-Entonces le pregunté que si de dónde había sacado el dinero, y ella me dijo... me… me dijo... – levanto la cabeza de la mesa, me reincorporo un poco y trato de fingir la voz de mi madre que se escuchó más bien como una niña haciendo berrinche aunque estoy segura que mi madre no suena así. – "son mis secretos"-. Tomo otro largo trago de mi octava o novena cerveza. – Me sentí estúpida cuando se lo pregunté. Dijo que Sonia le prestó el dinero, digo, - pongo mi cabeza de nuevo sobre la mesa- ¿quién mierda soy como para pensar mal de mi madre a la más mínima oportunidad? Ella no haría ninguna estupidez. – Una mesera delgada, rubia, cabello largo y ojos marrones se acerca con dos tragos de tequila que pedimos hace unos momentos. Ella lleva puesto un mini short que enmarca a la perfección su culo, su playera es azul fosforescente, es una playera tan diminuta que me puedo ver la orilla de su sostén negro desde el ángulo en el que me encuentro.

-Provecho – dijo la sensual mesera.

- Gracias preciosa – dice Nicky quien le guiña un ojo. Ambas, y lo admito, ambas nos quedamos viendo el culo de la mesera mientras se retiraba al otro lado de la barra, es que, era imposible no apreciar tremendas curvas.

- Vause, deja ya de sentirte culpable y tómate esto – me pasa uno de los tragos - y termina tu día recordando a la rubiecita sobre el estrado sonriéndote –

Nicky agarra su trago y yo el mío, me reincorporo mientras escucho la cuenta regresiva- ¿lista?, tres, dos… - no espero al uno, siento el líquido recorrer por mi garganta, agarro un limón y lo exprimo directo en mi boca.

Nicky se ríe por las caras que hago, por lo menos ella se divierte.

-Vause, debes esperar a que termine de contar – Nicky se toma el suyo y en seguida le hace señas a la misma mesera para una segunda ronda de chupitos. – Voy al baño, ¿me acompañas? - me pregunta.

-No, pero gracias. No quiero oír tu orina caer al váter-

-Tú te lo pierdes – Nicky se levanta de la mesa y se pierde a lo lejos.

Llega la mesera con la segunda ronda, dice la misma palabra "provecho", ¿qué no se sabe otra? Se va y yo en lugar de ver su trasero como momentos anteriores, veo hacia mis lados apreciando el lugar. De verdad era un lugar increíble. "Someone New" de Hozier se escucha de fondo, la música es fuerte pero lo suficientemente baja como para dejarte hablar sin problemas, las mesas son altas hechas de acero a juego con las sillas, el piso es de madera, tiene en las paredes pinturas que simulan ser grafitis de la segunda Guerra Mundial y para hacer contraste con las imágenes de guerra, hay una zona llena de colores y flores alrededor del símbolo de "Amor y Paz". En aquella zona veo un cabello rubio atado en una coleta desaliñada a propósito, es la mujer más joven de pie junto a un grupo de personas. La mujer de coleta rubia lleva puesto una chamarra gris con gorro, tiene unos jeans que se ajustan como una segunda piel y como calzado unos cómodos tenis de piso sin agujetas de color negro. Su atuendo es casual e informal, nada parecido a como estaba vestida en la mañana.

¿Qué dijeron?, ¿que no la puedo reconocer aun estando ella de espalda y yo con los efectos del alcohol alterando mi sistema nervioso y psicomotor? Pues se equivocan, reconocería a esa mujer entre un millón así me esté muriendo.

La observo detenidamente, parece no mantener el hilo de la conversación que sus compañeros tienen. Ella les dice algo a sus acompañantes, deja su bebida sobre la mesa a su costado, saca dinero de su pantalón y lo deja debajo del vaso. Se despide del grupo y se retira. Así, sin más, se va.

La sigo con la mirada hasta que Nichols se interpone, se carcajea de algo – Vause, debiste haberla visto, ella estaba vomitando sentada en el váter con la puerta abierta, ¡fue cómico! – se sigue riendo. -Apuesto la fortuna de mis padres a que esa chica no volverá a este bar –

-Espera, Nicky – me levanto de mi asiento, por primera vez en dos años dejo de pensar tanto en lo que hago y me dirijo hacia la puerta principal por donde ella salió.

-Hey, Vause, ¿puedo tomarme tu chupito?- me pregunta cuando le paso por un lado

-Haz lo que quieras, que yo haré lo que quiero- le contesto, parece que estoy caminando más lento de lo normal entonces comienzo a correr, quiero alcanzarla.

