XIX. Injusto

—Potter, ¿me estás siguiendo?

No valía la pena mentir, incluso para Harry eso resultaba obvio.

—Sí...

Pero contrario a lo que pudiera parecer, esa no fue la razón por la que dio su respuesta afirmativa y descarada. El verdadero motivo tenía que ver con el brillo de los pétalos de flores desapareciendo y con el lumos que conjuró momentos antes, porque gracias a la unión de esas dos acciones el aula se había iluminado y le había permitido vislumbrar algo que lo dejó descolocado.

Los ojos grises enrojecidos e hinchados.

Malfoy había estado llorando.

Tal vez fue la sorpresa lo que le impidió advertir al susodicho acercándose de manera brusca con la intención de empujarlo, pero para cuando Harry volvió a tomar consciencia, ya estaba chocando contra el piso sintiendo un leve escozor a la altura de su pecho, producto de la presión antes ejercida.

— ¡¿Y por qué?! ¡Maldición! ¡¿Cuál es tu maldito problema?!—Draco finalmente explotó, todos los pensamientos que llevaban atosigándolo desde esa tarde lo sobrepasaron— ¡¿Qué es lo que quieres?! ¡¿Qué buscas?! ¿Te preocupa que sea un mortífago? Pues te informo ¡Hay cientos más!—Draco empezaba a respirar agitado y de repente, vio una salida—Ya te lo dije ¿Qué harás? ¿Me llevarás a Azkaban? Porque si es así...—sin titubear y con arrebato, desabrochó el botón de su camisa y arremangó su saco, con ese simple acto dejó a la vista parte de su antebrazo y sobre él, una serpiente miraba al exterior, dibujada sobre la piel podía verse enroscada sobre sí misma, sin embargo, la calavera que Harry sabía que existía al final de toda esa marca, permanecía aun oculta por la tela.

El cuarto se sumió en silencio.

Draco esperaba, estaba atento a cualquier movimiento del otro, expectante a sus palabras. Cualquier decisión que él tomase lo iba a llevar al mismo final, pero tal vez, si una vez más permitía que otro se hiciera cargo del rumbo de su vida, se abriría el paso hacia otros caminos, unos que tal vez le brinden más opciones, o por lo menos, menos sufrimiento y culpa.

Sus probabilidades estaban en que Potter y su sentido de la justicia actúen y lo lleven con Dumbledore, ya sea para discutir el que harían o para enviarlo directamente a Azkaban, ambas le permitirían estar cerca del director, y allí es cuando podría pronunciar la maldición asesina y concretar su misión. Si después de eso terminaba en Azkaban, pues lástima, pero no sería mucho alimento para los dementores; y si por otro lado alguien, quizá el mismísimo Potter, optaba por cobrar venganza y arrojarle un Avada Kedavra, bien venido sea. Lo único que en esos momentos podía valer la pena era acabar su trabajo y asegurar la vida de sus padres, porque de no ser así solo le quedaría vivir con culpa y morir a merced del Hanahaki, y sabía, que una vez que sus manos se mancharan de sangre, la enfermedad no lo dejaría en paz hasta acabar con sus pulmones, corazón, todos sus órganos internos, dejándolo reducido a un montón de flores marchitas con un dolor potente acompañándolo todo el tiempo hasta que deje de sentir, hasta que deje de amar, y esa quizá, sería la sensación más cercana a la paz a la que podía aspirar de ahora en adelante.

Todo era cuestión de una elección que, para bien o para mal, ya no le pertenecía.

— ¿Qué esperas? ¡Di algo!—reclamó con los nervios de punta, sentía que una fuerte tos se aproximaba y antes de eso quería saber cual sería su destino.

—Yo...—Draco pasó saliva tratando de hacer retroceder la sensación de vómito—no voy a hacer eso, Malfoy—Harry se pasó una mano por el cabello, abrumado. —Tampoco se lo diré a Dumbledore—informó y pareció quedarse sin palabras.

El silencio volvió.

Y Draco vomitó.

Tres capullos de Pulsatilla se deslizaron por su boca hasta terminar en el suelo*. Se había inclinado para expulsar esas plantas de su sistema, pero un mareo abrupto provocó que terminara con las rodillas y las palmas apoyadas en el piso.

—No lo entiendo—Draco temblaba—No comprendo, Potter. En verdad, ¿Qué es lo que quieres? ¿Para qué tanta insistencia en seguirme? Ahora que sabes lo que soy...—miró su marca aún descubierta— ¿No se supone que esto es lo que querías, comprobar tus sospechas para acusarme y volver a hacerte el héroe? Estás frente a un jodido mortífago, un seguidor del señor tenebroso y se te ocurre...—se detuvo— ¡Maldición! ¡Necesito saber qué es lo que harás ahora!

Los dos estaban en el suelo, con los ojos fijos en el otro. Harry, apoyando su peso en su brazo derecho no parecía tener la intención de levantarse, mientras que Draco aún no recuperaba la estabilidad suficiente para hacerlo.

