Día 9 en la Tierra 39-81.

Los pasos de Loki eran firmes y apresurados, debía llegar antes de que ocurriera alguna otra cosa, cambió su ropa en el camino con algo de magia para que al llegar luciera como antes. A lo lejos pudo observar la cabellera rubia de quien decía ser su madre por lo que apresuró el paso, debía llegar lo antes posibles antes de que Clarisse pidiera otra explicación.

-¡Madre! -exclamó mientras apresuraba su paso.

Al escuchar que la llamaban, Clarisse dio media vuelta para observar a su hijo; sus ojos se iluminaron y su corazón calmó al verlo venir hacia ella, le dedicó una enorme sonrisa antes de ir a su encuentro y abrazarlo con todas sus fuerzas.

El abrazo lo tomó por sorpresa, permaneció inmóvil por unos instantes sin saber qué hacer al mismo tiempo que sus brazos temblaban. El calor de la mujer se sentía tan reconfortante, que lo único que quería en ese momento era permanecer junto a ella, sin embargo, ¿era correcto devolver el abrazo cuando no era su hijo? ¿Acaso podía recibir ese tipo de cariño cuando la engañaba?

-¿Estás herido? -preguntó la mujer al notar la frialdad de su hijo.

-No, no lo estoy -contestó, separándose de ella-. Solo… pensé que estabas herida -dijo sin pensar. ¿Acaso estaba mintiendo o diciendo la verdad? A veces simplemente ya no podía distinguir sus propios pensamientos.

-Estoy bien, cariño. Me alegra que tú también lo estés. -Sonrió en un intento de relajarlo.

Loki devolvió la sonrisa como agradecimiento mientras la veía a los ojos y se preguntaba si lo que hacía estaba bien. ¿Engañar? ¿Alguna vez le importó? ¿Verdaderamente alguna vez le importó engañar a las personas? La miró unos instantes más antes de percatarse del portal que comenzaba a formarse detrás de su madre. Palideció, ocasionando que Clarisse inclinara un poco a la derecha su cabeza y frunciera el ceño.

-¿Pasa al…? -Antes de que pudiera completar su frase, Loki puso su mano en la frente de la mujer, induciéndole el sueño al mismo tiempo que la empujaba hacia el portal.

-Mierda, ¡Strange! -exclamó Loki al cruzar el portal-. ¡No puedes ir por la vida haciendo portales por donde sea! -le regañó, pero Stephen no contestó, se limitó a cruzarse de brazos, viéndolo de forma desaprobatoria-. ¿Qué? -Alzó sus hombros-. Para de verme así.

Loki desvió la mirada de Stephen para poder ver a su alrededor. Se encontraba en un consultorio junto a Verity, quien sostenía a su madre y, por su puesto, con Stephen. El ambiente no parecía ser el más agradable, de hecho ponía los pelos de punta al asgardiano. Hizo una mueca y volvió a mirar al Hechicero Supremo.

-Es que no lo entiendes, ¿verdad? -Terminó por decir Strange al mismo tiempo que avanzaba hacia él-. Temí que te hubieras roto la espalda. -Declaró sinceramente mientras tomaba a Loki de los hombros, provocando confusión en el Dios. Stephen observó de arriba abajo y de derecha a izquierda al contrario, tratando de asegurarse de que no hubiera sufrido ninguna herida de gravedad y suspiró aliviado al darse cuenta de que Loki estaba perfecto, sin ningún rasguño.

-¿Romperla? ¿Acaso debo recordarte que soy un Dios? -dijo a la defensiva, comenzando a hartarse del tono que usaba el doctor.

-No, pero si yo hubiera sido aventado treinta metros por una criatura como esa, me sentiría preocupado -respondió de la misma forma.

-No tengo nada y si lo tuviera yo puedo curarme solo -manifestó al mismo tiempo que se zafaba de su agarre de forma brusca.

Stephen rodó los ojos antes de dar media vuelta y alejarse del asgardiano-. Creo que no entiendes lo que estamos haciendo, ¿verdad? Esto es un maldito equipo, así que no estás solo. -Se pasó las manos por su cabello, desesperado-. ¡Somos tus amigos! ¡¿Qué no lo puedes ver?! ¡Nos preocupamos por lo que te pasa! ¡Verity estaba muerta del miedo! ¡Yo estaba muerto del miedo! -exclamaba, moviendo los brazos de forma ruda-. ¡Por un segundo deja de pensar en ti, Thomas!

El consultorio se quedó en silencio de un momento a otro, mientras que Loki ladeaba la cabeza, confundido-. ¿Thomas? -preguntó-. Yo no soy Tom -hizo una pausa-, y nunca lo seré.

La respuesta sorprendió a Strange, quien se encogió de hombros al darse cuenta de la verdad; bufó, desviando la mirada-. Loki. Eso quise decir. -Corrigió ya más tranquilo-. Solo… no vuelvas a hacer esto. -Finalizó sin ver a la cara a ninguno mientras salía del lugar, con los ojos de Loki detrás de él; cuando la puerta se cerró el consultorio volvió a quedar en silencio.

-¿Tienes alguna idea de lo que pasó? -le preguntó a Verity en el momento en que se quedaron solos.

-¿Me ayudas a acomodar a Clarisse en la cama? -dijo, evadiendo la primera pregunta.

Loki no contestó, simplemente se limitó a cumplir con la petición de la joven, cargando a la madre de Tom como princesa y acostándola en la camilla.

-¿Qué te parece si vamos por alguna bebida fuera de aquí? -Siguió hablando Verity-. Ya sabes, sin el enojón de Stephen. -Trató de bromear.

