"Piper, la mujer que me roba el aliento, la mujer que roba mis noches, mis pensamientos. Quiero conocerla mejor, quiero salir con ella tomadas de la mano, quiero verla sonreír y quiero hacerla feliz hasta donde ella y la vida me permitan. Concuerdo con la célebre frase de Climaco: algunas mujeres son hermosas, otras son inteligentes, que dicha que Piper sea las dos. Su sonrisa me enamora, pero su inteligencia me desarma, admiro a Piper por lo que ha demostrado en clases, y aunque lo deseo, tengo miedo de conocerla mejor porque sé que me tendrá a sus pies con apenas una palabra, un chasquido, un suspiro.
Quiero estar a su altura para hacerle saber que puedo darle todo lo que ella necesita, que ella y el resto sepan que en mí escondo un corazón fuerte pero noble, valiente pero precavido, que se enteren que cuando me enamoro lo doy todo. Que Piper se entere que daría lo que fuese por ella, que la amo, que si me da la oportunidad haré de sus días una aventura y cada noche una batalla en la cama."
El sonido del despertador me indican que es hora de levantarse, tomo mis gafas, me estiro y percibo un agradable olor a café proveniente de la cocina. Horas después estoy viendo a la mujer más hermosa sentada en la silla de su escritorio. La luz del sol en las mañanas la hacen ver más hermosa.
-Como prometí al inicio de la clase, pueden salir veinte minutos antes – dice Piper mirando su reloj de pulsera. Es de color blanco y hace contraste con su traje de oficina negro. – Y…Ya pueden salir, - deja de ver su reloj, los alumnos ríen y se alegran por salir antes, - ¡Oh!, antes de irse no olviden dejar su ensayo sobre el escritorio. – Piper se levanta a borrar unas cosas que escribió en el pizarrón. Esperé pacientemente a que la mayoría de mis compañeros dejasen el ensayo donde indicó Chapman, me levanté tomando mi mochila del suelo y me acerco al escritorio a dejar mi ensayo. Al depositarlo en la mesa, una mano se posa sobre la mía.
- ¿Podemos hablar? – Me pregunta Piper desde el otro lado del escritorio. No contesté, pero mis acciones hablaron por mí. Me quedé parada esperando. Piper miraba de reojo a los alumnos salir del salón, para cuando estuvimos solas, rodea el escritorio y se para a mi lado, se acerca a examinar mi labio - ¿Te duele? -
-Un poco, pero no es nada. – Chapman levanta su mano derecha, la deposita en mi mejilla y acaricia la herida con el pulgar, su toque es cálido combinado con la suavidad de sus manos.
-Lamento mucho que Homer te haya lastimado, -dice mirando mis labios- aunque la verdad tú le diste peor. – Sonríe – El chico hablaba como niño chiquito – Escucho una leve risa viniendo de su garganta mientras quita su mano de mi mejilla. Hay tantas cosas que quiero saber, una de ellas, es por qué mintió por mí, nos miramos a los ojos por unos momentos, cuando estaba a punto de perderme en su mirada me saca de mis pensamientos. - ¿Qué fue lo que pasó? La mujer que me has demostrado ser no golpea a las personas; hay maneras de solucionar las cosas sin llegar a la agresión. –
-Lo sé, a decir verdad, jamás me había peleado, pero Homer se lo buscó. -
-Es una pena que un joven como él sea tan imbécil –
-Hey, profesora, ¿hablando mal de un alumno? – le pregunto fingiendo sorpresa y poniendo una mano en mi pecho dramatizando.
-Ex alumno – me corrige y sonríe por mi drama. Al ver que no diría nada más, le pregunto con seriedad.
- ¿Por qué no me delató? –
-Nichols dijo que lo golpeaste por defender a tu madre. No creo que nadie que proteja a su madre merezca un castigo, que suerte que en el momento de la pelea haya sido yo quien iba por el café y no otro profesor. -Suspira- Al saber que iban a expulsar a quien lanzó el primer golpe, imaginé mis clases sin usted, los miércoles iban a dejar de ser mis días preferidos... – Abre los ojos como platos después de lo que dijo como si hubiese revelado un gran secreto.
- ¿Por qué dejarían de ser sus días preferidos? - Baja la mirada, pone sus manos en los bolsillos de su pantalón, veo como abre la boca para sacar un suspiro como si estuviera tomando valor para hablar.
