Día 5 en la Tierra 39-81.
Loki puso en la barra dos platos servidos con huevos estrellados, uno para Verity y otro para él, provocando un pequeño ruido cuando chocaron las dos superficies.
Hoy cumplía cuatro días de haber llegado a ese lugar. Las tareas que ejercía, al igual que su rutina le hacían difícil acostumbrarse, sabía que era una nueva vida, pero una ajena a él. Seguía sin acostumbrarse a las personas y mucho menos al mundo; sensación que lo hacía sentirse mal de alguna manera, pues desde que llegó no había obtenido una razón coherente para odiar a la tierra -y de alguna manera detestaba eso-, sus habitantes no eran tan simples como lo supuso y poco a poco la culpa aparecía. Tal vez si nunca hubiera atacado Nueva York esa hubiera sido la reacción de los terranos a su encuentro.
-Pensé que los príncipes no sabían cocinar -expresó Verity tomando un cubierto, partió un pedazo y se lo llevó a la boca.
Loki la miró.-. No todos. Aprendí al leer unos libros sobre cocina universal. -Sin siquiera conocerlo, aquella mujer había confiado en él y creído la historia tan bizarra que contaba; era la primera vez que lo recibían con los brazos abiertos en un sitio que no fuera el palacio de Asgard y de alguna manera, eso lo hacía sentirse menos infeliz. Por fin alguien no lo juzgaba sin antes conocerlo. Sonrió melancólico-. Es la biblioteca de Asgard lo que más extraño. -Loki se sentó enfrente de la mujer.
-Asgard ha de ser maravilloso -comentó con la boca llena de comida, provocando que Loki desviara la mirada.
-Lo es -respondió, posando el codo derecho en la barra y recargando su mentón en su mano. Su mente divagó en pensamientos acerca del hogar que llegó a odiar pero que ahora añoraba. Extrañaba Asgard más de lo que siquiera pensó en llegar a hacer; tal vez fue un tonto y debió valorar lo que tenía.
-¿Pasa algo? -preguntó la mujer al ver a Loki ido en sus pensamientos. Él simplemente la observó, tratando de procesar la pregunta.
-Extraño mi hogar -terminó por decir. Tomó el vaso con agua que había servido minutos antes y bebió un sorbo.
-Todos lo hacemos.
Ninguno de los dos quiso continuar hablando, simplemente siguieron comiendo, en silencio, sin dirigirse palabra ni mirada alguna. Tal vez ninguno sabía cómo continuar, tal vez no querían seguir indagando en la vida del otro debido a que apenas y se conocían y, para Verity, él seguía mirándose como su mejor amigo, el cual extrañaba en ese instante.
-¡Verity! ¡Cariño! -Se escuchó por toda el lugar. La madre de Tom había hecho presencia. La mujer caminó apresurada con una enorme sonrisa hacia los jóvenes-. ¿Por qué no me dijiste que estaba aquí? -reclamó a Loki, quien, sin saber cómo responder, simplemente sonrió.
Verity se levantó de su asiento y abrazó a la fémina como saludo-. Qué gusto verla, Sra. Hiddleston -expresó con una sonrisa tierna.
-Oh, niña. Sabes que puedes llamarme Clarisse. Nada de formalidades. -La señora dio un beso en la mejilla izquierda de Verity, para después separarse. Le sonrió unos segundos más, antes de mirar el brazo de la otra mujer-. ¡Oh! ¡Verity! ¡Qué hermosos tatuajes! -expresó admirando la obra que adornaba la piel de Willis-. Son geniales, los amo.
-Gracias. Yo también los amo -sonrió.
Clarisse le devolvió la sonrisa. Miró unos instantes más a la chica y después miró a su "hijo"-. Bueno, dejo que sigan charlando, iré a Central Park con una amiga y después tomaremos un café -avisó.
-Claro -contestó Loki.
La mujer mayor se dirigió hacia él, le depositó un beso en la frente y caminó a la salida-. ¡Bye, bye!
Loki esperó a que la puerta se cerrase para poder comentar-: ¿Desde cuándo conoces a Thomas?
