XXII. Lo que no fue y lo que nunca podrá ser
Al final Draco se había recostado diciendo ''eres muy idiota para esta conversación'', antes de girarse dándole las espaldas y lanzarse un hechizo de calefacción para fingir que dormiría, o tal vez sí tenía sueño, como sea, él lo había imitado y ambos despertaron al día siguiente cubiertos de paja y con sus cuerpos casi congelados, muy cerca el uno del otro sin llegar a rozarse, por suerte el primero en abrir los ojos había sido Harry, de lo contrario habría despertado con un expulso o algo peor, quien sabe el carácter que tiene el rubio temprano en las mañanas, aún más teniendo en cuenta las terribles condiciones.
Lo primero que hicieron al despertar, fue quitarse los restos de paja como pudieron y encaminarse sin más directo al castillo, Draco parecía haber descansado lo suficiente para caminar a paso normal y ser el mismo de siempre, ni siquiera había volteado cuando Harry resbaló en uno de los escalones y se empapó de nieve.
Durante el trayecto apenas y habían cruzado palabra siendo Harry quien de vez en cuando hacía preguntas como por qué Malfoy se había quedado a pasar la navidad en Hogwarts o si había recibido regalos, a lo que el rubio contestó: ''podría preguntarte lo mismo'' o'' qué te importa'', respectivamente. Claro que esas no eran cosas por las que Harry tenía mucho interés, le intrigaba más la información que tendría Malfoy sobre su enfermedad y si esta era tan peligrosa como parecía; también quería saber los motivos que lo impulsaron a obtener la marca tenebrosa y si estaba bien con eso, pero sabía que no había ningún motivo para que Malfoy contestara esas preguntas, estaba seguro que Draco no lo consideraba un amigo, y si Harry empezaba a querer indagar en su vida fuera de Hogwarts no haría más que molestarlo y provocar que se alejara. Nada le garantizaba que Draco le confiaría detalles de su vida solo porque él cada vez se había sentido más y más interesado; quería saber la relación que tenía con sus padres, especialmente con Lucius, le inquietaba descubrir la clase de padre que es alguien que permite que lleves la marca oscura...
Apartó esos pensamientos.
No, lo más importante, sobre todo, era averiguar si Draco había sido responsable del collar que maldijo a una de sus compañeras. Si bien ambos no llevaban una relación precisamente estrecha, consideraba que había logrado un gran progreso, por lo mismo no quería adelantarse y estropearlo todo, no importaba si tenía que esperar un poco más para obtener respuestas o descubrirlas.
Cuando llegó el momento de separarse, Harry sintió la necesidad de decir algo—Malfoy...— pero este continuó su rumbo como si nada hasta desaparecer por el pasillo. Esperaba que el Slytherin no volviese a su vieja costumbre de evitarlo.
Cambió su rumbo y a medida que transcurría su marcha hacia la torre Gryffindor, se iba sintiendo un poco más incómodo recordando la noche anterior, tal vez incómodo no era la palabra, se sentía extraño y emocionado porque nunca creyó que la noche de ayer pasarían tantas cosas, pero sin duda lo que más le afectaba y lo mantenía pensativo, era la conversación que tuvo con Draco sobre la persona de la que se había enamorado, claramente esa no había sido una charla convencional del tipo romántica y cursi, no que lo esperara de Draco de todas formas, pero sin duda le había sorprendido la descripción, le hacía pensar que era alguien cercano al círculo social de los Malfoy, tal vez una persona refinada e igualmente adinerada con quien había compartido fiestas, cenas y eventos mágicos que él aún desconocía, se imaginó que era normal desarrollar sentimientos en esas condiciones, aún más tomando en cuenta que Draco no es lo que se dice sociable...
En las gradas trastabilló con uno de los escalones al distraerse recordando su primer encuentro en el almacén de Madam Malkin.
Bueno, tal vez podría ser sociable, pero no era muy amigable...
Se detuvo en la séptima grada ¿Y si Malfoy no era muy amigable... solo con él?
Negó con la cabeza y continuó subiendo.
No, eso no podía ser, puesto que el rubio se llevaba mal casi con todos, incluso debía de tener gente a la que no le agradaba dentro de su propia casa.
