XX. Boathouse
Aquella noche de invierno despertó de manera tranquila, simplemente abriendo los ojos pese a que la pesadilla de esta vez había sido espantosa. Se reincorporó en su cama y miró la pared de enfrente sin ver nada realmente. Su habitación no poseía muchos muebles: un buró a cada lado de su cama, un escritorio en una esquina y una repisa a su lado derecho. Junto al escritorio había una ventana cubierta por cortinas de color beige y se podía ver sombras a través de ella, las ramas de un árbol cercano se movían con el viento, de ellas descendían montones de nieve acumulada que emitían un ligero resplandor gracias a la luz de la luna. Y unos pocos pétalos cayeron.
Tosió.
Y unos pocos pétalos cayeron.
Despabiló totalmente y se reincorporó. Con espanto buscó la lámpara junto a su cama dando a tientas con el cordel que la encendía. La luz alumbró el cuarto y pudo ver con claridad y sin lugar a dudas que unos cuántos pétalos rojos habían surgido de la nada.
O de su boca.
Pero eso era imposible, tenía que haber otra explicación. Por su puesto que no estaba...
Tosió. Esta vez pudo sentir claramente los pétalos escapando entre sus labios y los vio circundando por el aire.
Palideció.
—No puede ser.
/*/
Alguien debió haberlo tenido, no hay otra explicación.
» El Hanahaki es una enfermedad del corazón, las raíces y las flores se hayan en su mayoría en los pulmones, pero se alimentan de cada latido, de su vitalidad.
Pero ¿Quién? No podía pensar en nadie que, ni por asomo, tuviera síntomas de padecer Hanahaki mientras estudiaba en Hogwarts, nunca nadie tosió flores, nunca nadie interrumpió el desayuno vomitando un capullo, ¡recordaría si algo como aquello hubiese sucedido!
» El Hanahaki es algo que a cualquier mago le puede suceder, pero para ser completo necesita de magia, de su historia, aunque a un nacido de muggles le puede ocurrir, no será tan fuerte y será pasajero.
¿Podía ser que alguien con Hanahaki hubiese sido correspondido relativamente en poco tiempo y por eso nadie fue capaz de notar las anomalías? ¿ni siquiera él?
Podía ser ese el caso, pero aún perduraba la pregunta ¿Quién?
¿Quién llegó a Hogwarts con esa enfermedad y lo contagió?
Contagiar.
»La enfermedad del Hanahaki es un virus que muy en el fondo todos poseen, pero solo en pocos encuentra la fuerza suficiente para desarrollarse, pues, el amor mismo varía dependiendo del individuo.
En su despacho, Severus sostenía una carta cuyo contenido expresaba la gratitud de la persona que le ha estado ayudando a saber un poco más sobre la enfermedad de Draco. El hechizo de traducción fluctuaba sobre la posdata escrita al final del pergamino y Snape no podía apartar los ojos de ella.
» El virus de la enfermedad se activó en alguien, por eso ahora puede ser contagioso para aquellos que estén sufriendo de un mal de amor en este momento. Basta con respirar el mismo aire que el portador.
Snape ahora entendía que él fue víctima del virus hace tanto tiempo debido a que el portador original rondaba en Hogwarts en aquel entonces.
Y ahora se repite la historia.
Es raro que los jóvenes creen un sentimiento tan fuerte por alguien que saben los va a rechazar, él no creería poder señalar siquiera a uno que se sienta de la misma forma que él lo hizo en el pasado. Todos los alumnos son completamente inmaduros para eso.
O bueno, la mayoría.
De ahora en adelante debía de estar más pendiente con los estudiantes, ver si alguno de ellos mostraba algún síntoma, porque, aunque en su cabeza no cabía que alguno de ellos fuese capaz de padecer Hanahaki, tenía que recordarse que si pasó con Draco, podía pasar con cualquiera.
Sin embargo, le aliviaba saber que aquel requisito que se necesitaba para portar la enfermedad, muy pocos lo podían cumplir.
