XXI. Lo que no pudo ser
Dragón parece un dragón
tus recuerdos quedaron
salpicando fuego
dragón parece un dragón
va salpicando el fuego
va hiriendo el cielo
En el mundo mágico las canciones no te las cantaban tus padres, si las querías, tenías que pedírselas a tu cascabel encantado, la melodía no duraba mucho, pero siempre te gustó porque hacía referencia a los dragones, tu mama decía que tú eras un dragón y a tu papá parecían gustarle por ser animales fuertes y poderosos.
Veneno y penas
fluyen por tus venas
ficticio paraíso
y yo sin darme cuenta
dolor por dentro
dragones en el viento
clavaron sus colmillos
la adicción y el sufrimiento
te vas fugaz a la eternidad...*
Escuchabas la melodía de forma lejana, era como volver a estar dentro de tu cuna, escuchándola entre sueños...
¿Así era la muerte? ¿Te regalaba una última melodía para tranquilizarte e irte en paz?
Te vas fugaz a la eternidad...
— ¿Malfoy?
No, la muerte, su muerte, no se escucharía de ese modo.
Inhaló profundamente, de la misma forma en que lo hacía siempre al despertar, rompiendo el compás tenue y tranquilo de su respiración, e iniciando un ritmo más fuerte y continuo.
Uno por uno sus sentidos despertaban; primero percibió el sabor, probablemente el responsable de que abandonara la inconciencia, puesto que dentro de su boca predominaba un gusto metálico que no supo definir hasta que lo comparó con sangre, eso en compañía de algo parecido a hierba, como si hubiera masticado una hoja gruesa y ese gusto amargo y casi cítrico siguiese perdurando. Por separado ambas cosas eran apenas tolerables, pero en conjunto podían competir con los peores sabores de los caramelos de Bertie Boott.
Luego estuvo el olfato. El olor a cedro y lavanda que no se había desprendido de él ni siquiera en sueños, lo perseguía tanto que no pudo sino sentirse cómodo con aquella esencia impregnando sus fosas nasales, alentando el vacío en su pecho.
Por otra parte, sus oídos no detectaron más que una ligera respiración aparte de la suya y el recuerdo de una voz lejana que había formulado una pregunta.
Y finalmente estaban sus ojos...
Sus ojos. No era capaz de abrirlos.
Sin entender a qué se debía tal falta de control sobre su cuerpo, intentó mover sus extremidades y el resultado fue reforzar el agarre sobre la persona en frente suyo...
— ¿Malfoy? ¿Ya despertaste?
Por supuesto que él tenía que ser la persona que en frente suyo.
Las preguntas empezaron a surgir en su cabeza como las liebres en el campo ¿Qué había ocurrido? ¿Qué sucedió después de que perdiera la consciencia? ¿En dónde estaban? ¿Por qué no podía abrir los ojos y apenas era capaz de moverse? y sobre todo ¿cómo, por un demonio, había terminado abrazado a Potter?
Con su sentido del tacto ya más activo, ubicó la posición en la que ambos se encontraban: Potter estaba sentado enfrente suyo, prácticamente entre sus piernas y él yacía apoyado en su espalda con su cabeza en su nuca y brazos rodeando sus hombros, sentía un peso extra en los antebrazos y adivinó que serían las manos de Harry que se aferraban a esa parte de sus extremidades.
¿Por...? ¿Por qué?
—Malfoy, si estás despierto... este ¿Estás bien? ¿Te sientes débil?
Draco presintió que la frase inconclusa venía con una especie de amenaza y el Gryffindor se había negado a completarla quién sabe por qué, y la verdad deseaba contestarle y decirle que no, no estaba bien, no estaba bien tenerlo abrazado tan cerca de su cuerpo donde podía sentir tan claramente el latido de su corazón...
Y por supuesto que se sentía débil, tanto física como emocionalmente, sentía como si se estuviera hundiendo en un charco de emociones agobiantes, irritantes, insoportables, inútiles...
Pero no podía moverse.
Lo que sucedió a continuación fue algo que más tarde se lo adjudicaría completamente y con total seguridad a la enfermedad del Hanahaki, porque él jamás en su vida pensaría en hacer una cosa semejante, y porque solo así explicaría por qué empezó a tararear su canción de cuna, aquella que ni siquiera sabía que recordaba y que sencillamente le era imposible impedir el paso a través de su garganta. Pero lo peor fue cuando, finalmente, susurró con voz extremadamente baja la letra, cantándola.