-Al salir del bar ella estaba esperando a su auto, me le acerco por detrás, lo suficiente como para sentir su calor corporal. - ¿Ya se va? –

Ella brinca, gira bruscamente - ¡Me asustaste! – dice exaltada mientras se pone una mano en el pecho, -mi corazón está latiendo rapidísimo –

-Entonces ya sabe lo que siento cuando la veo –

- ¿Disculpa? – segunda vez en la noche que escucho esa pregunta.

-Nada, le preguntaba que si ya se iba. - Intento cambiar de tema

- Sí... sí ya me voy-

Trato de acercarme dando un paso al frente, - ¿por qué no se queda? Le prometo que la pasaremos bien. – Aquí sepulto mi moral, ética, reputación, dignidad, vergüenza, autoestima (…)

-Señorita Vause, - levanta su vista y nuestras miradas conectan así como lo hicieron en el conversatorio - no creo que sea prudente esta conversación- me dice de manera calmada.

-A la mierda la prudencia... –

- Aunque estemos fuera del horario de clases, sigo siendo su profesora, no lo olvide-

-No lo estoy olvidando, sólo digo que por qué no bebemos algo como profesor y alumno…- medito mis siguientes palabras, -… y luego vamos a su casa y la follo- Una sonora bofetada supera el sonido del claxon de su auto avisando que ya lo han traído. De acuerdo, no las medité bien.

-Pensé que eras diferente. – No, por favor, no. En su voz hay decepción, eso no. Me da la espalda y camina alejándose de mí.

Mi cara sigue ardiendo, ella tiene mano dura, pero todo ese efecto de alcohol desapareció de mi cuerpo.

-Profesora, espere… - la sigo hasta la puerta del piloto, antes de que Piper entre al auto logro bloquear la puerta con mi cuerpo. – … No quiero echarle la culpa al alcohol porque eso es de cobardes, pero... –

-¿Entonces si quiere ir a mi casa y follarme? – pregunta encarándome, está molesta y no es para menos pero, carajo, ¿cómo contestar que no a esa pregunta?

Nicky hace chasquidos con sus dedos para llamar mi atención – ¡Hey, Tierra llamando a Vause…! - deja de chasquear cuando la miro a la cara.- ¡Estaba vomitando en el bote de basura, e incluso se abrazó a la mujer que da servilletas en el baño! - Nicky seguía carcajeándose.

- ¿En serio?, pobre chica – agarro mi chupito y me lo tomo de una, el ardor por mi garganta es menos, ya me estoy acostumbrando al calor de la bebida.

- ¡Sí, en serio! –

- ¿Y qué tal tu orina? – pregunto sin ganas sólo para sacar conversación

- Fluyó como agua en manantial…- al fin se sienta a mi lado, agarra su trago y lo bebe. - ¿Qué te pasó, Vause? Te lo pregunto porque la chica que conozco no pregunta sobre la orina de nadie. –

- Ella… - digo susurrando

- ¿Qué? – Nicky no escuchó lo que dije

- Ella está… - digo más fuerte.

- Oh, mierda… - Nicky fija la vista en un punto detrás de mí.

- Sí, ella está… -

- … Viniendo hacia acá-

- ¡¿Qué?! – volteo a ver a mis espaldas. Nicky jala mi cuerpo reprendiéndome por mi acción

- ¡Compórtate, finge que eres interesante! - ¿Qué mierda quiso decir con eso?, ¿Qué no soy interesante? Nos sentamos con la espalda recta en los asientos como si estuviéramos de lo más normal, pero mi pulso aceleró de manera exponencial.

- Carajo, vaya momento en el que decido llamarte para venir al estúpido bar de la zona Este. Ella me verá ebria y yo le diré que me la quiero fo…-

- Buenas noches, no quisiera interrumpir, pero no quiero irme sin saludarlas. – Nicky y yo la vimos y fingimos no estar tan ebrias.

Intento fallido.

-Buenas noches, profesora. Felicidades por su reconocimiento, en serio es un gran logro. – Dice Nicky levantándose, - Bien, iré al sanitario a ver qué pasó con la chica del vómito, con permiso – Piper le hace un movimiento de cabeza y Nicky nos deja solas.

-Gracias, Nichols. -Me mira a los ojos y yo inconscientemente deposito la mirada hasta sus labios, son rosados y tentadores, demasiado. - Admito que estaba muy nerviosa cuando me entregaron el reconocimiento en el conversatorio, pero verla ahí me hizo sentir reconfortada… - Y la veo a los ojos otra vez con una enorme sonrisa en mi cara. ¿Oyeron? Dijo "verla ahí", o sea, yo le di seguridad con mi presencia, - perdón, me refiero a… a que verlas ahí, a las dos… me hizo sentir segura– se retracta, muy bueno para ser verdad. – Estar frente a un grupo determinado de personas me pone nerviosa, pero estando con alumnos presentes me da la confianza como si estuviera en un salón de clases. –

- ¿Ya se va? – Igual que en el episodio de mi imaginación.