Snape guardó la carta y se dispuso a salir de su despacho, siempre con la cabeza puesta en quién podría ser el próximo desafortunado.
...o desafortunada.
» Pese a todo, hay una cosa que siempre ha caracterizado al Hanahaki aunque se diga que no esté relacionado, y es que aparece solo en personas destinadas a amar a un único individuo durante toda su vida.
Draco conjuró un tempus que le indicó estar cerca de la media noche, por lo que decidió empezar a alistarse para salir de las mazmorras. Se había cambiado de camisa pese a que Potter se había encargado de eliminar las manchas de sangre, no se sentía a gusto portando esa prenda arrugada y con los botones casi sueltos producto del horrible espectáculo que protagonizó hace un par de horas. Se vistió con un buso negro con cuello de tortuga que creyó le ayudaría aún más a ocultarse entre las sombras por si Filch o algún maestro rondaba cerca a esas horas, además, y aunque no quisiera admitirlo, aquel buzo, en conjunto con una bufanda y un par de guantes, lo protegía bastante del clima invernal que predominaba en Hogwarts. No se consideraba a sí mismo una persona sensible al frío, en realidad podría decirse que al habitar las mazmorras ya se había acostumbrado a las bajas temperaturas, pero desde que empezaron los indicios de agua nieve su cuerpo empezó a captar el clima helado con mucha más notoriedad que en veces anteriores, su cuerpo inclusive tiritaba si permanecía mucho tiempo sin los hechizos de calefacción, y cada que respiraba sentía como si en sus pulmones se colaran partículas de nieve que enfriaban su cuerpo y sobre todo su sistema respiratorio; como haber ingerido una pastilla de menta y luego beber agua helada.
Cuando ya se sintió preparado, salió del cuarto y caminó hacia la pared de la sala común, pero antes de salir repasó los lugares a los que podría estarse dirigiendo, después de todo Potter le había dicho que donde sea que estuviese él le encontraría, por lo que quiso probar la veracidad de sus palabras y se encaminó hacia el puerto subterráneo, donde se almacenaban los botes que traían a los de primer año, no era un lugar muy concurrido y tampoco le quedaba tan lejos aunque la cantidad de gradas que tenía fuese absurda.
A decir verdad, le intrigaba mucho saber cómo es que Potter era capaz de adivinar dónde y a qué hora saldría de las mazmorras, él dijo no estarle espiando, pero ¿de qué otra forma sería posible ubicarlo? estaba seguro de que no había ningún hechizo de rastreo rodeándolo o algo parecido, por lo que podía descartar esa posibilidad ¿Sería tal vez alguna especie de bola mágica que le mostrase cuándo y dónde haría las cosas? si era así Potter habría llegado a un nivel de adivinación muy superior al de Trelawney (si es que aquella mujer tenía alguno).
Sin embargo, aquella posibilidad, pese a ser la más lógica, también era poco probable puesto que ni los más grandes magos se han acercado siquiera a desarrollar un artículo semejante.
Era tan poco probable como sobrevivir a una maldición asesina.
Y ya que estamos, era igual de improbable que ser portador de una enfermedad que te obliga a toser flores producto de un amor no correspondido, siendo esta tan escasa que ni los más grandes medimagos tienen registro o conocimiento alguno de su existencia.
O al menos no en esta parte del mundo.
¿Cómo habría sido todo si la enfermedad fuese conocida y él supiera desde un inicio que existía? ¿Habría tomado precauciones? ¿Habría esperado que le sucediera? o aún peor ¿Todos sabrían y se burlarían de él? ¿Serían capaces de descubrir quién es el causante de su malestar? ¿Qué pensaría Potter al respecto?
Llegó a las escaleras que bajaban desde el patio de la entrada y el lago y dio un vistazo rápido al panorama. La nieve había hecho su trabajo coloreando de blanco todo lo que tocaba, incluso el centenar de gradas que le esperaban. Descendió el primer peldaño, se aseguró de que no estuviera tan resbaloso y continuó bajando. El cobertizo estaba totalmente cubierto por nieve y el agua congelada lucia como cristal que reflejaba la luz lunar y daba un poco de iluminación al lugar.
