XVIII. Sentidos

Querido Ron

Si vuelves a preguntarme si Snape en verdad le estaba ofreciendo ayuda a Malfoy, puedes poner tu próximacarta en...

Pues sí, Snape estaba ofreciéndole ayuda, y sí, también es cierto que él dijo, explícitamente, juramento inquebrantable. Y antes de que me mandes una carta explicándomelo, ya sé lo que eso significa.

Pero no entiendo por qué Snape haría un juramento inquebrantable con la madre de Draco para protegerlo, ¿Eso no te dice nada? todo esto es muy extraño, sé que hay algo malo que está por pasar ¿Recuerdas cuando yo era el único capaz de escuchar al basilisco en segundo año? Bueno, ahora parece ser que soy el único en darse cuenta que algo malo está pasando con Malfoy, y no, no lo digo por las flores.

Por eso debía quedarme, quiero decir, lamento no haber ido a la Madriguera y poder reunirme con todos, incluso Remus dijo que iría a visitarlos, pero era lo mejor.

Además, cuando hablé con Dumbledore antes de las vacaciones me aconsejó no salir de la Madriguera, supongo que ahora que no salí de Hogwarts es aún mejor.

¿Crees que deba contarle a Dumbledore lo que escuché? Snape es parte de la orden y lo más seguro es que el profesor piense que está tras Malfoy para saber que trama y no para ayudarle. No entiendo cómo puede confiar tanto en él.

De todas formas, le escribiré a Remus para saber qué opina, creo que también le hablaré sobre el libro del príncipe mestizo, puede que él sepa algo.

Deséales a todos una feliz navidad de mi parte.

Con cariño.

Harry.

Dejó la pluma sobre la mesa y releyó el pergamino. Más tarde tendría que ir a la lechucería para dárselo a Hedwig.

Estaba en la biblioteca, casi no había estudiantes alrededor puesto que aún era temprano. Él no había podido dormir muy bien la noche anterior y estuvo despierto desde que se colaron los primeros rayos de sol entre las cortinas, por eso, en cuanto supo que la biblioteca estaría abierta, se dispuso a escribir una respuesta para la carta que su amigo le había mandado el día anterior contándole cómo fue atosigado por todos, preguntándole una y otra vez por el paradero de Harry y por qué este había decidido quedarse en Hogwarts este año, además, claro, del regaño que se llevó de parte de la señora Weasley por permitir que lo hiciera.

A Harry le agradaba esa atención prestada por parte de los Weasleys, no podía evitar verlos como la única familia que podía recordar, pues con sus tíos y su primo no había tenido precisamente una convivencia que lo ubicara más allá de la posición de sirviente.

Pero ahora los tenía a ellos, todos los pelirrojos estarían juntos en navidad, degustando de la deliciosa comida que preparaba la señora Weasley en estas fechas, con Fred y George haciendo bromas y el resto riendo de vez en cuando...

Por un instante, Harry olvidó el motivo de su estadía en Hogwarts.

Los copos de nieve empezaban a agruparse en una de las ventanas más cercanas, y esa imagen distante lo llevó a la noche en la que decidió no ir a pasar la navidad en La Madriguera, y todo porque, deliberadamente, ofreció su ayuda a Draco Malfoy.

Ah, claro.

—Aghh—su quejido y el sonido hueco de su frente golpeándose con el escritorio produjo un eco profundo.

¿Por qué lo hizo?

Solo podía pensar en la inexpresividad en la cara de Malfoy cuando se lo dijo, y en su siguiente acción que fue irse de la habitación sin más, sin siquiera dedicarle una mirada que le hiciera saber qué es lo que pasaba por su cabeza en ese instante.

Otro golpe, otro eco.

¿Y ahora qué? ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Evitarlo? Claro que no, eso sería estúpido ¿Había cancelado sus vacaciones en La Madriguera solo para no hacer nada respecto a Draco Malfoy?

Maldición.

Era mucho más fácil acercarse e insultarlo en lugar de tratar de hablar racionalmente con él.

Quizás si lo golpeaba y terminaban ambos en detención...

—Potter.

Harry alzó la cabeza de golpe y lo primero que vio fue el uniforme de Slytherin; pasó saliva esperando ver unos ojos grises y cabello rubio, pero en su lugar estaba...Harper.

La expresión de Harry cambió totalmente, Harper enarcó una ceja.

—A juzgar por tu reacción diría que esperabas a alguien más.

