Capítulo 6

La puerta del desierto.

-Kuneer está aún muy lejos- dijo Gylfie deteniéndose a descansar en un árbol viejo sin hojas teniendo frente a ella las altas dunas del gigantesco mar de arena- Los tres guardianes aterrizaron en el mismo árbol, Soren junto a ella, Maori un poco más abajo y Hunter en la copa del árbol.

- ¿Y que esperamos? - dijo Maori levantando la cabeza para mirar a los ojos a Gylfie la cual miraba al desierto con cierto grado de nostalgia-Mientras más rápido partamos, más rápido llegaremos-

-No desesperes Maori-Hunter descendió de la copa como lo hacen los loros, apoyándose con sus garras y pico- es bien sabido que el clima desértico es traicionero, no solo por su calor del infierno, o el cubo de hielo en que se convierte por las noches. También existen tormentas de arena gigantescas que arrasan con todo a su paso.

-Claro- lo apoyo Gylfie- viajar en el desierto no es un juego de niños, es necesario saber orientarse, conocer la dirección en la que nos dirigimos- mirando al cielo, Gylfie esperó ver alguna estrella que la orientara, pero el sol era intenso y opacaba cualquier destello.

- ¿Y qué debemos hacer? - era la primera vez que Soren se enfrentaba al desierto, no tenía experiencia en viajes largos, y mucho menos a un territorio tan difícil como lo que tenía enfrente.

-El plan es simple- respondió su amiga y compañera de aventuras-Debemos viajar al amanecer hasta que el sol lleve un cuarto de su recorrido… descansaremos y viajaremos al atardecer desde la misma altura del sol hasta que se oculte. Recuerden que debemos ser muy puntuales, sería peligroso quedarnos a la mitad de la nada cuando el sol caiga-

Dicho aquello, Gylfie alzó el vuelo y lideró a los guardianes por las rojizas dunas del desierto, sabía lo complicado que sería viajar por el desierto, todos en el viaje eran prácticamente novatos y no sabían lo que encontrarían al llegar a su destino. Por otra parte, se sentía alegre, porque regresaría al lugar donde nació. El clima era extremo, algo que los guardianes no conocían, el sol quemaba sus plumas y la piel debajo de ellas ardía. Sufrieron de sed a no más de una hora de haber comenzado su recorrido, no parecía haber un refugio en lo absoluto, solo había dunas rojizas y cactus podridos.

- ¡Pero qué demonios! - exclamó Maori desesperado, habían viajado por poco tiempo, y parecía una eternidad, sin contar que el paisaje no parecía cambiar en lo absoluto. Sus compañeros lo miraron con la misma expresión facial que él. Y, aunque Gylfie era nativa de aquellos lares, le afectaba igual que a sus amigos. - ¿Como rayos se consigue agua aquí? - dijo frustrado.

-Mira allá- dijo Gylfie señalando con un movimiento de su cabeza un grupo de cactus, bajemos y rasquémoslos, esos cactus tienen agua en su interior, suficiente para aguantar el viaje hasta el atardecer-

Los tres guardianes siguieron los pequeños aleteos de su compañera que descendió en dirección de tres cactus no muy grandes de color verde intenso, parecían las plantas más verdes que jamás habían visto en su vida, incluso en el gran árbol no crecían hojas tan destellantes como aquellos.

- ¡Increíble! - exclamo Soren al aterrizar en la gruesa rama del cactus seguido por Maori y Hunter -¿Cómo puede haber algo tan verde en este lugar desolado?-

-El desierto no es tan terrible como ustedes piensan- dijo Gylfie -Es cierto que hace mucho calor y hay pocas cosas que comer, pero creo que es más peligroso el bosque...-

-Aunque yo prefiero el bosque- la interrumpió Maori.

-Yo igual- dijo Soren

Gylfie hizo una ligera mueca, mientras que con su garra metálica hacia una hendidura en la carnosa superficie del cactus de manera que hacia una rampa desde el interior hasta el exterior.

- ¿Qué haces? - pregunto Hunter interesado en el método de Gylfie.