Inmerso en sus pensamientos, bajó durante un largo tiempo hasta estar a un tramo de llegar a suelo firme; escuchó pisadas en la nieve que se acercaban desde arriba, pero no giró para asegurarse de que sea Potter, en realidad podía sentir que se trataba de él, por eso mientras descendía, esperó que el susodicho revelase su presencia susurrando su nombre o apresurándose en llegar a su lado, pero en su lugar solo escuchó el sonido de tela rozándose y el silencio.
Aquello le resultó extraño, por lo que se giró y se arrepintió de hacerlo, pues, desde la meseta de la escalera, Harry Potter, vistiendo un abrigo, con su cabello revuelto, sus lentes ligeramente empañados, el vaho saliendo de sus labios y sosteniendo su capa de invisibilidad, le estaba brindando, probablemente, una de las últimas imágenes que aparecerían en sus recuerdos antes de morir.
Incluso tuvo el aterrador impulso de emitir una sonrisa, que había olvidado, era capaz de hacer...
Pero todo se trizó.
Y aquella bella estampa que visualizó hace pocos segundos cayó en pequeñas piezas e inclusive pareció teñirse de rojo cuando de la nada una arcada abrupta lo desestabilizó y lo obligó a apoyarse en la barandilla de piedra, cuyo contacto por alguna razón no hizo más que empeorar todo, pues, al estar a la intemperie era lógico que el material se encontrase helado a más no poder, pero pareciera como si todo ese hielo atravesara sus guantes directamente hacia sus manos y de allí viajase hasta su pecho donde el dolor se aglomeraba y se convertía en una masa indescriptible. No sentía movimiento alguno en su interior, solo existía un frio insoportable.
Alguna vez se preguntó lo que se sentiría morir congelado, y parecía a punto de descubrirlo.
— ¡Malfoy!
No obstante, antes de abandonarse por completo al frío infinito que se esparcía por su ser, volvió a experimentar una arcada para luego vomitar por completo una flor con su tallo, pero antes de poder ser consciente de lo que aquello significaba, la obscuridad lo avasalló igual de dolorosa y fría que el latir de su corazón.
— ¡Mierda! ¡Draco!
Cuando Harry abandonó la torre de Gryffindor y se encaminó en la misma dirección que Malfoy, no esperó que este saliera del castillo directo hacia el cobertizo donde se guardaban los botes, tuvo que transformar su ropa en una pobre imitación de abrigo que con esfuerzo logró resguardarlo un poco del frío. No se había preparado para salir al exterior, lo cual le pareció un buen movimiento de parte del rubio, por lo que tuvo que tragarse sus protestas y bajar la inmensa cantidad de escalones hasta la última meseta, donde por fin pudo ver la silueta del rubio unas pocas gradas más abajo. Estuvo a punto de llamarlo para anunciar su llegada y se deshizo de su capa de invisibilidad, no obstante, permaneció inmóvil.
Draco, vestido en ropas negras, se detuvo y pareció esperar una reacción de su parte, pero su cuerpo entero parecía no tener intención alguna de moverse.
Escuchó un ''¿Qué haces?'' en su cabeza que sonó a una mezcla de las voces de Ron y Hermione. Fue inevitable que él se planteara la misma pregunta.
Estaba a punto de dirigirse a una zona apartada del castillo junto con su némesis, bien podía ser una trampa en la cual estaba cayendo de cabeza, tal vez Voldemort esperaba dentro del cobertizo a su llegada, o por lo menos un grupo de mortífagos, después de todo Malfoy era uno de ellos...
El mencionado se giró y los pensamientos de Harry chocaron unos contra otros, la desconfianza, inseguridad, resentimiento, todo eso estaba, los sentía punzar en su interior, pero por encima resaltaba una necesidad de confiar que no sabría cómo explicar. Quería confiar en Draco ¿Por qué diantres necesitaba tanto confiar en él?