Dragón parece un dragón
tus recuerdos quedaron
salpicando fuego
Merlín, trágame tierra.
Dragón parece un dragón
va salpicando el fuego
va hiriendo el cielo
Extrañamente sintió el ritmo cardíaco del otro aumentar un poco y sus manos apretar más su agarre, esperaba que en cualquier momento Potter lo silenciera o le interrumpiera diciendo que se levantara de una vez por todas y volvieran al castillo, pero en su lugar el susodicho se quedó tan quieto como él, quizá notando la aceleración de sus propios latidos que parecían incitar a una competencia. Ambos estaban nerviosos.
Veneno y penas
fluyen por tus venas
ficticio paraíso
y yo sin darme cuenta
Draco puso todo su empeño en detenerse y acabar con ese extraño ambiente que empezaba a asfixiarlo, sin embargo, nada de lo que intentase daba resultado, su cuerpo no lo obedecía, y su boca, al terminar cada estrofa, soltaba pequeñas exhalaciones directo hacia el cuello de Potter, provocándole escalofríos ¿cómo lo sabía? ¡Porque podía sentirlo, maldita sea!
Dolor por dentro
dragones en el viento
clavaron sus colmillos
la adicción y el sufrimiento
Gracias a Salazar, Draco empezó a entreabrir sus ojos despacio y su primera reacción fue ver la expresión que tendría el elegido, pero al estar este de espaldas, solo vio parte de su perfil y sus lentes, más el vaho que salía de su boca «¿Qué estaría pensando Potter en ese momento? pagaría mil galeones por saberlo».
Te vas fugaz a la eternidad...
Una última exhalación más profunda que las anteriores. Un último escalofrío más notorio y prolongado. Los últimos quince segundos que permanecieron abrazados.
Tragándose la vergüenza, Draco quiso apartar sus brazos del cuello del otro a lo que Harry respondió sujetándolo con más fuerza, por supuesto que no se esperaba esa reacción, por eso lo más lógico fue pensar que Potter aún lo creía dormido y reaccionó sintiendo que se caería o algo parecido.
—Estoy bien, Potter—dijo pensando únicamente en separarse de ese cuerpo lo más pronto posible.
Harry lo soltó—Lo siento.
Ambos deshicieron el abrazo, Harry se puso de pie y se estiró mientras daba la vuelta para encararlo. Draco por su parte se restregaba la cara con ambas manos al mismo tiempo que recuperaba la movilidad de sus piernas entumecidas, luego apoyó sus palmas en la madera y se inclinó hacia atrás mirando el suelo, aun sin la fuerza necesaria para levantar la vista.
Ninguno mencionó nada de la canción, quizá Harry tuvo la intención de hacerlo, pero se sentía tan extraño al respecto que prefirió dejarlo pasar y concentrarse en otra cosa.
—Te desmayaste en las gradas y nos traje hasta aquí—explicó observando con detalle la posición en la que estaba el rubio, de alguna forma lo hacía lucir tenso y relajado al mismo tiempo.
Draco apretó los labios para evitar que las preguntas que se hacían nudo en su garganta salieran, pero antes, una visión borrosa lo alcanzó y lo puso alerta, lo suficiente para obligarlo a enfrentar al otro sin tapujos.
—En las gradas ¿viste algo? ¿había una rosa?—rogó que el recuerdo fuera solo un truco de su imaginación.
Harry se extrañó—Sí, emm tosiste unos pétalos y antes de desmayarte vomitaste una rosa—y sin que Draco se lo esperara, Harry alzó su varita y pronunció—Accio rosa—provocando que dicha llegara a su mano en cuestión de segundos.
El Slytherin observó incrédulo la flor siendo sostenida por el otro y estiró el brazo para que Harry se la diera, este obedeció mirando que su acompañante adquiría un gesto de preocupación ¿Por qué era importante esa rosa? ¿Ya no había vomitado otra igual antes?
Una corriente de aire pasó causándole escalofríos y se abrazó a sí mismo notando que la nevada se hacía más fuerte. De pronto recordó que él también había dejado algo atrás—Accio capa de invisibilidad—el objeto voló hacia sus manos cubierto de nieve, por lo que el contacto con la textura helada lo sobresaltó un poco—Malfoy, creo que será mejor que regresemos, va a empezar una ventisca.