Nuevamente, Harry golpeó su frente contra la mesa—Cállate ¿Qué quieres?

El ojiazul permaneció parado junto a él— ¿Yo? Nada, pero al parecer tu sí quieres algo, algo relacionado con Draco ¿me equivoco?

Harry se incorporó de golpe y observó los ojos azules leyendo la carta extendida sobre la mesa.

—Le cuentas cosas muy interesantes a tu amigo ese traidor a la sangre...—comentó mientas continuaba leyendo y al final sonreía victorioso—así que te quedaste en Hogwarts para ''vigilar''—la burla en la palabra resaltó aun más con la sonrisa que se formó en aquel rostro—a Draco. No sé, eso suena bastante revelador.

Harry, furioso, tomó el pergamino y lo giró estampándolo bruscamente contra a mesa—Cállate—dijo rojo del enojo y la vergüenza.

—No tienes por qué alterarte, soy un ser bondadoso y cordial así que...—Harper miró por la ventana como quien no quiere la cosa—siempre puedes comprar mi silencio.

No cabía en sí de la frustración, ¿por qué de todos los estudiantes que se quedaban en Hogwarts durante esas fechas tenía que ser precisamente Harper quien apareciera? De todas las casas siempre eran la mayoría de Slytherins quienes permanecían en Hogwarts, pero aún así...—¿Tengo que pagarte por seguirme y fisgonear mis cosas?

— ¿Quién te sigue?—bufó—No te creas el centro del mundo, Potter, no por ser ''el elegido'' todos estamos pendientes de ti—Harper lo miró con ceño—yo vine buscando a Billy Copperfield, ese Ravenclaw me debe ya varios sickles; nunca sale de Hogwarts en vacaciones y es una rata de biblioteca—dijo mirando vagamente alrededor—como sea, no es mi culpa que seas un idiota, si tanto te importaba esa carta debiste guardarla o mínimo enrollarla para que nadie la lea.

—No es mi culpa que seas un entrometido—farfulló Harry entre dientes.

Harper lo miró como miraría un abogado al acusado— ¿Entrometido? Lo mío simplemente fue una casualidad que me ayudó a obtener información valiosa, no es la primera vez que me sucede. Tu, por otra parte, estás en desventaja, me preguntó ¿qué dirá Malfoy cuando sepa que tiene un acosador?—y sin más giró dando tres pasos antes de que Potter lo llamara de vuelta.

— ¿Cuánto?—preguntó Harry mirándolo con rencor.

Harper sonrió—Diez galeones.

— ¡¿Qué?! ¡Eso es absurdo!—bramó, aunque de todas formas estaba tratando de recordar cuánto dinero guardaba en su baúl.

—Mira Potter, yo de ti no me quejaría ¿Crees que para Draco esa cantidad hubiese sido problema? La única razón por la que no me fui directo a negociar con él es porque casi no se lo ve, ni siquiera por la sala común y además últimamente anda a la defensiva, aunque, supongo que sí se trata de ti le podría interesar...

— ¡Bien!—casi gritó para que se callara y después procesó lo que el otro había dicho— ¿Por qué le interesaría si se trata de mí?

El ojiazul empezó a pasar la mirada lentamente por los estantes y las mesas cercanas mientras respondía—Porque eres Potter ¿Entiendes? No creo que tenga que explicarlo—detuvo su mirada en una mesa al fondo y entrecerró los ojos—Creo que he encontrado a la rata de Billy. Espero mi dinero después del almuerzo, Potter.—Y sin más, se alejó.

Harry siguió al Slytherin hasta que lo vio sentarse junto al tal Billy, quien no mostró más fastidio en su expresión porque no era posible.

Genial, ni con más de media población de Hogwarts a kilómetros de distancia podía evitarse los problemas.


—Serán idiotas—gruñó Malfoy por quinta vez en el día.

Su habitación lucía vacía, con las camas de los otros cuatro habitantes totalmente tendidas. Por lo general, durante vacaciones quienes se quedaban en Hogwarts eran Vicent y Gregory, pero al parecer estos habían decidido que un par de días con sus padres eran más llevaderos que los castigos de Snape, y tenía sentido, ellos estaban más acostumbrados al trato que recibían de sus progenitores que a escribir un metro de pergamino por día como les había amenazado Snape.

Por supuesto, no fue más que un vil truco de su jefe de casa para dejarlo a él solo y sin muchas oportunidades para llevar al cabo su plan, y mucho menos para escaparse recurrentemente al salón de los menesteres.