Loki no hizo más que emitir un quedo sonido en forma de respuesta.

La ciudad de Nueva York le parecía monótona así como aburrida, no soportaba el ruido de los automóviles y mucho menos a los midgardianos, definitivamente era de esos momentos en los que añoraba su hogar. Tomó con las dos manos su café y le dio un sorbo; arrugó el ceño en cuanto su lengua hizo contacto con el líquido, decidiendo que no volvería a tomar café en su vida.

-¿Alguna vez te has enamorado? -preguntó Verity de la nada, sorprendiendo a Loki-. ¿O me dirás que los dioses no se enamoran?

-Todo lo contrario, los dioses sucumben a los deseos carnales tanto como ustedes. Un ejemplo es Thor, él se enamoró.

-¿Entonces? ¿Sí o no?

-No.

Verity miró de reojo a Loki-. ¿Algún amigo?

-No tengo amigos -contestó serio.

-Vaya vida la tuya. -Dio un trago a su bebida-. Tal vez tú no los tengas, pero nosotros sí y es la persona dueña del cuerpo que usas. -Señaló al asgardiano de arriba abajo-. Stephen simplemente quiere protegerlo, igual que yo.

-¿Por qué lo defiendes? Fue estúpido cómo reaccionó. Ni que una vida valiera tanto -reclamó a la defensiva.

-La vida de él en especial lo es. La vida de la persona a la que amas siempre es especial, Loki. ¿O acaso no amas a tu madre? ¿A tu hermano o a tu padre? -regañó la mujer, deteniendo su caminar al mismo tiempo que miraba al mayor a los ojos.

El dios de las mentiras no supo qué contestar, permaneció en silencio por unos segundos, reflexionando lo que se le había dicho-. No pensé que Strange sintiera algo por Thomas. -Terminó por decir. Ahora el día que lo conoció se le vino a la mente, la sospechosa amabilidad de Stephen no debía ser por nada y ahora lo entendía, entendía por qué su cuerpo había reaccionado de tal forma cuando lo vio por primera vez tal y como reaccionó cuando vio a Clarisse o Verity; como si ya lo conociera.

-Supongo que lo ha amado desde que se conocen pero no se había dado cuenta. Para Stephen, Tom es… la felicidad de su vida, su sonrisa, su risa, su vida, o al menos eso supongo… Es la única persona con la que se ríe a carcajadas sinceramente, así que…

-Estúpidos dramas mortales -susurró como respuesta.

-¿Qué tal los dramas de los dioses? ¿Me dirás que son mejores?

-No.

Verity alzó una ceja como respuesta, siendo la última interacción entre los dos por minutos. El paisaje poco a poco comenzó a cambiar, se estaban alejando del hospital con cada paso que daban pero Loki no dijo nada, se dedicó a mirar los edificios que lo rodeaban sin pensar en nada, al poco tiempo se detuvieron en frente de un conjunto de departamentos, de no más de cinco pisos, un tanto descuidado. Loki hizo una mueca al verlo, sin duda no era un lugar digno para que viviera cualquiera.

-Se parece al apartamento de Tom, ¿no? -bromeó ante la mirada de disgusto del Dios-. Te aseguro que es mejor por dentro que por fuera. No es lujoso pero sirve para vivir. -Miró con orgullo su hogar-. Andando, te quiero enseñar algo que seguro te gustará.

Entraron al edificio, subieron las escaleras hasta llegar al último piso y pasaron al apartamento donde Verity vivía. Loki miró a su alrededor, un pequeño apartamento de no más de setenta metros cuadrados con una cocina, una mesa y un sofá como sala principal.

-Al menos yo sí tengo pent-house -le guiñó un ojo al Dios, divertida-, y una zona exclusiva. -La mujer caminó hacia la ventana, subió el vidrio y salió del lugar por medio, todo ante la mirada curiosa de Loki, quien al darse cuenta de que no volvería, decidió seguirla.

Ya afuera, el Dios se encontró con escaleras metálicas que daban a la azotea y con los rayos del sol que buscaban con desesperación abrirse paso entre los edificios, observó unos instantes las edificaciones hasta escuchar la voz de Verity que le decía que la siguiera, lo que le provocó una sonrisa involuntaria. Al llegar arriba un frio viento lo recibió, obligándolo a taparse la cara con sus brazos; pasados unos segundos los bajó solo para ser recibido por una hermosa vista. El color negro de la noche comenzaba a surgir poco a poco, llegando a un cuarto de altura en algunos edificios y en otros podía ver ya sus luces prendidas, podía observar también el Río Hudson junto al reflejo de una que otra luz de los barcos; caminó en línea recta hasta toparse con la mitad de la pared, hipnotizado por el color morado que iba subiendo poco a poco. Por un segundo, para Loki, los automóviles dejaron de pitar, las personas de hablar y la música de sonar, dándole paso a un silencio tranquilizador, al silencio que tanto añoraba.

-¿No es genial? -le preguntó Verity mientras se paraba a un lado de él y se recargaba en el barandal-. Es por esto que jamás cambiaría mi hogar -confesó sin esperar una respuesta.

-Debes amar esto -habló Loki sin dejar de mirar la ciudad.

-Lo hago -guardó silencio unos segundos-, y es por eso que entiendo lo que sientes al estar lejos de Asgard, no me imagino no estando aquí.

-¿No es peligroso? -preguntó, alzando una ceja y mirándola.

-Lo es, siempre alguien la está atacando pero eso no es excusa para abandonarla. Amo mi hogar y no lo cambiaría por nada.

«Ni yo» pensó Loki, devolviendo su mirada a la gran ciudad.