Pisó fuerte al recordar a Harper.
Harper era un caso a parte porque...no importa, el punto era que las amistades de Malfoy eran muy selectas...
Y él pudo haber sido una de ellas.
En el pasillo silencioso se escuchó el eco del golpe que se dio Harry al subir el último peldaño, esto debido al cordón de su zapato derecho que se había desatado por la brusquedad de sus movimientos anteriores.
No se había lastimado, pero se había golpeado las rodillas. Refunfuñó molesto y culpó a Malfoy por su distracción ¿Para qué iba a querer ser amigo de alguien tan...?
«Como te dije, es una persona compleja, tiene sus propios problemas en los que yo no formo parte.»
Tan complejo.
Se levantó y mientras se acercaba al retrato de la dama gorda y decía la contraseña de forma mecánica, sin siquiera reparar en si había alguien en la sala común o no, pensaba sin querer (o quizá con toda la intención) en cómo era la forma de amar de Malfoy, porque este no parecía estar nada a gusto con el asunto, por lo mismo se planteó con seriedad lo que significaba realmente el no escoger a quien amas.
No se podía imaginar todo lo que implicaba el amar sin querer hacerlo. Una cosa era sorprenderte porque alguien te guste y negártelo, pero lo de Malfoy era odiar el hecho de amar, pero eso ¿Qué significaba? ¿Odiaba a esa persona? ¿Odiaba que la amaba? ¿Odiaba las circunstancias? ¿O se odiaba él mismo?
No podía evitar plantearse que Malfoy estuviera enamorado de un hombre, pero en ese caso ¿En verdad era tan malo? Podía entender que resultara un poco extraño, pero no lo creía motivo de odio, aunque claro, teniendo en cuenta a su familia, sobre todo a su padre, la situación se complicaba, y también estaba el hecho de que el chico al saberlo pudiera rechazarlo e incluso llegar a sentirse asqueado o furioso...
De acuerdo, sí, era muy complicado, no obstante, se negaba a creer que el precio de ese amor era la muerte.
Llegó a la habitación que compartía con otras tres camas vacías y se recostó en la suya quitándose los zapatos, su cuerpo aún resentía las bajas temperaturas a las que estuvo expuesto durante toda la noche pese a que creía haber realizado bien el hechizo de calefacción, y aún con todo eso le parecía extraño que al mismo tiempo sintiera como si hubiese dormido realmente bien entre todo ese montón de paja. Quizás se debía al cansancio que acumuló después de cargar a Malfoy, y no solo al cansancio físico, pues tanto la forma de despertar del rubio después de que se desmayara, como la conversación que tuvo con él, lo habían dejado mentalmente agotado. Solo con recordarlo su mente viajaba a cien por otra tratando de encontrar a algún individuo que él conociese y que encajara con la descripción de Malfoy.
«No somos cercanos, apenas y nos hemos encontrado un par de veces ,aunque durante mucho tiempo nos veíamos casi a diario. De alguna u otra forma ha estado siempre a mi alrededor, incluso desde antes de conocernos cara a cara.»
Supuso que aquello confirmaba su teoría de que la persona era alguien que se relacionaba con los Malfoy frecuentemente. Tenía entendido que las familias ricas hacían fiestas todo el tiempo, no era de extrañar que Draco la (o lo) conociera en una de esas reuniones, es más, él dijo que esa persona había estado a su alrededor incluso antes de conocerse cara a cara, tal vez sus padres la mencionaban desde que Draco era un niño...
Él conocía a Draco desde niño.
Se le hizo extraño pensar que desde el momento en que el rubio le había dirigido la palabra ya tenía a alguien en su cabeza a quien veía, tal vez no de manera romántica, pero sí dándole más importancia que al resto. Siendo así Harry había sido insignificante en comparación, y no es como si aquello le afectara o cambiara algo de su pasado, solo que minimizaba completamente la importancia que creía haber tenido para Draco cuando este le ofreció ser su amigo.
...no es que lo molestara, simplemente era algo que no sabía.
«Todo eso influye»
¿Era así? Bueno, Harry no había sido un niño de muchos amigos en su infancia, su situación con los Dursley lo habían hecho bastante reservado, además su primo se había encargado de que los demás niños se mantuvieran alejados y que unos cuantos se le unieran para burlarse de él y sus ropas viejas y holgadas.