El rubio giró la cabeza en un estado letárgico y miró la velocidad y fuerza que había adquirido el viento en el exterior, incluso causaba sonido. Permaneció así un rato hasta que se puso de pie y lentamente caminó hacia las escaleras que lo llevarían a la parte superior de la cabaña—Haz lo que quieras—dijo y empezó a subir.
Harry tuvo el impulso de insistir en que deberían regresar juntos al castillo, pero se fijó en la precaución con la que se movía Malfoy y entendió que si lo hacían lo más probable es que quedarían congelados a medio camino. No había un hechizo lo suficientemente fuerte para combatir un clima tan helado, o de haberlo, él no lo conocía.
Miró las piernas de su acompañante perderse en la abertura del techo y se preguntó si Malfoy ya habría visitado el lugar anteriormente. Ni siquiera él mismo, siendo tan buen amigo de Hagrid, había dado un vistazo al segundo piso, de hecho, no recordaba haber vuelto al lugar desde primer año.
El viento empezó a soplar más fuerte, azotando las paredes de madera y trayendo restos de nieve al interior. Harry pensó en lo absurdo que era estar allí varados en medio de la noche. Entendía que estar fuera de los dormitorios era culpa suya, prácticamente había obligado a Malfoy, aun así, no podía evitar sentir molestía, nunca esperó que el rubio encontrara el clima bajo cero tan agradable y perfecto para la ocasión. Tal vez su objetivo sí era matarlo, de hipotermia al menos.
Apretó la capa entre sus manos y dirigió su mirada hacia el techo, preparándose mentalmente para ir y convivir con un Draco Malfoy despierto. La verdad es que se sentía muy incómodo por razones que no podía entender, nunca le había parecido agradable la compañía de Malfoy, tampoco es como si entre ellos hubiesen mantenido las mejores pláticas, siempre estaban discutiendo y se mantenían en constante estado de alerta el uno con el otro, y pese a familiarizarse con todo eso, lo que experimentaba en ese momento se sentía distinto y confuso, era como si Snape le hubiese felicitado por una tarea, y él definitivamente no estaba preparado para lidiar con algo así. Lo mismo con Malfoy, no tenía idea de cómo rayos reaccionar, mucho menos saber qué sentir al respecto.
Al menos la situación de Snape alagando su esfuerzo era totalmente imposible. En cambio, la cada vez más recurrente convivencia entre él y su némesis se convertía poco a poco en una realidad.
Y ahora no tenía idea de nada, su ansiedad creciente y los rastros de una gran preocupación le recordaban insistentemente que él no era medimago, demonios, ni siquiera podía hacer una poción para limpiar heridas decente ¿Cómo se suponía que iba a lidiar con Malfoy en su estado? ¿Qué debería hacer si le dolía algo? ¿si no respiraba bien? ¿si tenía sed?
Queriéndose dar un golpe en la frente, Harry se apresuró en subir.
Ya arriba notó que el lugar era una especie de espacio abierto que conectaba con caminos colgantes entrecruzados, y cada uno dirigía a diferentes ventanales. El sitio era amplio y vacío en su mayoría a excepción de dos pilares que traían antorchas en la parte superior, se preguntó por qué Malfoy no las habría encendido y luego recordó que seguía sin devolverle su varita. Suspiró y con un simple movimiento encendió las llamas, eso ayudó a alumbrar un poco la oscuridad y a crear una mínima y casi inexistente sensación de calor. Instintivamente sus ojos se desviaron a la figura recostada sobre una montaña de paja que Hagrid había acumulado allí quién sabe por qué.
Sin pensárselo dos veces, se acercó y se sentó junto a él y al ver que este tenía los ojos abiertos, no dudo en extender la varita que hasta el momento no había parado de usar en vez de la suya— ¿Puedes conjurar agua o quieres que yo...?—antes de terminar, Draco ya le había arrebatado el objeto sin siquiera moverse de su posición o dejar de mirar el techo.
—No necesito la hospitalidad de San Potter—comentó sin energía, por eso aquello que pretendía ser un insulto solo se escuchó como una frase sin ganas.
Harry se removió en su lugar y extrajo de su abrigo el mapa de los merodeadores. Apuntó con su varita y recitó—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
El Slytherin frunció el ceño, extrañado y se giró para ver al pelinegro ofreciéndole un pedazo de papel— ¿Qué es?—inquirió sin tomarlo.