— ¡Yo tampoco lo entiendo! ¡¿De acuerdo?!—se restregó la cara con su mano izquierda, frotando con énfasis su cicatriz que había empezado a arder desde que Draco dejó su marca al descubierto— ¡Yo tampoco sé por qué pienso ayudarte cuando debería hacerte pagar por todo lo que nos has hecho a mí, a Ron y a Hermione!—apartó su mano para así ver directamente a los ojos grises al momento de decir: —Pero también sé que si no hago nada no voy a estar tranquilo ni siquiera cuando todo esto acabe, porque siempre tendré la sensación de que pude hacer algo y decidí ignorarlo, y no pienso vivir con eso—Harry no vio nada reflejado en los ojos de su acompañante, por lo empezó a sentirse avergonzado de sus propias palabras y apartó la vista hacia la esquina de la habitación fingiéndose enojado. —No espero que lo entiendas, solo...no todos somos como tú, Malfoy.

Si Potter esperaba una respuesta ante eso, podía seguir sentado. Lo había dejado con la mente en blanco, sin tener idea de qué hacer, no porque no le creyera, Draco sabía que aquello no podía tratarse de un truco cuidadosamente elaborado, más bien, el motivo de su silencio se debía al temor de vomitar una rosa entera si se le ocurría pronunciar palabra, pues, por la manera en la que golpeteaba su corazón contra su pecho, creía que este empezaba a trabajar cual motor de máquina para producir la tan temida rosa que indicaría el inicio de su segunda etapa.

Sintiéndose todavía más débil y sin fuerzas ya para luchar, se dejó caer en el piso y dio la vuelta quedando recostado boca arriba, con la vista fija en el inalcanzable techo.

Sintió el otro cuerpo moverse a gatas desde su lugar hasta ponerse enfrente suyo, invadiendo su campo de visión.

—Malfoy, ¿estás bien?—pronunció temiendo que el susodicho se hubiera desmayado, pero en lugar de párpados cerrados, se encontró con un par de ojos grises que lo miraban de una manera...indescifrable.

No le costó a Draco sumergirse en el tono verdoso tras esos lentes, pues, debido a la posición en la que se encontraban, (él recostado y Harry mirándolo desde arriba con su cabeza apuntando en dirección contraria a la suya) tenía los ojos del elegido justo a su misma altura, observándolo con atención y quizá hasta preocupados, por eso, y porque nunca había visto esa expresión dirigida hacia él, se permitió repasar su rostro, adivinando algunas de sus formas a través de la oscuridad que había vuelto cuando los pétalos y capullos desaparecieron; lo único que alumbraba todo, era el resplandor que se desprendía de la varita que Potter sostenía en una de sus manos, apuntando directamente a su cara.

Superado por la situación, Draco se preguntó cómo se sentiría un beso desde ese ángulo, ¿cómo sería tocar sus labios mientras las narices de ambos rosaban con sus barbillas, enviando sus respiraciones directamente hacia sus cuellos?, ¿cómo sería explorar con su lengua cada rincón de su boca?

Miró de manera intensa sus pupilas y deseó transmitir todo lo que sentía a través de sus ojos, alentado por la intensidad que le era correspondida en ese intercambio de miradas. Dentro de sí surgía un impulso de terminar con la distancia y unir sus bocas, por eso, cuando esa necesidad empezó a volverse insoportable, levantó su brazo y cubrió sus ojos rompiendo así la extraña atmósfera que había creado alrededor suyo.

«Eres patético» se reprochó mentalmente.

—Que te importa—dijo hosco, contestando por fin a la pregunta que le había hecho Harry, pero sin tener la más remota idea de cuánto tiempo había estado sumido en su desvarío; tan solo esperando que, en caso de haber notado un comportamiento raro, Potter se lo adjudicara a su enfermedad.

Harry parpadeó desubicado, sin saber exactamente a qué se refería Malfoy, estaba inmerso en su inspección aquilatando si la palidez del otro era natural o no y había terminado enganchado de esos ojos grises que veía por primera vez sin sentir odio, solo admirándolos como lo que eran, unos simples ojos con un color y forma espectacular, apenas perceptiblemente rasgados y con pestañas rubias tan largas y rizadas que resultaban agradables de ver.

Nunca se había fijado...

De un momento a otro Draco giró para quedar de costado y empezar a reincorporarse, evitando a toda costa toparse de vuelta con esa mirada que le perturbaba.

— ¿Te vas?—preguntó Harry poniéndose de pie y fijándose que el rubio había empezado a caminar hacia la puerta.

—No tengo nada más que hacer aquí—respondió cortante.

—Pero Filch podría...

— ¡No es tu asunto!—clamó ofuscado, deteniéndose por breves segundos antes de girarse completamente y salir lanzando un portazo.

En la soledad de la habitación Harry pasó una mano por su cabello y la retuvo allí mientras repasaba mentalmente todo lo que había ocurrido desde que se topó con Malfoy.

Cualquiera diría que todo había sido en vano, sin embargo, Harry sentía que algo definitivamente había cambiado.

Aunque no sabría decir si el cambio había sido en Malfoy o en él mismo.

...