No tenía muy buenos recuerdos de aquel tiempo.
Pensar que todo hubiera sido distinto si sus padres estuviesen vivos. Él habría sido criado en el mundo mágico junto a muchos otros niños que no lo tratarían mal porque era igual a ellos, y si alguno lo hacía, sus padres estarían allí para defenderlo; habría visitado muchos otros lugares mágicos; habría festejado tantos cumpleaños; habría ido a los partidos de quidditch donde se toparía a Draco Malfoy antes de ir a Hogwarts y se habrían vuelto amigos; habría podido conocer a su padrino desde pequeño y compartir más tiempo con él, con Remus; habría terminado en Slytherin o habría terminado en Gryffindor, no importaba porque de todas formas no estaría todos los años enfrentándose a una nueva amenaza que buscaba acabar con su vida, y si lo hacía, tendría el apoyo y protección de sus padres y de Sirius, incluso Draco estaría con él en aquella versión alternativa de lo que pudo haber sido...
Y no fue.
Llevó sus palmas a sus ojos y los restregó evitando que cualquier indicio de lágrimas se exteriorizara. No entendía por qué se estaba sintiendo de aquella manera si hacía tiempo había aceptado que todo aquello fue algo que tenía que pasar. Era el precio a pagar por ser el elegido.
Pero ser el elegido le había costado la vida de sus padres, de Sirius, y en un futuro le costaría su propia vida.
Sus palmas se mantuvieron sobre su rostro cubriendo sus ojos y mejillas. Esperó hasta regular nuevamente su respiración y se calmó desviando sus pensamientos hacia el presente, hacia la realidad. Si bien su niñez no era algo que presumía, agradecía ser quien era, no podía saber si los Dursley tuvieron o no alguna influencia en su personalidad, pero si las cosas hubiesen sido diferentes tal vez esta versión de él no existiría, su forma de sentir o de ver el mundo cambiaría y quizá no tendría lo necesario para enfrentar a Voldemort, así quería creerlo, además, aún guardaba como una de sus memorias más preciadas el día en que Hagrid apareció para decirle que era un mago y llevarlo a explorar un mundo que ni siquiera en sueños podría haberse imaginado. Nada le haría volver a sentir las emociones que experimentó aquel día. No titubeaba al decir que (hasta ahora) ese había sido el mejor día de su vida.
Y tenía a sus amigos, Hermione y la familia Weasley eran su familia, así que no estaba solo, la partida de Sirius le había dejado con esa inmensa y dolorosa sensación de vacío que creía haber superado, pero por alguna razón la convivencia con Malfoy parecía hacer esa herida más grande, y no lo decía por las palabras hirientes del Slytherin, sino porque sentía que la versión de sí mismo que trataba de ocultarle a sus amigos, se habría paso para mostrarse a Draco, como alguna vez había confiado en mostrarse a Sirius.
Draco...
¿Por qué a Draco? De hecho ¿Por qué Draco? ¿Desde cuando lo llamaba por su nombre de pila?
Se masajeó las cienes sintiendo cómo se aproximaba un fuerte dolor de cabeza. A pesar de lo que todos estos pensamientos le habían hecho sentir, deseó encontrarse otra vez con Malfoy y poder mantener una charla como la de la noche anterior, no sabía de qué hablarían en esta ocasión, pero no le importó, cualquier tema estaría bien, hasta podría compartir algo de la experiencia que tenía en cuanto a relaciones amorosas, aunque no es como si él pudiera darle consejos precisamente, su única experiencia era Cho y no era algo muy destacable que digamos, ni siquiera sabía si cualificarlo como relación ya que su comportamiento se podía resumir en no saber qué hacer la mayor parte del tiempo, por no decir que Draco lo hechizaría si tratara de opinar sobre su situación, ya era bastante con que le hubiese permitido saber del hanahaki y de la persona responsable sin que maldiciones o cruciatus estuvieran de por medio, hubo amenazas, claro, pero no era tan grave.