Debe de existir alguna razón por la cual le da tanta importancia, después de todo estaba viendo el rostro del primer niño mago que conoció, lo lleva viendo durante 6 años, pero entonces ¿por qué parecía que no lo conocía en lo absoluto?
Como una ráfaga, el rostro pálido aligeró sus facciones y su expresión pareció cambiar, en ese punto Harry estaba apretando su capa hasta dejar sus nudillos blancos, sin embargo, en cuanto vio el cuerpo contrario tambalearse y arrimarse en uno de los filos, dejó caer el objeto y corrió escaleras abajo.
— ¡Malfoy!
En el pálido rostro podía distinguir una auténtica expresión de sufrimiento que disipó cualquier duda y lo hizo sentir culpable y tonto. La preocupación tomó el lugar de la desconfianza e incrementó al ver que Malfoy vomitaba una rosa y estaba a punto a perder el conocimiento, por eso, en su afán de llegar rápido, no tomó en cuenta la superficie resbalosa y terminó deslizándose en la nieve.
— ¡Mierda! ¡Malfoy!
Lo alcanzó justo antes de que perdiera el equilibrio; se había visto obligado a abrazarlo por la espalda, aunque eso provocara la caída de ambos, por esa razón la mitad del cuerpo del otro lo aplastaba y él estaba desparramado a lo largo de la escalinata de piedra, no era una posición cómoda, pero al menos había logrado evitar que Malfoy se diera un buen golpe en la cabeza. Ahora mismo su espalda dolía como los mil demonios, pero no era tan grave puesto que estaba seguro de poder levantarse y recorrer los pocos metros que faltaban hacia el cobertizo. Por su cabeza pasó llevar al Slytherin a la enfermería, de hecho, era algo que definitivamente haría si no fuera porque, hace apenas un par de horas, prometió lo contrario, aunque de todas formas para ir y solicitar ayuda tendría que subir de vuelta y dejar a Malfoy tirado en medio de la escalera, por lo que descartó la idea de inmediato.
Miró el cuerpo que reposaba sobre el suyo tratando de entrever algún indicio de cualquier malestar, especialmente nada que tuviera que ver con estarse ahogando en... ¿flores?
Ante el pensamiento, apartó la vista y miró a un costado suyo un montón de pétalos rojos y negros que rodeaban una rosa con los mismos colores. Apretó más su agarre con el brazo izquierdo y estiró el otro para alcanzar la flor.
— ¡Auch!—se quejó al clavar su dedo en una de las espinas, cosa que logró robarle un par de gotas de sangre. Volvió a intentar tomar la rosa desde otro ángulo y esta vez sí pudo acercarla hacia su cuerpo y el de Draco, siendo capaz así de contemplar la gran cantidad de espinas que esa flor exótica tenía.
¿Cómo es que alguien podía ser capaz de vomitar algo así? No importaba la magia que había de por medio, el simple hecho de pensar que era posible se le hacía doloroso.
Su preocupación incrementó y apartó la rosa para esta vez mirar con mayor detenimiento el estado en el que se encontraba su acompañante.
Colocó una de sus manos en el pecho de Draco para verificar su ritmo cardíaco; el roce con la tela era cálido y sobre todo, el compás de su respiración parecía normal, lo que le ayudo a sentirse aliviado, además, la temperatura de su cuerpo era tibia, contrario a la suya que se asemejaba al interior de un frigorífico, seguramente Malfoy sí había pensado en los hechizos de calefacción antes de abandonar el castillo, lo cual, por alguna razón, nunca pasó por la mente de Harry.
Para concluir su chequeo, llevó sus ojos a dar una rápida revisión de las facciones del otro; desde su posición solo podía ver una porción de su cara, sobre todo las pestañas pobladas que parecían blancas al estar reteníendo pocos rastros de nieve, también notó el rubor de su nariz y pómulos, pero al bajar a sus labios, le extrañó distinguir una gota escarlata que se paseaba por toda la comisura. Inconscientemente llevó su mano hasta allí y limpió el rastro sintiendo una ligera protuberancia en el medio de su labio inferior, y mientras repasaba su dedo pulgar por aquella zona, entendió que el pequeño corte se debería a haber expulsado de su cuerpo aquella rosa con tantas espinas.