-Desde que teníamos diez. Ya sabes, vecinos. Un gran cliché -contestó restándole importancia-. Desde que somos mayores de edad tu mamá me insiste en que nos casemos, pero eso jamás pasará. -Continuó con el mismo tono-. Ya sabes, tú no eres mi tipo y yo no soy tu tipo.
-"La mamá de Tom" "Su tipo" -corrigió Loki al notar el pequeño error.
-Sí, lo siento. Su tipo, la mamá de Tom. -Verity dio un último mordisco a su comida-. Pero bueno, ya debemos irnos, necesitamos estar atentos para poder intervenir en cualquier asalto o ataque a la ciudad.
-Dudo que interrumpir un asalto me ponga en el mapa. -Loki rodó los ojos, pesimista.
-Existen "vigilantes" que se dedican solamente a eso.
-¿Cómo…? -preguntó incrédulo.
-Spider-man, Strange también. -La mujer hizo una mueca.
Loki la miró con una ceja alzada-. Tal vez tengas razón -movió su plato hacia adelante-, aunque ¿qué tan mal puede estar Nueva York?
-Muy mal, créeme -la mujer tomó su plato y el de Loki y lo depositó en el lavabo-. Eso me recuerda a que Strange nos estará ayudando si hoy tienes que hacer lucir tu lado Vengador, dijo que se conectaría contigo mentalmente si cree que necesitas ayuda.
-Es él quien necesita de mí. Creo que debo recordarle, quién lo ayudó a derrotar a la bestia -expresó egocéntricamente.
-Sí, bueno, de acuerdo con él, dice que no cree que seas muy hábil peleando.
-Pensé que ya había demostrado lo contrario
-Hey, tranquilo. Yo solo paso el recado. -Verity alzó los brazos, queriendo deslindarse de cualquier comentario.
La respuesta del otro fue simplemente bufar.
Los pensamientos de Thor parecían atraparlo en su mente; miraba el gran ventanal que se extiende de castillo a castillo en la cocina del pent-house de la Torre Vengadores, pensando no en mil cosas, sino solo una. La conversación entre él y el misterioso joven de ojos verdes se repetía dentro de su cabeza una y otra vez, como un disco rayado, dando énfasis en la frase "¡soy yo! ¡Tu hermano menor, Loki!" y el rostro de angustia del hombre al responder que él no tenía ningún hermano. ¿A caso Odín tenía un hijo bastardo del que ni él ni su hermana Hela, e incluso madre, sabían? Si fuese así, ¿por qué el tal Loki parecía conocerlo de toda la vida?
El aroma a hot cakes inundó sus vías respiratorias. Volteó a ver a la cocina y notó a Steve concentrado volteando la masa.
-¿Necesitas ayuda? -preguntó el asgardiano al ver como el otro rubio daba un paso atrás al sentir la mantequilla caer en su muñeca.
-Estoy bien, gracias. Tal vez, ¿podrías llamar a los demás?
-Claro. -Thor sonrió a pesar de que no lo veía-. ¿Y a Tasha también?
-Tasha se levanta cuando quiere, deja que empiece a rugir su estómago y solita vendrá -bromeó el capitán.
Thor no dijo nada más y se dirigió a la sala principal donde se encontraba el resto de los vengadores.
-Nat, Clint. Está listo el desayuno.
-Gracias, Thor, ya empezaba a tener hambre -dijo Clint mientras daba unos golpecitos amistosos al brazo del mencionado-. Siempre espero los jueves por la comida de Steve.
-Y deseas que nunca sea lunes por la comida de Stark -aportó Natasha.
-O los Martes… -susurró-. ¿Sabes si Bruce vendrá? -continuó el arquero ya en la cocina.
Cada uno tomó su asiento en la barra frente a la estufa y esperó por el desayuno. Mientras aguardaban por él, Natasha tomó el control de la TV para prenderla; el aparato se encendió en un programa de noticias que rápidamente captó su atención unos momentos. Steve apagó la estufa y puso en cada plato tres hot cakes.