A su parecer, su objetivo de acercarse a Malfoy había sido un logro, si seguía así, puede que en algún punto logre ganarse la confianza del rubio, no sabía qué esperar si aquello pasaba, pero por ahora estaba bastante complacido con la relación que llevaban, sea cual sea ésta.
No se quejaba, al fin y al cabo, había descubierto que pasar tiempo con Draco no era algo tan malo como esperó en un principio.
Y ya más tranquilo, se reincorporó de la cama y fue a guardar su capa invisible en el baúl, entonces se dio cuenta:
Malfoy no le había devuelto el mapa.
Draco llegó a las mazmorras, dijo la contraseña y fue directo hacia su cuarto, las camas vacías le dieron la bienvenida y él las miró apoyando su espalda en la puerta, en su mano izquierda sostenía la rosa con los pétalos negros y rojos, poco a poco se deslizó hasta estar sentado y entonces sacó de sus bolsillos el mapa que no le había devuelto a Potter.
Lo había conseguido.
Admiró el trozo de pergamino aparentemente vacío y acercó su varita tocando el papel.
Nada.
Frunció el ceño e hizo memoria de lo que había hecho Potter antes de mostrarle todo el mapa de Hogwarts, le parecía que había dicho una frase extraña...
—Juro... ¿solemnemente? que mis intenciones... ¿no son buenas?—pronunció dudoso, pero se contentó al ver que las líneas y manchas se empezaban a trazar a lo largo de la superficie en blanco. Emocionado, observó las huellas dispersarse por todas partes en conjunto con su respectivo nombre, sin poder evitarlo buscó a Harry en la torre de Gryffindor y lo encontró allí totalmente inmóvil, se preguntó si éste ya se habría dado cuenta de que no le había devuelto el mapa, lo más seguro era que no, conociendo su impulsividad sospechaba que en cuanto el Gryffindor lo descubriera correría hasta las mazmorras a pedírselo de vuelta. Lástima que cuando lo hiciera él ya no estaría cerca.
Apartó su varita y volvió a doblar el objetó, su vista se perdió en una de las camas vacías y trató de imaginar la reacción de Harry ¿Se sentiría molesto? Lo más seguro ¿Decepcionado? Tal vez, pero no era su culpa que Potter fuese tan confiado ¿Triste? ¡Ja!
Ahora que tenía el mapa Draco podía respirar un poco más tranquilo, había temido que sin la presencia de Crabbe y Goyle no tuviera oportunidad para escabullirse al aula del séptimo piso, pero la solución a ese problema había llegado a él en manos del mismísimo Harry Potter ¿Quién diría que el niño dorado realmente lo iba a ayudar con su misión? Aunque no haya sido por voluntad propia.
Se levantó del suelo y viajó hasta su cama, no tenía sueño, pero sentía su cuerpo bastante relajado por lo que se acostó de lado sin quitarse los zapatos, sabiendo que dentro de un rato debería revisar nuevamente el mapa para asegurarse de que Potter no estuviera acercándose a las mazmorras.
Junto a su cama tenía un buró totalmente vacío, con trivialidad pensó que hubo un tiempo en que esto no era así, cuando niño, lo solía llenar de los regalos que sus padres le enviaban y que cabían en ese pequeño espacio, siendo lo suficientemente ostentosos para llamar la atención de sus compañeros de cuarto. Los primeros años, ya fuese por su cumpleaños o navidad, colocaba los artículos más llamativos con la intención de que Crabbe, Goyle, Blaise o Theo preguntasen por el objeto, sin embargo, con el tiempo aquello había dejado de tener gracia. De hecho, este año, por primera vez desde que ingresó a Hogwarts, sus padres no le habían enviado ningún regalo.
Era lógico, con su padre en Azkaban y su madre en la mansión rodeada de mortífagos, no había oportunidad para pensar en los regalos que le comprarían a su hijo por navidad. En estos momentos Draco venía siendo la menor de sus preocupaciones, y lo entendía, de verdad...
Pero, aun así, dolía.
Lo peor es que Draco no podía decir qué era exactamente lo que dolía. No sabía si el dolor era producto del cambio o de la realidad que estaban viviendo como familia. Él tenía todo y podría tenerlo si así lo deseara, por eso estaba seguro que su malestar no tenía nada que ver con asuntos materiales, y ese, justamente, era el problema, los asuntos materiales eran casi todo lo que Draco conocía. Había crecido basando su felicidad o satisfacción en tener todo lo que quería y mostrárselo al resto, sus amistades las había forjado en base a quién era como miembro de la familia Malfoy, y ahora que aquello se derrumbaba se sentía cada vez más y más solo y desesperado .