Lo extraño es que no hubiera más heridas.
Se quedó ensimismado en aquel contacto, no podía dejar de ver y sentir su dedo repasando la superficie suave y tibia de esos labios, no paraba de ir de extremo a extremo sintiendo su forma desde las comisuras.
Fue cuando Draco soltó un suspiro en medio de la inconciencia que espabiló y recordó dónde estaban y por qué.
Sin querer preguntarse qué acababa de pasar, empezó a incorporarse tratando de levantar el cuerpo de Draco consigo, terminando ambos sentados y él con la cabeza rubia arrimada a su hombro izquierdo.
No pudo evitar pensar que, si Draco fuera más bajo, su cabeza seguiría estando apoyada en su pecho.
Y si Draco fuera más pequeño, seguramente sería capaz de cargarlo en brazos y llevarlo hasta su destino, pero resulta que, para bien o para mal, el Slytherin era de su porte, si es que no más alto, y aunque era delgado e incluso parecía haber bajado de peso este año, seguía teniendo los suficientes kilos para imposibilitarle dicha tarea, a más de eso, Harry no era precisamente alguien que pudiera presumir de su musculatura y fuerza, y aunque el quidditch ayudaba, seguía sin ser suficiente.
Así que tenía dos opciones, cargarlo en su espalda, o usar magia.
Y la advertencia de McGonagall resonando en su cabeza sobre usar magia para mover un cuerpo no ayudaba a que tomar una decisión sea del todo equitativa.
Suspiró y observó el vaho salir de sus labios y dispersarse en el aire. Se enderezó por completo y bajó un escalón para acomodar su cuerpo frente al rubio, con un brazo lo sostenía por el hombro intentando que no ganara la gravedad. Finalmente, con un sentimiento surrealista acercó su mano a la pierna del rubio y la movió hacia un costado, no tenía idea de por qué le estaba costando tanto moverse, como si su cuerpo entero se estuviera entumeciendo, aun así, procuró deslizarse con cuidado entre sus piernas hasta quedar de perfil y atraer la figura hacia si para por fin darse la vuelta por completo con el cuerpo del slytherin recargado en su espalda. Permaneció quieto un momento, sin pensar nada en concreto, pero se vio en la necesidad de inhalar y exhalar profundamente antes de agarrar las manos de Malfoy y pasarlas por su cuello, luego titubeo antes de recorrer la parte superior de las piernas hasta agarrar los muslos y confiar lo suficiente como para intentar levantarse.
Lo logró y al instante adivinó el sobreesfuerzo que tendría que hacer para llegar a cobertizo; se arrepintió de no haber traído el Felix felicis consigo.
Volvió a inhalar profundamente antes de bajar lentamente los pocos escalones que faltaban mientras trataba mantener el equilibrio.
Se detuvo.
— ¿Malfoy? ¿Estás despierto?
No obtuvo respuesta.
El motivo por el cual había creído que su compañero pudo salir de la inconsciencia se debía al fuerte agarre que había sentido repentinamente alrededor de su cuello y hombros, sin embargo la respiración y los latidos seguían igual de tenues y lentos que al principio, tal vez su cuerpo había reaccionado de forma inconsciente. Decidió solo ignorarlo y continuar.
Cerca de su oído podía escuchar la constante respiración de Malfoy que le causaba escalofríos y hacia sudar sus manos. Aquello era diferente a la respiración de alguien con gripe, con la nariz constipada o con el pecho lleno de flema. No, no era una respiración ronca, era como si estuviera cerca de un árbol en el momento justo en el que una brisa hiciera mover las hojas, pero en este caso tan solo se tratara de tres hojas revoloteando en un espacio cerrado. El sonido era muy extraño proviniendo de un cuerpo humano, pero en su día a día para cualquiera aquello sería tan natural al oído porque lo escuchaban todo el tiempo siendo producido por la propia naturaleza.