-Porque… porque son los días en que puedo verla a primera hora de la mañana. – Levanta su cabeza poco a poco hasta encontrarme en su mirada otra vez. Necesito un pellizco en mi antebrazo, seguro estoy soñando. - ¿Qué tal su ensayo? – pregunta girándose y tomando mi escrito.
-El está bien. – La tomo de su mano libre para que me vea otra vez pero el movimiento sólo hace que dejemos unos pocos centímetros la una de la otra. – Me salvó, no sé qué hubiese pasado si me sacaran de Yale. ¿Cómo puedo agradecerle? – Chapman deja mi trabajo sobre su escritorio otra vez. Sonríe y acomoda su cabello con un movimiento de cabeza encarándome.
-Señorita Vause, si no le importa, después de su graduación me gustaría que me invitara esa cerveza que quedó pendiente el viernes, aprovechando me explica la cita de Sócrates, así me recompensa. – Estamos tan cerca que su aliento me golpea y su olor a lavanda hace presencia entre nosotras.
-Falta mucho para mi graduación… - para poner las cartas sobre la mesa, seré directa con ella -qué, ¿qué le parece si lo adelantamos para este fin de semana? –
- ¿Y qué pasa con la mujer de sus sueños? – Me pregunta alternando su mirada entre mis labios y mis ojos.
-Usted dijo que seguro aceptará mi invitación a salir, entonces, ¿por qué no me dice que sí? – Chapman me regala una sonrisa enorme y espontánea.
- ¿Soy yo quien la hace soñar? – Mantiene su sonrisa, parece más tierna de lo usual, sin evitarlo suspiro por tanta belleza.
-Sí… usted. –Nada a mi alrededor importa, siento mi cuerpo ligero y débil. Le dije a Piper, ¡se lo dije! Mi corazón acelera su pulso, estoy segura que mi hipófisis jamás había segregado tanta dopamina, serotonina y oxitocina al mismo tiempo. ¿Les dije que estoy enamorada?, ¿no? ¡Estoy enamorada! Piper me mira con un brillo inusual en sus ojos, su pupila se está dilatando, su respiración es más pausada y densa, muerde su labio inferior. Estoy soñando, de seguro es un sueño porque nos acercamos como si nuestros labios se llamaran los unos a los otros. Suelta su labio mientras cierra sus ojos, ¡los cerró! Yo también cierro los ojos presa de la felicidad que siento, juntamos nuestras frentes, nuestras narices sienten un roce mutuo y comparten el aire que respiramos.
-Señorita Vause – me dice agitada, - no es correcto…-
-Mentirle a su jefe no es correcto… - estoy igual o más agitada que ella -… dejar que dos personas que se atraen no se conozcan, eso no es correcto. – Suena la campana avisando que la siguiente clase ya está por empezar.
-Debe irse… - Aún con los ojos cerrados siento como se separa de mí lentamente haciendo crecer la distancia, para cuando abro los ojos, ella suelta mi mano, me está sonriendo y viendo a una distancia prudente entre ambas. - ¿El sábado a las ocho PM…? – me pregunta.
- ¿… En el bar del Este? – termino su frase. Observo como sin contestar toma y acomoda los ensayos en su maletín.
- Hasta el sábado, señorita Vause. – Se va dejándome parada frente a su escritorio extrañando su calor pero con una sonrisa que de seguro no cabe en mi cara. Tengo una cita con Piper el sábado, esto es mucho avance en una semana.
Tratando de mantener la emoción, salgo del aula para dirigirme a mi siguiente clase pero me encuentro los amigos de Homer recargados a los costados de la puerta.
-Hola, lesbiana. – Me dice uno de los tres. -Ya vemos por qué la profesora te defendió frente al director, más te vale cuidarte las espaldas. –
- Vete al diablo Nirmed. – Los tres se rieron al mismo tiempo por mi contestación.
-No, vete tú al diablo, Vause. Ten cuidado, perra. – Me dice otro de los tres.
-No me intimidan. – Le encaro y sin decir nada más, los tres se van por el pasillo murmurando cosas que no quiero escuchar para no meterme en más problemas. No les doy más importancia, me encamino al aula donde corresponde la siguiente clase, éste día no pudo comenzar mejor, nadie me arruinará la felicidad que siento.
"¡Tengo una cita con Piper!" es todo lo que mi cerebro se empeña en recordar.