En ese momento yacía recostado sobre las sábanas verdes con un brazo cubriendo sus ojos y su otra mano masajeando cautamente su pecho, cubriendo toda el área donde se encontraban sus pulmones y su corazón.

Desde aquella discusión con Snape no paraba de sentir una incomodidad molesta a la hora de hablar o respirar, acentuándose con mayor vigor en su pulmón izquierdo. No había ido con madame Pomfrey por el simple hecho de que a la mínima tos la medimaga era capaz de llevarle a San Mungo a punta de hechizos, y no negaba que aquello lo había tentado de sobremanera en más de una ocasión que sintió como si la sangre se adentrara en sus pulmones y se esparciera por todo su sistema respiratorio, pero no podía.

Porque el querer o no era algo que no tenía importancia cuando se trataba de su vida.

Antes que todo estaba su misión, la vida de sus padres y su triunfo para...para estar en paz.

Y además tenía miedo.

Era un tema casi tabú para los Slytherin hablar del miedo, usualmente eran ellos los que lo causaban o los que se ponían de su lado, codeándose con fingida amistad con todo aquello que los dañaría si se presentaba la oportunidad. Algo tan básico como la filosofía de sus padres y sus anteriores generaciones: Temer o ser temido.

Pero ¿Cómo evitar el miedo contra algo con lo que no puedes negociar?

No puedes negociar con la enfermedad, solo puedes negociar con los que tienen la cura. Aunque en su caso, hasta eso es imposible, incluso con amortentia.

Había sufrido lo suficiente con el Hanahaki para entender que si hacía ''trampa'' eso le costaría la vida mucho antes de los esperado. Era como si el rey del lugar más frío del mundo hubiese revivido a la mujer convirtiéndola en un inferi y luego hubieran decidido casarse. Simplemente impensable.

El sentimiento tenía que ser real, auténtico, y siendo así, Draco estaba más que perdido.

Se reincorporó sentándose en la cama y llevó sus rodillas hasta su pecho, ocultando su cabeza entre sus brazos.

«Quiero entender, y quiero...ayudar.»

Estúpido Potter.

No valía la pena, se lo había repetido centenares de veces. De acuerdo, era el niño-que-vivió y todo, pero ¡¿Por qué?! Ni siquiera era del tipo que le gustaban, una cosa era Krum, y otra mucho más distinta Potter, ese cuatro ojos estaba muy lejos de su idea de hombre perfecto, en realidad, odiaba muchísimas de sus actitudes, incluso las encontraba estúpidas, era Gryffindor hasta la médula y Merlín sabía cuanto detestaba la estupidez de esa casa.

¿Cómo es posible sentir dos cosas tan opuestas por la misma persona? ¡No era justo! ¡Terminaría por volverse loco!

Y lo peor de todo es que se odiaba por sentir ambas, era como estar dividido en dos, una parte se odiaba por odiarlo y la otra se odiaba aún más por amarlo.

Odio, siempre hay odio.

Sin poder evitarlo, unas terribles ganas de llorar lo azotaron y se dejó llevar, estaba ahogado en sentimientos de toda clase y en una presión aplastante: estaba condenado a luchar contra sus sentimientos y a elegir entre la vida y la muerte de sus padres, todo eso para que, hiciera lo que hiciera, terminara igual: muerto, odiándose y siendo odiado.

Pero si al menos pudiera salvar a sus padres, estaría satisfecho, eso le bastaría...

«Quiero...ayudar.»

Un sollozo escapó de su boca y las lágrimas empezaron a ser derramadas en grandes cantidades de sus ojos. Odiaba sentirse así de débil e impotente, pero no podía hacer nada, una parte de él en verdad anhelaba esa ayuda, en verdad deseaba tener a Harry Potter a su lado, contarle sus problemas y que encontrara una solución imposible como casi siempre hacía.

Quería que lo salvara.

«Hablas como un niño majadero. Comprendo porque esa persona no te corresponde.»

El llanto se hizo más fuerte y lo acompañaron hipidos, sin embargo, el sentimiento de furia que desataron esas palabras lo abordó, sobrepasándolo. ¡¿Cómo se atrevía Snape a decir que aquello era su culpa?! ¡Él no había elegido esto! No iba a cambiar su actitud ni a "redimirse" por una persona ¡Menos si era Potter! No era su culpa, en ningún momento quiso ver a la joyitade Dumbledore de esa manera ¡Ni siquiera lo había pensado! Un día simplemente despertó y el sentimiento estaba allí, agarrado con uñas y dientes a lo más profundo de su ser, haciéndole imposible arrancarlo de sus pensamientos, o de su corazón.