Por unos cuantos pétalos.
¿En verdad era posible tener realmente plantas creciendo en tu interior?
Nuevamente la idea lo asustó y lo incomodó en partes iguales, incluso se tomó un momento para pensar en qué haría si la enfermedad resultara ser contagiosa.
Pero el pensamiento se esfumó tan rápido como vino. Para empezar, él no cumplía con el requisito.
Un amor imposible.
Draco tenía un amor imposible.
No sabía siquiera si dicha persona estudiaba en Hogwarts, ni siquiera estaba seguro de alguna vez haberla visto ¿Y si pertenecía al círculo familiar de los Malfoy?
Harry empezó a sentir el cansancio a pocos pasos de llegar a la caseta, su respiración era más acelerada, y para olvidar el peso en sus brazos y piernas quiso imaginarse cómo era la persona de la cual Draco se había enamorado.
Su mente viajó a los cuentos de su infancia y a las historias de la tele, aquellas donde las personas de clase alta se enamoraban de alguien de la clase baja y todos se ponían en contra. Le hizo gracia pensar en ello, pero no hubo indicios de sonrisa en su rostro.
Por fin pudo pasar el arco hacia el interior de la construcción, y aunque hacia menos frío, la diferencia no era mucha.
Recorrió el sitio buscando un lugar donde pudiese dejar a Malfoy, ayudándose de la luz que entraba del exterior para ver. Pegado a la pared un bote volteado boca abajo era lo más cercano a un asiento, por lo que se dirigió hacia allí y se sentó aún con Malfoy en su espalda.
Se tomó el tiempo necesario para descansar sus extremidades y dio otro vistazo al lugar, los remos y las cuerdas que usaba Hagrid para los botes se hallaban apilados a ambos extremos, no había nada que realmente les sirviera para cubrirlos del frío a menos que sea magia.
Con precaución apartó las manos de los muslos de Malfoy y se aseguró de que este permaneciera apoyado a su espalda y no se deslizara a ningún lado, pero al estar consciente de ello empezó a sentir el calor que emanaba el otro atravesando sus ropas y brindándole una sensación cálida que resaltaba por sobre el resto de su cuerpo.
Suspiró y el vahó volvió a entremezclarse con el aire.
Sacó la varita de su bolsillo y convocó hechizos de calefacción que esta vez lo hicieron suspirar de alivio. Elevó sus brazos y colocó sus manos sobre los antebrazos de Draco, también dejó caer su cabeza hacia atrás hasta que esta hizo contacto con el cabello rubio platinado y cerró los ojos.
La posición debía de resultarle incómoda pero no era así, a decir verdad, no tenía ningún problema en permanecer de esa forma por un tiempo prolongado, después de todo el calor que desprendía el otro cuerpo (pese a ya haber conjurado los hechizos de calefacción) seguía pareciéndole cálido de una forma agradable y distinta.
Decidió quedarse así. No quería pensar que estaba en medio de las piernas de Malfoy mientras era abrazado por el cuello, ni que parecía corresponder al gesto al tener sus propias manos sobre las extremidades del otro. No quería pensar en eso, pero no podía evitar sentirlo.
Absurdamente era como si nunca hubiera estado así de cerca con nadie más.
Estaba cansado y mantenía los ojos cerrados, sabía que en esa posición era imposible dormirse ya que caerían ambos. Lo único que le quedaba era esperar a que Malfoy despierte.
Y si se era sincero, no sabía si quería que despertara pronto o no.
También debía admitir que se sentía culpable por haber hecho que Malfoy saliera de los dormitorios en medio de la noche solo para verlo, pero en su defensa nunca creyó que este saldría de Hogwarts sabiendo que el clima afuera no era el mejor para su estado de salud.
Tal vez lo hizo a propósito.