Se encojió de hombros—Dije que te mostraría cómo supe dónde ibas a estar y a qué hora ibas a salir.
Ante eso, Draco prácticamente le arranchó el objeto y comenzó a ojearlo sosteniéndolo frente a su rostro, con los brazos extendidos hacia arriba para que la luz alumbrara mejor. Su rosa y su varita descansaban a cada extremo de su cuerpo— ¿Qué demonios es esto, Potter?
Harry rodeó los ojos ante la insistencia del otro por maldecir todo lo que tuviera que ver con él, aun así, respondió—Es el mapa del merodeador, todo Hogwarts está ahí y te muestra la ubicación de cualquier persona.
No dijo nada, sumergido en contemplar cada espacio de aquel pergamino que, en efecto, era un detallado plano de todos los pisos del castillo, en el se veían diminutos puntos negros, cada uno rotulado con un nombre,y la mayoría yacían inmóviles a excepción del conserje que en ese momento se paseaba por el quinto piso. Buscó su nombre y el de Potter y se sintió complacido de verlos aislados a un costado del mapa, apartados del resto, juntos...
Enfócate.
El mapa era...lo había sorprendido, no sería la bola de cristal que se imaginó en un principio, pero debía admitir que era una herramienta bastante peculiar— ¿Cómo lo conseguiste? ¿Hay más?—cuestionó repentinamente adquiriendo interés. Aquel objeto era justamente lo que necesitaba para sus paseos nocturnos por el séptimo piso.
—No—Harry respondió cortante e iba a mentir acerca del origen del mapa, pero sin previo aviso, Malfoy tosió.
El Slytherin tuvo que cerrar los ojos y soltar el mapa para reincorporarse hasta estar sentado, llevó una mano a su pecho y la otra a su garganta, de su boca brotaron pétalos de laurel* y aun cuando estos dejaron de salir, la tos perduró otro tanto. Harry se acercó sin saber qué hacer y lo único que se le ocurrió fue darle golpecitos en la espalda.
La tos se perdió y dejó un extenso silencio interrumpido por las respiraciones entrecortadas del rubio, quien volteó y observó la rosa, extendió su brazo para tomarla y la atrajo apreciándola con más cautela: pétalos rojos y negros.
Pétalos rojos y negros.
¿Tan pronto?
—Malfoy—volteó y debió haber mostrado alguna expresión extraña porque al instante Potter preguntó—¿Qué significa esa rosa?
Entrecerró los ojos y lo miró por unos segundos que parecieron horas, luego volvió a recostarse, resignado— ¿Tu qué crees que signifique, Potter?—su voz era débil y rasposa.
La pregunta lo tomó por sorpresa—Yo...bueno no sé. La vez que vomitaste en el árbol creí...—el recuerdo barrió cualquier otro pensamiento y provocó que se centrara en una única cosa: la enfermedad de Malfoy, y aun peor, su causa.
La pregunta se disparó de su boca sin que Harry pudiera hacer nada— ¿De quién estás enamorado?
En el mapa, dos puntos se movieron en la Torre del director y el viento sopló más fuerte contra las ventanas.
El frío empeoró.
Vaya que empeoró.
Ron se removió entre las cobijas por quinta vez y finalmente se rindió y se sentó al filo de su cama, prendió la lampara y el regalo de Lavender brilló sobre la madera, había pensado en contarle sobre eso a Harry, pero faltaba poco para que terminaran las vacaciones, prefería mostrárselo en persona.
La cadena de gruesas letras que rezaba ''Amor mío'' quedó abandonada en el mismo lugar mientras Ron salía del cuarto sin dirigirle un segundo vistazo. Él continuó su camino hacia la cocina, en busca de un vaso de leche que lo ayudase a conciliar el sueño, sin embargo, un destello de luz lo desvió hacia la sala donde se topó con Remus escribiendo lo que parecía ser una carta sobre la mesa de té.
—Ron ¿no deberías estar durmiendo?—susurró deteniendo su escritura y prestándole atención.
—Podría decir lo mismo ¿el día no es un buen momento para escribir?—dijo mientras se acercaba a uno de los sillones.
—Últimamente he estado más activo durante las noches, me ha costado trabajo acomodar mi horario—vio al pelirrojo desparramarse sobre el sofá— ¿No puedes dormir?