La marca tenebrosa le había otorgado cierto poder sobre el resto y sobre sus compañeros, a sus amigos les había causado una mezcla agridulce entre admiración y temor, y a él le producía ansiedad no saber cuál de esas dos predominaba más en ellos.
En su entorno, existía una línea muy delgada entre el respeto y el miedo, y él no quería ser temido. No quería que sus amigos se sintieran con él, como él se sentía en la presencia del señor oscuro.
Cerró los ojos para ya no ver las tres camas vacías. En su interior solo podía recapitular una y otra vez el pasado donde todo había sido más fácil, donde no le perseguía ese miedo a la muerte tan real y latente. Quería volver a los días de su infancia donde sus padres tomaban el té en el patio y conversaban a gusto mientras él arrancaba distintas flores con estallidos de magia para llevárselas a su madre e impresionar a su padre; aquel tiempo donde los pétalos y capullos eran simplemente eso y no un mal que le castigaba por sentir lo que sentía y no debía. Quería volver y vivir esos días una y otra vez antes de que todo se quebrara por la presencia de dos individuos que cambiarían su vida.
Harry Potter y Voldemort.
Un escalofrío le recorrió la espalda tanto por el un nombre como por el otro, no podía decir cuál fue el que tuvo más efecto en él.
A su memoria acudió la primera vez que había conocido a Harry y la primera impresión que tuvo de él. Le agradó, y bastante, a decir verdad, quizá si en lugar del pelirrojo Harry se hubiese juntado con otro de los estudiantes, Draco habría reaccionado diferente, menos hostil, y Harry habría considerado mantener una amistad con él sin importar la casa a la que hubiese ido.
Tosió.
Apretó los dientes molesto ¡Era suficiente! Basta de pensar en esas cosas. Todo eso no importaba. No tenía sentido rememorar los buenos momentos del pasado ni en el rumbo que habrían tomado los hechos de haber sido distintos. Todo ya había sucedido, ya había sido y tenía que aceptar que...
Ya nunca más podría ser.
Su pecho expectoró pétalos blancos y rojos de clavel estriado* que surcaron por los doseles de su cama y aterrizaron en el buró vacío, llenándolo. La tos siguió durante minutos sin detenerse y Draco sentía asfixia al no poder llenar sus pulmones de aire, luego de un rato se detuvo e inhaló todo el oxígeno que le fue posible mientras se limpiaba con la mano el líquido que escurría de las comisuras de su boca, al apartarla vio que era sangre.
Se asustó y no pudo evitar las lágrimas.
Añoraba tanto el pasado. Todo era mejor cuando no conocía a Potter y este no tenía el poder de destruirlo. Todo era mejor cuando no había Voldemort y este no tenía el poder de destruir su vida.
Draco simplemente estaba atrapado.
—Estúpido Slytherin embustero y tramposo.
Harry, con la capa de invisibilidad en su bolsillo, maldecía por lo bajo al tiempo que caminaba por los pasillos hacia el gran comedor. Era hora del desayuno y aunque no creía que Malfoy estuviese allí, no estaba demás asegurarse.
Atravesó las grandes puertas de roble y se detuvo en el medio mientras hacía su inspección en la mesa que compartían todas las casas, algunos estudiantes habían parado de comer para dirigir su vista al niño dorado, quien en esos instantes mostraba una expresión que decía todo menos querer desayunar de forma pacífica, varios, basándose en las experiencias anteriores, sujetaron sus vasos y sus platos por precaución.
Snape, a quien era raro ver en el gran comedor durante esos días, miró con sospecha cómo el Gryffindor se marchaba tan súbitamente como había llegado, todavía portando un rostro lleno de disgusto ¿Qué o a quién había estado buscando? Dudaba que el susodicho estuviera tratando de encontrar al profesor Dumbledore, pues ni siquiera había dirigido un mínimo vistazo a la mesa de los profesores.