Thor miró su platillo, más masa; ya se encontraba harto de ella, no necesitaba más grasas saturadas -aunque las quemase en unos segundos-, andando plácidamente por su cuerpo, lo que deseaba era un poco de carne e imploraba que fuese mañana y así poder ser él quien preparase el desayuno.
-Adivinen. -La voz de Natasha Stark se hizo presente. Se veía desarreglada, como todas las mañanas, con el cabello imitando a un nido de ratas, las grandes playeras que le llegaban a las rodillas y el rastro de baba que salía de la comisura de su labio derecho. Los presentes ni siquiera la miraron, simplemente siguieron comiendo-. Ya sé quién es el guapísimo hombre que le rogó a Thor hace cuatro días. -Steve la miró, implorando que dejase el tema ya, pues sabía que el Dios no la había pasado bien en ese momento-. Ya sabes que estás más guapo tú, cariño -bromeó Tasha, guiñándole un ojo-. Bueno prosigo. -La millonaria tomó su celular, deslizó su dedo y mostró un holograma, captando así, la atención de sus compañeros, incluso de Natasha-. Al parecer es un médico cirujano y filólogo británico que reside aquí, en Nueva York. -El holograma mostraba una foto de él, sus títulos universitarios, el lugar donde trabaja, entre otros-. Su nombre es Thomas Loki Hiddleston y es amigo del famoso neurocirujano Stephen Strange. Ambos trabajan en un hospital de Osborn. Un momento, ¿Loki? ¿Quién demonios le pone "Loki" a su hijo?
Thor observó la foto con detenimiento, algo en él había captado su atención. El rostro que mostraba el holograma era el mismo que del hombre que lo llamó, no obstante, no sentía que fueran la misma persona.
-¿No creen que el nombre suena asgardiano? -comentó Clint llevándose a la boca un trozo del panqueque.
-Loki me suena a "loco" -respondió Natasha.
-Sea lo que sea, él parecía conocerte, Thor -aportó Steve. La atención se concentró en el Dios del Trueno, pero Thor no había escuchado a ninguno. Seguía admirando las fotografías que Stark mostraba. Aquel hombre no solo era atractivo, sino que también era inteligente. Su atención había sido robada por él desde que cruzaron caminos y eso, de alguna forma, comenzaba a fastidiarlo. Ni Jane captó tanto su atención.
Tasha observó a Thor con una sonrisa, para después ver el holograma. Algo en ese lugar olía a posible amor y no era ella con Steve. Caminó hacia Thor, puso una mano en el hombro del vengador más fuerte y dijo-: ¿No es realmente atractivo?
Pero a Thor eso poco le importaba, simplemente aquel hombre se le hacía tan familiar que comenzaba a tener miedo de ello.
-No creo que Nueva York sea tan inseguro -expresó Loki mientras tomaba una taza de té y observaba los automóviles pasar por la séptima avenida, una de las calle más importantes y transitadas de la ciudad.
-Creo que la estás subestimando -contestó Strange dentro de la mente de Loki. Stephen tenía su mente conectada con la del asgardiano para poder ver y escuchar a través de él, además de comunicarse con el Dios desde la comodidad de su consultorio.
-Al menos no aquí. Hay demasiada gente como para que un simple ladrón llame la atención -se quejó. Un hombre que pasaba a un lado del restaurante donde estaba lo miró como si fuera un loco, por lo que Loki simplemente hizo su mejor cara maniática.
-Y por eso estás ahí, jamás llamarás la atención si no comienzas con algo grande -Strange puso sus pies encima de su escritorio.
-¿Cuánto tardará?
-El tiempo que sea necesario.
-Eso no me sirve, yo deseo estar ya en Asgard.
-Lo sé.
Loki bufó. Tan sólo había convivido con el mago un día y ya comenzaba odiaba. Se creía la gran cosa cuando, de estar en su mundo, él lo vencería sin siquiera hacer un esfuerzo.
-Eso no lo sabes -comentó Stephen al escuchar los pensamientos del otro.
-¡Arg! ¡Largo de mi cabeza! -exclamó llevándose las manos a ella.
