- ¡Vause!, ¡VAUSE! - Nicky corre y grita mi apellido como si su vida dependiera de ello. Yo continúo caminando dirigiéndome a mis clases, justo antes de pisar el primer escalón en la entrada de la Universidad Yale, ella me sujeta del brazo haciéndome girar.
- ¿Qué quieres Nichols? - le contesto irritada por la escena. Nicky examina mi rostro divertida; joder, conozco esa mirada. Joder, conozco esa sonrisa.
- No puede ser Vause, ¡haz vuelto a soñar con ella! - lo dice con más volumen en su voz de lo estrictamente necesario. Cubre su sonrisa con la palma de su mano por un momento.
-Mierda, Nicky, ¿puedes decirlo más alto? Creo que el chico con audífonos al otro lado de la acera no se enteró-. Giro mi cuerpo con toda la intención de entrar al edificio, no he llegado ni al tercer escalón y Nicky entrelaza nuestros brazos de manera muy animada.
- ¿Entonces?, ¿en qué posición la tenías?, ¡espera! No me digas… ¿La tenías en cuatro?, ¿fue en el sofá o en la ducha? –. Joder, lo que me faltaba, su estúpido interrogatorio.
- Ni pienses que hablaré de mis sueños eróticos contigo otra vez-
- ¡Ajá, así que sí soñaste con ella! – Mierda, ahora no por favor. -Esa cara de frustración sexual y tu repentina actitud de síndrome premenstrual indican que soñaste con la joven rubiecita a la que llamas "profesora"-, ella parlotea mientras que entramos en las instalaciones caminando por los pasillos parcialmente solos, faltan unos veinticinco minutos para la primera clase, no entiendo por qué mi madre se empeña en despertarme tan temprano.
- Nicky, basta, ¿quieres? No es gracioso-. Mi tono de voz cae en picada, sí estoy irritada, sí tengo frustración sexual y sí soñé con ella, para colmo, empezaré las clases escuchando su voz y viendo su cuerpo moverse por el salón de clases durante dos horas, dos horas en las que mis fosas nasales aspirarán su olor a lavanda, dos horas en las que veré su cuerpo ceñido a un conjunto de ropa en tonos grisáceos que seguramente no le harán justicia a su cuerpo, dos horas en las que divagaré con su boca entre mis… ¡Oh, carajo! Eso dolió.
- ¿No te basta con burlarte de mí, sino que además me agredes físicamente? – le pregunto indignada.
- Lo has hecho de nuevo, Vause, te vas a la mitad de una conversación, ya pídele que te lama el coño, ¿no? Digo, a ver si así prestas atención cuando te hablo, si no divagaras, no tendría que recurrir a pellizcar tu antebrazo cada que te la imaginas – Nicky, mi amiga Nicky. Ella es, bueno, ella sigue siendo Nicky.
- Nichols, ella es profesora de Historia, graduada de esta misma Universidad, es joven, tiene miles en el banco, una casa el triple de grande que la mía, maneja un Porsche Convertible del 55, ese, el auto por el que babeas tanto de color rojo, ¿crees que tengo alguna oportunidad? Perdí dos años de estudio por problemas económicos, no tengo ni tres años en la licenciatura de Antropología y aún vivo con mi madre – Nicky solo se encoje de hombros, acomoda su cabellera rubia y alborotar a y voltea a ver su reloj de pulsera.
-Escucha Alex, sé que llevas enamorada de ella dos años, pero amiga, ninguna mujer vale tanto tiempo. Búscate una novia, ya sabes que Sylvia está disponible para ti en todo momento, nos lo ha dejado claro más de una vez-. Ambas reímos por las ocurrencias de Sylvia, vaya que nos lo ha dejado en claro.
- Seguro, Chapman ya empieza a parecer un fastidio –. Miento, - dame unas semanas y dejaré mi síndrome premenstrual de lado –.
-Esa es mi chica – Nicky me abraza de manera espontánea. -Hay muchos peces en el agua, y más de uno picará el anzuelo de ésta futura Antropóloga Forense-, me guiña un ojo, ella sabe lo jodida que estoy por Chapman, creo que mis palabras anteriores la hicieron feliz.
- Sí – me río sin ganas, – hay más peces, seguro que sí-. Retomamos el camino por los pasillos en silencio, al parecer ella me acompañará hasta el salón de clases pues camina muy junto a mí. La miro de reojo y ella me mira de vuelta, sabe que miento.
Nos paramos justo afuera del aula, la puerta está abierta, veo una melena rubia moverse con agilidad frente al pizarrón, mi pulso se acelera de inmediato, mi boca se seca de manera repentina pero la humedad aparece en mi… ¡mierda! El dolor nuevamente.
