preguntó Gregory al otro quien solo se encogió de hombros.

— ¡Mierda!—se quejó Draco golpeando la mesa y llamando la atención de varios estudiantes. Apoyó su codo en la madera y se pasó la mano por el cabello ¿y ahora qué? Hoy tenía que ir, tal vez el resto estaría lo suficientemente ocupado con la fiesta de Slughorn como para encontrar extraño que estese rondando los pasillos a altas horas de la noche.

—Draco—el mencionado posó sus ojos en Blaise—Snape me ha vuelto a pedir que te dijera que vayas a su oficina.

—No me importa, no iré.

—Creo que es la séptima vez que te lo pide.

Draco lo ignoró.

— ¡Caramba!—escuchó a alguien alzar la voz y miró hacia la mesa de los leones.

Los Gryffindor estaban allí, conversando de algo que tenía a las chicas asombradas por algún motivo, pero en lo que más se fijó, como era obvio, fue en Potter mirando incrédulo a la sangre sucia, y fue allí cuando recordó que Peeves había gritado que Potter y la Lunática eran novios.

Miró la mesa de Ravenclaw y encontró a la chica en cuestión sentada bastante cerca de la buscadora de su casa ¿Qué tenía Potter con las chicas de Ravenclaw?

Cuando sintió bastante molestia en su pecho, supo que no debería haber pensado en eso.

—Maldita sea—y sin despedirse, simplemente abandonó la mesa sintiendo la mirada de Pansy y de Blaise taladrarle la nuca.

Sin ser consciente que un tercer par de ojos verdes lo siguió en todo el trayecto.

...

Harmonia nectere passus, harmonia nectere passus, harmonia nectere passus...

Draco se hallaba en la sala de los menesteres, frente al armario evanescente realizaba movimientos con su varita y recitaba el encantamiento consecutivamente.

Harmonia nectere passus, harmonia nectere passus, harmonia nectere passus...

Toda su magia estaba concentrada en ese simple encantamiento, luego de un rato, lanzó un hechizo para ver si el vínculo se estaba reparando y pudo darse cuenta de lo mucho que había avanzado.

Toc.

Se sobresaltó y regresó a ver el reloj de arena que había colocado para saber hasta qué hora podía permanecer en la sala de los menesteres; se había acabado el tiempo. Debido a la fiesta de Slughorn, aprovechó para quedarse más de lo acostumbrado sin importarle que Vicent y Gregory no estuvieran para advertirle si alguien se acercaba.

Desapareció el reloj con un movimiento de varita y la guardó en su bolsillo.

Cuando llegó junto a la puerta pegó su oído intentando escuchar pisadas, pero al no oír nada, simplemente salió y empezó a andar con sigilo con destino a las mazmorras.

— ¡EH, QUIETO AHÍ!


Harry no encontraba muy emocionante la fiesta, Slughorn lo había llevado de aquí a allá presentándole a Eldred Worple y a su amigo Sanguini, que era un vampiro. No prestaba mucha atención a lo que sucedía a su alrededor ya que tenía la vista puesta en la entrada, al parecer deseaba ver ingresando a alguien cuya identidad desconocía, y definitivamente ese alguien no debía ser Harper, lo último que quería era volver a cruzar palabra con el ojiazul.

Charló un rato con Hermione quien intentaba escapar de McLaggen, y después se topó con la profesora Trelawney, a partir de ahí, de algún modo se vio repentinamente en la presencia de Slughorn y Snape, reunión a la que por fortuna se unió Luna.

— ¡Y serás un auror excelente!—había dicho Slughorn.

—Pues yo opino que no deberías serlo, Harry—intervino Luna y todos la miraron—. Los aurores participan en la Conspiración Rotfang; creía que lo sabía todo el mundo. Trabajan infiltrados en el ministerio de Magia para derrocarlo combinando la magia oscura con cierta enfermedad de las encías.

Harry no pudo evitar reírse y se atragantó con un sorbo de hidromiel. Valía la pena haber invitado a Luna solo para oírla decir ese comentario frente a Snape. Tosió salpicándolo todo, pero con una sonrisa en los labios; entonces, vio algo que por alguna razón lo satisfizo en grado sumo: Draco Malfoy se acercaba hacia ellos...siendo arrastrado por Argus Filch.