-¿Señor? -La voz de una camarera devolvió su atención a su alrededor-. ¿Se encuentra bien? -La joven parecía estar realmente preocupada, lo observaba con sus grandes ojos cafés con algo de miedo, seguro temía que fuera un esquizofrénico.
-Sí, todo bien -respondió con su mejor sonrisa. Cuando la mujer se fue, Loki suspiró frustrado. Odiaba fingir estar tranquilo cuando por dentro deseaba arrancarle la cabeza a alguien; odiaba sonreír cuando no lo deseaba, solo para guardar apariencias y por sobre todo odiaba a las personas que lo rodeaban; incluyendo a Stephen Strange y su arrogante forma de tratarlo.
La puerta principal del establecimiento se abrió de par en par con un golpe, captando la atención de todos los presentes, inclusive del propio Loki. Giró su cabeza para poder apreciar mejor la escena. Varias personas entraban despavoridas al lugar, algunas tantas gritando y otras pálidas. Como reflejo, miró a través de la ventana que tenía a un lado, tratando de encontrar con la mirada el causante del pánico colectivo; cuando lo vio, el mismo monstruo que había derrotado ayer, con sus púas, sus cientos de ojos y sus horripilantes dientes filosos llenos de saliva, pero esta vez se veía el doble de grande y el doble de amenazante. Pronto la calle 45 fue presa del horror; la bestia caminaba con dirección a Times Square, aplastando a lo que, o a quien, se atravesaba; parecía estar molesto, enfadado por algo y Loki averiguaría por qué. La oportunidad se presentaba y él no la desperdiciaría.
Se paró de su asiento para después caminar hacia la salida, empujando a las personas que deseaban entrar; escuchó a lo lejos la voz de la mesera gritando que se le había olvidado pagar, pero a Loki poco le importó, al fin y acabo eso hacían los chicos malos.
-¿Y? -Tasha se había sentado enfrente de su tocaya-. ¿Qué tal vas con el demonio de Hell's Kitchen? -preguntó sonriente.
Natasha no contestó, se limitó a seguir masticando el pedazo de hot cake que tenía en la boca y mirar el televisor.
-Hey, ¡espía sexy! -Tasha la veía con los ojos entre cerrados.
-Steve, tu novia vuelve a acosarme -contestó la rusa.
-Solo dile, tal y como me cuentas, y se callará -le dijo Steve a Nat.
-¿¡Qué?! ¡¿Le cuentas sobre tus amoríos?! ¡¿A un virgen?! -exclamó horrorizada.
-Pensé que Steve ya lo había hecho contigo, Stark -aportó Clint.
-Por última vez. Entre el capi y yo no hay nada. -Tasha juntó sus muñecas, imitando una tache-. ¿Ven? Errr, neh. Sintax error. Además al Capitán le gustan las rubias, como Sharon Carter.
Steve la miró confundido-. ¿Quién te dijo que yo…?
Tasha enseñó su aparato-. J.A.R.V.I.S me dice todo. -Sonrió.
-Amigos -dijo Thor, aportando a la conversación por primera vez-. Creo que eso nos concierne. -Apuntó a la pantalla, la cual mostraba imágenes de la destrucción de la nueva amenaza de Nueva York.
-Vengadores -habló Steve.
Cuando por fin pudo salir del establecimiento, se dirigió con calma hacia la bestia pues no había prisa por derrotarlo. Con la magia que tenía, transformó la ropa casual que portaba, por el traje que Verity y él habían confeccionado; este, consistía de unos pantalones negros algo ajustados, una playera similar a las que usaba en Asgard, el abrigo que había visto en el Sanctum Sanctorum, las botas de las siete ligas, la espada de Gram y su casco con cuernos.
-¿Ya viste a la criatura? -preguntó Strange dentro de la mente de Loki.
-Sí, ya voy tras él -el Dios arrastraba la espada para hacer ruido y llamar la atención del monstruo.
-Es un Edaøyne, como el que mataste.
-Lo sé.
-Pero eso es imposible, esas cosas sólo son visibles y dañinas para quienes tienen su tercer ojo… al menos que…
-Alguien haya sido infestado por él, en todo caso debemos detenerlo.