-No podremos chupar el agua del cactus, así que lo raspare y el agua se resbalará por la hendidura y caerá directo a nuestros picos-

-Vaya, que interesante- le dijo Hunter si perderle ni un detalle.

-Ven ayúdame- le dijo Gylfie haciendo una señal con su ala -Necesitaré que raspes el cactus como te mostrare para que yo pueda beber igual...primero tu Maori.- dijo Gylfie parándose cerca del tronco principal del cactus y le mostro al búho donde pararse. -Abre bien el pico- dijo subiendo donde comenzaba la hendidura en el cactus, y quitándose las garras de metal raspo la carne del cactus con sus garras. Casi al instante botaron gotas de agua color blanco del cactus como una cortada en la piel, estas descendieron por la ingeniosa rampa y se desbordaron como un chorro ligero hasta salir donde Maori yacía parado esperando con el pico abierto.

- ¡AH, MI OJO! - exclamo el búho orejudo cuando las primeras gotas cayeron

-Cierra los ojos, que arde- dijo Gylfie preocupada por no haberle advertido a tiempo.

-Avísame mañana- dijo Maori molesto tallándose su ojo con su ala una vez acabando de beber.

Gylfie paro de rascar el cactus e indico a Soren ponerse en la misma posición que Maori, era su turno de beber.

-Cierra los ojos, que arde- dijo Maori a Soren.

-Claro- le respondió

- ¿listo? - le pregunto Gylfie a lo que Soren asintió.

Su amiga nuevamente comenzó a rascar el cactus, y Soren abrió el pico para beber de aquella agua blancuzca. Las primeras gotas chocaron con su rostro, pero con un ajuste, el chorro entro en su pico. El agua tenía un sabor y textura extraña, como la fruta cuando no está madura, ácida y con un jugo espeso. Pero lo reconfortante era que le quitaba la sed más rápido de lo que el agua lo habría hecho con ese ardiente sol.

-Ya es suficiente, gracias- dijo Soren haciendo una señal con su ala derecha. Después fue el turno de Hunter y por último fue turno de Gylfie...

-Va a anochecer en algunos minutos- dijo Gylfie tomando el mando del grupo y mirando al cielo calculando la caída del sol, debemos acampar aquí-

- ¿Aquí, donde? - dijo Maori mirando alrededor.

Diez minutos antes de que el sol se ocultase, los cuatro guardianes descansaban en un hueco estrecho dentro del mismo cactus, Soren dormía en uno de los costados, luego Gylfie al lado de él, después a un lado de Gylfie estaba Maori, y por último en el otro costado estaba Hunter.

-Para que pregunté- refunfuñó

-Podría haber sido peor Maori- dijo Soren

- ¿A si? -

-Sí, pudiste haber dormido afuera- respondió Hunter

-Pero ya enserio, esto es fantástico, es un refugio muy interesante, ¿porque no nos enseñaron a hacer esto en las academias de Ga'Hoole?- Maori dio un vistazo a lo que su cabeza podía girar para mirar el estrecho interior del refugio. Gylfie había raspado el interior del cactus y sacó la pulpa dejándola en un pedazo seco de corteza de la planta para poder comerlo por la mañana.

-Estos refugios son herencia de los mochuelos duendes- respondió Gylfie- nuestro clan está en un oasis donde todos nuestros refugios son iguales a este, y por el tiempo de llegada no te preocupes Maori, pasado mañana al atardecer llegaremos-

Maori dio un gran suspiro de alivio, Hunter que a su lado descansaba, erizó sus plumas y cerró sus ojos para dormir, a su lado Gylfie miraba las estrellas y la luna iluminar el desierto, llegaban a ella recuerdos de cuando habitaba con su familia y de cuando fue raptada por los puros, pero agradecía que aquella aventura le hubiera sucedido, ya que en el desierto no sucedían cosas emocionantes y por eso pudo conocer a Soren. Suspiró y cerró los ojos. Por último, Soren miraba hacia afuera, pero no enfocaba su vista hacia ningún lado, pensaba nuevamente en su hermano, pero el pensamiento fue vago, había volado tanto que se durmió casi al instante.