—No, quiero decir, dormí bien hasta que sentí que me caía, luego no pude conciliar el sueño—bufó y miró el largo pedazo de pergamino— ¿Para quién es?
—Es para Harry, me escribió haciéndome unas cuantas preguntas, pero supongo que ya sabes cuáles son—le dirigió una sonrisa y luego volvió a su escritura.
— ¿Qué si las sé? ¡Es de lo único...!—Remus alzó la cabeza enarcando una ceja y Ron continuó con susurros—Es de lo único que habla, que si el príncipe mestizo esto, que si Snape aquello, que si Malfoy y su enfermedad, Malfoy es sospechozo, Malfoy, Malfoy, Malfoy ¡Ni siquiera vino a la Madriguera para poder espiar al estúpido Malfoy!—soltó con frustración.
Remus paró de nuevo y lo miró interesado—Me habló de sus inquietudes respecto a Snape y también del tal Príncipe Mestizo, pero no mencionó nada sobre el chico Malfoy,—y señaló—creí que se había quedado porque aceptó la sugerencia de Dumbledore. Ya me parecía extraño viniendo de Harry.
—Bueno, sí, en parte lo hizo, supongo—aceptó Ron, sin creérselo.
Hubo segundos donde ninguno dijo nada, fue Remus quien retomó la conversación—Y sobre el chico Malfoy ¿Qué tiene?
—Ah, es algo así como el traga caracoles, pero con plantas: tose pétalos y vomita flores. La primera vez expulsó pétalos de rosas durante el desayuno. Ya ha estado en la enfermería varias veces—contó recordando también la vez que había vomitado una rosa antes de desmayarse, no obstante decidió no mencionarlo.
— ¿Tose pétalos de rosas?—Ron miró extrañado la repentina sorpresa del hombre— ¿Desde hace cuánto que está así?
—Mmm no lo sé, poco después de que empezáramos clase—observó los ojos brillantes de Remus y se reincorporó adoptando una mejor postura e inclinándose hacia el frente— ¿Por qué? ¿Usted sabe algo?
Remus por otra parte, se arrojó hacia atrás apoyándose totalmente en el respaldar y con cada mano sujetando el reposabrazos—Sí, bueno, tal vez. No estoy seguro.
—Entonces eso quiere decir que conoce su enfermedad, que raro, según escuché ni Snape ni la señora Pom...
—No es que la conozca—interrumpió incómodo—más bien estuve relacionado con ella. Podría decirse que la padecí, pero ¿dices que está así desde inicio de curso?
Ron no respondió, luego, olvidó por completo mantener baja la voz.
— ¡¿QUÉ?!
—...es lo que has estado haciendo, Albus?
—Te lo diré en su momento, Severus, por ahora, permíteme descansar.
El despacho del director estaba en penumbras, apenas iluminado por el Lumus de la varita de Snape. Dumbledore estaba sentado, con los ojos cerrados y sujetando su mano, mientras que el maestro de pociones lo observaba frente al escritorio, de pie.
—Has postergado todas nuestras conversaciones desde la última charla que tuvimos y pasas la mayor parte del tiempo fuera de Hogwarts. Pomfrey se ha vuelto insoportable con su insistencia en llevar a Draco a San Mungo, a este paso no tendré más opción que sacar a Draco de Hogwarts—advirtió con enfado.
—Calma, Severus. No hay por qué llegar a ese extremo, recuerda que tu vida está en riesgo.—Dumbledore le echó una mirada de mutua comprensión por sobre sus lentes y prosiguió—Mañana en la mañana hablaré con Pomfrey y trataré de persuadirla.
— ¿Tratarás? ¡Draco y sus padres están en riesgo! Claramente espero que se haga algo más que solo tratar.
Los retratos de los ex directores de Hogwarts empezaron a susurrar entre sí y Snape les dirigió una mirada de advertencia.
—Basta, Phineas—dijo Dumbledore al escuchar las quejas a sus espaldas.—La enfermedad de Draco fue un factor que no tuvimos en cuenta y nos ha traído problemas, por ahora lo único que podemos hacer es tratar de que las cosas sigan naturalmente su curso y esperar que el Hanahaki no empeore ¿Has averiguado quién es la persona?—el mutismo de Snape le dio la respuesta—Ya veo. No queda más que vigilarlo y esperar que los episodios de tos no se repitan, o que por lo menos no lleguen a oídos de la enfermera, de lo contrario no estoy seguro de garantizarte su silencio.