Loki por fin había captado la atención de la criatura, esta lo veía amenazante, disgustado por ver al hechicero.
-Iré a ayudarte. -Strange se levantó de su silla, dispuesto a ir a Times Square para ayudar.
-No la necesito. -el Dios se posicionó al ver como la bestia comenzaba a correr en dirección a él-. ¿Te recuerdo quién la venció antes?
-¡Pero ahora tiene casi el triple del tamaño! ¡Loki, necesitas ayuda!
-No lo creo. -Sonrió-. Y si no te importa, tengo que salvar a una ciudad -el hombre blandió su espada y corrió en dirección a la bestia.
Stephen chasqueó la lengua, molesto, al ver en las noticias matutinas un vídeo de Loki haciéndole frente al Edaøyne, apagó el televisor enojado por la imprudencia del otro y salió de su consultorio.
El primer ataque que recibió lo esquivó con gran facilidad, la criatura era colosal y resistente, pero él era ágil y astuto. Trató de atacar las patas primero, para poder derribarlo lo antes posible, pero la bestia se dio cuenta de eso y con un golpe de pata aventó a Loki a unos veinte metros lejos de él. La espalda de Loki golpeó un automóvil abandonado a la mitad de la avenida, permaneció unos instantes en la misma posición, tocó la línea de sangre que salía de la comisura izquierda de su labio y se incorporó, no estaba de humor para perder.
Observó los elementos que tenía a su alrededor mientras la bestia se iba alejando poco a poco. La fuerza bruta no había funcionado, en ese caso era hora de usar su intelecto. Miró el camino de edificios que adornaban los lados de la avenida. Tal vez si usaba sus botas y hacía un ataque sorpresa como la última vez, funcionaría, pero también la criatura podría darse cuenta y las cosas acabarían mal; su magia también funcionaría, pero tendría que pedir la ayuda de Strange para distraerlo y no estaba dispuesto a eso. Tal vez si…
Un estruendo retumbó por toda la avenida, captando la atención de cualquiera que estuviera cerca y callando cualquier sonido a doscientos metros a la redonda; Loki dirigió su mirada hacia la bestia y observó como un rayo tocaba su espalda, seguido de unas balas impactándose en la piel del Edaøyne, junto a un escudo golpeando uno que otro ojo. Los Vengadores habían llegado y eso no alegraba para nada a Loki.
Guardó la espada con su magia y corrió lo más rápido que pudo con dirección a ellos, debía llegar antes de que derrotaran a la criatura, aunque dudaba mucho que acabaran pronto sin un plan bien hecho.
-Ya lo tenía -expresó Loki al llegar a la escena mientras observaba el inútil intento de los Vengadores por salvar el día.
-No nos pareció -respondió el líder del grupo algo cortante. Tomó su escudo y volvió a aventarlo en dirección a las patas del animal, tratando de lograr aunque sea distraerlo, pero fue en vano; el escudo regresó sin éxito. Loki rio por lo bajo al ver aquel estúpido movimiento, no podía creer que estaba hablando con el gran Capitán América, el hombre más soso que alguna vez conoció; «¡hay que salvar el país, la patria, el honor!», imitó a sus adentros.
-¿Y Banner? ¿Por qué no está aquí? -preguntó Loki al notar su ausencia.
-Él está a miles de kilómetros lejos de aquí. -Apuntó al este-. Dudo que venga.
-Cap -la voz de Natasha Stark se escuchó a través del auricular que poseía Steve-, creo que tenemos problemas.
-¿Qué sucede, Stark?
-Esta cosa no quiere morirse y ya estoy desesperándome.
-Si siguen atacando de la misma forma, el Edaøyne no morirá -aportó Loki, analizando los posibles ataques que podría hacer para lograr vencer.
-¿Tienes una mejor idea? -Steve observó al misterioso hombre que se encontraba a un lado de él. Su traje de superhéroe era demasiado ostentoso, una mezcla entre negro, verde oscuro y dorado, el casco también le parecía demasiado; sin embargo él vestía un leotardo azul con estrellas y franjas blancas y rojas, por lo que no debería sorprenderle.
