Al salir del edificio, veo a Homer sentado con sus amigos con los que también compartimos clases. Homer me mira y yo le reto con la mirada. Que idiota, cree que puede hablar mal de mi madre, pero se equivocó y se lo hice saber.

-¡Tu madle es una plostituta, Vause! – Al escuchar eso mi primer impulso fue saltarle encima pero Nichols me sujeta.

-Hey, ya, deja al pobre chico, le partiste la cara, Vause. – Me jala con más fuerza haciéndome girar a otro lado. - ¿Te digo la verdad? Jamás pensé que la chica tranquila y estudiosa del grupo golpeara de esa forma. – Me dice Nicky mientras le damos la espalda al edificio y a Homer. – Por favor recuérdame nunca hacerte enojar. – Nicky pone su brazo por encima de mis hombros abrazándome de lado con un solo brazo.

-Ese imbécil se metió con quien no debía –

-Sí, se metió con Alex Vause-

-No, se metió con la madre de Alex Vause. No lo olvidaré y él tampoco lo hará. Homer no volverá a Yale. – Nicky me suelta y se detiene repentinamente a lo que yo también me detengo.

-Estás bromeando, Vause, ¿cómo es que él no volverá? – Me pregunta sorprendida.

-El director avisó que quien haya comenzado la pelea sería expulsado del recinto con una carta de no recomendación en su expediente. –

-¡Mierda! – susurra – ¡Vause, pero tu empezaste la pelea! – me reprocha susurrando.

-¡Ya lo sé, Nicky! – Le contesto con el mismo tono. -Chapman abogó por mí diciendo que fue en defensa, el director le creyó a Chapman y expulsó de por vida a Homer. – Retomamos el camino en silencio por unos momentos.

-Alex… -

-Dime –

-Yo le dije a Chapman que lo golpeaste porque insultó a Diane. –

- ¿Y por qué le dijiste eso? –

-Porque antes de ir por la enfermera, la rubia no paraba de preguntarme qué había pasado exactamente hasta que le dije que fue por defender a Diane, tu mamá. – Una preocupación aparentemente inexplicable nace en mí.

-Ella se puede meter en severos problemas por mentir por mí. – Toco mi frente con desesperación - Chapman mintió por mí, joder, Nicky, ella puede meterse en graves, gravísimos problemas por eso – Me sujeto la cabeza con ambas manos tratando de recuperar la respiración que abandoné por unos segundos.

- Hey, tranquila, -baja mis manos sujetándolas entre las suyas - los únicos que sabemos que miente somos Homer, tú y yo. A Homer lo vetaron de por vida, tú no dirás nada y yo seré una tumba. No le pasará nada a Chapman si ella no abre la boca. – Empiezo a pensar en las palabras de Nichols, puede que tenga razón. -Pasando a otra cosa, ¿cómo sabía Homer que ella era tu mamá y de dónde la ha visto antes? –

-No lo sé, Nichols, pero son dudas que ella me va a responder ahora mismo. – Recuperando la respiración y caminando lento llegamos hasta la entrada de la cafetería.

-Imagino que mandarás al diablo a Dell Marco otra vez –

-Imaginas bien, Nichols-

- ¿Quieres que te lleve? Aún falta como media hora para mi siguiente clase. –

-Gracias, Nicky, pero quiero unos minutos a solas para pensar y hacerle las preguntas correctas a mi madre. -

-Te entiendo. Cuida bien de ese labio, si no te recuperas rápido no podrás besar a la princesa. – Nicky me da un abrazo rápido. – Aléjate de los problemas, llámame si necesitas algo–

-Lo haré, hasta mañana, Nicky. – Basta de rodeos, mi madre tiene muchas cosas que explicarme.

Le llamo a mi madre para confirmar que se encuentra en casa, al llegar, ella está leyendo unos documentos sobre la mesa del comedor.

-Madre – dejo la mochila a un lado sobre la mesa – tenemos que hablar -, me siento frente a ella y retiro los papeles que leía a un lado.

-Alexandra, ¿qué te pasó en el labio? –

- Mírame a los ojos y dime qué has estado haciendo estas últimas noches -.

Mi madre se intenta levantar pero la sujeto del brazo. -Siéntate y dime, ¿qué has estado haciendo estas últimas noches? – La paciencia se me está acabando y mi madre sigue sin darme respuestas.

-Alex, ¿qué te pasó en el labio? – me pregunta preocupada.

-Un imbécil te insultó y lo golpeé. Dijo algo que no me gustó oír así que dime, ¡¿qué sucede de una vez?! –

-Voy el botiquín… - hace el intento de pararse otra vez.

-¡NO! Dime, ¿¡qué ha estado pasando!?- Me levanto de mi asiento recargándome con las manos sobre la mesa quedando más cerca de su cara, me mira asustada, desvía la mirada, oculta algo y hoy lo sabré.

-Tenías razón cuando dijiste que teníamos que hablar… – Piensa unos segundos. – Haré té, y te explico lo que ha sucedido pero por favor no me juzgues, hija. –

-Soy tu hija, yo no te juzgaría, madre. – Le contesto más calmada pero mis nervios siguen alterados.