-El pellizco era innecesario, no me la estaba imaginando –. Le reprocho sobándome el antebrazo.
-Es cierto, pero te la comías con la mirada, ¿qué tal si ella voltea y te pilla in fraganti? Te salvé Vause, agradece –. Mira su reloj de nuevo, - me tengo que ir, mi clase empieza dentro de poco y no he hecho la tarea-. Como dije, Nicky sigue siendo Nicky, nuestra próxima Ingeniera Medioambeintal. No entiendo cómo aprobó el examen de admisión de Yale.
-Seguro, Nichols, te veo en un par de horas-
-Por favor trata de no ser tan obvia, cierra la boca durante la clase como lo ensayamos- Me da unas palmaditas en la espalda, ¿acaso sus bromas no terminan? Se gira y comienza a andar, seguro que irá a inventarse una excusa para salvarse del hecho de que no hizo su tarea a tiempo, voltea segundos después y añade, - ¡Vause, proponle lo de tu coño, seguro que acepta! -. Más de tres voltearon a verme, siento mis mejillas arder, Nicky se distancia riéndose, que idiota, ya verá.
-Hola, buenos días, la clase empezará dentro de unos diez minutos, pero si gusta ya puede ir pasando, señorita Vause- Díganme que es mentira, díganme que es mi imaginación. Giro solo la cabeza y me la encuentro de frente, está recargada sobre la puerta del aula con las manos en los bolsillos de su pantalón, es gris, justo como predije. Su cabello rubio cae por sus hombros creando sutiles rizos en las puntas, su camisa blanca hace que el azul de sus ojos resalte aún más, tiene las mangas dobladas y los primeros tres botones de la camisa están abiertos, sin duda quiero conocer lo que hay detrás de la tela. Su pantalón le llega a la cintura, lo sé porque su camisa está perfectamente bien fajada y es en su cintura donde se distinguen las prendas; está usando unas zapatillas negras de tacón bajo, lo que hace que nuestra diferencia de estaturas sea mínima, esperen, ¿desde cuándo ella usa tacones?
- ¿Señorita Vause? – Ella se reincorpora y alterna su peso de una pierna a otra, se ve incómoda, seguro es porque la he estado viendo de arriba a abajo más de lo que debería. Bien, éste es el momento en el que digo algo…
Ya voy, ya, ahora sí digo algo…
Vamos, Alexanda, no te quedes ahí parada viendo sus labios como una idiota, ¡haz algo!
-Eeh, s-sí - tartamudeo, ¿en serio Alexanda? - Lo siento, me quedé pensando en -tus tentadores labios- la tesis sobre la función de la cultura.
- ¿Ah sí? - Una pregunta ingenua, no puedo creer que me creyera.
-Sí, verá, la tesis respalda el hecho de que la cultura existe para satisfacer las necesidades del individuo, ya sabe a qué necesidades se refiere, es decir, todo tipo de necesidades que tenemos en común los seres humanos – sonrío tratando de parecer convincente.
- ¿Y por qué la cultura satisface a nuestras necesidades? – parece que en verdad le interesa, me mira detenidamente, aún no entro al aula, pero su aroma ya me envuelve. Bien, Vause, concéntrate, te sabes éste tema de memoria.
- Verá, de acuerdo con Malinowski, la cultura existe porque el humano es un organismo vivo que tiene necesidades psicobiológicas, Malinowski ve a la cultura como un instrumento. Él propone tres categorías para clasificar nuestras necesidades y empieza con las necesidades básicas – ella asiente con la cabeza, parece entender lo que digo – éstas necesidades básicas son simples pero vitales, van desde la alimentación hasta la necesidad de reproducción y el crecimiento como sociedad para buscar la satisfacción personal. Después menciona la segunda categoría que son las necesidades instrumentales– ella vuelve a sentir, parece que dirá algo, pero se detiene, entonces continúo – ésta categoría es un poco más personal debido a que comienza con la aceptación de tu propia cultura y llega hasta la organización de la fuerza y la obligación que cada quien… ¡ey, fíjate! – veo a mis compañeros pasar a mi lado, recibo uno que otro empujón en mi hombro izquierdo debido al tránsito de personas que llegan al salón.
- Interesante la tesis de Malinowski – dice mientras me mira –, pasa si no quieres recibir más mochilazos – me dice en tono burlón. Mi siento más idiota que al principio.
- Sí, mejor – murmuro retirándome de la puerta y tomo asiento junto a la ventana que da vista a la entrada del campus. Una vez más, me doy cuenta que ella está lejos de mi alcance, seguramente ahora cree que soy patética.
Ésta clase promete ser larga.