Al día siguiente, y con las pocas horas de sueño remarcando su cara, Harry apareció en el gran comedor a la hora del desayuno. Era extraño ver aquel lugar tan vacío después de acostumbrarse durante todo el año a la presencia de cientos de estudiantes de distintas casas, pero era aún más extraño ver como los colores se mezclaban en una sola mesa.

Harry no prestó demasiada atención a ese hecho y fue directo a tomar un lugar junto a una pareja de niños Hufflepuff que intercambiaban cromos de ranas de chocolate mientras masticaban lo que debían de ser emparedados de pavo y bebían el tan apreciado jugo de calabaza que parecía ser el único disponible durante esas fechas. En la parte de atrás algunos maestros comían y charlaban mientras que otros, como Snape y Dumbledore, brillaban por su ausencia.

Tomó un emparedado y registró todo el gran salón con una rápida mirada, se detuvo en par de segundos en los árboles de navidad que había colocado Hagrid e inspeccionó unos momentos el grupo de Slytherins que desayunaban al fondo apartados del resto, pero Malfoy tampoco estaba allí. No se sintió sorprendido, si el día de ayer no había aparecido durante las comidas dudaba que hoy lo hiciera, pero para su desagrado eso no hizo más que sembrarle la duda al no saber desde cuándo Malfoy había dejado de alimentarse.

Y todo rastro de apetito que creyó haber tenido desapareció.

Volvió a dejar el emparedado en el mismo lugar y lo único que hizo fue beberse un sorbo de su jugo de calabaza mirando el puesto desocupado en frente suyo. En ese momento podría haber estado desayunando con la familia Weasley.

Pero presentía que de haber ido se estaría sintiendo incluso peor.

Una parte de él estaba tranquila por estar todavía en Hogwarts lo suficientemente cerca de Malfoy para vigilarlo, y si bien es cierto que no estaba pasando las mejores noches, al menos estaba logrando calmar las ansias que la curiosidad le provocaba, lo suficiente para dormir sin pesadillas. Se imaginaba que aquello sería peor estando a kilómetros de distancia y sin la menor posibilidad de hacer algo para obtener respuestas, lo que sea.

Y quién diría que el día de ayer aquello finalmente rindió frutos y pudo comprobar que, efectivamente, Draco Malfoy portaba la marca tenebrosa.

Pero descubrirlo no lo alegro, en absoluto. Al contrario, él estaba...

Su vaso de jugo se volcó contra la mesa y terminó empapando parte de su ropa. Suspiró, se puso de pie y se marchó sin advertir que todos habían detenido sus actividades para observarlo fijamente con rostros sorprendidos y ver cómo se perdía tras la gran puerta de roble.

No se había dado cuenta que su vaso no había sido el único en volcarse.


Draco se despertó esa mañana tan pronto como escuchó que uno de los tentáculos del calamar gigante chocaba contra su ventana. No tenía idea de la hora, pero a juzgar por la repentina presencia del animal diría que era cerca del mediodía.

Todos los años durante invierno el lago se congelaba y el calamar gigante nadaba buscando el calor del castillo, muchas veces incluso dormía pegando sus tentáculos a las habitaciones de Slytherin ya sea de hombres o mujeres, y había ocasiones en las que, incluso siendo temprano, todo permanecía en completa oscuridad gracias al gigantesco cuerpo que cubría las ventanas con su gran tamaño.

Esa era una de esas veces donde Draco deseó que el calamar durmiera todo el día si era posible.

La falta de luminosidad en su cuarto era tal que fácilmente podría decirse que eran altas horas de la noche y a Draco eso le agradaba, pensar que aún no llegaba el día siguiente siempre le era reconfortante, aunque en el fondo supiera que el tiempo jamás duraba lo suficiente.

Se removió un poco tratando de encontrar una posición en la cual dejara de sentir ese fuerte pinchazo en su pecho pero era sencillamente imposible, y a más de eso, su estómago y su cabeza protestaban por la falta de alimento, quejándose de que en más de veinticuatro horas solo haya ingerido un pan y un mísero trozo de manzana.

Tenía hambre y al mismo tiempo no deseaba comer por miedo a que eso empeorara su dolor. Y se suponía que aquello solo era el comienzo.

Con cuidado, se levantó y se sentó al filo de la cama; con la cabeza gacha fijó sus ojos en su antebrazo donde se trazaba la marca tenebrosa y adivinó a través de la tela su forma.

Ahora Potter lo sabía.

Y contrario a lo que esperó no obtuvo rechazo de su parte, sino más bien...apoyo.

¿En qué universo se podía imaginar a Harry Potter apoyando algo que tuviera que ver con el señor tenebroso?

En este, al parecer.

Pero sabía que Potter no apoyaba la causa, lo apoyaba a él, a Draco, y aquello era algo que no sabía cómo interpretar ¿de verdad podía contar con Potter para llevar a cabo sus planes? ¿Qué era exactamente lo que significaba ''ayudar'' para el elegido? ¿Acaso estaba dispuesto a darle la espalda al preciado trío dorado solo por él?

Sus manos empezaron a estrujar las sabanas bajo suyo.

¿Podía ser que Harry en verdad estuviese más pendiente de él que de sus amigos?, de todas formas ¿qué hacía aquí? ¿por qué se había quedado en Hogwarts si en las vacaciones siempre regresaba con los muggles o con los Weasley?