- Sí, lo dije hace un momento, - me sonríe y analiza mi cuerpo con disimulo – lo dije hace un… un momento, por eso vine a saludarlas. – Seguro que tengo una sonrisa de quinceañera enamorada por primera vez, ésta mujer es hermosa, por dentro y por fuera, ella es lo que quiero.

- Sócrates dijo, que amamos lo que nos hace falta –

-Interesante cita, pero no sé a qué viene al caso –

- Se lo explico si me acepta una cerveza – levanto mi botella de la mesa y bebo de ella, un poco de líquido se cae por debajo de mi labio inferior, ella mira el recorrido del líquido que resbala hasta perderse en mi mentón. Luego clava, en serio, clava su mirada en mis ojos, las luces son tenues pero juraría que sus ojos se volvieron un poco más obscuros.

Puso sus manos dentro de los bolsillos de su chamarra, en ningún momento ha perdido su sonrisa. - Entonces me quedaré con la duda – humedece sus labios y gira hacia la dirección del baño, - no creo que su novia esté muy contenta con la invitación –

- ¿Novia?, ¿quién, Nichols? – Entre risas le respondo – No, ella no es mi novia, no tengo novia, no quiero novia porque estoy esperando a la mujer de mis sueños. –

-Entonces ya hay quien le haga soñar – Piper vuelve a mirarme frunciendo sus cejas pero al segundo siguiente relaja sus facciones, - que afortunada debe ser esa mujer-.

-No, yo soy la afortunada – le respondo recostándome en la silla.

- Que lindo que se exprese así, debe ser muy especial si usted se fijó en ella – aún mantiene las manos en sus bolsillos pero se hacen un bulto más grande dentro de ellos, cerró las manos en forma de puño, ¿acaso está celosa de ella misma?

- Es una mujer increíble, pero no la conozco tanto, en realidad, quiero que ella me dé la oportunidad de conocerla mejor. Espero pronto tener el valor de decirle que tenga una cita conmigo. –

- Seguro que ella aceptará-. Ahora sí frunce el ceño, pero trata de disimularlo, ¡está celosa! Esperen, ¿por qué estaría celosa? – Me tengo que ir, buenas noches, Vause. Despídame por favor de la señorita Nichols. –

-Delo por hecho. – Piper hace el ademán de girarse pero no lo hace.

-¿Sabe? Me alegro por usted, estar enamorada es un regalo, pero a veces ese regalo nos cuesta. "Muchas personas son adictas a estar enamoradas. Terminan sus relaciones cuando la magia de haber conocido a alguien nuevo desaparece; cuando empieza a ver defectos en la otra persona y a darse cuenta que no es tan perfecta como pensaba."-

-Erich Fromm, ¿he? –

-Sí… -, sonríe, amo esa sonrisa.

-Bueno, creo que olvida la segunda parte de esa cita… - Me siento mejor en la silla y pongo mi cabeza a la altura de la de ella. Tomo unos segundos para apreciar su aroma, y viéndola a los ojos, a esos ojos que me enloquecen le contesto. -Fromm también dijo que "el verdadero amor no es ciego. Cuando amas a alguien puedes ver sus defectos y los aceptas, puedes ver sus fallas y quieres ayudarle a superarlas."- Me sonríe tímidamente, acerco mi cara un poco más, ella no se mueve, parece que no quiere irse, la sonrisa desaparece y su respiración empieza a agitarse como si hubiese estado corriendo, entonces avanzo un poco más, ella humedece sus labios, que tentación.

El trayecto a sus labios me parece tan largo, aunque solo me quedan unos cuantos centímetros, quiero besarla pero la duda de repente me pega, ¿qué tal si ella no quiere? Joder, es mi profesora, ¿cómo ella va a querer besarme? Entonces me desvío para depositar un beso en su mejilla, me separo lentamente y me siento con la espalda erguida mientras le digo de lo más natural. - Buenas noches, profesora. –

Con la mirada agachada me contesta, -buenas noches, señorita Vause-, vuelve a hacer el ademán de irse pero esta vez no juega, sí se va.

Termino mi cerveza de un trago, llamo a la mesera sexy para pedirle otra ronda, la noche no pudo terminar mejor pero casi la cago; debo tener cuidado con el alcohol y el amor.