-Bien, entonces… entonces iré a calentar el agua. – Mi madre se levanta y yo aún permanezco recargada en la mesa. Escucho como saca una pequeña olla de una de las gavetas de los trastes, quiero calmarme para escuchar a mi madre con la mente clara, doy un paseo por la sala para tratar de enfriar mi mente y poder escucharla sin prejuicios.

Me siento en el sofá recargando los codos en las rodillas y la cabeza sostenida con mis manos. – Aquí está tu té, dos de azúcar como te gusta – Me pasa una taza humeante.

-Gracias – Toma asiento a mi lado – Ahora dime, ¿qué has estado haciendo? –

-Alex, cuando nos despidieron de la empresa, Sonia y yo estábamos cortas de dinero. No sabíamos qué hacer para pagar las cuentas, ella hasta vendió el departamento, del dinero que recibió me prestó para no atrasarme en mis pagos… -Hasta ahí todo va bien, le pongo una mano sobre la suya que se encuentra apretando su rodilla, su respiración se relaja. – Después de una semana sin trabajo, como te conté, había estado entregando solicitudes pero nadie llamaba, la comida se acababa, las cuentas llegaban así que me desesperé, fue entonces que Sonia me propuso trabajar en el local de su primo con ella. -

-El local de su primo es un bar de mala muerte, hasta Sonia está en contra de ese "negocio"- Simulo comillas al aire con los dedos.

-Lo sé, pero decía que la paga era buena y sólo sería hasta que encontremos otro trabajo. Yo al principio no quería, pero al final, tuve que decirle que sí. – Baja su cabeza y solloza.

-Oh, mamá…- intento abrazarla pero me detiene.

-No, déjame terminar... – Entonces le paso mi servilleta del té y ella limpia el viagracao de su nariz (Viagracao: sustancia biológica con aspecto viscoso, mejor conocido como "moco"). -El trabajo consistía en servir tragos, llevarlos, limpiar las mesas y, si los hombres querían compañía, teníamos que acompañarlos. – Llora más fuerte- Alex, yo… yo te juro que no hice nada. No vendí mi cuerpo sólo… sólo era da… dama de compa… compañía. Ellos me tocaban, pero… pero yo no les correspondía y me aleja… me alejaba de aquellos que se sobrepasaban– Abrazo a mi madre, esta vez sin resistencias, lo que escucho me rompe el corazón.

-Mamá, te amo, ¿sabes? Eres mi madre, ¿qué fuese de mi sin ti? - La voz se me quiebra, me abraza por la cintura poniendo su cabeza en mi regazo. -No dejaré que vuelvas a hacer algo así en tu vida, ¿me oíste? Jamás. – No quiero llorar, aguanto las lágrimas en mis ojos. No lloraré.

Mi madre suelta más lágrimas por varios minutos, acaricio su cabello y cuando se calma, sin moverse me dice. - ¿Alex? – A lo que contesto

-¿Humm? –

-Perdóname por haberte mentido. Perdóname por haber hecho lo que hice. Hoy, después de la entrevista, renuncié al bar –

-Menos mal que renunciaste. Te perdono de lo que quieras, pero no me vuelvas a mentir. Yo no te miento, tú por favor no me lo hagas a mí. – Acaricio su cabello un poco más, - mamá, por teléfono no pudimos hablar con tranquilidad, dime, ¿cómo te fue en la entrevista? - Le pregunto cambiando de tema.

-Bien, muy bien en realidad. Dicen que me llamarán mañana para decirme si me dan el trabajo o no- me contesta más tranquila sin moverse de su posición.

-Eso es genial – Sonrío por la noticia.

-Sí, lo es… Y ahora, ¿me dejarás ver esa herida en tu labio? – se sienta en el sofá nuevamente.

-Sí, pero no es nada. Ya me revisó la enfermera de la Universidad. –

- ¿Y por lo menos le regresaste el golpe a ese tipo? –

-Y bien colocado. –

-Esa es mi hija- Me dice regalándome una sonrisa.

-Mamá, ¿qué pasará con Sonia? –

-Bueno, le pagaré lo que me prestó… – toma su taza y bebe un sorbo del té.

- ¿Me haces un favor? -

-El que quieras…-

-Búscate nuevas amigas. – Una sonora carcajada suena en la casa.

- ¡Claro que lo haré! –

Al terminar el resto del ensayo que era para mañana, me doy una ducha, voy a la cocina a cenar emparedado de queso fundido con mi madre y vuelvo a mi habitación para lavarme los dientes y descansar. Hoy fue un día de muchas sorpresas sin mencionar las emociones que se mantuvieron a flor de piel.

Para cuando la noche estaba acabando, yo estaba acostada en mi cama llorando de tristeza, de enojo, de furia. Lloro al pensar en lo que tuvo que soportar mi madre por mí, lloro por haberle cagado la vida a un estudiante sobresaliente, lloro por no tener los ovarios de decirle a Piper lo que siento de una buena vez. Lloro como hace tantos años no lloraba, lloro con ganas de un abrazo, lloro con el corazón en la mano, lloro por miedo, por vergüenza, por cobardía.

Lloro porque las lágrimas son el baño del alma, y mi alma ya necesitaba ese baño.