«—Potter ¿me estás siguiendo?

—Sí...»

En un principio no lo había analizado correctamente, el enojo del momento le había impedido desenterrar los hechos que encubrían esas palabras; en el tren, en el almacén, en la fiesta de navidad, incluso el día de ayer Potter lo había estado siguiendo, lo había localizado porque estaba pendiente de sus movimientos ¿o acaso habría más? ¿tal vez Potter le había colocado un hechizo de rastreo?

Negó con la cabeza, imposible, padecer de Hanahaki lo había vuelto más sensible a la magia, cualquier cosa que tuviera encima simplemente la sentiría, además, Potter no haría algo como eso...

¿Verdad?

Se dejó caer de espaldas y una involuntaria sonrisa apareció en su rostro, era una sonrisa codiciosa que aparece cuando estas cerca de obtener lo que deseas, y para Draco, la atención de Potter era sin duda una de las cosas que más disfrutaba tener.

Sabía que todo aquello no podía ser más que el fruto del complejo de héroe de Potter y su afición por entrometerse en todo, pero aún así, que todas las acciones del elegido estén girando en torno a él, que sus pensamientos se centren en él, era algo que podía degustar como el mejor de los manjares.

Sin darse cuenta, el dolor en su pecho había desaparecido.

Se permitió por más tiempo continuar sintiendo esa sensación de dicha y regocijo bailando por todo su cuerpo, manifestándose en forma de cosquilleos en sus manos, en su estómago y su pecho, haciéndole olvidar cualquier dolor que hubiera estado sintiendo y solo concentrándose en el recuerdo de Harry mirándolo desde arriba a solo un palmo de distancia.

Una de las mejores posturas para un beso.

Permaneció unos momentos más dando rienda suelta a su imaginación hasta que sintió la necesidad de verlo, de hablar con él como anoche y sentir que de nuevo toda su atención recaía sobre él y solo él, no había una estúpida comadreja o una tonta sabelotodo que interfirieran y lo mejor de todo es que esa no había sido su idea sino del mismísimo Potter.

La parte racional de su cabeza le pidió que se calmara y que se detuviera a pensar mejor las cosas, que dejara de ilusionarse de manera tan bochornosa y que se diera un fuerte golpe con la realidad para que dejara de actuar como un Hufflepuff idiota.

Pero la otra parte, la que lo había llevado a ese punto, era mucho más fuerte, de hecho, era la que lo controlaba completamente en esos momentos.

Porque cuando gustas de alguien, las cosas simplemente escapan de tu control y tu imaginación se descarrila sin tu permiso.

Pero tú lo aceptas por lo bien que te hace sentir.

Por eso se levantó y se preparó para tomar una ducha, había decidido acudir al gran comedor durante el almuerzo, en parte porque su estómago no paraba de pedir comida, y también porque esperaba encontrarse con Potter.

Era estúpido, pero no podía evitarlo.

Al final, él sabía que su comportamiento era absurdo, pero pensar que esta vez era Potter quien lo buscaba de manera tan insistente lo dejaba sin fuerzas para oponerse a sí mismo como lo había hecho desde siempre.

Él era consciente que cargaba con demasiadas cosas como para volver a pensar en Potter de esa manera, sin embargo, esta vez no era solo su parte egoísta y caprichosa la que actuaba, pues, también estaba dispuesto a sacar ventaja de la oportunidad que el mismo niño dorado le estaba dando para cumplir con la misión que le encomendó el Lord.

Porque un ave sigue deseando volar, aunque le corten las alas.

Y porque un pez seguirá siendo un pez, aunque odie nadar.


Harry no era como Draco, puede que haya vivido más de una situación capaz de quitarle el hambre a cualquiera, pero no a él, o al menos no por mucho tiempo, había pasado la mayor parte de su infancia siendo alimentado a base de las sobras de Dudley y eso fue suficiente como para no querer pasar hambre por decisión propia.

Por eso se apresuró en ir a la lechucería y entregarle a Hedwig la carta que había escrito para Lupin durante toda la mañana y después se encaminó directamente hacía el gran comedor, no obstante, nunca esperó que al cruzar la puerta lo primero que vería sería a Draco Malfoy sentado en la mesa principal comiendo como si nada.

Ni siquiera lo pensó cuando apresuró el paso y llegó hasta la mesa para sentarse justo en frente del Slytherin, quien se mantuvo impávido y permaneció concentrado en su almuerzo.

—Malfoy—llamó, tarde dándose cuenta que no tenía idea de qué decir, aunque no importó, de todas formas, Malfoy pasó de él.

Su plato de comida apareció enfrente y Harry decidió que su conversación podía esperar.

Sentados uno frente al otro, los dos comían en silencio sin interrumpir o apresurar su ritmo en lo más mínimo. De vez en cuando Harry le lanzaba una que otra mirada como para asegurarse de saber cuál sería su próximo movimiento, pero aun así no advirtió cuando este terminó su comida y apoyó sus manos sobre la mesa dispuesto a retirarse.

—Espera, Malfoy, tengo que hablar contigo—dijo recorrido, deteniendo a medio camino la cucharada de arroz que había intentado llevar a su boca.