Snape soltó un gruñido en respuesta, pero aceptó la situación— ¿Y ha hablado con alguien sobre la enfermedad de Draco?
—Un par de conocidos de confianza, ninguno ha sabido decirme mucho más de lo que ya conocemos. También parece ser que todos concuerdan en que el círculo de infectados es muy reducido, es poco probable que haya algún contagiado en Hogwarts.
Snape comprendió que poco probable no significaba imposible.
—Sin embargo, hay algo que pude conseguir.—el profesor se detuvo para extraer de su escritorio un rollo de pergamino.—Solo en caso de que las cosas empeoren, hay alguien que podría ayudarlos con la operación de Draco, pero confío en que tu o el chico logren solucionar el problema antes de recurrir a esta opción.
Snape tomó el objeto disgustado y le enfureció no saber si el problema al que se refería el director tenía que ver con Voldemort o el Hanahaki.
Durante el tiempo que estuvo esperando que Draco se despertara, varias cosas habían cursado por la mente de Harry, una de ellas y la que primero se le había ocurrido, fue lo que estaría sucediendo en la madriguera; Ron, Ginny, la familia Weasley en general, estarían disfrutando de la navidad en conjunto, incluido Remus de quien aun esperaba respuesta alguna que lo ayudase a entender su posición respecto a Snape y si su padre tenía algo que ver con el Príncipe Mestizo, en su interior dudaba de aquello, pero seguía siendo una posibilidad.
Se preguntó si la comida de la señora Weasley habría sabido igual de exquisita que siempre, si el señor Weasley tendría alguna nueva duda sobre artefactos muggles o si Fred y George estarían jugando a los naipes explosivos con Ginny, también pensó que Ron (a juzgar por la carta que le había enviado) estaría paseándose cerca de Bill y Fleur, como si albergara esperanzas de aprender algo de ellos, y Remus pasaría la mayor parte del tiempo sentado observando las llamas de la chimenea.
Él en cambio ni siquiera había abierto sus propios regalos, todos los había guardado en su baúl con la promesa de verlos después, pero ese después no había llegado y tan solo podía imaginarse el contenido tras el papel navideño, casi podía asegurar que incluía un suéter tejido a mano por la señora Weasley además de una gran caja de productos Weasley, le parecía recordar que incluso Kreacher había enviado algo.
No estaba seguro de si había un regalo de Hermione, en todo caso sería un libro, tampoco sabía si ella tendría algo para Ron, lo más seguro es que no, ambos aún seguían resentidos.
En medio de sus divagaciones había llegado a preguntarse cuáles serían los regalos de Draco, por lo general siempre eran cosas que podía presumir con los integrantes de su casa, era de extrañar que no lo hiciera en pleno comedor frente a todo el colegio, lo más cercano a ello era la vez que había aparecido con sus Nimbus 2001 para cada miembro de su equipo...
¿Draco habría mostrado sus regalos a la persona responsable de su condición?
Su curiosidad despertó y lo invadió con docenas de preguntas sin respuesta ¿Cómo era la persona de la que se había enamorado Malfoy? ¿En verdad era un hombre como había dicho Hermione? ¿Sería Slytherin o de otra casa? ¿Estudiaría en Hogwarts siquiera o lo conocía de su círculo de familias sangrepura y adineradas? ¿Se parecería a Malfoy en actitud o sería más alegre, más retraído? ¿Qué es lo que había llevado a Malfoy a enamorarse de esa persona?
Esas y más dudas habían estado en su momento, pero fueron interrumpidas por una secuencia extraña: primero la respiración de Malfoy, después la presión sobre su cuello y luego un repentino tarareo, concluyendo todo con el susurro de una melodía que nunca había escuchado.
Y que tal vez nunca olvidaría.
La letra encajaba muy bien con Draco, de alguna manera.
Draco, Dragón...
Te vas fugaz a la eternidad...
Era imposible quitarsela de la cabeza. Oía cerca de sus orejas los susurros y sentía cerca de su cuello las respiraciones.
Todo eso lo había puesto en tensión.
Todo eso había vuelto el ambiente extraño e incómodo.
Por eso era razonable que no culpara a otro sino a Malfoy de que momentos después, pronunciara tal pregunta ansiosa y desesperada.
— ¿De quién estás enamorado?