Si tan solo hubiera tenido la oportunidad de elegir...

Absorbió su nariz y mantuvo los ojos cerrados fuertemente, en un gesto de impotencia que ninguno de sus compañeros Slytherin jamás se habría imaginado. Draco estaba cansado de sentir que se hundía cada vez más en un hoyo oscuro y vacío imposible de llenar.

Estaba solo, completamente solo.


— ¿Y dónde está Malfoy?

Harper apenas y lo miró de reojo mientras miraba a ojo crítico los diez galones que sostenía en sus manos.

Harry lo miró con ceño—No lo vi en el comedor ¿Está enfermo?

El ojiazul paró de observar las monedas y sonrió con avaricia—No, no lo está. Pero creo adivinar por qué no vino.

Harry lo miró desconfiado— ¿Por qué?

—Bueno...—se guardó las monedas en la túnica con el mismo cuidado con el que se guardaría el más fino objeto de cristal—hace tiempo que lo he visto merodear cierto pasillo de cierto piso cuando no hay nadie, yo vi cuando salía de un aula y Filch lo atrapó. Fue una suerte porque de no haber sido él, me atrapaba a mi.

— ¿Y tú que hacías en ese pasillo?—preguntó Harry entrecerrando los ojos con sospecha.

Harper le quitó importancia con un movimiento de mano—Nada que deba preocuparte, tan solo fui a reunirme con un amigo—la sonrisa que siguió a aquellas palabras hizo a Harry removerse incómodo—Pero estábamos hablando de Draco ¿Te interesaría saber cuál es el piso al que siempre se escabulle? Te lo puedo decir a cambio de un par de sickles ¿Qué dices?

Harry sintió su cabeza hervir de ira— ¿Es que no tienes vergüenza? ¡Estás vendiendo a tus amigos por un par de sickles! Además, ¿no habías dicho que tu y Malfoy son muy íntimos?—acusó con enojo.

Harper enarcó una ceja—Creo que no entendiste a lo que me refería—Harry continuó viéndolo con ceño—Potter...eres virgen ¿Cierto?

Su cara pasó de estar fruncida a formarse un gesto de sorpresa al que lo acompañó un potentísimo sonrojo que llegó hasta su cuello— ¡¿Qué?!

El Slytherin empezó a reírse a carcajadas—Jajaja no hace falta que respondas, lo he entendido—dijo recuperándose de la risa—Demonios Potter, eres una fuente de dinero.

El susodicho, lentamente empezó a llevar su mano a su varita.

— ¿Tienes idea de a cuántas chicas les interesa saber eso? Aún pidiendo knuts podría ganar bastante—parecía estar haciendo cuentas en su cabeza—Y ya que estamos ¿No te has preguntado si Draco es...?—no pudo terminar la frase porque de un momento a otro tuvo a Harry apuntándole con la varita, gritando:

¡Oppugno!

Una ráfaja de aves embravecidas salió disparada de su varita directo a la cabeza de Harper, quién primero lo miró en shock y luego llevó sus manos a su cabeza mientras corría por el pasillo gritando improperios cada que recibía un picotazo.

Harry sonrió orgulloso de haber logrado el hechizo tal como lo había visto hacer a su amiga, pero entonces, repitió las palabras de Harper—Si Draco es...¿Virgen?—susurró totalmente descolocado.

No, a decir verdad no se lo había preguntado...

¡Pero tampoco quería saberlo!


La luz de la luna se filtraba a través del lago y llegaba a reflejarse en las ventanas de los dormitorios de Slytherin, en uno de los cuartos, Draco se despertaba con su estómago reclamándole la falta de alimento, lo ignoró y conjuró un tempus que le indicó que ya pasaba de la media noche.

''¿Cuánto he dormido?'' pensó incorporándose y tratando de arreglar el desastre que era su ropa.

Miró la habitación vacía y en cierta forma se sintió aliviado de ya no tener que ser cuidadoso para salir de la habitación a altas horas de la noche, aunque, por otro lado, no era del todo agradable saberse solo entre tantas camas.