—Profesor Slughorn—dijo Filch con su jadeante voz; le temblaban los carrillos y en sus ojos saltones brillaba la obsesión por detectar travesuras—, he descubierto a este chico merodeando por un pasillo de los pisos superiores. Dice que venía a su fiesta pero que se ha extraviado. ¿Es verdad que está invitado?

Malfoy se soltó de un tirón y Harry vio como su cabello se desacomodaba y un mechón caía cerca de su ojo.

— ¡Está bien, no me han invitado!—reconoció a regañadientes—. Quería colarme ¿Satisfecho?

— ¡No, no estoy nada satisfecho!—repuso Filch, aunque su afirmación no concordaba con su expresión triunfante, y luego simplemente se puso a parlotear sobre los problemas que tendría Malfoy, pero Harry no le prestó atención a sus palabras, prefirió mejor inspeccionar con detalle la ropa que llevaba Malfoy: era enteramente negra y hacía que su piel resultara más blanca. Casi tuvo el impulso de regresar a ver a Sanguini y averiguar quién lucía más como un vampiro.

—No pasa nada, Argus—lo apaciguó Slughorn—Es Navidad, y querer entrar en una fiesta no es ningún crimen. Por esta vez no lo castigaremos, puedes quedarte, Draco.

La súbita decepción de Filch era predecible; sin embargo, Harry, observando a Malfoy, se preguntó por que este parecía tan decepcionado como el conserje. ¿Y por qué miraba Snape a Malfoy con una mezcla de enojo y...¿un poco de miedo? ¿Cómo podía ser?

Pero, antes de que Harry hallara las respuestas, Filch se había dado la vuelta y se marchaba murmurando por lo bajo; Malfoy sonreía y estaba dándole las gracias a Slughorn...

¿Malfoy sonreía y estaba dándole las gracias a Slughorn?

—No tienes que agradecerme nada—dijo Slughron restándole importancia—. Ahora que lo pienso, creo que sí conocí a tu abuelo...

—El siempre hablaba muy bien de usted señor—repuso Malfoy, ágil como un zorro, astuto—. Aseguraba que usted preparaba las pociones mejor que nadie.

Harry observó a Malfoy. Lo que le intrigaba no era el que Malfoy le hiciera la barba a Slughorn (ya estaba acostumbrado a observar cómo adulaba a Snape) sino su aspecto, porque, aunque ya sabía de su enfermedad, y la gravedad de la misma, le llegó de golpe el entendimiento que había estado evadiendo para no empatizar con Malfoy, y es que, verlo pálido y desganado, solo le hacía pensar en el motivo de todo eso, en la persona afortunada que Malfoy había escogido...

... ¿Había dicho afortunada?

—Sígueme, Draco.

Harry volvió en sí al escuchar esas palabras y ver que Snape y Malfoy se marchaban, se giró hacia Luna y dijo:

—Vuelvo enseguida, Luna. Tengo que ir...al baño.

—Muy bien—repuso ella alegremente—pero ten cuidado con los nargles.

Una vez fuera de la fiesta, le resultó fácil sacar la capa invisible del bolsillo y ponérsela. Lo que le costó un poco más fue encontrar a Snape y a Malfoy. Al principió creyó que el maestro de pociones había llevado al rubio a su despacho. Sin embargo, Harry fue pegando la oreja a cada puerta que encontraba, hasta que, con una sacudida de emoción, en la última aula del pasillo oyó voces y se agachó para escuchar por la cerradura.

—...no puedes cometer errores, Draco, porque si te expulsan...

—Yo no tuve nada que ver ¿queda claro?

—Espero que estés diciéndome la verdad, porque fue algo torpe y descabellado. Ya sospechan que estuviste implicado.

— ¿Quién sospecha de mi?—preguntó Malfoy con enojo y con una terrible corazonada—. Por última vez, no fui yo ¿de acuerdo? Katie Bell debe de tener algún enemigo que nadie conoce. ¡No me mire así! Ya sé lo que intenta hacer, no soy tonto, pero ya sabe que no dará resultado, lo comprobó antes.