Tal vez solo quería que culparan a Harry.
Tal vez... solo quería su varita de vuelta, en primer lugar.
«¿Qué estoy haciendo?» se preguntó a sí mismo, una vez más.
En ese momento Draco soltó un suspiro y Harry sintió el movimiento de su pecho al inflarse, ahora ya no sentía estar con alguien quien había perdido la consciencia, sino con alguien que dormía plácidamente.
Se sentía verdaderamente estúpido y no sabía qué hacer, lo único que lo mantenía sereno era escuchar la respiración de Draco, esa brisa en el bosque que provenía de su interior.
Quedarse en Hogwarts durante las vacaciones, espiar a Malfoy, hablar con él, buscar formas de reunirse con él, querer saber más de él...
Tal vez Hermione tenía razón y todo este asunto había llegado a traspasar la línea de lo normal hacia lo obsesivo.
¡Pero no lo podía evitar! ¡Tenía sus razones! ¡Ellos no...! ¡Ellos no...!
Soltó el aire que no sabía que había estado reteniendo y aflojó el agarre en los antebrazos de Draco.
«No importa, no importa, se me pasará. Ya todo pasará.»
Trató de calmarse y pensar en otra cosa, para empezar ni siquiera sabía si estaba alterado o molesto, no tenía idea de lo que estaba sintiendo, ni siquiera sabía con exactitud qué es lo que buscaba en Malfoy.
Solo sabía que ya era tarde para apartarse y que todo volviera a ser como antes.
Era tarde para él. Era tarde para Malfoy...
En medio de esa mezcla entre luz y oscuridad, abrió los ojos sin cambiar de posición y apretó la varita entre sus dedos.
¿Por qué demonios había tomado la varita de Malfoy?
Notas de la autora:
Bueno, hola, ha pasado un tiempo ¿verdad? ^^'
Creo que les debo una explicación por haber tardado más de un año en actualizar esta historia y dejar la otra aún pendiente, y la verdad fuera útil tener alguna excusa, pero la verdad no hay no existe xd.
Bueno, está el hecho de haberme mudado, graduado del colegio, dar los exámenes que me harían entrar a la universidad, no entrar a la universidad y no saber qué hacer con mi vida... Sin embargo, hice algo productivo este año y fue aprender inglés y un poco sobre el dibujo wuuu. Aun así ninguna de esas dos es una excusa válida puesto que conté con tiempo suficiente para escribir algo, pero resulta que a mi señora inspiración le dio por hacer de todo un poco menos escribir :)
Joder, hasta intenté aprender a cocinar, y me di cuenta (una vez más) que no sirvo para eso.
En fin, este capítulo lo llevo escribiendo como dos semanas, justamente para publicarlo en estas fechas para san valentín así que ¡Feliz día del amor y la amistad a todos los que aún siguen la historia! (Con cuatro días de atraso porque ni eso pude calcular bien) Incluso quise hacer un regalo para compensar la espera e hice un dibujo que podrán ver en mi twitter IssueRBK
Y una vez más, agradeceré a los que me han tenido paciencia y confiaron en que regresaría, ni yo confiaba, pero ustedes sí, gracias ❤
Y debo decir que una de las razones más grandes por las que volví a escribir, fue por los comentarios que me pedían continuar la historia, en mi cabeza fue como: "Issue, ya decepcionase a todos a tu alrededor, no los decepciones a ellos también" y pues, funcionó xD
En verdad, gracias por los comentarios y su apoyo, espero volver pronto con una actualización y así de poco en poco terminar con la historia, que para bien o para mal, resultará ser un poquito larga ^^'
Por cierto, espero que mi forma de escribir actual no sea distinta al que tiene el resto de la historia, si creen que es así, agradecería que me lo dijeran.
Pd: Olvidé preguntar ¿Quién creen que era la persona del inicio? ¿Y quién creen que contagió a Snape cuando era joven? Los leo 🌺.
Creo que eso es todo lo que quería decir, no los torturo más.
¡Gracias por leer!