No lo perdió de vista ni un segundo por lo que observó cómo Malfoy lo miraba algo sorprendido y luego se acomodaba nuevamente en su silla.

—En verdad te gusta llamar la atención, Potter—fue lo único que dijo.

Estuvo a punto de preguntar a qué se refería, pero bastó que él mismo desviara un poco la vista y se percatara de las miradas curiosas que los de otras casas les dirigían. Nadie que no sea Slytherin se aventuraba a sentarse cerca de Draco, mucho menos a hablarle de forma tan despreocupada, y que precisamente su más conocido rival lo hiciera era algo que sin duda capturaba la atención.

Pero Harry había pasado por suficientes cosas como para que a esas alturas le importase.

—No depende de mí—se excusó—si no hubieses sido una piedra en el zapato todos estos años ellos no estarían esperando que en cualquier momento comencemos a lanzarnos hechizos el uno al otro.

Draco apretó la mandíbula y sonrió—Quizás les dé el gusto.

Por un instante Harry tuvo el impulso de sacar su varita, pero sabía que Malfoy no se atrevería a empezar un duelo en medio del comedor frente a todos los profesores.

Los dos se miraron desafiantes y a su alrededor los alumnos los veían de hito en hito.

De un momento a otro el rubio se levantó y miró a Harry hacia abajo, como si mirara un escarabajo insignificante. Harry apretó aún más la cuchara que continuaba sosteniendo en su mano sin apartar la vista.

—Tú has sido mucho más una piedra en mi zapato, Potter. Tú has arruinado mi vida—farfulló con rencor y sin tapujos, luego solo entrecerró los ojos, amenazante—en realidad has arruinado la vida de muchos, incluso has hecho más que eso ¿me equivocó?—y con eso último se alejó a paso apresurado rumbo a la salida.

Harry había entendido perfectamente que eso último hacía referencia a lo que pasó con Sirius.

Pegó un golpe a la mesa que asustó a los presentes y se dispuso a ir al encuentro de ese canalla, tan ensimismado estaba en esa idea que ignoró completamente los platos que habían ido a parar al pulcro piso producto de su explosión de magia.

— ¡Potter!—fue lo último que escuchó antes de perderse por el pasillo.


No tenía mucho tiempo así que corrió hacia el lugar más apartado de aquel piso hasta ver los cuatro relojes de las distintas casas y pronunció un alohomora en el cuarto más cercano, donde se encerró para así mermar un poco el ruido que provocaría su tos.

Hizo un gran esfuerzo por no soltar todo justo en el instante en el que Potter lo miró de aquella forma acusadora, y pese a que estaba acostumbrado a cosas peores, a miradas cargadas de odio, fue como si todo el circo que se había formado en su cabeza se esfumara de un momento a otro y volviera a la realidad donde sabía que el único interés de Potter en él era saber si de alguna u otra manera pudiera hacerle daño a sus conocidos, como había sucedido con Katie Bell.

¿Qué demonios le había pasado? ¿Había sido él? ¿se había dejado llevar por sus sentimientos o era cosa del Hanahaki?

No tuvo tiempo para pensar en una respuesta.

Los pétalos que tosió esta vez eran blancos con tintes rojizos en sus filos, caracterizados por pertenecer al clavel y cuyo significado no era más que el rechazo.

Se limpió la boca con su camisa blanca y se dio cuenta que no llevaba su suéter encima, ni siquiera se había puesto su corbata. Afuera del castillo hacía un frío de mil demonios y adentro no estaba mucho mejor, no había razón para vestir de esa manera.

A menos que esa razón llevará una cicatriz de rayo en la frente.

Se sintió abrumado y se alejó de la puerta cayendo en cuenta del sitio donde se encontraba; una pequeña habitación oscura y vacía, la habitación donde esperaban los de primer año antes de ser seleccionados para sus casas.

Algo parecido a la nostalgia lo abordó, pero quizá simplemente era el deseo de que todo fuese tan fácil como en aquel entonces, donde su preocupación más grande era ser seleccionado para Slytherin y el castigo por no cumplir no tenía nada que ver con la muerte.

Draco se sintió atraído por la quietud de la instancia y caminó hasta colocarse bajo la araña que colgaba en el techo; con un movimiento de varita encendió las velas y el cuarto se iluminó dejando ver paredes lisas y sin gracia.

Pensó que era un buen lugar para aislarse, tal vez por eso colocaban a los estudiantes allí antes de que oficialmente formaran parte de Hogwarts, pero todo indicio de esa tranquilidad se fue por la borda cuando escuchó un golpe a sus espaldas; se sobresaltó involuntariamente y giró con la varita en ristre lo más rápido que pudo, solo para escuchar: "expelliarmus" y sentir cómo ésta se desprendía de su mano y volaba por los aires hacia la otra punta de la habitación, Draco siguió su curso antes de volver su rostro y conectar sus ojos con los de un furioso Harry.

— ¿Otra vez siguiéndome, Potter?—soltó socarrón, sin embargo sus ojos se perdieron en los pétalos de clavel que se habían desprendido del suelo ante la estruendosa entrada del otro y que ahora paseaban por el aire, algunos rosando incluso la piel del elegido.