Salió con lo que llevaba puesto y pasó por la sala común asegurándose que no había nadie; cruzó el hueco que se había formado en la pared de las mazmorras y salió al pasillo cuidando que la gata de Filch no anduviera cerca, tratando de agudizar sus oídos lo más que podía.

Se dirigió directamente a las cocinas de Howgarts, la mayoría de los Slytherin sabían su ubicación y la manera de entrar allí gracias a Harper, él chico nunca decía no a la oportunidad de ganarse unos cuantos galeones, cosa rara ya que su familia no era precisamente pobre ni mucho menos, de hecho, le sacaba ventaja a la situación económica de muchos otros Slytherins, pero sospechaba que el chico realmente tenía una fijación por los chantajes y las deudas que por el dinero en sí, a pesar de que, como buen Slytherin, siempre era fiel partidario del mejor postor.

Agradeciendo no haber escuchado al conserje rondar cerca, se paró frente a la pintura y le hizo cosquillas a la pera para permitirse el paso hacia las cocinas, una vez dentro, no vio a ningún elfo ya que seguramente estarían limpiando las habitaciones.

Mejor para él, así no tendría que preocuparse por inventar una escusa o amenazarlos de muerte.

Tomó un pedazo de pan y una manzana verde y volvió a salir, esta vez rumbo al pasillo del séptimo piso, deteniéndose de vez en cuando para escuchar si alguien rondaba cerca.

Aunque, ciertamente, el que lo descubrieran o no, venía siendo el menor de sus problemas.


Harry no podía dormir.

Al no tener nada que hacer se había acostado temprano sosteniendo su mapa merodeador en las manos, vigilando un solo nombre que había permanecido estático desde que lo vio la primera vez.

Desde entonces, no había podido pegar un ojo.

Le parecía extraño que Malfoy no se haya movido de su cama desde que lo buscó en el mapa después de la hora del almuerzo. Lo que le había dicho Harper sobre el rubio recorriendo un pasillo en cierto piso le había dejado con una gran intriga y su única solución (puesto que se había prometido no pagarle un knut más a ese ladrón) fue vigilarlo con la ayuda del mapa merodeador, pero aquello, en lugar de tranquilizarlo, le había puesto más en tensión debido al hecho de que Malfoy no se había movido de las mazmorras en todo el día, eso no podía ser normal ¿O si? Tal vez solo estuviese recostado leyendo o algo, a saber qué es lo que hacían los Slytherins en su tempo libre, pero lo que no le dejaba tranquilo es la posibilidad de que algo más estuviera pasando ¿Y si había sufrido uno de sus ataques de tos? ¿Y si se estuviese ahogando con una flor atorada en su garganta? Bueno, obviamente seguía con vida, de otra manera no aparecería en el mapa, pero ¿y si...?

Paró sus pensamientos en cuanto vio el nombre moverse y empezar a recorrer los pasillos.

Fue cuestión de segundos para que esa información le llegara al cerebro y le hiciera buscar su capa de invisibilidad lo más rápido que pudo, apenas permitiéndose calzar sus zapatos antes de salir a toda prisa de su habitación mientras conjuraba un lumos apuntando al mapa, incluso intentando no parpadear para así no perder la trayectoria del nombre que parecía estar resaltado por sobre los demás.

Con curiosidad miraba todos los sitios a los que se podía estar dirigiendo hasta que al final se detuvo donde parecían estar las cocinas en Hogwarts. Abrió los ojos con sorpresa ¿Malfoy lo sabía? ¿Cómo era posible?

Intentó no pensar mucho en ello y se apresuró a salir por el retrato de la dama gorda luego de que esta le dirigiera un par de improperios por haberla despertado a tan altas horas de la noche.

Ya en las escaleras, se dio cuenta que el nombre ''Draco Malfoy'' volvía a moverse sobre el papel, en dirección contraria a los pasillos que conducían a las mazmorras.

No pudo evitar que la insinuación de Harper sobre las visitas que Draco hacía a ''cierto pasillo'' de ''cierto piso'' se repitiera en su cabeza ¿Podría ser cierto? ¿Entonces Malfoy tenía algo que ocultar?

Sin saber por qué, sus ojos se desviaron de vuelta a las mazmorras de Slytherin, allí encontró casi con alivio el nombre ''Dorian Harper'' totalmente inmóvil.

Bien, mejor así.