A ambos les pareció escuchar una criatura aullando desde el bosque prohibido, algo difícil de decir debido al ruido que el propio viento provocaba en las afueras moviendo las copas de los árboles, sin embargo era preferible y más fácil usar el pretexto de que ese aullido se oyó con tal fuerza que impidió que se entendieran las palabras de Harry.
Aunque ambos sabrían que sería una absurda y gran mentira.
En el interior de la consciencia de Draco varios procesos de razonamiento se habían congelado, tanto o más que la temperatura en ese pequeño espacio. Sintió un pánico aplastante y desesperó internamente intentando entender cómo es que Potter sabía, pero tan pronto lo embargó la duda, recordó que el niño dorado lo había estado espiando cuando discutió con Snape.
«Entiendo porque esa persona no te corresponde.»
Quizás esa frase bastó para que Potter comprendiera, pero, pero...
Tenía que asegurarse.
Se reincorporó nuevamente, sin prisas. Con una parsimonia alarmante cruzó sus piernas en forma de mariposa y con la misma calma apuntó a Harry con su varita.
—Dime cuanto sabes.
Harry lo miró a los ojos y vio la amenaza implícita, estaba acostumbrado a responder de la misma manera, pero esta vez no tenía la intención de iniciar una pelea ya sea verbal o con hechizos. Él en verdad quería charlar porque la maldita curiosidad hacia de las suyas en su cabeza. Por eso, por esta vez, cedería.
...
— ¿Un libro de pociones?
—Sí.
— ¿Y dices que usaste Felix Felicis?
—Sí, bueno, aún queda bastante...
—No me importa cuánto queda ¿En verdad gastaste Felix Felicis en...? Potter, necesito saber ¿Acostumbras a inmiscuirte en la vida de las personas de esta manera?—Draco por fin bajo la varita y miró al otro incrédulo, tratando de pensar en pistas que le ayudasen a corroborar su teoría: primero estaba la comadreja, y por lo que sabía Potter pasaba las vacaciones en su casa en lugar de volver a la suya, no le interesaba en absoluto saber si también iba a casa de la sangresucia, por otra parte también estaba la Ravenclaw a la que miraba con cara de bobo y todo el asunto con su novio, el tal Diggory...
— ¡¿Qué?! ¡No! esto fue solo porque has estado actuando extraño y porque al principio sospechaba que eras un mortífago ¡y además...!
¿Cómo no se había dado cuenta antes?
—Potter, tu complejo de héroe no es lo único ¿no es así?
Harrry parpadeó confuso— ¿Lo único qué? ¿A qué te refieres?
Draco volvió a relajarse y a bajar la guardia, ya más calmado. Permaneció viendo fijamente los ojos del otro a la vez que intentaba descubrir sus secretos sin usar Legeremancia, algo le decía que de hacerlo ambos terminarían en el hospital con la mente en muy mal estado.
Potter era muy complejo, sin duda, pero ¿eso era un defecto o una cualidad?
— ¿Malfoy? ¿Qué quisiste decir con que mi complejo de héroe no es lo único?
Tal vez, cuando gustas de alguien, todo se entremezcla demasiado y no lo sabes diferenciar, simplemente lo conviertes en una característica más de su personalidad.
Sintió una incomodidad en uno de sus pulmones, pero lo disimuló bien al tiempo que decía— ¿Por qué quieres saber quién es?
Harry supuso que retomó el tema para evadir su pregunta, y por supuesto, funcionó.
—Tengo curiosidad—''y Hermione cree que esa persona es hombre'' pensó presintiendo que esa duda no se despejaría del todo.
—Por supuesto, tu y tu estúpida curiosidad metomentodo-Potter—Harry pareció a punto de replicar pero se calló a regañadientes cuando Draco siguió hablando—Es una persona...compleja—dijo sintiendo su yo interno taladrarle la cabeza gritando qué pretendía diciendo todo eso. Estaba claro que no pretendía nada, básicamente porque no se podía hacer nada, no había solución en absoluto. Es solo que... el peso de la muerte, era demasiado y quería aminorar la carga, aunque sea un poco.
— ¿Está en Hogwarts?
Había decidido hablar, sí, pero era un Slytherin, tenía que crearse un escudo—No. No la conoces. Vive lejos.
— ¿Cómo es?
Draco miró los ojos verdes por un breve tiempo y luego se distrajo jugando con su varita—Es un dolor de cabeza.