Por otra parte, Harper, degustando su tarta de melaza, se hizo una idea de quién sería la persona a la que el elegido buscaba con tanto ímpetu.
Al mismo tiempo que esto sucedía en la planta baja, en las mazmorras, Draco salía del baño después de haberse aplicado más de tres hechizos de limpieza bucal para quitarse el sabor a sangre y pasto, pero nada parecía funcionar, ya ni siquiera estaba seguro de si el sabor estaba realmente en su boca o todo era efecto de su imaginación.
Agarró el mapa que había dejado sobre las cobijas y con su varita lo tocó mientras pronunciaba la frase clave para activarlo, casi se atranca con su propia saliva cuando ubicó a Potter llegando a las escaleras que conducían a las mazmorras.
Sin pensárselo salió de su habitación y agradeció encontrarse a una alumna de segundo armando su juguete mágico en la sala común, le parecía recordar el apellido de la niña.
—Roussel—ella lo miró extrañada de que le dirigiera la palabra—Si Potter aparece dile que me viste salir hace quince minutos, pero solo si logra entrar aquí ¿De acuerdo?—la niña mantuvo el contacto visual—Le diré a Pansy que te deje entrar al baño de prefectos—finalmente, ella asintió.
Salió de allí asegurándose primero de que Potter no estaba lo suficientemente cerca y que no tendría que preocuparse por si vestía su manto de invisibilidad, ni siquiera se molestó en preguntarse si este en verdad sabía donde se hallaban las habitaciones de Slytherin porque era algo que ya no le sorprendía viniendo de Harry.
Se escabulló justo en el momento en que Harry visualizaba la pared de ladrillos, para cuando estuvo en frente de la entrada a la sala común de Slytherin, Draco pasaba frente a la oficina de Snape fuera de su campo de visión y mostrándose un tanto divertido con lo que estaba pasando ¡Huía de Harry Potter! ¿A quién no iba a resultarle gracioso verlos así?
Sobre todo cuando, pese a estar lejos del lugar, escuchaba el eco de los llamados del Gryffindor.
— ¡Malfoy! ¡Malfoy! ¡Sé que estás ahí! ¡Malfoy!—con frustración, Harry pegó una patada a la pared al confirmar que nadie abriría la entrada, de hecho, era más probable que lo acusasen con Snape antes de que eso ocurriera. Para su desgracia, no se le ocurría una forma de entrar que no involucrara a Harper y sus chantajes, pero se negaba rotundamente a caer tan bajo como para pedirle ayuda. Caminaba de un lado a otro pensando en qué más podría hacer aprovechando que tenía la capa de invisibilidad consigo, la única solución factible era esperar a que los Slytherins regresaran y dijeran la contraseña, después él la repetiría y entraría cubierto por la capa de invisibilidad, así cuando se abriera el pasaje solo creerían que fue alguien que al final decidió no entrar o algo parecido.
Esperó junto a la pared por lo menos unos diez minutos hasta que por fin escuchó voces en el pasillo que lo hicieron espabilar y colocarse la capa.
—...de todas formas no es como si en verdad me gustara, solo que tiene algo, no sé cómo explicarlo—un chico que parecía de cuarto o quinto año, se acercaba en compañía de una chica morena que lo veía con suma atención.
—Te entiendo, de todas formas deberías hablarle aunque sea de forma anónima ¿No sería interesante?
—Tal vez—la pareja llegó frente a la pared de ladrillos y el chico se acercó para susurrar ''Maleficio'', al instante la pared se abrió y los Slytherins entraron para continuar con su charla.
Harry apenas y había logrado escuchar la palabra pese a estar a tres pasos de la entrada, las serpientes eran bastante precavidas a la hora de decir la contraseña aunque creyeran que no había ningún miembro de otra casa rondando cerca, no pudo evitar compararlos con los de su casa, estaba seguro que más de un estudiante habría oído al menos una vez una de las contraseñas de Gryffindor con solo pasar por el lugar. Suponía que con el tiempo se acostumbraban y simplemente dejaban de darle importancia o eran demasiado distraídos para recordar ser discretos.