Volvió la vista hacia el lugar donde flotaba el nombre de Malfoy y al parecer ya estaba bastante cerca, ambos estaban a punto de llegar a las escaleras que los llevaría al sexto piso, tan solo le faltaban cruzar uno de los pasadizos secretos para alcanzarlo. Sin embargo, de reojo le pareció ver otro nombre moviéndose alarmentemente cerca, leyó de quién se trataba y abrió los ojos desmesuradamente.

En cuanto girara en la esquina, Malfoy estaría chocándose con Filch.


Mientras caminaba le daba un mordisco a su manzana, deleitándose con el sabor ligeramente ácido de la fruta.

Fruta que terminó rodando en el suelo luego de que una serie de movimientos repentinos se suscitaran cual ráfaga.

Primero lo había oído, el sonido de pasos acercándose por el otro lado del pasillo, los había escuchado cuando prácticamente ya tenía un pie sobrepasando la esquina.

Después lo había sentido, alguien tomándole de la cintura y arrastrándole hacia atrás al mismo tiempo que le colocaba por encima una especie de manto y cubría su boca con una mano.

Y al final lo había visto, Filch girando en la esquina sin ninguna especie de lámpara que pudiera haberle advertido que venía.

Ahora, él y su captor estaban apegados a la pared, tratando incluso de no respirar para que Filch no se diera cuenta de su presencia. Solo podían ver sombras, pero su figura era inconfundible, por lo que pudieron distinguir perfectamente cuando el conserje pisó la manzana y luego se agachó a recogerla.

Draco hizo una mueca desagradable cuando Filch la olisqueó para después darle un mordisco.

—Sé que estás ahí—advirtió luego de tragar el trozo de manzana—No podrás esconderte.

Draco tragó en seco planteándose lanzar un hechizo y luego salir corriendo, pero cuando llevó su mano a su bolsillo para sacar su varita, otra lo detuvo.

Y entonces lo había olido, el aroma de cedro y lavanda, el mismo perfume que Potter había usado hace dos noches, aunque ahora su aroma era mucho más débil.

Una de dos, o alguien se había regado amortentia en la ropa o realmente era Potter quien había evitado que Filch lo descubriera y a más de eso había hecho un hechizo para que la estúpida fragancia de su perfume no desapareciera fácilmente.

— ¡Aquí estás!

Draco dio un respingo cuando el hombre, repentinamente, se abalanzó contra una armadura, destrozándola y creando un estrepitoso ruido de metal chocando contra el suelo.

—Debemos irnos.

Si la acción de Filch lo había espantado, escuchar la voz de Potter muy cerca de su oído había hecho que su corazón sufriera un mini-infarto.

¡¿Qué demonios hacía él allí?!

Decidió que después tendría suficiente tiempo para hacer preguntas, por lo que primero se concentró en escapar.

Puesto que la capa no era lo suficientemente grande para dejarlos moverse con libertad, tuvieron que deslizarse por la pared hasta la esquina donde giraron y se ocultaron dentro de la primera aula que vieron.

Permanecieron unos segundos en silencio esperando por si Filch aparecía. Cuando Draco decidió que era seguro, se giró y sostuvo la ropa de Harry acercándolo más a si, en un movimiento tan brusco que ocasionó que la capa resbalara de sus cuerpos.

— ¿Qué demonios, Potter?—dijo en un susurro, reprimiendo las ganas de zarandearle y gritarle que deje de aparecerse frente a él cada que se decidía por mantenerse lo más alejado posible.

Harry apartó de un manotazo las manos de Malfoy y frunció el ceño— ¡¿En serio...?!—inmediatamente, Draco estiró su brazo para cubrirle la boca esperando que Filch no hubiese escuchado la evidente incapacidad de Potter para mantenerse escondido, demonios ¿Cómo es que siendo tan descuidado siempre lograba salirse con la suya?

Cuando se aseguro de no escuchar nada fuera del salón, reprendió a su acompañante con la mirada a pesar de que no podía distinguir bien la posición de sus ojos dada la oscuridad del cuarto—Baja la voz ¿Acaso quieres pasar lo que resta de las vacaciones en detención?

Harry no respondió, no porque no tuviera nada que decir, sino porque hacerlo implicaba mover su boca sobre la fría mano de Malfoy, quien, al darse cuenta, rompió bruscamente el contacto y trató de ignorar con todas sus fuerzas el pensamiento de haber tocado los labios del elegido.

El silencio que se prolongó brevemente fue roto por Harry susurrando:—De no haber sido por mi, tu estarías festejando la navidad en detención.