-Puede ser. -Terminó por decir Loki. Steve alzó una ceja, no confiaba al cien por ciento del desconocido, pero era de gran ayuda el hecho de tener una mano extra. Devolvió su atención a la batalla, Thor no tenía mucho éxito al golpear al animal con rayos, lo mismo sucedía con Tasha, mientras que Clint y Natasha se terminaban sus balas en dispararle a cada ojo que tenía para que se quedara quieto.
-Bien Dime qué quieres hacer. -Aceptó el Capitán América.
Loki sonrió sarcástico; la vida volvía a sonreírle-. Ocupo que Stark y Natasha Romanoff distraigan y alejen al Edaøyne -dictó-, cuando lo hagan, necesitaré que tú y el agente Barton vigilen que no se mueva de su lugar sin importar nada y menos que se dé cuenta de lo que están haciendo.
-¿Qué pasará con Thor? -cuestionó, atento a las órdenes.
-La única forma de acabar con él es atacar al mismo tiempo todo su cuerpo. Haré una herida con esto -Loki hizo aparecer la espada-, y Thor tendrá que atacar donde la haya hecho. -Guardó el objeto-. ¿Podrán hacerlo?
Steve no contestó en seguida, se dedicó a visualizar el plan y determinar su viabilidad, antes de asentir y dictar las órdenes por el aparato que los comunicaba.
-Bien -le dijo Loki-. Ocupo algo más. ¿Podrías darme un empujón? -Señaló el escudo.
Steve ya se había posicionado para darle marcha al plan, se encontraba agachado y tapado con su escudo cerca del monstruo cuando los demás Vengadores lo estaban distrayendo.
Loki vio una vez más a la criatura, solo para desear que funcionara, aunque lo más probable era que lo hiciera, lo había ideado él y -casi- todo lo que pensaba, funcionaba a la perfección. Sonrió una vez más, comenzó a correr a toda velocidad hacia el Capitán, saltó al escudo y con un único empujón, ya se encontraba en los aires, dio una voltereta e hizo aparecer la espada; se dejó caer de cuclillas en el lomo del monstruo, enterrando el objeto lo más profundo que pudo. El Edaøyne se movió bruscamente al sentir la filosa cuchilla atravesar sus capas de piel pero sus intentos no hicieron más que empeorarlo, pues gracias a ello, Loki pudo hacer una cortada que se extendiera por toda su espalda.
-¡Ahora! -le gritó a Thor cuando desvaneció la espada y regresó a tierra. El Dios del Trueno, al entender la señal, invocó su rayo más potente y lo dirigió a la herida.
La bestia solo tuvo tiempo para emitir su último gran rugido antes de caer al suelo sin vida.
El jotun examinó la escena al mismo tiempo que trataba de calmar su respiración. Había sido demasiado para él pero valió la pena, ahora los Vengadores lo conocían y sabían cuáles eran sus alcances.
Se alejó de la escena al ver como la prensa se hacía presente y rodeaba a los héroes en busca de testimonios. Los observó unos minutos más, cruzando su mirada con la de su hermano, quien le sonrío cómo solo él sabía hacerlo, logrando estrujar su corazón. Desvió la mirada melancólico, dolía pensar que ya no era parte de esa familia, que él ya no era hijo de Odín, que toda su vida jamás existió; observó el suelo unos segundos más antes de seguir su camino. Se escondió en un callejón no muy lejos del lugar de los sucesos, donde cambió su ropa por la que traía en el café con un simple hechizo.
Se recargó en una de las paredes y sonrió; se sentía bien, había disfrutado aquella batalla más de lo que esperó, la adrenalina corriendo por sus venas era una sensación gratificante. La forma en la que había colaborado con el grupo de héroes y el hecho de que ellos creyeran en él, lo llenaba de felicidad, por fin ya no se sentía rechazado; todo parecía ser tan increíble y al mismo tiempo tan agradable, tanto, que por un momento la tristeza que se sentía se apaciguó. Sonrió de nuevo y comenzó a caminar; tenía una cuenta que pagar.