Harry entró a grandes zancadas y se plantó frente a Draco ignorando el brillo que empezaban a desprender los pétalos a excepción de unos cuántos.

— ¿Qué fue lo que dijiste sobre Sirius?—reclamó mirándolo fijamente.

—Nada que no sea cierto. Todos lo saben, fue tu culp...

Un golpe seco. Estuvo equivocado si esperó que Potter respondiera a la provocación con algún hechizo, debió haber adivinado que era demasiado muggle como para no plantearle un puñetazo en la mejilla ante tal mención de su padrino.

Retrocedió unos cuantos pasos por el impacto e instintivamente llevó su mano a su mejilla: escocia y sentía palpitar el área donde fue el golpe; no estaba sangrando, pero sabía que pronto la zona se hincharía y su piel adquiriría diferentes colores que gritarían a los cuatro vientos ''fui golpeado por Harry Potter''.

No supo cómo reaccionar, pero de todas formas no hizo falta.

En cierta manera agradecía que Potter no le hubiese devuelto el favor que le hizo en el tren y le rompiera la nariz, aunque sinceramente, deseaba con todas fuerzas aquello antes que estar sintiendo eso.

Ni siquiera tuvo tiempo de moverse o hacer ademán de regresar el golpe, simplemente sintió que unas garras lo atravesaban como un rayo y empezaban a estrujar sus pulmones con saña.

Un sonido ahorcado salió de su garganta antes de inclinarse y vomitar una ridícula cantidad de pétalos y capullos que ni siquiera pudo distinguir, lo único que veía con claridad eran las manchas de sangre en el piso, su sangre.

Todo empezó a girar y el mareo lo orilló a irse de espaldas y golpearse la cabeza contra el suelo, pero apenas lo sintió, pues el verdadero dolor yacía en su pecho, en su tráquea que ardía como si lava ardiendo estuviese pasando por allí, ni siquiera podía emitir sonidos, tan solo movía la cabeza de un lado al otro y pasaba sus manos sobre su pecho, agarrando su camisa como si con eso pudiera mitigar de alguna forma la sensación de ardor.

Las uñas se clavaban en su carne y ni siquiera lo sentía.

Fue allí que unas manos lo sostuvieron evitando que continuara haciéndose daño, en respuesta, él se removió inquieto tratando de liberarse para poder seguir rasgando hasta llegar a sus pulmones y sacar de allí lo que sea que estuviera dentro, creciendo. Tenía que impedir que siguiera creciendo, lo iba a matar.

— ¡Draco!

Fue el grito, fue su voz, tal vez su nombre siendo pronunciado, la cuestión era que cualquiera de esas cosas había sido la causante de que todo cesara. El ardor se esfumó tan rápido como vino y ya no sentía nada, solo su respiración. Estaba tan aliviado que podía haber besado a Potter, pero solo sonrió como un maniático y se relajó dejando su cuerpo laxo.

—De acuerdo, lo siento—dijo con voz rasposa y agotada, casi extinta, para al final concluir sus palabras con una risilla no propia de él. Estaba tan contento de haberse desecho de su dolor que ni siquiera le importó haberse disculpado con aquel tono juguetón, como si aquello no fuese más que un juego de quién hacía más daño y hubiese sido derrotado y humillado. Insultó a Potter y después estuvo a punto de morir; vaya paliza.

Pero Draco no sentía que estuviera jugando con Potter, en realidad era como si confrontase a la propia enfermedad, tentando para ver cuál sería su suerte, y ahora estaba más que claro que él salía perdiendo con creces.

Empezó a respirar normal y a ser consciente de sus extremidades, sintió sus manos temblar e intentó moverlas, allí se dio cuenta que no eran las suyas las que temblaban.

Abrió los ojos que había mantenido cerrados sin darse cuenta y chocó contra una mirada angustiada y paralizada, pendiente a cualquier movimiento suyo. Podía ver la pupila achicada hasta su punto máximo y la expresión de alguien que acababa de presenciar la muerte.

Si lo hubiera sabido, Draco habría adivinado que era la misma expresión que Harry puso cuando asesinaron a Cedric.

Se removió tratando de soltarse y Harry, como salido de un trance, dejó de retener sus manos, apartándose un poco y dándole espacio para que se reincorporara.

— ¿Estás...estás bien?—preguntó mientras lo recorría de arriba abajo para asegurarse.

Draco bufó—Por supuesto ¿no se nota?—su voz continuaba siendo áspera, necesitaba tomar algo—agua...—pidió inseguro de que el otro accediera a dársela.

Harry pareció reaccionar a esas palabras y se acercó a gatas hasta estar a un lado suyo, Draco no sabía por qué aún no había convertido nada en un vaso para allí conjurar el aguamenti, pero al parecer su mente y la de Potter trabajaban de manera totalmente diferente, pues el otro no tuvo reparos en tomar su quijada y poner la punta de su varita entre sus labios.

—Abre—pidió con seriedad y Draco obedeció sin rechistar—Aguamenti.