Bueno, esa no era la respuesta que esperaba—Me refiero a su personalidad ¿Qué hizo que te enam...?—paró en cuanto Malfoy lo volvió a amenazar con su varita. De acuerdo, no mencionar palabras relacionadas con amor. Parece ser que el otro las consideraba obscenas o algo parecido.
—Antes que nada, Potter, debo dejar una cosa en claro: yo no desee esto—sus ojos proyectaban una mezcla entre enfado y resignación.—Nada de esto representa algo bueno, así que me harías un favor si quitas las palabras ridículas de esta conversación porque no tiene nada que ver con lo que sea que te estés imaginando.
Harry estaba confundido, pero asintió.
—Bien—Draco por fin guardó su varita y empezó a relatar de una forma en que pareciera que leía un libro en voz alta.—Como te dije, es una persona compleja, tiene sus propios problemas en los que yo no formo parte. No somos cercanos, apenas y nos hemos encontrado un par de veces aunque durante mucho tiempo nos veíamos casi a diario. De alguna u otra forma ha estado siempre a mi alrededor, incluso desde antes conocernos cara a cara. Todo eso...influye—aclaró su garganta.—Es alguien susceptible tanto a cosas buenas como malas, hay días en los que pareciera tener el peso del mundo en sus hombros y otros donde se confunde entre la multitud, o pretende hacerlo—tomó aire.—No es capaz de controlar sus emociones y hace lo que cree correcto, prácticamente hace lo que quiere sin importarle mucho los problemas—sus mejillas empezaban a adquirir color.—Nunca pude evitar estar pendiente de lo que hacía y...me hubiese gustado entablar una amistad. No habría surgido nada bueno, pero sabría un poco más de su personalidad, de las versiones que tiene y sobre todo si su forma de actuar es una fachada o convive todo el tiempo con el peso de lo que pudo haber sido y no fue.—al decir esto, se obligó a conectar sus ojos de nuevo, Potter lo observaba cautivado. Draco sonrió de lado, una sonrisa arrogante con tintes de tristeza—En mi caso es al revés. Tener el recuerdo de lo que fue y saber que ya nunca más podrá ser.
El fuego de las antorchas sobre los pilares los iluminaba a ambos, la luz venía de un costado por lo que la mitad de su cara se confundía un poco con las sombras, sin embargo, los dos ojos de Draco reflejaban la flama y los volvía anaranjados.
Harry permaneció un tiempo en silencio, mirándolo. Luego, finalmente tuvo que abrir la boca—Dime que no estás hablando de Voldemort.
Draco se quedó perplejo, tomándose el tiempo para decidir si hechizarlo por ser tan estúpido o reírse.
Por esta vez, ganó la risa.
El sonido lo descolocó al principio, después su propia risa se unió y ambos mantuvieron en su rostro una expresión de burla, tal vez dedicada a lo dicho por Harry, pero también debido a la comunicación visual que solo manejaban entre ellos.
«—Eres un idiota.»
«—Pero te reíste.»
En sí, las risas no eran carcajadas, eran más bien risas disimuladas, como si en una clase estuviesen bromeando con uno de sus compañeros y no quisieran que el profesor los escuche.
La disfrutaron todo el tiempo que duró.
Notas de la autora:
*Flor de laurel: ambición.
*Si se preguntan por la canción, es "El dragón" de Maná.
Debo admitir que me dio un poco de gracia ponerla como canción de cuna, pero es que la letra quedaba tan bien que me negué a buscar otra xD
También quiero decir que me compliqué tratando de entender cómo era el segundo piso del boathouse y terminé escogiéndo la versión del videojuego.
Por cierto, acompañaré este capítulo con una recomendación de un fic Drarry que sencillamente me encantó, está en inglés, peeeero me parece que la traducción que ofrece google no es tan mala(?, aunque claro, no es lo mismo. En fin, se llama "At Your Service" es de Faith Wood (faithwood) y está en AO3, si alguien lo quiere leer les aseguro que vale la pena.
Y no hay mucho más que quiera decir, supongo que ya estarán cansados de las disculpas por la tardanza en cada capítulo ^^'
Quiero ver si soy capaz de actualizar cada dos semanas, pero por ahora me contento con que sea mes a mes y no cada año...
Bueno, ojalá les haya gustado, cuídense y espero que estén bien 3
!Gracias por leer!