Draco bufó indignado—No trates de dártelas de héroe conmigo Potter, yo no te pedí nada, si Filch me descubría o no era mi jodido problema—se pasó una mano por el pecho sintiendo que iniciaba una aguda picazón que intentó ignorar—. De todas formas ¿Qué haces aquí?—preguntó tratando de distinguir en medio de toda esa oscuridad los rasgos de la silueta en frente suyo.

—Yo...—Harry se halló a si mismo sin una escusa convincente, no podía solo ir y decirle: ''Tengo un mapa que me indica dónde están las personas en Hogwarts, y cuando te vi merodeando los pasillos decidí seguirte''. Para empezar, eso sonaba terriblemente mal y Malfoy se lo tomaría como algún tipo de acoso (lo cual, obviamente, no era), además de que eso no ayudaría en nada en su propósito de tener una conversación civilizada, por lo que, dijo la primera mentira que se le vino a la cabeza—tenía que ir al baño.

Draco, por supuesto, no se creyó ni una palabra—Potter, honestamente...

Su oración fue cortada por las inevitables ganas de toser que lo abordaron, quiso contenerlo pero eso solo provocó que sus pulmones se desquitaran con un agudo dolor similar a una aguja apuñalando sin piedad todo su campo torácico, por lo que finalmente se rindió y permitió que los pétalos y un capullo abandonaran su boca.

Debido a lo repentino de la acción, Harry no despertó hasta que dejó de escucharse la tos de Malfoy y lo primero que hizo fue conjurar un lumos tenue, importándole poco si Filch continuaba merodeando por el pasillo y fuera capaz de ver la franja de luz bajo la puerta.

El panorama que se abrió paso entre la oscuridad era el de un aula con varias mesas y sillas, nada indicaba concretamente qué materia se llevaba acabo allí dentro, pero de todas maneras Harry no lo habría notado puesto que sus ojos estaban fijos en la figura de Malfoy, quien se había acercado la puerta y había apoyado allí su espalda y su cabeza, intentando recuperar un poco de aire que le robó ese ataque de tos mientras permanecía con los ojos cerrados.

—Anémonas*—murmuró Harry desviando su atención a las flores esparcidas por el suelo, mirando su color y textura. No era particularmente un experto como Neville, pero definitivamente prestaba atención a una que otra clase de Herbología.

Si hubiese tenido fuerzas, Draco habría soltado una risa desquiciada, sin embargo, lo único que logró fue un resoplido cansado— ¿Qué haces aquí, Potter?

—Lo mismo que tú, ocultándome de Filch—respondió evadiendo la pregunta. Aunque se había decidido a hablar con Malfoy para así no haber rechazado pasar la navidad con los Weasleys en vano, era muy distinto hacerlo, y hacerlo en verdad, es decir sin los insultos y enfrentamientos de por medio, sin picarse constantemente el uno al otro, y bueno, eso era mucho más complicado de lo que se planteó en un principio (si es que verdaderamente llegó a planteárselo).

—Ocultándote de Filch...—repitió Malfoy sonando ronco y hastiado. —Me refería...—recobró la compostura y fue acercándose de vuelta al centro del aula—a qué haces aquí, deambulando a la una de la mañana con tu capa de invisibilidad—miró el manto regado en el suelo— ¿Debo asumir que me encontraste por pura casualidad, igual que las veces anteriores?

Cuando Malfoy volteó sus pupilas grises de vuelta en su dirección, Harry se arrepintió de haber conjurado un lumos.

—Potter, ¿me estás siguiendo?

Ese, por supuesto, fue el momento idóneo para que los pétalos empezaran a brillar.


Notas de la autora:

*Anémonas silvestres: Hastío.

Bueno, acabo de descubrir una nueva etiqueta para el fic, es "super-archi-recontraque-Slowburn" quedaría a la perfección.

Vuelvo a agradecer a todas esas personas que fueron dotadas con el Don de la paciencia y siguen el fic, son únicas, las quiero(?

Creo que el capítulo quedó un poco corto pero espero que el próximo sea más largo y lo actualice más rápido (aunque no prometo nada porque después es peor).

Por cierto, quiero agradecer a aquellos que se dan el tiempo para dejarme un review, puede que no conteste (lo siento), pero créanme que los leo todos y me emocionó por igual, de hecho, suelo tomar varias de las ideas de los lectores para mi fic.

¡Gracias por leer!