Sintió el líquido invadir su boca, lo retuvo y luego apartó a Harry de un manotazo antes de tragar y sentir cómo su garganta se refrescaba, mientras que, por otra parte, el calor por el resto de su cuerpo se expandía.

— ¿Más?—preguntó Harry y Draco lo maldijo con todas sus fuerzas por hacerlo sentir de esa manera en un momento como aquel.

—No—contestó seco y se puso de pie sintiéndose débil. En no menos de un segundo tuvo a Harry colocando su mano en su cintura y pasando su brazo por su cuello para ayudarlo a sostenerse.

—Iremos a la enfermería—dijo y eso sacó a Draco de su shock momentáneo.

— ¡¿Qué?! ¡De ningún modo! ¡Querrán llevarme a San Mungo!

— ¡Y allá es a dónde deberías de ir! ¿Acaso no te das cuenta que estuviste a punto de morir?—preguntó y Draco sintió como su mano estrujaba un poco más fuerte su cintura.

—No, tu no lo entiendes, si voy allá de todas formas moriré.

Harry pareció detectar la desesperación en su voz y dejó de hacer fuerza para arrastrarlo hacia la salida.

— ¿Por qué?

Draco rio sin gracia— ¿Por qué? Potter, tú lo viste, tengo la marca. Puede que tú y tu infinita bondad no quieran llevarme a Azkaban pero en cuanto ponga un pie en San Mungo los médicos se darán cuenta y acabaré siendo alimentó para dementores—luego, para finalizar añadió: —Dijiste que querías ayudarme.

Harry lo miró enfadado— ¡Ahora sí te sirve mi ayuda!

— ¿Lo harás o no?

Hubo un silencio donde cada uno inspeccionó el rostro opuesto para adivinar sus intenciones.

Harry asintió de mala gana—De acuerdo, pero tienes que prometerme que dejarás de evitarme y cuando estemos hablando te abstendrás de mencionar a mis amigos o a mis padres ¿quedó claro?

Draco sintió ganas de gritarle que podía ponerse su promesa por donde no le llegaba el sol, además ¿eso qué significaba? ¿Qué desde ahora empezarían a reunirse? ¿a tratarse como camaradas? Lejos de ayudarlo lo único que haría era causarle más problemas—Ni tu ni yo sabemos por qué haces esto, Potter ¿Por qué no mejor te planteas...?

—Prométemelo o se lo diré a McGonagall.

Los ojos plateados de Malfoy se volvieron cuchillas antes de soltar una mala palabra y gritar: — ¡Bien! ¡Todos tenemos que ceder ante el favorito de los profesores!

Harry no hizo caso a las palabras y apuntó su varita hacia la esquina del cuarto—Accio varita de Draco.

El mencionado se tensó y vio el objeto viajar a velocidad hasta las manos de Harry.

—Te la devolveré en la noche ¿Crees que tendrás fuerzas para salir si descansas toda la tarde?

Aquello lo hizo salir de su estupor— ¿Qué? ¿Qué demonios insinúas? ¡Devuélveme mi varita!—intentó arrebatársela con la mano derecha pero Harry se apartó y lo hizo trastabillar hasta que recobró el equilibrio sintiendo que poco a poco recuperaba fuerzas.

—Si tienes fuerza para reaccionar así también tendrás fuerza para llegar hasta las mazmorras—dijo y se detuvo a mirar algo en el centro de la habitación.

Draco también giró en la misma dirección y pudo observar la sangre que manchaba el piso, al parecer los pétalos y capullos ya habían desaparecido.

Fregotego—Harry apuntó la mancha que instantes después desapareció y luego lo apuntó a él pronunciando el mismo hechizo. —Tenías sangre en la camisa—explicó encogiéndose de hombros al ver la expresión de Draco.

Con cada palabra salida de la boca de Harry, Draco sentía que se quedaba sin defensas.

— ¿Podrás llegar a tu sala o quieres que yo...?

—Iré solo, Potter. No necesito tu ayuda—interrumpió con rudeza, tratando de recuperar un poco el ambiente hostil que podía manejar, no esa especie de...ni siquiera sabía cómo definirlo.

Harry frunció el ceño, pero no se dejó amedrentar—Bien, entonces te espero en la noche—y se fue acercando a la salida.

— ¿Y en donde se supone que...? Espera—espabiló— ¡Yo no te he dado permiso de llevarte mi varita!—de vuelta se acercó intentando arrebatársela.

Harry lo esquivó y se guardó ambas varitas en el bolsillo viendo como Draco enrojecía de ira.

—Hagamos un trato, yo conservo tu varita hasta el anochecer para asegurarme de que llegues y yo te explicó cómo sabré a qué hora saldrás de tu cuarto y en dónde vas a estar.

Draco lo miró aturdido—No lo creo, Potter ¿Me espías?

Harry enrojeció— ¡No es eso! ¡Es solo...!—se calló— ¡Ya lo sabrás cuando vayas!—y se marchó desapareciendo tras la puerta.

Esperó a que su cabello rebelde se perdiera de vista para llevar una mano a su pecho y sentir el desorbitado latido de su corazón que parecía querer escapar y seguir de buena gana al elegido.