Harry se sintió un poco impresionado al saber a lo que Draco se refería. Al parecer él pudo dominar la oclumancia, cosa que a Harry le había costado tanto, y más para no avanzar casi nada.

Snape dijo con calma:—No esperé que tía Bellatrix te haya enseñado tan bien. ¿Qué pensamientos pretendes ocultarle a tu amo, Draco?

La misma idea pasó por las cabezas de ambos chicos: pensamientos no, persona sí.

— ¡A él no intento esconderle nada, lo que pasa es que no quiero que usted se entrometa! Además ¿no tengo ahora algo que ocultar? No creo que él se ponga precisamente alegre cuando descubra el Hanahaki desease.

Harry apretó un poco más la oreja contra la cerradura al escuchar lo último, por poco y emite un sonido de victoria al, por fin, comprobar que él y Hermione tenían razón y la enfermedad de Draco era el Hanahaki.

—Has evitado hablar del tema desde que llegaste a Hogwarts, si no hubiese sido por tu enfermedad seguramente no te hubieras ni acercado, pero ahora que te he mostrado todo sobre el Hanahaki, has ignorado todas las veces que te he ordenado presentarte en mi despacho...

— ¡Pues castígueme! ¡Denúncieme a Dumbledore!—lo desafió Malfoy.

«Dumbledore sabrá qué hacer

«Pero tú no sabrás qué hará Dumbledore, ¿verdad?»

—Sabes muy bien que no haré ninguna de esas cosas.

— ¡En ese caso, será mejor que deje de ordenarme que vaya a su despacho!

—Escúchame—dijo Snape en voz tan baja que Harry tuvo que apretar aún más la oreja para oírlo—, yo solo intento ayudarte. Le prometí a tu madre que te protegería, pronuncié el juramento inquebrantable, Draco ¿Crees que me he tomado la molestia de conseguir todos esos pergaminos sobre el Hanahaki solo por ser tu maestro?

— ¡Pues mire, tendrá que romperlo y también deshacerse de toda esa basura de pergaminos porque no necesito su protección! Es mi misión, él me la asignó y voy a cumplirla. Tengo un plan y saldrá bien, sólo que me está llevando más tiempo del que creía.

— ¿En qué consiste tu plan?

—¡No es...—sus palabras se interrumpieron por la tos que lo abordó y Harry casi pudo visualizar los pétalos que seguramente salieron de su boca—¡Carajo! ¡No es asunto tuyo!

—Si me lo cuentas, yo podría ayudarte...

—¡Muchas gracias, pero tengo toda la ayuda que necesito, no estoy solo!

—Anoche bien que estabas solo cuando deambulabas los pasillos...

— ¡Crabbe y Goyle me habrían acompañado si usted no los hubiera castigado!

Continuaron discutiendo, pero en todo momento Draco solo podía pensar en las palabras que su tía Bellatrix se había encargado de insertar en su subconsciente.

— ¡Quiere arrebatarme la gloria!

Se callaron un momento y luego Snape dijo con frialdad:

—Hablas como un niño majadero. Comprendo porqué esa persona no te corresponde...

Harry apenas tuvo un segundo para reaccionar: oyó los inconfundibles pasos de Malfoy acercándose a la puerta y logró apartarse en el preciso momento en que ésta se abría de par en par. Malfoy se alejó a zancadas por el pasillo, sin embargo, lo vio arrugar la tela que cubría su pecho antes de desaparecer por una esquina.

No le importó si Snape sentía su movimiento una vez que salió disparado tras el rubio, tratando de alcanzarlo antes de que desapareciera en las mazmorras.

Estuvo a punto de pasar de largo por un pasillo, pero se detuvo a tiempo para escuchar quejidos provenientes de una de las aulas vacías.