Luego de un par de minutos se aseguró que nadie se acercaba y susurró a la pared ''Maleficio'' haciendo que esta se abriera. Entró con cautela y para su fortuna solo se encontró allí a una niña que jugaba con un tren parecido al de la estación King's Cross, ella vio el pasaje con el ceño un poco fruncido y Harry esperó a que volviera a bajar la mirada para moverse, sin embargo, casi se estrella con uno de los sillones cuando escuchó que la niña le hablaba con un fuerte acento escocés.
—Eres Harry Potter ¿verdad? Si buscas a Draco no lo encontrarás aquí. Salió.
Al saberse descubierto, se acercó a la rubia con cautela y cuando estuvo a su lado se hincó y le habló en voz baja— ¿Cómo supiste que había entrado?
—La alfombra—indicó ella sin más, todavía concentrada en colocar un par de piezas en el vagón.
Harry se quiso golpear al entender que la niña había visto sus huellas marcarse en la superficie verdosa—¿Hace cuánto que salió?
—Hace veinte minutos.
— ¿Él te pidió que me dijeras eso?
La rubia pensó unos instantes antes de contestar—Sí. Él sabía que vendrías.
— ¿Entonces está en su cuarto?
—No. Él sabía que vendrías.
Harry entendió y también se sintió un poco tonto por alguna razón.
— ¿Sabes a dónde pudo haber ido?
—No.—La niña suspiró cuando una de las piezas salió fuera del tren por sí sola y cambió de color. —Si Draco no quiere que lo encuentres, no creo que vaya a ser fácil que lo hagas—comentó.
—Lo sé—aceptó a su pesar—este...gracias—concluyó sin saber qué más decir. La niña se encogió de hombros y él se marchó no sin antes recorrer con la mirada la sala común de Slytherin. Aún permanecía tal como la recordaba desde segundo año.
Cuando se quitó la capa estaba en uno de los pasillos que conducía al aula de pociones, sabía que intentar buscar a Malfoy sería inútil puesto que este tenía el mapa consigo y aparentemente sabía cómo activarlo, lo cual era obvio porque Malfoy no era tonto y él no era discreto en lo absoluto.
Ya se había rendido cuando en el ambiente detectó un olor a tarta de melaza, madera de escoba y otra esencia que era muy tenue y casi imperceptible...
Abrió completamente los ojos y regresó sus pasos para entrar con prisa al aula de pociones, la puerta golpeó con la pared y el convocó un lumus para iluminar la estancia. Precavido revisó cada rincón del lugar y no encontró nada, realizó un homenum revelio pero el hechizo reveló que no había nadie en el cuarto. Frustrado, Harry salió lanzando un portazo. Ni siquiera sabía por qué había entrado en primer lugar.
Nunca reparó que en una de las mesas del salón reposaba un caldero lleno de amortentia que Slughorn había preparado para su siguiente clase.
Notas de la autora:
*Clavel estriado: Rechazo, no puedo estar contigo.
Hola!
Después de un tiempo les traigo un capítulo algo corto y sin mucha acción que digamos, pero me ha gustado bastante escribirlo, creo que me puse un tanto emocional al principio y luego se me pasó de golpe ^^'
Por fin ya se acabaron los capítulos sobre las vacaciones de navidad así que ya podré ir avanzando con la trama más o menos a la par del libro y ayudándome de este. Ni yo sé cómo va a terminar.
Y bueno, quería agradecerles por sus comentarios, no saben cómo me entreténgo leyéndolos aunque lo haga tarde. En cierta forma me ayudo mucho de sus opiniones al momento de escribir, de hecho alguna que otra idea se me ha ocurrido leyéndolos o directamente me la han dado, así que tengan presente que la historia es como es porque incluye una parte de ustedes los lectores 💕
Así que coméntenme ¿Qué les ha parecido el capítulo o la historia hasta ahora? Espero que no resulte tan lenta y aburrida como a veces pienso que es ^^'
Y si tienen alguna pregunta sobre la trama, mi versión del Hanahaki o alguna cosa que no me haya hecho entender totalmente, pueden hacerla con confianza, procuraré responder todo sin dar spoilers y así de paso aclalarme yo misma respecto al rumbo que tomará la historia.
Y eso, ya paro con mis notas finales xD
Espero volver a publicar en poco tiempo.
¡Gracias por leer!