Era el colmo, Potter ya era dueño de una parte de sí mismo y ahora también se adueñaba de su varita.

Si continuaba así, terminaría por adueñarse de todo lo que era Draco.

Mientras que él lo único que tenía de Potter era aquella enfermedad que había desarrollado por su causa.

—Injusto—susurró.


*Pulsatila: No puedes pretender nada.

¡Lo hice!

Estaba estancada y ni idea de cómo continuar pero lo hice!

Solo espero no haber escrito a lo loco y que como siempre, tenga algo de sentido.

Bueno, gracias por esperar, espero volver pronto con otro capítulo, tardo tanto porque sé a dónde quiero llegar pero no sé cómo hacer que ocurra xD

Ahora, creo que por primera vez contestaré algunos reviews:

ryho-sama: Soy malvada por haberlo dejado en la parte más interesante, espero no haberte decepcionado con la continuación ^^' y me alegra mucho que te guste lo que escribo.

bethap: Debo decir que me inspiré y grité con tu primer review, gracias. Ahora, espero no haber tardado tanto y que el capítulo haya valido la pena, creo que lo hice un poco más extenso que el anterior.

sof77: Creo que en este capítulo al menos hubo más progreso entre Harry y Draco que en el resto del fic, peor es nada xD.

.3: De nada, gracias a ti por continuar la historia aunque demore siglos.

mESTEFANIAb: Gracias por tu paciencia, espero en verdad ya no tardar años en volver a actualizar.

gama-90: Me alegra que te hayas decidido en leerlo pese a que aún no está completo y que haya sido de tu agrado, aún soy nueva en esto de escribir y cada que actualizo es con la duda de si lo estoy haciendo bien o de si es lo suficientemente bueno en comparación de otros fics de este fandom. Y no te culpo, es difícil encontrar obras a la altura de los clásicos porque sus autoras sencillamente son diosas de la escritura xD. Lo mio es solo el trabajo de una aspirante, pero me emociona saber que aún así haya logrado capturar tu atención, a veces hay trabajos maravillosos que se esconden donde menos te imaginas. En fin, espero y hayas disfrutado del capítulo.

Guest1: Lo siento, puede que sí sea cruel, pero en recompensa traje este capítulo que viene con el tan ansiado avance entre Harry y Draco, no es mucho pero es trabajo honesto jajaja xD.

Percy Ross Vulturi Uchiha: Jajaja exactamente, lleva su propio ritmo. Gracias por tus consejos, me han dado una buena idea de cómo seguir con la trama, espero y no haberte decepcionado con el capítulo ^^'.

M3l: Gracias! Volví con este capítulo y espero te haya gustado. Nos leemos!

Otps-dream: Jajaja suele pasar, me alegra que no te hayas dado por vencida y haya podido leer tu grandioso review. Como has dicho, trato de que las cosas entre ellos se den de forma natural y sin cambiar tanto sus personalidades, baso la historia en el canon aunque en cierto punto voy a tener que cambiar las cosas de manera drástica, pero aún falta para eso. Por otra parte, si quiero que el fic no me quede tan largo supongo que tendré que empezar a escribir 10000 palabras por capítulo. Gracias y espero no tardar tanto en la próxima actualización.

Yo: Para mi es igual de hermoso ver que he recibido un review.

Guest2: Que bueno que te guste el ritmo de la historia pese a que va un poco...bueno, bastante lento, tanto en la trama como en las actualizaciones, sin embargo trato de hacer un esfuerzo y ya no tardo meses en actualizar, espero haberte brindado un poquito de alegría con esta actualización.

rebeccamiller1999: Me encantó la canción que me recomendaste, la verdad no lo había escuchado, soy más de escuchar canciones sin letra mientras escribo para no distraerme, pero aún así con gusto la escucho antes de empezar para así inspirarme, Gracias por tus palabras, saber de que lo que escribo es apreciado por mis lectores y que no es algo que se perderá por el mar de internet sin que nadie siquiera lo haya visto me hace feliz.

Moo123: Fanfiction malo! Okno. Lo bueno de eso es que esperaste menos para la actualización. Y si en verdad te encantan esas escenas espero haberte alegrado un poquito con las de este capítulo, nos leemos!

Aquagt929: No sabes lo feliz que me pone saber que para alguien este sea un fic de calidad, me hace sentir que todo mi esfuerzo vale la pena y lloro, bueno, son lágrimas internas. Espero no abusar mucho de tu paciencia y seguir actualizando los otros capítulo más rápido. Sobre tu pregunta...es una buena pregunta. Pienso seguir la historia original solo hasta un cierto punto y luego cambiaré todo, por eso tengo que escribir 10000 palabras por capítulo si quiero que no se haga tan largo. Me leíste la mente.

Espero que esto se haga una costumbre y pueda seguir contestando sus reviews, la verdad no esperé pasar de 20 y ahora son...joder ¡146! !¿A cuántas personas no he respondido?! Rayos...

Bueno, los que no han recibido respuesta tengan en cuenta que leo todos y cada uno de sus mensajes y les contesto mentalmente, además de que han sido mi gasolina para llegar hasta aquí.

¡Gracias por leer!