Dentro, Draco estaba apoyado con un brazo en la mesa del profesor mientras que con el otro sujetaba fuertemente su pecho, donde sentía como si alguien introdujera lentamente una aguja hasta traspasarlo por completo, era una sensación absolutamente devastadora, la cual empeoró cuando tuvo que arrojar pequeñas flores púrpuras de su boca...gencianas, acompañadas de sangre*.

—Mierda—apenas susurró. Fue ese el momento exacto en el que sintió la puerta abrirse, pero al alzar la vista esperándose encontrar nuevamente a Snape, lo único que identificó fue el pasillo vacío iluminado por la luna.

Y la puerta se cerró.

Apretó los ojos como si sufriera cuando entendió que aquella acción no era producto del viento. Un dolor más fuerte le hizo lanzar un quejido lastimero, y deseo más que nunca que Potter se fuera al infierno.

—Estabas...—volvió a toser y las flores resbalaron de su boca, al igual que otras pocas gotas de sangre—Estabas escuchando—acusó con la voz ronca.

El cuarto estaba totalmente oscuro y ninguno de los dos se preocupo en conjurar un lumos. Draco pudo sentir cuando Potter se retiró la capa y, aún con la profunda oscuridad, pudo entrever la silueta del chico dorado, acercándose cada vez más hasta que lo sintió a dos pasos del escritorio en el que estaba apoyado.

—Sí—admitió Harry—los escuché a ti y a Snape.

Draco se mordió los labios hasta hacérselos sangrar y rasgó la madera con sus uñas— ¡Y por qué, maldita sea, te crees con el derecho de entrometerte en mi vida!—aunque lo deseo, no pudo gritar muy alto puesto que su voz continuaba débil y rasposa, aunque, por otro lado, el terrible dolor en sus pulmones había empezado a menguar.

—Yo...—Harry también podía distinguir la silueta del otro chico entre las sombras, lo veía apoyado en la mesa y en su mente pudo imaginar esos ojos grises mirándolo intensamente—...no lo sé.

Ambos se mantuvieron en silencio. Draco aprovechó ese tiempo para meditar en lo que estaba pasando y sopesar sus opciones de si lanzarle un Desmaius, o un Petrificus Totalus para volver a esconderlo bajo su bendita capa y que así nadie lo encontrara hasta el día siguiente.

O en eso estaba hasta que el olor del cedro y lavanda impactó sus fosas nasales.

Perfume. Harry se había puesto perfume.

Todo su cuerpo se estremeció y agradeció no tener ninguna luz cerca para así no aguantar a Potter preguntándole por qué su rostro se había puesto rojo de repente.

Tratando de calmarse suspiró, porque si no lo hacía estaba seguro que lo próximo que saldría de su boca era un capullo de alguna flor cuyo significado lo dejaría en evidencia.

Sintió su voz un poco más recompuesta, y ya sin un tinte hosco, pero sonando cansado, simplemente preguntó:— ¿Qué es lo que quieres, Potter?

Harry se acercó un paso más y las alarmas de Draco se dispararon por los aires, pero, definitivamente fue cuando sintió esa mano rozándole el brazo, que se dio por perdido.

—Quiero entender, y quiero—Harry pasó saliva—y quiero...ayudar.


Ron se apareció en la chimenea de La Madriguera. Su madre se asomó desde la cocina y corrió a abrazarlo con entusiasmo.

—Que bueno que ya estés aquí, Ron—dijo antes de separarse y mirar de vuelta a la chimenea— ¿Y Harry? ¿Ya viene?

El resto de la familia empezó a rodearlo, saludándolo de la forma habitual, y al final haciendo la misma pregunta que su madre.

— ¿Dónde está Harry, Ron?

El penúltimo de los Weasley tan solo suspiró.


Notas de la autora:

*Rosa Amarilla: Debilitamiento del amor, celos. Envidia

*Genciana: Eres injusto.

Puesto que el anterior capítulo estuvo algo flojo en cuanto a la trama, he decidido escribir lo más rápido posible para traerles este que por lo menos trae un poco más de acción ^^'

Aunque debo decir que los siguientes serán los verdaderamente interesantes y los que todos hemos querido ver (¡Por fin!).

Bueno, críticas y sugerencias siempre son bien recibidas.

¡Gracias por leer!